Como prometí, aquí teneis otro capítulo. En un par de semanas publicaré el siguiente caso de forma que estaremos al día con lo publicado en AO3. Espero que os guste este interludio, para cualquier critica u opinión dejad un comentario al final, por favor.

Respuestas a los comentarios sin link al final del capitulo.


ENTRE-CASOS: Campo de Quidditch

Danny aparcó el coche en la dirección que Chin le indicó y miró a su alrededor, como era de suponer estaban en medio de la nada.

- ¿Danno? - oyó que le preguntaba Grace desde el asiento trasero. - ¿Dónde estamos? ¿No me ibas a presentar a tus amigos?

Así era, Steve había cumplido con su palabra, logrando que Rachel le dejara tener a Grace lo que quedaba del fin de semana, así que ahora él estaba cumpliendo con su parte del trato y había traído a su hija a ver el partido. El único problema era que como todos los campos de Quidditch, este también estaba oculto tras un conjuro de camuflaje y Danny no estaba seguro de donde se encontraba exactamente.

- Creo que es por aquí cerca, Grace– respondió él. - Dejame salir un momento para comprobarlo.

Salió del coche. Se encontraban en un estacionamiento en el lateral de una carretera de segunda, a unos kilómetros de Londres. A su alrededor solo se veía el inicio de un bosque con un sendero que se adentraba en él. No había señalización alguna ni rastros de ningún otro coche o ser viviente en kilómetros a la redonda.

Inspiró profundamente y cerró los ojos, intentando percibir algún conjuro cerca. Había estado practicando en las últimas semanas con su habilidad y cada vez le era mas fácil detectar magia cercana conscientemente, por supuesto seguía viendo los conjuros que se encontraban muy cerca de él pero ahora ademas empezaba a ser capaz de percibirlos a distancia. No con exactitud ni a mucha distancia pero al menos se le empezaba a dar mejor. Había definitivamente una gran acumulación de magia mas adelante, siguiendo el sendero.

- Grace, sal del coche, vamos a tener que hacer el resto a pie – le dijo a su hija mientras le abría la puerta y le tendía la mano. - Vamos pequeña, tengo el presentimiento de que esto te va a gustar.

La pequeña sonrió y aceptó su mano. Danny la apretó por unos instantes, feliz de haber podido recuperar algo de su fin de semana con Grace.

- Aun no me has dicho donde vamos Danno – protestó ella.

- Es una sorpresa – le respondió él con una sonrisa. - De acuerdo, ¿te acuerdas de lo que te he contado de mis compañeros?

- Claro – asintió ella. - Pero ya conozco a Chin, es el que te acompañó el día que hablamos con los abuelos.

- Así es – confirmó él, poniendo a la pequeña delante de él en el estrecho sendero. - ¿Que hay de los demás?

- Kono es la prima de Chin – continuó ella. - Es una auror, que es como llaman los magos a sus policías, y además sabe jugar al Quidditch.

Por supuesto su hija tenia que mencionar el dichoso deporte, estaba obsesionada con las escobas y volar, no pasaba día sin que no le pidiera una escoba por su cumpleaños.

- Papá, ¿me vas a dejar tener una escoba voladora? - le preguntó por enésima vez, poniéndole ojitos de cachorrito abandonado. - Mamá no me deja.

Y allí estaba el problema, si Rachel no lo consentía y él sí se estaría metiendo en aguas turbulentas. Aunque parecía que su ex-mujer podía hacer lo que le diera la gana con su hija sin discutirlo antes con él, si Danny hacía lo mismo no dudaba de que se vería de nuevo en los juzgados peleando por el derecho de ver a su hija. Por suerte en ese caso sinceramente estaba de acuerdo con Rachel.

- Las escobas voladoras son peligrosas, ridículas y apuesto a que se rompen con facilidad así que no, jovencita – contraatacó él todo lo serio que podía. - No tendrás escoba hasta que no tengas por lo menos cincuenta años.

- Papaaaá – protestó ella, girando el cuello para verlo. - ¡Ni siquiera he visto una de verdad!

- Sigue andando señorita – la empujó suavemente, ya podía empezar a notar los efectos del conjuro de ocultamiento así que estaban cerca. - Te dejas a alguien.

- Steve – recordó ella.

- ¿Y que sabemos de él? - la instigó.

- Es un mago poderoso, alocado e irresponsable – recitó ella con los ojos en blanco y una enorme sonrisa. - Y no debo, en ninguna circunstancia, hacerle caso o imitarle.

- Exacto, y que no se te olvide – asintió él con la cabeza para darle énfasis.

Grace soltó una risita mal disimulada y él no pudo evitar sonreír con ella. Con esas llegaron a un claro en el bosque, aparentemente sin nada en él, solo hierba irregular y la luz del sol. Pero Danny sabia que había allí en realidad, detuvo a su hija con una mano en el hombro y se puso a su lado. La sensación de tener una superficie acuosa transparente delante y la percepción confusa de las distancias le indicaba que se encontraban justo delante del hechizo de ocultación.

- Grace, quiero que te fijes en lo que hay delante de ti – empezó, apretándole levemente el hombro. - ¿Ves alguna cosa extraña?

La niña lo miró confundido unos segundos antes de hacer lo que le decía. Danny se preguntó como vería ella el conjuro o si siquiera lo vería. Sabía que la mayoría de los magos no podían percibir ese tipo de magia a la ligera, casi ninguna magia de hecho, y que los muggles probablemente sentirían la necesidad de alejarse de allí. Pero para él era diferente, sabía que había algo allí solo con una mirada. Y Grace era su hija así que se preguntaba si ella también tendría esa habilidad.

- Nada raro – respondió ella. - Solo muchos hierbajos.

Pues no, parecía ser que ella no lo veía como él. No supo si alegrarse o decepcionarse por ello; Grace no veía mas de lo que vería una bruja normal, y aunque eso le haría la vida mas sencilla implicaba que Danny seguía siendo el bicho raro. ¿Era egoísta haber deseado por un momento que su hija fuera como él?

- Delante nuestro hay un conjuro de ocultamiento – le explicó, agachándose para estar a la altura de sus ojos mientras se lo explicaba. - Hay un lugar mágico muy especial aquí pero no puedes verlo por ese hechizo.

- ¿Un lugar especial? - preguntó ella claramente ilusionada. - ¿Qué es?

- Lo sabrás cuando lo veas, no sufras – le respondió él con una sonrisa. - Sólo te lo digo porque no quiero que te asustes cuando crucemos la barrera. No vas a notar nada pero lo que hay al otro lado es muy diferente a lo que ves ahora y quizás te sorprenda al principio – le explicó antes de cogerle de nuevo la mano. - Yo voy a estar a tu lado constantemente, ¿de acuerdo?

Grace asintió con una enorme sonrisa, devolviéndole el apretón y prácticamente saltando en el sitio de los nervios. Dirigiéndola de la mano, Danny avanzó los pocos metros que los separaban de la barrera y la palpó con la mano. Observó por unos instantes las ondas que se expandían desde esta, haciendo temblar la imagen, preguntándose como podía ser que nadie mas que él pudiera ver eso. Miró una vez mas a su hija, que le sonrió, y cruzó la barrera con ella de la mano.

Tal y como se esperaba la diferencia entre fuera y dentro de la barrera era increíble. A unos metros se elevaba un estadio, bastante similar a los que había visitado de béisbol o fútbol americano pero con la diferencia de los seis palos con círculos y las figuras volando entre ellos; al parecer habían llegado tarde y el partido ya había empezado. Antes de llegar al estadio había un montón de tiendecitas con productos a la venda, desde imitaciones en miniatura de los jugadores que se movían solas en círculos hasta chucherías. Y mirara donde mirara había magos por doquier, algunos vestidos con túnicas y otros al estilo muggle, con mayor o menor acierto.

Desvió la mirada hacia Grace y la vio con, literalmente, la boca abierta y los ojos enormes observando todo a su alrededor. Sonrió y empezó a andar con ella aun de la mano. Los magos y brujas a su alrededor apenas les prestaban atención, y los vendedores anunciaban sus productos a pleno pulmón. Se fijó en que algunas paradas vendían gorros, bufandas y demás artículos de un equipo y otras del otro.

- Es un estadio de Quidditch. – murmuró Grace aun asombrada antes de repetirlo mucho mas alto. - ¡Es un estadio de Quidditch! ¡Vamos a ver un partido!

- Si, así es – confesó él sonriendo. - Te dije que te gustaría.

Grace soltó su mano y lo abrazó de la cintura, apretando con fuerza. Él le devolvió el abrazo como pudo y se agachó para cogerla en brazos. Su hija ya empezaba a ser demasiado pesada para eso y no iba a poder aguantar mucho tiempo pero merecía la pena.

- Gracias papá, esto es genial – le agradeció ella.

- Vamos a ver un partido del antiguo equipo de Kono – le explicó entonces. - Al parecer es solo un partido amistoso pero para ser el primero que vemos ya está bien, ¿no?

La niña asintió con una sonrisa de oreja a oreja.

- ¿Como se llama su equipo? - le preguntó entonces.

- Los London Wings – respondió él. - Es el equipo rojo.

Señaló entonces una de las paradas con productos de ese color. Su hija volvió la vista hacia él con su sonrisa traviesa y supo que había cometido un error.

- O no, Grace Williams borra esa sonrisa ahora mismo – le recriminó. - No hay forma de que te compre nada, ¿está claro?

Así fue como minutos después se encontraban buscando su asiento en las gradas, Grace con un sombrero puntiagudo de rojo chillón que además iba cantando el himno del equipo y él con unos guantes del mismo color. Era débil ante su niña y se avergonzaba de ello.

No tardó en localizar a sus amigos, sobretodo porque Kono iba vestida enteramente de rojo y se encontraba de pie lanzando improperios al otro equipo y al arbitro. Otra persona se habría avergonzado de ella pero a él le recordaba a sus queridas hermanas en los partidos de fútbol americano. Dios, como echaba de menos Nueva Jersey.

- Perdón por llegar tarde – se disculpó nada mas acercarse, casi arrastrando a Grace que no despegaba los ojos de los jugadores.

- ¡Hey! - lo saludó efusivamente Steve.

Chin solo asintió con la cabeza, mientras que Kono sonreía y saludaba a Grace, que por fin había decidido desviar su mirada hacia sus amigos. Danny la observó para juzgar su reacción pero la niña simplemente se sentó en uno de los asientos reservados, en la grada inferior a la de los magos, justo delante de Chin.

- Bonitos guantes Danny – se mofó Chin, lo que era irónico puesto que el mago iba vestido enteramente de rojo, a juego con su prima.

Steve no le quitaba los ojos de encima a Grace y apenas la dejó sentarse que ya se estaba presentando con una gran sonrisa y el tono de voz mas controlado y suave que nunca le había escuchado.

- Hola Gracie, soy Steve – le dijo, ofreciéndole la mano. - Me alegro de poder conocerte al fin, tu padre habla de ti todo el tiempo.

Danny respiró más tranquilo al ver a su hija devolviendole el apretón y sonriendo al mago. No se había dado cuenta de lo nervioso que estaba con ese encuentro. Grace era su vida pero sus compañeros empezaban a ser una parte muy importante de ésta también y no le habría gustado nada que las dos partes importantes de su vida no pudieran coexistir. Se sentó enfrente de Steve, a tiempo de oír la respuesta de su hija, en un tono de voz tímido que normalmente reservaba para la gente que acababa de conocer.

- Danno también habla de ti todo el tiempo – le respondió.

Vaya, era cierto que no se les podía decir nada a los niños que no quisieras que luego soltaran en el momento mas inoportuno. Chin y Kono soltaron una risotada y Steve puso cara de sorpresa y su sonrisa boba al mismo tiempo.

- ¿En serio? - le preguntó a Grace. - ¿De verdad hace eso?

- Compartimos los infortunios – intervino él, girándose para ver a Steve. - Hablamos de nuestras penas y sufrimientos.

- Ya veo – respondió el mago sonriendo. - Es algo entre padre e hija, entonces.

Steve seguía mirándolo con su sonrisa estúpida y Chin reía a carcajada limpia. Danny acercó a su hija hacia él con una mano y le besó el pelo. Eso era estupendo, los cinco juntos riendo, como si Grace siempre hubiese sido parte del grupo, como si no importara que sólo fuera una niña. ¡Como quería a su amigos!

En el estadio las figuras en escobas seguían moviéndose a toda velocidad pero en su pequeño grupo nadie les estaba prestando atención. Grace era el centro de todas las miradas en ese momento.

- Yo soy Kono – se presentó la bruja. - Encantada de conocerte, Grace.

- Hola. Papá dice que sabes jugar al Quidditch. – atacó enseguida la niña. - ¿Me enseñas?

- Grace Williams, ya hemos hablado de ello – la riñó él aunque sin verdadero enojo. - Nada de escobas.

Entonces Kono se acercó a la niña y le murmuró algo que Danny no pudo escuchar pero que hizo que Grace sonriera feliz.

- ¿Te acuerdas de mi, Grace? - intervino Chin. - Soy el tío Chin.

La pequeña asintió antes de seguir preguntando.

- ¿Tu también juegas al Quidditch.?

- No tan bien como Kono pero sí, solía hacerlo en Hogwarts – respondió el mago. - Era cazador en el equipo de Gryffindor.

- Los cazadores son los que marcan puntos, ¿no? - preguntó entonces Grace, como siempre sabiendo mas del mundo mágico que su padre.

- Si, hay tres cazadores por equipo – le explicó el mago. - ¿Ves los que se pasan una pelota roja? Se llama Quaffle y es la que se usa para pasarla por los aros, cada acierto son diez puntos.

Danny volvió la vista al partido y intentó localizar a esos jugadores. Le costó porque las figuras se movían a gran velocidad pero al final terminó localizándolos, tres de cada equipo haciendo piruetas y esquivando unas bolas pequeñas que les lanzaban a golpe de bate los jugadores restantes.

- Chin fue casi una leyenda, el mejor cazador que había tenido nunca Gryffindor – decía entonces Steve. - Hasta que llegué yo y rompí todos sus récords.

Dicho eso el mago se acercó un poco a Grace, apoyando su mano en la espalda de Danny sin siquiera preguntarle, y le acercó la mano levantada para que esta chocara los cinco con él. Por supuesto la niña ni se lo pensó, sonriendo en todo momento. Danny intentó disimular su sonrisa ante el esfuerzo de su amigo para ganarse el cariño de su hija cuando estaba claro que ésta ya lo adoraba.

- ¿Tu también fuiste cazadora, Kono? - siguió preguntando la pequeña.

- No, yo fui buscadora – le respondió. - En este mismo equipo además y ayudé a ganar dos copas nacionales.

- ¿Que hace un buscador? - preguntó entonces él.

- El buscador es el que coge la Snitch, Danno – le respondió su hija con claro tono de exasperación.

- Perdona, ¿la que? - insistió él.

- ¡La Snitch! - insistió ella. - La pelota dorada, todo el mundo lo sabe.

Danny no dejaba de sorprenderse con lo habituada que ya estaba su hija al mundo mágico cuando no hacía ni tres meses que ambos sabían de su existencia. Seguro que Hermione estaba muy orgullosa de ella. No iba a negar que él también lo estaba, súper orgulloso de su inteligente niña, pero a veces sentía que se quedaba atrás.

- Hay tres tipos de pelotas, Danny – empezó entonces Steve con el tono de voz que ponía cuando le explicaba cosas del mundo mágico. - La Quaffle es la roja y grande y es la que los cazadores se pasan entre sí y usan para marcar puntos.

Danny asintió, eso ya lo habían mencionado y lo había entendido a la primera, gracias.

- Después hay dos pelotas mas pequeñas, duras, negras y con un encantamiento que las hace volar libres por el estadio y atacar a los jugadores – siguió explicándole.

- Espera, ¿has dicho atacar? - lo interrumpió él. - ¿O sea que volar a increíble altura en unos palos de madera encantados, haciendo piruetas y desafiando a la gravedad no es suficiente acción para vosotros que además teníais que añadir pelotas asesinas?

Podía oír las risitas de Grace a su lado y los gritos que Kono volvía a soltar a los jugadores, esa vez sin insultos lo que era de agradecer estando su hija allí. Sin embargo él no desvió la vista de Steve, sonriendo cuando lo vio fruncir el cejo.

- ¿Quieres dejar de interrumpirme? - protestó él. - Como te decía, esas pelotas se llaman Bludger y los Golpeadores, o Bateadores como prefieras llamarlos, son los dos jugadores que van con un bate protegiendo a sus compañeros de equipo – continuó explicando el mago. - Son los que golpean las Bludger y las mandan hacia los jugadores del equipo contrario.

- Locos, estáis todos locos – gruñó él por lo bajo. - ¿Entonces que es la Snitch?

- La Snitch es la pelota que queda – siguió diciendo Steve. - Es mucho más pequeña que las otras, increíblemente rápida y se mueve a libertad por el campo, evadiendo a todo el mundo.

- ¿Entonces los buscadores… ? - empezó a preguntar él.

- La misión de los buscadores es buscar y atrapar la Snitch – terminó la explicación Chin. - El partido no termina hasta que alguien la atrapa, lo que por cierto da 150 puntos a su equipo.

- ¿Que quiere decir con que el partido no termina hasta que atrapan la Snitch? - se extrañó él. - ¿No hay tiempo limite?

- No – contestó Kono sin desviar la mirada de los jugadores. - Una vez estuve 12 horas en un partido porque la dichosa pelota no aparecía, tuvimos que pausar el juego dos veces para comer algo y descansar un poco.

- Creo que el récord han sido cinco días – añadió Steve. - En un mundial hace años.

Eso era una locura de dimensiones astronómicas pero Danny ya sabia que los magos estaban locos así que no sabia porque seguía sorprendiéndose. Se volvió hacia el partido, intentando identificar los jugadores y sus posiciones. Se dio cuenta entonces de que había un par de figuras volando en círculos muy por encima de los demás y dedujo que esos debían de ser los buscadores. Justo entonces el que iba de rojo se lanzó hacia uno de los palos a toda velocidad, el otro persiguiéndole. A su alrededor la gente se levantó exaltada.

- ¡Ha visto la Snitch! - gritaban.

- ¡Vamos Bethany, vamos! - chillaba Kono.

Danny se fijó todo lo que pudo y vio que había algo pequeño dorado brillando unos metros por delante de la primera buscadora. Parecía que iba a alcanzar la pelota dorada justo cuando otra pelota oscura salió volando hacia ella y tuvo que maniobrar para evitarla, casi chocando contra el otro buscador. Los gritos de enojo y júbilo de los admiradores de cada equipo se confundieron en un estruendo indistinguible. El punto dorado había desaparecido de nuevo en la confusión y los bateadores del otro equipo eran felicitados por sus compañeros. A su alrededor todo el mundo se sentó de nuevo.

- Falsa alarma – gruñó Kono. - En fin, ¿donde estaría la emoción si la pillaran a la primera?

Entonces se giró hacia Grace y sonriendo toqueteó su sombrero.

- Me alegro de ver que eres del equipo - le dijo.

- Quiero ser jugadora de Quidditch. de mayor – respondió la niña.

- No, no, no, de eso nada – protestó él. - Nada de Quidditch.

- ¿Que tiene de malo el Quidditch.? - interrumpió entonces Steve.

Danny tapó los oídos de su hija antes de responderle al mago.

- Te diré que es lo malo del Quidditch. - empezó. - Para empezar se basa en hacer piruetas en el aire lo que implica que no es un deporte, si no un intento de suicidio.

Estaba claro que Steve iba a protestar así que siguió con su monólogo sin darle tiempo.

- Correr por el campo, cogiendo la pelota y pasándola a un compañero, eso, eso es un deporte – prosiguió. - Si tiene que hacer deporte prefiero mil veces que sea fútbol, soccer o incluso tenis, aunque eso es mas una actividad que un deporte. Cualquier cosa que no implique la posibilidad de caer en el vacío.

El mago había desviado la mirada al campo pero estaba claro que seguía escuchando atentamente por la cara que ponía. No había duda de que se estaba aguantando las ganas de burlarse de esos deportes y defender a capa y espada el Quidditch.

- Es mi deber como padre indicarle a mi hija el buen camino – sentenció al final.

- Papá, aun puedo oírte – protestó entonces la pequeña, inclinando la cabeza para mirarle a los ojos.

Danny no necesitaba mirar para ver la sonrisa tonta en el rostro de sus amigos, que los observaban en silencio. Juntó su frente con la de su hija con suavidad mientras le respondía.

- Se supone que no deberías de estar escuchándome – le recrimino con dulzura. - Se supone que deberías de estar fijándote en lo peligroso que es este deporte.

Justo entonces se oyó una exclamación unánime en el estadio y Danny levantó la vista justo a tiempo para ver a los buscadores volar entre sus compañeros a velocidad vertiginosa, persiguiendo de nuevo algo dorado. Esta vez era el buscador del otro equipo el que iba en cabeza, con la otra buscadora pisándole los talones. Volaron directos hacia uno de los palos, esquivándolo al ultimo momento con un cambio de dirección brusco, y entonces se dirigieron hacia las gradas. Las suyas. Todo ocurrió demasiado rápido. En unos pocos segundos tenían a los buscadores a pocos metros, volando directos hacia ellos, a demasiada velocidad como para frenar o desviarse. Iban a chocar con ellos.

- ¡Grace! - gritó mientras abrazaba a su hija y la cubría, intentando protegerla del inminente golpe.

- ¡Immobulus! - gritó alguien cerca de él.

El golpe que esperaba nunca llegó y cuando se apartó un poco de su hija la oyó inspirar en un mudo grito de sorpresa. Se giró. Steve estaba de pie, con la varita desenfundada y una expresión de puro enojo en el rostro. Giró más la cabeza y vio a una pequeña pelota dorada con alas petrificada en mitad del aire a pocos centímetros de él. Y detrás de esta se encontraban los dos buscadores también petrificados a mitad vuelo, aun con las manos extendidas y los ojos moviéndose de un lado para otro sin parar, claramente asustados. Una substancia brillante medio transparente los envolvía y mantenia en su lugar, posiblemente el conjuro de Steve.

- Wow – murmuró Grace.

Danny no podía estar mas de acuerdo, sabía que Steve era un mago poderoso pero aun lo sorprendía cuando menos se lo esperaba. Iba a agradecérselo cuando se acercó otro mago en escoba, iba de negro así que Danny dedujo que era el arbitro.

- ¿Se puede saber que hacen? - les recriminó. - Esta prohibido interferir con los jugadores.

El descaro de ese mago irritó a Danny pero al parecer no era el único porque Steve no tardó en contestar.

- No habríamos tenido que intervenir si hubiera hecho su trabajo correctamente – replicó él fríamente mientras que con un gesto de varita descongelaba a los dos buscadores.

Estos parecían realmente sorprendidos, sobretodo la buscadora de los London Wings. Sus escobas temblaron un momento, probablemente por el cambio brusco de velocidad, y ambos cayeron un poco antes de recuperar el control de estas. Se quedaron detrás del arbitro sin decir nada.

- ¡¿Como se atreve?! - protestó éste. - No es mi deber poner los hechizos de protección.

- No, pero si que lo es asegurarse de que funcionen apropiadamente – replicó entonces Kono con voz igual de fría.

- Kono… - murmuró la buscadora, claramente reconociéndola.

Al oír el nombre de la bruja el mago empalideció notablemente. Desvió la mirada hacia ella y abrió mucho los ojos al reconocer a la ex-buscadora. Al parecer Kono era mas famosa de lo que le había dicho a Danny, o al menos en el mundillo del Quidditch.

- Usted es Kono Kalakaua, ¿verdad? - le preguntó con voz temblorosa el arbitro.

- Auror Kalakaua de hecho, y casi me arrollan a mi y a mis amigos por su manca de profesionalidad – siguió ella con voz seria. - Los hechizos de protección en las gradas son una obligación y esta negligencia es un delito por poner en peligro la seguridad publica.

- ¿Delito? - protestó este. - Pero… yo solo…

- Así es – intervino Steve, aparentemente más relajado ahora que Kono lo apoyaba. - Vamos a tener que pausar el juego mientras comprobamos los hechizos de las demás gradas y usted va a ser retenido inmediatamente.

- ¡No puede hacer eso! - protestó entonces el buscador de verde. - ¡No tienen autoridad para pausar el partido!

- Mucho me temo que si, chico – habló por primera vez Chin, sacando su placa y enseñándosela. - Tenemos autoridad para eso y mucho mas así que te recomiendo que informes a tu equipo y os toméis un descanso mientras arreglamos este desastre.

El buscador puso mala cara pero no replicó, dio media vuelta con su escoba y volvió al centro del campo donde los otros jugadores observaban la situación sin moverse. Incluso las Bludgers estaban siendo contenidas en dos esferas mágicas y la Quaffle estaba inmóvil en manos de uno de los cazadores. Danny ni siquiera se había dado cuenta de que los demás jugadores se hubieran detenido también. Se giró hacia su hija, ignorando por completo a los otros magos.

- ¿Estás bien?

- Si, papi – le respondió ella con un hilo de voz, claramente confundida y asustada al mismo tiempo.

Danny la abrazó con fuerza, estrechándola contra sí. Como odiaba ese mundo mágico. Oyó una leve exclamación de sorpresa detrás de él y cuando soltó a la pequeña y se giró vio a la buscadora cubriéndose los labios en un claro gesto de sorpresa y culpabilidad. O sea que ni siquiera habían visto a su hija antes de casi chocar con ella. Perfecto.

Steve parecía haber terminado de hablar con el árbitro porque este se giró y descendió hacia el campo, acercándose a una mesa con otros árbitros, probablemente para explicar la situación. En el resto de gradas se notaba un aire tenso, Danny estaba casi seguro de que el publico no iba a tomarse bien que interrumpieran el juego. La buscadora se acercó un poco, murmuró un leve "lo siento" antes de agarrar la Snitch, descongelarla y llevársela con ella al suelo del campo.

- ¿Estáis todos bien chicos? - preguntó entonces Steve. - ¿Gracie?

Ésta asintió antes de dirigirse a él de nuevo.

- Papi, tengo hambre – protestó levemente.

Danny tardó unos segundos en procesar lo que le estaba diciendo, aun en tensión tras lo que había ocurrido.

- ¿Cómo puedes tener hambre? - replicó él, intentando recuperar la normalidad. - Comimos hace solo una hora.

- No comimos nachos hace una hora – contestó ella, usando su voz de niña buena.

A su alrededor todos sonrieron, la tensión disipándose. Incluso algunos de los magos y brujas desconocidos que los rodeaban se giraron para sonreírle a la niña.

- ¿Que estaba pensando? - exclamó teatralmente. - Por supuesto que no comimos nachos, que fallo.

- Creo que hay una parada donde venden justo al lado de la entrada del estadio – añadió Chin entonces.

- Vamos entonces – decidió él, levantándose y cogiendo la mano de su hija.

Sus amigos se levantaron también y los acompañaron hasta el pie de las gradas, dónde Steve se dirigió a él.

- Id tirando, nosotros os buscaremos luego – le indicó mientras señalaba con la cabeza la puerta del estadio. - Vamos a ocuparnos de esto y enseguida nos vemos. Guardarme nachos.

- Por supuesto – asintió él, apretando un poco mas el agarre de su hija. - Gracias chicos.

- Ve – lo empujó Kono con una sonrisa.

Él asintió y salió con la pequeña, buscando la dichosa tienda de nachos.

- Eso fue increíble – la oyó decir entonces. - ¿Verdad Danno?

- ¿El que exactamente? - le contestó sin dejar de buscar con la mirada.

- El conjuro de Steve – se explicó la pequeña. - Fue súper rápido y los dejó petrificados en el aire, fue una pasada.

- Ya te dije que Steve es un mago muy poderoso – le sonrió.

- Ojalá algún día llegue a ser como él – siguió diciendo Grace.

- ¿Bromeas? - replicó él, deteniéndose para agacharse y estar a su altura. - Grace, vas a ser mil veces mejor que él. Mírate, aun no has empezado a ir a Hogwarts y ya sabes mil cosas de este mundo. Vas a ser una gran bruja, lo prometo.

La niña sonrió y le echó los brazos al cuello, abrazando con fuerza. Danny le devolvió el abrazo, sintiendo que a pesar de todos sus miedos y inseguridades respecto a la magia, su hija se merecía ver ese mundo con ilusión y maravilla. Agradeció de nuevo mentalmente a Steve, Chin y Kono por el apoyo que les estaban brindando tanto a él como a Grace. Estaba seguro de que entre todos se asegurarían de que la pequeña estuviera a salvo.


- ¿Dónde están mis nachos? - fue lo primero que les dijo Steve al acercarse a su mesa.

Detrás de él Chin lo seguía con una expresión divertida en el rostro pero no había ni rastro de Kono.

- Sírvete tu mismo – le dijo señalando la mesa. - Tenemos nachos, palomitas y algodón de azúcar. Por desgracia no tenían Hot Dogs

- ¿Hot que? - preguntó Chin.

- Hot Dogs – repitió Grace con la cara llena de azúcar. - Siempre tienen en todos los partidos de béisbol o fútbol, me gustan los que van con palo.

El mago levantó la mirada hacia él claramente confundido.

- O no, no puedo describirte lo que son, no se pueden describir, se tienen que probar – argumentó él.

- No exageres Danny – intervino Steve poniendo los ojos en blanco y cogiendo algunos nachos. - No te pierdes nada Chin, no son mas que colesterol y grasas con aspecto de frankfurt.

- Los Hot Dogs y los Frankfurts no tienen nada que ver – protestó Danny, la ignorancia de esos magos lo tenia pasmado. - A todo esto, ¿donde está Kono?

- Está hablando con algunas amigas de su antiguo club – contestó Chin, decantándose por las palomitas.

- ¿Que ha pasado al final con el partido? - les preguntó entonces mientras le acercaba a su hija unas cuantas servilletas de papel.

- Los árbitros están debatiendo con los capitanes y entrenadores de los dos equipos pero lo más probable es que anulen el partido – explicó Chin.

- Vaya, menudo desastre – musitó él. - Los fans no deben estar contentos.

- Seguro que saldrá en el especial del Diario Profético – añadió Steve. - Pero no nos han dejado opción, no solo faltaban todos los hechizos de protección en las gradas si no que no habían seguido ninguno de los protocolos de seguridad. Mucha gente podría haber salido herida.

Danny asintió. Era un alivio descubrir que existían esos protocolos y que lo que había pasado ese día no era lo usual. Levantó la mirada y vio que Kono se acercaba a su mesa con la buscadora de su equipo.

- ¿Que hay chicos? - los saludó la bruja antes de sentarse en la mesa con ellos y robar un pedazo de algodón de azúcar. - Os presento a Bethany.

- Mucho gusto – saludó esta. - Quería disculparme por lo de antes, si hubiera sabido que el hechizo de protección no estaba activado nunca me habría acercado a las gradas y menos a esa velocidad.

La chica parecía realmente sentirse culpable, y por como miraba a Grace de reojo Danny dedujo enseguida del por qué.

- Sin problemas – dijo él mientras se levantaba a saludarla. - Aunque no voy a negar que me has dado un susto de miedo allí arriba. Soy Danny Williams y esta es mi hija Grace.

La pequeña le sonrió a la bruja y la saludó con un gesto de la mano pero no dejó de comer el dulce ni por un instante. Rachel le iba a matar cuando le trajera a una Grace llena de azúcar.

- Yo soy Steve McGarrett – se presentó el mago para luego añadir. - Lamento haber pausado el juego pero no tuve elección.

- Lo entiendo – respondió la bruja. - Fue una gran irresponsabilidad por parte de los organizadores. Nuestro entrenador está muy enfadado así que no creo que volvamos a jugar en este estadio.

- Ellos se lo pierden – aprobó Chin. - Creo que ya nos conocíamos, soy Chin, el primo de Kono.

- Claro que nos conocemos Chin – le sonrió la bruja. - Solías venir a animarnos siempre que podías.

- Para eso está la familia – afirmó el mago con una leve sonrisa.

- ¿Quieres sentarte con nosotros Bethany? - le preguntó Kono que se había pasado a las palomitas. - Come algo.

- No gracias, debería volver pronto – se disculpó ella. - Sólo quería disculparme por el accidente, especialmente contigo Grace.

La niña pareció realmente sorprendida de que la buscadora se dirigiera a ella directamente.

- ¿Conmigo? - repitió.

La bruja se acercó un poco a la niña, deteniéndose a una distancia educada y mirando fugazmente a Danny. Él se levantó y puso una mano en el hombro de su hija pero no dijo nada.

- Kono me ha dicho que este era tu primer partido de Quidditch. y que te gustaría ser jugadora algún día – explicó ésta. - No quisiera que te llevaras un mal recuerdo de este día así que querría que te quedaras con esto.

Dicho eso sacó una caja pequeña de debajo de su túnica y se la ofreció a Grace. Ésta se acercó sutilmente a su padre y parecía confundida así que fue él quien la cogió en su lugar. Pudo notar la magia de un hechizo en este pero no parecía ser muy potente.

- ¿Que me dices Monkey? - le preguntó a la pequeña. - ¿Lo abrimos?

La pequeña asintió pero no hizo ningún gesto de querer tocar la cajita así que fue Danny quien lo hizo en su lugar. Dentro, en un hueco acolchado se encontraba una Snitch con las alas plegadas e inmóvil.

- Oh – exclamó Grace antes de por fin quitarle la caja de las manos. - ¡Es una Snitch!

- Es la de este partido – explicó la buscadora. - Le he puesto un hechizo para que no se aleje demasiado de la caja junto con otro para activarla y desactivarla. Solo tienes que decir Actum Snitch.

Delante de sus ojos la pelota pareció cobrar vida. Las pequeñas alas se despegaron del cuerpo metálico y se desplegaron, alzando la Snitch, que empezó a volar erráticamente justo por encima de sus cabezas.

- Para que vuelva a la caja puedes atraparla o simplemente decir Extinguere Snitch – prosiguió la bruja.

Obedientemente la pelota descendió hacia la caja y se plegó sobre si misma. Grace la miró embobada y sin decir nada de nada. Danny la empujó levemente para hacerle volver a tierra.

- ¿Que se dice Grace?

- Muchas gracias – exclamó al instante con una gran sonrisa mientras cerraba la cajita y la apretaba contra su pecho. - Me encanta.

Bethany sonrió y pareció un poco incomoda ante eso, se frotó el lado izquierdo de su nariz distraídamente mientras asentía.

- Me alegro que te gustara, espero que sigas viniendo a animarnos en el próximo partido – le respondió antes de levantar la mirada y dirigirse a Kono de nuevo. - Te mandaré entradas para ti y tus amigos.

- No es necesario – empezó a protestar él, como siempre incomodo con los regalos inesperados.

- No es ninguna molestia, siempre me sobran entradas – argumentó ella. - Y quiero compensarlos por lo de hoy.

- Entonces lo aceptamos encantados – respondió por él Steve. - ¿Verdad Danno?

- Si, ¿podremos ir a ver otro partido Danno? - se añadió Grace a la campaña "convenzamos a Danny".

- No me pongáis esos ojos de perrito abandonado vosotros dos – protestó él, con un dedo acusatorio yendo de uno al otro. - Eso de aliaros en mi contra no está bien.

Estos intercambiaron una mirada antes de volver a mirarlo con esos ojos, juraría que ambos estaban a un paso de hacer pucheros. Y incluía a Steve en esa frase.

- Está bien – se rindió al final. - Iremos al siguiente partido, ¡pero esta vez quiero Hot Dogs! Me da igual de donde los saquéis.

Su hija y el traidor de su compañero chocaron los cinco de nuevo, celebrando su victoria. Danny no pudo evitar sonreír al verlos, ¡y pensar que ambos habían estado ansiosos por ese encuentro! Nadie lo habría dicho con la complicidad con la que actuaban ya.

- Debería volver – dijo entonces Bethany, sonriendo ella también. - Me alegro de haberos conocido.

- Mucha suerte en el siguiente partido – le deseó Chin. - Allí estaremos.

Con eso todos volvieron a sentarse para seguir comiendo, conversando entre ellos.

- Danno, ¿puedo llamar a mama para contarle lo de la Snitch? - le preguntó su hija.

- Claro que puedes, ¿necesitas mi teléfono? - le respondió.

- Por favor – asintió la niña.

- Aquí tienes Monkey – dijo mientras se lo entregaba. - De acuerdo, ¿quien tiene mas hambre? - preguntó a los demás antes de levantarse. - Invito yo, ¿que os traigo?

Así fue como terminó esperando en la cola de la comida con Chin, quien se había ofrecido a ayudarle. Lo que era de agradecer porque con todo lo que le habían pedido esos buitres no creía que fuera capaz de llevarlo todo él solo. Lo que daría a veces por ese hechizo que hacía levitar las cosas.

- Lo has hecho expresamente ¿no? - le preguntó entonces su amigo. - Alejarte justo cuando Grace iba a llamar a su madre.

- ¿Se ha notado mucho? - respondió él con una mueca. - Es que solo de escuchar su voz ya me pongo de mala leche y no quiero que Grace lo vea.

Chin asintió sin decir nada y por un momento Danny pensó que lo dejaría allí. No tuvo tanta suerte.

- ¿Entonces seguís de malas? - le preguntó.

- Supongo – se encogió él de hombros. - No creo que vayamos a dejar de desear sacarnos los ojos mutuamente pronto. Posiblemente nunca.

- No digas eso Danny – protestó Chin levemente. - No sería bueno para nadie, sigue siendo familia.

Eso lo cabreó. Sabía que su amigo lo decía con toda la buena fe del mundo pero no tenia derecho a decirle lo que debía o no debía hacer con su ex-mujer. No después de todo lo que ésta le había hecho. No cuando el mago tenia sus propios dramas familiares.

- ¿Y lo tuyo con tu familia si que tiene justificación? - le atacó casi sin pensar. - Tu primo no te dejó entrar en su casa ni siquiera para resolver un caso.

Chin se tensó a su lado y su expresión se volvió seria y cerrada. Danny supo al instante que quizás se había pasado, sabía que el mago había sufrido mucho con su familia. Pero seguía pareciéndole hipócrita por parte del mago esa actitud. La cola se movió y avanzaron unos pasos.

- Mira Chin, lo siento, ¿de acuerdo? - se disculpó como pudo. - No debería haber dicho eso y por supuesto no tienes que contarme nada. - añadió antes de decidir continuar. - Es solo que no me parece justo que tu puedas opinar y juzgarme por mi relación con Rachel cuando tu ni siquiera confías en mi para contarme que es lo que pasa entre tu familia y tu.

El mago no dijo nada pero pareció relajarse y su rostro perdió la expresión cerrada para pasar a una reflexiva. Danny tampoco dijo nada, no sabiendo como reconciliarse con el mago, con su primer amigo mago. Al final fue este el que empezó a hablar de nuevo.

- Ya sabes lo del Departamento de Misterios – musitó en voz baja. - Eso fue lo que terminó rompiendo mi relación con mi familia pero no es la única razón.

Danny se mordió la lengua para no interrogarlo allí mismo y dejar que este se explicara a su ritmo. Le costaba pero respetaba suficiente a Chin como para hacer el esfuerzo.

- Fue por Malia – le dijo al fin.

- ¿Tu prometida? - inquirió Danny incapaz de contenerse, al ver la expresión de asombro de su amigo entendió que debía explicarse. - Lo siento, Kono me lo mencionó de pasada hace unos días. Dijo que era por eso por lo que sabías tanto del mundo muggle.

- ¿Que más te contó? - le preguntó entonces mirándolo con suspicacia.

- Nada mas, solo que lo habías pasado mal y que debería preguntártelo a ti directamente – insistió Danny. - Creo que se le escapó, está preocupada por ti.

- Lo se, no me importa que te contara eso la verdad – se relajó el mago. - Malia es muggle.

Danny ya lo había sospechado. Todo parecía indicar eso: la filosofía sangre pura de la familia de Chin, el conocimiento de éste sobre el mundo muggle y sus propios comentarios el día que se conocieron. Pero de alguna forma sabía que aun desconocía la mitad de la historia.

- La conocí en una de mis primeras misiones de calle como auror – prosiguió Chin con mirada soñadora. - Fue una testigo, estaba en el lugar equivocado en el momento equivocado pero por suerte no salió herida.

- Creía que a los testigos muggles se les borraba la memoria – musitó él sin comprender.

- Si, así es, y lo hicieron con ella también. – asintió el mago. - Pero yo la recordaba y no podía quitármela de la cabeza así que al final me vestí como pude de muggle y la busqué.

Eso era condenadamente romántico. Danny no pudo evitar sonreír, siempre supo que su amigo era esa clase de hombre.

- Deduzco que la encontraste entonces – asumió Danny.

- Si, me costó pero al final la encontré – respondió el mago con una sonrisa. - Estuvimos hablando un rato y le pedí una cita, solo ir a tomar un café, pero se negó – la sonrisa no había desaparecido. - No fue hasta que no llegué a casa que no me di cuenta que de alguna manera me había puesto su numero de teléfono en mi bolsillo sin que yo me diera cuenta.

Danny no pudo evitar soltar una carcajada, imaginándose la cara de su amigo en ese momento. Sobretodo porque tenia una sospecha.

- ¿Ya supiste lo que era? - le preguntó.

- No tenia ni idea – admitió Chin. - Para mi solo eran unos números sin sentido pero sabia que significaban algo, tenían que significar algo.

- ¿Y que hiciste? - inquirió él, cada vez más interesado.

- Un cursillo acelerado en muggles – rio él. - Mi familia es muy conservadora Danny, y aunque nunca lo dirán en publico son bastante afines al movimiento sangre pura. Así que tuve que aprenderlo todo por mi cuenta y a escondidas de ellos.

- ¿Al menos mereció la pena? - preguntó entonces Danny.

- Mereció cada segundo que estuvimos juntos – asintió con seguridad. - Salimos durante casi dos años sin que nadie de mi familia, con la excepción de Kono, supieran nada de ello.

La cola se movió de nuevo así que Danny avanzó otro paso, con Chin siguiéndole.

- Al final le conté que era un mago – continuaba diciendo este.

- Pensaba que no se podía hacer eso – dijo él confundido. - Lo del Secreto Mágico y todo eso.

- Hay algunas excepciones, no se puede ir gritándolo por las calles pero cuando se trata de una posible pareja de por vida esta permitido – le explicó. - Por supuesto si Malia hubiera llegado a reaccionar mal no habría tenido mas remedio que borrarle la memoria.

- ¿Entonces deduzco que se lo tomó bien? - adivinó él.

- Relativamente, casi se desmaya pero no salió huyendo ni me amenazó con quemarme en la hoguera – se encogió de hombros Chin. - Me dijo que necesitaba un tiempo para procesarlo pero que me guardaría el secreto.

- ¿Fue entonces cuando le pediste que se casara contigo? - insistió él.

- Cuando me dijo que no le importaba que fuera mago, que seguía siendo yo y que me quería – confesó él. - Te aseguro que no he vuelto a ser tan feliz como ese día.

Dicho eso se quedó en silencio y su expresión se ensombreció, colmándose de tristeza. Justo entonces llegaron al mostrador así que Danny procedió a pedir lo que querían y pagar. Chin lo ayudó con las monedas cuando lo vio perdido, aun seguía confundiéndose con los galeones y los knuts. Después pasaron al lado, donde su comida estaba siendo servida.

- ¿Que fue lo que pasó con Malia, Chin? - le preguntó al final.

- Íbamos a casarnos – le confesó él. - Iba a ser una boda muggle, con una pequeña ceremonia mágica después. Incluso se lo conté a mi familia, muchos se ofendieron pero mis padres prometieron que irían a la ceremonia – siguió diciendo. - Era mas de lo que habría esperado de ellos, todo parecía ir sobre ruedas.

- ¿Y? - insistió Danny.

- Me acusaron de robar en el Departamento de Misterios – respondió el mago en tono amargo. - Eso lo estropeó todo.

Danny sabía que esa acusación le había traído problemas a Chin con su familia pero no entendía porqué había afectado también a su casi matrimonio. ¿Acaso Malia no había creído en su inocencia?

- ¿Fue por eso que Malia y tu… ? - intentó preguntar lo mas sutil que pudo.

- Malia no me recuerda – murmuró entonces Chin.

Eso no se lo esperaba. Solo había un motivo por el que la chica se habría olvidado de Chin: el conjuro desmemorizante. Danny estaba seguro de ello pero no entendía que sentido tenia hacerles eso a ambos.

- ¿Por qué? ¿Por qué lo hicieron? - tuvo que preguntar Danny.

- Soy un presunto delincuente, Danny – confesó el mago con lagrimas en los ojos. - Incluso sin pruebas mi caso sigue abierto y hasta que no se demuestre que yo no estuve implicado soy sospechoso. Y la ley determina que en mi caso no se puede aplicar la excepción al Secreto Mágico.

Eso no era justo. Era terriblemente injusto. Danny sintió como la rabia lo carcomía solo de pensar en como se sentía su amigo. Lo había perdido todo por una acusación en falso: su familia, la persona que mas amaba y su trabajo. No sabía de donde encontraba el mago la fuerza para levantarse por las mañanas. Para sonreír.

- Maldita sea, este sistema esta podrido – gruñó sin poderlo evitar.

El mago no respondió al principio, solo metió su mano por dentro de su ropa y sacó un colgante. Era una simple cadena con un anillo. No hacía falta preguntar para saber que anillo era ese. Danny no pudo más, abrazó a su amigo y lo estrechó con fuerza contra sí mismo.

- A veces voy a verla en el hospital donde trabaja – confesó este contra su camisa. - Algunas veces hemos hablado pero nunca me ha reconocido.

- ¿Y no hay forma de devolverle la memoria sin que lo sepan los aurores? - no pudo evitar preguntar él aunque sabia que no era correcto.

- Se darían cuenta – respondió este. - Y es ilegal, sigo en la cuerda floja, no puedo darles ninguna excusa para encerrarme. A parte de que el hechizo desmemorizante que le lanzaron a Malia es reversible pero si deciden que soy culpable le borraran definitivamente esos recuerdos.

- ¿Pero trabajando en el DAP no se supone que tienes inmunidad? - insistió él. - Steve no para de repetirlo cada vez que quiere hacer el cavernícola con algún sospechoso.

- No con esto – negó él. - Es un caso anterior a entrar al departamento así que sigue vigente. La única forma sería que descubrieran al responsable y yo quedara absuelto.

- Entonces lo encontraremos, ¿de acuerdo? - decidió Danny apartándose del otro pero manteniendo sus manos en sus hombros. - Limpiaremos tu nombre y así podrás devolverle tus recuerdos a Malia.

- Gracias Danny pero no se si es buena idea – se negó el mago. - Es mi problema, no quiero involucraros.

- Somos amigos Chin, eres uno de mis mejores amigos – insistió él. - Y tu lo harías por mi, no tengo la menor duda. Encontraremos la forma, tu no pierdas la esperanza.

El mago asintió sin decir nada y los dos se quedaron en silencio, esperando su comida. Danny no podía evitar imaginarse a un Chin unos años mas joven, viendo como todo su mundo se desmoronaba. ¿Sería mejor si pudiera olvidarse completamente de Rachel o ella de él? No, sabia que no. Por mucho que le doliera la situación actual, por mucho que quisiera ahorcarla la mitad de las veces y gritarle la otra mitad no deseaba olvidar. Habían tenido unos años buenos, al principio, años que merecía la pena recordar. ¿Y si de golpe se olvidara de su hija o ella de él? Sintió un pinchazo en el corazón solo de imaginarlo. No creía que hubiera tortura peor que esa, verla y recordarla pero sabiendo que ella no lo recordaría.

Recogieron su pedido, Chin puso a flotar las bebidas tras de ellos con un hechizo y volvieron a la mesa. El ambiente y conversación animados parecían de golpe muy lejanos. Le lanzó una mirada fugaz a Chin y lo vio sentarse con expresión seria pero sonreírle levemente a su prima cuando ésta le preguntó si estaba bien. No sabia de donde sacaba la fuerza, Chin era digno de admiración. Desvió la mirada a su hija que seguía hablando animadamente con su madre al teléfono, la Snitch revoloteando alrededor de su cabeza mientras ella intentaba atraparla. Por primera vez desde que había pisado tierra inglesa se sintió afortunado, al menos seguía teniendo a su hija, aunque fuera sólo por unas horas a la semana. Al menos ella lo recordaba.

- Danno, mamá quiere hablar contigo – le dijo entonces su hija.

Eso no podía ser buena señal. Rachel y él no hablaban, solo discutían. Cogió el teléfono con una sonrisa para no preocupar a Grace y se levantó para alejarse unos metros. Solo por si acaso.

- Dime – contestó en tono seco.

- ¿Se puede saber a que juegas Daniel? - fue lo primero que le dijo su ex-mujer en tono seco y cortante.

- No tengo ni idea de lo que estas hablando, Rachel -replicó él en el mismo tono y con la misma entonación sarcástica en su nombre.

- No hace ni veinticuatro horas que tienes a mi hija contigo y ya casi tenemos que correr al hospital – prosiguió ella. - Repito: ¡¿a que demonios crees que estás jugando?!

Danny cerró los ojos e inspiró con fuerza. Por supuesto que Grace le había contado a su madre el incidente del partido, seguramente a ojos de la niña lo importante había sido el conjuro de Steve pero por supuesto su madre no lo veía de esa forma.

- Ha sido un accidente pero al final no ha ocurrido nada – contestó él, intentando mantener la calma, se alejó un poco más.

- ¡Unos locos en escoba casi arrollan a mi hija! ¡No me digas que no ha ocurrido nada! - le gritó desde el otro lado del interfono la mujer. - ¡¿Por qué demonios la has llevado a un lugar así?!

- Si, la he llevado a un partido de quidditch para que conociera a mis amigos – respondió él. - Que casualmente son los magos y brujas más competentes que conozco y en los que más confío para mantener a MI hija a salvo en este mundo de locos en el que viven.

- ¡Nunca va a estar a salvo contigo! - replicó la mujer. - ¡Está claro que la violencia te persigue, vayas donde vayas!

- Eso es lo mas ridículo que he oído en mi vida – rebatió él, empezándose a enojar. - ¿Que la violencia me sigue? Quiero decir, ¿como se te ocurre una estupidez así?

- No me llames estúpida, Daniel, no te atrevas, no cuando es la vida de mi hija la que está en peligro – atacó ella con voz gélida. - No tenías suficiente con escoger el trabajo más peligroso de todos si no que además tenias que arrastrar a Grace a ese mundo de locos.

- ¡Hey! - protestó él. - Lo que ha pasado aquí hoy no tiene nada que ver con mi trabajo, ¿está claro? Sólo hemos ido a ver un partido, como hacíamos en Nueva Jersey, todo el mundo lo hace.

- ¡Eso no es como ir a ver a los Yankees, Danny! - volvió a alzar la voz. - ¿Jugadores que vuelan en escobas? ¿Pelotas que se mueven solas y atacan a los jugadores? ¿Acaso tu consideras normal que se arrojen contra el público?

- No ha pasado nada, Grace está a salvo conmigo – insistió él.

- ¿A si? Pues según lo que me cuenta no has sido tu quien ha evitado el choque precisamente – le atacó de nuevo con sarcasmo.

- No, ese fue Steve – confesó a regañadientes. - Pero no habría dejado que saliera lastimada. Y además ya te he dicho que confío en mis amigos.

- ¿Esa es toda tu defensa Danny? ¿Que confías en tus amigos?

- ¿Y quieres que diga Rachel? - protestó al final, harto. - No tengo la menor idea de magia o de conjuros, ya lo sabes, este mundo es tan nuevo para mi como para Grace.

- ¡Razón de más para que no te la lleves! - insistió ella. - Si no eres capaz de protegerla solo la pones en peligro teniéndola contigo.

- Espera, espera – la frenó Danny, teniendo un mal presentimiento. - ¿Que me estas diciendo exactamente Rachel?

No hubo respuesta instantánea, ni gritos ni acusaciones frías lo que volvía la discusión mucho mas seria de lo que Danny se esperaba.

- Está claro que no eres una buena influencia para mi hija, no solo eso si no que además la pones en peligro constantemente – lo acusó al final, ya tardaba. - Así que Stan y yo vamos a pedir que el juez te retire tus horas de visita.

- ¿Es una broma? - musitó él. - ¡Dime que es una maldita broma Rachel!

- Recibirás una llamada de tu abogado pronto – sentenció ella sin escucharlo. - No hay discusión.

- ¿Que no hay discusión? ¡¿Crees que puedes llevarte a mi hija al otro lado del mundo y no conforme con ello quitarme las pocas horas a la semana que tengo con ella?! - empezó a gritar él también, sintiendo como su rabia se teñía de terror, haciendo una mezcla explosiva dentro de él. - ¡Por encima de mi cadáver!, ¿te ha quedado claro? Deja que te explique el por qué – se apartó el teléfono de la oreja para poder gritar con todas sus fuerzas - ¡También es mi hija!

- Ya está hecho, los jueces decidirán lo que es mejor para ella – continuó su ex con el mismo tono frío y condescendiente. - Quiero que lleves a Grace de vuelta a casa, si no está aquí en veinte minutos mandaré a la policía.

- ¡¿Pero quién te crees que eres?! ¡No puedes llevártela de esa forma! - siguió gritando él, sin control.

- Veinte minutos Daniel, ni uno mas – fue la única respuesta que recibió.

Y entonces Rachel colgó el teléfono, dejándolo con la palabra en la boca. Danny apartó el aparato de su oreja y lo lanzó al suelo tan fuerte como pudo. Éste se abrió en dos pero casi al instante se volvió a juntar, arreglándose sólo mágicamente. Como si arreglar las cosas fuera tan sencillo en la vida real. Lo pisó con rabia varias veces y lo pateó todo lo lejos que pudo. Rachel iba a quitarle a su hija, no sólo eso si no que estaba seguro de que iba a lograrlo, de la misma forma en que logró plena custodia y llevársela hasta Inglaterra sin importarle una mierda dejar a Danny atrás. Iba a perder a su Monkey. Y todo por un accidente que no había sido culpa suya y que ni siquiera había llegado a suceder. Se pasó las manos por el pelo desesperado mientras sentía como los ojos le empezaban a escocer. ¿Que podía hacer? Tenía que haber algo que pudiera hacer, ¡maldita sea! ¡Lo que fuera!

- ¿Danny? - oyó que lo llamaban, sorprendiéndolo.

Se giró de golpe. Steve estaba allí, a unos pasos con una mano levantada hacia él y mirándole con cara de preocupación. Eso le hizo recordar de golpe dónde estaba y con quien. Levantó la mirada hacia la mesa esperando ver a su hija pero esta estaba vacía.

- ¡Grace! - gritó asustado. - ¿Dónde esta mi hija?

Intentó pasar por el lado de Steve pero este lo detuvo poniéndose enfrente y agarrándolo de los hombros con ambas manos.

- Frena, frena, Grace está bien, tranquilo – le oyó decir aun medio asustado. - Cuando vimos que la conversación no iba precisamente bien Kono y Chin se la llevaron a dar una vuelta, ya sabes, para que no os escuchara discutir.

Grace estaba a salvo, estaba bien. Estaba con Kono y Chin, estaba a salvo. Danny expiró de golpe y por un momento sintió que le fallaban las piernas al recordar la conversación con Rachel. No importaba, iba a perder a Grace. Quizás debería llevársela en ese mismo instante. Subir a un avión y desaparecer con su hija; vivir en algún país exótico el resto de sus días. Pero no, no podía hacerle eso a su hija, no podía privarle de su madre.

- Danny, ¡Danny! - oyó que lo llamaban. - Estás pálido, vamos, ven y siéntate un poco.

Se dejó conducir hacia la mesa donde aun había su comida sin tocar. Apartó el plato, apoyó los codos en la mesa y escondió la cara entre las manos. ¿Que iba a hacer?

- Vamos Danno, bebe esto – Steve seguía insistiendo, apartando una de sus manos y poniéndola alrededor de una jarra. - Es hidromiel, te irá bien.

Danny bebió sin discutir. Sin duda era una bebida alcohólica pero era extrañamente dulce y lo llenó de calor casi al instante. Bebió otro sorbo antes de dejar el vaso en la mesa. Junto a su móvil. Lo miró confundido, ¿no lo había tirado? Quizás Steve lo había recuperado por él. No le importaba realmente, si fuera posible lo destrozaría tan solo para no tener que escuchar nunca más la voz arrogante de Rachel.

- Muy bien – aprobó el mago. - Ahora cuéntame que ha pasado.

- Rachel quiere mandarme de nuevo a juicio para negociar mis visitas con Grace – contestó automáticamente y casi sin fuerzas, se sentía vacío. - Dice que es peligroso para ella estar conmigo y que va a pedir que me quiten mis horas. Ahora resulta que incluso lo de hoy es mi culpa.

- Venga ya – protestó Steve. - Joder, me muero por conocer a tu ex – dijo entonces con puro tono sarcástico.

- Los dos juntos podréis planear mi muerte – respondió él siguiéndole el juego.

- ¿Que posibilidades tiene de ganar? - preguntó el mago.

- Está casada con un multimillonario que puede permitirse a los mejores y más caros abogados y ya ha logrado antes llevarse a mi hija al otro lado del mundo sin que yo pudiera hacer nada para evitarlo – respondió él en tono pesimista. - Diría que mis opciones son escasas.

- Tiene que haber algo que podamos hacer – insistió Steve. - No vamos a dejar que se lleve a Grace.

- No tengo ni idea de que se puede hacer – contestó Danny antes de beber un trago mas de esa extraña bebida. - Grace es mi vida. Sin ella… sin ella no tengo ningún motivo para seguir aquí. Estaría completamente solo en esta maldita isla.

Danny terminó su bebida y apoyó la frente en la mesa, agarrándose la nuca con las manos. Sintió como Steve le ponía una mano encima de las suyas pero ninguno de los dos dijo nada mas. Al cabo de unos minutos inspiró profundamente y se incorporó de nuevo.

- Tengo que llevar a Grace a casa de su madre antes de que esta me acuse de secuestro – explicó al levantarse.

- Vamos a buscarla, Kono me dijo que estarían cerca de la tienda de recuerdos del equipo – asintió el mago. - Oye si quieres podemos usar la Red Flu del estadio para llegar antes a su casa.

- Rachel vive en una casa muggle, no creo que tenga la Flu conectada – debatió él. - Ni siquiera se si tienen chimenea.

- Si que la tienen conectada – afirmó el mago convencido, lo que hizo que Danny se lo mirara extrañado.

- ¿Y tu como sabes eso? - le preguntó temiendo la respuesta.

- Porque yo lo solicité – confeso este sin ningún pudor. - Pensé que así te ahorrarías el tiempo de ir a buscarla y de llevarla de nuevo con el coche, cada segundo cuenta ¿verdad?

Siendo sinceros no era una mala idea, ni siquiera era mitad mala. Solo había un pequeño inconveniente.

- Steve, mi apartamento no tiene chimenea – le dijo.

El mago desvió la mirada antes de contestar y Danny podría jurar que lo había visto sonrojarse.

- Lo se, pero yo si que tengo en casa – musitó en voz baja. - También pensé que quizás podríais pasar algunos días conmigo, tengo espacio de sobra y en casa tengo muchos objetos mágicos llenándose de polvo que seguro que le gustarían a Grace. Además de tener una cama de verdad por supuesto; podría volver a casa de su madre desde allí directamente.

Danny se giró para ver al mago, sin saber que decir. Steve acababa de conocer a su hija así que esos planes los había hecho incluso antes de saber como era Grace o si se llevaría bien. Era una locura, ¿quien hacia esas cosas? Con razón se había esforzado tanto para caerle bien a la pequeña. No tenia ni idea de que decir a algo así de modo que por primera vez decidió quedarse callado. Pudo notar las miradas confusas del mago por ese hecho pero no lo mencionó. Pronto encontraron a los demás y Grace vino corriendo en cuanto lo vio, sonriendo de oreja a oreja. ¿Como iba Danny a sobrevivir sin ella?

- ¡Danno! Mira lo que me ha comprado tía Kono – le dijo incluso antes de llegar a su lado, enseñándole una figura de juguete.

Danny se agachó para poder observar mejor la figura. Sin duda alguna era una bruja con uniforme de los London Wings montada en una escoba, volando y haciendo piruetas cerca de la mano de Grace, persiguiendo una bola dorada minúscula. Una buscadora entonces.

- Es genial, Grace – le dijo intentando sonreír. - Es una buscadora, ¿verdad?

- ¡Es tía Kono! - respondió ésta emocionada.

Fue entonces que Danny se fijó en el pelo oscuro de la figura y en la amplia sonrisa que se podía ver en el minúsculo rostro. Incluso por un momento le pareció que la mini-Kono le guiñaba un ojo. El detalle de estas figuritas era impresionante.

- Es un modelo antiguo – se excusó la bruja, aparentemente avergonzada. - Ni siquiera sabia que aun lo vendían.

- Mírate – sonrió Danny, esa vez sinceramente. - Una mini-Kono.

Grace soltó una risita mientras seguia con la mirada los movimientos de la buscadora. Danny se levantó entonces y le sonrió a Chin y Kono, agradeciéndoles sin palabras que hubiesen cuidado de su niña. Cogió aire, era el momento.

- Grace, tu madre quiere que vuelvas ya a casa – le dijo, entristeciéndose cuando la sonrisa abandonó el rostro de la pequeña.

- ¡Pero si aun es temprano! - protestó ella. - No quiero irme ya, Danno.

- Lo se cielo, créeme que yo tampoco quiero hacer esto pero ha surgido algo y tu madre y yo tenemos cosas de que hablar.

- Oye Grace, ¿has utilizado nunca la Red Flu? - intervino entonces Steve, distraiéndola.

Esta negó con los ojos como platos.

- Pero sabes lo que es, ¿verdad? - siguió preguntando el mago.

- Son unos polvos que vuelven el fuego de las chimeneas verde – respondió ella.

- Si, eso es correcto pero no es lo único que hacen – asintió Steve. - Sirven para viajar de una chimenea a otra en un instante, sin importar lo lejos que esté. ¿Quieres probarlo?

Habían empezado a andar hacia la entrada del estadio. Una vez dentro se dirigieron a un pasadizo lateral y desembocaron en una sala con varias chimeneas grandes todas encendidas; a Danny le recordó a otra muy parecida en el hospital San Mungo. Al lado de cada una de las chimeneas había unos cuencos llenos de un material arenoso: los polvos Flu. Steve los condujo en frente de una de ellas y cogió un puñado de polvos antes de girarse hacia Grace, ofreciéndole el cuenco.

- Coge un puñado de polvos Flu, Gracie – le dijo a lo que la niña se apresuró a obedecer. - Tu también deberías Danny.

Él puso los ojos en blanco pero hizo lo que le pedían.

- Ya he utilizado la Red Flu antes, Steve – protestó levemente.

- ¿De verdad Danno? - le preguntó su hija sorprendida, él solo asintió.

- Nunca está de mas repasar las normas básicas – insistió él mago en tono casi militar. - Primera regla, se coge un puñado de polvos Flu, teniendo en cuenta que cada uso solo puede transportar a una persona, y se lanzan a la hoguera. Cuando las llamas se vuelven verdes se dice claramente el lugar a donde se quiere ir y luego se entra rápidamente en la hoguera.

- ¿Y no te quemas? - exclamó la niña.

- Cuando las llamas se vuelven verdes ya no queman Grace – explicó Kono. - Pero no se puede tardar demasiado porque en unos minutos se pasa el efecto y vuelven a ser llamas normales.

Danny se sorprendió, eso no lo sabía, Chin no le había informado de ese detalle la primera vez que utilizó la Red Flu.

- ¡¿Como que en unos minutos?! - protestó, de golpe asustado por la seguridad de su hija. - ¿De cuántos minutos exactamente estamos hablando?

- Pues no lo se, unos cinco minutos más o menos – reflexionó Kono antes de girarse hacia Chin. - ¿Cierto primo?

- Yo diría que es más, como diez minutos – replicó éste.

- En realidad depende de la cantidad de polvos – explicó Steve. - Pero que se sepa nunca nadie se ha quemado usando la Red Flu, siempre hay tiempo de sobra.

Grace asintió, con el puño bien cerrado alrededor de sus polvos mágicos.

- Deja que remarque que es muy importante decir el nombre de la chimenea por donde se quiere salir con firmeza y claridad – insistió el mago. - Si no se puede terminar en la chimenea equivocada.

- ¿Que nombre debo decir para ir a mi casa? - preguntó entonces Grace. - No me se la dirección de memoria.

- No es necesario, solo tienes que decir "casa de Grace Williams" - le respondió Steve para luego bromear con una medio sonrisa. - ¿Crees que te acordarás de ese nombre? A ver como lo pronuncias.

Grace soltó una risita antes de hacer lo que le decían. Repitió la frase un par de veces intentando decir su nombre en el acento británico típico, disimulando el suyo lo mejor posible. Solo por si acaso.

- Regla numero dos: mantén los codos y los brazos pegados al cuerpo – prosiguió el mago golpeador. - Vas a tener la sensación de dar muchas vueltas y puedes darte un golpe si no vas con cuidado.

- Y regla numero tres: cierra los ojos – intervino Kono. - Por el mareo.

- Resumiendo: tirar los polvos, decir el nombre, entrar y tener cuidado con los brazos – sintetizó Chin.

Grace los miraba a todos muy seria, los polvos seguros en una mano y su cajita nueva en la otra.

- Si te parece bien yo iré delante Grace – le dijo entonces Steve. - Para que veas como se hace, luego lo haces tu y después de ti irá tu padre.

- ¿Por qué soy siempre el último en estas cosas? - protestó Danny mas que nada para ver la sonrisa de Grace aparecer de nuevo.

- Porque eres la caballería, Danno – justificó el mago golpeador. - ¿Lista, Gracie?

La niña asintió de nuevo, claramente un poco nerviosa pero entusiasmada a la vez. El mago le sonrió de nuevo antes de lanzar sus polvos a la hoguera, tras una breve explosión apareció una gran llamarada verde donde antes solo había un fuego débil. Steve pronunció la frase "a casa de Grace Williams" y entró sin dudar en las llamas. En un instante tanto él como las llamas verdes desaparecieron, quedando de nuevo las originales.

- Guau – musitó Grace. - ¿seguro que Steve estará bien?

- Está bien, Monkey, estará saludando a tu madre ya – la intentó tranquilizar él, intentando reprimir el miedo que le daba imaginar ese encuentro. - Aun podemos ir con el coche si no estás segura, Grace.

La niña se encontraba mirando los polvos oscuros en su mano. Estaba claro que la representación que había hecho Steven la había asustado un poco. Esa explosión de fuego verde le intimidaba incluso a él.

- Has dicho que ya los has usado antes, ¿verdad Danno? - le preguntó. - ¿Da miedo?

- Da mas miedo entrar en el fuego que el viaje – reconoció él. - No duele y es muy rápido aunque tal y como ha dicho Kono marea un poco. Es como una montaña rusa, ¿recuerdas lo nerviosa que estabas antes de subir por primera vez? Pero una vez allí todo pasó muy rápido, ¿verdad?

La niña asintió, sonriendo levemente de nuevo.

- La segunda vez ya no daba miedo – recordó.

- Pues esto es lo mismo, da miedo al principio pero cuando lo has probado una vez ya está – insistió él. - Pero de verdad que si no estas segura podemos volver con el coche, es tu decisión Grace.

La niña volvió a mirar sus polvos pensativamente antes de levantar los ojos hacia Chin.

- Tío Chin, ¿los niños del mundo mágico usan la Red Flu?

- Si, desde bien pequeños – asintió él. - Incluso la gente demasiado mayor para aparecerse o volar en escoba usan la Red Flu.

- Es seguro Grace – le aseguró Kono. - Además tu padre va a seguirte en unos minutos y si por cualquier motivo no llegarás bien a casa en seguida lo sabríamos y te buscaríamos de inmediato.

- ¿Lo prometes?

- Palabra de bruja – confirmó ella.

Entonces Grace la abrazó impulsivamente, como pudo porque sin soltar sus preciadas posesiones no tenia manos libres. Después se despidió de su padre con un beso y un "Te veo allí, Danno" antes de tirar los polvos en la hoguera. Tras la explosión de llamas verdes dijo "casa de Grace Williams", pronunciando claramente cada letra antes de dar un paso adelante y desaparecer entre las llamas verdes.

- ¿Seguro que ha llegado bien, verdad? - musitó Danny, dejando reflejar por fin su miedo.

- Estará bien, lo ha hecho estupendamente – confirmó Chin.

Kono se acercó a coger algunos polvos, los puso en un pequeño saquito de cuero y se lo entregó a Danny.

- Para la vuelta – le explicó. - Seguro que Steve lleva pero nunca está de mas.

Danny se guardó el saquito y le agradeció el gesto, puesto que él ni siquiera había pensado en ello.

- Kono y yo os esperaremos aquí, Danny – le dijo entonces Chin. - A todos nos vendría bien ir a tomar algo.

- Eso suena genial, realmente necesito un respiro – accedió él mientras se acercaba a pillar algunos polvos. - Os veo luego.

Dicho eso lanzó los polvos al fuego, repitió por tercera vez la dirección y entró en el fuego. Al instante sintió que todo daba vueltas a su alrededor, intentó mantener los codos en la posición que Steve le había dicho y cerró los ojos. No sabia si el mareo era producto de las vueltas o del miedo a lo que encontraría al llegar. Casi esperaba ver a Rachel y Steve atacándose mutuamente. Lo que vio cuando llegó fue aun más sorprendente. Steve estaba sentado en un sillón, hablando tranquilamente con su ex-mujer mientras su hija le intentaba contar mil cosas a la vez a su madre y atrapar la Snitch al mismo tiempo. Rachel se levantó al instante en que lo vio llegar.

- Daniel – lo saludó en tono seco.

Él la ignoró para dirigirse a su hija.

- ¿Como ha ido Monkey? - le preguntó preocupado. - ¿Has tenido algún problema?

- No, Danno, ha sido muy fácil – le respondió. - Y mira, ¡Steve me ha regalado algunos polvos Flu!

Efectivamente en su mano tenia una pequeña bolsa de cuero, un poco más grande que la que le había dado Kono pero indudablemente similar.

- Solo para emergencias, ¿recuerdas Gracie? - le recordó entonces el mago. - Hay para tres personas sólo así que no los gastes si no es una emergencia.

- De acuerdo – asintió la niña con una sonrisa.

- Grace, cielo, ¿por qué no vas a enseñarle tus regalos a Stan? - interrumpió entonces Rachel - Está en su despacho, sólo acuérdate de llamar antes de entrar, ¿de acuerdo?

La niña asintió, se acercó a despedirse de su padre con un beso y un abrazo, dijo adiós a Steve con la mano y tras unos segundos más de duda abandonó la habitación. Todos los presentes esperaron unos momentos a que los pasos de la niña se alejaran antes de continuar con su conversación. El aire podía ser cortado con un cuchillo.

- ¿No había una forma más civilizada de irrumpir en mi casa, Daniel? - le replicó al instante.

- Dijiste veinte minutos y no había otra manera de llegar a tiempo, Rachel – replicó Danny con amargura antes de señalar a Steve. - Veo que ya has conocido a mi compañero, el Mago Golpeador Steve McGarrett.

- Si, ya he tenido ese honor – casi gruñó la mujer.

A Danny le sorprendió sobremanera esa actitud. Con alguien que no era él al menos. Se preguntó que había podido hacer Steve en los pocos minutos que tuvo antes de que Grace lo siguiera. Casi prefería no saberlo.

- Steve, esta es mi encantadora ex-mujer – prosiguió él, esta vez usando a Steve para meterse indirectamente con Rachel.

Danny sabía que era mejor que se fueran rápido de allí, seguía furioso por la conversación telefónica y le estaba costando horrores comportarse "civilizadamente" como tan amablemente le había recriminado Rachel. No quería empezar a gritar y discutir donde su hija pudiera escucharlos. Ésta inspiró hondo, probablemente para recobrar el control, claramente pensando lo mismo que él. Proteger a su hija era lo único en que se podían poner de acuerdo.

- ¿Alguien quiere una taza de té?

Danny no pudo evitar poner una mueca, se giró intentando disimular pero Rachel lo vio igualmente. Odiaba el té y ella obviamente lo sabía.

- No te burles de mi, Daniel – le ordenó sin siquiera tener que girar para ver su expresión.

- No lo hacía. No estaba burlándome – se excusó. - Tan solo no he podido evitar notar como me has ofrecido té en vez de café cuando sabes cuanto lo odio.

- A mi me gusta – intervino Steve aunque nadie le escuchó.

- Se llama ser civilizado, Daniel – siguió replicando ella. - Estás viviendo en el país del té, por si no te habías dado cuenta.

- Y me pregunto como debe ser que esté viviendo en una isla con clima horrible y llena de amantes de la bebida que más odio, ¿por qué era? - contraatacó él fingiendo no recordarlo. - Oh, ya se. Porque te llevaste a MI hija al otro lado del mundo y no me diste otra opción.

- Nunca te pedí que nos siguieras – gruñó ella antes de girarse hacia Steve, hablándole con su mejor sonrisa educada, aunque obviamente falsa. - ¿Puedo ofrecerle una taza entonces, Golpeador?

- No, gracias Rachel – replicó éste también con exagerada educación. - Danny y yo deberíamos irnos ya.

Dicho eso se levantó y acomodó su túnica. La cual por cierto no llevaba antes de entrar en la chimenea del estadio. ¿Cuando se había cambiado? Fijándose por primera vez Danny vio que Steve iba vestido de arriba abajo con su uniforme de Mago Golpeador, intimidando un poco en su ropajes oscuros.

- Espero que reflexione acerca de lo que le he comentado – le dijo Steve a Rachel en un lenguaje vago e inespecífico.

- Por supuesto – replicó ésta, tensa. - Por favor, la próxima vez que decidan aparecer de improviso por mi chimenea les agradecería que me avisaran con anterioridad.

- Absolutamente, disculpe por la intromisión – aceptó Steve con toda naturalidad, Danny veía la conversación desarrollarse delante de él como si se tratara de un partido de tenis. - Por mi parte agradecería que si tiene cualquier problema o duda respecto a la utilización de los polvos Flu me lo haga saber mediante lechuza. De la misma forma le recomiendo que mantenga los polvos cerca de la chimenea y, tal y como ya le he pedido a Grace, los reserve solo para emergencias.

- Así lo haremos – asintió Rachel, en su actitud más formal.

- Vamos Danno – le dijo Steve al pasar por su lado.

A Danny no le pasó desapercibido la expresión de sorpresa de su ex-mujer al oírle llamarle por el mote exclusivo de su hija, el que ni siquiera a ella le permitía cuando aun seguían casados. Sólo por eso decidió no replicarle esa vez. El mago sacó otra bolsa de cuero con polvos Flu quien sabia de dónde, y los lanzó a la hoguera. Pronunció una dirección a la que Danny sinceramente no prestó atención, demasiado ocupado observando la cara alucinada y asustada de Rachel ante el fuego verde. Fue entonces que Steve lo empujó levemente hacia la hoguera.

- Tu primero.

Danny entró en las llamas verdes y en pocos instantes salía de nuevo a la sala del estadio donde Kono y Chin lo esperaban ambos con jarras de hidromiel en las manos. Cogió una, agradeciéndoselo y casi al instante hubo otra explosión de fuego verde a su espalda y sintió a Steve pasarle un brazo por los hombros. Lo miró de reojo, volvía a llevar su mezcla habitual de ropa muggle con túnica de mago por encima. El uniforme de Mago Golpeador había desaparecido de nuevo.

- Rachel es más intensa de lo que me esperaba – le dijo mientras aceptaba una jarra de Kono y lo empezaba a conducir hacia una mesa.

- Eso no ha sido intenso, eso ha sido Rachel haciendo todo lo que podía para parecer educada y refinada – replicó él. - Por cierto, ¿que diablos era eso?

- ¿El que? - preguntó este haciéndose el inocente.

- Todo ese show – especificó él, señalando con su mano a la chimenea que acababan de abandonar. - El uniforme, el té, ese lenguaje extra-educado y sobretodo ese comentario en clave.

- Ese show va a servir para asegurarnos de que esa mujer no te amenace nunca más con quitarte la custodia de tu hija – gruñó Steve, soltando su agarre y apartándose un poco de él. - Y sólo para tu información: si que me gusta el té, soy inglés, Danno.

Danny no pudo evitar soltar una pequeña carcajada triste.

- No la conoces tan bien como yo – replicó él, deprimido. - No es tan fácil de intimidar y mucho menos de convencer.

- Eso ya lo veremos – musitó el mago.

- Chicos – los interrumpió Kono. - Ya basta de pensamientos deprimentes, tenemos que celebrar el final del caso.

- ¿No lo celebramos ayer ya? - preguntó Danny.

- Y – lo interrumpió Kono. - También hay que celebrar el haber conocido por fin a la última integrante de nuestro grupo.

Danny no pudo evitar sonreír a ello.

- Por Gracie – dijo entonces Steve, empezando el brindis.

- Por Grace – se añadieron en seguida Chin y Kono.

Danny los miró a los tres, todos sonriendo y eso junto con las palabras que le acababa de decir Steve lo llenaron momentáneamente de esperanza. No iba a perder a Grace. No la iba a perder porque esa gente, su gente, no lo permitirían. Ahora Grace era oficialmente una más del grupo.

- Por mi hija – añadió él antes de chocar su vaso con el de ellos.

Si, aun no estaba todo perdido.


Hasta aqui por hoy, espero que os haya gustado. La parte de los polvos Flu está sacada de la versión de los libros. Creo recordar haber leído en algun lugar que tanto los ancianos, como los niños, así y como aquellos incapaces de hablar pueden usar los polvos Flu, por eso decidí que mientras se dijera una dirección no debería importar que el que viaja no sea el que lo dice.

¡Gracias por leer!

Viruz pirata: gracias por comentar, no te puedo responder por privado así que lo hago por aquí. Lamento la espera que hubo para el capítulo anterior, muchas gracias por seguir leyendo. Y si, Danny tiene varios trucos escondidos que ni él mismo conoce. Soló diré que lo visto hasta ahora no será lo único que pueda hacer, tu dale tiempo.