¡Hola, hola! En el prólogo me olvidé de comentarles un par de cositas, así que acá van:

o. Este fic se actualiza todos los martes (empezando ayer, 01/05/2018).

o. He realizado un par de aesthetics para el fic, se las dejo aquí. Copiad tal cual el url en el navegador y quitad los espacios :)

Nishinoya: pbs . twimg media/DZpliuXX4AAjw5Q . jpg

Asahi: pbs . twimg media/DZpll7AXcAEYvAg .jpg

Anteayer (fanfic): pbs . twimg media/DZplpPhX0AAnEMp. jpg

Y como siempre, le vuelvo a agradecer a Tobi por betear esto


Encierro


Noya lleva esperando el viernes durante toda la semana. Sus niveles de endorfina están rozando las nubes, a tal punto que hasta Tanaka le ha pedido que se calme. No deja de revolotear alrededor del equipo, rebosando entusiasmo, gritando a trece voces y prácticamente saltando en un pie. Daichi pierde los estribos, visión para nada bonita ante los ojos de Hinata y Kageyama. Están aterrados. Noya, feliz.

Es que han pasado las eliminatorias, pasó un excelente cumpleaños rodeado de helado y refrescos de cola, y ahora los del Nekoma los han invitado a una súper pijamada en Tokio. Está derrochando expectativas; más después de que Lev alquiló un bus exclusivamente para ellos.

–Es su cumpleaños, Noya-san. –Asahi le está rogando con los ojos después de subirse al autobús. A pesar de sentarse delante, agarra los hombros de Nishinoya antes de que el viaje empiece. –Por favor, compórtate. Y por el amor de Dios, al menos dile feliz cumpleaños.

–Lo haré, lo haré, lo haré. –agarra las manos de Azumane. Sonríe de lado, esa sonrisa torcida que usa para encarar a las chicas y rogar por más pases minutos antes del cierre del gimnasio. Se sabe irresistible. –Es que por fin puedo soltar el estrés, Asa-chan. Las eliminatorias fueron apenas hace una semana.

–Está bien. –dice Asahi, poniéndose una mano en la nuca. –Pero trata de guardar tus energías para la noche, ¿sí? Este chico jamás habló contigo o conmigo y sin embargo está invitando a todo el equipo a su cumpleaños. Sé amable.

Nishinoya hace un asentimiento mostrando todos los dientes y se vuelve hacia la ventana, dando por finalizada la conversación. Por el rabillo del ojo percibe a Asahi sentarse junto a Sugawara, al frente del autobús. La hermana de Tanaka se ofreció a cuidar de ellos ("No somos unos críos, Saeko", "Hay alcohol gratis y tengo que cerciorarme de que no muráis en vuestra primera resaca") y el hermano de Tsukishima se mostró sorprendentemente interesado con la presencia de Saeko, así que se sumó al bus con el pretexto de "ayudarla a controlar a los chicos".

Ajá, ayudarla. Si Akieru no le ha echado el ojo a la Tanaka mayor en el partido contra el Shiratorizawa, Nishinoya se corta el pelo al ras.

Han dejado atrás Miyagi y las montañas plagadas de tonos anaranjados y rojizos empiezan a hacer mella en el cansancio físico y mental de Nishinoya. Es la primera vez en toda la semana que puede soltar el temible terror de fallar que venía arrastrando desde Julio. Todos reaccionamos de forma distinta al estrés. Yamaguchi está ausente porque le agarró una gripe fuertísima. Noya se cae dormido frente al despegue.

Despierta dos horas más tarde, en medio de la oscuridad sólo resquebrajada por las luces de los postes pasando a toda velocidad. En el reflejo del cristal, un chico de pelo aplastado le devuelve una mirada somnolienta. Ah, se le ha arruinado el peinado.

Con mucho cuidado de no despertar a Tanaka, se inclina sobre su mochila para sacar el gel y el espejo, y haciendo malabares con los utensilios y la poca luz, comienza a arreglar el costado derecho de su cabeza. Trata de no hacer mucho ruido; todo el bus está durmiendo.

Salvo Akiteru y Saeko, que están coqueteando en la cabina del conductor y rezumando feromonas hasta la parte trasera del autobús.

Noya completa su faena mordiéndose el costado del labio. Deja las cosas en su lugar; trata de no apoyar la cabeza del lado derecho así que no le queda más remedio que mirar hacia Tsukki, quien parece estar dormido. Los auriculares decoran alrededor de su cabello rubio inmaculado y, bajo la luz de la luna, parece una deidad.

–No sé qué miras con tanta atención. –gruñe.

Nishioya pega un salto que podría haber desestabilizado todo el bus, mas logra aguantarse el grito y mirar a Tsukishima con el ceño fruncido.

–¿No estás escuchando música?

Sonrisa socarrona en los labios finos del rubiales.

–Hace un rato ya que me quedé sin batería. –se saca los anteojos y se frota los párpados, entreabriendo los labios al compás del frote. Jo-der. Si fuera una tía, sería la perdición de todo el Karasuno.

Noya casi se deja caer del asiento arrastrando a Tanaka con él. ¿Acaba de pensar en que Tsukki está buenorro? Lo observa con atención. No, buenorro no es la palabra… es sensual. Todo en él destila sensualidad y elegancia. Poco útiles a la hora de jugar al vóley, donde los jugadores son una manada de simios tirándose la pelota de un lado a otro.

Tsukishima emana confianza en sí mismo y todos sus movimientos son muy medidos y estudiados. Vuelve a colocarse los lentes y baja sus auriculares. Las manos largas, de dedos finos. Con una venda en la cara interna del meñique derecho. Si no tuvieran a Ryu en medio de ambos, Nishinoya estiraría la mano para revisarle los dedos. Le genera curiosidad la piel inmaculada de Tsukki; piel mancillada por esa única herida. La herida que se causó por y para el equipo de cuervos.

Los brazos de Nishinoya tienen galaxias llamadas moratones y en las piernas forman universos enteros. Hay semanas que no recuerda de qué color eran sus rodillas antes de ser coronadas con tonos violáceos, verdes y amarillentos. Pero es que, donde Tsukki tiene cajas llenas de cautela, Noya peca de impulsivo. Tiene muchísimo sentido que sus brazos estén más morados que blancos.

–¿Qué te pasa? –pregunta Tsukishima, mirándole con ese gesto desdeñoso suyo. –¿Te has quedado prendado de mí o qué?

–Estaba pensando en que estás más bueno que cagar en pelotas.

Apenas suelta la frase, Nishinoya se quiere matar por idiota lanzado. Al contrario de cómo pensó que podría reaccionar, Tsukki lanza una risita corta que cubre con sus largos dedos. Lo mira de lado, más sensual que nunca.

Es una puta pantera. Seductor y capaz de rajarte la yugular en segundos.

–No sé si soy irresistible, Nishinoya. –ríe, socarrón. –¿Le vas soltando piropos a todas las personas que se te cruzan? ¿Tu novio no dice nada de esto?

–Qué novio. –paladea Noya.

–Es obvio de quién estamos hablando. –Tsukishima pone los ojos en blanco. –Si Holmes te eligiese como Watson se moriría de angustia.

Nishinoya abre más los ojos. No es la primera vez que alguien deja caer el noviazgo inexistente entre él y Tanaka. A él le causa mucha gracia; a Ryu se le acentúa el aura de bandido y salta al cuello de quién lo suscite.

–Tanaka es hetero. –murmura, mirando al calvo dormir con la boca abierta.

–No hablaba del desodorante con forma de bola. ¿Eres idiota? –Noya abre la boca para contestar, pero Tsukki lo corta alzando una mano. –Da igual. Voy a dormir hasta que, no sé, salgas de tu bomba de estupidez feliz y puedas percatarte de lo que pasa justo a tu lado.

Si intenta ser ofensivo, falla. Nishinoya ya está acostumbrado a la lengua afilada e hiriente de él, así que lo deja estar. Como ha dejado estar tantas cosas.


Son las doce de la noche y Nishinoya apenas puede mantenerse en pie. Como habían previsto, Saeko y Akiteru han echado por tierra la promesa de cuidarlos del alcohol y han desaparecido en alguno de los interminables cuartos de la casa Haiba.

Se sabía que Lev tenía dinero, tanto como para alquilar un autobús que trasladase al Karasuno hasta la puerta de su hogar y suministrar comida para TRES equipos. Lo que Noya no estaba enterado (y al parecer Hinata tampoco sabía, puesto que lanzó mil grititos frente a las rejas que rodeaban el bloque) era la inmensa mansión en la que vivía Lev. Inmensa queda corto. Es GIGANTESCA. Nishinoya no había tenido esa sensación de pequeñez desde que el Date Tech le hizo sentir una pulga miserable.

Tiene piscina, un sauna, dos habitaciones de juegos, UN CINE, y una habitación que no parece tener nada de particular pero que pueden echar unos treinta futones para que duerman los adolescentes descontrolados que están dando vueltas por allí.

Así como la casa es de lujo, también lo es la amplia oferta de bebidas.

El embriagarse les lleva mucho menos de lo que esperaban y Tanaka es el primero en caer, semi desnudo, sobre uno de los improvisados colchones. Ennoshita se toma el trabajo de taparlo y quedarse a su lado para que nadie le salte encima con un marcador indeleble. Sus esfuerzos por proteger al delincuente del equipo son totalmente derribados por Lev, quien va repartiendo bonetes a diestro y siniestro y logra encajar uno en cada cabeza.

Hinata, Tobio, Yaku y Kenma parecen ser las únicas personas decididas a no beber nada. El resto está tan borracho que deambulan por las habitaciones riéndose de tonterías o tropezando con sus propios pies. El Karasuno se está portando bastante bien, pero la gente del Nekoma ya se pasó de su límite alcohólico, y los del Fukurodani generan disturbios. Gritan con muchísima fuerza. Los sempais deciden corretear de aquí para allá intentando ayudar a quienes han bebido más de la cuenta.

Ese es el estado de Nishinoya, que no se cae al suelo de casualidad. Unos brazos firmes que lo sostienen, un rostro de ojos chocolate que le lanza miradas llenas de preocupación.

–Asahiiiiiii.

–Por el amor de Dios, ¿Noya? ¿Cuánto tomaste?

Alza seis orgullosos dedos. Los ojos de Azumane se ensombrecen.

–Seis qué.

–No lo sé. Ese coso amarillo de allí. Y dos de las verdes.

–Y qué más, Noya. Ahí cuento tres cosas.

–Creo que cerveza.

Azumane burbujea nerviosismo bajo la mirada cálida. Alza a Nishinoya; los cincuenta kilos del líbero apenas suponen un desafío para la fuerza de gigante que caracteriza a Asahi. El culo de Noya se deja descender sobre una silla, antes de que todo su cuerpo lo siga por inercia y casi se precipite al suelo de cabeza.

–Dios, mira cómo estás. –Asahi se pone en cuclillas para estar a su altura y la cabecita de Nihsinoya cae sobre su hombro. Azumane le acaricia la nuca. Se le antoja curioso, algunos pelitos se han zafado de la gomina casi permanente y se rizan contra las yemas de los dedos.

Nishinoya, la persona que salva la espalda de todo el equipo, a punto de desmoronarse. ¿Y a él quién le cubre el culo? Asahi no se cree en posición de tomar ese lugar. Está acostumbrado a que sea Noya quién arregle los líos que él, rematador, se manda.

Quizás por eso el partido contra el Date Tech fue tan doloroso. Porque contaba con Noya. Y Nishinoya falló. Aunque lo catapultó como un sentimiento de culpa hacia sí mismo, le había cargado con más trabajo del que podía soportar e hizo que ambos se quebraran.

–¿Todo en orden? –la aparición de Daichi es casi milagrosa, cerveza en mano y palabras un poco arrastradas, pero de pie. Le lanza una mirada cargada de inquietud a Noya, quien sonríe desde el hombro de Asahi.

–No. –los dedos de Asahi hacen cosquillitas sobre los mechones rebeldes. –Apenas se puede poner de pie. Y ni siquiera…

–¿Te he dicho que eres el mejor capitán del mundo? –Noya alza un brazo descoordinado hacia Daichi, que lo para en el aire antes de que le parta el tabique nasal.

–Uf. –el número uno se agacha junto a Azumane. –¿Hace mucho que está así?

–Llegué hace unos minutos.

–Tendremos que hacerlo vomitar.

–QUÉ. –las voces de Asahi y Nishinoya estallan al unísono.

–No podemos hacer eso. –Azumane abraza el cuerpito casi inerte de Noya, que intenta zafarse. Puro frenesí. –¡Puede ahogarse en serio y morirse!

–No se va a morir. –Daichi se pone en pie. –Estamos hablando de Nishinoya, la persona con más aguante físico de todo el equipo. Suga está haciendo caldear a Bokuto, iré a ver cómo van y luego lo llevaremos con él.

–No decidan cosas sobre mí. –Noya apenas se hace oír entre el cuello y hombro de Asahi, pero ninguno de los sempais le hace caso.

–¿Seguro que Sugawara puede hacerlo sin lastimarlo?

–Tranquilo, tiene bastante cancha. –Daichi sonríe de lado antes de caminar hacia el otro lado del pasillo. –En ambos sentidos.


Noya lleva dos minutos enteros dormido sobre el hombro de Asahi, que empieza a agarrotársele. A menudo piensa sobre cómo son tan distintos y a la vez tan complementarios, cosa que se está manifestando en la boca de Nishinoya babeando contra la camiseta roja de su amigo. A pesar de estar sentado en el suelo, y Noya en un puf, la altura de Asahi es perfecta para dejarlo descansar contra él.

Azumane no recuerda haber sentido tanta paz desde… bueno, desde siempre. Desde que Nishinoya apareció en su vida. El griterío de la casa y la música adormeciendo los chillidos de Hinata ("¡mira Kageyama hay un Pump It!") lo hace sentirse en una especie de burbuja donde no hay nadie más, donde sólo son Noya y él, dormidos cabeza contra cabeza.

A Asahi le encantaría quedarse en esa burbuja por el resto de la noche.

Noya murmura algo entre sueños y su mano cae sobre el puf oscuro. Es demasiado blanca y demasiado pequeña y está estallando de puro contraste con la de Asahi. Quiere tocarla, acariciarle los dedos. La idea se le hace tan dolorosamente imposible que frunce la mano en un puño, clavándose las uñas en la palma callosa y enorme.

Él sueña. Muchísimo. No con ser el jugador estrella de la selección nacional de Vóley, o con un paraíso lleno de mujeres hermosas esperándolo para cenar. Esos son los sueños de Kageyama o Tanaka. Él tiene anhelos más cercanos, como agarrarle la mano a Noya y no morir de un ataque cardíaco.

Se pregunta cómo sería si reuniese el valor, si las manos de Nishinoya no estuviesen tan estúpidamente cerca y al mismo tiempo a dos millones de años luz. Son manos que no le pertenecen, ojos que jamás mirarían como miran a Kiyoko. Pero no puede evitar clavarse una estaca en el alma creyendo que, de algún modo, alguna vez, Nishinoya podría mirarlo así.

La ilusión hace explotar la burbuja acompañada de unos pasos por el pasillo que corta en cruz al que están sentados.

Es Tsukki, y Azumane ruega interiormente para que no haga ningún comentario mordaz hacia ellos, pero no parece percatarse de su presencia. Mira hacia otra persona caminando detrás de él; le sonríe sensualmente. Espera. Tsukishima. Sonriendo.

Asahi casi pierde el equilibrio cuando Kuroo aparece tras los pasos de Tsukki y le toma de la camiseta llena de dinos, quedando frente con frente. Los ojos acaramelados del rubio miran la boca entreabierta de quien en ese instante da un paso más hacia él. Dos pares de párpados caen.

Y el rematador estrella del equipo es testigo de cómo un gato le come toda la boca al cuervo albino.

Nishinoya elige justo ese momento para alzar la vista; Asahi le tapa la boca indicándole silencio. Está fascinado y avergonzado a partes iguales. Las manos de Tsukishima suben por la espalda de Kuroo, abrazándolo todo lo que su cuerpo larguirucho le permite. Comienza un vaivén de mandíbulas más antiguo que la luna; pura boca, lenguas, manos y caderas. Asahi está casi temblando de pudor y vergüenza. Noya, en cambio, observa con la boca abiertísima contra la palma extendida de Azumane. Trata de no pensar en el aliento cálido del líbero mordiéndole la mano.

Un tintineo les advierte de que Kuroo ha empezado a pelear con el cinturón de Tsukishima y Asahi aparta inmediatamente la vista en dirección contraria, arrastrando la cabeza de Noya con él. Se quedan mirando al suelo, a las zapatillas rojas y blancas número treinta y cinco.

–Aquí no. –dice Tsukishima entre besos. Asahi jamás lo ha escuchado así, tan… jadeante y nervioso. Como si tuviera miedo. Como si Kuroo fuese a desaparecer entre sus dedos temblorosos y llenos de vendas.

–¿Ah? –la voz de Kuroo suena juguetona. Los retintines regresan. –No te he oído quejarte hasta ahora.

–Hablo en serio. –ahora Tsukki parece más firme.

Un suspiro y silencio. Asahi siente el sudor correr carreras en su frente aceitunada.

–Fijémonos si ese cuarto está libre.

Y después, pasos que se alejan.

Durante un par de segundos, ni él ni Noya son capaces de decir nada. Asahi lo suelta; sorprendentemente Nishinoya puede mantener el equilibrio sin irse al suelo. La mirada dorada del líbero lo busca. Donde Azumane es todo terror y espanto, Nishinoya parece estar hecho de fuegos artificiales.

–Se han comido la boca. –susurra Noya. –Tsukki apretó nalgas con uno de los del Nekoma.

–¿Tienes que decirlo así? –Asahi pone su cara cerca de la frente llena de pelitos rubios. –Nosotros no hemos visto nada, ¿de acuerdo?

–QUÉ. –Nishinoya hace un mohín y se cruza de brazos. Sus movimientos no están tan descoordinados como minutos antes. Asahi supone que el ver a su OTP morreándose a todo lo que da, sumándose a la siesta corta, le ha despejado el cerebro. –¡Pero si es un cotilleo de los gordos!

–Escucha, Noya. Vas a prestar mucha atención con lo que te voy a decir ahora mismo, así que no me interrumpas ni grites tonterías, ¿por favor?

Alguien del tamaño de Asahi no debería parecer suplicante, sin embargo, la voz que utiliza para dirigirse a Nishinoya es la que usa en estas situaciones especiales. Nishinoya la conoce bien. Está cargada de ruego y cariño y calidez y duda, como una madre pidiéndole a su hijo por octava vez que se ponga el pijama y se vaya a dormir.

–Tsukki está empezando a conectar con el equipo por primera vez en todos los meses que lleva dentro. –la seriedad hace que a Nihsinoya se le caiga la sonrisa. –Está empezando a confiar en nosotros, viene a los picnics que montamos fuera del club, fue quien sugirió que compráramos paletas de esas que te gustan para tu cumpleaños… ¿Cómo crees que se sentiría si divulgases algo tan íntimo sobre él?

La manito con la que se mantiene sujeto al puf tiembla.

–Traicionado.

–Claro. –le revuelve el pelo, haciendo que Noya se aparte. –Entonces no vamos a decir nada sobre esto, ni haremos ningún comentario malintencionado…

–… y fingiremos que no sabemos nada. –completa Nishinoya. Asahi teme que le retruque o haga un mohín o se queje, pero Noya hace un signo con el pulgar arriba y lanza una risita. –¡Está bien!

Asahi le sonríe con todos los dientes. No sabía que era capaz de embozar sonrisas tan amplias, puras y llenas de regocijo sin morirse de vergüenza hasta que conoció a Noya y éste le dijo que sus sonrisas molaban.

No sabía muchas cosas hasta que conocí a Nishinoya.


–¿Y cómo se juega a esto? –Hinata parece más entusiasmado que el resto del equipo. Una botella de color verdoso descansa entre los pies diminutos del apodado Pulgarcito, frente a todos los sobrevivientes de la noche trágica. Nishinoya está convencido de que esa fiesta pasará a la historia de ambos clubs como "el día en que la batalla del basurero no se pudo llevar a cabo porque los cuervos y los gatos estaban borrachos de cojones, acompañados por un búho más ebrio que ellos juntos."

Kageyama le suelta un coscorrón en la parte de atrás de la cabeza, alertándolo.

–Se llama "swipe the bottle", bruto. –se deja caer sobre sus codos. –Significa girar la botella.

–¡Ay! –a Shoyo le salen lagrimitas de las comisuras del ojo. Tsukki los mira desde el otro lado de la ronda, con los ojos en blanco.

–Bravo, Kageyama. Las pocas neuronas que te quedaban se concentraron en tu inglés de primaria.

Kuroo suelta una carcajada, Kageyama prácticamente larga una catarata de insultos mezclados con un ataque de hipo y Hinata le agarra el brazo para intentar parar el contraataque. Tsukishima parece complacido con su pequeño golpe bajo, esconde su sonrisita aguda bajo un trago de agua saborizada.

Nishinoya se percata del brazo de Kuuro sobre su cintura. Le está abrazando por la cintura santa cachucha voy a chillar de emoción. Está intentando no soltar un gritito o algo. Asahi pone su manaza enorme en el hombro diminuto de Nishinoya. Noya se voltea; intentando convencerlo con los ojos de que no va a hacer nada, de que no fueron testigos de nada indebido y que jamás rompió un plato. Se ve borroso.

–El juego es muy simple. –dice Suga con una paciencia infinita. –Kageyama, deja de tirarle cacahuetes a Tsukishima. Cada uno gira la botella, y sobre quién caiga tiene que realizar un reto.

–Después de ser castigados –Lev habla con la boca llena de maní. –, el que perdió anteriormente debe decidir el reto de quién sigue.

–¿Entendieron todos? –pregunta papá cuervo a su manada de mini cuervitos. Todos los pajaritos pían en asentimiento, menos Tsukki, que se limita a mover la cabeza de arriba abajo.

La primera ronda avanza a través de diversos retos que van aumentando en dificultad. Kageyama termina atravesando toda la habitación con un huevo en la nariz, Hinata se cae al intentar hacer la vertical sobre un skate y Lev casi muere ahogado al querer cantar el himno nacional haciendo gárgaras. Tras un pacto colectivo, se detienen unos minutos para beber algo y respirar hondo. Ennoshita sale pitando a comprobar si Tanaka sigue vivo o se lo comieron las ratas.

La ronda siguiente es liderada por Kuroo.

Después de dos giros, la botella termina apuntando a Daichi. Tiene ensayada su mejor cara de póker y la exhibe frente a la ronda de adolescentes ruidosos, pero Nishinoya ve los músculos de su espalda tensarse cual cuerdas.

–Ah, ¡nuestro Sawamura! –el capitán de los gatos emboza una mueca sospechosamente similar a la sonrisa de Pennywise. Se toma un par de segundos para pensar. –Ya sé. Tienes que ir a la habitación donde están esos dos adultos de pacotilla que habéis traído, y abrir la puerta. Solo un segundo, pero abrirla.

El ambiente cae pesado como un yunque y Noya agradece a todos los astros y al cielo no estar en el lugar de Daichi; Saeko está entre su top 3 de personas a las que quiere ver desnudas antes de morirse.

Akiteru está en el top 10 de las que se pegaría un tiro si llegase a verlo en pelotas.

Prácticamente las gotas de sudor frío le atraviesan el pecho al capitán. Nishinoya lo siente como si el reto fuera propio. En su carácter de deidad guardiana, debe ayudar a todos los traseros, no sólo a su equipo. Y lo que está pidiendo Kuroo es muy fuerte.

–Oye, Tetsuro –le dice mirándole directamente a los ojos que parecen dos pozos sin fondo y que no logra entender por qué Tsukishima acaba de besar a alguien tan malintencionado y para ya, Yuu. –, me parece que lo que estás pidiendo es una falta de respeto delirante.

–¿Justo tú te opones? –Tsukki se inclina hacia delante. –¿Qué tienes, celos?

–Chicos, ya. –el número 2 de los cuervos se pone en modo madre y toma del brazo a Nishinoya antes de que acuchille al único buen bloqueador que tienen. –¿Por qué no le preguntamos a la persona que va a hacer el reto? –los ojitos castaños de Sugawara vuelan hacia Daichi, que alza las manos en un claro gesto de "a mí no me metas".

–Te pasaste, Kuroo. –murmura Bokuto, pero está tan ebrio que apenas dice esas tres palabras cae redondo al suelo y se pone a roncar.

–Yo tampoco creo que sea adecuado. –Hinata alza una mano como si estuvieran en clase. –Digo… quizás están durmiendo y los despertamos.

El hielo se quiebra con la carcajada al unísono de la mitad de los presentes. Entre las risas, un comentario prepotente "si serás idiota, Hinata" acompañado del rey de la cancha.

–Bueno, vale. –Kuroo se sienta abrazándose las rodillas con una sola mano. Parece reacio a soltar a Tsukki. –Me fui al carajo, tenéis razón. –se pone la mano en la barbilla. –Entonces… tienes que –señala a Sugawara. –hacerle una trenza en el cabello.

Nishinoya está tan aliviado que suelta un suspiro casi involuntario. La intención de Kuroo vuela en el ambiente; pero prefiere mil veces las trenzas con purpurina a exponer los traseros de Saeko y Akiteru al aire.

–Me haces daño, hombre. –gime Suga bajo los dedos torpes de su capitán.

–Cómo puñetas esperas que haga una trenza –protesta Daichi a Kuroo. –si éste tiene menos pelo que un pez.

–No sé, arréglatelas. –dice él reclinándose hacia atrás. No ha soltado la cintura de Tsukishima aún, ¿es que tiene los dedos pegados a su camiseta o qué?

Suga sigue quejándose "para de quejarte o tiraré más fuerte" hasta terminar con una trenza deforme, con dunas infladas sobre la mitad de la cabeza. Las carcajadas estallan.

–Eres una Katniss en toda regla, Sugawara-san –ríe Hinata abrazándose la barriga.

–El que se ha marcado un RuPaul ha sido Daichi. –interviene Nishinoya, haciendo caso omiso de la mirada atronadora que lanza Daichi en su dirección.

–No me digas que ves ESE reality.

–¡Es de lo más guay del mundo! –los ojitos de Noya miran a Asahi como si su comentario fuese ilógico. –Vosotros no tenéis idea.

–Quién diría que justo Nishinoya sería un snob del mundo de los drags. –sonríe Tsukki, dejando que Kuroo se apoye en su hombro.

–¿Y tú eres quién lo dice, snob de los fósiles?

Una batalla verbal arranca entre Tsukishima y el líbero; sin poder ser impedida por los ruegos de Asahi, ni las súplicas de Sugawara, ni las amenazas terminantes de Daichi.

–¡Ya, callaos! –suelta por última vez el capitán con su vozarrón inquebrantable.

–Que te toca, Dai.

¿Dai?

El capitán mira a Sugawara sorprendidísimo, como si el apodo súper mega pequeño también fuese algo extraño para él. El armador no parece pasarle factura; bebe un poco de su vodka con jugo de naranja y le hace una seña hacia la botella. Expectante. Al final se encoge de hombros y gira. No deja de mirar a Suga.

La botella apunta a Asahi. Sonrisa malintencionada de parte de Daichi.

–Ten piedad. –gime la estrella. Si no fuera tan inmenso, se escondería tras Nishinoya. El líbero le da la mano para infundirle ánimos.

–Bueno. Tienes qué… –suscita Daichi, pero inmediatamente se interrumpe. Mira las caras del cuatro y el tres, y luego baja en derredor al final de sus antebrazos, y vuelve a subir. Abre mucho los ojos y sonríe todo lo que le da la cara. Noya se pregunta qué espera. A qué caigan cerdos del cielo. –Tú y Noya os encerraréis en ese armario. Por tres minutos.

La mano de Daichi vuela hacia un viejo ropero de dos puertas, amarillo.

–QUÉ. –la voz de Asahi podría derribar catedrales, podría hacer uso de toda su fuerza bruta para cerrarle el trasero a Daichi, pero en lugar de eso suena como un gritito falseado.

–No es para tanto. –dice Nishinoya, a quién la sentencia del capitán no le parece tan terrible. La prefiere mil veces a entrar en la habitación de Saeko y Akiteru. –Como si no hubiéramos estado en lugares chiquitos antes.

Un "OHHHHH" general lo ensordece casi acallando el "esoooo" de Kuroo. Lo está disfrutando más que nadie, el muy cabrón.

–Hablaba del puto auto de Tanaka, imbéciles. –gruñe Kageyama.

–¡Kageyama, no entiendes una indirecta ni aunque baile desnuda enfrente de ti!

–Cállate, Lev.

–Bueno, ¿vais a hacerlo o no? –Kuroo los mira, con esa sonrisa de gato Cheshire que le pone los pelos de punta pero está haciendo a Tsukki sonrojarse.

Noya se pone en pie y le extiende la mano a Asahi. Este está súper pálido. Parece un niño de once años llamado a la pizarra sin saberse la lección. O un tipo enterándose de que han llegado más de la cuenta de luz. O yo que sé. Cualquier cosa. No reacciona y Nishinoya tiene que tirarle del brazo para alzarlo.

–Parece que has visto un fantasma. –rezonga, haciéndolo ponerse en pie con una facilidad pasmosa.

–O al subdirector.

–Daichi, te pasas.

–Ese tipo da miedo, hombre.

–¿Más que tú?

Mientras los capitanes se lanzan cuchilladas a plena batalla verbal, Noya conduce a Asahi al armario. Y se da cuenta. De la palidez mientras mira el ropero. De que quizás es demasiado pequeño y Asahi puede que no entre y hará el ridículo frente a todos. Y está aterrado. Le asusta más quedar como un imbécil y que las miradas estén puestas en él que cualquier otra cosa.

–Ey. –golpecito en el abdomen. –Vas a caber, ya verás. Y si no cabes, pues, se nos ocurrirá algo.

–¿Eh?

–El tamaño del armario, hombre. –masculla.

–Ah. No, eso está bien.

Entonces qué pollas te pasa.

Intentan entrar los dos a la vez y se chocan entre ellos; Asahi entra primero, apoyando el culo entre zapatos y alguna camiseta caída. Estira las piernas todo lo que puede pero aun así quedan como pequeñas montañas, con las rodillas en alto. Nishinoya cree que el espacio es perfecto para su trasero y va y se mete ahí, poniendo lo pies a ambos lados del culo de Asahi.

Podría jurar que empalidece más.

–¿Están listos? –pregunta Kuroo desde el umbral de la puerta, y Nishinoya lanza un "¡sí!" a toda voz que nada tiene que ver con el piar desafinado de Asahi. –Bien, pondremos a correr el reloj. Son tres minutos. ¡Suerte!

Y un portazo acompañado de oscuridad.

Le lleva un par de segundos acostumbrarse a Asahi y a la falta de luz. Y a su terror. Está tan rígido que Nishinoya tendrá que fijarse si respira en los próximos cinco segundos, y que no lo han encerrado en el armario con un cadáver. Le palmea las rodillas.

–Minuto uno, corriendo. –sonríe. Asahi no responde nada. Qué cojones te pasa. –Asahi. –lo llama. –¿Te acuerdas cuando descubriste El Resplandor y estuviste una semana durmiendo en con las luces encendidas porque estabas cagado hasta las patas?

–Lo recuerdo.

Vaya, así que hablas. –¿Y recuerdas que hablamos de lo terrible que estabas y esa misma noche pudiste volver a dormir a oscuras? –silencio. –Asahi.

–Mhh.

–Háblame. Estás hecho un palo.

–A lo mejor es que estoy aterrado. –murmura Asahi, haciendo que Noya pegue un respingo entre sus piernas enfundadas en el pantalón burdeos. –Porque… no sé. Esto se siente demasiado bien.

La frase escondida entre risitas le hace preguntarse si el que está borracho es Azumane y no él. Todo rubor coronándole los pómulos y ojos más cálidos que el sol.

Asahi nunca ha dicho algo así. Nunca ha remarcado lo mucho que Nishinoya le hace falta. Y es que él sabe lo importante que es su mera existencia para la estrella. Su existencia y su optimismo indestructible, sus habilidades sociales. Pero lo que Asahi más respeta y valora de Noya, y es lo que lo hace quedarse al lado y, a pesar de huir, volver, es la confianza casi ciega que el líbero tiene en él.

Para alguien con la autoestima por los pies, tener a otra persona que cree en ti y en tus capacidades te da las fuerzas suficientes para convencerte de lo que vales por ti mismo.

–Por supuesto que se siente demasiado bien. –ríe Noya, apoyando las manos en las rodillas gigantes de Asahi. –Encajamos justo.

–Noya.

–Qué.

–¿Podrías moverte… un poco hacia delante? –la voz de Azumane está cargada de vergüenza, pudor que Nishinoya no entiende por qué debería de tener. Como si no hubiesen estado tocándose desde los inicios de su amistad. Como si Noya no necesitase el contacto físico tanto como respirar y le saltase encima cada dos por tres. –Me estás aplastando la cadera con el pie.

–Ah, sí. Claro.

Hay una fricción de caderas innecesaria pero a Noya no le importa, ahora Asahi está más cómodo y está respirando bien. Espera, ¿qué antes no estaba respirando? Nunca ha tenido su nariz tan cerca. Tiene una especie de hoyo en su barba, cerca del mentón. Nishinoya lo toca con el dedo.

–Eres calvo en un pedazo de mandíbula.

Asahi se ríe. Toma la manito de Noya y la baja despacio.

–Bueno, jamás me ha crecido pelo en ese segmento. –entrelaza sus dedos de uñas limpias en los del líbero. –Es como que mi barba se olvida de crecer allí.

Están a menos de cinco centímetros de distancia. Manos entrelazadas. Asahi le dirige una mirada entrecerrada. Huele a sudor y a mandarinas. Nishinoya se pregunta cómo nunca vio que los ojos de Asahi son del color del cariño. Puro castaño chocolate. Como el fondo de la taza que compartes una noche de mucho frío, pasándose de mano en mano. Ojos hechos de bondad.

Y la puerta del ropero se abre con muchísima fuerza, encegueciéndolos.


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