¡Oya oya oya! Les recuerdo que este fanfic se actualiza todos los martes :)
¡La Bokuto Week está cerca! Será desde el 20 al 26 de Mayo, y posiblemente deje caer unas viñetitas.
Vuelvo a agradecerle a Tobi por betear esto.
Indiferencia
Hace varios intentos que Asahi está fallando al rematar. O los tira con demasiado impulso o fuerza a sus compañeros a apartarse corriendo del proyectil fuera de control que se estrella contra el suelo.
–¡Azumane-san!
–¿QUÉ? –Yachi sale corriendo a esconderse tras Yamaguchi al ver a la estrella hecha toda una bola de fuego fulminante que va hacia ella a toda velocidad.
–Esto… eh… bueno…
Está temblando tanto que hace temblar a Yamaguchi. Al final, sale pitando hacia afuera casi chocándose con Daichi. El capitán lanza una mirada en derredor.
–¡Bien, equipo! Tomemos un descanso. Id a lavaros la cara o al baño.
La peor práctica del año.
Y es lunes.
–Qué te pasa.
La vocecita de Noya lo hace salir del trance. Dios, no. La única persona que quería evitar, mirándolo, con esos ojitos dorados llenos de signos de interrogación.
–No me pasa nada. –dice, con la voz más dura de lo que pretende y el ceño súper fruncido.
–Sí, te pasa. –Nishinoya le agarra del brazo, jalándolo hacia la salida. –Venga, tomemos un helado, ¿te parece?
Le parece una idea tonta. Ridícula. Como si tomar helado fuese a ponerlo de mejor humor.
–Claro.
A Nishinoya le flipan los helados esos de refresco o vaya uno a saber qué pollas y ya le empiezan a brillar los ojitos apenas entran a la tienda. Asahi empieza a sospechar que todo el truco del helado es una treta para que Noya pueda comerse uno sin sentirse culpable por la temperatura otoñal. En plan "que Asahi se sentía para el culo, tío, entonces fuimos por helados a ver si podía animarle".
Descarta esa idea de inmediato. Asahi estaba hecho un bajón, entonces, Noya se habrá preguntado ¿qué es lo que lo haría feliz en ese momento? Helado. A Noya le hace feliz el helado así que está convencido de que la manera para levantarle el ánimo a Asahi es esa. Porque a él lo pone de buen humor, y eso.
Pero Nishinoya lo conoce casi como nadie. Le saca a la luz las entrañas. Sabe que en ese momento Asahi quizás no necesita llevarse una cuchara llena de crema a la boca, pero sí todo lo que envuelve a ese gesto: sentarse con un amigo a hablar de tonterías (más bien a dejar que Noya hable y él escuchar), distraerse. Despejar el cerebro de lo que sea que lo esté atormentando. Recordar cuáles son las cosas que le devuelven las ganas de vivir, y seguir adelante.
Nishinoya Yuu es una de ellas.
Después de pagar (Asahi se niega rotundamente a que Noya pague todo) se sientan en la baranda del piso superior, ambos pares de piernas colgando al vacío.
–HINATA, POR EL AMOR DE DIOS Y POR VEZ NÚMERO MIL. –el vozarrón de Kageyama los hace darse media vuelta para verlo salir estallando del vestuario. –O ME DAS EL PUTO PAR DE CALCETINES O TE JURO QUE TE METO UN PARAGUAS POR DONDE NO TE DA EL SOL…
La cabecita pelirroja de Hinata se asoma desde el piso de abajo.
–¡No puedo permitir que uses calcetines sucios!
–… Y LO ABRO.
–¡Te van a salir hongos en los pies, Tontoyama!
–En MIS pies, bruto. –Asahi podría jurar que ve el aire alrededor de Tobio arremolinarse como si fuese un huracán de malas vibras. –Y no puedo no entrenar porque una mandarina con patas decidió escaquearse MIS calcetines a un día de…
El intercambio sigue hasta que Suga revolea un par de calcetines de repuesto hacia Kageyama y el griterío se detiene. Un grupo de curiosos se ven espantados por la voz en grito del rey, que se vuelve hacia ellos espetando "QUÉ COJONES MIRAN, TONTOPOLLAS" haciéndolos salir disparados.
–¿Alguna idea de qué le pasa a Kageyama? –pregunta Asahi comiendo del pote.
–Al parecer ha dormido cuatro horas y eso lo pone de peor humor que de costumbre. –un hilito turquesa baja por la barbilla de Noya y se lo saca con un movimiento de la mano.
–Dios mío. –murmura Azumane mientras Tobio empuja a Hinata gritándole. –En cualquier momento Daichi les pondrá una perimetral.
–Y que lo digas. Han estado tan insoportables que Yachi salió llorando después de la práctica del jueves.
–Tú no eres quién para hablar sobre ser fastidioso, Noya-san.
–Y tú no eres quién para hablar sobre estar de un humor de perros.
Golpe bajo. Asahi se lleva la cucharita a la boca con el ceño aún más fruncido.
–¿Todo bien? –pregunta Nishinoya a Suga, que se ha dejado caer en medio de ambos.
–Creo que me voy a convertir en madre abandónica. –suspira, rechazando la cucharita con helado que Asahi le ofrece. –Vosotros os comportáis pésimo, pero prefiero vuestras estupideces a las peleas de Hinata y Kageyama.
–¡Somos los hijos favoritos! –festeja Noya.
–Creo que habla de Tanaka y yo.
–Mi polla en vinagre.
–Y la mía cuelga de un cable. –responde Asahi todo lo desafiante que es capaz, bravuconería que desaparece cuando Sugawara le observa con los ojos como platos. –¿Qué?
–¡Por Dios! –estalla Suga. –¿Dónde aprendiste eso?
Nishinoya se señala el pecho con el pulgar, toda la barbilla azul y las encías púrpuras.
–Retiro lo dicho. –el armador se pone en pie, revoloteando entre la vergüenza de Asahi y la risa de Noya. –Mis hijos favoritos son Tsukishima y Yamaguchi.
–No puedo decirte qué me pasa.
La bicicleta entre ambos. Nishinoya se ve precioso a esa hora del día. Todo naranja y más anaranjado por el otoño, el atardecer y el uniforme. Alza su cara desde la poca estatura que lo caracteriza. Sonríe.
–Está bien. –da un par de pasitos más. –No tienes por qué decírmelo, pero la próxima vez, tomemos helado antes de que espantes a todo el equipo, ¿está bien?
Ven a mí antes de ir a alguien más.
Eso es lo que había dejado caer, y estaba más que claro.
¿Por qué siempre sabe todo lo que me pasa?
Asahi quiere abrazarse a sí mismo y llorar hasta que las entrañas le ardan y la garganta se le llene de sangre, pero más que eso quiere abrazar a Nishinoya y decirle que, no importa cuantos meses pasen, todos los días le hacen sentir como el día que no hubo vuelta atrás.
Un día que no tuvo nada de importante pero Nishinoya estuvo haciendo el imbécil con Tanaka y dieron un par de vueltas alrededor de la cancha como castigo. Que estuvo esperándolo con las llaves del gimnasio en la mano y dos paquetes de caramelos de naranja. Y cuando le vio salir, con todo el pelo aplastado de un costado y los ojos más brillantes que las golosinas que iba a regalarle, una sonrisa de oreja a oreja, agradeciendo, rozándole la mano con los nudillos demasiado blancos, fue el momento que Asahi dejó de respirar.
Y supo que necesitaba a Noya tanto como necesitaba el aire y la misma luz.
Porque él es un sol que brilla por encima de todos. Porque es imposible pasarlo por alto cuando entra a una habitación. Porque hace tiempo que todas las flores que viven dentro de Asahi se habrían muerto de no ser por él.
Todo lo que tocas lo conviertes en flores, que quizás no valen tanto como el oro pero duran más y le hacen mejor al corazón.
No. No eran flores. Eran enredaderas, duras y fuertes y dolorosas que se le habían enmarañado alrededor del alma y habían atado a Nishinoya para dejarlo ahí por siempre, incluso con toda la fuerza de voluntad que Asahi intentó tener.
Cuando vieron Kimi no Nawa y él y Tanaka lloraron como una magdalena, entre las risas del resto del equipo, fue porque estaba totalmente convencido que el hilo rojo existía. Al menos de su parte. Que había algo atándolo a Nishinoya desde abajo del corazón y que le cortaba el aliento cuando estaban en la misma habitación. Un lazo, el volley, los amigos que tenían en común. Y que existía la posibilidad de quererse más entre ellos de lo que se querían Oikawa e Iwaizumi, lo cual ya era un montón.
Entonces todo se fue a la mierda.
Noya apareció con la cabeza alta y sonrisas de oreja a oreja y anunciando que Mimi de la clase 2-3 le había invitado a un concierto en la noche. Que fuese preparado. Lo felicitaron. Asahi se sintió como si le hubiese caído un chorro de agua helada.
Alguien. Invitándolo a salir.
No era extraño. Nunca realmente se preguntó si habría más gente queriendo abrazar a Nishinoya por la cintura o darle besos en esa boquita fina que le corta la cara a la mitad como si fuera un tajo, pero si él quiere hacerlo, entonces otras personas también. No puede competir con otras personas. No puede. No sabe cómo.
Mira la camiseta que le regaló Noya, una con la frase final de Fullmetal Alchemist: Brotherhood, y por un momento quiere llorar abrazado a ella.
Sin embargo, una vez que hayas soportado el dolor y lo hayas superado, ganarás un corazón que es más fuerte que todo lo demás. Así es, un corazón de acero.
Asahi no tiene ni por asomo un corazón de acero, ni de plomo, ni de hierro ni ningún metal resistente. El suyo se parte con tanta facilidad que debe estar hecho de un carbón vegetal o alguna mierda similar. Ah, qué casualidad que los dos materiales que se le han ocurrido son combustibles. Como si su corazón estuviese hecho para arder bajo el sol que es Nishinoya.
Pero en algún momento todo el combustible se consume bajo las llamas.
No puede dejar que eso le pase. No puede resignarse a una existencia miserable porque le guste su amigo y quedarse mirando desde las sombras a ver cómo él brilla. Porque Nishinoya brilla. Y como el mismo sol, tiene a todos orbitando alrededor de él, atraídos por su fuerza de gravedad. Seguramente sea él quien orbite más lejos. O el planeta más pequeño.
Si vuelve a pasar lo del armario, se mata.
Cuando Nishinoya lo acompañó al puesto de helados siendo tan comprensivo y amable, Asahi se sintió el peor amigo del mundo. Afable es la persona que posee la virtud de hacer que los otros la pasen bien. Hacer la vida grata. Y Nishinoya azumaba afabilidad. Le estaba tratando de hacer la vida más placentera y menos dolorosa, incluso sin saber qué era lo que adolecía a Asahi.
Lo ve ahí. El punto entre los dedos de los oponentes para concretar el remate. La única manera de no dejarse destruir por Nishinoya es dejándose espacio. Es dar un paso atrás ante las llamas que emana el enano. Es poner un poco de distancia entre ellos. Hasta que se le acomoden los cables. O aparezca alguien más. O Noya empiece a tener más citas. Cualquier cosa.
Quizás no tarde tanto. El desencantarse. El olvidarse de que Nishinoya está ahí.
¿Cómo le da espacio? ¿Cómo se aleja de él? ¿Cómo se alejan los seres humanos de las personas que los hacen sobrevivir?
Asahi se agarra la cara con las dos manos, mientras el llanto cae barriéndole la tierra del rostro. No puede creer que esté tomando esta decisión, la de poner un pie entre ellos. Un pie, una pared, una muralla, cualquier cosa. No puedo seguir teniéndote cerca sabiendo que no voy a poder tenerte jamás, se dice y se lo dice. Crecer es tomar decisiones adultas y cortar de raíz las cosas que hoy nos hacen bien, pero a la larga nos van a hacer mal. Nishinoya no podría hacerle mal en un millón de años, mas no es él, es cómo reacciona el mundo a su sol.
Baja a cenar con la camiseta puesta.
Nishinoya puede pecar de tener menos luces que pueblo de montaña pero no es estúpido, y algo se le está escapando desde el martes. Le ha contado a Asahi mil cosas en los vestuarios pero todas sus respuestas fueron monosílabos. O mirándose los pies. Algo muy raro.
Lo más extraño de todo es que le contesta a todos los demás, excepto a él.
–Entonces, Saeko sale del cuarto súper quejosa y yo aprovecho para ganarle de mano al baño. –explica Tanaka, poniéndose los calcetines antes que los shorts.
–Saeko en el baño. –bromea Noya con una expresión que imita muchísimo al emoji guarrillo del whatsapp. Mira hacia Asahi. –Kenai, ¿me pasas el talco?
Silencio. Asahi parece muy ocupado en el interior de su bolso, el cual súbitamente ha dejado de revolver. Suga los mira con un signo de interrogación estampado en el medio de la cara, suspira y le pasa su botellita a Nishinoya. Como para empeorar las cosas.
–Y entonces qué. –repone, voz súper cutre pero tiene que volver al hilo y hacer que todos se olviden del papelón que acaba de pasar.
–A que no sabéis quién estaba en nuestra ducha. En nuestra ducha, tío.
–No me jodas. –Nishinoya abre la boca todo lo que puede.
–Akiteru en pelotas enjuagándose los sobacos. Apenas abro la puerta, escucho un "oye, cielito que…". Casi me muero.
–Con dos pares de cojones. –Sugawara parece asentir al comentario de Nishinoya, pero en realidad mira hacia Asahi. Que le está dando la espalda. Que está evitando mirarlo porque quema.
–No sé qué haría si el rollo de mi hermana estuviese en nuestra casa desnudo. –Ennoshita alza las manos. –Digo, en espacios comunes, no en su habitación.
–Hombre, pues yo lo mato. –Noya logra meter el pie en la zapatilla y da un par de saltitos para acostumbrarse al talco. –Que si te vas a cepillar a algún miembro de mi familia, por lo menos, yo que sé, ten el respeto de andar vestido por el resto de la casa. –se vuelve hacia Asahi. –¿Y tú qué harías, Asa?
El silencio que llena el cuarto es sepulcral. Nishinoya no recuerda que un sudor frío tan violento le recorriese la parte baja de la espalda desde hace meses. Sugawara le palmea las costillas a Asahi.
–Que te están hablando, ey.
–Ah. –parece súbitamente avergonzado, pero en cuanto mira a Noya empalidece y se vuelve a dar vuelta. –No sé. Supongo que nada.
¿Pero qué pollas le pasa conmigo?
–¡El profesor de Física es súper guay! –exclama Hinata entrando al vestuario, y Nishinoya agradece su aparición porque corta el aire como un cuchillo. Se saca la camisa del uniforme conforme va caminando y choca los cinco con Tanaka. –Es tan guay que tiene dos aretes en cada oreja. Una auténtica pasada.
Kageyama entra tras él musitando "cállate, bruto", con la cara hecha un incendio. Enoshita los mira desde el piso.
–¿Kageyama, estás bien?
–Fue increíble. –Hinata está teniendo problemas para alcanzar el talco, así que Asahi estira un brazo para pasárselo. Nishinoya trata de no morirse de indignación ante eso, pero el ceño fruncido parece reacio a irse. –Kageyama dijo que el sonido no atravesaba la materia, entonces el profesor lo sacó fuera del salón, gritó "¿Me oyes? Ahora vuelve a entrar, muermo" y lo volvió a traer dentro. Tontoyama no volvió a hablar hasta hace dos minutos.
–No tenía que humillarme, el muy zoquete.
–Más respeto a tus profesores. –le gruñe Suga, todo lampiño y nervio golpeándole la cabeza.
–Pero si él no me respeta; ¿por qué tengo que respetarlo yo?
–Vamos, Brutoyama –Hinata le da un abrazo del que el rey intenta zafarse. –. No ha sido para tanto. Prefiero que nos den clase así a que tengamos que memorizar todo.
–Por lo menos la experiencia va a hacer que te acuerdes de que el sonido traspasa la materia. –ríe Tanaka.
Asahi sale de la habitación demasiado rápido. Tan rápido que le fallan las piernas a Noya y no puede seguirle.
Ahí está.
Otra vez, los putos remates asesinos de Asahi a los que nadie quiere acercarse.
Esa tarde vienen los del Nekoma a un partido de práctica para calentar los cerebros antes de las eliminatorias de Tokio. Están todos entusiasmadísimos. Hinata lleva corriendo de arriba abajo todo el día hasta que el entrenador Ukai le mete un coscorrón "te vas a quedar sin energías antes del partido, idiota". Kageyama está usando toda su frustración con el profesor de Física en los remates y saques. Suga y Daichi se pasan la pelota entre ellos, como si existiesen en un universo interno al cual nadie puede entrar. Tanaka está practicando bloqueos con Tsukki y Yamaguchi.
Y después está él. Nishinoya. Por ley de descarte, tendría que ponerse con Asahi. Él no parece muy dispuesto a entrenar con alguien. Pero Noya tiene que calentar, porque están a menos de una hora de empezar y ya le está doliendo el culo de tenerlo quieto.
Además de que quiere acercarse a Asahi y preguntarle qué pollas le está pasando.
Toma una pelota y va hacia él. Decidido. Firme. Como lo ha sido siempre. A veces conversar con Asahi es más difícil que maniobrar el Titanic con cucharitas de plástico, y ese día le ha dado por ponerse en modo tortuga. Nishinoya está decidido a hacerlo salir del caparazón.
Asahi alza los ojos para mirarlo entre los mechones que le surcan el rostro. Y después sale trotando a la otra punta de la cancha.
Nishinoya deja caer la pelota.
Por qué me ignoras.
Háblame.
Qué coño he hecho mal.
Nishinoya puede hablar tres o cuatro días seguidos de lo fuerte que es el vóley para él. Lo mucho que le gusta y lo mucho que lo conmueve. Y lo bien que se siente al cuidar las espaldas de todo el equipo. Podrán decir que Daichi y Sugawara son los padres del equipo por default, pero él es entonces el tío guardaespaldas. El hermano mayor que te cubre de los bullers. Y cuando todo sale bien, los observa desde atrás para unirse a un estado general de orgullo y palmaditas en la cabeza.
Hoy están jugando como el puto culo.
Asahi está prácticamente jugando solo. Hasta Kageyama está teniendo problemas para conjugar con él. Es que está saltando para todos los remates, hasta para los que no le corresponden, y descoordinando al todo el grupo. Tanaka se chocó con él; pisó a Tsukki cuando saltó a rematar. Nishinoya tuvo una vista clarísima de los desastres porque, no importa en qué sector de la cancha esté, Asahi se ha clavado en el puto punto opuesto. El entrenador observa todos los intentos fallidos de remate con el ceño muy, muy fruncido. Takeda-sensei no para de gritarles palabras vacías de aliento.
Los del Nekoma están haciendo sonrisitas. Kenma le susurra señales de ánimo a Hinata cuando quedan frente a frente. Lev, Kenma y Kuroo ya están empezando a sacar de quicio a Tsukishima, quién les lanza miradas de hastío.
Perdón. Mirada de hastío. A Kuroo no puede mirarlo porque frunce más los labios.
El vaso se rebalsa cuando cae la gota final. Nishinoya cruza toda la cancha en un relámpago para salvar una pelota que al final termina salvando Daichi, que se la tira a Kageyama, quién arma la jugada para Asahi… y él ya no está ahí.
Asahi retrocedió y la pelota cae al suelo, al lado de Nishinoya. Literalmente al lado.
Se apartó en el último segundo. Perdimos un punto porque Asahi no me quiere cerca.
Ukai se ve forzado a pedir un tiempo muerto. Parece furioso, porque toma a Asahi del brazo y lo aparta del grupo. Kiyoko y Yachi les dan toallas y algunas botellas de agua.
–¿Crees que lo enviarán la banca? –le susurra bajito al oído Tanaka.
–Lo dudo. –supone Noya. –Ukai no puede disponer de Asahi. Sería deshacerse del mejor rematador que tenemos.
–Yo soy el mejor rematador. –frunce la cara en un mohín.
Pierden el primer set y el segundo lo ganan por un error de bloqueo de Lev. Pura casualidad, vamos. Al parecer la estrategia de Ukai se basa en mover algunas fichas para que Asahi y Nishinoya interactúen lo menos posible. Es tan dolorosamente obvio que Noya se distrae y pierda dos o tres balones.
Daichi parece haberse percatado, también. No para de lanzarle miradas de soslayo a su estrella, quien se concentra solo en la pelota.
Tengo que mirar el balón para no mirarlo a él.
Lo ve pasar entre sus pies, revoloteando a su alrededor. Arreglando los desastres que él está haciendo. Asahi está temblando de nerviosismo. No puede fallar. No puede mirar a Nishinoya. Apenas le sale pronunciar su nombre en sus pensamientos.
La única solución que se le ocurre es fijar su vista en la pelota; pero eso le ha costado varios pisotones y choques. Si no puede mirar a Noya, no puede ver a ninguno de los otros jugadores. Es la cuarta vez que salta por un balón que no le corresponde. Y la sexta que pisa a alguien. Y la tercera que choca con Hinata por un remate.
Ah, toda la espalda y todos los brazos tensos.
–¡Tsukishima, buen saque!
La voz de Daichi lo despierta del ensueño y vuela hacia la pelota recibida por Kuroo, pero Tanaka llega antes, al grito de "¡chance-ball!". El pelado no es el mejor en recepciones. Una bala azul y dorada sale disparada hacia la parte trasera del gimnasio.
Y ahí está. El líbero. Se tira al suelo y la regresa al partido.
Asahi tiene que contenerse para no lanzarse a llorar ante el hecho desesperadamente incuestionable de que esa pelota le corresponde a la estrella, que el pase de Noya fue perfecto, que lo eligió entre todos los jugadores para que la reciba.
La pelota se la está tirando a él. A ÉL. Que lo ha estado ignorando toda la mañana y todo el partido.
No me lo hagas más difícil, Nishinoya.
Siente todas las miradas caerle encima como una lluvia de flechas.
–¡Asahi!
–¡Azumane-san!
–¡ASA-CHAN!
–¡Azumane-sempai!
No llega. No es lo suficientemente rápido. No puede escapar a los ojos de Nishinoya pero tampoco puede recibir su pelota. Sería echar por tierra todo lo que viene trabajando desde la decisión tomada la tarde anterior. Se voltea hacia la única persona que puede salvar el punto.
–¡Hinata!
Lo grita. Desesperadamente. Lo necesita ahí mismo. Pulgarcito vuela hacia la red como un misil y la golpea, dándoles el tiro perfecto al bloqueo de Kenma. Y nadie sabe en qué momento se movió Nishinoya pero está ahí salvándola de nuevo, lanzándosela a Kageyama, que arma la jugada para el remate de Asahi.
La pelota cae dentro de la cancha y detrás de él.
Match point.
Un solo punto, y los del Nekoma ganan.
Lev salta lo más alto posible para intentar convertir, pero el brazo de Tsukki lo para ahí en el medio y la pelota sale disparada hacia la banca del Karasuno.
–¡Lo siento! –grita Tsukishima mientras la fuerza de la gravedad empieza a hacer presión, tanto a él como a la pelota.
Nishinoya va tras ella, una estela naranja de velocidad. La siente en sus manos mientras la devuelve al partido. Rueda por el suelo. La madera pulida del gimnasio duele más que la tierra o los pelotazos.
–¡ASAHI-SAN! –grita. –¡Lo siento, va corto!
Tanto Asahi como Daichi corren hacia ella, pero Asahi hace un mínimo contacto visual con él y hace que todos los planetas se detengan y que el sol deje de brillar.
Asahi destila malas vibras. De qué sentimiento exactamente, no lo sabe, pero tiene que ver con su puta indiferencia desde hace días. Y hace lo que nadie espera: recula para darle espacio al capitán. Apartando la mirada de Nishinoya. Apartándose. Noya siente cómo la sangre le abandona toda la puta cara. Asahi se está yendo de nuevo. Estira inconscientemente los dedos hacia él.
Daichi logra convertir a duras penas dejándole un remate servido a Kageyama, pero ninguno de los dos cuenta con el bloqueo atronador de Kuroo que estampa la pelota entre los pies de Hinata y Kageyama. Nishinoya llega demasiado tarde.
Festejos del otro lado de la red. Lluvia torrencial del suyo.
Nishinoya se pone en pie trabajosamente, y no es porque el partido haya sido una locura ni súper terrible ni les haya minado la resistencia, es que no puede creer que Asahi haya decidido rechazar el balón que le colocó entre los dedos. No tuvo que ver con no llegar a tiempo, Asahi literalmente decidió no recibirla. Dos veces. Quiere explicaciones, y las quiere ya.
Pero Asahi se va pitando.
¡Dejad reviews, que son mi fuerza para seguir!
¡Hasta el próximo martes!
