¡Oya oya oya! Les recuerdo que este fanfic se actualiza todos los martes :)
Chicos, la Bokuto Week se terminó, y llegué a la meta con la muy satisfactoria suma de 7 viñetas, una por día :)))) Pueden pasar a leerlas por el fic de mi perfil, Alas Blancas :)
Hay dos canciones en este capítulo. La primera es La Tortura, de Shakira y Alejandro Sanz. Podéis probar a escuchar la versión que no está en vivo. Y la segunda es Yumetourou, de Radwimps, intro de la película Kimi no Na Wa. En youtube hay dos versiones, una de 5 minutos y una de 2. Usé la de dos para esta escena.
Anon: ¡Hola! Ya lo hará, ya lo hará, tranquilite :)
M-Arrietty: ¡Bienvenide de vuelta! Bueno, en realidad yo no creo que Asahi se parezca a nadie xD Todas las personas que encuentro son demasiado bellas y demasiado perfectas para ser Asahi; y me encanta ese detalle de que sea poco agraciado físicamente. Me parece que lo hace más real que nada. Pero de Viggo tomé el #pelazo, por supuesto, y el hecho de que es estúpidamente musculoso. En cuanto a que no se dan cuenta el uno del otro... mira, no sé que fic has leído tú, pero aquí no ha pasao na de eso *huye* Also, sí, ojalá que mamá Suga los aprese a ambos y les dé un correctivo XD
Alturas
Nishinoya se despierta con el teléfono sonando a todo volumen y la voz de Asahi al otro lado.
Suena lloroso, deshecho.
–Cálmate. –le pide, y se sorprende al darse cuenta que el llanto de Asahi lo ha destrozado tanto cómo una estampida de elefantes. –Asa. Ey. –intenta hacerse oír entre los sollozos e hipidos que el grandulón emite al final de la línea. –Qué pasa. Que pasó. A quién tengo que romperle la cara.
Una risa en medio de los hipidos se transforma en una tos.
–A nadie. –por dios, suena hecho mierda. –Es que… cielos.
–Asahi, explícame qué está pasando o voy a preocuparme más de lo que ya estoy.
A medida que habla, Noya se está calzando las zapatillas por encima de sus calcetines de dormir y ha bajado a la puerta. Dos sollozos más y estará camino a casa de los Azumane, o dondequiera que Asahi esté.
–Sólo… -respira hondo. –Soñé que te morías.
El llavero con el Mickey en él cae al suelo entre los pies de Noya.
–Cuéntamelo todo.
–Sí. –el llanto de Asahi se hace más fuerte, y por dos segundos Nishinoya se odia a sí mismo pero necesita saber exactamente qué ha soñado para intentar calmarlo. –Estábamos en la estación de trenes cerca a la escuela, y por algún motivo muy extraño el entrenador Ukai estaba con nosotros –risas hiposas de ambos lados de la línea. –No estoy seguro de qué decías tú, pero era algo tan estúpido que sonaba cómo tuyo.
–Qué buen amigo eres.
–En fin… –sollozo más fuerte. –El tren venía y tal, y yo estaba cerca de la máquina de caramelos. Y tú intentabas correrme de ahí, el tren estaba acercándose y yo no veía nada de malo pero entonces se salía del carril y…
Sollozo. Nishinoya prácticamente puede saborear las lágrimas saladas.
–Y entonces qué.
–Me empujabas. –llanto. –Me empujabas del otro lado de la estación, pero el tren te agarraba a ti. Y te miraba a los ojos y te veía desaparecer. Parecías un puto muñeco de trapo volando por los aires.
Nishinoya está demasiado conmocionado como para sorprenderse por el taco que ha soltado Asahi, cuando él y malhablado son dos palabras que no van juntas ni aunque las fuercen a pegarse. Se deja caer en el sillón.
–Pero estoy aquí. –susurra. La garganta le escuece. –Estoy aquí.
–Siempre estás aquí. Pero ese no es el punto. Sé que es irracional, pero me he despertado gritando de puro llanto y necesitaba escuchar tu voz. Saber que sigues aquí, aunque siempre lo estés.
–No me fui a ninguna parte, idiota. –ahora Nishinoya está llorando y se cubre la boca con la mano a pesar de que Asahi no puede verlo. Lo avergüenza tanto estar llorando y derrumbándose cuando el que tendría que estar cayéndose a pedazos no es él. Tiene que ser el pilar que sostenga a Asahi.
–Siempre ha sido así. –llora Asahi, sin escucharlo. –Me has salvado de todo. Me cuidas la espalda de cada cosa que puede lastimarme, hasta de mí mismo. Y no he hecho lo mismo, no te he cuidado como te lo mereces.
–Cállate ya.
Sollozos y mocos. La mano de Noya vuela hasta su frente mientras las lágrimas juegan carreras en sus pómulos.
–Soy una pésima persona.
–Que te calles.
–No quiero pensar en eso. –el llanto arranca de nuevo. –No quiero pensar en lo desigual que es nuestra relación, en donde siempre pones casi todo tú. En donde he tenido mil chances para redimirme pero no lo he hecho porque doy por sentado que siempre estarás aquí.
–Idiota. –llanto. –Grandísimo idiota. Siempre estaré aquí. No me voy a ir a ninguna parte. No me fui cuando abandonaste el equipo y tampoco me iré por alguna otra pollada.
–¿Y por qué te quedas? –Asahi suena tan deshecho que Noya maldice todos los dos kilómetros y medio que los separan. –¿Por qué te quedaste?
Porque vivir cuando tú no estás es una mierda, Asahi. Porque quise matarme día sí día no en el mes que me suspendieron.
–No sé. –Noya intenta respirar hondo. –No sé. Pero sí sé que no me voy a ir. Y no siento que yo haga más que tú. Jamás lo he sentido.
–Pero yo sí.
–Entonces cambia. –es la primera frase entera que dice desde que empezó a llorar. –Yo estoy bien así. No creo que necesitemos más. Pero si tú no te sientes cómodo, intenta cambiar. Intenta… prestarme más atención, yo qué sé.
Risita contenida con un poquito de estática.
–Será que eres un ángel, Nishinoya.
–Ángel, deidad… pero antes que todo eso soy tu amigo. Y, por lo que has dicho, la persona en quién más confías. Y estás aterrado de perderme.
El "sí" en su oído suena muy bajito.
–No vas a perderme. –susurra. Lo dice de verdad, lo dice porque es lo que le está pasando desde que lo conoció. –No lo harás. Aunque seas un imbécil y te vayas, yo te estaré esperando.
Es lo que siempre hace.
–No quiero que hagas eso.
–Qué.
–No quiero que me esperes. Eres increíble. Pero… no quiero que pierdas el tiempo esperando a alguien que no te retribuye de la misma forma. Alguien que… que…
No lo digas. No te vayas, Asahi. No te alejes sólo porque crees que no eres bueno para mí. O para nadie. No de nuevo. Sería incapaz de soportarlo.
–Por favor, no tengamos esta conversación. –Nishinoya finge un bostezo. –Son las dos de la mañana y estamos cansados y sensibles los dos.
–Nos ha tocado una noche dura. –sonrisa. –Perdona por… ugh, que patético es haberte llamado por algo así. Lo siento.
–No es patético. Y ya vete a dormir. Que mañana viajamos.
Las últimas semanas han pasado volando. Noviembre termina en unos días y las hojas han dejado de caer para ser reemplazadas por heladas furiosas. Momentos de ver a Hinata aparecer con orejeras color crema y las bufandas kilométricas de Suga ocupando todas las taquillas. Entrar en calor es más difícil que antes. Cada vez que hablan, un vaho brillante vuela de entre sus bocas.
Nishinoya no puede parar de mirar a Asahi. Hay estaciones que a cierta gente le quedan mejor que a otras, y el invierno es claramente la estación predilecta de Asahi porque le queda pintadísimo. Porque se ve hermoso perdido con camisetas de manga larga, camisas, chalecos de hilo y sacos de lana, todos con parches en los codos. Parece un universitario. O una abuela. Lo que lo catapulta al estrado de tío nerd pero súper guay son las botas militares color caramelo que Asahi no se saca y tiene encarnadas en los pies.
Aun no es invierno pero el clima le ha hecho caso omiso al calendario, porque ya están empezando a caer las primeras heladas y alguna que otra noche se duermen con los calcetines puestos. Noya ha adoptado la costumbre de acompañar a Asahi a tomar té de mandarina a la tienda de cafés más cercana al colegio, porque a Asahi le va toda esa tontería de calentarse la garganta y después el pecho con alguna infusión deliciosa. El problema es que Nishinoya estalla a la quinta potencia después de combinar cafeína con azúcar, así que cada vez que van tiene que elegir entre una de las dos.
Han quedado casi todos los días después de clase y algunos fines de semana. Asahi está enseñándole a jugar al PES en su casa, y un poco ayudándole a estudiar. Los días que no quedan entre ellos, los pasan con el resto del equipo haciendo pasteles para recaudar algo de dinero. Ellos tienen un viaje de doce horas y coincide con un puente, así que Asahi, Noya y Daichi volarán el mismo día que los otros lleguen.
Se están encontrando las manías el uno al otro. También están aprendiéndose las expresiones que no se han sacado durante los últimos dos años. Nishinoya le encuentra un tic en el labio cuando se queda pasmado y Asahi aprende que los pucheros de Noya se manifiestan con apretar los dientes y agachar un poco los ojos. También aprende que necesita fervientemente agarrar algo cuando se asusta, y eso que Nishinoya tiene menos miedo que el tarado del protagonista de Shingeki no Kyojin. Como ahora. Que le está agarrando la mano.
No le alcanza una sola palabra para definirlo. Es bueno, inmenso, amable, pero también agresivo, diminuto, malhablado. Asahi podría leerse un diccionario entero para definir a Noya y todas las palabras le parecerían correctas.
Asahi jamás se ha subido a un avión, pero la perspectiva le resulta cuanto menos apasionante. Las butacas son mullidas. Le ha tocado junto a Nishinoya, quien parece más blanco de lo que ya es y el semblante se le contrasta de forma impresionante contra el pelo oscuro.
–No me gustan las alturas. –repone, y Asahi tiene que reprimir una carcajada. Noya asustado. Tienen que hacer una fecha nacional o algo, porque no le tiene miedo a una pelota volándole a trescientos kilómetros por hora directo a su cara pero sí se asusta cuando se sube a una escalera.
–Pero si cuando estamos en el segundo piso de los vestuarios no tienes problema.
La banda de colados se ha pagado el bus como ha podido y salieron la noche anterior. Van a llegar aproximadamente a la misma hora, Kou los esperará en la estación y se llevará a Hinata y Kageyama, mientras que Ryu y Sugawara van a apiñarse en la casa de uno de sus amigos, un tal Rei. A ellos los espera directamente el seleccionador.
–Bueno, no, porque está la baranda. –le aprieta más el pulgar. –Sólo me da miedo cuando me da la sensación de que me voy a caer.
–No te vaVAMOS a caer. –corrige. –La gente hace vuelos todos los días.
–Y nos podemos caer. –dice, y Asahi podría matarlo por lo que hace a continuación, porque le entierra la cabeza en el brazo y alza los ojos dorados desde allí. –Puto avión de los cojones. –el mechón rubio se le pega a la frente y cuando Asahi se lo aparta siente la temperatura estallándole en los dedos.
–Tienes fiebre. –le nace el tono acusador desde la garganta. –Por Dios, Noya, podrías haber dicho algo.
–¿Y perderme de este viaje? –está sudando fiebre. Asahi podría matarlo, lo odia por llevarse a sí mismo al límite y hacerse esto. Le acaricia la frente con el pulgar.
–Intenta dormir. Voy a tratar de que sudes la fiebre en el viaje.
–Pero, apestaré como un grupo de viej…
La voz se le corta cuando Asahi reúne valor de no sabe dónde y le apoya los labios entre los mechones rubios. Cuando siente el sudor aplastándosele contra la boca y la perplejidad de Nishinoya mascándole el corazón. La mano le ha bajado hasta la mandíbula, donde le encanta apoyarla, porque Noya apenas tiene piel que lo separe del hueso. Es un beso torpe, que le raspa la frente con los pelitos rebeldes de la barba arriba del labio, lo que le arranca un perdón a grandes rasgos y luego se aparta para mirarlo. A los ojos dorados. Que tiene abiertos como platos. Es fantástico. Causarle algo a él. Al chico que le gusta hace muchísimo.
–Tú duerme y despreocúpate por tu olor, que ya apestas bastante por el simple hecho de ser tú.
–Cállate. –las mejillas hechas un incendio y la boca de tornillo.
Empieza a pensar que se ha cabreado cuando se acomoda contra el asiento y deja que lo cubra con la manta. Dos horas de viaje que se le van a hacer eternas. Agradece que le haya tocado la ventanilla.
–¿Habéis visto el aseo? –Daichi se deja caer junto a Nishinoya, mirándolo con interrogantes en la cara. –Es súper guay. Apenas me levanté un chorro de agua azul empezó a salir. Una pasada.
–Ni siquiera ha despegado el avión y tú ya estás haciendo el segundo. –farfulla Nishinoya.
–A callar tú, que te tenemos que sacar algo de esa fiebre antes de llegar.
Un sermón emerge de la boca de Daichi, remarcando por qué es necesario dormir con calcetines ante los cambios de clima (y si lo sabrá él, por sus alergias del demonio) y que se ha enfermado por andar tomando helado a mansalva. Noya no escucha ni la mitad.
El avión despega.
La llegada es brusca. A trompicones y manotazos de ahogado. Nishinoya ha sudado lo que no está escrito contra el hombro de Asahi, y ha bajado más blanco que el papel, pero parece sentirse mejor. Mirando por el ventanal del pasillo ese flotante que arman cuando llegan los aviones. Se queda embelesado por la vista (desde el aeropuerto se puede ver el mar), y de tanto en tanto suelta un par "hombre, que Iwatobi tendrá menos gente que la Selección Nacional de Surf, pero es precioso", hasta que Asahi tiene que ir a tirarle del brazo para que avance.
Después de retirar su equipaje, un tipo los recibe entre la multitud. Tiene cara de mala hostia y un cartel diciendo "Sawamura, Nishinoya y Azumane". El entrenador le saluda, ahorrando las presentaciones, y luego se apretujan como pueden en un taxi que les llevará donde el seleccionador.
Nishinoya tiene razón. Iwatobi es precioso. Surcado por alguna que otra montaña, las playas desprenden tonalidades rosáceas frente a ese atardecer nublado. El mar está picado. Al ser el más grande de los tres, Asahi va delante, pero cada tanto alza los ojos al retrovisor donde ve la cabecita redonda de Noya. Que se tira sobre Daichi algunas veces para apuntar a algo en el paisaje.
Ukai les comenta que los otros ya han llegado pero que están descansando en casa de Kou, y que tienen la noche libre. Ahora hablarán con el seleccionador para que les comente en qué consistirá la prueba, pero hasta entonces no habrá garantías de nada. Asahi agradece internamente; espera que Nishinoya pueda recuperarse un poquito, y quizás poder concentrarse de mejor humor.
Las esperanzas se hacen añicos cuando bajan del taxi y se encuentran frente a una casa con vallas azules y pintada de celeste claro. Hay que ver. Asahi está completamente convencido que la gente que pinta sus casas por fuera de algún color que no sea neutro, en plan gris, blanco, crema o ladrillo, tiene alguna deficiencia o algún problema mental. Para rematar, el techo es rojizo y los marcos de las ventanas, verde pastel.
–Tío, es un puto arcoíris. –repone Nishinoya, cargando la única valijita que supone su equipaje. Daichi les palmea el hombro a ambos.
–Para ser una casa de un viejo cincuentón, supongo que está bastante bien, ¿no os parece?
–¿Un viejo cincuentón? –repone una voz desde la puerta, y se les hiela las sangre a los tres.
Un señor que parece tener casi setenta años los mira desde el umbral. Tiene las mejillas un poco caídas y los párpados hundidos, además de la mitad de la cabeza calva. Pero lo que le hace explotar el cerebro a Asahi es el polo de Disney que lleva. También, que no necesite ningún bastón para apoyarse y que los observe con una sonrisa de oreja a oreja. No parece enfadado.
El entrenador Ukai estalla en una carcajada.
–Chicos, permitidme presentaros a Rodolfo Otero. –sonríe, señalando hacia el señor. –El seleccionador.
No me jodas.
–Me halagas demasiado, Kenshin. –repone él, avanzando hacia ellos. Tiene cara de español, o latino; característica remarcada por su fuerte acento. Es apenas más alto que Hinata, más bajito que Suga. Avanza entre la horda de gnomos y macetas pequeñas que decoran el jardín delantero. –Vosotros también. ¡Cincuentón! Me has dado veinte años menos, querido. –le estrecha la mano a Daichi, quien parece que lo ha alcanzado un rayo o algo, porque la cara se le ha quedado de piedra. –Muy guapete tu instagram, mereces más seguidores para lo adorables que son tus perros.
–¿Pero qué…? –empieza Daichi, interrumpido porque Rodolfo ha apoyado ambas manos en los hombros de Nishinoya para darle un abrazo improvisado.
–¡Estoy esperando ver tu Rolling Thunder en vivo, querido! –abrazo. –Quién los graba nunca llega a atrapar el final.
–Quisiera que Ryu estuviera aquí para ver su cara. –sonríe Nishinoya. Parece haber olvidado por completo su fiebre.
–Y tú, señorito. –le toma del brazo a Asahi, alzándole la mano, y por un segundo le da un poco de miedo porque ese hombre huele a perfume y a mar y a mil cosas más. –A ver si adoptas un gato de una vez, que ya es hora de que tu feed se llene del mismo y no de tropocientos distintos.
–¿Nos ha stalkeado? –pregunta Asahi, exteriorizando lo que todos piensan. Rodolfo da un paso hacia atrás, dando una palmada.
–Por supuesto. ¡Quería ver qué clase de niños van a estar quedándose en mi casa durante tres días!
La salita de estar de Rodolfo se parece sospechosamente a la de la pareja de 101 Dálmatas, y Asahi no podría asegurar que no esté diseñada con ese fin. Hasta las paredes tienen ese empapelado horroroso de rayas verdes claras y oscuras. Hay una mesita ratona, unos sofás mullidos, un viejo piano, y varios celuloides originales enmarcados por cada pared. Alcanza a distinguir los de La Bella Durmiente, Peter Pan y Alicia en el País de las Maravillas. Los esperan tres tazas de té caliente y algunas galletas. Nishinoya prácticamente se abalanza sobre ellas.
–Comed, comed tranquilos. –Rodolfo mueve la mano hacia arriba y hacia abajo, sonriente. Se sienta en el sofá opuesto mientras los chicos se apretujan en uno con estampado de arabescos, incómodos. Noya es el único que no parece completamente confundido. La taza que le ha tocado es igual al personaje taza de La Bella y la Bestia, y sorbe su té la mar de contento. Una oreo en la otra mano.
–De a una sola cosa, que te vas a atragantar. –repone Asahi, sacándole la galleta de la mano y mordiéndola a traición. Le roza los dedos. Tiene menos fiebre. Noya le responde con una genuina mirada de desconcierto.
–¡Busca la tuya, Jesús traidor!
Asahi no le hace caso y se termina la galleta, luego sorbe su té. Un momento.
–¿Esto es té de mandarina? –pregunta, porque no puede ser una simple casualidad que el seleccionador sepa que esa es su fruta favorita, y que le apena muchísimo no estar en época de ello. Rodolfo asiente, como un niño al que han descubierto con pastel en la boca.
–Exacto. –y le guiña un ojo ante la cara de perplejidad de Asahi. –No deberías subestimar lo que podemos averiguar del otro mediante las redes sociales, querido. Ah –señala hacia Daichi, que mira su taza con curiosidad. –, espero que el café esté lo suficientemente fuerte. No suelo beberlo tan negro, ¿sabéis? Tengo colon irritable y entre el café y la cebolla atravieso un infierno. O al menos, los últimos análisis…
–¿Por qué no les cuentas en qué va a consistir la concentración? –le pregunta Ukai, quién ha entrado las dos valijas y la mochila de Daichi, y en ese momento observa la escena muy divertido desde un taburete con patitas de perro.
Rodolfo sufre una transformación. Pero una transformación de las gordas. Que venía de abuelo simpático y ahora tiene cara de profesor estricto. Con un polo que tiene el castillo de Disney bordado. Y rodeado de fotogramas de películas de animación. En un sofá con almohadones donde Goofy y Donald los saludan. Así y todo, con ese entorno, consigue poner cara de esas que enmudecen, y Asahi deja la taza en su platito con la mano temblando.
–Sólo he accedido a verlos porque mi hijo me ha insistido. –establece. Apoya ambas manos en sus rodillas y de pronto parece mucho más siniestro. –Ya no estoy para estos trotes. Hace años que dejé el mundo del deporte. De todas formas, sigo siendo una persona muy influyente, y la Selección Nacional no diría jamás que no a alguien que he recomendado yo. Aún sois jóvenes, y podéis no tener en claro que queréis hacer por el resto de vuestra vida –Asahi traga saliva. –pero el deporte es algo serio. El vóley es algo serio. Y trabajar en un equipo tiene que ver con habituarse a los cambios y estar preparado para los nuevos reclutas, y saber que en algún momento ustedes dejarán de hacer falta. Pero que ya hicieron su parte. –siente un nudo en la garganta apretándole, y no va a llorar delante del seleccionador, pero le está costando. –Lo importante de terminar un equipo es irse con la cabeza bien en alto y con la convicción de que hicieron todo lo que pudieron. Y empezar de nuevo en otro lugar donde seáis necesarios.
Un sollozo lo interrumpe y por un segundo Asahi piensa que ha gemido demasiado alto pero no es él, es Daichi, que se cubre la cara con el brazo frente a la mueca compasiva del resto de la sala. Rodolfo le extiende un pañuelo lleno de siluetas de Mickey, y lo usa para enjuagarse.
–Vosotros dos estáis a punto de dar ese paso. –dice, y le dirige una sonrisa mojada a Daichi. –Y está bien. La vida se compone de cambios, de recovecos y curvas. A veces es más fácil ir por una línea recta. Machi –llama hacia atrás, donde un rostro con anteojos de montura blanca y flequillo rubio sorprendentemente parecido al de Oikawa se asoma por el umbral. –¿quieres traerme el itinerario?
Sonríe, y le extiende un folio con algunos papeles. A Asahi le sorprende lo elegantes que son sus dedos. Casi tanto como los de Tsukishima. Rodolfo agradece, y se ajusta las gafas.
Nishinoya le palmea el muslo. Estoy aquí.
–Bien, veamos. –Rodolfo pasa un par de papeles. –Hoy tenéis lo que queda de la tarde y la noche libres, y mañana destinaremos todo el día a probaros. Vuestro Kenshin tiene la dirección. –Ukai agita su teléfono, asintiendo. –Tenéis el vuelo a primera hora del lunes. Estoy enterado de que un par de amigos vuestros han venido también, ¿cierto? –el trío asiente entre mocos. –Pueden venir a ver las prácticas siempre y cuando no se les vuele el coco y quieran entrar a jugar.
–Se me hace que también ha stalkeado a Hinata. –sonríe Nishinoya, con un bigote de su café con leche. Rodolfo lanza una carcajada.
–Ese niño tiene una capacidad de salto extraordinaria. Pero aún es muy joven para que me fije en él.
–Apenas soy un año mayor. –plantea Noya.
–Pero eres un líbero impresionante. –repone Rodolfo, causando que el ego de Nishinoya de un salto hacia el éter volando con serpentinas y fuegos artificiales. –En fin, empezaremos mañana a las diez en el Gimnasio de la Preparatoria Iwatobi. ¡No lleguéis tarde!
Rodolfo les da total libertad para las próximas horas, y Asahi y Daichi pecan de buenos tipos, sentándose en la galería, esperando que Tanaka o Sugawara respondan al whatsapp de dónde coño están. Noya se ha quedado, bajo la insoportable insistencia de Machi, dentro de la casa, hasta el moño de mantas y álbumes de fotografías que Rodolfo ha saltado a enseñarle. La mayoría de ellas, con su hijo y él en todos los Disneyland del mundo.
–Nishinoya debe estar echando chispas. –murmura Asahi. Las noches son más frías pero también más húmedas, así que se ha clavado un suéter sobre los hombros.
–Y que lo digas. –Daichi se apoya con las palmas en sus rodillas. –Se muere por estar en la mitad de los sitios que Otero debe estar enseñándole.
–Vamos, tío. –murmura. Se fija que Otero no esté en rededor. –¿Qué tan distintos pueden ser los Disneyland de un país a otro?
–No lo sé. –Daichi le mira el pecho, sonriendo de lado. –¿Esa es la camiseta que te regaló Nishinoya?
–Sí. –Asahi se acaricia el proverbio sobre el corazón. –Tengo miedo de terminar rompiéndola o algo.
–Siempre puede conseguirte una más hortera que esa.
–Si serás desgraciado. –gimotea Asahi, abrazándose a sí mismo. –Me encanta esta camiseta. Tú no sabes apreciar el buen gusto.
–¡Ni siquiera viste la serie! ¡No puedes usar algo de un producto que no viste!
–Tiene una frase bonita.
–Ah, claro, –y con lo que dice a continuación se pasa tres pueblos. –traicionas los principios de todo freak de series sólo porque estás coladito por Nishinoya.
Asahi se le tira encima, tapándole la boca.
–Cállate, idiota. ¿Te has olvidado que lo tenemos a tres pasos?
–Oh, por favor. Si no se ha enterado en el año y medio que lleva gustándote, dudo que se ilumine ahora.
–Nadie me lo había dicho así. –forcejeo. –Tan directo.
–Bueno, pues ve haciéndote a la idea. –Daichi se quita la capucha. –Porque no somos sólo Suga y yo, se me hace que Tsukishima también se ha dado cuenta.
–¿QUÉ? –Asahi pega un salto hasta el otro extremo de la galería. –¿Cómo…?
–Tranquilo, no fue directo. –le burla con la frase en la punta de los labios. –Hizo un comentario sobre lo juntitos que estabais el otro día. Cuando te prestó el libro ese. Y Suga lo mandó a callar, y Tsukki alzó las manos diciendo "ya, bueno, a ver si el as espabila y le come la boca o algo, que el papel de celestino no va conmigo".
No le sorprende. Que Tsukishima sea tan perceptivo es algo a lo que está acostumbrado. Es observador. Le sorprende que Sugawara hiciese que se callara. Sugawara. Merece que le haga un pastel.
–¿Estás diciendo que –y se va a arrepentir de lo que está a punto de decir, pero la duda lo viene carcomiendo hace casi un mes, y necesita saberlo porque no puede fingir que no sabe nada. –Tsukishima se ha percatado de que me gusta él, pero no ha dicho ni mú sobre Sugawara y tú?
Se le hiela la sangre, y la expresión del rostro de Daichi cambia abruptamente. Porque parece contento, pero asustado, pero confundido, y lo grandioso es que ninguna de esas expresiones parece ser suficiente para expresar todo lo que se siente. Asahi se odia por presionarle. Pero no puede seguir saliendo con sus dos amigos y fingir que no lo sabe. Que no es consciente de lo mucho que se gustan. Porque quizás quieren agarrarse de las manos o darse un beso o abrazarse o lo que sea frente a él, y no lo están haciendo por, yo que sé, idioteces. Porque creen que Asahi se podrá molestar. O cualquier cosa.
Parece que Daichi no va a decirle nada. Que se va a llevar el secreto a la tumba. Pero cuando habla, lo hace mirándole a la cara alarmada de Asahi. Diciéndolo con orgullo. Usando su seguridad como estandarte, y como escudo.
–Estamos empezando. –lo dice firme. Como si fuera a desaparecer si lo dice en voz alta. –Apenas llevamos algunas semanas.
–¿Y cómo vais? No, espera, ¿cómo pasó esto?
Se encoge de hombros.
–Como empiezan todas estas cosas. –y súbitamente Daichi sonríe de lado. –Con un beso.
–Vaaaaale. –Asahi alza las manos, porque súbitamente la imagen de Daichi y Suga besándose aparece como un velociraptor en medio de su mente, y no quiere tenerla presente. –¿Y cómo va eso?
Daichi se rasca la nuca. El cuello de toro se desinfla bajo su suspiro. Suspiro largo. Asahi cuenta hasta diez antes de insistir, poniéndole una mano en el hombro.
–Suga quiere avanzar. –la cara de confusión de Asahi lo hace recapitular. –En todos los sentidos.
Un par de segundos son necesarios para que Asahi caiga desde la luna y se estrelle contra el suelo.
–Ah. Oh. Oooooooh.
–Sep.
–¿Tú no quieres?
–No es que no quiera. –repentinamente parece muy interesado en los nudillos oliváceos de Asahi sobre su hombro. –Es que… temo que salga mal.
Daichi es un tío simple. Que sabe lo que quiere y qué hacer para conseguirlo. Y si no puede llegar, bueno, no se ha podido. A otra cosa. El hecho de que esté deliberando sobre esto alerta a Asahi de lo mucho que le aterra destruirlo. Porque él dice que llevan unas semanas pero parece que ha estado rumiando lo que le pasa con Sugawara por mucho más tiempo, y desmoronar la relación que se ha cargado al hombro en una sola noche le asusta sobremanera.
–Por favor. ¿Cómo podría salir mal?
–Hay un millón de factores por los cuales puede salir como el mismo culo. –repone Daichi, aguantándose la risa. –¿Alguna vez has visto porno gay?
–¡Dios, no! ¡Pensé que el porno no enseñaba este tipo de cosas!
Carcajada a dúo.
–Ya, hablando en serio. ¿Cómo?
–Mmmm, pues no sé. Imagina que un día llegamos a entrenamiento y tengo que estar todo el tiempo con las rodillas flexionadas porque no me puedo sentar. O que, al contrario, tenga que estar sentado todo el rato y cada vez que me ponga en pie haga gestitos de dolor.
–Ya…
–No me preocupa tanto mi culo. –la mano baja de su nuca y empieza a crujirse los dedos. Está nervioso. –Me preocupa Suga. Y se está hartando.
–¿Por qué se está…?
–Ya pasó por esto. Y le genera mucho aburrimiento volver a pasar por lo mismo. Pero él dice que es distinto porque esta vez soy yo.
–Eres tú. –sonríe. –Eso es muy, muy dulce, Daichi.
–Ya. Y una cursilada de las gordas.
El teléfono de Asahi suena, con un mensaje de Kou. Al parecer han dejado todo en las casas y se han ido. Le envía la ubicación.
–Kou me ha dicho que vamos. –se pone en pie y señala a Daichi con el dedo. –¿Puedes ir a buscar a Noya? yo tengo que ponerme las botas.
–Tío, esto es tan guay que flipas.
El karaoke tiene varias mesitas viejas, sillas mullidas y una puta pantalla tras el estrado y el micrófono. Muchos colores. Nishinoya está encantado. Apenas entra, sale corriendo hacia Ryu.
A Asahi le gusta la relación que se traen esos dos. Como si uno complementase el flujo delirante de energía del otro. Un carnaval de gritos. Mucho bro y mucho tío y mucho estás más gordo y mucho a ver si te ha crecido la polla en estas dieciséis horas, porque la amistad de Noya y Tanaka se basa en reforzar su masculinidad cada tres frases. Son dos cachorros de perro tirándose al cuello del otro y Tanaka alzándole para hacerle volar, porque Nishinoya le tiene miedo a las alturas pero confía tanto en él que se deja levantar. No tiene miedo de caer cuando está entre los dedos de Tanaka.
–¿Asahi?
Antes de darse vuelta ya sabe quién está ahí. Una cabecita pelirroja que le mira desde abajo. No se había imaginado que fuera tan pequeña. Es más baja que Hinata. Kou le mira con los ojos aterciopelados y el mentón levantado.
–Kou.
Quiere darle la mano pero ella suelta un chillido y lo abraza. Lo abraza con las manos tras el cuello y la cabeza enterrada en el hombro. Responde al abrazo, sintiéndola chiquita entre sus bíceps grandes como troncos. Y aunque físicamente Kou sea enana y poquita cosa, le hace estallar en el pecho un retintín de fuegos artificiales. Porque se han esperado mutuamente. Porque su relación no será alimentar la energía desbordante del otro, pero es el quererse y esperarse y tenerse en cuenta. A kilómetros de distancia, a dieciséis horas de viaje en bus y a sólo dos clicks de emails. Que suenan como cartas.
Asahi no tuvo una mamá, y aunque esté agradecido con su abuela y la quiera horrores, es Kou quién le envía mensajes de buenas noches. Quien se preocupa por él. Quien lo conoce más que nadie, más que Daichi, más que Nishinoya. Quién sabe de sus manías y de cómo le gusta el ramen o la sopa. Quien tiene esa capacidad increíble de percibirle el estado de ánimo a través de unas líneas.
–Estás aquí. –le lloriquea ella contra el hombro. –Estás aquí. Realmente eres real.
–Yo no me puedo creer que seas tú quién es real. –el pelo rojo le hace cosquillas contra la nariz.
Se separan, y Asahi ve una línea de llanto surcándole el rostro. Kou parece atontada.
–Has bebido. –se percata, por la forma en la que frunce el ceño. –Kouuuuu.
–Bueno, no podría animarme a abrazarte si no tenía alcohol en sangre. –le sonríe. –Tanaka ha sido muy amable mientras esperábamos.
–Y te ha invitado a cerveza.
–Por supuesto.
–Cuidado ahí. No sé qué potencial de pareja tiene Tanaka.
–Nadie ha hablado de pareja. –Kou le guiña un ojo, y Asahi se siente súbitamente incómodo por el rumbo que está tomando su primera conversación en vivo. No sabe si debería charlar sobre las chanchadas que pretenden hacerse ella y Tanaka. Aparta la vista.
Le coge la mano y se deja guiar hacia la banda de colados, donde Tanaka y Hinata ya están haciendo probar un helado verde a Nishinoya. Suga y Daichi se dan un abrazo, y Asahi no sabe cómo sentirse al respecto gracias a la nueva información adquirida minutos antes. Hay dos tipos que no conoce, pero que recuerda como compañeros del equipo de natación de Kou. El más bajo de los dos le extiende la mano.
–¡Hola, Asahi! –se sorprende al sonreír ante su nombre. –Soy Nagisa. ¡Kou no ha parado de hablar de ti en todo el mes!
–¿Ah, sí?
Nagisa le muestra donde sentarse y le vuela alrededor parloteando sobre un tal Rei y unas bebidas. Se sienta entre Hinata y Tanaka, saludándolos. Y luego el impulsivo de Nishinoya, que tiene instalado un chip para saber cuándo es el peor momento para entrometerse, coño, va y se le sienta sobre las rodillas. A él. Helado en mano y sonrisa brillante como las luces del local. Todos han enmudecido a su alrededor, lo sabe porque el cotorreo incesante de Hinata ha desaparecido y el aire parece comprimirse como dentro de una botella mal cerrada.
–Qué haces. –le dice. La lengua se le vuelve de cartón.
–No hay más sillas. –se le ensancha la sonrisa. Asahi podría jurar que le llega casi hasta las orejas.
–Ah, no me pongas cara de no haber roto nunca un plato. Llamamos al camarero y le pedimos otra, como las personas normales.
–Nooooooo. –el llantito lastimero de Nishinoya le alcanza en el oído porque se le ha tirado encima, abrazándolo. –¿En serio vas a echar a un enfermo moribundo de tu regazo?
–No te estás muriendo. –dice, ya la voz le sale más dura de lo que espera, pero tiene que hacer acopio de toda su fuerza de voluntad para empujarlo un poquito hacia atrás. Cuesta horrores porque el enano tiene un helado en la mano y porque Noya está caliente, y tiene la boca contra su oído y los labios rozándole el lóbulo.
Y después el cuello.
La combustión explota. Siente la presión contra el pantalón. Porque bastante venía aguantándose las ganas de darle un beso desde hace años como para que el otro imbécil vaya y se le tire encima, y él mismo pretenda que su cuerpo no reaccione. Tiene que prácticamente empujarlo y convencerse de que se ha imaginado el beso sobre la yugular, porque que Nishinoya le haya besado es errático, inverosímil. Cuando ve las mejillas rojas del enano mirándole con carita de aquí no ha pasado nada, se convence. Le ha besado. En el cuello. Frente a todos. Y se está haciendo el tonto.
Subnormal.
–Noya. Sal.
–Tsukki no ha venido, Asahi.
La carcajada le nace desde el centro del pecho, acompañada por la del resto del grupo en coro. Kou se vuelve hacia ellos, sonriente. Observada por Tanaka. Diez veces más sonriente que ella. Asahi apenas puede verla por la cabeza de Nishinoya obstruyéndole la vista.
–Iré a por bebidas, Asa. –puede ver cómo Noya frunce el ceño ante el apodo. –¿Quieres algo?
–Un Daikiri de naranja está bien.
–Apuntado. ¿Quieres algo para acompañar el helado, Nishinoya?
–Por ahora, nada. ¡Muchas gracias!
En cuanto Kou se va, Asahi empuja a Noya a la otra silla. Él protesta.
–Tío, ¿dónde te la tenías guardada? –Tanaka se les tira encima, todo explosión. –Es una de las chicas más bonitas que he visto nunca. ¡Enhorabuena por ese minón de novia!
–Cálmate, payaso. –Nishinoya le mira con ojos encendidos. –No es su novia.
–¿Entonces…?
–Entonces tienes vía libre. –Asahi sonríe. –Adelante, puedes intentarlo. –Nishinoya suelta una carcajada ante la forma nada sutil que mandar a volar el claro interés de Tanaka.
Por favor, sonríe por el resto de la eternidad.
Lo ve ofendido. Con las manos en el helado. Pero los ojitos le relampaguean. Asahi ha visto esa expresión en Noya una sola vez. Cuando jugaron ese partido de práctica contra la asociación de Vecinos y le gritó a Suga que se la pasara a él de nuevo. Porque quería romper las barreras y saberse capaz. Y Nishinoya estaba convencido que eso significaba un inicio de nuevo. Un restart.
–Tanaka eligió la canción. –le dice, mirándole con la comisura de la boca llena de helado.
–¿Vosotros pasáis primero?
–Sí, en cuanto nos den el pase. –mira hacia atrás. La cara se le tiñe de verde. –Y ya está revoloteando alrededor de Kou de nuevo.
–¿De verdad? –Asahi se vuelve sobre su asiento. Y lo ve, como en la barra, Tanaka tiene la camiseta subida hasta los pectorales. Y Kou le da pie, porque aplaude y hace preguntas. –Ay por el amor de Dios bendito.
–Le está mostrando el abdomen. EL ABDOMEN.
–¡Daichi! –la estrella le grita al capitán en medio de la multitud. –¡Páralo antes de que se saque la camiseta del todo!
El micrófono está un poco alto para Nishinoya, lo que desata las risas del equipo. Risas. Que les ha pasado a los pirados esos. Saca el micro del soporte y se vuelve hacia Tanaka con una mano en la cintura.
–Mejor, así podré bailar por el escenario a lo Beyonce. –dice, tirándose la cabellera imaginaria para atrás. Escucha una carcajada limpia entre la tribuna; Nagisa y Hinata se están riendo con ganas.
–Que conste que las tablas son frágiles y que podemos caer. –Tanaka le extiende el puño para chocar los nudillos.
Asahi le está mirando desde la mesita que se han adjudicado. Nishinoya piensa que está inusualmente guapo con el suéter mostaza y los jeans oscuros, además de las botas que no se las saca ni Dios. Es que es hermoso. Con todo lo que esa palabra significa.
Es hermoso, y me hace feliz.
La música empieza a sonar con todos los acordes necesarios para hacer estallar a sus compañeros. Suga y Daichi lanzan una ovación en grito mientras Nishinoya le lanza una mirada llena de confusión a Tanaka. No me jodas. Ryu lo encara, micrófono en mano y movimientos sensuales hacia él.
–Ay padrita mía –da un paso. –, guárdate la poesía, guárdate la alegría pa' ti.
Y aplausos desde la tribuna. Eso significa que soy Shakira.
–No pido que todos los días sean de sol, –mano en la cadera y movimiento pélvico rumbo a Tanaka, que se ríe a mitad de la frase. –No pido que todos los viernes sean de fiesta. –al ritmo de la música, menea las caderas bajando. Estalla una carcajada entre los espectadores. –Tampoco te pido que vuelvas rogando perdón, si lloras con los ojos secos. –revolea una melena imaginaria. – Y hablando de ella.
Tanaka inca una rodilla en el suelo, mirándole todo lo estúpido que puede y haciendo que las risas le exploten en la garganta.
–Ay amor me duele tanto, me duele tanto…
–Que te fueras sin decir a dónde…
–Ay mi amor, fue una tortura…
Luces que explotan.
–Perderte. –al unísono.
Nishinoya avanza hacia la parte delantera del podio, intentando menear la pelvis al mismo tiempo que da un paso. Se pregunta si a Shakira le parieron desarmada o si la tía está hecha de goma, porque se le está complicando mogollón y Ryu ya está por empezar su estrofa nueva. Planta un pie en el suelo, alza el culo y con la cadera apuntando en dirección contraria a sus hombros, le mira para cantar el dúo.
–Yo sé que no he sido un santo, pero lo puedo arreglar amor. –Noya se ríe al final de la frase.
–No sólo de pan vive el hombre, y no de excusas vivo yo.
Tanaka se lo está pasando en grande. A la quinta potencia. La camiseta ya está en el suelo. Le baila alrededor, y Nishinoya está convencidísimo de que eligió esa canción única y exclusivamente para mostrarle a Kou que puede menear el culo como un puto dios. Es que es un bailarín espectacular, el bobo. No se sorprendería que la próxima ronda lo haga haciendo twerking. Agarra el micrófono de Noya para cantar él, haciendo caras de imbécil.
–Sólo de errores se aprende –y mira a Kou con toda la intención del mundo. –y hoy sé que es tuyo mi corazón.
–¡BIEN AHÍ! –chilla Nagisa desde los sofás.
–Mejor te guardas todo –Noya canta con el micrófono que le ofrece Tanaka, intentando no perder el equilibrio. –a otro perro AHG, COÑO.
Se cae. Todo el culo al suelo. Intenta seguir cantando pero le agarra la risa tonta tanto a él como a Ryu. Que también ha empezado a reírse y apoya las rodillas a su lado, agarrándose el estómago carcajada va carcajada viene.
–¡Nice kill, Tanaka! –el grito de Sugawara es opacado por la risotada general.
–Venga, Asahi. –ríe Nagisa, a quién acaban de conocer de nada pero ya está muerto de risa y haciendo buenas migas con Tanaka. Su novio parece llevarse muy bien con Suga, y ambos hacen el mismo gesto de exasperación con el comentario siguiente. –Márcate un Luis Miguel.
–Como le vuelvas a tomar el pelo te parto el cuello. –tercia Nishinoya sin volverse, sabiendo que Asahi está de los putos nervios y que posiblemente no pueda ni abrir la boca al llegar al estrado. –¡Tú puedes, Asahi-san!
–Tú no estás en condiciones de hablar. –le dice Sugawara, cerveza en mano. –La canción que habéis interpretado es cuanto menos ridícula.
–Pues culpa de Ryu por elegir La Tortura, tío.
–Hicisteis todo un numerito.
Lo observa agarrar el micrófono con dedos temblorosos. Está por empezar pero Kou vuela hacia él como un rayo, da un salto sobre el escenario, lo tira del hombro y le musita algo al oído. Asahi responde con los ojos como platos y cara de desconcierto. Kou asiente, bajándose del estrado. Él mira al suelo. Y alza la vista.
La canción arranca con algunos segundos de un instrumento que Nishinoya no conoce pero suena melódico y agudo. Cree que es un violín. Mira a Asahi, que le está mirando con los ojos entrecerrados, (¿por qué no mira la pantalla, el imbécil?) y parece que se va a caer en algún momento.
Inhala y exhala antes de comenzar, haciendo que su respiro se escuche por todos los parlantes y poniéndole la piel de gallina a Nishinoya. Que me respire así en el cuello y no respondo de mí.
Y empieza a cantar.
Aa kono mama bokutachi no koe ga sekai no hajikko made kieru koto naku
todoitari shitara ii nonina
¿No sería hermoso que nuestras voces, así como están, pudiesen llegar a las esquinas del mundo sin desvanecerse?
Todas las risas y los murmullos que estaban invadiendo el bar se callan. Si un dinosaurio entrase por la puerta no causaría más impacto en el Karasuno que ver a su rematador estrella cantando melodiosamente. Siendo estúpidamente bueno en eso. La canción va lento, sueva, tranquila. Tan Asahi que duele. Nishinoya quiere que su voz llegue a todas las aristas del universo.
Soshitara nee futari de donna kotoba o hanatou
Si lo lográsemos, ¿qué palabras deberíamos liberar allí?
Algunas mesas se han volteado a mirarle. Pero Asahi se equivoca un poquito por no estar mirando la pantalla, por tener la vista clavada en un líbero de pelo puntiagudo. A nadie le importa. Nishinoya tiene la boca abierta de par en par ante la deidad de sonrisa tímida y pelo largo parado en medio de un escenario improvisado. Que es demasiado bueno y demasiado cálido y canta demasiado bien. Sabe muy bien cuáles son las tres palabras que quiere liberar y sacarse del pecho antes de que le hagan daño. Las palabras que se dio cuenta de que existían en casa de Tanaka.
kieru koto nai yakusoku futari de se-no de iou
A la cuenta de tres, hagamos una promesa que dure para siempre.
La voz de Asahi no tiene nada que ver con la suya, demasiado ronca y gastada por gritar y conversar las veinticuatro horas del día, pero tiene su encanto. Es melodiosa. No es ni muy aguda ni muy grave. Tiene un color interesante. Nishinoya podría escucharla por horas. Pero lo que más le gusta de su voz, es la pigmentación cálida que tiene. Que parece acariciarte con cada sílaba y te abraza palabra sí palabra no.
Hasta las cosas que no son palabras. Sus risas, su tos, sus jadeos de cansancio, sus gritos al rematar.
La canción ha ido subiendo gradualmente el ritmo hasta explotar en un estallido de color y guitarras y baterías. Asahi no es lo suficientemente valiente para largar el "ooooh" que la pantalla le marca, pero poco importa porque las luces están sincronizadas con la música y cuando la canción explota, la iluminación se vuelve loca. Lo enfoca. Lo hace brillar.
Aa negattara nanigashika ga kanau
Solía pensar "si pido un deseo, al menos una parte de él se hará realidad"
El equipo entero está que no se lo cree. Daichi tiene un vaso de plástico todo arrugado entre los dedos y Sugawara lo está abrazando. Kageyama, Hinata y Tanaka parecen muertos de lo quietos que están. Como si fuera la primera vez que ven brillar a Asahi. Como si su estrella fuese una estrella poco luminosa, de resplandor apagado o algo similar.
Nishinoya lo ha viso brillar hasta en los momentos que es oscuro. Pero está atónito de todas formas. Espera que Asahi no malinterprete sus ojos abiertos de par en par.
sono kotoba no me o mou mirenakunatta nowa
iitai itsu kara darou ka naniyue darou ka
Pero, ¿cuánto tiempo ha pasado desde la última vez que fui capaz de observar palabras en tus ojos? ¿Qué hice mal?
No se imaginaba que pudiera cantar así. Otro de los mil talentos que tiene ocultos, el hijo de puta. Mientras Tanaka y él hacían el payaso lo tienen a Asahi cantando una canción que es cuanto menos romántica como un puto dios. Y lo está mirando a él. No sabe si puede observar palabras ocultas en sus ojos color dorado, porque le cuesta poner en frases todo lo que le pasa con él. Sí sabe que tenerlo ahí parado mirándole todo luz y timidez y milagro puro le está tirando de la comisura de los labios para arrancarle una sonrisa torcida.
Aa ame no yamu masa ni sono kirema to niji no shuppatsuten shuuten to
Ah, en el mismo momento que la lluvia terminó, existió el principio y el final de un arco iris.
No le quita los ojos de encima. Cómo si pudiera. Como si Asahi no fuese un maldito imán que hace explotar su centro gravitatorio y atraerlo hacia él. Una cascada de cometas naciéndole en la boca del estómago, un grupo de ebulliciones abriéndole la boca de par en par. Lo mira cantándole. Diciéndole las palabras, que no lo están acariciando, pero le están dejando el pecho como un vaivén descontrolado. Se pregunta si es una simple casualidad que Asahi le esté cantando o que el destino decidió jugarles una al elegir justo esa canción, que habla de promesas y reencuentros y palabras perdidas en el tiempo.
kono inochi hateru basho ni nanika ga aru atte itsumo iihatteita
Siempre estuvimos en desacuerdo respecto a qué pasará cuando nuestras vidas terminen.
–¡WOOOOOOOJOOOU, ASAHII!
El grito de Tanaka llega cuando Asahi más lo necesita y amplía su sonrisa, diciendo las siguientes sílabas con mucha más confianza y menos temor. El resto del bar estalla en ovaciones. Hinata y Nagisa se han agarrado de los brazos y están a pura aclamación descoordinada que hace reír a Asahi en medio de una frase. Risa que Nishinoya encuentra hermosa.
Itsuka ikou zenseimei mo mitou mikataku no
kanjou ni haitacchi shite jikan ni kisu o
Algún día, choquemos los cinco con este sentimiento sin descubrir y sin reclamar por nadie más
¡Y démosle un beso al tiempo mismo!
Nishinoya se quiere matar. Como mínimo, porque la muerte le parece una salida sencilla a las mariposas en el estómago que le ha plantado Asahi con sólo cantar una canción de pacotilla. A veces pasa que te encuentras con personas que pueden hacer de las cosas comunes algo que te hace salir el corazón del pecho, que puede embellecerlo hasta volverlo un milagro, y Asahi es una de ellas. Quiere decirle que sí, que choquen los cinco y los diez con todas les emociones que se le ocurran, y que no quiere darle un beso al tiempo, lo quiere besar a él.
gojigen ni karakawarete soredemo kimi o miru yo
mata hajimemashite no aizu o kimeyou
Aunque la quinta dimensión me pruebe, seguiré mirando tu camino
Así que elijamos nuestra señal secreta para cuando volvamos a vernos y presentarnos otra vez.
Asahi y él han ido y venido tantas veces que cada reconciliación es casi un reencuentro en el que tienen que volver a presentarse, porque o han cambiado algún aspecto de su personalidad o han decidido algo al respecto de esa relación. Siempre en términos de amistad. Nishinoya ya sabe cuál es la señal secreta de Asahi, por más que la cambien en cada reencuentro. La primera vez fue el grito a Sugawara y un remate que significaba he vuelto. La segunda, una llamada en medio de la noche y un libro sobre el pupitre el lunes siguiente.
kimi no na o ima oikakeru yo
Porque estoy comprometido a seguir buscando tu nombre.
Su nombre, su voz. Iría al Tártaro con tal de encontrarle, porque ahora que Asahi ha aparecido en su vida se ha olvidado cómo eran los catorce años que vivió sin conocerle.
Todo el bar queda en silencio cuando la canción termina, silencio que dura sólo un segundo y que es rápidamente reemplazado por ovaciones y griteríos. La camarera anuncia que le dará una ronda gratis de cervezas a él y a todos sus amigos y Tanaka estalla en llanto abrazándose a su cuello. Pero Asahi no los mira. No se percata de que están ahí. Está mirando a Nishinoya, que sigue parado detrás de Suga e incapaz de moverse.
Siempre ha hecho alarde de sus capacidades de movimiento, pero Asahi ha sido el único apto de paralizarle. Se le para delante, con una mano en la nuca sobre el moño deshecho y los labios fruncidos en una mueca tímida.
–¿Qué tal lo hice? –pregunta, mirándole. Haciendo caso omiso del resto del equipo.
Me está preguntando a mí. No a Kageyama o a Suga o a Hinata. A mí. Quiere saber qué pienso yo de que ha cantado como la puta madre. Y de la canción.
No puede hablar. Está en shock, pasmado. De su boca sólo salen monosílabos y balbuceos. Asahi cambia su expresión insegura a una de terror.
–¿Tan mal fue?
Noya lo toma de los hombros y lo obliga a inclinar un poco las rodillas para echarle los brazos al cuello. Para hundir su cabeza en el hueco entre la clavícula y la barba. Al principio Asahi tarda en reaccionar, pero lo rodea con los brazos para levantarlo un poquito. Entre los "awwww" de Hinata y los "tíos, sois TAN gays" de Tanaka. Que no le importan, y espera que a Asahi tampoco le importen o le hagan mella. Porque no puede hacer más que eso. Que abrazarlo y tratar de sentirse aunque sea un poquito a la altura de él.
–Gracias. –le dice bien bajito al lóbulo de la oreja. Porque es lo máximo que puede hacer, agradecerle su mera existencia y que le haya cantado a él. Una canción que consiguió emocionarle. Asahi no responde nada, sólo aprieta más el abrazo. Y Nishinoya tiene que esconder la cabeza en el suéter para que no vea las lágrimas que ha olvidado derramar cuando lo escuchó cantar.
¡Dejad reviews, que son mi fuerza para seguir!
¡Hasta el próximo martes!
