¡Oya oya oya! Les recuerdo que este fanfic se actualiza todos los martes :)

Soy muy consiente de que el capítulo es más corto de lo normal, pero es que en realidad pertenece a un cap partido en dos. Mi beteador profesional me convenció de que cortase la cosa aquí, para que la acción siguiese mejor en el que sigue.

AVISO IMPORTANTE: A partir de aquí, el fic entra en un hiatus. Empecé a trabajar y tengo exámenes hasta mediados de agosto, así que no estoy pudiendo dedicarle al fandom la mitad del tiempo que me gustaría. Quedaos tranquilos, que la OTP es la OTP, y este fic nació como forma de probarme a mí misma que soy capaz de escribir cosas largas sin morir en el intento. Así que Anteayer va a terminarse. ¿Cuándo volverá? Honestamente, no lo sé. Así que estad atentos a la casilla de correo para las actualizaciones.

(Vais a matarme cuando terminéis el capítulo y veáis donde lo he dejado *le tiran zapatillas*)

ME HA PASADO ALGO MUY GRACIOSO CUANDO TERMINÉ DE ESCRIBIR. En el cap anterior descubrimos que Asahi tiene el talento oculto de cantar más o menos bien, pero bueno, dato random del fic. Después recordé que, en Free!, son los actores de voz los que cantan los openings y endings, y tienen canciones de personaje. Y recordé que Asahi y Sousuke comparten actor de voz. Por ende, el actor de voz de Asahi canta, entonces ASAHI CANTA. Una seguidilla de conexiones :D :D Si quieren pueden escuchar Just wanna know, de Yoshimasa Hosoya, o de Free! Eternal Summer; que creo que es la que más se parece a lo que buscaba en el cap anterior.

Hollking: Antes de responderte el RW, te digo que estar lentorro está bien. Es normal. Es lo que se necesita. Ahora bien, vamos con tu RW: ¡EL DAISUGA ES CANON! El spinoff vendrá en forma de one shot, te lo aseguro :) En cuanto a uke o seme... mira, yo siempre he pensado en Daichi y Suga como personas muy volátiles; que son mutables y se acoplan a la situación. Imagino que dependerá de quién tome la iniciativa ;))))) EL ASANOYA ES CAPAZ DE MOLERSE A GOLPES DEGAME EN PAS! Suga y Daichi solos en su casa *guiño guiño *a sí es. Me he reído un mes con lo de "mojar el churro", mira, me ha encando xD ASAHI ES MUY DE MANDARSE CAGADAS; todo el mundo dice que el problemático es Noya pero el que la caga es siempre Asahi. Pero Nishinoya tiene complejo de sentirse "pesado" o "molesto", entonces cuando cree que se ha pasado de cargoso se pone tristón :( EL YAMAYACHI TIENE RAZÓN DE SER CANON. YA VERÁS. No, bueno, es una cuestión de dinero pero no es que los fondos del club se los pasen por el forro, de hecho, ese dinero está destinado un poco a Hinata y un poco a Suga xD A mi también me gusta que Tanaka apoye a Noya y al colectivo siendo hetero; me parece que ese drama es estúpido y está pasado de rosca ya.

M-Ariietty: ¡Que se besen, que se besen!


Futuro


Si alguien le hubiese dicho que irían a comer algo con dos desconocidos que se encontraron en un karaoke, Noya le habría dado cien yenes para que fuese al psiquiatra. Está que no se lo cree. Y es que tanto ese tal Rei y Nagisa son hilarantes, de verdad. Puro estallido de sonrisas y caritas apachuchables.

Hasta cuando se dan besos, que podrían ponerlos a él y Asahi la mar de incómodos pero que les hacen brillar los ojos. Noya tiene que contenerse para no hacerles fotos. Sugawara y Daichi en la mesa contigua. Helado de por medio. Susurros. El resto de la banda de colados ya se ha ido donde Kou.

–Y entonces –continúa Rei, muerto de la risa pero tomándose un segundo para alinear perfectamente su servilleta con el tenedor y el plato. –Nagisa se cae dentro de la piscina. Ebrio. A las doce de la noche. Makoto casi se muere.

–Pensé que estábamos en una competencia de natación. –responde el rubio, llevándose la cuchara llena de crema a la boca. Lejos de estar avergonzado, parece disfrutar de hacer el ridículo. A Noya le recuerda a Hinata, con su pelito alborotado y su rostro siempre contento, a pesar de ser varios centímetros más alto que ellos dos.

–Kou estaba cabreadísima. –repone Rei. Los lentes podrían haber suscitado la comparación con Tsukki, pero algo en su personalidad responsable y risueña le alegra el alma a Noya como un soplo de aire fresco en medio del verano.

–Best inicio de año ever.

–Aun no me puedo creer que –interviene Asahi, sonriéndole a Noya a través de la mesa. –cuando nosotros estábamos festejando mi inicio de cumpleaños, estos tarambanas estaban poniéndose tan ebrios como tú en la fiesta de Lev.

–¿No vas a olvidarlo nunca en la vida, no?

Yo tampoco, Asahi. No podría olvidarle de cómo me cuidaste y de lo guapo que estabas.

–Bueno, diste un espectáculo.

–Pfff.

–¿Esa camiseta es de Fullmetal Alchemist? –pregunta Rei, señalando al pecho de Asahi. Éste se estira para que puedan verla mejor. –¡Es muy guay!

–Gracias. –dice él, todo educación y buenos modales. –No he visto la serie, pero es culpa de este enano.

–Que te niegues a ver una de las mejores obras de arte de los últimos veinte años me ofende personalmente. –Nishinoya sorbe con su pajita, haciendo ruido al final.

–Es una hermosa serie. Ambas, tanto Brotherhood como la primera. –dicho esto, Rei se vuelve hacia Noya con los ojitos brillantes. –¿Qué es lo que más te gusta de ella?

–Las relaciones entre personajes. –no tiene ni que pensárselo. –Y cómo crecen Edward y Alphonse al final, tío.

–¿Y tu personaje favorito es…?

–Oscila entre Alphonse y Hughes. Bueno, es que Hughes es prácticamente un chaval sin fallos, todo amor y cariño para el universo.

–Ambos se parecen a él. –dice Nagisa, mirando a Asahi con los deditos estirados en su dirección. Haciendo dolorosamente obvio que Nishinoya tiene un tipo de gente que le gusta, y que claramente Asahi entra en ese grupo de personas. Que no sabría discernir si esos personajes le gustan porque se parecen a Asahi o al revés.

–Este tío no tiene ni muerto los huevos de Hughes. –sentencia Noya, intentando cortar el hielo. Ignora el "eh" de Asahi y vuelve a mirar a Rei. –¿Y los tuyos?

–Winry. Es tan preciosa que lloras. Y me parece muy guay Alex Armstrong, ¡nadie entiende la importancia de las cosas bellas que hace!

La conversación se detiene por un pitido estridente en la mesa de al lado. El teléfono de Sugawara empieza a sonar, y abre mucho los ojos al atender. Se acerca a la mesa contigua seguido de Daichi, con el manos libres activado. La cara llena de confusión.

Que no, tonto del bote. –a la voz de Kageyama le faltan un par de octavas para resultar amenazadora, pero a Nishinoya le suscita alerta de tormenta de todos modos.

–Y ahora qué os pasa. –papá cuervo.

Hinata se ha cargado la única llave que tenemos para entrar y salir de la habitación.

¡No sabía que estaba tras la maleta!

Te pasa por correr como un burro y chocarte con todo. Ahora tendremos que dormir en el pasillo, bruto.

Qué malo eres, Tontoyama.

–Bueno, calmaos un poco, a ver. –mamá cuervo.

–Pedidle otra a Kou, imagino que no es el único juego de llaves que tiene, ¿no? –el as.

No podemos entrar a su habitación.

–¿Y eso por qué?

Porque ha entrado con Tanaka y no ha vuelto a salir. –Kageyama destila hastío.

Antes de que Nishinoya y Nagisa puedan gritar un "ooooooooh" malintencionado, la cara de Asahi se vuelve color granate y le lanza una mirada en socorro a Rei, quién está tan perturbado como él.

–A ver, esperen, quizás podéis dormir en otro lado, ¿no? –pregunta, mirándolo directamente a las gafas. Rei capta la indirecta al instante.

–Oh, ah, sí. Creo que tengo un futón libre en mi casa.

–¡Hinata, te puedes quedar en la mía! –exclama Nagisa con la boca llena de helado.

–Asahi, mereces el cielo. –los ojos de Sugawara denotan un "gracias" implícito.


La noche ha sido larga, dura y Nishinoya no ha pegado ojo. Cualquiera diría que después de viajar todo el día, estando medio enfermo, haber ido a un karaoke y volverse caminando (con dos momentos épicos en los que se perdieron) le minaría la resistencia, pero no. Asahi le dormitaba al lado y mientras la estrella del Karasuno roncaba a pierna suelta, Noya tenía los ojos clavados en el techo. Porque tener al chaval que le flipa mil pollas durmiéndole a treinta centímetros de distancia es suficiente para destrozarle la moral a cualquiera. Incluso a Nishinoya. Su estamina se hizo puré cuando ya llevaba casi dos horas mirando a Asahi dormir, pero así y todo, volvió a despertarse un par de veces durante el transcurso de la madrugada.

Al final, se quedaron dormidos y Daichi tuvo que meterles un par de patadas para levantarlos y salir corriendo hacia la cancha.

Rodolfo los está esperando desde las gradas, acompañado de tres chavales de más o menos su edad. Uno está tan bronceado por el sol que su piel está casi negra. Nishinoya reconoce la cara de uno de ellos; es un líbero que juega en la selección Nacional. Con dos cojones. El anciano les recibe con los brazos en alto. Machi a su lado, con los anteojos coronándole la cara y una videograbadora en las rodillas.

–Haremos un tres contra tres. –les tira una pelota. No parece enfadado porque hayan aparecido veinte minutos tarde. –Avisadme cuando estéis listos.

Los rivales son buenos. Estúpidamente buenos. La adrenalina se mueve como una nube en el aire, llenándole los pulmones y desplazando el oxígeno a un lado. Daichi y Asahi se rotan para colocar, y él va detrás salvándoles el cuello. Pero no cuenta con la fuerza atronadora del contrario con piel oscura, y la mitad de las veces la pelota sale disparada a la cara de Daichi. A la hora y media, sus antebrazos están enrojecidos.

–¡Descanso! –brama Rodolfo desde las gradas, con su hijo ajustando su videograbadora.

–Por Dios, Noya. –Asahi le vuela al lado para ponerle un poco de ungüento. Daichi los observa con la cara escondida en la toalla. –¿Sabes que nosotros también podemos recibir, no?

–Vosotros no os estáis probando para líberos. –le duele, e intenta ocultarlo apretando los dientes. –Estoy bien, Asa. Como si no me hubiese enfrentado a rivales tan fuertes.

–Ni Ushiwaka tiene la fuerza de ese cabrón. –murmura él, ignorándolo.

Después de varios puntos más, a Nishinoya empiezan a fallarle los antebrazos. Y las piernas. El entrenamiento es bestial, más doloroso de lo que están acostumbrados a hacer. Y es que en el Karasuno se enfrentan entre ellos. Noya sabe cómo remata Tanaka y cómo Kageyama dobla la muñeca antes de pasarla. Estos tipos son unos desconocidos. El moreno tiene una sonrisa gatuna estampada en la jeta cada vez que Nishinoya se lanza a recibirla. Al cuarto remate, Noya se convence de que la tiene tomada con él. Y lo enfurece. Lo determina. Le da forma a su enojo para usarlo de motivador, y se lanza bajo la pelota una vez más.

Asahi pide una pausa cuando Nishinoya cae por segunda vez y tarda un par de segundos de más en levantarse. No espera ni a que Rodolfo asienta antes de volar junto a él y hacerlo sentarse en el banquillo. Uno de los antebrazos está empezando a ponérsele en carne viva; y Nishinoya no se había percatado de que estaba tan adolorido hasta que Daichi le pone alcohol. Lanza un gritito de frustración.

–El muy hijo de puta. –dice Asahi, todo enojo arremolinándole el rostro. –Te está buscando la hilacha. Noya, por favor, paremos y le explicamos a Rodolfo. Te vas a lastimar seriamente si sigues jugando.

–No. –y no cree que él vaya a entenderlo, porque está en un campo de batalla y no va a salir de la cancha hasta que el marcador llegue a veinticinco, independientemente de cuál sea el equipo ganador. –Este tipo no va a volver a llamarnos.

–Pero te vas a seguir haciendo daño.

–Tendré tiempo para recuperarme. –repone, y se levanta casi llevándose puesto a Daichi. No va a permitirse flanquear ante esa oportunidad, porque posiblemente no tenga otra de ese estilo, y la vida universitaria se le acerca a pasos agigantados como para aflojar en este momento.

Le empieza a esquivar los ojos acusadores. No puede permitirse fallar. No ahora. Y por más que ese líbero sea increíble, o que ese tío le esté tocando la moral, no va a bajar los brazos. Quiere fingir que está bien, porque si no lo hace, Asahi empezará a desconcentrarse y no estará al cien por cien. Es un jugador increíble. Y quiere que Rodolfo se fije en él.

Un remate ensordecedor le duerme las muñecas cuando lo lanza hacia Daichi, pero no puede controlar bien el pase y el capitán llega por los pelos antes de revolearla a Asahi, al grito de "¡el último!". Se da el lujo de bajar un poquito la vista. Tiene la carne inflamada y roja. Adolorida. Y justo bajo sus manos, sus pies.

Eso es. Sus pies. Sus piernas. El resto de su cuerpo.

No sabe si podrá controlarlo porque está cansado, pero tiene que intentarlo.

El chaval moreno logra bloquear a Asahi y antes de que se dé cuenta, Nishinoya ya está ahí. Estirando el tobillo todo lo que da para que el balón vuele hacia Daichi. El tiro no es perfecto, pero funciona lo suficiente como para descolocar a todo el equipo contrario. Y para lograr un remate al frente de la cancha.

Alcanza a escuchar un suspiro de asombro entre las gradas antes de ponerse en pie.

La dinámica del pie se repite dos o tres veces antes de empezar a usar los hombros, o las rodillas. La torpeza de la que se había despedido hace años vuelve a aparecer, porque está acostumbrado a usar los brazos para jugar. Los restos de la fiebre le minan la resistencia y le hacen sudar más de lo debido. Pero lo está intentando. Vaya si lo está intentando. Entre los ojos negros de Daichi y los chocolate de Asahi. Que lo miran cargados de preocupación.

No puedo permitirme fallar. No ahora.

Nishinoya es un guerrero. Uno de esos que se ponen al resto del escuadrón al hombro y avanza. O más bien, los hace avanzar mientras él da pasos atrás cuidándoles las espaldas. No ha estado en la guerra, pero el deporte es una guerra de por sí. Está seguro de que, aunque le arrancaran un brazo o perdiera las dos piernas, y tuviera que cargar a alguno de sus compañeros, lo haría tirando con la boca. Usando sus dientes. Arrastrándose con el brazo que le queda.

Se siente como un pilar importante donde se están apoyando los tres. No por nada el apodo de Deidad Guardiana cuelga como una bandera sobre su frente. Les deja las batallas aéreas a Asahi y Daichi. Verlos como aviones surcando el cielo. Lanzando bombas al campo contrario. Artillería pesada a través de la red. Y luego está él. Armado con tanques e infantería. No puede permitir que los disparos ajenos caigan de su lado. Porque verlos volar entre las nubes no tiene sentido si no puede protegerlos. Si no puede cuidarlos. Si no puede mantener un equilibrio entre lo que puede proteger y lo que pueden atacar.

El último remate lo para con el muslo.


Terminan a las cinco de la tarde. Agotados. Rodolfo y el entrenador se han quedado conversando, dejándolos a rienda suelta. Sugawara esperándolos en la puerta de la escuela. Daichi prácticamente se le tira a los brazos.

–Tío, no sabía que me tocaba ir a Afganistán antes de terminar el instituto.

–Calla ya, llorón. Que tengo una sorpresa para todos vosotros.

–Pues yo no veo una sorpresa por ninguna parte.

–Se llama "playa", y perdona si no he podido traerla hasta aquí. Ningún taxi quería cargar con el equipaje extra.

Daichi le sonríe, pasándole la mano por la cara.

–Eres lo mejor que me pasó.

Y le da un pico en los labios, seguido de una risita. QUÉ. Qué. El mundo se ha puesto patas arriba. Y Daichi tan campante. Incluso le pasa la mano por la cintura y todo.

¿Qué coño? –exclama Nishinoya. Explicaciones. Ya.

–¿Qué? –pregunta Suga. Cabeza en el hombro de Daichi CABEZA EN EL HOMBRO DE DAICHI.

–¿Es algún tipo de broma para televisión? –pregunta. Porque empieza a preguntarse si todo el viaje y la selección es una treta para que le gasten un chiste y puedan grabarlo. Para cuando sea famoso y se haga viral, en plan "el líbero de la selección nacional reaccionando a un beso gay".

–Parece que el hecho de que el capitán y el colocador del equipo salgan juntos se está volviendo una costumbre. –sonríe Asahi, atándose los cordones. No parece enfadado. O sorprendido siquiera.

–¿Tú lo sabías? –exclaman Nishinoya y Sugawara al unísono. El primero con estupor en todo el cuerpo. El segundo con terror en la voz. Ambos se vuelven hacia Daichi, demandantes de explicaciones.

–Le dije ayer. Perdona, Suga.

–A decir verdad, lo sospechaba hace algún tiempo. –Asahi se pone en pie y le acaricia el pelo sin gel a Noya. –Y a ti no te dije nada porque eran meras suposiciones, y tú eres un cotilla.

–¿Me has llamado cotilla?

No está enfadado. No puede estarlo. Está en shock. Las bromitas sobre Daichi y Sugawara eran el pan nuestro de cada día en el equipo. Pero hace algún tiempo que ellos no reaccionan con la cara en llamas o a los gritos. Ahora se limitan a encogerse de hombros.

Se siente imbécil. Y los ve como si los estuviera viendo por primera vez, haciendo lista de todas las cosas que le pasaron inadvertidas antes. Cómo Suga siempre espera a Daichi, independientemente de la actividad que estén realizando. La forma en la que el capitán lo mira, con los ojitos entrecerrados y la boca torcida hacia el mismo lado que Sugawara tiene el lunar. La manera de detener los estallidos de Daichi, que antes era una charla ardua y extensa y ahora basta con una mano en el hombro más una mirada. Una seguidilla de detalles que pasó por alto o que olvidó que estaban ahí, o les dio otro significado.

Y no puede hacer más que estar feliz por ellos. ¿Cómo no estarlo?

Suga prácticamente los lleva arrastrándolos a una cancha de básquet de concreto cerca de la playa. Donde abre su mochila y saca dos botellas con vodka y jugo. Daichi hace un comentario sobre el hecho de beber alcohol después de un entrenamiento tan bestial y sobre que son las cinco de la tarde, coño. Ni siquiera hemos cenado, comentario que a Sugawara y Noya se las sopla tres pueblos y pasan por alto con la boca llena de jugo. Nishinoya se encuentra como pez en el agua ahí dentro. Es precioso. Se sacan el calzado y aunque hace un frío de la hostia, incrementado por el olor a mar y a sal, los entierran en la arena. Botellas en mano. En hilera, culo en el cemento y pies enrojecidos por el clima helado.

Nishinoya es el último en sentarse y desde donde está puede ver las caras de Suga, Daichi y Asahi en hilera. Cada uno con una expresión distinta. Y se da cuenta. Duro y fuerte. Que no estarán el próximo año. Que posiblemente esta sea una de las últimas veces que tendrán para deambular por ahí como los adolescentes que son y el sentimiento nostálgico le hunde la garganta a quince kilómetros bajo el llanto. No sabe por qué se le da por sentir nostalgia de algo que todavía no se fue, pero así se siente, y más con las caras sonrientes de sus amigos charlando entre ellos. Se pregunta si se olvidarán. Los unos a los otros. O si seguirán hablando en el grupo de whatsapp. Si eventualmente irán yéndose, poco a poco, al ver que son cada vez menos las cosas que los unen. O si llegará un momento donde se juntarán a celebrar los, yo que sé, diez años del Karasuno Volley Club y lo único que les saldrá es hablar de glorias pasadas. Porque no tienen nada más para charlar entre ellos que eso. Y si eventualmente, vendrá el día en el que se miren al espejo y digan, hostias, estos tíos y yo ya no somos amigos.

Cuanto tardarán en distanciarse. Cuantos partidos. Cuantas asignaturas en la universidad. Cuantas Navidades.

No quiero saberlo.

–Chicos. –le chilla al trío de tercer año. –Contemos anécdotas. El que cuente la más asquerosa, gana.

–¿Y qué ganamos? –pregunta Daichi, sin soltar la mano pálida de Sugawara.

–Me gusta tu espíritu de competencia. –le apunta con la botella casi llena. –No sé. Cualquier cosa.

–Tenemos que comprarte cualquier golosina camino a la casa de Rodolfo. –propone Asahi.

–Vale. Yo empiezo. –se lleva la mano al mentón, la que tiene libre y no está jugueteándole con el pulgar a Sugawara. –Cuando tenía seis años, me hice caca encima en medio de un campamento escolar. Y no sabía qué hacer con el pantalón y el calzoncillo, así que los escondí durante el resto de la jornada dentro de mi mochila.

–Ugh, tío, que asco.

–Espera, Noya, esa no es la peor parte. Me olvidé que los putos calzoncillos estaban ahí. Lo OLVIDÉ. No tengo idea de cuando los encontró mi mamá, pero me ligué una buena tunda.

La risotada es brutal. Les estalla desde las entrañas a los cuatro. Sugawara y Asahi, uno a cada lado, se le tiran encima a voz en grito. Suga chillando "¡y yo que pensaba que el mugroso del grupo era Tanaka!" y Asahi berreando "¡Daichi, por Dios, el olor!". Nishinoya les observa desde la punta, y quiere quedarse así. Con esa imagen grabada en la mente a fuego.

–Ok, voy yo. –Sugawara hace uso de su mejor cara de niño bueno, todo lunarcito y dedos elegantes. –Me sangró la nariz en medio del receso, así que me acerqué a los sempais a ver si podían ayudarme. A una le gustaba muchísimo hacerme bullying –y Nishinoya se estalla ante esas palabras. –entonces me dio una bola de algodón con un hilo para que me la pusiera hasta que parara el sangrado. Que no paró hasta que terminó la jornada, pero la bola aguantó sorpresivamente bien.

Silencio.

–¿Y dónde está lo asqueroso…? –Asahi parece no entender.

–Era un tampón. –Suga se lleva la cara a la mano. –Estuve toda la tarde con un tampón en la cara hasta que Kiyoko me lo dijo.

–Espera, espera, ¿Kiyoko? –las risas apenas dejan hablar a Daichi. –¿Ya os conocías? ¿Cuántos años tenías?

–Fue el año pasado.

–Tío. TÍO. ¿Hasta el año pasado no sabías cómo lucía un tampón?

–Venga, Nishinoya, seguro tú tampoco reconocerías uno si lo tuvieses delante.

–Somos unos imbéciles. –Asahi se ha puesto súbitamente rojo. –Digo, la mitad de la población mundial tiene que usar tampones y nosotros no sabemos cómo son. Ni cómo funcionan.

–Es porque tenemos polla. –Nishinoya se encoge de hombros. –Si no la tuviéramos, nos importaría. Aunque eso explica por qué te aguantó un sangrado que duró toda la tarde.

–Que empático eres. –Daichi, maldito cabrón, te encanta echarnos una reprimenda apenas tienes la oportunidad. –¿Entonces como no te pasa a ti deja de ser importante?

–Bueno, no digo que no sea importante. Es que…

–Ya, no vamos a hablar de esto ahora mismo. –Sugawara zanja la cuestión con un lanzazo y mira a Asahi. –Sigues tú.

Se toma un par de segundos para pensar. Asahi y asqueroso son palabras que no van juntas. No porque no puedan coexistir. Es que ni siquiera pertenecen al mismo universo. Como líquido para pisos y cebollas en vinagre.

–Ya, ya sé. –se cubre la cara con las manos. –Estaba tan distraído que lancé a la papelera el mochi en vez del envoltorio. Pero lo saqué de ahí y lo comí igual.

Avergonzado.

La carcajada no se hace esperar. Nishinoya le abraza los hombros, y sus brazos en carne viva lanzan ochenta gritos a la vez, pero es que no da más de adorable, el muy carbón.

–Tío. Tío. No puede ser lo más asqueroso que hayas hecho.

–Asahi es demasiado bueno.

–Un puto pan de Dios. –Sugawara se suma al chiste.

–Tan buen tipo que lo mandas a robar a una casa y llama a la puerta.

El chillido de risa no se hace esperar. Daichi se ríe con tonos graves y largos, Sugawara estalla con un carcajeo cálido. Nishinoya lo abraza con un poquito más de fuerza, raspándose los brazos heridos en el proceso. No le importa.

Tras el ataque de risa que les dura un mes, se quedan un par de minutos callados. Foucault una vez dijo que la amistad está marcada por el silencio y Nishinoya, en esos precisos instantes, no podría estar más de acuerdo. Que somos una sociedad que todo lo dice y todo lo expresa, y que estar con alguien sin la urgencia de hablar o de hacer mínimos comentarios es lo que marca una sensación de apego.

Sugawara sugiere marcharse cuando el frío empieza a latigarles los pies helados ("Eh, pero no sabemos quién ha ganado" "Claramente ha sido Daichi, así que déjate de tonterías y andando") y la arena se vuelve color naranja claro. Echan a andar bajo nubarrones de sombras rosadas. Frente a un océano lleno de puntitos blancos en la distancia. Ponerse las zapatillas se les hace un gesto automático. Suga y Daichi van delante. Nishinoya se acerca a Asahi con la clarísima intención de co ti lle ar sobre esos dos.

–¿Lo sabías? –pregunta, porque necesita convencerse de que no es el único idiota que lo pasó por alto. Suben hasta el camino de piedra que bordea la playa, de esos que tienen arena de un lado y civilización y concreto del otro.

–Lo sospechaba. –Asahi se encoge de hombros. –A partir de las bromitas que vosotros decíais, y, yo que sé, alguna que otra estupidez. Pero no estaba al cien por cien seguro. O pensaba que era todo parte del mismo chiste.

–Me pregunto cómo no lo vi antes. –pregona. Los ve a la distancia, un par de pasos adelante, caminando con las manos entrelazadas, y no puede hacer más que querer golpearse en la frente por haber sido tan ciego.

–Creo que ninguno lo vio. –Asahi le pone la mano en el hombro. –No te sientas mal.

–I dont.

Tienen menos de veinte años, son jóvenes y el mundo está por delante.

Una ráfaga de viento hace que el moño de Asahi termine de deshacerse, todo revoloteando por la brisa oscura y golpeándole el rostro. Se lleva las manos al cuello, intentando contener el desparrame de pelo sobre el cuello, pero es inútil. Lo lleva larguísimo. Casi rozándole las axilas. Y, a pesar de tener todo más o menos el mismo largo, algunos mechones se enroscan más que otro y se le arma un carnaval de pelos en descontrol.

Nishinoya se para en la baranda de piedra que separa la costa del camino empedrado. Se apunta al pecho con el pulgar.

–A ver, trae. –obliga a Asahi a acercarse, jalándolo del suéter. Lo gira para verle la coronilla. –Estate quieto.

Y empieza a entrecruzar los mechones oscuros. Un mechón primero, luego, el opuesto, y después otro más. Las trenzas se llaman así porque unen tres pedazos de algo, y los entrecruzan para que no se desarmen en sí mismos. Noya tiene cuidado de ir sumando a la trenza pedazos de pelo alrededor de las sienes. Siente a Asahi estremecerse cuando le roza la oreja. El cabello le huele a sudor y a tío, lo cual le desilusiona un poquito porque estaba convencido de que, si olía a algo, era a flores. Asahi tiene el cabello tan bonito como una tía, y las chicas tienen el pelo con aroma a rosas o a jazmines. No es que se hubiese acercado lo suficiente a una como para comprobarlo, claro está.

Ahora no le interesa acercarse a ninguna más.

Es suave. El pelo de Asahi. Lo cual es raro porque han estado corriendo y saltando y después sometidos a las ráfagas de viento cargadas de arena, pero por algún motivo no ha perdido ni suavidad. A lo sumo está un poquito más enredado de lo que esperaba. Todo rebelde y haciéndose un rizo antes de que termine de pasar un cabello hacia el costado que corresponde. Lo hace agachar la cabeza para poder trabajar mejor la parte de la nuca, donde algunos mechones son más cortos y le dificultan la tarea. Asahi se retuerce bajo sus dedos.

–¿Te tiré demasiado fuerte? –pregunta a la nuca de Asahi. Éste se ríe.

–No, que va. –sonrisa. –Me gusta.

Coño, Asahi. Como si no supieras que me descarrilas todos los trenes cuando dices cosas así.

Termina la trenza atándosela con el mismo piolín roto, pero no lo hace con demasiada fuerza. Lo obliga a voltearse. Analiza cómo le quedó en relación a la cara de Asahi.

–Te ves genial. –le acomoda un mechón suelto. –Aguantará hasta que lleguemos al hotel, pero trata de no mover demasiado la cabeza.

Asahi abre la boca como para decir algo. Mira hacia Nishinoya. Y después hace un pequeñito vistazo hacia la barbilla de él. Luego vuelve a mirarlo, se humedece los labios y se lanza hacia delante.

Y se siente como si explotara el sol.

Un revoltijo de volcanes estallándole dentro. La boca de Asahi es el componente final frente a una mezcla exhaustiva que viene generando hace casi un mes y algo. Es el ingrediente secreto. La sustancia X. Lo que lo hace diferente a todos los besos que había dado hasta ahora. La mera presencia de Asahi supone una explosión de colores y serpentinas dentro del pecho, y ahora que le está besando se añaden fuegos artificiales.

Es Asahi. Es Asahi. Asa-san. Y me está DANDO UN BESO. QUE ALGUIEN ME DESPIERTE.

Nishinoya se ha imaginado su primer beso con él un millón de veces, pero jamás pensó que él estaría inclinando la cabeza. O apoyando sus manos sobre los hombros de Asahi. O que él le abrazaría desde atrás de las piernas, con muchísimo cuidado. La barba le hace cosquillas y le da un agregado extra. Él ha tocado la boca de Asahi en un par de ocasiones pero no pensó que sería así de cálida. De beso entumecido.

Le rodea el cuello con los brazos, olvidándose de la trenza recién hecha, y le hunde la nariz en el pómulo. Las rodillas le llegan a la primera hilera de abdominales, duros contra el hueso. No le importa. Nada le importa. Todo le parece banal y fuera de lugar. Son Asahi y él, dos tíos amigos, que comparten el mismo club y han pasado por un par de peleas muy feas, pero están juntos y se están besando, y Nishinoya súbitamente comprende el furor de Oikawa por Iwaizumi o la voz cargada de terror de Tsukki cuando habla sobre Kuroo. Porque puede desaparecer entre sus dedos, y matarse le parece una opción más tentadora que dejarle ir.

Asahi sabe a mandarinas y a sal y a sol y a mar, cosas que uno relaciona inconscientemente con el verano pero hacen unos ocho grados y el viento frío les está latigando las mejillas. Una maravilla contradictoria, cuando hasta entonces fue Nishinoya el que estuvo hecho de contradicciones. Siendo callado y gritón a la vez, siendo impaciente y respetuoso al mismo tiempo. Según la lógica que los ha regido siempre, tendría que ser Noya quién hubiese tomado la iniciativa. Lógica olvidada, porque ahora le está mordiendo el labio inferior a Asahi y le importa un rábano cuales son las leyes del mundo en ese momento. Podría desaparecer la fuerza de gravedad. Podría entrar el sol en combustión. Podría dejar de rotar la Tierra. Y ninguna de esas cosas le parecería la mitad de maravilloso que este momento y este beso.

Un mechón suelto se mete entre los labios de ambos; Asahi interrumpe el beso para quitárselo con alteración. Se aparta apenas un poquito. Nishinoya se toma ese segundo para respirar. Viendo los ojos chocolate del chico que le gusta mirarle impacientemente, en plan "vamos a seguir besándonos o qué", y una risa de dicha le nace en el centro del pecho, justo al lado del corazón.

–Qué. –le dice Asahi, que le ha visto reírse. –¿Tan mal lo hago?

La carcajada es más grande esta vez y le llega hasta la cima de la garganta. Estalla. Asahi parece estar perdidísimo. Se quiere quedar ahí por el resto de la existencia. Que las horas no pasen. Que el atardecer mágico apriete pausa. Que la Tierra deje de girar. Le pone un mechón de pelo detrás de la oreja. Y le acaricia la cicatriz casi invisible que tiene al lado de la ceja. Y no se puede creer cómo se han alineado los astros para que eso pase. Para que Asahi le besara.

–No, bobo. –beso corto sobre la boca semiabierta. Tiene que inclinar un poco las rodillas. –De hecho –otro beso, y Noya siente la sonrisa de Asahi. –está bastante bien.

Get a room, you losers.

Sugawara les observa como una mamá cuervo observaría a sus polluelos volando del nido. Todo emoción. Las manos juntas. Ambos ojitos supurando lagrimones. Daichi, en cambio, sonríe todo lo que le da la boca.

Asahi entierra la cabeza en el pecho de Nishinoya y le abraza tras las rodillas, hecho de rubores. Noya pone ambos brazos alrededor de su cabezota, le da besos en la trenza hecha con los pies. No puede parar. No para.

–A lo mejor no tenemos que volver al hotel. –le dice a la maraña de pelos entre sus dedos. –A lo mejor podemos quedarnos aquí.

Parece que Asahi va a negarse, pero asoma la cabeza para mirarlo a la cara, y Nishinoya se convence de que hay pocas cosas que puedan considerarse más hermosas que el chaval que le gusta asomándosele entre las manos. La palabra arte se le queda chica. El arte cambia según como revoluciona la sociedad, y Nishinoya cree a pies juntillas que Asahi es nacido de una repercusión renacentista o algo así. Porque ha venido a revolucionarlo. A él.

–Por mí, quedémonos para siempre.


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