Los personajes no me pertenecen, son creaciones del mangaka japonés Masashi Kishimoto y la historia es una adaptación del libro "Cautiva en su cama" de Sandra Marlon.
Capítulo 1.
Cartagena, Colombia
Sasuke Knight estaba sentado en una mesa de la terraza del Café Esmeralda, bebiéndose una botella de cerveza y preguntándose qué demonios hacía en Cartagena. Años atrás, en una vida que a veces no le parecía la suya, había salido de allí y había jurado no volver jamás. Incluso había estado antes en ese café, en esa mesa, seguramente incluso en la misma silla, con la espalda apoyada en la pared y los ojos recorriendo el bullicio de la plaza, tratando de detectar algún posible problema antes de que le golpeara en el cogote.
Los viejos hábitos nunca desaparecían del todo. Lo mismo que los recuerdos que lo despertaban en la mitad de la noche, pero mejor no pensar en eso. Hacía calor, pero en Cartagena siempre hacía calor. Nada había cambiado. Los olores, el tráfico. Incluso la multitud que gritaba en la plaza.
Soldados, policías y turistas cargados de suficientes joyas, carteras y teléfonos móviles como para hacer felices a los carteristas. Un hombre tenía que cuidarse en Cartagena, lo había aprendido la primera vez. Había creído que lo sabía bien, pero si realmente lo hubiera sabido bien... si hubiera...
Maldición, no quería ir. El pasado estaba muerto. Lo mismo que Alita. Sasuke apuró el último sorbo de cerveza. No estaba allí como un civil, ni como miembro de una agencia en la que lo blanco era negro, y lo negro, blanco, y nunca nada era en realidad lo que parecía. Y a los treinta y un años tenía el mundo en sus manos.
Estaba en la flor de la vida, con su metro noventa, los huesos cincelados de su madre medio comanche y los ojos negros de su padre tejano. Una fina cicatriz encima de uno de los pómulos, un recuerdo de una noche de invierno en Moscú cuando un insurgente checheno había tratado de matarlo.
Las mujeres se volvían locas con aquella cicatriz.
-Te da un aspecto tan peligroso -le había susurrado una rubia hacía unas pocas noches, y había rodado debajo de él. Le mostró, para placer de la chica, lo peligroso que podía ser. Además, era rico. Increíblemente rico, y ni un céntimo de su fortuna provenía de su padre.
Lo que le había hecho rico había sido Knight, Knight y Knight: Especialistas en Situaciones de Riesgo, la empresa que había fundado con sus hermanos. Se llevaban un año y compartían la misma historia. Una madre que había muerto cuando eran jóvenes. Rebeldía juvenil, unos pocos meses en la universidad seguidos de las Fuerzas Especiales y la Agencia. El peligro y las mujeres hermosas se convirtieron en las drogas preferidas de Sasuke, aunque las mujeres nunca duraban mucho.
Un guerrero nunca deja que sus emociones lo controlen.
- ¿Otra cerveza, señor?
Sasuke alzó la vista y asintió. La cerveza era lo único que todavía le gustaba de Cartagena. Cinco años antes, la Agencia le había puesto de compañera a una agente de la DEA y había enviado a ambos allí para infiltrarse en un cártel de la droga. Su tapadera era ser amantes intentando hacer algo de dinero. No lo eran, pero Alita bromeaba diciendo que, si alguna vez se decidía por un hombre, Sasuke estaría el primero en la lista. Y él había dicho, sí, sí, promesas, promesas...
Alguien los delató. Cuatro hombres armados los atraparon en la calle y los llevaron a una choza perdida en la selva. Golpearon a Sasuke hasta que perdió el conocimiento. Cuando volvió en sí, Alita y él estaban atados a dos sillas.
-Ahora verás cómo hace disfrutar un hombre a una mujer, gringo -le había dicho uno de los secuestradores, provocando una carcajada en los demás. Alita mostró el coraje de una leona. Sasuke luchó por librarse de las ligaduras, pero no consiguió impedirlo.
Cuando hubieron terminado, dos de los asesinos sacaron el cuerpo de Alita al exterior. El tercero fue con ellos y sólo uno quedó con él. Sonrió, mostrando una buena colección de dientes marrones, y dijo que iba a prepararse para la diversión que iba a continuación. Estaba inclinado sobre dos rayas de polvo blanco cuando Sasuke consiguió librase de las cuerdas que sujetaban sus muñecas.
-Eh, amigo -había dicho con suavidad.
El hombre se dio la vuelta y fue hacia él. En un instante Sasuke tenía las manos sobre la boca del hombre y un brazo alrededor de su cuello. Un rápido movimiento y estaba muerto. Mató a dos de los otros con el arma del primero, pero sólo hirió al cuarto. El tipo se perdió en la jungla.
Mejor, había pensado Sasuke con frialdad, un jaguar se daría un festín antes de que terminara el día. Él tenía otras cosas que hacer. Como enterrar a Alita. Fue difícil, no porque la tierra estuviera dura, sino porque las lágrimas desenfocaban su mirada. De pie al lado de la tumba, juró vengarla.
Volvió en el coche de sus secuestradores a Cartagena y después fue a Bogotá. En la embajada le expresaron sus condolencias y le dijeron que no buscarían al asesino que había escapado. Cuando Sasuke exigió respuestas, su jefe lo mandó a Washington. Coincidió que Shikamaru y Naruto estaban allí también. Acompañados de una botella de Johnny Walker, los tres hermanos compartieron su desilusión con la Agencia. Había nacido Especialistas en Situaciones de Riesgo. Desde Dallas, los Knight ofrecían a sus clientes soluciones para problemas complicados, soluciones que siempre eran morales, pero no exactamente legales.
La Agencia y Colombia se convirtieron en un recuerdo... Hasta ese momento. Hasta que el padre de Sasuke les había pedido que se reunieran con un viejo amigo que tenía un problema. Como un favor, había dicho. ¿Avery pidiendo un favor? El reciente roce con la muerte de Shikamaru había cambiado las cosas, pero Sasuke no confiaba del todo en el cambio.
Aun así, había aceptado la reunión. Escucharía el problema de aquel tipo y a lo mejor le daba algún consejo. De ningún modo iba a aceptar algo que le mantendría... Un hombre se estaba acercando a él.
Sasuke se fijó en las características más sobresalientes. Norteamericano. De unos cuarenta años. Buen aspecto. Indudablemente militar, a pesar de que iba vestido de civil. -
¿Sasuke Knight?
Sasuke se puso de pie y le tendió la mano.
-Sasori Akasuna No. Siento llegar tarde.
-No hay problema, señor Akasuna No.
-Coronel -la mano de Akasuna era suave, pero apretó con fuerza-. Soy militar una sonrisa breve y de dientes muy blancos-, del ejército de los Estados Unidos. ¿No se lo dijo su padre?
Sasuke le hizo un gesto para que se sentara y después pidió dos cervezas más al camarero.
-Mi padre me ha dicho que ustedes dos son viejos amigos y poco más.
-En realidad, la amistad era entre su padre y el mío -el camarero dejó en la mesa dos botellas heladas, Akasuna No ignoró la suya-. ¿Qué tal está Avery?
-Bien -dijo Sasuke en tono educado mientras se preguntaba por qué le disgustaba Akasuna. -Quiero darle las gracias por venir hasta aquí tan deprisa, señor Knight.
Sasuke no respondió. Se aprendía más dejando que se prolongaran los silencios que corriendo a llenarlos.
-Recurrir a la amistad puede resultar presuntuoso, pero le necesitaba... Akasuna No hizo una pausa-. Usted y su empresa tienen una gran reputación.
-Podría haber llamado, salimos en la guía.
-No podía hablar de esto por teléfono.
- ¿Hablar de qué?
-Directo al asunto, me gusta -la sonrisa de Akasuna No se oscureció-. Se trata de mi prometida. Me temo que ha cometido una... una indiscreción.
Sasuke respiró hondo. A veces la gente confundía su empresa con una agencia de detectives.
-Coronel -dijo en tono cortés-, me temo que no ha entendido bien a qué se dedica mi empresa. No soy detective privado, no me ocupo de asuntos personales.
-Lo sé -dijo Akasuna No, bajando la voz-. Lo que voy a contarle tiene que mantenerse en el más absoluto secreto.
La prometida de Akasuna No se habría acostado con otro hombre, seguro que era eso a lo que se refería con la palabra «indiscreción». ¿Se pensaba Akasuna No que era un pistolero? Un par de tipos habían ido a Especialistas en Situaciones de Riesgo con una petición similar, pero el asesinato no estaba en su cartera de servicios.
-Mi prometida se ha visto envuelta en.… en algo...
- ¿Una aventura con otro hombre? El coronel dejó escapar una carcajada.
-Me gustaría que fuera así de simple -dudó, y se acercó más-. Trafica con drogas.
-Trafica con...
-Cocaína. Ya sabe que la valija diplomática no está sujeta a registros de aduana. Sakura utilizaba mis privilegios para enviar cocaína a los Estados Unidos.
Sasuke lo miró fijamente. Aquello era demasiado.
- ¿Es una adicta?
-Por lo que yo sé, no.
-Entonces, ¿por qué lo hace?
-Por dinero, supongo. Mucho dinero.
- ¿Qué pasó cuando la atraparon?
-No la han atrapado. No las autoridades. Alguien me dio el soplo de lo que hacía.
-Alguien que se lo debía.
-Puede decirlo de ese modo. La cuestión es que me hice cargo.
Lo que significaba que el coronel había recurrido a su influencia para enterrar el asunto.
-Hablé con Sakura. Pensé que estaría agradecida, pero se mostró aterrorizada. Me dijo que la gente a la que pertenecía la coca pensaría que les había estafado e irían a por ella.
-Bueno, seguramente tiene razón.
-Le dije que estaría segura bajo mi protección, pero no me creyó. Esto fue hace cuatro días -Akasuna No respiró hondo-. Ayer, desapareció.
- ¿Secuestrada? -dijo, sintiendo cómo se le erizaba el pelo de la nuca.
-Puede ser. 0 puede que huyera. Sea lo que sea, está en peligro.
- ¿Ha ido a las autoridades? -preguntó, aunque conocía la respuesta.
-No puedo. Tendría que contar toda la historia. Implicar a Sakura...
-Implicarse a usted -el coronel no respondió. Después de un minuto, Sasuke asintió con la cabeza-. Entiendo su problema, coronel, pero no sé cómo podemos ayudarle.
-Pueden encontrarla.
-Eso es imposible.
-Usted conoce este país.
-Y usted parece conocer mucho de mí -dijo Sasuke, entornando los ojos. En lugar de responder, Akasuna No sacó una fotografía y la colocó encima de la mesa. -Esta es Sakura.
Reacio, Sasuke tomó la foto y la miró. Había esperado que la prometida del coronel fuera atractiva. Un hombre como él no tendría una que no lo fuera, pero Sakura Haruno tenía un rostro y un cuerpo de ésos que inspiran a los artistas. La foto se había tomado en una playa un día con suficiente viento como para que los rosas rizos cubrieran sus hermosos pechos de un modo muy sugerente. Llevaba unos pantalones cortos que dejaban ver unas interminables piernas.
Sus ojos eran grandes y oscuros y su boca... Su boca estaba hecha para el pecado. Una sensación de deseo recorrió el vientre de Sasuke.
-Es muy atractiva.
-Es preciosa -dijo Akasuna No, masticando las palabras-. Más que preciosa. Es todo lo que un hombre podría desear y.… quiero que vuelva.
-Vaya a las autoridades.
-Acabo de decirle...
-No puede, sí, me lo ha dicho, pero le estoy diciendo...
-Está implicada con el cártel de Rosario. ¿Le dice algo ese nombre, señor Knight?
Sasuke apretó los labios.
- ¿Por qué debería decirme algo?
-He revisado sus antecedentes. Conozco la historia. Perdió una compañera. ¿Puede quedarse tranquilo mientras yo pierdo a mi prometida a manos de la misma gente?
Un golpe de viento movió la fotografía que Sasuke había dejado encima de la mesa. La cazó en el aire y volvió a mirarla.
- ¿Por qué trataba ella de pasar coca?
-Se lo he dicho: no lo sé.
-Dijo que por el dinero.
-Entonces, ¿por qué me lo pregunta otra vez?
-A lo mejor lo hizo por divertirse.
- ¿Qué importa eso? Lo hizo, y ahora...
-A lo mejor lo hizo por usted - Sasuke sonrió con frialdad-. A lo mejor es usted quien está detrás del tráfico. 0 puede ser que su prometida quisiera poner fin a su relación y por eso ha desaparecido.
- ¿Me está acusando de algo? -dijo Akasuna No, apretando los dientes.
-Simplemente quiero advertirle de que, si empiezo a husmear, puedo encontrar cualquier cosa.
-Entonces, lo hará. Sasuke miró la foto. Deseó que se hubiera tomado desde más cerca. Había algo en los ojos de Sakura Haruno...
- ¿Quién fue la última persona en verla?
-Mi cocinera. Llevó la comida de Sakura al lado de la piscina. Cuando volvió a por la bandeja, la puerta de atrás del jardín estaba abierta, y Sakura había desaparecido.
-Quiero hablar con la cocinera y el resto de su servicio. Los ojos de Akasuna No brillaron.
-Gracias, señor Knight.
-No me dé las gracias hasta que haya, recuperado a su prometida, coronel. -Sasuke echó un vistazo al reloj-. He alquilado un todo terreno. ¿Cuál es su dirección?
Akasuna No dijo el nombre de una calle en la parte alta de Cartagena, en uno de los barrios más caros de la ciudad.
-Nos veremos allí -dijo Sasuke. Dentro del Escalarle alquilado, sacó la foto, la apoyó en el volante y miró fijamente a Sakura Haruno. Desde luego no tenía el aspecto de una narcotraficante, pero los años de la Agencia le habían enseñado que el refrán era cierto: no podía fiarse de las apariencias.
Aun así, había algo en sus ojos... Miró la fotografía un largo minuto. Por alguna razón que no podía comprender, pasó el pulgar por los labios de Sakura. Después arrancó el Escalarle y se dirigió a las colinas.
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A cientos de kilómetros de distancia, en una habitación de hotel en Los Andes, Sakura Haruno se despertó sobresaltada de un sueño inquieto. Algo había rozado sus labios. Con el corazón desbocado, se tocó los labios.
No había nada. Sonrió. Tenía que haber sido la brisa, sólo la brisa que entraba por la ventana abierta. Había cerrado la puerta, echado la cadena, incluso encajado una silla en el picaporte, pero había dejado la ventana abierta. La habitación estaba en la segunda planta, era bastante segura. De todos modos, se levantó de la cama, fue hasta la ventana y la cerró. Mejor así, pensó.
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