Sortilegio 2
Capitulo dos
Como príncipe, Gilgamesh se aseguraba de cumplir diligentemente sus deberes e incluso aquellos que fácilmente podrían ser delegados a sus sirvientes. Él no tenía necesidad de ayudar en los establos, en la cocina o en la lavandería, sin embargo, lo hacía de buena fe debido a que su madre le había inculcado el valor del trabajo duro y él no hallaba mayor placer que ver el rostro agradecido de sus súbditos luego de brindarles su ayuda, aunque fuera para las tareas más sencillas.
Fue extraño para varios sirvientes no ver al príncipe cumpliendo sus rutinas habituales, sin embargo, rápidamente se extendió por el castillo el motivo de la ausencia de su ayuda habitual. El incidente en el bosque no había tardado en expandirse por toda la ciudad, nuevamente se alababa el valor y la destreza del joven príncipe al enfrentarse a los famosos asesinos de elite que provenían de las lejanas tierras del sureste. Por supuesto que también se habló del valiente niño que le había brindado su ayuda al príncipe y el cómo sin dudarlo se había jugado la vida protegiendo a Gilgamesh de un ataque mortal que lo había dejado gravemente herido. Una vez estando al tanto de la precaria situación del misterioso espadachín, era normal suponer que, el príncipe, preocupado por el estado de su benefactor, se encontraba cuidándolo.
Si bien muchas historias habían sido escuchadas acerca de Saber, no todos conocían su apariencia, por lo que nadie más que los involucrados lograron identificar al salvador del príncipe como aquel espadachín del que tanto se hablaba más al norte del país. La rubia no ansiaba la gloria o riquezas, sus deseos eran simplemente ayudar a todo aquel que necesitara su ayuda mientras vagaba sin rumbo fijo a un destino inserto. Siendo sincera consigo misma, Arturia no podía explicar el porqué de sus propias acciones, tal vez en el fondo solo buscaba un lugar en el cual fuera aceptada no como Saber si no como Lily.
—¿Has logrado descansar plácidamente? ¿Cómo te sientes el día de hoy? —preguntó el joven príncipe.
Arturia se encontraba mirando al horizonte sentada a lado de la ventana dejando que sus cabellos fueran movidos por el caprichoso viento que suavemente soplaba en su dirección. Gilgamesh no pudo evitar acercarse a donde estaba la chica siguiendo su mirada para tratar de descubrir que era lo que tenía tan distraída a su invitada.
—Me siento mucho mejor, gracias por preocuparse su majestad. —habló ella con delicadeza sin girar su mirada.
Hubo un momento de silencio que de ninguna manera resulto incomodó para ninguno de los dos, Saber no era de hablar mucho, Gilgamesh se había dado cuenta porque durante esos días de estarla cuidando ella trata de conversar con él lo menos posible, como si no supiera con que temas abordarlo o temiendo decir algo fuera de lugar que él considerase un agravio.
—Pensé que preguntarías el motivo por el cual fingí ser un chico—habló ella repentinamente.
Llevaba poco tiempo de conocerla, pero el joven príncipe ya se había acostumbrado a su manera de dirigirse a él, aunque ella no lo hiciera muy a menudo. Su voz era tan dulce y amable que evocaba en el príncipe querer escucharla continuamente y ese era uno de los grandes motivos por los cuales había dejado sus deberes a un lado para cuidar de ella. Trataba de hacerla sentir cómoda y hablar más, por eso conversaba tanto como podía tratando de propiciar sus respuestas. Su presencia de alguna forma le era refrescante, había algo especial en Saber y no solo era el hecho de que hubiera ocultado su género o su destreza en batalla, había algo más que él simplemente no podía diferenciar, como si ella ocultase un secreto más grande.
—Para ser sincero me genera mucha curiosidad, pero pensé que era de ese tipo de cosas de las que preferías no hablar, no deseo inmiscuirme en los secretos de una doncella—dijo con sinceridad pues desde un inicio parecía haberse estado esforzando por ocultar que en realidad era una chica—Por lo que he escuchado de ti puedo darme una idea de tus motivos, si son o no correctos prefiero que me los comentes llegado el momento.
—Le agradezco el respetar mi espacio su majestad, gracias a sus cuidados en un par de días podré continuar mi viaje—comentó cálidamente.
—Ya veo y ¿A dónde planeas ir Lily?
No estaba exigiendo una respuesta, su cuestión era por simple curiosidad, algo normal. Era solamente una pregunta que él hacía sin afán de incomodar a la rubia, quien simplemente suspiró dejando más que clara su respuesta, en realidad ni ella sabía.
—Siempre voy hacia donde el viento me guie, soy una errante sin rumbo fijo en un viaje sin destino—comentó con simpleza acomodando uno de sus mechones detrás de su cabello.
—Debes haber visto y conocido muchos lugares del reino que ni siquiera yo he visitado, dime entonces, ¿No has sentido alguna vez que uno de ellos es el lugar al que perteneces? ¿No te parece triste viajar y viajar sin un lugar al cual regresar?
Mientras más curiosidad invadía al príncipe más preguntas se arremolinaban en su cabeza sin poder detener que algunas de ellas fluyeran. Por supuesto que lejos de considerar aquello como una agravio o invasión a su privacidad, extrañamente Saber deseaba obtener también una respuesta a esas mismas preguntas que se había hecho incontables veces. Con cualquier otra persona habría simplemente ignorado aquellas dudas, pero con Gilgamesh era diferente y no era porque fuera el príncipe, tal vez era porque encontró cosas en común con él, que se sentía a gusto con su presencia.
O quías se debía a que él era adorado como una persona justa y honorable, alguien a quien se le profetizaba la grandeza, quien gobernaría con bondad y sabiduría, un rey por el que muchos morirían gustosos, alguien a quien seguir y consagrar acciones llenas de heroísmo y valentía. Siguiendo tempranamente el sendero de un caballero, no había nadie más a quien Arturia quisiera jurarle su lealtad, pero ella, quien aún se consideraba una espadachín inmadura, pensaba que en ese momento no sería de ninguna utilidad, menos ahora que el príncipe había descubierto su género.
Aun en ese reino tan pacifico el mayor problema era la poca libertad que tenían las mujeres para decidir sobre su propia vida y lo marcada que estaba en la sociedad la posición que ellas tenían. Una mujer solo tenía dos opciones. Si provenía de una familia estaba destinada a un matrimonio arreglado para convertirse en una esposa y engendrar hijos, en cambio sí era huérfana generalmente se veía obligada a convertirse en prostituta, no había más.
Ese era uno de los principales motivos por los cuales su madre la crio como niño esperando evitarle tener que trabajar como una cortesana. Los hombres tenían mejores oportunidades y por ello Arturia se había convertido en un chico ocultando hábilmente su género al mundo entero. Por supuesto que ese no era el único motivo, había una razón mucho más fuerte por la cual debía ocultar no solo su género, sino también su nombre y apellido.
Aunque a veces la rubia deseaba volver a ser mujer seguía fielmente el camino de un caballero dejando sus debates internos al margen de sus acciones, ella era una chica muy soñadora que como cualquier jovencita añoraba un futuro con amor, pero guardaba muy en el fondo tales deseos. Ahora era Saber, un espadachín viajero que empuñaba su espada en el nombre del honor y la justicia. No había destino más glorioso que ese, y ella avanzaba con orgullo y determinación. Sin embargo, ahora que su secreto había sido descubierto, sentía que había fallado como caballero y volvía a ser una niña tonta e ingenua llena de esperanzas y sueños que aspiraban a un futuro utópico imposible de alcanzar por más que extendiera sus manos para atraparlo.
Su caída de vuelta a la realidad había sido demasiado dura, aun así, trataba de mantenerse firme, fuerte y apacible.
—Me entristece por supuesto—con dulzura tan armoniosa como la leve sonrisa que esbozaba, continúo hablando de manera delicada sin dejar que la pena la inundara—Pero considero toda esta patria y su suelo como mi lugar de pertenencia sin importar si tengo o no un hogar fijo.
—Entonces si yo te lo ofreciera ¿Considerarías este lugar como tu hogar?
La pregunta la tomó por sorpresa finalmente haciendo que centrara su vista en el joven príncipe a su derecha, al darse cuenta de su mirada, él se giró para regalarle una sonrisa a la desconcertada rubia.
—Mi padre me ha dicho que ya es momento de que elija alguien que sirva a mis deseos y se mantenga a mi lado como mi guardián—aclaró luego de ver la expresión de la joven de dorados cabellos—He decidido que quien quiero que ofrezca su espada a mi causa y me cubra la espalda seas tú.
—¿Yo? — preguntó con incredulidad.
Ser guardián del príncipe era el más grande honor que alguien pudiera recibir, algo que ella no merecía, especialmente NO ELLA, sintió su corazón estrujarse. Aun si no lo merecía era su deber servir a la realeza. Tenía una obligación para con esa familia, un cargo que le había sido delegado desde su nacimiento por su linaje.
—No soy un caballero, soy solo una chica que aspira a serlo, una mujer no un hombre… no estoy capacitada para protegerlo su alteza.
La suave expresión en el rostro de la chica mostraba su pesar, por primera vez dejó que el dilema de su genero la abrumara al punto de hacer sus dudas visibles. Como un chico, sin lugar pensarlo habrá aceptado la oferta, mientras nadie supiera su género no sería despreciada o denigrada al ser solo una niña que fingía ser algo que no era. Porque al ser chica era más débil que un hombre y posiblemente no podría proteger debidamente a alguien que le confiará su vida. Pero ella quería servirle al futuro rey y saldar una vieja deuda de su familia, aunque aquello no la llevara a la salvación y fuera lo que posiblemente la terminara destruyendo.
—Si, eres una chica—el habló con comprensión—Debiste ser criada como una niña, pero entonces habrías terminado trabajando en la zona roja de alguna ciudad. Valientemente y negando ese destino ocultaste tu género y comenzaste avanzar por el camino de los caballeros, sin embargo, ya no hay necesidad de que sigas ocultando quien eres en realidad. Te pido que te conviertas en mi guardián no como Saber, sino como Lily.
Él le extendió su mano y ella sintió que las lágrimas se le acumulaban en los bordes de los ojos. Por primera vez no estaba siendo despreciada por ser una chica sin familia, especialmente por ser mujer. No existía en ese momento su nombre, apellido o su pasado, era solo ella, solo una joven soñadora a quien se le ofrecía una oportunidad de poder volver a vivir como ella misma sin ocultarse su generó ni actuar como un chico para poder seguir sobreviviendo.
—¿Qué dices?
—Sí. —rio tallándose los ojos para ocultar sus lágrimas.
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A Gilgamesh realmente no le importaba que Saber fuera mujer, ni lo que dijeran de ella, la había elegido como su guardiana y no pensaba retractarse de ello. El consejo de ancianos pareció oponerse firmemente a dejar a manos de una niña la protección del futuro rey y exigieron a su padre que le hiciera cambiar de opinión, pues, debían poner al servicio del príncipe al mejor guerrero que hubiera desfilado en las tropas del ejército Nilones.
Lugalbanda simplemente bostezó aburrido ante las quejas del consejo, no pensaba que fuera una cosa seria aun cuando lo habían convocado especialmente para ello.
—Si mi hijo piensa que esa chica es digna de su confianza y más aún, que es capaz de protegerlo, entonces no tengo intenciones de disuadirlo de su decisión. Esa chica es un espadachín reconocido que responde al nombre de Saber y que además protegió con su vida a Gilgamesh en el incidente del bosque, si quieren probar su valía adelante, pero tengan en cuenta que es alguien digna de respeto y alabanzas por parte de su príncipe. Así que no la denigren por el simple hecho de que es mujer.
Su tono pareció más bien una advertencia. Lugalbanda no estaba de humor para discutir con el consejo de ancianos y menos sobre las decisiones de su hijo. Aunque la chica aún no se convertía en guardiana oficial él estaba consiente que había más de un caballero que deseaba ese puesto por lo que la niña debía demostrar que merecía servir al futuro rey y había una forma bastante justa de hacerlo.
—Si les complace, entonces dejemos que demuestre, no solo ante ustedes, si no ante el pueblo entero que es digna del honor de servir fielmente a Gilgamesh. Organizaremos un torneo especialmente para ella. Saber aun es un caballero inmaduro, en mi opinión no hay siervo mejor que el que avanza a lado de su maestro. Ella caminara a su lado como guardiana y su destreza acrecentara a la par de la de mi hijo, por lo tanto, este torneo será una serie de pruebas en donde ella demuestre si tiene lo necesario para blandir su espada en el nombre del futuro soberano.
A regañadientes los ancianos del consejo terminaron por acceder. Al estar arraigados a viejas creencias y tradiciones no aceptaban la fortaleza de una mujer, no la consideraban digna de las atenciones del príncipe, aunque esta le hubiera salvado la vida, pero no tenían más opción. El príncipe no era alguien caprichoso y si se empeñaba en mantener a esa chica a su lado debía ser por algo, pero si ese algo era lo que el consejo se temía, tendrían que deshacerse de esa chica y mostrarle su lugar. No podían permitir que esa huérfana terminara convirtiéndose en su reina, aunque aún fuera muy pronto para predecir aquello.
Lugalbanda también pensaba que el interés que Gilgamesh tenía por la joven espadachín se acrecentaría en un futuro, pero hasta entonces no veía más que amistad y respeto mutuo entre ellos. Saber era alguien correcta de la cual se había escuchado mucho, indudablemente se había ganado las alabanzas y admiración del joven príncipe, alguien como ella que avanzaba por un sendero iluminado sin duda podía asegurarse de que su hijo jamás cayera en la oscuridad. Tal vez debió calcular mejor los efectos que ella tendría en el rubio.
—Es inusual que me cites en la sala del trono padre—Gilgamesh habló frente a su progenitor.
—Hay un asunto de suma importancia a tratar y para el cual requería de tu presencia—el hombre comentó con simpleza.
—¿Ha sucedido algo? —preguntó con curiosidad.
Las puertas se abrieron dejando pasar a la casi recuperada Saber, llevaba puesto un vestido blanco, regalo de Gilgamesh por supuesto, y su cabello ahora estaba amarrado en una sola cola de caballo decorada con un moño negro. Se veía más sana y vivaz que antes, pero los vendajes aun asomaban por debajo de su ropa.
—¿Me ha mandado a llamar su alteza? —con su suave voz preguntó al rey percatándose de la presencia de Gilgamesh en la sala, era la primera vez que se presentaba ante el gobernante de Nilonia y estaba un poco nerviosa, pero ver al joven príncipe la hizo sentirse menos preocupada y más curiosa.
El rubio no pudo sino mostrar ligera sorpresa, no esperaba que en el asunto a discutir estuviera involucrada Lily. Supuso entonces que ella había sido mandada a llamar para que el rey pudiera conocerla en persona, después de todo, aunque le había comentado de Saber, su padre no la había visto en persona debido a que estaba muy ocupado con asuntos del reino. Sin embargo, tenía que haber algo más en esa pequeña reunión y Gil esperaba que no fuera nada malo.
—No habíamos tenido el placer de presentarnos Saber, soy el padre de Gilgamesh y rey de este país, Lugalbanda Segundo.
—Es un placer—ella hizo una ligera reverencia.
—Mi hijo me ha informado su decisión de hacerte su guardiana, sin embargo, los ancianos del consejo no te consideran digna de tal honor, sobra decir que expresaron incesantemente su desacuerdo en ello.
—He elegido a Lily—intervino Gilgamesh—Se que lo ancianos son sabios eruditos que solo buscan lo mejor para el reino, pero no pienso retractar mi decisión, tú mismo me has dicho padre, que las mujeres son más que solo medios para engendrar un linaje, entonces…
—Gilgamesh—su padre llamó su atención calmando la exaltación del chico—Yo apoyo tu decisión, el reino que quiero legarte es uno en donde no se desprecie el valor de las mujeres y no sean reducidas a simples objetos de satisfacción.
Arturia podía entender de donde provenía la bondad y las virtudes de joven príncipe, él seguramente había aprendido a valorar a todos por igual gracias a la influencia de su padre.
—Saber es la oportunidad perfecta para demostrar que las mujeres son más que solo eso. En tres días se organizará un torneo, se pondrán a prueba sus habilidades y destreza en combate, así como sus aptitudes para convertirse en tu guardiana y si logra superar el desafío el consejo le permitirá quedarse contigo.
—¡Tres días es demasiado pronto! ¡Ella aún no se ha recuperado! —se quejó tratando de contener su alteración, la chica aún no estaba lista para combatir.
Aunque la recuperación de Saber había sido rápida, aun no había sanado por completo, y eso la pondría en grave desventaja a la hora de realizar las pruebas. Obviamente Gilgamesh no estaba de acuerdo en que ella se arriesgara a combatir sin estar en óptimas condiciones, especialmente cuando apenas una semana atrás había estado al borde de la muerte.
—Entiendo—con voz decidida la rubia reafirmó su presencia en la habitación.
—¡Lily! —él dejo salir su nombre con reproche.
Ella no parecía advertir su preocupación y por primera vez el príncipe odio ese aspecto tan respetuoso y a la vez correcto de ella. Sabía que Saber no se quejaría, no podría, si eran las órdenes del rey no había forma de que estas fueran negadas, pero él si podía interceder por ella y ganarle algo de tiempo, sin embargo, Lily simplemente había aceptado lo decretado sin dudar o pensarlo.
—Gilgamesh—era la primera vez que se dirigía a él de esa forma, Arturia le dedico una ligera pero cálida sonrisa—Esta bien, no pienso perder.
—Bien, veo que comprendes perfectamente la situación en la que te encuentras—Lubalganda elogió la decisión de la chica.
El joven príncipe simplemente suspiró negando con la cabeza y dándose por vencido.
—Su majestad, disculpé mi atrevimiento, pero… pensé que la visión que usted tenia de las mujeres era similar a la de todos los hombres ¿Por qué busca apoyar el cambio en la forma en que somos vistas? —preguntó ella con genuina curiosidad atrayendo la atención del soberano.
Gilgamesh sonrió ligeramente rememorando un lejano pasado, él sabia mejor que nadie la respuesta.
—No voy a mentirte niña, mucho tiempo atrás yo también pensaba que las mujeres eran solo una herramienta para procrear, así fui educado y crecí con esos pensamientos hasta que conocí a mi difunta esposa. Ella demostró ser una fiera indomable que continuamente me demostraba que era más que solo un objeto, era una brillante estratega fuerte y aguerrida que defendió estas tierras a mi lado. Ella abrió un camino para cambiar la forma en que las mujeres eran vistas, yo solo no puedo cambiar esa visión, pero tú puedes hacerlo, demuéstrales a los ancianos y al pueblo entero tu valía—con un porte majestuoso se puso de pie—¡Demuestra que eres digna de ofrecer tu espada al servicio del príncipe y expande el camino que fue abierto!
—¡Si! —ella respondió con determinación arrodillándose ante el rey de la forma que lo haría un caballero—¡Yo Saber Lily juró mi espada y mi honor en el nombre de la familia real Niloniana, consagro mi vida a servir a los deseos del futuro rey Gilgamesh Izdubar!
—Tienes mi bendición niña, protégelo, acompáñalo y guíalo por un camino resplandeciente, porque te convertirás en su guardiana.
La fe impuesta en una chica que cargaba el peso de pecados que no eran suyos, eventualmente caería en la desesperación y seria destruida. Arturia sabía que cuando su linaje saliera a flote y su apellido resonara nuevamente por las calles evocando el nombre de "aquel hombre", su juramento se convertiría en solo palabras vacías, pero hasta entonces serviría a su propósito con determinación y valor.
