Los personajes no me pertenecen, son creaciones del mangaka japonés Masashi Kishimoto y la historia es una adaptación del libro "Cautiva en su cama" de Sandra Marlon.

Capítulo 2.

¿Dónde estaba Sakura Haruno? ¿Había huido o la habían raptado? Relacionarse con gente del mundo de la droga era jugar con fuego. Y eso llevaba a la siguiente pregunta: ¿por qué había aceptado pasar coca? Se ganaba mucho dinero, pero había mucho riesgo, sobre todo de la forma que lo había hecho ella. Utilizar el correo de la embajada la había puesto en peligro a ella, pero también a su prometido. Las perspectivas de Akasuna No en el ejército eran muy buenas. ¿Por qué arriesgar su futuro y el de ella misma? Sasuke tenía muchas preguntas. Necesitaba respuestas. La casa de Akasuna No no sólo era cara, además estaba muy bien custodiada, lo que no era raro en aquella parte del mundo.

Un muro culminado con alambre de púas rodeaba la casa; una perrera sugería que al menos un perro de guarda estaba suelto, probablemente por la noche. Sasuke tuvo que identificarse en la puerta. Se abrió, y fue en el coche hasta la casa. El coronel salió a recibirlo y, a petición de Sasuke, lo acompañó por las elegantes habitaciones.

-Sakura amaba esta casa -dijo el coronel.

A lo mejor era así, pero la decoración del salón dejaba que desear. La relación entre Akasuna y su prometida no era normal. No según el estándar de Sasuke. Si una mujer como Sakura Haruno hubiera sido parte de su vida, habría pasado las noches con ella. No como el coronel.

Su prometida y él no compartían habitación. Sus respectivas habitaciones ni siquiera estaban conectadas. De hecho, cada una estaba en un extremo de la casa.

- ¿No dormían juntos? Akasuna No se ruborizó.

-Nuestra forma de dormir no es de su incumbencia.

-Ahora todo es de mi incumbencia -respondió Sasuke-. Vaya acostumbrándose, Coronel.

-Dormíamos juntos -dijo Akasuna No, ahogado-. Claro que sí, pero Sakura... Sakura insistía en tener su propia habitación.

- ¿Por qué? Y, por favor, coronel, no me haga perder el tiempo diciéndome que quería mantener su intimidad.

No sabía por qué había dicho eso, pero funcionó. Akasuna No volvió a ruborizarse.

-Sakura es muy buena utilizando... utilizando el sexo para conseguir lo que quiere.

- ¿Y qué quería de usted, coronel?

Sasuke sabía que la pregunta era difícil, pero quería observar la reacción del coronel.

-Nada en particular. Sólo... - Sasuke casi sintió lástima por él-. Sólo pensaba que le daba el control.

-Y lo hacía -dijo Sasuke con suavidad-. Traficaba con coca delante de sus narices.

-Pero no permití que siguiera con eso. Ya se lo he dicho.

-No, pero tampoco la obligó a afrontar las consecuencias. Akasuna No, inspiró profundamente. Sasuke pensó que iba a defenderse, pero en lugar de eso dejó caer los hombros. -No estoy orgulloso por mi debilidad con Sakura -dijo con tranquilidad-, pero la amo, y quiero recuperarla.

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La cocinera confirmó que Sakura casi se había disuelto en el aire. No había habido ruido de pelea, ni sillas tiradas, nada.

- ¿Algo más?

-Sí -dijo ella después de un par de segundos-, la señorita no había tocado su almuerzo, lo único que faltaba en la bandeja era una botella de agua.

Sasuke encontró aquello interesante. ¿Podía una mujer que había sido secuestrada sin pelear haber tenido la oportunidad de llevarse una botella de agua?

- ¿Había alguien más trabajando en la villa ese día?

-No, señor -dijo la cocinera con énfasis.

Después de una pausa dijo que el chico de la piscina había estado, pero cuando la señorita había desaparecido, estaba en la casa de al lado. Sasuke localizó al muchacho. Tardó un poco, pero al final recordó que había visto pasar un taxi, a lo mejor en dirección a la casa de Akasuna No.

Fue hasta la ciudad, se detuvo en el hotel, consiguió una lista de empresas de taxis y tuvo suerte al tercer intento: por diez dólares, el telefonista recordó que había mandado un taxi a la dirección de Akasuna No el día que Sakura desapareció.

Por quince consiguió el paquete completo: hablar con el conductor que reconoció la foto de Sakura. La había llevado a alquilar un coche. El chico de los coches de alquiler también la recordaba. Sakura había preguntado por algunas direcciones de Bogotá. El chico había intentado convencerla de que no hiciera el viaje. Era muy largo, quince o dieciséis horas. Y peligroso, sobre todo para una gringa, pero Sakura había insistido, y el chico le había señalado la ruta en un mapa. La más corta, había insistido ella. Al menos la señorita había sido lo bastante lista como para estar de acuerdo en eso.

Media hora más tarde, Sasuke salía de la ciudad, pero no por la carretera que se suponía que había tomado Sakura. Ya estaba seguro de que había huido.

La cuestión era ¿por qué? Sólo había dos razones lógicas. La primera era que huía del cártel porque la droga que llevaba no había llegado a su destino. La segunda era que huía con un alijo de cocaína. Eso tampoco gustaría al cártel. Sólo había una forma lógica de actuar: una mujer que huye tanto de su novio como de un atajo de asesinos se habría subido a un avión.

Una mujer con un alijo de coca robada trataría de eliminar las pistas perdiéndose en las montañas. Y sobre la ruta que había tomado... Él siempre que había huido había dejado pistas falsas. A lo mejor decir que iba a seguir la ruta más corta había sido una pequeña indiscreción de Sakura..., pero era lo que él hubiera hecho en su lugar. Así que decidió seguir su intuición y tomar el camino más largo a Bogotá.

La carretera era difícil, pero no había tráfico, así que mantuvo una buena velocidad. Llevaba un termo de café y algunos bocadillos. Cuando empezaba a oscurecer, se detuvo y se los comió. Estaba cansado, no podía recordar la última vez que había dormido bien y había comido de verdad, pero Sakura le sacaba mucha ventaja y tenía que reducirla. Se detuvo en cada pueblo, en las gasolineras y hostales, preguntando por ella, describiendo su coche y enseñando la foto.

Nadie la había visto. Un par de horas antes de que amaneciera, salió por una pista lateral, aparcó bajo unos árboles, se aseguró de que las ventanillas y las puertas estuvieran bien cerradas, subió el aire acondicionado y se durmió con los nueve milímetros al alcance.

Cuando salió el sol, estaba en la carretera de nuevo, conduciendo despacio por las calles de una nueva localidad... Vio el coche alquilado por Sakura, aparcado fuera de un hotel que había visto días mejores.

Sasuke recorrió un sendero lleno de basura y entró. Tocó la campanilla que había en el mostrador de recepción. Después de un minuto, se abrió una puerta y un tipo se acercó frotándose los ojos, con la camisa medio desabrochada y la cara deformada por un bostezo gigantesco.

- ¿Quiere una habitación el señor? Sasuke le dedicó su mejor sonrisa.

-Tengo una reservada -dijo.

Bueno, era su novia quien la tenía, dijo poniendo la foto de Sakura encima del mostrador, el problema era que no recordaba el número. Ah, y tampoco tenía la llave y quería darle una sorpresa. Su actuación fue recibida con una mirada sin pestañear. Sacó algunos billetes del bolsillo y los puso en el mostrador. El chico agarró los billetes y le dio una llave marcada con el número 204.

Sasuke subió las escaleras. Recorrió un largo pasillo hasta la puerta correspondiente y acercó la oreja a la madera. No oyó nada. Con cuidado, introdujo la llave en la cerradura. La giró. Abrió la puerta.

Sakura no estaba, pero sí algunos objetos de mujer. Un bolso. Una maleta pequeña abierta encima de una silla. Ropa tirada encima de la cama. Podía sentir su aroma. Ya lo había notado en su habitación en la villa. Una fragancia suavemente femenina que recordaba a un campo lleno de flores bajo un cielo azul claro. Sasuke cerró la puerta.

No había mucho en la maleta. Ningún paquete de coca. Sólo un par de camisetas aún con las etiquetas colgando. Lo mismo que unos pantalones blancos de algodón. Algo de ropa interior. Lencería, lo habría llamado ella probablemente: unas bragas y un sujetador blancos. ¿Era así como le gustaba verla a Akasuna No? ¿0 era así como le gustaba a ella que la viera?

Si fuera su mujer, la habría tenido entre seda. Rosa, marfil. Tonos pastel que contrastaran con el pelo y sus ojos verdes. Tangas de seda para poder apreciar la curva de sus caderas. Sujetadores de seda, de la clase que levantan los pechos de una mujer presentándolos como una ofrenda para su amante.

0 de esas medias transparentes que dejan ver la sombra de los pezones. Sasuke sintió su propia erección. Era justo lo que necesitaba. Una colección de fantasías sobre una mujer que había huido dejando a su amante con la duda de si estaba viva o muerta. No le gustaba Akasuna No, su arrogancia, su sinceridad forzada, pero ningún hombre merecía que le hicieran eso.

Rápidamente deshizo la cama para revisarla, revisó bajo el colchón, el suelo. Abrió los armarios. Vacíos. Lo mismo que el cajón de la mesilla. Si Sakura tenía droga, o estaba en su coche o la llevaba encima. Revisaría el coche y se sentaría en su Escalarle a esperar... Escuchó pisadas acercándose por el pasillo.

Cerró la puerta con llave y se aplastó contra la pared. Las pisadas se acercaron más. Se detuvieron. Una llave abrió la cerradura. La puerta se abrió. Sasuke, como una pantera, cerró la puerta, echó el cerrojo y agarró a su presa entre los brazos antes de que pudiera reaccionar.

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Sakura se quedó sin respiración. Un fuerte brazo de hombre la sujetaba y la levantaba del suelo. Trató de gritar, pero una mano le tapó la boca. Le dijo algo al oído, pero estaba demasiado aterrorizada para entenderlo.

Recorrieron tambaleándose la habitación, luchando, consiguió clavarle el codo en el estómago. Nada. Volvió a intentarlo. Dos codazos más, pero, aunque se quejó, consiguió mantenerla sujeta. Dio una patada a la mesa, que cayó con un gran estruendo. Una lamparita se hizo pedazos, pero no fue suficiente para que apareciera nadie en su ayuda. Otra patada. Esa vez consiguió golpearlo en la espinilla con el tacón.

De nuevo un quejido de dolor. Lo único que consiguió fue que el brazo que la sujetaba, la apretara con más fuerza.

-Maldita sea -gruñó el hombre, y aquello hizo que su pánico se disparara. Su acento era norteamericano. Así que no había ninguna posibilidad de que fuera un ladronzuelo. Era el hombre que habían enviado a matarla.

Sakura mordió la mano. El hombre maldijo de nuevo. Volvió a morderlo, sabía a sangre. Él le puso la rodilla en la base de la columna y tiró de ella de modo que el cuerpo se le arqueara. Le tapó con la mano la boca y la nariz.

- ¡Para! No quiero hacerte daño.

No. No iba a hacerle daño, por eso la había seguido desde Cartagena, se había colado en su habitación, escondido tras la puerta y atacado. Sus movimientos eran los de un asesino profesional.

Si se creía que diciéndole eso iba a estarse quieta, se equivocaba. Su lucha se volvió más furiosa. El hombre apretó más. La habitación empezó a volverse gris. Luchó por conseguir respirar y logró una preciosa respiración antes de que volviera a cortarle el aire.

-Tú eliges, nena -le dijo al oído-. ¿Quieres vivir o morir? Puedo adaptarme.

Mentía. La mataría, daba igual cómo, pero la mataría. De todos modos, si le seguía el juego, a lo mejor ganaba algo de tiempo. Sakura asintió.

-Chica lista -dijo, y la soltó.

Cayó al suelo como una marioneta a la que cortan los hilos y se golpeó contra la pared con la cabeza. Respirar era lo único que le importaba. Después de un momento, cuando dejó de jadear, miró al hombre que la había agarrado.

Sasuke fue hasta la ventana y se quedó de pie con los brazos cruzados y las piernas separadas. No podía verlo muy bien, pero era evidente su fortaleza y su tamaño.

- ¿Estás bien?

¿Que si estaba bien? Le dieron ganas de echarse a reír. Casi la había matado. Aunque no lo había hecho. No respondió. Lo miró con detenimiento unos segundos, entonces él fue hasta un lavabo que había en un rincón, llenó un vaso con agua y se lo tendió.

-Bébetelo.

Tuvo ganas de decirle qué podía hacer con el vaso, pero eso sólo serviría para empeorar las cosas. Aceptó el vaso, se lo bebió y se lo devolvió. Jugaría a ser pasiva. A lo mejor eso le dejaba un resquicio. Sus dedos rozaron los de ella al tomar el vaso. Su piel era cálida, casi caliente. Estaba congelada, pero era lo normal cuando sales de una subida de adrenalina. Además, todo lo que llevaba era un fino albornoz de algodón. ¿Sabría él eso? Seguramente sí, después de lo fuerte que la había sujetado.

Sakura sintió un escalofrío y se cerró un poco más el albornoz. Ese hombre sería capaz de cualquier cosa.

-Bueno -dijo él con tono suave, casi perezoso-. ¿Quieres decirme algo?

Levantó la vista. Estaba de nuevo frente a la ventana. Era sólo un contorno.

- ¿Qué quieres que te diga?

-Venga, Sakura. No perdamos el tiempo. ¿Por qué fingiste tu propio secuestro?

-Fingir mi qué... -negó con la cabeza-. No sé de qué me hablas.

-De la preocupación de tu novio. Sasori.

Sí. Se habría sorprendido si no se hubiera preocupado. Creyó que te había pasado algo, y lo que había sucedido era que habías decidido huir de él. La única pregunta ahora es ¿dónde está? Se le paró el corazón. Intentó no reaccionar para que su cuerpo no mostrara nada.

- Sakura, hacerse la tonta no ayuda. Te he hecho una pregunta. ¿Dónde está?

-No me estoy haciendo la tonta. No entiendo la pregunta -con cuidado, intentando no hacer nada que le hiciera acercarse a ella, se incorporó ligera mente.

-Será todo más fácil si me lo cuentas.

¿Más fácil? Casi se echó a reír. Una vez que supiera lo que quería, dejaría de ser útil.

-Te lo he dicho -dijo ella con cuidado-. No sé de qué estás hablando.

Fue hacia ella. ¡Era enorme! Y ella estaba allí, tirada en el suelo. Tenía que considerar sus posibilidades. Ser pasiva era una cosa; sumisa, otra. Despacio, con lo ojos fijos en él, se levantó.

-Tengo que vestirme.

La recorrió con la mirada, deteniéndose en la protuberancia de los pechos. Decidió mostrarse un poco más asertiva.

- ¿No me has oído? Quiero vestirme, tengo frío.

-Estamos en Colombia, prácticamente en el ecuador. Nunca hace frío.

-Acabo de ducharme. El agua estaba fría y las toallas húmedas, y yo...

-Húmedas -dijo. Su voz había cambiado. Era más grave. Contuvo la respiración. Mencionar la ducha no había sido una buena idea. Era evidente por su tono y por la forma en que la miraba.

Sakura bajó la vista y vio la marca de sus pezones a través del albornoz. Sintió miedo. Tenía que cambiar de estrategia, personalizar al enemigo. Su entrenamiento había sido corto, pero había aprendido algunas cosas.

-No me... no me has dicho cómo te llamas.

- ¿Importa?

-Sí, importa. Era mejor olvidar la sumisión, la pasividad. Sakura se echó el pelo hacia atrás. -Irrumpes en mi habitación, revuelves mis cosas, me acusas de... de cualquiera sabe qué...

-Y tú -dijo con suavidad- ni siquiera preguntas por qué. Interesante, ¿no crees?

Ya podía verlo con claridad. Era flaco. Sus hombros, embutidos en una camiseta de algodón, eran anchos; su vientre, liso; sus caderas, estrechas; y sus piernas, metidas en unos vaqueros, largas. Tenía un cuerpo de anuncio de coche caro. Lo miró a la cara. Era difícil no reaccionar. Había esperado un monstruo y se encontró con una belleza masculina. Espeso pelo negro. Profundos ojos negros. Una nariz elegante, una boca cincelada y un mentón ligeramente dividido. Contuvo una carcajada histérica. Nada de asesinos feos, ella se merecía un hombre que pudiera romper corazones tan bien como cuellos. Tenía que pensar en algo, y rápido.

-Tienes a Akasuna No realmente embobado.

- ¿A quién?

- ¿Qué te he dicho, nena? No te hagas la tonta. Acabaré enfadándome -dibujó una ligera sonrisa-. A mí no me engañas. Sé cómo eres. Te escapaste con algo para hacer más fácil el viaje.

Le dio un salto el corazón. Había sido muy cuidadosa al copiar la lista y al dejar el original donde estaba. A lo mejor no lo sabía y simplemente estaba pescando.

-Te equivocas -dijo con una voz tan tranquila que ella misma se sorprendió-. No me he llevado nada. Hui de Sasori porque... porque él... no me hubiera dejado romper.

-Ah, de pronto supiste los años que tiene Sasori.

- ¿Esperas que lo admita todo? Irrumpes en mi habitación, me atacas...

- Sakura, Sakura, ¿qué voy a hacer contigo? Mientes. Si te hubieras querido librar de tu novio, ya estarías en los Estados Unidos. Habrías tomado el primer avión a casa.

Piensa, se dijo, frenética. Piensa.

-Habría hecho vigilar los aeropuertos.

-Es un coronel, no es Dios.

-Trata de decírselo a él.

-Para ser sincero, Sakura, no me importa lo más mínimo lo que sientas por ese hombre. Quiero lo que has robado. ¿Vas a decirme dónde está?

- ¿Dónde está qué? -dijo con calma.

-Bien. Lo haremos por las malas. Vístete. Y deprisa. Quiero acabar con esto -ella no quería. En cuanto estuvieran solos en cualquier sitio... Venga, no tenemos todo el día.

-Me vestiré, pero espera fuera.

-Buen intento, nena, pero no funciona -dijo con una sonrisa.

Sakura sintió que se estaba ruborizando.

-No pienso vestirme contigo aquí.

-Sí -su voz estaba recuperando el tono duro-. Lo vas a hacer. Fue hacia ella.

Sakura se echó para atrás, pero se encontró con la pared. Mientras él la miraba a los ojos las manos masculinas fueron hacia el cinturón del albornoz. Ella le dio una bofetada. El la agarró de las muñecas y le levantó los brazos por encima de la cabeza con una mano mientras con la otra deshacía el nudo. Iba a gritar. Sasuke lo sabía. Esa mujer era como un gato salvaje.

-Haz un solo ruido -rugió él- y te arrepentirás.

-Suéltame. ¡Suelta! Maldito...

La hizo callar con lo único que podía: la boca. Gritó contra sus labios mientras trataba de escabullirse. Sasuke se acercó más, sujetó más fuerte la muñeca y endureció el beso. Estaba histérica, gritando dentro de su boca. Estaba aterrorizada, y era lo normal: había engañado a Akasuna No, robado droga y huido hasta aquellas montañas infectadas de bandidos.

Era la clase de mujer acostumbrada a hacer lo que le daba la gana, sin moralidad. Una mujer que utilizaba su aspecto para lograr sus objetivos. ¿Por qué tenía el sabor del cielo? La realidad se hizo borrosa.

Agarró su rostro con una mano y cambió el ángulo del beso, y cuando abrió la boca para gritar, deslizó la lengua dentro. Ella gimió, se resistió. Y entonces... entonces hizo un sonido casi imperceptible. El sonido que emite una mujer cuando se entrega a un hombre.

Sasuke soltó las muñecas y enterró sus dedos entre el pelo. Le alzó la cabeza de modo que pudiera profundizar el beso. Sakura volvió a la acción. Lo golpeó con el puño y levantó la rodilla, buscando su punto más débil, y lo hubiera encontrado si él no hubiera reaccionado tan deprisa. La agarró de las manos, la apoyó en la pared y se apoyó en ella.

Se miraron un largo minuto. Ambos respiraban con dificultad. Entonces, despacio, sujetando aún las manos, Sasuke dio un paso atrás. El albornoz se había abierto durante el forcejeo. Sasuke bajó los ojos para ver la parte descubierta. Unos pechos levantados con pezones rosa pálido. Un tenso ombligo. Un delicado contorno de oscuros y sedosos rizos. Intentó por todos los medios que su expresión no mostrase nada, aunque debería estar ciega para no darse cuenta de que se había puesto duro como una piedra y que su erección luchaba para liberarse de la cremallera. Pensó en poseerla. Allí mismo. Contra la pared. No importaba que ella tratara de negarlo; estaba sintiendo el mismo deseo.

Lo había notado en el beso, escuchado en sus gemidos. Aún lo podía ver en sus ojos llenos de pasión. En los tensos pezones. Todo lo que tenía que hacer era desabrocharse los pantalones, agarrarla de las nalgas y levantarla. Si protestaba sería sólo unos segundos, sólo hasta que estuviera dentro de ella, hasta que empujara, hasta que ella diera un agudo grito y llegara al...

¿Estaba perdiendo la cabeza? Era un trabajo. Un trabajo que no había querido. Estaba traficando con droga o la había robado. Había pasado media vida combatiendo a gente como ella. Además, era la mujer de otro. Ella podía decir lo que quisiera sobre Akasuna No, pero eso no cambiaba el hecho de que pertenecía a ese hombre.

Al diablo con los gemidos. Una mujer podía fingirlos. Sería así seguramente como habría hecho con Akasuna No. Los ojos de Sasuke se oscurecieron de disgusto. Por sí mismo y por la mujer desnuda que tenía delante.

- ¿Así era como mantenías al pobre Sasori ignorante de lo que hacías? -dijo con frialdad-. ¿Haciéndole saber que esto es lo que podría tener algún día?

-No sé qué... Sakura se quedó sin respiración.

Una mano estaba en su pecho, y las yemas de los dedos acariciaban el pezón. Le habían acariciado los pechos antes, pero nunca se había sentido... sentido... El terror inundaba sus sentidos. Terror y algo más, algo infinitamente más oscuro.

-No me lo explico. Cómo un tipo tan inteligente puede portarse como un bobo Sasuke sonrió-. Después vi la casa. La distribución de las habitaciones. Y pensé que era un idiota dejándote dormir sola -inclinó la cabeza y olió el suave aroma a flores de su pelo-. Ahora empieza a tener sentido. Le has manejado como una hembra maneja a un garañón, dándole pistas de lo que podría tener si se portaba bien.

- ¡Estás loco! Nunca... Se interrumpió cuando le agarró el pecho. La palma era áspera; cuando el pulgar acarició el pezón, se echó para atrás... Y sintió una oleada de calor líquido en la parte baja del vientre. El frío, pensó, era el frío, tenía que ser eso, eso y el miedo.

-La cuestión es que Sasori no sabía cómo manejarte -una sonrisa se dibujó en la boca de su captor-. Pero yo sí.

De pronto, Sasuke dio un paso atrás. Sakura se balanceó y agarró los extremos del cinturón del albornoz e intentó atarlos.

-Vístete. Rápido, o lo haré yo.

Mirarlo a los ojos era como mirar un glaciar. Nada de sentimientos, sólo fuerza. Sasuke fue hasta una silla y se sentó. Cruzó los brazos y cruzó las piernas. Se fijó, como si tuviera importancia, en que llevaba botas al estilo del Oeste. Sakura esperó. Lo mismo hizo él. Finalmente, se dio la vuelta y empezó a dejar caer el albornoz.