Sortilegio 3

Capítulo 3

—De nuevo—la voz de aquel hombre sonó firme y fuerte.

El choque de espadas danzantes inundaba el ambiente mientras que la respiración de la chica se hacía cada vez más pesada. Una, dos, tres estocadas y retrocedió blandiendo su espada esquivando el ataque de su maestro.

—¡De nuevo! —ordenó él y la chica nuevamente se lanzó al ataque.

Esta vez el agotamiento tomo control de su cuerpo y al tratar de bloquear el ataque de su maestro soltó la espada y cayó de sentón por el impacto de la fuerza de aquel hombre de cabellos grisáceos.

—Aun tienes que trabajar en tu defensa, te lanzas al ataque sin pensar en tu propia seguridad y eso podría llegar a costarte la vida Lily. Por hoy ha sido suficiente, has estado entrenando duro estos tres días así que te recomiendo descansar antes del combate de mañana, no es bueno que te sobre esfuerces.

—¡Pero Siegfried…! —la rubia intentó quejarse siendo inmediatamente callada por el espadachín.

—¡Lily! Si sigues así solo harás preocuparse más a el príncipe Gilgamesh—replicó el caballero.

—¿Gilgamesh? —su voz sonó algo incomoda al mencionar su nombre.

Recordó que luego de la reunión en la sala del tronó ella le había pedido al príncipe que le encontrara un compañero de combate para comenzar a entrenar inmediatamente. El rubio había hecho una mueca irritada para segundos después dirigirla hacia el caballero más hábil al servicio de su padre, Siegfried, pero luego de eso había dejado de dirigirle la palabra desde que inició su entrenamiento. Cada vez que quería hablar con él Gilgamesh parecía muy ocupado yendo de un lugar a otro y cumpliendo sus deberes, pero Lily sabía muy bien que era una excusa para no hablar con ella.

Leyendo las preocupaciones de la joven Siegfried suspiró pesadamente.

—El joven amo está muy preocupado por ti ¿Sabes? Luego de nuestra primera sesión de entrenamiento me pidió que fuera un poco menos rudo por tus heridas. —comentó el hombre.

Ella rio suavemente luego de escucharlo, fuera o no una mentira piadosa por parte de Siegfried para levantarle el ánimo, ella no pudo evitar sentir una ligera calidez en el pecho que la hizo esbozar una ligera sonrisa.

—Él no está muy de acuerdo con el torneo ¿Verdad? Aunque pensé que quería que yo fuera su guardiana…

—De momento solo esta irritado porque el consejo quiere ponerte a prueba, es demasiado obvio que están haciendo esto con toda la intención de eliminarte como opción a guardiana. Además, también está enojado porque eres completamente ignorante de tu mismo estado, no estás en muy buenas condiciones para combatir mañana y podrías salir gravemente herida del torneo.

—Eso es un riesgo que debo correr—dijo con determinación—Si no soy capaz de demostrar mis habilidades en este estado entonces no seré capaz de defender al príncipe cuando estemos en una situación desventajosa, bajo un ataque el enemigo no esperara a que su objetivo recupere su fuerza o salud.

Siegfried la miró inspeccionándola. Llevaba muy poco tiempo entrenándola, pero había sido suficiente para ser consciente de la forma de ser de Saber. Aún era una niña cuyos sentidos del honor, justicia y responsabilidad estaban fuertemente desarrollados, su temple y razonamiento eran dignos de admirar, como un espadachín ella era sin dudas una virtuosa flor cultivada para ser el epitome de todo lo que un caballero debía ser. Sin embargo, le falta algo muy importante:

Amor propio.

Era dolorosamente obvio que carecía de interés en sí misma, salir herida no importaba siempre y cuando cumpliera sus objetivos y era fácilmente capaz de sacrificarse en pos de estos si eso llegase a ser requerido. Su propia convicción podría llegar a destruirla y Saber lo aceptaría felizmente si era a lo que sus ideales le dictaban. No había egoísmo ni ambiciones en su corazón, por supuesto que eso era algo bueno, pero al mismo tiempo el no desear nada para sí misma, hacía de Lily alguien vacía. Solo sirviendo a alguien más… ella no se daba cuenta de que las personas a su alrededor eventualmente sufrirían al verla hundirse en el camino que ella misma había elegido.

Siegfried dio unas palmaditas en la cabeza a la chica.

—A veces deberías comportarte un poco más como una niña.

Al verlo retirarse del lugar con total calma Saber no pudo evitar llamarlo ligeramente preocupada.

—¡Señor Siegfried el entrenamiento…!

—¡Ya te dije que descanses! —gritó agitando su mano en señal de despreocupación mientras seguía caminando—¡Tomate el resto del día libre y relájate o no duraras no 5 minutos en el torneo de mañana!

Con algo de inquietud Arturia suspiró dándose por vencida, tal vez después de todo Siegfried tenía razón y debía relajarse. No podía negar que estaba muy nerviosa, no tenía ni idea de qué tipo de pruebas enfrentaría y menos si sería capaz de superarlas. Cuando se mostró segura y decidida fue para que Gilgamesh no se preocupara, pero tal parece que no había servido de nada ya que lejos de calmarlo solo había provocado su ira, ahora mismo no sabía de qué manera acercarse al joven príncipe.

Lily camino sin rumbo fijo entre los jardines de pasillo, a decir verdad, no sabía qué hacer, no conocía muy bien el castillo y realmente no tenía ganas de salir a la ciudad. Quería seguir entrenando, pero estaba un poco cansada de ello y las palabras de Siegfried seguían dando vueltas en su cabeza causándole un leve dolor e incomodidad.

"Deberías comportarte un poco más como una niña".

¿Cómo se suponía que hiciera eso? Desde que tenía memoria su definición de normalidad había sido comportarse como alguien que no era, las cosas que normalmente hacían los niños de su edad le resultaban completamente ajenas pues debido a la situación que vivió con su madre a menudo tenía que hacer un sinfín de actividades para ayudarle a su progenitora a solventar sus gastos, después de todo las mujeres solteras no tenían muchas oportunidades de trabajo, en su mayoría eran juzgadas por la sociedad y aisladas.

Sus pensamientos fueron cortados cuando a lo lejos pudo vislumbrar al príncipe dentro del invernadero, pero no estaba solo, sentada frente a él había una linda niña de largos y hermosos cabellos de color verde. Ella y él parecían divertidos hablando relajadamente mientras consumían algunos bocadillos que seguramente los sirvientes les habían ofrecido.

—Woah… ella es muy bonita—murmuró Saber con gran asombro.

—¿Quién? —una voz de tras de ella preguntó sobresaltándola.

Arturia se regañó a si misma por haber bajado la guardia por tan solo un minuto, sosteniéndose su agitado corazón dio una mirada al dueño de aquella voz que segundos antes la había asustado.

—Hahaha, tuviste una reacción muy graciosa—rio divertido—Mmm tú debes ser Saber ¿Verdad?

La susodicha frunció el ceño dándole una mirada suspicaz al niño pelirojo frente a ella, parecía un chico muy sonriente y animado, pero aun así no debía confiarse de su aura carismática. Mas que nada le intrigaba la forma en que se había enterado de su identidad, si bien sabía que algunos sirvientes y caballeros se habían enterado, aun no era del dominio público su identidad como mujer.

—¿Quién eres tú? —preguntó con cautela.

—¡Ah! ¡Cierto! Que desconsiderado de mi parte no haberme presentado primero, mi nombre es Iskandar Alexander Magno Tercero, pero puedes llamarme Alex.

—¡El príncipe de Macedonia! —exclamó sorprendida.

En sus largos viajes había escuchado mucho de él, después de todo al igual que Gilgamesh, Alexander era un futuro gobernante que rebosaba de carisma y encanto, no era extraño que él y el príncipe de Nilonia se llevaran bien.

—Si, él mismo. Gilgamesh, Enkidu y yo somos amigos de la infancia así que hemos venido a visitarlo—comentó con alegría.

—¿Enkidu? ¿Te refieres a la niña linda que esta con el príncipe en el invernadero?

—¿Niña lin…?—de repente su frase se vio irrumpida por una fuerte y estridente risa que llamo la atención de Gilgamesh y la niña de cabellos verdes.

Arturia no entendió el porqué de su risa y frunció ligeramente el ceño mientras el pelirojo no paraba de reír fuertemente.

—¿Creíste que Enkidu era una niña?

—¡¿Eh?! ¡¿No lo es?!

—¡Por supuesto que no! —Alexander hizo su mejor esfuerzo para parar su risa—Enkidu es 100% hombre, me sorprende que no te hubieras dado cuenta, tú también puedes pasar fácilmente por alguien de otro género—divertidamente le dio una palmada en la espalda tomando por sorpresa a la chica, el príncipe de Macedonia no parecía medir su fuerza.

—¡Ah! ¡Es un gusto conocerte al fin Lily!

Enkidu se había acercado a toda velocidad siendo seguido de Gilgamesh que desviaba la mirada tratando de encontrar algo más interesante que la presencia de la susodicha. El peliverde apretó las manos de la rubia en un saludo muy efusivo que termino antes de que ella si quiera pudiera reaccionar.

—¡Gilgamesh nos ha hablado mucho de ti! —el rubio sintió un ligero sobresalto ante la abierta declaración de su amigo— En serio, desde hoy en la mañana no ha hecho más que hablar de ti y ha estado quejándose de que…

—Haha, no le hagas caso a Enkidu está exagerando—comentó cubriéndole la boca al peliverde—Por cierto ¿Cómo va tu entrenamiento Lily?

Ella se sorprendió ligeramente de lo fácil que el príncipe había vuelto a dirigirle la palabra, aunque era muy obvio que sus intenciones eran olvidar el tema que Enkidu había tocado segundos antes, entendiendo la situación, la rubia optó sabiamente por seguir el hilo de la conversación.

—Ah bueno…—su voz sonó algo avergonzada mientras acomodaba un mechón de su cabello detrás de la oreja en un gesto que al príncipe le pareció demasiado linda—Siegfried dijo que debería dejar de sobre esforzarme y tomarme el resto del día antes de los combates de mañana.

—¡Oh! Si tienes el día libre ¿Por qué no damos todos juntos un paseo por la ciudad? —Alexader sugirió animado.

Enkidu se liberó del agarre de Gilgamesh.

—¡Esa es buena idea! Tú eres nueva por aquí y no conoces la ciudad ¿Verdad? ¿Qué tal si te la mostramos? Vivimos aquí con Gil por un tiempo así que ya la conocemos como la palma de nuestra mano.

—Eh… —un tanto nerviosa giró su vista al rubio—Si el príncipe desea ir de paseo entonces…

—¡Decidido! ¡Iremos a dar la vuelta! —comentó Enkidu efusivo sin esperar mayor respuesta por parte de Gil.

—¿Entonces esos son los planes para hoy? —una voz desconocida para Lily preguntó.

Al girarse los chicos vieron a una que a los tres les resultaba figura muy familiar.

—¡Yo! Chicos, largo tiempo sin vernos—saludo una niña de cabellos dorados ligeramente similar a Arturia.

—¡Mordred! —Enkidu chocó palmas con la chica en un saludo extraño que desconcertó a los presentes.

—Mmm… ¿Desde cuándo Mordred y Enkidu son tan buenos amigos? —le preguntó Gilgamesh sutilmente a Alexander.

—Convivían cada vez que ella venia de visita y nosotros estábamos en clases particulares—susurró el pelirrojo.

Gilgamesh recordó que hubo un tiempo en el que Enkidu y Alexader habían estado viviendo con él en el castillo. Sucedió cuando hubo unos altercados en Macedonia y bajo la excusa de que aprender con otro príncipe sería bueno, el pelirrojo fue enviado a vivir con él por lo que las clases y sus entrenamientos los tomaron juntos. Enkidu al ser el sirviente personal y guardián de Alexander había convivido con ellos, pero recibía entrenamiento y clases distintas por lo que, en sus ratos de soledad, cuando casualmente Mordred llegaba de visita al castillo, ambos pasaban su tiempo juntos.

—Oh Lily, déjame presentarte a Mordred Pendragon—el peliverde señalo a la susodicha.

Solo el príncipe de Macedonia pudo darse cuenta del ligero cambio de mueca en la expresión de Lily ante el apellido Pendragon, supuso que era algo normal, después de todo las cosas que se habían oído ligadas a ese apellido no eran favorecedoras. Borrando rápidamente su gesto, ella sonrió falsamente.

—En un placer señorita Mordred—estrechó su mano.

Antes de morir Igraine le había contado absolutamente todo acerca de su ascendencia advirtiéndole que lo mejor era que se mantuviera alejada de la familia Pendragon y especialmente de Morgan, la madre de Mordred. Internamente Lily agradeció que su madre hubiera decidido contarle la verdad, por más dolorosa que esta fuera.

La familia Pendragon siempre fue allegada a la familia real, por lo cual no era raro que Mordred continuamente visitara el castillo, posiblemente su madre dialogaba con el rey en esos momentos. Sin embargo, no toda la familia Pendragon era bien recibida, en años anteriores ese apellido había sido signo de desgracia y calamidad cuando venía acompañado del nombre de Uther.

—Un gusto—mientras estrechaba su mano la rubia inspeccionó de pies a cabeza a Lily—Me pareces un poco familiar…—comentó sin dejar de mirarla.

Arturia se tensó visiblemente pensando que Mordred asociaría su apariencia con aquel hombre cuyo nombre hasta el día de hoy era susurrado con cierto temor.

—Ella es Saber—comentó Gilgamesh.

—¡¿Qué?! ¡¿Hablas en serio?! —exclamó sorprendida—¡¿Saber es una chica?! ¡Genial! —rápidamente tomó las manos de Lily sumamente entusiasmada—¡Mi nombre es Mordred Pendragon, hace tres años yo fui una de las niñas que salvaste en la ciudad de Camelot durante el ataque de los bandidos y desde entonces he querido tener la oportunidad de agradecerte!

—Podríamos decir que Mordred es tu fan, sabe absolutamente todo lo que has estado… ¡Ug!

Un codazo en su abdomen por parte de la susodicha hizo que Enkidu guardara silencio. Puede que no tuviera malas intenciones, pero el peliverde era demasiado hablador para el gusto de sus amigos. O en este caso para el gusto de Mordred y Gilgamesh, pues solía revelar casualmente cosas que los avergonzaban. Por su parte Alexader ignoraba ese aspecto de Enkidu puesto que no había nada que pudiera apenarlo, contrario a los dos rubios, el joven príncipe de Macedonia era muy directo con lo que sentía y pensaba.

—No hay necesidad de que me agradezcas señorita Mordred—comentó con dulzura

—¡Mordred! ¡Solo llámame Mordred, Saber!

Lily trato de mantener su expresión solemne, pero le fue inevitable cohibirse un poco ante el entusiasmo reflejado en los ojos de la animada rubia frente a ella.

—En ese caso por favor dime Lily.

—¡Bien! ¡Ahora que terminamos las presentaciones mostrémosle a Lily la ciudad para que se sienta bienvenida a Nilonia! —exclamó Alexander.

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Ante la efusividad de los chicos Arturia no tuvo más opción que aceptar recorrer la ciudad con ellos. Ella se regañó para sus adentros diciéndose que debería estar entrenando, pero a final de cuentas se dejó llevar por el aura relajada y divertida que emitan los chicos que la rodeaban. Lily era en gran medida alguien muy observadora. Sin que nadie lo supiera, ella se daba cuenta de la situaciones y personas que la rodeaban. Al mirar la forma en que Alexander, Gilgamesh, Enkidu y Mordred se llevaban no pudo evitar sonreír, pero al mismo tiempo sintió una punzada en su pecho.

Si tan solo las cosas hubieran sido distintas ella habría podido vivir como la prima de Mordred, visitar el castillo y conocer a Gilgamesh, convivir con ambos rubios y consecuentemente conocer a Enkidu y Alexander y entonces los 5 crecerían juntos compartiendo un sinfín de momentos divertidos como ese paseo por la ciudad en el cual ellos saludaban conocidos mientras caminaban por la pacifica ciudad.

Hubiera sido una realidad muy linda.

Pero no lo era.

Por mucho que ella lo deseara, sabía que las cosas jamás serian así, incluso ese tiempo de convivencia llegaría a su fin y entonces sufriría en soledad y en silencio. Porque desde el momento de su nacimiento su destino había sido manipulado por un fuerte sortilegio que la encaminaba a un trágico desenlace.

Ya estaba escrito, ella avanzaba ciegamente por un sendero lleno de espinas atravesando una puerta que se abrió en el momento en que decidió convertirse en caballero, pero no era aquello lo que había sellado el futuro que le deparaba fue su encuentro con Gilgamesh aquello que hizo que las ruedas del destino comenzaran a girar lentamente… muy lentamente.

Como si se tratara de una piedra rodando colina abajo, aumentando su velocidad para finalmente importar contra algo que la destruiría.

Arturia Pendragon no era una chica de mente débil, ella no se rompería tan fácilmente pero el desear un destino diferente, el anhelo de encontrar un lugar de pertenecía y el envidiar un lazo cálido que la uniera a alguien preciado eran las pequeñas cosas que poco a poco hacían rasguños en su defensa. Justo como estaba sucediendo en esos momentos mientras veía a esos cuatro chicos convivir muy divertidos hablando de cosas sin sentido.

Parecía como si Enkidu, Alexander, Mordred y Gilgamesh se estuvieran alejando dejándola a la deriva en un lugar oscuro. Esa sensación de vacío que no debería inundarla era precisamente el motivo por el cual trataba de no formar lazos ni pensar en nada más allá de sus deberes como un caballero.

"Está bien, yo puedo con esto" en su mente esa frase se repetía una y mil veces reprochándose a su misma su debilidad, que algo tan trivial la afectara no era normal. Arturia no podía lidiar con la soledad, pero se negaba a aceptarlo porque después de la muerte de su madre siempre había estado sola y por decisión propia se convenció de que así debía ser mientras una parte de si misma seguía buscando algo que no estaba dispuesta a admitir.

—Lily—la voz de Gilgamesh la sacó de sus pensamientos ¿En qué momento el joven príncipe se había puesto frente a ella? —¿Te encuentras bien?

El tono de preocupación en el rubio le hizo saber a Saber que habia estado espaciando por algunos minutos.

—Si, lo siento ¿Qué era lo que decían? —preguntó tratando de retomar el hilo de la conversación, por un momento casi se olvida del panecillo que segundos antes Alexander le había regalado luego de comprar una docena en la panadería.

Probó el alimento recién horneado disipando sus pensamientos, sonrió al sentir en su boca el sabor tan exquisito de ese panquecito.

—¡Ah! ¡No me había dado cuenta, pero Gil es bastante enano! —soltó Enkidu de la nada haciendo que el susodicho se atragantara con él pan.

—¡¿De qué rayos estás hablando?! —riñó enojado el príncipe de Nilonia.

—A decir verdad, es cierto, no me había dado cuenta, pero eres más bajito que Lily—dijo Alexander señalando la obvia diferencia de alturas.

—¡Silencio! ¡Es solo porque las niñas crecen primero! ¡En unos años seré más alto que Saber! ¡ya lo verán! —gruño irritado mientras las burlas solo acrecentaban esta vez con Mordred uniéndoseles.

Y mientras Gilgamesh replicaba irritado Arturia sonrió afable, mirando hacia el cielo se preguntó de qué manera serán ambos dentro de algunos años.

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Continuara