Los personajes no me pertenecen, son creaciones del mangaka japonés Masashi Kishimoto y la historia es una adaptación del libro "Cautiva en su cama" de Sandra Marlon.
Capítulo 5.
El sonido de la alarma trajo a Sakura de vuelta a la realidad. Se resistió al abrazo de Sasuke. En lugar de soltarla, la abrazó con más fuerza y la llevó de prisa a una habitación llena estanterías de libros al final del pasillo. Una ligera presión de la mano y una de las secciones de la estantería se abrió dejando ver una pequeña sala iluminada. La puso de pie.
-Hay un botón en la pared detrás de la puerta. Hace que se cierre desde dentro. Aprieta el botón, deprisa.
-Pero...
-Nada de peros. Haz lo que te digo, y rápido -la empujó dentro de la habitación y sacó el arma que lleva en el cinturón-. Cierra la puerta.
-No, Sasuke... La miró con los ojos más heladores que había visto jamás.
-Lo único que serías es un estorbo. Sin advertir las lágrimas que llenaban sus ojos, la expresión de Sasuke no cambió, pero se inclinó sobre ella y le dio un beso rápido y fuerte.
- ¡Cierra! -dijo, dando un paso atrás. Apretó el botón.
La puerta, tan pesada como la de la caja fuerte de un banco, se cerró apartándola del mundo exterior y de la sirena de alarma. Un silencio enervante la envolvió. Sakura se abrazó a sí misma mientras le castañeteaban los dientes. ¿Qué estaría pasando fuera? Apoyó la oreja en la puerta y sintió el beso del frío acero en la mejilla. Todo lo que podía escuchar era el sonido de sus propios latidos.
Se echó para atrás. ¿Qué clase de habitación era ésa? Puerta y paredes de acero. Nada de ventanas. Un teclado electrónico, luces de todos los colores parpadeando. Un reloj que mostraba las horas del mundo, un montón de monitores, teléfonos móviles, algo parecido a un fax, otros aparatos electrónicos que no pudo identificar.
Dos paredes estaban cubiertas por armarios. Los abrió y vio latas de comida, botellas de agua, material de primeros auxilios... Y armas. Pistolas, fusiles automáticos. Munición. Todo eso, además de la pistola que llevaba Sasuke. El arma que llevaba con él cuando iba a hacerle el amor. Empezó a temblar. ¿Por qué se sorprendía? Sabía lo que era, aunque lo hubiera olvidado unos minutos. Él no lo había olvidado.
«Lo único que serías es un estorbo». Un escalofrío le recorrió el cuerpo. Tenía frío. Mucho frío. ¿Cuánto tiempo estaría atrapada en ese lugar? ¿Qué ocurriría si le pasaba algo a Sasuke? El botón activaba el cierre, había dicho él, pero ¿y si algo iba mal? ¿Qué pasaba si no.…?
Sonó algo en la pared. Sakura miró alrededor y apretó la oreja contra la puerta. El sonido volvió a escucharse. Con una lentitud desesperante la puerta se abrió. Sasuke apareció ante ella con las manos en las caderas y una mirada sin expresión. Ninguna herida. Nada que se pudiera apreciar. Era un error sentir semejante alivio. Un error desear lanzarse a sus brazos, pero estaba empezando a comprender demasiado bien las cosas tan extrañas que el estrés podía provocar que hicieras en situaciones como aquella.
-Puedes salir.
- ¿Qué ha pasado? ¿Por qué ha saltado la alarma? La expresión de su cara cambió. Pareció... ¿tímida?
-Ha sido un accidente. Evalina...
- ¿Evalina?
-Sí. Evalina vio el Escalarle entrar en la villa y decidió acercarse a ver si era yo, pero no le dio tiempo a introducir el código de seguridad en la alarma. Evalina, pensó Sakura, y se odió a sí misma por el ataque de rabia que la recorrió.
-Sabe que no he estado aquí desde... desde hace mucho, así que cuando vio el todoterreno...
-Estaba demasiado emocionada como para hacer las cosas bien - Sakura se echó a andar-. Qué alegría para tu...
La mano de Sasuke se cerró sobre el hombro de Sakura.
- ¿Qué pasa, nena? -su voz tenía un tono divertido-. ¿Celosa?
-Triste porque una mujer pueda estar tan contenta de verte que irrumpa en tu casa.
El rostro de Sasuke se llenó con una sonrisa.
-Estás celosa.
-Ya quisieras.
-Evalina -dijo- es mi ama de llaves.
Su ama de llaves. La explicación hizo que sintiera un gran alivio, lo que sólo consiguió enfadarla más. ¿Por qué tenía que importarle?
-Viene cada semana y limpia la casa.
-No me importa lo que hace o lo que no.
-Tienes razón -dijo, volviéndola hacia él-. Si fuese mi amante, no lo ocultaría. Y ni siquiera te hubiera tocado. Sakura sintió que le ardía la cara.
-Un incidente desafortunado -dijo en tono duro.
- ¿Que te tocara? -una sonrisa fría se dibujó en sus labios- ¿O que respondieras tú?
Supo por el fuego en sus mejillas que ella conocía la respuesta perfectamente. Pero se apartó de él. Le dejó hacerlo. Lo que había ocurrido antes era justo lo que ella había dicho, un incidente desafortunado, y estaba seguro de que no debía volver a suceder. La mejor forma de asegurarse era mantener las manos lejos de ella.
-Supongo que querrás lavarte -dijo, señalando con la cabeza-. El servicio está ahí. Te esperaré.
-No hace falta que me esperes.
-Claro que sí -dijo con una sonrisa-. Un caballero siempre acompaña a una dama a cenar.
- ¿Hay algún caballero aquí? No me he dado cuenta. Además, no tengo hambre.
- ¿Te da miedo mi cocina? No te preocupes, Evalina está haciendo la cena.
-Te he dicho que no tengo hambre.
-Muy bien. Puedes sentarte y mirarme comer.
-No pienso hacerlo.
-Sí -dijo en tono serio-, lo harás. Te sentarás cuando me siente, caminarás cuando camine. Harás lo que yo haga o te ataré, te dejaré aquí y desactivaré el botón de apertura. Se llama una habitación segura -dijo, leyendo la pregunta en sus ojos.
-Bueno, a lo mejor tengo algo de hambre.
-Sí -dijo con una sonrisa-, eso es lo que creo.
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Había un comedor, pero Sasuke dijo que comerían en la mesa de la cocina. El rey, pensó Sakura, haciéndose el humilde ante sus súbditos... y eso que Evalina lo trataba sin ninguna formalidad. Era una mujer alegre que hablaba incesantemente mientras preparaba y servía la comida. Sakura sólo podía entender algunas cosas de las que decía. Había estudiado español dos años en la universidad y luego un curso intensivo antes de ir a trabajar con Sasori a Colombia, pero cómo hablaba la gente en los sofisticados restaurantes y oficinas de Cartagena tenía poco que ver con el acento indígena de Evalina.
Sasuke, sin embargo, se adaptaba con facilidad. Reía y bromeaba, y Evalina se ruborizaba de placer cada vez que lo hacía. Era fácil apreciar que a Evalina le gustaba ese hombre. Si simplemente supiera quién era realmente Sasuke, pensó Sakura mientras masticaba. La comida era estupenda, y resultó que estaba muerta de hambre. Todo lo que había tomado desde la noche anterior había sido un café. Y ya era de nuevo de noche.
Dejó escapar un suspiro de alivio. Menos mal que estaba Evalina. Saber que el ama de llaves dormía bajo el mismo techo, seguramente impediría que Sasuke... ¿Qué hacía aquella mujer?
- ¿Evalina? -el tenedor de Sakura golpeó contra el plato-. Evalina, espera... demasiado tarde. Un alegre balanceo y el ama de llaves desapareció tras la puerta de la cocina. Sakura miró a Sasuke-. ¿Adónde va?
-A su casa.
Sasuke se estaba terminando su sancocho y su acepa y parecía que la comida ocupaba toda su cabeza.
- ¿No vive aquí?
-Vive en un pueblo a tres kilómetros.
-Creía que...
-Me imagino lo que creías -dijo, dejando el tenedor en el plato y limpiándose los labios con la servilleta-. Siento defraudarte, pero tú y yo vamos a pasar la noche solos.
El hombre que había bromeado con Evalina y alabado su cocina, había desaparecido. Había sido reemplazado por el extraño que la había raptado horas antes. Sakura se obligó a mirarlo a los ojos.
-Si intentas algo conmigo -dijo ella-, te mataré.
Una sonrisa perezosa se dibujó en los labios de Sasuke.
- ¿Me qué? ¿Con tus propias manos?
Si hubiera sido una agente de verdad, hubiera podido. Los agentes aprendían cosas así. Pero a ella la habían entrenado menos de dos semanas, la habían sacado de su tranquilo despacho en Inteligencia y la habían lanzado a una pesadilla. De todas formas, no había que ser un espía para saber que achantarte en un farol era un error.
-Haré lo que tenga que hacer -dijo con una frialdad que a ella misma le pareció admirable.
La sonrisa desapareció del rostro de Sasuke mientras empujaba su silla y se ponía de pie.
-En ese caso -dijo con suavidad-, empecemos.
Demasiado para seguir con el farol. La mano de él se cerró sobre su hombro. Trató de no responder a la presión.
-Levántate, Sakura.
-No -el aire no le llegaba a los pulmones-. Te juro que si...
- ¡Levántate! El dolor era casi insoportable.
Apretando los dientes hizo lo que le ordenaba. La sacó de la cocina, recorrieron el pasillo y volvieron a la biblioteca. ¿Iba a en cerrarla en la habitación segura?
-Siéntate.
Se sentó casi derrumbándose en una silla que había en frente de una enorme chimenea. Sasuke se dirigió a un mueble, sacó una botella y llenó dos copas. Le tendió una. Sakura miró la copa como si fuera a empezar a arder en cualquier momento.
-Por favor -dijo con voz ronca-, es brandy. Mira -se acercó una copa a los labios y bebió un sorbo, después hizo lo mismo con la otra y volvió a ofrecérsela-. Bebe. A lo mejor así recuperas algo de color en la cara.
Aceptó la copa y bebió un pequeño sorbo. El brandy era estupendo, cálido y delicioso. Cerró los ojos y dejó que su calor bajara por la garganta, después degustó el sabor en los labios. Cuando levantó los párpados, vio a Sasuke, mirándola. Siguiendo el recorrido de su lengua a lo largo de los labios. Sus ojos se encontraron.
- ¿Mejor? -dijo con voz áspera.
Ella asintió, y Sasuke se sentó en frente de ella mientras hacía rodar la copa entre las palmas de las manos para calentar el brandy antes de llevárselo a los labios.
-Es hora de hablar de negocios. El corazón le latía desbocado, y trató de no aparentar miedo.
-No tenemos ningún negocio de qué hablar.
-Te equivocas -dijo, entornando ligeramente los ojos-, sí lo tenemos.
La copa que Sakura tenía entre las manos, empezó a temblar. Lo que tenía que hacer era mantener la calma. Impresionarle con su sinceridad.
-Mira -dijo, intentando parecer sincera-. Entiendo que Sasori te contratara para encontrarme. Me has encontrado. Díselo. Llámalo y dile que has cumplido con el trabajo que te encargó y después... después dile que no pienso volver a Cartagena ¿habría parecido sincera o desesperada? -. Después deja que me marche. Sasuke sonrió en silencio, y dijo:
-Tú te marchas y yo vuelvo a Cartagena con las manos vacías.
-Te pagará, verá que has hecho tu trabajo.
-No me paga por esto. Sakura abrió desmesuradamente los ojos a causa de la sorpresa. - ¿Entonces por qué...?
- ¿Por qué huiste? Se puso de pie, y dijo:
-Ya hemos hablado de eso. Le dejé.
-Huiste. Es diferente. Quiero saber la razón.
-No es de tu incumbencia.
Sasuke se puso en pie también. Un segundo después la tenía sujeta contra la pared por los hombros.
- ¿Te ha pegado?
-No.
- ¿Ha abusado de ti?
-No. Maldita sea, apártate de mí.
- ¿Por qué te convertiste en una ladrona?
El corazón de Sakura casi se detuvo. Pensó en el minidisco de ordenador escondido en el fondo de su bolso y en la información que contenía.
-No sé de qué me hablas.
-Dame un respiro, nena. Akasuna No me lo contó todo. Te pilló utilizando el correo de la embajada para pasar cocaína. Se jugó el cuello para salvarte, y tú se lo pagas huyendo de él -sus dedos se le clavaban en la piel-. Él no sabe por qué, pero yo sí. Escapaste con un alijo de coca.
¿Se reía? ¿Lloraba? ¿Qué era mejor, que Sasuke pensara que había robado droga... o que supiera que lo que realmente había robado metería a Sasori Akasuna No y al jefe de un cártel en una prisión federal? Daba lo mismo. No podía contarle nada. Además, ¿qué le importaba? Su trabajo era encontrarla y llevarla de vuelta a Cartagena. No iba a volver de ningún modo. Sabía demasiado bien lo que le esperaba allí.
- ¿Dónde está? ¿Dónde escondiste la mercancía?
-Sasori te mintió -dijo, mirándolo fijamente a los ojos-. Te contó esa historia para que me buscaras y me llevaras de vuelta, pero no es verdad. Nada de droga, huía de él, porque... porque no me dejaba tranquila. Sasuke torció el gesto.
-Aquellas habitaciones separadas -dijo con suavidad-. Diablos, ¿cómo voy a reprochárselo? Eres su prometida. Tragó con dificultad y pensó que a lo mejor la verdad, al menos la parte de ella que podía revelar, funcionaba.
-Trabajaba para él en los Estados Unidos. Cuando vine a Cartagena como su asistente personal, me dijo que tenía una casa enorme con muchas habitaciones vacías y que todo sería más sencillo si me trasladaba a vivir allí -más fácil para ella conseguir encontrar los trapos sucios que la Agencia quería, pero eso no podía revelarlo.
¿Sería verdad? Sasuke entornó los ojos. Eso explicaría las habitaciones separadas, pero tampoco había nacido ayer.
-Es una bonita historia.
-Es lo que realmente ocurrió. Estuvo bien durante un tiempo, pero entonces... empezó a decir cosas. Hacer cosas... -eso también era verdad, sólo recordarlo le daba arcadas, y a partir de ahí tenía que decorar la historia-. Le dije que mandaría un informe.
- ¿Y?
-Y dijo que nadie me creería. Que yo no soy nadie. Que él es un coronel con una brillante hoja de servicios. Sasuke la soltó y dejó caer los brazos.
-Así que decidiste escapar.
-Sí.
-Hacer un viajecito por una zona llena de bandidos e insurgentes -apretó la mandíbula-. Exactamente lo que hace la mayoría de las mujeres cuando su prometido sugiere un asuntillo.
- ¿Has escuchado una sola palabra de lo que te he dicho? No es mi prometido.
Sasuke sonrió con frialdad. No la creía. Bueno, ¿por qué iba a hacerlo? Tenía razón, su historia estaba llena de agujeros, pero ¿qué más iba a decirle? Sería mucho más peligroso olvidar que trabajaba para un hombre que quería lo que ella tenía con la suficiente fuerza como para matarla.
Sasuke estaba jugando con ella al poli bueno y al poli malo. Nadie había oído nunca que la misma persona fuera la que hacía los dos papeles... y menos si descubría que su prisionera temblaba cuando la tocaba. De pronto todo parecía más claro. La oscuridad que se cerraba alrededor de la casa. El silencio. El aparentemente interminable bosque y las montañas que los separaban del resto del mundo. El hombre que estaba a unos pocos centímetros de ella de pie con los brazos cruzados de modo que se apreciaba cada músculo de su torso.
El corazón de Sakura empezó a latir a toda velocidad.
-Es tarde. Estoy agotada. ¿Has planeado dejarme ir a dormir o va a seguir el interrogatorio hasta que me desmaye?
- ¿Interrogatorio? -sus labios se separaron y dejaron ver los dientes-. Nena, no tienes ni idea de lo que esa palabra significa. Lo nuestro es sólo una conversación -miró el reloj-. Pero tienes razón. Es tarde y ha sido un día demasiado largo. Diría que sí, que es hora de decir que es de noche -hizo un gesto con la cabeza en dirección al pasillo-. Vámonos a la cama.
Esa vez el corazón se le subió hasta la garganta.
- ¿Qué... qué significa eso?
- ¿Por qué, cariño, qué crees que significa? La agarró del codo, pero ella se negó a moverse.
-No voy a dormir con usted señor Knight.
-Puedes apearme el tratamiento, nena. Mi nombre es Sasuke. Considerando las circunstancias creo que podemos dejar a un lado las formalidades.
-He dicho...
-Sí. He oído lo que has dicho -endureció el tono y la fuerza de la mano sobre el codo-. Creo que ya hemos hablado de esto. Harás lo que te diga.
-No -la voz era temblorosa, pero le sostuvo la mirada-. No pienso dormir con... Gimió cuando la mano se deslizó hasta la muñeca y los dedos se clavaron en su piel.
-Vamos.
-Sasuke, por favor...
-Ya está bien -rugió, y la levantó y se la echó al hombro.
Chillando, lo golpeó con los puños en la espalda. La ignoró y la llevó a través de la casa a oscuras hasta el interior de una enorme habitación donde la dejó de pie en el suelo y encendió las luces.
-Mi habitación -dijo sin entonación-. Espero que se encuentre cómoda, señorita.
- ¡No hagas eso! No eres la clase de hombre que... que...
- ¿No lo soy? -Sasuke cerró la puerta y se volvió hacia ella-. De momento me has acusado de ser un gorila, de asesino a sueldo. ¿Por qué no añadir violador a la lista?
-Porque -dijo con el corazón desbocado-. Porque...
-No importa -pasó a su lado, la rozó y se dejó caer en los almohadones que había en la cabecera de la enorme cama-. Estoy demasiado cansado para esta mierda. Si quieres hacer que esto parezca una violación es tu problema -bostezó, cruzó las manos detrás de la cabeza y se quitó las botas sacudiendo los pies-. La ducha está ahí. Tú primero.
-Si de verdad crees que voy a.… a prepararme yo misma para... para...
- ¡Madre mía! -rugió Sasuke.
Sakura se echó para atrás. Demasiado tarde. La agarró, la arrastró al baño que era más grande que muchas casas y abrió la ducha que tenía el tamaño suficiente como para celebrar una fiesta.
-Quítate la ropa.
-No.… te he dicho...
-Entonces lo haré yo.
Sakura gimió y enseñó los puños, lo que hubiera hecho reír a Sasuke si no hubiera estado tan cansado. En su lugar, apartó los puños como si hubieran sido moscas, la desnudó con una eficacia médica: le sacó la camiseta, las sandalias, desabrochó los vaqueros y se los sacó por las piernas. Ella se resistió.
Dio puñetazos, patadas, gritó lloró y le llamó de todo. La verdad es que no podía reprochárselo, pero estaba agotado e irritable. Sobre todo, parecía haber olvidado cómo pensar con claridad. Tenía que averiguar si era verdad lo que decía Akasuna No, o había algo más. La tenía allí delante en bragas y sujetador. Suficiente, pensó, y la soltó.
-Muy bien -dijo serio-. Mi turno. Empezó a quitarse la camisa. Sakura dio un grito de susto y se puso de cara a la pared.
-Maldita sea -juró Sasuke, y cerró la puerta. Después la levantó y la metió en la ducha. Se acabó de quitar la camisa. Se desabrochó los pantalones. Se miró y decidió dejarse puestos los Jockeys porque, a pesar de lo cansado que estaba, todavía era posible que ella tuviera un efecto predecible en él.
Después entró a la ducha y cerró el cristal de la mampara. Sakura se echó hacia atrás. El aspecto de su rostro casi le hizo reír. La primera vez que había estado en aquella casa, en una habitación de invitados, el oficial propietario de la casa despertó a todo el mundo bien temprano con el grito que dio. Todo el mundo fue corriendo. Encontraron al tipo en aquella ducha, con la espalda pegada a la pared y una serpiente del tamaño del Amazonas en medio del suelo.
La cara del tipo era la misma que tenía Sakura en ese momento. Sasuke pasó a su lado, agarró una pastilla de jabón de una estantería, hizo un gesto como si fuera a lavarla y después agarró un par de manoplas. Sakura no se movió. Enjabonó una de las manoplas y se la pasó por la cara, por el cuerpo para quitarse el polvo y el sudor de todo el día. Sakura lo observaba del modo que un antropólogo miraría un ritual de alguna tribu.
Se inclinó a por el champú. Se echó una buena cantidad. Se frotó, pero no como le hubiera gustado, con los ojos cerrados y la cabeza hacia atrás porque si cerraba los ojos en aquel lugar tan reducido probablemente se llevaría una patada en los genitales.
Terminó y le tendió la otra manopla y el jabón. Con la boca apretada y los ojos entrecerrados, Sakura aceptó lo que le ofrecía. Frotó el jabón contra la manopla y empezó a lavarse: la cara, el cuello, los brazos. Mientras tanto el agua escurría por su piel y formaba un rosario de gotas por encima del sujetador. Sujetador que al empaparse era traslúcido. Sasuke podía ver los pezones. Bajó la vista. Las bragas también estaban empapadas. La oscura sombra de los rizos del pubis era claramente visible. Y el aroma del jabón... ¿Por qué no olería así en él? Cambió de postura. «Sal de la ducha», se dijo, «ahora mismo, idiota». En lugar de salir, se dedicó a mirarla mientras se lavaba el pelo con la cabeza echada hacia atrás y el agua cayéndole en la cara.
Sasuke gimió. Sakura abrió los ojos. Lo miró a la cara y después fue bajando la vista hasta los bóxer. Hasta el sobresaliente bulto debajo de ellos que no hubiera podido reprimir, aunque su vida dependiera de ello. Levantó la vista. La impresión de lo que vio en el rostro de Sakura lo sacudió como una descarga eléctrica. A Sakura se le cayó de las manos el bote de champú.
-Yo lo recogeré -dijo él. Se agachó, agarró el bote, se irguió y colocó el bote en el estante del único modo posible, acercándose más a ella.
-Te has olvidado algo -dijo con voz ronca.
- ¿Qué? -preguntó ella.
-Te has dejado espuma en un hombro. Sakura no se movió. Sasuke se acercó más y le limpió el hombro con las yemas de los dedos, después inclinó la cabeza y apoyó la boca en la piel. Aquella piel húmeda y aromática. El sonido que salió de la garganta de ella fue tan suave como el susurro del viento.
- ¿Sabes por qué había espuma en tu hombro? -dijo él, Sakura negó con la cabeza mientras lo miraba fijamente a los ojos-. Porque no puedes ducharte como es debido con la ropa puesta. Buscó tras ella, encontró el cierre del sujetador. Sakura empezó a temblar mientras lo abría y bajaba lentamente los tirantes por los brazos. Sasuke inclinó la cabeza y la besó en el cuello.
Besó la curva de uno de los pechos, después se metió uno de los pezones en la boca. Sakura gimió. Levantó las manos y apoyó las palmas en el pecho de él. Sasuke deslizó los pulgares dentro de la cintura de las bragas. Despacio las bajó por las caderas. Siguió bajando hasta que ella sacó primero un pie y después el otro. Sasuke besó los empeines. Los tobillos. Alzó la cara, besó los muslos y enterró el rostro entre ellos. Entre aquellas curvas tan femeninas. Inhaló el aroma del jabón y del deseo.
- Sakura -susurró, y separó los labios de su sexo con la lengua, buscando el pequeño y exótico capullo que se escondía entre ellos.
Cuando lo encontró, ella gritó de un modo agudo y salvaje tan excitante como su sabor. Mientras lo agarraban del pelo, movía las caderas y gemía, Sasuke supo que estaba a punto de llegar al clímax, y él no quería que eso sucediera, no quería que aquello terminara antes casi de empezar.
Se puso en pie, agarró su rostro con las dos manos y la besó profundamente. Cerró el agua, la tomó entre sus brazos y se dirigió a la habitación.
