Los personajes no me pertenecen, son creaciones del mangaka japonés Masashi Kishimoto y la historia es una adaptación del libro "Cautiva en su cama" de Sandra Marlon.

Capítulo 6.

La luz marfil de la luna bañaba la enorme cama. Sasuke la llevó hasta allí y la depositó encima de un mar de lino blanco. Ella le abrió los brazos, y Sasuke susurró su nombre mientras se sumergía en su abrazo. La besó una y otra vez. Su sabor a miel llenó sus sentidos; podría besarla durante toda la eternidad, pensó, y nuca se cansaría.

Mordió suavemente su labio inferior, Sakura gimió, y Sasuke suavizó su besó antes de deslizar la lengua en el interior de su boca. Volvió a gemir ante la dulce invasión. Ese sonido tan delicado, el arco que su cuerpo describía, hizo a Sasuke cerrar los ojos de placer. Los pechos presionaban con fuerza contra su pecho. Sasuke agarró uno y pasó el pulgar por el pezón, sintiendo un enorme placer al escuchar de labios de Sakura un gemido de excitación.

- ¿Te gusta cuando te acaricio el pezón? -preguntó con voz ronca. Respondió agarrándole la cabeza y besándolo con la boca abierta. ¡Si seguía así, aquello no iba a durar mucho! El sexo estaba totalmente relacionado con el placer, pero no tenía nada que ver con perder el control, no hasta el último instante de liberación.

Y, sin embargo, estaba a punto de perder el control en ese momento. Podía sentir que iba a suceder, podía oír el latido de su sangre. Tenía una erección tan completa, que casi le dolía. Nunca, en toda su vida, había deseado a una mujer como deseaba a Sakura. Todavía con el pecho en la mano, Sasuke tomó el pezón entre sus dientes y después se lo metió en la boca. El grito de ella taladró el silencio de la noche.

- Sasuke -susurró-. Oh, Sasuke...

Se colocó encima de ella y recorrió su cuerpo con la mano. Su piel de satén olía a deseo. Ella tenía las manos sobre él, sus dedos recorrían los hombros y el pecho, acariciaban su vientre, cada vez más abajo, más abajo... hasta que Sasuke contuvo la respiración, adelantando dónde le acariciaría en ese momento.

Era más de lo que podía soportar. Tenía que detenerla, pensó, y cerró su mano alrededor de la de ella... Y le mostró cómo tenía que mover aquellos delicados dedos a lo largo de su sexo para llevarlo a una exquisita locura. Casi sin respiración tomó la mano de ella, se la llevó a la boca y la besó.

-Todavía no -dijo-. Todavía no, corazón.

La agarró de las muñecas y le puso los brazos por encima de la cabeza. Besó la suave piel que dejaba a la vista, la mordisqueó, la recorrió con la lengua hasta que llegó de nuevo a los pechos. Deslizó la mano libre entre sus muslos. El grito de Sakura casi le hizo llegar al orgasmo.

Ese sonido, de mujer rendida, y la sensación de su humedad en la mano casi le hizo perder el rumbo. Sasuke cerró los ojos y se concentró en mantener la compostura. Sakura temblaba debajo de él. Murmuraba su nombre mientras se movía y se frotaba contra su mano.

-Sakura -dijo, y empezó a acariciar el clítoris con los dedos. Se volvió loca, retorciéndose, levantándose para besarlo, luchando para soltarse las muñecas.

-No -murmuró-, Sasuke, no...

-Sí -dijo él, soltando las muñecas y pasándole las manos por debajo.

Levantándola y separando sus muslos de modo que fuera enteramente vulnerable. Era tan hermosa, ahí, en su mismo centro. Los pétalos de sus labios, el frágil capullo entre ellos... Besó aquel capullo, lo lamió, lo envolvió con su boca. Sintió la intensidad de la respuesta, los gemidos, los suspiros, y cuando Sakura dio un largo y agudo grito, la envolvió con su abrazo y sintió algo en su interior, algo que tenía menos que ver con el sexo que con la felicidad. Levantó su cuerpo y la sostuvo cerca de él mientras ella se abrazaba y lloraba.

Después agarró su rostro y la besó, y cuando sus ojos se encontraron, cuando vio en sus labios formarse su nombre, entró en ella de un solo empujón. Las caderas de Sakura se levantaron de la cama mientras sus piernas rodeaban la cintura de Sasuke.

- Sasuke -dijo con la voz rota, y él empezó a moverse despacio, entrando en esa seda caliente, saliendo después.

El ritmo se fue acelerando, los gritos de ella fueron incrementándose, y él sintió que empezaba, sintió la increíble tensión, el incremento de energía. El largo ascenso hasta la cima y después el momento de quedarse suspendido en el límite del mundo... Sakura empezó a temblar. Mientras sus manos se aferraban a los bíceps de Sasuke vio cómo los ojos de él se hacían borrosos por lo que le estaba pasando a ella, a los dos...

Entonces, sólo entonces, Sasuke dejó caer la cabeza hacia atrás y reprodujo el grito de ella mientras se lanzaba al precipicio.

::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::

Estaban acostados en una maraña de sábanas y luz de luna, dos extraños abrazados. Una corriente de aire fresco llegaba hasta ellos procedente de un ventilador en el techo. A lo mejor fue por eso por lo que Sakura de pronto sintió frío... 0 a lo mejor era algo más.

A lo mejor era el súbito retorno a la cordura. Abrió los ojos y miró al techo sombrío. Sintió el peso del cuerpo de Sasuke sobre ella... y se le enfrió la sangre. ¿Había perdido la cabeza? Se había acostado con dos hombres en toda su vida.

Un chico con el que había salido en la universidad y un hombre con el que casi había llegado a comprometerse. Los había tratado durante meses antes de dejar que las cosas llegaran tan lejos. Conocía a Sasuke Knight desde hacía menos de veinticuatro horas. Y no era un guapo universitario ni un potencial novio. Era... era un gorila contratado para llevarla a Cartagena de cualquier modo. Contratado por un hombre que quería lo que había en su ordenador. Lo quería lo bastante como para matarla. Debía de haber hecho algo, algún ruido, porque Sasuke alzó la cabeza y la miró.

- ¿Qué pasa?

-Nada -dijo ella rápidamente-. No pasa nada.

- ¿Te peso mucho? -dijo, y rodó a su lado.

Sakura empezó a separarse de él, pero Sasuke la abrazó.

-Eh -dijo con suavidad.

Sakura forzó una sonrisa. La besó suavemente. ¿Cómo podía ser un hombre semejante así de tierno?, se preguntó.

- ¿Seguro que estás bien? -preguntó él.

No, pensó, no lo estoy. Pero sabía que no podía responder así.

-Sí, estoy bien.

-Porque -soltó una carcajada-, porque si ha sido demasiado rápido...

No era eso. Había sido maravilloso. Increíble. Sexo con un hombre que la había raptado...

-No -dijo ella-. No, ha estado bien.

-Ah -dijo él con solemnidad-. Lo conseguí. Tú estás bien, y el sexo ha estado bien. Así que, veamos, en una escala de uno a diez, ¿cuál es la nota? ¿Un cuatro?

-No. De verdad. Sólo quería decir...

-Querías decir -dijo tranquilamente- que no sabes qué demonios haces aquí acostada entre mis brazos.

Sintió que el rubor le llenaba la cara.

-Yo no... -se aclaró la voz-. Realmente no quiero hablar de ello, Sasuke.

Trató de moverse, pero los brazos de él la envolvieron con más fuerza.

-Bien -el tono se endureció-. Yo tampoco porque tampoco tengo ninguna respuesta -la hizo rodar de modo que quedara boca arriba con los brazos a los lados-. Todo lo que sé es que quise hacerte el amor en cuanto te vi.

- ¿Eso fue antes o después de que irrumpieras en mi habitación? La agarró de la barbilla y le obligó a mirarlo.

-Sí -dijo bruscamente-. Entré en tu habitación. Te obligué a venir conmigo -ella intentó separarse de él, pero no le dejó-. Y todavía tienes algo pendiente en Cartagena. No sé lo que es, ni siquiera sé quién eres -tensó la mandíbula y la recorrió con la vista-, pero nunca me ha gustado una mujer como me gustas tú.

-Eso es encantador. ¿Siempre fun...?

Gimió cuando la besó. Intentó resistirse, pero él no tuvo piedad, hasta que, para su propio espanto, se descubrió a sí misma devolviéndole el beso y sintiendo cómo se le aceleraba el pulso.

- ¿Ves? -susurró mientras la acariciaba-. A ti te pasa lo mismo.

-No, ¡no! Tú no me gustas. Yo no... La besó ligeramente.

-De un modo u otro -dijo él-, he sido un soldado toda mi vida. Vivo con un código. Llámalo de honor o llámalo disciplina, da lo mismo. Cumplo mis compromisos.

-Eso quiere decir -dijo ella con un hilo de voz que no espere un tratamiento especial sólo porque nos.… nos...

-Quiere decir -dijo áspero- que es la primera vez que he roto ese código. No debería haberte hecho el amor -suavizó la voz, le apartó el pelo de la cara, y cuando la besó fue de un modo tan dulce, que Sakura sintió que se le derretía el corazón-. La verdad es que no sé qué viene a continuación. Sólo sé que hablar nunca arregla nada.

Una de sus manos se movió hasta cubrir un pecho. El pulgar acarició el pezón, y la sacudida de placer que Sakura sintió en el vientre fue bastante como para arrancarle un gemido.

-Pero esto -dijo él en voz baja-, esto sí.

La besó una y otra vez hasta que ella supo que todo iba bien. No importaba nada excepto cómo se sentía él cuando la acariciaba. La forma en que ella gemía por sus caricias. El sabor salado por la pasión que tenía. Cuando, al final, Sasuke se deslizó dentro de ella, profundamente, la montó hasta que ella no tuvo sentidos excepto para él.

El sudor brillaba en los hombros de Sasuke. Sakura besaba la piel salada, rodeaba su cintura con las piernas, se elevaba para encontrarse con su poderosa envestida. La cresta de la ola se fue elevando y elevando. Estaba loca por montarlo ella, pero Sasuke no le dejaría. Le rogó que terminara y, finalmente, lo hizo, gritando con ella mientras Sakura llegaba al orgasmo y se hacía añicos entre sus brazos. Casi se desmayó, llorando de alegría, con una mezcla de emociones que amenazaba con destruirla. Sasuke la mantuvo abrazada.

-Sakura -dijo con suavidad, pero ella sacudió la cabeza. No quería pensar en nada. No en ese momento… Lo besó en la boca y después se durmió, sintiéndose a salvo entre sus brazos.

::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::

Se despertó cuando la luna se ocultaba. La habitación estaba casi a oscuras, y a través del balcón abierto entraban los sonidos del bosque. Sasuke estaba boca abajo. Dormía con un brazo alrededor de la cintura y una pierna encima de ella. Respiraba tranquilo. Sakura cerró los ojos. El recuerdo de lo que había pasado en esa cama. De cómo se había entregado a él una y otra vez. «Oh», pensó, «¿qué me ha sucedido?».

Lo salvaje de su propia pasión la asustaba. Nunca había sido así. Nunca. Pensó en sus dos amantes anteriores. Dos hombres muy normales, uno estudiante de magisterio, el otro un abogado con despacho propio y una vida de nueve a cinco. Sabía todo lo que se podía saber de los dos. Dónde vivían, qué leían, qué música escuchaban. Sabía tanto de ellos, que cuando se acostaron, nada, ni siquiera el sexo, había parecido nuevo.

Lo que había hecho con Sasuke, el sexo... Se le cortó la respiración. La verdad era que nunca había tenido un orgasmo hasta esa noche. Todo lo que había hecho con Sasuke era nuevo y excitante y peligroso, lo mismo que él. Era un precioso animal, salvaje e imposible de domesticar. No se lo podía imaginar en cautividad, atrapado detrás de una mesa en un mundo de nueve a cinco.

Había sido soldado la mayor parte de su vida, había dicho, pero no se lo podía imaginar en esa función, con un uniforme ceñido, desfilando, recibiendo órdenes y saludando.

Sasuke Knight era un hombre que había raptado a una mujer. La había desnudado. Obligado a hacer su voluntad. Excepto... excepto que no la había obligado a sentir lo que sentía cuando la tocaba. Tampoco la había forzado a hacer nada en la cama. Ella había sido una participante deseosa, cambiando caricia por caricia y beso por beso. Le hacía ruborizarse pensar en las cosas que había hecho, la forma en que le había rogado que entrara en ella y la llevara a hacer un viaje que nunca había hecho antes. Sintió un nudo de temor en el estómago.

Se había acostado con un extraño. Hecho cosas que le gustaría poder olvidar. Y lo único que sabía de él era que lo habían enviado para que la llevara a una muerte cierta a manos de su jefe... O que hiciera el trabajo él mismo. El frío que sentía en el vientre, se convirtió en hielo.

El seguía durmiendo. Parecía tan pacífico... y hermoso. Su rostro, su cuerpo. Era un ángel negro, y sus caricias podían ser tiernas, su boca suave. Una caricia final, pensó con el corazón latiendo a toda velocidad, un último roce de sus labios... ¡No! Tenía que recuperar la cordura. ¿Quería volver a ponerlo en marcha otra vez?

Aguantando la respiración, Sakura consiguió librarse del brazo y salir de debajo de la pierna. Se sentó y se echó el ligero edredón que Sasuke había apartado. Con cuidado, en silencio, se deslizó fuera de la cama. ¿Dónde estaba su ropa? En el cuarto de baño. El calor volvió a subírsele a la cara al recordar cómo la había desnudado Sasuke. Cómo la había obligado a permanecer desnuda delante de él. Lo terrible que había sido... ¡Oh, qué excitante había sido! La forma en que la había desnudado. Mojado. Quitado el sujetador y las bragas y después hecho el amor. Nunca hubiera creído que el sexo fuera algo tan potente. ¿Era por eso que huía? ¿Para salvar su vida... o su alma? ¿Para escapar de un hombre que podría hacerle daño o de lo que le había enseñado sobre sí misma?

Sobre la sensualidad y lo que era que te acaricien hasta hacerte ronronear. Un año antes, llevaba una vida normal. Levantarse, vestirse, ir a su trabajo como secretaria en una deprimente oficina del gobierno que estaba relacionada con Inteligencia, pero en realidad se dedicaba a elaborar estadísticas. Pero «normal» y «deprimente» estaban bien para ella.

Su infancia tampoco lo había sido. Su padre había sido un ludópata y su madre siempre estaba enferma... Cerró los ojos. La verdad era que su madre era alcohólica. Al ir creciendo se había acostumbrado a no saber nunca qué pasaría al día siguiente. Había deseado una vida tranquila y predecible, y la había logrado. Y entonces, una mañana, su jefe le dijo que la requerían en la planta dieciséis. A Sakura le extrañó, pero hizo lo que le decían y entró en un mundo que ni siquiera sabía que existía. Era un mundo llamado la Agencia.

Una mujer vestida de seda negra le dio la bienvenida y la llevó por un largo corredor hasta una enorme oficina donde le presentó a un hombre al que llamaba «el director». El director charló con ella durante cinco minutos y después su expresión se volvió grave.

-Señorita Haruno -había dicho-, usted trabajó para el coronel Sasori Akasuna No el año que estuvo aquí, en Washington.

-Sí -había dicho ella-, así es.

-Según nuestros informes, el coronel estaba satisfecho con usted.

- ¿Con mi trabajo? -había dicho, porque la verdad era que Akasuna No, no había estado feliz con otras cosas, como la forma en que ella había evitado quedarse hasta tarde por la noche debido al modo como la miraba-. Sí -había respondido-, creo que sí.

-Señorita Haruno -había dicho el director, inclinándose hacia delante-. Le voy a ofrecer una oportunidad de servir a su país.

Sakura sintió un escalofrío. Su país no le había servido a ella. Había descubierto que era desechable. El hombre con el que se había acostado era la última prueba. Ya se había acostado con él. Hecho el amor con él... Sexo. No amor. Sexo. No sabía por qué la distinción era importante, pero lo era. Su pequeña maleta estaba en la silla, pero no iba a arriesgarse a despertar a Sasuke revolviendo dentro de ella. Por lo que sabía, tenía el sueño ligero. El armario ocupaba una pared completa.

Aguantó la respiración mientras abría una de las puertas, pero ni se movió. La ropa estaba pulcramente doblada en estantes. Eligió una camiseta y unos pantalones. Tendría que salir sin zapatos. A penas sin respirar, llevando la maleta y el bolso, fue de puntillas hasta la puerta. Recorrió el interminable pasillo.

La puerta principal estaba justo delante. ¿Estaría la alarma instalada para saltar incluso si salía de la casa? Tuvo la esperanza de que no. De otro modo, tendría que conseguir llegar al coche antes de que Sasuke la alcanzara. Había dejado las llaves en una mesita cerca de la puerta. El suelo estaba frío. Nada de llaves. Era imposible. Recorrió toda la mesa de nuevo. Nada. ¿Cómo podía ser? Estaba segura de haber visto cómo las dejaba...

Un centenar de lágrimas de cristal de la lámpara del vestíbulo se llenaron de vida. Sakura gritó y se cubrió los ojos con las manos para protegerse de la luz... Y vio a Sasuke a un par de metros de ella con sólo unos vaqueros desabrochados, apoyado en la pared con una mirada que le recordó a Sakura lo peligroso que realmente era.

- ¿Es esto lo que buscas, nena? -dijo con frialdad. Las llaves colgaban de uno de los dedos de su mano.