Sortilegio 7

Estaba muy cansada de viajar, durante tres días se había mantenido vagando por el bosque del sueño eterno, un laberinto del que pocos lograban salir y en el que se tuvo que internar en cuanto se enteró de que en el camino principal le esperaba una emboscada preparada por los opositores que había enfrentado en Rimira.

Esos hombres realmente deseaban una venganza, pertenecían a la rama secundaria de la familia Germanicus. Arturia ya los había vencido una vez mientras atravesaba la ciudad para llevar a Nero a la ceremonia de sucesión donde seria nombrada heredera. Fue toda una carrera contra reloj pues otra sucesora perteneciente a la rama secundaria estaba por ser nombrada cabeza de la casa Germanicus. Los opositores a la rama primaria vigilaban puntos estratégicos en la ciudad para evitar que Nero se presentara en la ceremonia pues al ser ella la única sobreviviente de la rama principal echaría a perder sus planes para obtener el control de la casa Germanicus.

Existían un total de cuatro familias nobles que servían al rey de Nilonia, los Pendragon, los D´Eon, Nimrod y los Germanicus, tal era su poderío que solamente sus hombres formaban 3/4 del ejercito del rey. La casa de los Germanicus era especialmente la más militarmente preparada, competía con la familia Pendragon en el campo de batalla.

El plan de los opositores era derrocar al rey, con la confianza en la casa Pendragon severamente dañada y una alianza con la familia Nimrod solo los D´Eon habrían podido detenerlos en medio de una sangrienta guerra de la que recientemente se recuperaba Nilonia. Afortunadamente Arturia logró presentar a Nero en la ceremonia de sucesión a tiempo y al ser ella nombrada sucesora se ataron muchos cabos sueltos. Se descubrió que un puñado de hombres de la rama secundaria fue la responsable de la guerra de poder interna en la rama principal. Los opositores fueron huyeron antes de ser aprendidos y juraron vengarse comenzando con Saber.

Luego de ver la preocupación en el rostro de Nero, quien le informó que le estaban dando caza, decidió sabiamente que la mejor opción era escuchar a la rubia. Su amiga amablemente le pidió que la dejara encargarse de los opositores pues capturar a los rebeldes de su clan era su responsabilidad, Saber ya había hecho lo suficiente por ella. La joven cabeza de la familia Germanicus le preparó provisiones para su viaje e incluso le entregó un mapa confiando en que Arturia podría salir del bosque sin ningún problema.

No muy convencida, Saber terminó por aceptar la ayuda de Nero y partió agradeciéndole su ayuda y deseándole buena suerte. Nero Claudios también era una niña de su edad pero elegantemente demostraba la gracia y porte de una emperatriz, sin lugar a dudas se convertiría en una maravillosa duquesa.

Desgraciadamente a mitad de su aventura algo realmente inusual había sucedido. Mientras cruzaba el rio que dividía el bosque a la mitad, un hermoso unicornio salió de algunos arbustos huyendo de una parvada de aves oscuras. Como era de esperarse, Saber no se podía quedar de brazos cruzados y defendió al unicornio con todo lo que tenía, esto provocó que las aves la atacaran a ella tirando al rio buena parte de sus provisiones junto con él mapa del bosque.

Quizás hubiera sido una mala jugada, pero no se arrepentía de ayudar al unicornio. Aquello había sucedido en su primer día por lo que para el tercero lo porque que lo poco que logró rescatar de su comida se había perdido.

Ya estaba a punto de engullir la última hogaza de pan con queso que le quedaba hasta que escuchó el quejido de un hombre. Al fijar su vista al frente encontró a un encapuchado tendido al pie de un árbol. Aunque su estomagó gruñía el pobre hombre parecía haber estado días sin comer así que sin pensarlo dos veces Saber se acercó al encapuchado y le ofreció su comida tal y como Nero lo había hecho con ella tiempo atrás.

—"Muchas gracias Arturia, hija de Uther Pendragon y la dragona Igraine"—dijo el misterioso hombre haciendo que Saber se pusiera a la defensiva.

—"¡¿Cómo sabes quién soy yo?!" —ella desenfundo su espada conteniendo su desconcierto.

Bien, podía aceptar que tal vez su disfraz de niño no era lo suficientemente bueno, pero era imposible que ese hombre pudiera saber incluso su nombre.

—"Soy el mago de las flores, querida niña, yo se muchas cosas…"—la voz del joven de albino pareció entristecerse—"Se también sobre el triste destino que te depara… víctima de un cruel sortilegio… sufrieras tanto que desearas nunca haber nacido, querrás quitarte la vida pero no podrás hacerlo, te ahogaras en agonía y desesperación al final sentirás lo que es ser consumida por dentro… Hahahaha"—él rio con desespero cubriendo su cara, Saber retrocedió un paso desconcertada cuando la risa se convirtió en llanto.

—"Pero no temas, incluso para ti hay una esperanza" —el mago levantó la vista centrando así sus ojos purpuras en la niña frente a él—"En tu nacimiento también has sido bendecida por un espíritu benévolo que, aunque no puedas verlo, siempre va estar a tu lado."

Merlín pudo ver, detrás de esa niña maldita, a una mujer sonriente de largos cabellos y vestida de blanco flotando a su lado. Arturia enfundó su espada nuevamente, a su ver ese tipo era solo un hombre delirante que necesitaba su ayuda, eso no explicaba porque sabía su nombre, pero de momento eso era lo de menos. Pasó el brazo del albino por sobre su hombro y le ayudó a levantarse.

—"No se preocupe señor, lo sacare de aquí y ya vera que todo va a estar bien."

Él era un poco más pesado de lo que esperaba, pero de ninguna manera iba a abandonarlo en ese lugar. El mago esbozó una sonrisa irónica.

—"Ayudas a un pobre hombre que no conoces y le compartes lo que te quedaba de comida, tienes un corazón muy puro Arturia, has superado mi prueba, aquí tienes tu recompensa."

Aquello fue lo ultimó que Saber pudo escuchar antes de perder la conciencia.

Al despertarse se encontraba a las afueras del bosque en un hermoso campo de lirios que recientemente había florecido, había recibido de Merlin aquel don que más tarde la hizo conocerse como Lily.

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—¡NO!

Agitada y perturbada, Lily despertó con sobresalto encontrándose en el cuarto que le había sido asignado en el palacio. No tardó en darse cuenta de que no estaba sola, su abrupta acción había hecho despertarse a todos en la habitación, principalmente al joven príncipe quien al pie de su cama sostenía fuertemente su mano indicando que se había quedado dormido en ese lugar.

—¡Gracias a los dioses al fin despiertas! ¡Pensé que nunca volverías a abrir los ojos! —sin contenerse, Gilgamesh abrazó a la chica fuertemente.

—¡Despertó! —anunció Morded alegre terminando de Levantar a Enkidu y Alexader que se habían quedado dormidos a cada lado de ella.

Ligeramente avergonzado, Gilgamesh soltó rápidamente a Lily enderezando su posición mientras sus amigos se acercaban. Arturia estaba un poco desorientada y los recuerdos del coliseo le cayeron como un balde de agua helada. Saltando de la cama comenzó a mirar hacia todos lados desconcertando a sus amigos quienes la miraron con preocupación.

—¡¿Dónde está?! ¡¿Dónde?! —ella daba vueltas por la habitación como si buscara desesperadamente algo o a alguien.

—¿Lily que sucede? ¡Lily! —Gilgamesh la tomó de los hombros deteniéndola para hacerla entrar en razón, la pobre rubia estaba temblando, pero al ver al príncipe de inmediato fue como si todo el temor que inundaba su corazón se hubiera disipado.

—Estaba ahí… ella estaba ahí…—ella balbuceo dejando que el rubio la guiara a la cama para sentarse de nuevo—Tranquila, tranquila—susurró acariciando su cabeza—Solo tuviste un mal sueño.

Pero Arturia sabía que no había soñado a aquella mujer. Sin embargo no era algo que pudiera comentar, nadie le creería, especialmente no cuando ella misma no sabía a quien había visto en el coliseo, todo lo que sabía era que su presencia no auguraba nada bueno.

—Yo… lo siento… tienes razón, solo fue un mal sueño—comentó ella renovando nuevamente su energía y poniéndose de pie—Bien, no importa, hoy es un nuevo día y hay mucho por hacer.

—Tú… ¿De verdad te encuentras bien? —preguntó Alexander con preocupación, Saber lo miró un poco curiosa.

—Si, por supuesto ¿Por qué no habría de estarlo?

Mordred, Enkidu, Alexander y Gilgamesh se miraron entre si algo preocupados.

—Lily… tú… estuviste en coma durante una semana… pensamos que no volverías a despertar—confesó Mordred.

—Aun en casos de agotamiento extremo no es normal caer en coma repentino tanto tiempo… tus signos vitales eran tan bajos que casi parecía que habías muerto—dijo el joven pelirojo.

Con su tono usualmente alivianado, Enkidu cortó el denso ambiente que se estaba formando.

—Si, hubieras visto la que se armó contra el consejo cuando casi te dan por muerta, hasta el pueblo quería lincharlos. Afortunadamente una amable mujer de cabellos blancos nos informó que no estabas muerta si no que habías gastado tanta energía mágica que necesitarías un largo descanso antes de recuperarte por completo.

—Espera ¿Qué fue lo que dijiste? —preguntó Arturia repentinamente.

—¿Sobre el consejo?

—No, no eso… la mujer ¿Cómo era la mujer? —preguntó haciendo bastante evidente su interés en el tema cuando tomó al peliverde de sus ropas llegando a cohibirlo por su cercanía inesperada.

—Err… bueno era una mujer bastante… llamativa… tenía largos cabellos blancos y aun aura inusualmente cálida.

El cabello blanco era suficiente para que Lily se diera una idea de la persona a la que se estaba refiriendo, pero necesitaba confirmarlo.

—¡Sus ojos! ¡¿Cómo eran sus ojos?!

Tal cuestionamiento desconcertó un poco a los presentes. Solamente Alexander y Enkidu habían visto u hablado con la supuesta mujer que les había informado que la chica seguía con vida.

—Sus ojos…—el sirviente reflexionó un momento—¡Ah! Ahora que lo pienso eran del mismo color que los de Gilgamesh, a decir verdad, eso fue bastante raro porque se supone que ese color es hereditario en la realeza de Nilonia.

Arturia soltó al peliverde congelándose ante tal revelación.

—¿La conoces? —preguntó Alexander al notar su reacción.

—No… no me suena—ella decidió que lo mejor era cambiar el tema—Al final de cuenta lamento haberlos preocupado… Ah, pero ¿Qué acaso ustedes no tenían que regresar a su país? —preguntó Saber a Enkidu y Alexander.

—Bueno, no podíamos irnos dejando a Gil ahogándose en sus penas mientras tú estabas en coma.

—¡Hey! —se quejó el príncipe de Nilonia ante el comentario del peliverde.

—Bueno aunque en un principio veníamos solo de visita, convenientemente me incluí como parte del acuerdo de paz entre Nilonia y Macedonia podríamos decir que yo funjo como embajador y al mismo tiempo aprendiz, por lo que por un periodo muy largo me estaré quedando aquí de nuevo.

—Lo cual me alegra porque ya me estaba cansando de hacer tantos deberes yo solo—se burló Gilgamesh.

—¿Quieres una competencia de limpiar los establos nuevamente? ¿eh? —siguiéndole el juego Alexander propuso su reto.

Aun a los príncipes se les enseñaba el valor del trabajo más humilde que pudiera existir, nada forjaba mejor a un futuro gobernante que aprender que toda tarea o deber era necesaria e importante.

—¡Yo también me quedare! —anuncio Mordred tomando las manos de Lily con entusiasmo—¡Entrenare contigo para convertirme en caballero como tú!

—Ya veo, eso me alegra, serás un espléndido caballero Mordred—Saber sonrió antes de que su estómago gruñera avergonzándola.

—Bueno, llevas siete días sumida en un profundo sueño, es obvio que tendrías mucha hambre al despertar ¡Vayamos a desayunar! —comentó animado el príncipe de Nilonia.

—¡Si! ¡Vamos! —Enkidu secundo con el mismo animo la noción.

Aun al salir de la habitación el asunto de la mujer albina rondaba la mente de Arturia, la que ella había visto era oscura y retorcida mientras que Enkidu aseguraba que destilaba calidez, no podían ser la misma pero no podía haber dos alvinas de ojos rojos ¿O sí?

Todo pensamiento voló de su mente cuando compartió la mesa con sus amigos. Por primera vez no quería pensar en nada que no fuera ese momento de felicidad que estaba viviendo porque esos instantes tan llenos de alegría eran como encontrar una aguja en un pajar.

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—Sir, la chica ha despertado.

—Entiendo, puedes retirarte.

El mensajero salió del gran salón de reuniones dejando a los siete concejales sentados en aquella mesa de media luna.

El consejo de ancianos siempre había sido un faro guía para los reyes de Nilonia a través de las generaciones, eran muy respetados, obedecidos y algunas veces hasta temidos. Sin embargo, la presencia de Saber Lily y sus oposiciones a ella habían hecho que el pueblo dudara de ellos. Ella no era la indicada para servir al príncipe, ellos no podían permitir que una desconocida que fácilmente podía ser espía de otra nación o traidora, estuviera tan cerca de Gilgamesh y menos aun cuando el príncipe mostraba un interés cada vez más creciente.

No confiaban en ella porque en ningún lado había registros de su existencia, Saber Lily ocultaba algún secreto y ellos moverían cielo mar y tierra para descubrirlo.

—Debemos deshacernos de ella—uno de los ancianos decretó—El príncipe parece muy encariñado, si esto continua así esa chica podría convertirse en…

—¡No lo digas! ¡Una plebeya como ella jamás podría si quiera pensar en ser parte de la familia real y mancillar el linaje de los soberanos que durante años hemos protegido!

—Si no la eliminamos ahora todo nuestro esfuerzo será vano—otro concejal comento.

—No lo harán—la voz de una mujer irrumpió en la sala y de repente el cuarto se volvió frio.

Aquella presencia destilaba oscuridad, así como un porte digno de alguien de la realeza, los consejeros se pusieron de pie para recibirla e inclinaron la cabeza ante ella. Iba vestida de negro, levantó el velo que la cubría revelando así su rostro, el mismo que Arturia había visto anteriormente en sueños.

—Lizrich-sama, sea bienvenida—el concejal Salieri le saludo respetuosamente.

—Ha despertado antes de lo que esperábamos… ¿Cuál es el motivo de su presencia? —preguntó Solomon.

—Un alma pura me ha despertado de mi letargo—ella comentó despreocupada paseándose por el gran salón.

Odiaba ese lugar indigno de su presencia, a decir verdad, lo odiaba todo, alguna vez había ambicionado enteramente lo que alguna vez le perteneció a "Ella" pero, con esa mujer muerta, nada le parecía más que mera banalidad.

Si esta ahí era solamente por lo que sus egoístas deseos le dictaban. A Lizrich no le importaba nada mientras ella pudiera obtener lo que quería y eso era bueno para el consejo pues de cierta manera al complacerla también protegían a su reino.

—¿Se refiere a Saber Lily? —un concejal preguntó.

Lizrich no era alguien a quien se pudiera complacer con joyas u alhajas, lo que ella ambicionaba iba más allá de lo que humanos normales le podrían ofrecer, después de todo hacía mucho que ella había dejado de ser humana. Dejó atrás todo cuanto poseía e incluso se deshizo de su corazón cuando se hundió en la oscuridad de Angra mainju y permitió que la corrupción de la maldad del mundo la consumiera.

—Ya lo he decidido, esa niña será la ofrenda, por ahora déjenla, que se encariñe con el principito, que aprecie sus momentos de paz, que ame y atesore su estancia en el palacio porque cuando llegue el momento todo ello le será arrancado. Gozare cada segundo de ver como se destruye la pureza de su alma.

—Como usted ordene—esta vez todos los ancianos contestaron al unísono inclinando nuevamente la cabeza.

Las ordenes de esa mujer eran absolutas.

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Muchas veces eran solo imágenes distorsionadas y cosas que su mente no alcanzaba a procesar bien, pero en lo profundo de sus memorias, tan arraigado al olvido que casi se desvanecía, estaba el recuerdo de su nacimiento. Era tan solo un bebe y sus ojitos pudieron ver la figura de una hermosa y linda mujer de cabellos blancos y ojos rojos.

—"Bienvenida al mundo Arturia, te esperan muchas cosas dolorosas y yo sé que no seré capaz de protegerte, pero estaré a tu lado todo el tiempo, te hare compañía dentro de la oscuridad más maligna que te puedas imaginar y hare todo lo que este a mi alcance para protegerte sin embargo dependerá de ti y solo de ti cambiar lo que ya ha sido escrito, mi nombre es Irisviel, por favor, recuérdalo."

Por supuesto que Arturia desconocía que, en lo más recóndito del castillo, había un cuadro colgado en una pared, con un marco de oro y pintado al óleo, en ella estaba retratada la primera familia real de Nilonia.

Y en ese cuadro, en medio de sus padres, estaba la figura de esa mujer que respondía al nombre de Irisviel Von Einzbern de Izdubar, la primera reina de Nilonia.

A pesar de que su día había sido increíblemente divertido, antes de dormir, Lily miró por la ventana sintiendo su corazón estrujarse, sus momentos de paz y tranquilidad algún día llegarían a su fin… y cuando eso pasara debía estar preparada.

—¿Qué era? —se preguntó a si misma mientras el silencio reinaba en su habitación, su voz se quebró—¿Qué era lo que tan desesperadamente tratabas de evitar tú también madre?

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Continuara