Los personajes no me pertenecen, son creaciones del mangaka japonés Masashi Kishimoto y la historia es una adaptación del libro "Cautiva en su cama" de Sandra Marlon.

Capítulo 7.

La había pillado por sorpresa. Bien. Eso era exactamente lo que quería. Un momento antes, cuando se había despertado esperando encontrar a Sakura a su lado, su reacción había sido instantánea. Masculina e instantánea. Incluso aunque habían hecho el amor dos veces, se había despertado duro y deseoso de volver a poseerla. Sabía que aquello no tenía sentido. Era su prisionera, una ladrona y traficante de droga.

Pero le gustaba. Hacer el amor con ella no había puesto fin a su deseo, sólo lo había incrementado. Había muchas cosas que no habían hecho. Cosas que quería hacer mientras la miraba a la cara. Quería ir más despacio, besarla por todo el cuerpo, buscar todas sus partes ocultas y explorarlas. Por loco que pareciera, hacer el amor con Sakura había sido diferente. Había sido inocente y abandonada, tierna y salvaje, y esos últimos minutos de su posesión, cuando había empezado a temblar debajo de él, se había sentido como si estuviera en los límites del universo.

No. Nada de aquello tenía sentido, pero era un hombre de acción, no de introspección. ¿Por qué tenía que averiguar la causa de semejante atracción sexual? Vivirla era todo lo que importaba. Había estado a punto de hacerlo unos minutos antes, de atraerla hacia él y besarla, pero algo le había detenido. A lo mejor la precaución de Sakura. Ella pensaba que estaba dormido. No quería despertarlo. A lo mejor tenía que ir al baño y por eso estaba saliendo de la cama intentando no molestarlo.

Error. Cuando finalmente ella consiguió escapar de entre sus brazos, no se había dirigido al baño, sino al armario. La había mirado con los ojos casi cerrados y-la había visto elegir unos pantalones y una camisera y ponérselos. Ahí había sido cuando había entendido. Sakura se estaba preparando para huir. Para abandonarlo. Se había dicho a sí mismo que era una forma estúpida de llamarlo. La había raptado, llevado allí en contra de su voluntad.

Según lo veía ella, aquello era una guerra, y la primera obligación de una prisionera de guerra, era escapar. Todo muy lógico, excepto que ella no era su prisionera de guerra. Ella era... era... Maldición, ¿qué era ella? Una mujer a la que se había llevado a la cama. Todo lo que habían hecho había sido sexo. Nada más, y nada menos... además había sido un imbécil durmiéndose entre sus brazos como si fueran amantes. Ella se había dejado seducir. O a lo mejor había sido al revés.

A lo mejor todo estaba planeado. Había querido que bajara la guardia, y él, estúpido como era, se había prestado. Y todavía, a pesar de que la había seguido por todo el pasillo, una parte de él había esperado que fuera a por un vaso de agua o una taza de té. Claro, pensó al ver la cara de horror de Sakura al descubrirlo, una mujer siempre iría a por un vaso de agua con la maleta en la mano.

-Sasuke -dijo con una pequeña risa-. Estás despierto -él no respondió. Se limitó a mirarla-. Estaba sólo... sólo...

-Sé lo que quieres decir -dijo con frialdad balanceando las llaves-. Estabas «sólo» buscando esto.

Sakura apartó la mirada.

-No, ¿por qué iba yo a.…? Gimió y se echó para atrás al ver que él se acercaba; llegó hasta la pared y la agarró de los hombros.

-No lo sé, nena. Dímelo tú.

-Estaba... estaba buscando mi bolso. Pensaba que lo había dejado encima de esa mesa y...

- ¿Ese bolso? -dijo en un susurro-. ¿El que llevas colgando del hombro? Lo miró fijamente.

-Mira, sé lo que parece, pero...

- ¿Lo que parece, Sakura? Dímelo.

-Hay una explicación muy sencilla. Si me das un minuto, yo... -gritó mientras la levantaba hasta hacerla ponerse de puntillas-. Sasuke, me estás haciendo daño.

- ¿No es eso lo que se espera de un tipo de ésos de «nos acostamos y si te he visto no me acuerdo»?

-Eso es vulgar -dijo, ruborizándose.

- ¿Y no puedo querer ser vulgar? -apretó los labios-. Seguro que es lo que hace juego con una mujer que se tira a un hombre con la esperanza de que a él le dé igual.

- ¡Eres un desagradable!

-Sólo te estoy diciendo las cosas como son. Nos acostamos juntos, me apretaste...

La mano de Sakura cruzó el aire y golpeó en la mejilla de Sasuke con la fuerza suficiente como para hacerle volver la cara. Sasuke la agarró de la muñeca, le llevó el brazo a la espalda y la atrajo contra él.

- ¿Te gusta jugar duro? Muy bien, nena, si es lo que quieres, yo también jugaré duro.

- ¡Suéltame!

-Claro, ahora mismo, en cuanto te busque un lugar seguro y agradable. Echó a andar por el pasillo, arrastrándola tras él, la arrojó dentro del dormitorio y encendió la luz. Después agarró la maleta y el bolso y la empujó a la cama. Podía ver el terror en sus ojos. Mejor, pensó. Mejor que estuviera aterrorizada.

-Échate en la cama.

-Por favor, Sasuke...

-En la cama -ordenó con un grito. Ella se arrojó al centro del colchón como si poniendo algo de distancia entre ellos fuera a mantenerla a salvo-. Un solo movimiento -dijo, señalándola con el dedo-, sólo uno y te arrepentirás.

-Si me escucharas...

-Dame dos segundos de problemas y te encerraré en la habitación segura -su sonrisa era heladora-, después de vaciarla de armas, claro. La cerraré permanentemente desde fuera. Y después, ¿quién sabe, nena? Puede que me olvide de que te he metido allí.

Sakura corrió hacia el balcón según Sasuke salió de la habitación. Estaba cerrado. No se veía ni llave ni pestillo, pero estaba cerrado.

-Abre -dijo, tirando del picaporte con las dos manos-, abre maldito...

Gritó al sentir que los brazos de Sasuke se cerraban en torno a ella. La llevó de vuelta a la cama, la tiró encima y sacó unas esposas de una mesilla.

-No, Sasuke -dijo, gimiendo.

-Túmbate y levanta las manos por encima de la cabeza.

-Sasuke, te lo ruego. Cualquier cosa que te haya dicho Sasori...

-Sí -dijo con suavidad-, ése es el problema, ¿verdad? Me olvidé de lo que el viejo Sasori me dijo sobre ti y tus jueguecitos.

-Eso no es verdad. Yo nunca...

- ¿Nunca usaste todos tus trucos de cama con él? Haznos un favor a los dos, nena. Deja de mentir. Lo sé todo sobre ti -apretó la mandíbula-. Tengo que reconocer que eres muy buena -levantó las esposas-. Las manos -gritó.

Ella no se movió. Sasuke agarró la muñeca izquierda, le puso el brazalete de acero y la llevó hasta el cabecero de la cama. Después hizo lo mismo con la derecha. El sonido de las esposas al cerrarse fue como el portazo de la celda de una cárcel.

-Sasuke -las lágrimas caían por el rostro de Sakura -. Sasuke, te juro que...

Sin dejarse conmover, aseguró las esposas en el cabecero de la cama.

-Ya está.

La sensación de estar atada, de tener los brazos sujetos por encima de la cabeza, era terrible. Sakura empezó a llorar cuando él se dirigió hacia la puerta y la cerró.

-Sasuke -gimió mientras él avanzaba hacia la cama-, por favor, por favor.

Sasuke se quitó los vaqueros. Estaba excitado y en erección, pero no le importó en absoluto que ella lo viera. Diablos, quería que ella lo viera. Quería que se asustara. Sakura gritó cuando él se colocó al lado de ella en la cama.

-No -susurró ella.

- ¿No qué? -dijo con frialdad-. ¿Que no haga esto? Mirándola a los ojos, acarició sus pechos y fue bajando la mano por su vientre hasta meterla entre los muslos. Ella gimió. No como había gemido antes, no de deseo. Gimió de miedo.

-Cállate -dijo, apagando la luz y dejando la habitación a oscuras-, o te amordazaré. Sakura apretó los labios para contener los sollozos. La sombra de Sasuke se movía y hacía sonar el colchón. Estaba tumbado a su lado. Un instante después escuchaba el pausado ritmo de su respiración. Su carcelero estaba dormido.

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Sasuke durmió exactamente lo que se había propuesto: veinte minutos. Se despertó tan despejado como si hubiera dormido toda la noche. Era algo que había aprendido a hacer en las Fuerzas Especiales. Se lo había enseñado Shikamaru, tai chi mental lo llamaba. Naruto y él se había reído, hasta que habían visto que funcionaba.

Estaba descansado, tenía que estarlo porque el amanecer se acercaba y tenía que pensar en un plan rápidamente. ¿Cuál sería la mejor forma de obligar a la prisionera a decir la verdad? Y eso era lo que ella era, una prisionera. ¿Cómo podía haber cometido el error de haberla visto de otro modo? No era una chica guapa que había conocido en una fiesta.

Era una criminal. Que lo hubiera olvidado demostraba lo lejos que estaba ya de sus tiempos de espía. De acuerdo, había cometido un error, pero no habría más. Seguía tumbado a oscuras, sintiendo cómo su cuerpo se llenaba de fuerza y su mente se aclaraba. Ya estaba bien. Ella era el objetivo, y aquello era un encargo y...

Y ¿qué era ese ruido? Sakura estaba llorando. Casi en silencio. Tanto, que era casi imposible oírla. «Que llore», pensó fríamente. Lo había utilizado, y eso no le gustaba. O a lo mejor era que no se gustaba a sí mismo por ser tan estúpido de haber dejado que ocurriera. De cualquier modo, le dejaría llorar. Dejaría que siguiera allí tumbada a su lado en una postura que, aunque no le hiciera daño, sí sería muy incómoda. Dejaría que se imaginara lo que iba a hacerle...

O lo que ya le había hecho. Tenerla entre sus brazos. Besar su boca, saborear su dulzura. Besar sus pechos, chupar los pezones mientras la acariciaba. Mientras metía la mano entre sus muslos y recibía en la palma el rocío de su feminidad. Mientras le levantaba las piernas por encima de sus hombros, entraba en ella, despacio, despacio, disfrutando con sus gemidos, sus gritos, la forma en que sus músculos se tensaban alrededor de él, la forma en que había susurrado su nombre al llegar al orgasmo... Se sentó y la miró.

-Para de llorar -dijo con aspereza.

Sakura podría haber dicho que estaba intentando cumplir la orden pero que no podía. ¿Y qué? El llanto de una mujer nunca había matado a nadie. Excepto, a lo mejor, al hombre que lo escucha.

- ¿No has oído lo que te he dicho? Deja de lloriquear. Me cabrea y, confía en mí, no creo que quieras cabrearme más de lo que ya lo has hecho.

Hizo un ruido que Sasuke sabía era un intento de contener las lágrimas. No sirvió de nada, el llanto se intensificó. Sasuke se puso de pie, cruzó la habitación y cerró de un portazo la puerta del baño tras él. Se quedó de pie, apoyado en el lavabo un buen rato.

Encendió la luz y se miró en el espejo. Parecía un hombre que acababa de asomarse al infierno. Abrió la ducha. Se metió debajo y puso el agua tan caliente como podía soportarla, después la puso completamente fría. Sacudió la cabeza y dejó que el agua recorriera su cuerpo. Abrió los chorros laterales e hizo que el agua relajara sus músculos.

Parecía que habían pasado un centenar de años desde que había estado en esa misma ducha al lado de Sakura, mirando cómo el agua empapaba su pelo de seda y cómo volvía transparente el sujetador... Sasuke murmuró una obscenidad. ¡Al infierno! Tenía que pensar un plan. Tenía que sacarle la verdad. Tanto si llevaba droga como si no. Después tenía que decidir si se la llevaba a Akasuna No o a los Estados Unidos o... ¡Mierda!

Cerró el grifo y salió de la ducha. Se secó. Respiró hondo. Después se colocó la toalla alrededor de la cintura y abrió la puerta del baño. La luz entró en el dormitorio. Vio a Sakura tumbada en la misma postura que la había dejado. Tenía la cabeza apoyada, pero en cuanto vio la luz, levantó la barbilla.

Su rostro estaba surcado de lágrimas, pero había vuelto el gesto de desafío. Fue hacia ella y le soltó las esposas. Gimió de congoja, y Sasuke se dijo que el daño que le hacía escuchar aquello no tenía sentido, era sólo una pizca de empatía, nada más. No la habría tenido en sus tiempos de la Agencia, pero ¿no era por eso que se había marchado? ¿Porque la Agencia era un agujero negro que absorbía toda su humanidad? Sasuke se aclaró la garganta.

-Tienes una concentración de ácido láctico en los músculos -dijo-. Se pasará en un par de minutos.

Ella no respondió. La agarró de los hombros. Estaba temblando y trató de soltarse.

-No seas idiota -rugió él-. Déjame ayudarte a recuperar la circulación y te sentirás mejor.

Le masajeó los brazos. Dejó de temblar, pero las lágrimas seguían en sus ojos. ¿Por qué verla así le hacía un nudo en la garganta? Tocó las marcas que las esposas habían dejado en las muñecas.

-No deberías haber tirado de las esposas.

Siguió sin responder. La verdad era que ya no harían falta las esposas esa noche. Iba a ser dócil. Además, él estaba despierto, podría vigilarla. Ningún problema.

- ¿Mejor?

Todavía ninguna respuesta. Tomó sus manos. Estaban heladas. No hacía frío en la habitación. El ventilador movía el aire, pero no lo enfriaba. Le tocó las mejillas. Estaban frías también. ¿Conmocionada? No parecía. No tenía ningún otro síntoma. Podría ser el impacto emocional. Eso tenía sentido. Explicaba el temblor, la aquiescencia... Y las lágrimas que caían de sus ojos.

-Maldición -murmuró Sasuke.

Le pasó el brazo alrededor. Sakura volvió a la vida en un segundo, empujándolo e intentando soltarse. No muy dócil, pensó, y casi se echó a reír al ver lo bien que le hacía sentirse que ella luchara por liberarse de él.

-Tranquila -dijo, abrazándola más fuerte y haciendo que los dos cayeran en la cama-. No voy a hacerte daño. Consiguió soltarse una mano y lo golpeó. No fue muy fuerte, pero sus nudillos consiguieron impactar en la barbilla.

-Maldita sea -rugió-. Te he dicho que no iba a hacerte daño. Agarró la mano, la colocó entre los dos cuerpos y la sujetó con un brazo mientras la tapaba con las sábanas y el edredón. Sakura seguía temblando. Los nervios, la rabia, el miedo... Fuera cual fuera la causa, tenía que detener el temblor.

Sasuke la abrazó. Ella se resistió, pero la sujetó con fuerza mientras le acariciaba la espalda con una mano y le apartaba el pelo de la frente con la otra. Poco a poco dejó de resistirse. Sentía el frío del cuerpo de Sakura. El temblor iba disminuyendo. Y sentía la maravillosa sensación de tenerla entre sus brazos de nuevo. Sasuke cerró los ojos. Hundió la nariz entre los rizos e inhaló el aroma. Aquel aroma le disparó la sangre. El corazón le latía desbocado.

Una vez, hacía años, cuando tenía ocho o nueve años, aún inocente, había ido a montar al rancho con Shikamaru y Naruto. Jugaban a lo que más les gustaba, ser guerreros comanches, orgullosos descendientes de una madre a la que casi ni recordaban.

El caballo de Sasuke resopló y se encabritó. Aun así, y como buen jinete, había conseguido tranquilizar al animal. Miró alrededor, las serpientes de cascabel eran siempre un peligro y a los caballos les daban pánico, y vio en la hierba, un poco más adelante, no una serpiente, sino un nido. Era pequeño. Estaba hecho de ramitas y paja, pero dentro había un milagro, un diminuto e indefenso pájaro sin plumas.

Desmontó, tomó la pequeña criatura entre sus manos y sintió el diminuto corazón latiendo acelerado a causa del miedo. Ninguno de ellos sabía qué hacer. Finalmente pusieron el nido en un árbol, buscaron un par de gusanos y los pusieron al lado del pájaro. Cuando volvieron dos días después, la diminuta criatura estaba inmóvil y su corazón tranquilo para siempre.

Años después, sentía que el corazón de Sakura latía como el del pequeño pájaro. A lo mejor ella era todo lo que había dicho Akasuna No. O tenía razones que explicaran lo que había hecho. A lo mejor todo lo que tenía que hacer era preguntarle... Sasuke tragó con dificultad. A lo mejor no importaba. Él no era un santo. Había hecho cosas que no querría reconocer.

- Sakura -dijo-, nena, siento haberte asustado. Lo miró con los ojos brillantes por las lágrimas.

-Sasori te mintió -dijo ella en un susurro tembloroso.

-No importa. No tengo derecho a juzgarte.

-Tendrías todo el derecho si traficara con coca -se le quebró la voz-. Pero nunca lo he hecho. ¡Nunca!

-Shh. Sasuke besó las lágrimas que caían de sus ojos.

La besó en los labios suavemente. Después la abrazó con fuerza. Podía sentir cómo se aflojaba la tensión. Otro beso. Otro susurro. Un beso más, sólo uno y si, por casualidad, su boca se aferrara a la suya, si suspirara y le pasara brazos por detrás del cuello...

- Sakura -susurró-, nena.

Las manos de ella se deslizaron por su pecho, por sus hombros. Los dedos llegaron a su nuca. Cuando la besó, su boca se abrió para él. Antes de poder pensarlo, sus manos estaban debajo de la camiseta, buscando sus pechos, encontrándolos. Ella gimió, y el beso se profundizó. De pronto ella se echó hacia atrás. Sus ojos, llenos de dudas, lo miraron.

-No sé quién eres, Sasuke. Tampoco sé lo que eres. Esto es... es una locura. No podemos. No deberíamos...

Se interrumpió a mitad de la frase. En medio de un sollozo desesperado, tomó la cara de él entre sus manos y lo besó con una pasión que lo encendió. Se quitaron la ropa. Se subió encima de ella, se arrodilló entre sus muslos y entró de un largo y suave empujón. Al final ella lloraba, lloraba de felicidad. Y Sasuke se sentía lleno de alegría.