"Perla" es un nombre que yo uso mucho en mis fics donde soy una Mary Sue.
En el fanfic del Capitán Eo, también el personaje principal es llamado Perla :)
Capítulo IV
La noche después de la visita del Capitán Pirata, escuché unos gritos horribles que venían de alguna parte del barco. Ya no eran más espíritus ni fantasmas, era un hombre muy real, un hombre que gritaba atormentado por algo, y había agitación, oía pasos de gente que iba y venía.
Al día siguiente pregunté sobre eso a la mujer apenas llegó con el desayuno.
Asustada, ella casi que quería hablarme al oído:
-No lo sé, señorita, yo también lo oí. Estaba en mi cuarto, donde ellos me alojaron, un lugar bastante privado, por cierto, y los hombres iban a la cocina buscando algo y los escuché hablar… Yo creo- la mujer tenía mucho miedo de hablar lo que creía, me hablaba en voz muy baja- creo que era el Capitán. Sí, creo que debe estar enfermo. Pero no diga nada, por favor-
Eso me dijo y luego callamos.
Pobre hombre ¿Qué se puede ganar teniendo una vida así? Se tiene dinero, pero para qué si se vive con angustia, con pesos de conciencia, con la ley a cuestas, siempre desterrado, huyendo. Todos esos hombres eran unos miserables que daban pena. Las vidas que habían quitado estaban ahora en paz en cambio ellos vivían en un infierno, porque el que vive con maldad vive en un infierno. No importa los lujos, las mujeres, el dinero, yo en mi celda del convento me daba cuenta de lo feliz que era, me daba cuenta de eso viendo a los demás que vivían en el mundo con sus vidas desastrosas porque simplemente no podían controlar sus pasiones, en cambio yo que todos decían estaba en un "prisión lejos de los placeres del mundo" estaba completamente libre de todo peso en el alma.
Aquel barco era el único mundo que podían tener esos piratas, porque afuera en tierra los esperaba a todos la cárcel y la muerte.
Sí, casi toda la humanidad daba una profunda pena; los criminales y las prostitutas no era las únicas personas que vivían en un mundo oscuro y triste con una vida condenada, en realidad era todo el mundo, los que estafaban, los que engañaban con mentiras, los que destruían familias, los que escalaban posiciones a costa de pisar a los demás, los que esclavizaban a otros seres humanos, que los tenían dobles vidas, y todo eso bajo la excusa de "hacerlo para ser feliz".
Y todos aquellos que cargaban en su conciencia el sufrimiento causado a otros. Nada sabían en realidad de felicidad.
Ahora me daba cuenta de lo bendecida que estaba yo.
-¿Cómo te llamas?- al fin se me ocurrió preguntarle a la mujer.
-Ana- dijo ella con una sonrisa.
-¿Y eres de Maracaibo?-
-Sí señorita-
-Y ¿Tienes familia?-
-Tenía. Pero mi esposo murió, era soldado de la revolución, y a mi hijo también me lo arrebató la revolución. Los Españoles los mataron, señorita. Es extraño, pero fue lo primero que me preguntó el Capitán cuando me trajo aquí para contratarme. No sé para qué necesitaba saber eso-
Admiré la fortaleza de aquella mujer, con una familia muerta y ella contaba todo eso con mucha naturalidad.
-¿Y estás bien aquí en verdad?-
-Señorita… aquí me tratan mejor a cómo me trataban en las casas de los señores Españoles donde trabajaba antes… y me pagan mucho dinero- respondió con algo de vergüenza por admitir eso y luego se despidió y se fue.
A media tarde volvió a aparecer, pero esta vez Ana no me traía nada, sino que vino a decirme que me vistiera porque los piratas querían que yo saliera y cenara con ellos…
Me negué rotundamente pero Ana me advirtió que si no iba por mi cuenta, ellos vendrían a buscarme y me llevarían a la fuerza.
No me quedaba otra opción.
El tiempo transcurrió lentísimo desde ese momento, y no hice grandes arreglos en mí, nada más tenía puesto el vestido amarillo que me habían dado y sentada en la cama con la mirada fija en la puerta esperé ese momento crucial en que vendrían a buscarme.
Dos piratas se presentaron en mi puerta y accedí acompañarlos sin poner resistencia. La verdad no sé para qué me encerraban, no había escapatoria de ese barco (que en realidad era un galeón, negro y de velas negras) a no ser que me lanzara por la borda al mar profundo, frío y agitado para morir ahogada. De hecho, eso lo podía hacer directamente desde el camarote, lazarme por la ventana al mar.
Sentí ese deseo el primer día de mi cautiverio pero por alguna razón me resistí.
Tal vez me vería obligada a hacerlo tarde o temprano, pero esperaría estar cerca de alguna isla o de alguna costa. Me lanzaría al mar para escapar del Venganza Negra, así muriera ahogada.
Mi camarote, el camarote del Capitán Pirata, era la única parte del barco que era bonita y lujosa… el resto era oscuro y horrible, y los hombres que me miraban al pasar eran horribles, unas bestias que consideraba capaces de cualquier acto atroz.
¿Cuánta gente había muerto allí? ¿Cuántas atrocidades habían presenciado aquellas maderas y mástiles envejecidos? Eso se sentía en el aire y me horrorizaba. Otra vez consideré la opción de lanzarme al mar para huir de eso.
Los piratas me llevaron al castillo de popa y no vi a Ana por ninguna parte, lo que empeoraba mi nerviosismo. Al parecer iba a "cenar" con el Capitán pero no con su tripulación pues los hombres comían en la cocina, seguramente igual que Ana.
Allá arriba contra la luna, sobre el mástil más alto ondeaba la inmensa bandera pirata, negra y terrible, y mis entrañas se congelaron.
-Señora Perla, pase- el viejo pirata que vi en la costa cuando me raptaron me recibía ahora en el castillo de popa. Y ya estaba bastante molesta con esa familiaridad de llamarme Perla. Odiaba ese nombre que se inventó mi secuestrador.
El Capitán estaba sentado en la cabecera de una mesa rectangular y grande como para seis personas. Había allí cinco hombres en total, y de los más viejos de la tripulación. Parecía que era el círculo de confianza del Capitán.
El pirata me llevó hacia la cabecera de la mesa y me sentaría al lado derecho del Capitán que esperaba mi llegada con una sonrisa. Sin duda estaba mucho más cansado y pálido que ayer y recordé lo que me había dicho Ana.
De mala gana me senté pues no me gustaba nada el hecho de que me sentaran al lado del Capitán.
-Señora- me saludó el Capitán con una reverencia- Estos son el señor Fontenay el señor Clifford, Rodolfo De Las Casas y mi lugarteniente que ya conoces, Jack Morgan-
Yo saludé secamente a los hombres que me observaban con curiosidad. No dije nada, me quedé allí cohibida. Me molestaban las sonrisas del hombre de negro, no sé qué se creía. Tenía una malísima impresión de que me veía como si fuera yo su mujer.
De hecho durante la cena el Capitán se tomaba demasiada confianza conmigo, incluso llegaba a acercar su mano a la mía. Estaba muy incómoda.
-Perla, no has dicho ni una palabra ¿Te gusta la cena?- al fin habló.
-No entiendo por qué tanta familiaridad, señor. No entiendo qué hago yo aquí y por qué me llama "Perla" así. No soy una mascota, soy una prisionera-
-Quiere saber qué hace aquí con nosotros la señorita- alzó la voz el Capitán Pirata y los cuatro hombres se rieron. No soportaba eso, ser como un monito de circo con el que se divertían.
Tomó un trago de vino de su copa y lo saboreó con gusto, luego dirigió sus ojos grises otra vez hacia mí, para intimidarme.
-Pero si usted misma me lo dijo ayer. Es muy perceptiva, está aquí para ser mi compañera ¿Le parece bien? La quiero de mujer para eso la traje conmigo- me dijo y yo me horroricé, los labios me temblaban y una furia me corría por las venas como la sangre -Usted es mía, señorita Perla-
Era otro hombre ahora, muy diferente al caballero que me atendió ayer y me dijo que no tenía por qué temer nada. Ahora estaba allí con eso, y aquellos hombres se reían, el Capitán se reía como si eso que me decía era una burla. Yo era fuerte, ya no era una chiquilla, y si no fuera por eso hubieran logrado humillarme y hacerme llorar, pero no lo lograrían.
