Los personajes no me pertenecen, son creaciones del mangaka japonés Masashi Kishimoto y la historia es una adaptación del libro "Cautiva en su cama" de Sandra Marlon.

Capítulo 8.

Un momento antes, Sasuke había utilizado una antigua técnica de meditación para lograr un sueño restaurador. En ese momento, todo lo que necesitaba era hacer el amor con Sakura y después dejar que ella se durmiera entre sus brazos. Había todavía muchas preguntas sin responder... pero en ese instante todo lo que importaba era eso. Sakura, cálida y suave entre sus brazos.

Sintió cómo el cuerpo de ella se relajaba junto al suyo. La besó, y ella suspiró y se tumbó de lado con la cabeza apoyada en su hombro. Sasuke la atrajo más cerca de él. Todas esas preguntas, pensó... Y se durmió junto a ella.

A la pálida luz que precede al amanecer, un suave canto de pájaros sonó en el bosque. Sakura se despertó entre los brazos de Sasuke, agarrada a él. Sus manos envolvían sus pechos. Y la caliente y brillante hinchazón de su erección asomaba en la unión de sus muslos. Sakura empezó a moverse dentro de su abrazo, pero no podía.

En lugar de eso, Sasuke se metió dentro de ella con una penetración profunda y poderosa. Nada de preliminares. No hacían falta. Ella estaba lista y deseosa de ser poseída. Sakura dejó caer la cabeza mientras él empezaba a moverse, cada vez más deprisa, y cuando ella gritó y voló, fue con ella y juntos llegaron al cielo. Tiempo después, Sakura se dio la vuelta entre los brazos de él y lo miró con los ojos como carbones ardientes.

- Sasuke -dijo en un susurro. Apoyó la mano en la mejilla de él, Sasuke agarró la mano y se la llevó a los labios para besarla. Ella volvió a quedarse dormida.

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Debía de haberse quedado dormido también, porque de lo siguiente que fue consciente fue de que el sol estaba prácticamente en el cenit. Sakura seguía entre sus brazos. Un mechón de su claro pelo se había enganchado en la comisura de sus labios y se lo apartó con la punta de un dedo, después besó el lugar donde antes estaba el pelo.

Se sentía tan bien abrazándola. Estando con ella en aquella casa que había esperado amar y sin embargo había odiado. Tonterías. Una casa era sólo una casa. Si se van a tener pesadillas no importa dónde se duerma. Los sueños vendrán igual hasta que los eches de la cabeza. Que Sakura estuviera allí con él había hecho que se sintiera diferente con respecto a la casa, incluso con Colombia. El problema era que seguía sintiendo lo mismo con respecto a sí mismo.

Alita. El nombre le venía a la cabeza como siempre. No había sido capaz de salvarla. ¿Sería capaz de salvar a Sakura? Huía de algo, pero no podría protegerla hasta que supiera de qué. No era una ladrona. No traficaba con droga. Se hubiera apostado la vida por las dos cosas. Entonces, ¿por qué huía? ¿Por qué arriesgarse con un cártel? Si no había nada entre ella y Akasuna No, por qué quería éste que volviera. ¿Por qué le había mentido Akasuna No?

Sasuke respiró hondo. Faltaban piezas del rompecabezas. Lo único cierto era que haría cualquier cosa para proteger a la mujer que tenía entre sus brazos. Necesitaba su protección. Lo necesitada a él. Y él... él... No. Diablos, no. No la necesitaba. Le gustaba más que nunca le había gustado una mujer, pero ¿necesitarla?

Nunca había necesitado a nadie. Nunca lo necesitaría. Frunció el ceño. Con cuidado sacó el brazo de debajo de los hombros de ella. Echó una última mirada a su rostro y después se levantó, se puso unos pantalones cortos y salió de la habitación.

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Sakura estaba soñando. Iba por un largo y oscuro corredor con Sasuke.

- ¿Adónde vamos? -decía ella, pero él estaba mudo.

Había un hombre de pie al final del corredor. No podía ver su rostro, pero sabía quién era.

-Por favor -decía a Sasuke -, no me hagas ir con él.

Sasuke seguía caminando con ella agarrada de la mano... El corazón le golpeaba en el pecho.

Sakura dio un salto en la cama. La luz del sol entraba por la ventana, iluminando los pétalos perfectos de una orquídea salvaje que había en la almohada a su lado. Los últimos vestigios de la pesadilla se esfumaron.

Sonriendo, agarró la orquídea y se la llevó a los labios. La de la noche era la única realidad que importaba. A no ser que... también eso fuese un sueño. Pero no lo era. Sabía que en cuanto se duchara y se vistiera, seguiría el delicioso aroma del café recién hecho y, en la cocina, encontraría a Sasuke.

Estaba de pie con la espalda apoyada en la puerta de la terraza y las manos en los bolsillos traseros de los vaqueros cortos. El corazón de Sakura se volvió del revés. Ese hermoso hombre, ese increíblemente fuerte hombre, era su amante. Sasuke se dio la vuelta y la miró. Sus ojos eran indescifrables, su mandíbula estaba en tensión.

Por un momento, volvió la incertidumbre. Había dormido con él, explorado su cuerpo como él había hecho con el suyo, y seguía sin saber nada de él, ni de por qué Sasori lo había elegido para buscarla.

-Buenos días -dijo él con suavidad, y sus ojos cambiaron totalmente, lo mismo que su expresión.

Corrió a precipitarse en su abrazo.

-Lo siento, he dormido mucho -dijo ella, sonriendo.

-Mmm -sus brazos se tensaron alrededor de ella-. Menos mal que te has levantado, me muero de hambre.

-Deberías haber desayunado sin esperarme.

-No estoy hablando del desayuno -dijo con suavidad, y le dio un beso rápido y con sabor a café.

La llevó hasta la terraza. Ella, el día anterior, prácticamente no la había visto. Vio que discurría a lo largo de la casa. Un pequeño murete de piedra señalaba su perímetro. El aire olía a las flores que en tiestos de terracota se hallaban por todas partes.

-Esto es maravilloso -dijo Sakura.

-He pensado que desayunemos aquí fuera -dijo, besándola en la mano.

-Sí. Es perfecto.

Desayunaron en una mesa de cristal protegida del sol por una sombrilla. Evalina se había ido al mercado, pero antes les había dejado preparada la comida: huevos revueltos, beicon y tortillas de maíz.

- ¿Dónde estamos? -preguntó Sakura.

-En Los Andes, en una zona llamada Cordillera Oriental.

-Es como estar en la cima del mundo.

-La gente de aquí lo llama Cachalú, la Tierra del Cielo.

- ¿Y es todo tuyo?

-No todo, pero sí una buena parte -dijo, casi riendo.

-Pero tú eres norteamericano. Su gesto se entristeció.

-Pasé una temporada aquí hace bastante tiempo.

- ¿Aquí? ¿En esta casa? Negó con la cabeza.

-En el país. Aquí pasé un par de días, por negocios. Otra persona era la dueña.

- ¿Un amigo?

-Sólo alguien a quien conocía. No exactamente lo que llamaría un amigo -hizo una pausa-. Un tipo al que conocí por el trabajo.

-Pensaba que habías sido soldado.

-Lo fui -lo último que quedaba de su sonrisa desapareció-. Es una vieja historia.

- Sasuke, lo siento, no quería entrometerme.

Buscó la mano de ella y enlazó los dedos con los suyos.

-No, nena. Yo soy el único que lo siente. Lo que pasa es que el tiempo que pasé aquí no fue... No soy mucho de revivir el pasado, ¿sabes? -volvió a sonreír de un modo forzado-. Además, ¿por qué íbamos a hablar sobre mí pudiendo hablar de ti?

No podían hablar sobre ella. Él haría preguntas, y ella no daría respuestas. No hasta que no supiera con total certeza por qué había ido a buscarla. Y si su corazonada era cierta, si Sasuke no sabía la verdad sobre Sasori, contarle demasiado podría ponerle a él también en peligro.

-No hay mucho de qué hablar -dijo ella con una sonrisa rápida.

Sasuke se llevó su mano a los labios.

-Apuesto a que sí. ¿Cuál es tu helado favorito? ¿Te gusta el fútbol? ¿Entiendes una sola palabra de lo que dice Bob Dylan? ¿Qué te parece Mahler?

- ¿Mahler? -preguntó ella, levantando las cejas.

-Sí. ¿Demasiado... o no suficiente?

Sakura se echó a reír.

-Chocolate -dijo ella-. Sí, no, demasiado.

Sasuke sonrió.

-Una mujer que sabe lo que quiere, eso es lo que me gusta.

- ¿Y tú?

-Fresa. Sí, no...

-Me refiero a ¿por qué Sasori te contrató para perseguirme? No había querido preguntar eso, las palabras se le habían agolpado en la boca. Parpadeó y vio cómo la sonrisa de Sasuke se evaporaba.

- Sasuke, no quería...

-Está bien. Directa al grano. Diablos, ¿por qué no? -apretó la mandíbula-. Por ejemplo, ¿qué te hizo venir a Colombia?

Lo miró fijamente. Tenía la verdad en la punta de la lengua. Deseaba decírsela.

Explicarle que un día era secretaria y, al siguiente, una agencia sin nombre la había convertido en espía.

-Es una pregunta sencilla, nena. ¿Qué te parece responderla?

Sasuke seguía sonriendo, pero el gesto de sus ojos indicaba que la estaba analizando. Muy bien. Diría la verdad... hasta donde pudiera.

-Fue... una... Era secretaria en Washington. Entonces mi jefe me dijo que había una plaza en Cartagena y me preguntó si estaría interesada.

-Y tú dijiste que claro, y ya está.

-Sí. Así fue.

- ¿Habías pedido un traslado?

-Bueno, no.

- ¿Hablas español con fluidez?

-No, con fluidez, no, pero...

-Pero, zas, tu jefe decide enviarte a Cartagena, ¿verdad?

Sus dedos seguían unidos a los de Sasuke. Quería soltarse. Se sentía mal teniendo sus manos unidas mientras la mirada y la voz de él se habían convertido en las de un extraño.

-No utilices ese tono conmigo -dijo con suavidad.

-Estoy tratando de entender las cosas. Quiero decir... demonios, es como si fueras Dorothy y te agarrara el tornado, ¿sabes? El viejo: «creo que esto no es Kansas, Toto». Washington un día, Cartagena al siguiente. Como asistente personal de Akasuna No -su tono se endureció-. Viviendo en ese enorme y caro mausoleo de las colinas.

-Había trabajado antes para Sasori, cuando estaba destinado en Washington.

-Así que no fue una casualidad. Akasuna hizo una petición especial. Pidió a Washington que te enviaran.

-Nadie me envió a Sasori.

–No le demos más vueltas, ¿de acuerdo? Akasuna No te solicitó. Sakura soltó la mano.

- ¿Eso es todo?

-No es nada más que una conversación amistosa. Sólo estoy tratando de averiguar cómo una mujer establecida en Washington termina en un trabajo fantástico en Latinoamérica.

- ¿Un trabajo fantástico? -soltó una carcajada-. ¿Recuerdas lo que me dijiste de Colombia? Es hermosa, pero terriblemente peligrosa.

-El mayor problema en una ciudad costera como Cartagena es decidir dónde vas a ir a bailar esa noche.

Sakura empujó su silla y se puso de pie. Sasuke hizo lo mismo.

- ¿Adónde vas? -dijo con frialdad.

-Te he dicho que no me gusta tu tono.

-Y a mí no me gusta la gente que se cree que puede largarse y dejarme plantado.

Sakura se dio la vuelta y fue hacia la casa. Él fue tras ella, la agarró de los hombros y le dio la vuelta.

- ¿Hay algo entre Akasuna No y tú?

-Ya he respondido a eso antes.

-Él cree que sí.

-No soy responsable de lo que él crea.

- ¿No te has acostado con él?

Sakura levantó la barbilla.

-Si lo hubiera hecho, no sería de tu incumbencia.

-Ya lo creo que sí -dijo, cerrando la mano sobre el hombro.

-No. Tú y yo hemos pasado una noche juntos. Eso no te concede el derecho de preguntarme con quién me he acostado.

Sasuke la miró fijamente. Los ojos de Sakura ardían desafiantes. Estaba indignada y tenía derecho a estarlo. Tenía razón, su pasado no era asunto suyo... Pero lo mataría saber que había estado con un hombre como el coronel.

-Tienes razón -dijo en tono áspero y atrayéndola hacia él-. Tu pasado no me interesa. Pero desde ahora, como mires a otro hombre...

Bajó la boca hasta la de ella. Sakura se echó para atrás un instante, pero de inmediato se puso de puntillas y lo abrazó por el cuello. La levantó en sus brazos y la llevó hasta un diván que había en una esquina de la terraza, se desnudaron y se enterró dentro de ella.

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En el abrasador calor del medio día, bajaban por un estrecho camino que serpenteaba al lado de una hilera de robles blancos. Sasuke llevaba una mochila sobre los hombros, y Sakura una botella de agua colgando de una correa. No quería decirle a ella dónde iban, sólo que era un lugar especial y que era bonito. Cuando salieron de entre los árboles a un pequeño claro, Sakura dio un grito ahogado de sorpresa.

-Oh -susurró-. Oh, Sasuke... Tenías razón. Es maravilloso.

-Sí -aclaró la voz-. Me imaginé que te gustaría.

Sakura miró a su alrededor, al anillo que formaban los árboles alrededor de la hierba, a la espumosa cascada que se precipitaba desde una colina a un estanque de color zafiro.

-Es como... como el Jardín del Edén.

-Es tranquilo -dijo él con suavidad- e inmaculado. La clase de sitio donde te sientes a salvo del resto del mundo.

Lo miró, sabiendo instintivamente que le había dejado tener una visión de él que había mantenido oculta al resto del mundo. Él pareció darse cuenta porque dibujó rápidamente una sonrisa avergonzada, arrojó al suelo la mochila y se quitó la camiseta.

-De acuerdo -dijo bruscamente-, el último en llegar friega esta noche los platos de la cena.

- ¿Te vas a meter en el agua?

-Claro -dijo, riendo al ver el gesto de sorpresa en sus ojos.

-Pero... ¿qué pasa con las serpientes? Sasuke se quitó las sandalias.

- ¿Qué pasa con qué?

- Sasuke...

-Todavía no he visto ninguna anaconda.

Sakura se quedó pálida.

- ¿Anaconda?

-Sí. Ya sabes. Puede medir siete metros, tener treinta centímetros de grosor... Nena, me estoy riendo de ti. Nada de anacondas, nada de pirañas, nada de cocodrilos. Estamos en las montañas. El Amazonas está muy lejos.

-No he traído bañador.

Sasuke se río, se desabrochó el pantalón corto. Sakura miró a su amante. Era espectacular. Era guapo, un pedazo de pura masculinidad. Esos hombros. Ese pecho. Ese largo e impresionante cuerpo...

-No juegas limpio.

- ¿Qué? -preguntó ella, apartando la vista.

-Me estás mirando -dijo con voz ronca-, y no me estás dando a mí la misma oportunidad.

-Claro... Yo...

-Exactamente. Estoy en cueros. Tú llevas ropa - Sasuke redujo la distancia entre los dos-. Deja que te ayude a desnudarte, nena.

-Puedo yo sola.

-Yo puedo hacerlo mejor.

Tenía razón. Oh, sí, él podía hacerlo mucho mejor. La sensación de sus manos en los brazos mientras le quitaba el top de algodón por encima de la cabeza. El roce de sus nudillos en el vientre mientras le desabrochaba los pantalones cortos. El susurro de su boca en la garganta mientras se inclinaba sobre ella, buscaba en la espalda y le desabrochaba el sujetador.

-Eres tan hermosa -levantó la vista hacia él-. Tan hermosa -dijo, besándola en la boca. Le devolvió el beso, enterrando los dedos en el sedoso cabello de la base del cuello, sintiendo los pechos desnudos contra la piel de su pecho.

Habían hecho el amor una y otra vez, pero estaba lista para él otra vez, los pezones erectos, deseando sus caricias, el lugar secreto entre sus muslos, húmedo y caliente. Y él siempre estaba listo para ella. La fuerza de su erección contra el vientre era la prueba, lo mismo que la forma en que sus manos recorrían su cuerpo. Despacio se acercó más a él. Movió las caderas de modo que lo rozaran y disfrutó con el modo en que se quedó sin respiración. Tomó la cara de ella con las dos manos y la besó con fiereza.

-Bruja -dijo con un susurro ronco.

Saber que la deseaba tanto era electrizante. No tenía mucha experiencia, pero no era tonta. Sabía que Sasuke podría tener cualquier mujer que quisiera... pero la quería a ella.

- ¿Es eso lo que soy?

-Sabes que lo eres.

Pasó los brazos por encima del cuello de él. Levantó una pierna y rodeó su cintura. Sasuke gimió de deseo.

-Quédate así, voy a apoyarte en un árbol y poseerte aquí mismo.

Sus palabras, su tono, la emocionaron.

-Hazlo -dijo ella con la voz entrecortada por la excitación.

Todo en él cambió. Se le oscureció la mirada, se afinó la boca. Por un momento Sakura temió al hombre que se había convertido en su amante... El hombre que había creído que iba a matarla.

- ¿Sasuke? -dijo, temblorosa.

La agarró de los hombros. La levantó hasta ponerla de puntillas. Le metió la lengua en la boca mientras la apoyaba contra un enorme árbol en el límite del claro.

- Sasuke -dijo de nuevo-, espera...

Demasiado tarde. Su grito se ahogó por el sonido de la cascada. El primer empujón le hizo ponerse de puntillas, el segundo la llevó hasta un maravilloso clímax. Pero seguía moviéndose, bombeando en la profundidad de sus entrañas mientras ella se agarraba con fuerza a su cuello, lo rodeaba con las piernas mientras él la agarraba de las nalgas y la llevaba volando al paraíso junto a él, tan fuerte, tan rápido, que sólo podía gemir de placer mientras llegaba al orgasmo una y otra vez.

El rostro de Sasuke se contorsionó; un grito ronco surgió de su garganta y explotó dentro de ella. Siguieron unidos el uno al otro un largo rato, los cuerpos brillantes por el sudor, los pulmones buscando aire.

-Nena -dijo con suavidad-, cariño, lo siento.

-No -dijo, negando con la cabeza.

- ¿Te he hecho daño? No quería, yo sólo...

-No me has hecho daño. Ha sido... ha...

-Maravilloso.

-Sí.

Tomó el rostro de ella entre las manos, la miró a los ojos y la besó.

-Nunca... no sabía...

-No -dijo él sencillamente-. Yo tampoco. La mantuvo a su lado hasta que sus corazones recuperaron el ritmo normal. Luego la miró, Tenía el rostro resplandeciente. Sintió como si unas alas se le movieran dentro del pecho, y dijo:

-Sakura, Sakura, yo... yo...

- ¿Qué? -preguntó ella, y esperó. El bosque pareció esperar también, parecía como si todas las criaturas que vivían allí se hubieran detenido a esperar con ella.

-Me alegro de haberte encontrado.

Alzó la vista hacia él.

-Me alegro de que me encontraras -dijo ella con suavidad.

Sasuke sintió que se le hinchaba el corazón. La besó una y otra vez y, a lo mejor porque había algo más que decir, pero no estaba preparado para decirlo, la envolvió con sus brazos y dibujó una sonrisa malévola.

-Hora de bañarse -dijo él.

-No, Sasuke, seguro que está fría.

- ¿Lista o no? -dijo, y corrió y se lanzó con ella al agua.

- Sasuke -susurró, y lo besó.

Su boca era un cálido contraste con el frío del agua. Sentía su cuerpo fuerte al lado de ella... Y finalmente reconoció que no tenía sentido mentirse a sí misma: en algún momento entre el día anterior y esa mañana, se había enamorado de Sasuke Knight.