Capítulo V
-Bueno, bueno- el Capitán interrumpió la cena y en seguida todos los hombres hicieron silencio.
Yo permanecí callada en mi asiento, y casi no comía aunque debía admitir que estaba muerta de hambre y aquella cena era una delicia.
-Al parecer esta noche nuestra monjita tendrá su bautizo de fuego- dijo levantándose de la mesa con su copa de vino en la mano.
Todos los piratas voltearon a mirarme con sus horribles sonrisas.
-Sí, esta noche esperamos encontrar a una fragata Española que viene de las costas Venezolanas cargada de esclavos y de oro- dijo el Capitán y a mí se me heló el alma. Ya me suponía lo que eso significaba -¿Sabe por qué este barco es negro, mi querida monjita?- preguntó –Porque así no pueden vernos en medio de la noche. Nos acercamos y nos aparecemos como fantasmas- pronunció con su grave voz y cada palabra sonaba terrible –Negros somos, señorita, para movernos en la noche, sorprendiendo con la muerte-
No decía palabra, esa nueva noticia me había dejado un nudo en la garganta. ¿Qué iba a ser de mí en medio de una batalla naval? Otra vez me veía tirándome al mar, pero aún peor, al mar negro de la noche, lleno de animales voraces.
Todos los hombres celebraron eso. Yo no, yo estaba allí atrapada sin escapatoria.
Haciendo caso omiso de mi presencia y de mi desgracia los piratas hacían planes y discutían el ataque al bergantín, y la liberación de los esclavos que supuestamente éste traía.
Cuando al fin Morgan y Fontenay me ordenan levantarme, y detrás de nosotros el gran vitral mostraba una noche estrellada y un mar calmo. Me quedé hipnotizada con aquel paisaje, y era una gran ironía que algo tan hermoso pudiera ser tan mortal.
-Deberá quedarse en el camarote, señorita Perla- la voz grave del Capitán me habló por encima del hombro –Si encontramos ese barco esta noche, las cosas se pondrán peligrosas. A no ser que usted sea buena con la espada-
Volteé para darle la cara, no podía entender por qué ahora se mostraba preocupado por mí.
-Prefiero que me maten los Españoles a ser su mujer a la fuerza- fue lo que le dijo. El pirata me miró sorprendido por un momento pero luego recuperó la compostura.
-Usted nunca ha tratado con hombres ¿Verdad?- sonrió disfrutando de mi temor–Es muy ingenua-
No toleraba cómo le gustaba acercase a mí y jugar conmigo. Los dos estábamos muy cerca frente a ese ventanal, con el mar de fondo.
-Las monjitas nunca han estado con un hombre- proseguía con su cháchara insoportable y esa sonrisa desconcertante.
-Entonces para eso me secuestró, para mostrarme lo que es un "hombre"-dije con odio.
-En definitva, no conoce a los hombres- el Capitán Pirata suspiró y se alejó para volver sus ojos grises al mar negro que murmuraba afuera del ventanal del castillo de popa. Era nuevamente el hombre que había visto ayer, no el fanfarrón que se lució durante la cena.
Entonces tuve la loca idea de que lo que me dijo durante la cena frente a sus hombres fue una broma, fanfarronerías para hacerse el macho delante de su tripulación y burlarse de mí.
-Pero tal vez algo de razón tenga usted- dijo, y yo no sé por qué eso me hizo latir fuerte el corazón. Su presencia era intimidante, me hacía latir el corazón de una manera que no quería.
No dijo más nada, se quedó en silencio y de repente su mirada adquirió una profunda tristeza.
-Será mejor que se prepare, tome sus precauciones por si llegamos a encontrarnos ese barco Español. Aquí no podrá ser una princesa, deberá aprender a luchar y defenderse por sus propios medios, monjita-
Ordenó a Fontenay que me llevara al camarote.
-Quédese allí, y no trate de salir ni hacer ruido, pase lo que pase- me advirtió- No le pasará nada-
Asustada tendría que vivir esa experiencia, no sé si era peor quedarse escondida sin saber nada o presenciar la matazón que se acercaba.
El Capitán Pirata iba a llenarse las manos de sangre esa noche. Me horroricé.
Triste destino el de aquella fragata Española. Era otro barco que caía víctima del Venganza Negra.
Desde mi ventana y empuñando una bellísima espada que Morgan me entregó, fui testigo de un ataque brutal y del bergantín sólo quedó una nave envuelta en llamas y gritos de hombres desesperados que caían abatidos por balas de pistolas y cañones. Sin embargo adentro de mí estaba muy preocupada por la vida del Capitán Pirata.
