Los personajes no me pertenecen, son creaciones del mangaka japonés Masashi Kishimoto y la historia es una adaptación del libro "Cautiva en su cama" de Sandra Marlon.

Capítulo 10.

Sakura tropezó al subir los escalones de la terraza. Sasuke la sujetó.

- ¿Estás bien?

-Sí, se me ha enganchado el tacón, eso es todo -sonrió-. Creo que no estoy acostumbrada a los tacones altos.

Ella río, y pensó: «Aquí estás por última vez, riendo por una tontería al lado del hombre que amas»

-Voy a quitarme los tacones, ¿vas encendiendo el fuego?

- ¿Estás segura?

-Afirmativo -le acarició en la cara y sintió la aspereza de la barba después de todo el día. Recordó cómo le gustaba esa sensación en los pechos-. Sasuke…

- ¿Sí? «Te amo», pero de pronto le dio miedo pronunciar esas palabras. - ¿Qué pasa cariño? -requirió él.

-Nada -dijo deprisa-. Enciende el fuego y sirve un poco de brandy. Iré en un minuto.

La besó. Después abrió las puertas y entró en la casa. Sabía lo que estaría haciendo en ese momento: introduciría el código que desactivaba la alarma, se quitaría la chaqueta y se dirigiría hacia la chimenea...

-Hola, Sakura.

Una mano le cubrió la boca, ahogando el grito en su garganta. «Sasori. Era Sasori. Estaba aquí, aquí», pensó.

-Silencio -le dijo al oído, y apretando aún más la mano-. Ni un ruido, ¿entiendes?

Ella asintió. Sasori la soltó. Lentamente Sakura se volvió hacia él.

- ¿Qué tal estás, muchacha? -dibujó una sonrisa fría-. No necesito que respondas. Ya lo veo. Tienes aspecto de feliz.

-Sasori... Gimió cuando la agarró de la barbilla y le clavó los dedos.

- ¿Qué te he dicho? -susurró-. Yo hablaré, tú sólo mueve la cabeza. Y ahora, querida niña, te explicaré lo que vamos a hacer.

- ¿Sakura?

-Respóndele -susurró Sasori, y sintió algo duro y metálico apretar contra uno de sus pechos-. Y que parezca que todo va bien o...

-Un minuto, Sasuke.

-El fuego está listo, cariño. Estoy sirviendo el brandy.

-Cariño -imitó Sasori-. ¡Qué cálido! -apretó más el cañón de la pistola-. Parece como si el valiente señor Knight pudiera hacer cualquier cosa por ti. La cuestión es, ¿harías tú cualquier cosa por él?

-Sasori, por favor, te lo ruego...

-Vas a volver a Cartagena conmigo.

- ¡No!

-Vas a decirle que es idea tuya. Que tuvimos una pelea de enamorados pero que, al verme venir a buscarte, te has olvidado y quieres volver conmigo -apretó aún más la pistola-. Hazlo -ordenó Hamilton-, y hazlo creíble o lo mataré. Dispararé primero mientras tú lo ves, querida niña, y ya no habrá nada que puedas hacer para ayudarlo. ¿Entendido?

Sakura sollozó.

- ¿Eso es un sí?

-Sí -susurró ella. -Excelente. Y por si piensas que él puede tener alguna oportunidad... No estoy solo. Dos de los hombres de Rosario están ahí, en lo oscuro. Si algo va mal en este pequeño drama, ellos se harán cargo.

Se encendieron las luces. Akasuna No le pasó el brazo por el hombro. La otra mano en el bolsillo de la chaqueta con el arma. Las puertas se abrieron. Sasuke salió... y se quedó rígido. Akasuna No, ¿allí? No podía creerlo. Nadie, excepto sus hermanos, conocía ese sitio.

-Buenas noches, señor Knight. Me alegro de volverlo a ver.

¿Por qué estaba Sakura tan cerca del hombre de quien había huido? ¿Por qué le pasaba un brazo por el hombro? Sasuke retiró la vista de ella y miró al coronel.

- ¿Qué hace usted aquí?

-No creo que se crea la historia de que pasaba por aquí... No, no lo creo.

-Salga de mi propiedad.

-Venga, señor Knight. Americanos en suelo extranjero. Creí que sería más hospitalario, sobre todo con la persona que le contrató.

-No me ha contratado. No hay dinero de por medio.

-Es cierto, pero usted aceptó buscar a Sakura, y aquí está.

- ¿Sakura? -Sasuke miró a la mujer que amaba. Estaba pálida. Menuda impresión encontrarse a Akasuna No allí-. Sakura -dijo con suavidad, tendiéndole la mano-, ven conmigo, nena.

-Está muy feliz donde está, señor Knight, ¿verdad, querida? Bueno, no responde. Me pidió que yo me hiciera cargo de esto. Comprensible si piensa en lo bien que le ha tratado.

-Sakura -dijo Sasuke, cortante-. Apártate de él. Ya.

-No me gusta oírle dar órdenes a mi prometida, señor Knight.

-No es su prometida.

- ¿Eso es lo que le dijo? -el coronel sacudió la cabeza-. Sakura, Sakura, ¿por qué juegas con estas cosas?

-Sasori -dijo Sakura con voz temblorosa-. Sasori, por favor...

-Akasuna No -dijo Sasuke en tono agresivo-. Suéltela. Ahora.

El coronel alzó las cejas.

-De verdad, señor Knight...

-Ahora -gritó Sasuke.

Akasuna No se encogió de hombros. Agarró con fuerza la pistola y se apartó de ella.

-Si es eso lo que quiere. Pero me temo que no cambiará nada. Sakura entiende la situación, ¿verdad, querida niña?

Sakura asintió. Sí, entendía. La mano de Akasuna No estaba en el bolsillo empuñando una pistola. En algún sitio entre las sombras, dos hombres que mataban por placer apuntaban con sus armas al hombre que amaba. El hombre al que sólo podía salvar la vida rompiéndole el corazón.

- Sakura -dijo Sasuke, mirándola a los ojos-. Ven conmigo. Te protegeré.

-No hay que protegerme de nada -dijo con cuidado-. Estoy bien, Matthew. Sé que te cuesta creerlo, pero de verdad, estoy bien.

Sasuke entornó los ojos. Sakura sabía que él estaba pensando que mentía, incluso podía llegar a descubrir por qué lo hacía. No podía dejar que eso sucediera. A lo mejor tenía alguna oportunidad contra Sasori, pero los hombres escondidos le dispararían de inmediato. Sakura respiró hondo, se acercó al coronel y se obligó a rodearlo con un brazo.

- Sakura -dijo Sasuke en un rugido-. ¿Qué demonios haces?

-Yo... yo... -lo que veía en la cara de Sasuke iba a hacer que se echara a llorar-. Sasuke, yo...

-Está bien, querida -dijo el coronel-. Lo haré yo por ti. Ya ve, Knight, tenía la esperanza de que hubiéramos podido estar a solas. Dos hombres de mundo discutiendo un problema sin la presencia de Sakura para complicar las cosas.

-Muy bien. Hagámoslo -dijo Sakura sin dejar de mirar a Sakura -. Salga de mi propiedad y llame para concertar una cita.

-Ya lo he hecho. Varias veces -Akasuna No volvió a sonreír-. No parece haber revisado sus mensajes. Pero lo entiendo. La señorita Haruno puede ser una gran distracción. Supongo que es por eso por lo que se muestra tan hostil conmigo. No es forma de actuar de un agente del gobierno.

- ¿Qué? -dijo Sakura en un jadeo. -Está mintiendo. Trabajaba para ellos, pero ya no. Maldita sea, Akasuna No, ¿qué está pasando aquí?

-Tiene razón. Ya no trabaja para ellos -río Akasuna No-. Ahora trabaja por libre, para el mejor postor. Ya sé. Resuelve situaciones difíciles. Encuentra la forma de resolver las cosas en situaciones en que la gente que le contrata no se siente capaz.

- ¡Está mintiendo! ¡Me pidió que te encontrara! No tengo nada que ver con el gobierno. ¿Sakura? Maldita sea, dime algo.

-Deja que me explique por ti, querida. Ya ve, señor Knight. Sakura vino a Cartagena como mi asistente personal, pero era mucho más que eso. Nos habíamos enamorado en Washington y queríamos estar juntos.

- ¿Sakura? -dijo Sasuke, y ella supo que seguiría escuchando la desesperación en su voz mientras viviera.

-Pero la chica decidió darse un paseo por el lado salvaje. ¿Lo de la droga introducida a través de la valija de la embajada? Todo verdad. Como mi secretaria, tenía acceso y cobertura. Desafortunadamente para ella, lo descubrí. Sentí pena por ella y le dije que se lo perdonaría si volvía inmediatamente a los Estados Unidos.

«Sasuke», pensó Sakura, «oh, Sasuke, mi amor...».

-Me avergüenza decir que abusó de mi confianza. Se escapó de mi casa con una lista de agentes federales encubiertos en Cartagena. Tenía que recuperarla, pero no podía decírselo a nadie.

-Se implicaría usted mismo por haberla encubierto. Akasuna No asintió. Sasuke se volvió a Sakura. -Dime que está mintiendo.

-Sí, querida niña -dijo Akasuna No suavemente-. Dile lo que quiere escuchar y las consecuencias serán funestas. La advertencia era clara.

Akasuna No, había construido una mentira monstruosa basada en retazos de la verdad. Sakura respiró hondo.

-No puedo... no puedo decirte eso, Sasuke.

- ¿Intentaste traficar con coca?

Todo lo que pudo hacer fue susurrar:

-Sí.

-Robaste una lista de agentes infiltrados. ¿Estabas dispuesta a pasársela a la gente que los mataría? -la agarró de los hombros, y gritó-. ¿Eres esa... esa basura de mujer?

No respondió, pero sabía que Sasuke interpreta ría su silencio como un sí.

- ¿Y te acostaste conmigo por eso? -apretó los labios-. Diablos, ni siquiera intentes responderme. Sé por qué. Acostándote conmigo me mantenías a raya. Me mantenías apartado de Akasuna No. Evitabas que volviera y me enterara de todo.

-Triste pero cierto, me temo -dijo Akasuna No a modo de sentencia-. Es muy buena a la hora de conseguir que los hombres hagan lo que quiere.

Sasuke lo ignoró.

-Una última oportunidad -dijo a Sakura suavemente, como si estuvieran solos-. No es demasiado tarde. Dime que no era mentira. Todo lo que has hecho en mi cama, lo que hemos compartido... -la angustia y la furia se mezclaban en sus ojos-. Dime que es él quien miente. Dilo y te creeré - Sakura quería abrazarlo. Ofrecerle la boca y decirle que lo amaba, lo adoraba, que lo amaría hasta el final de los tiempos...-. Dilo, maldita sea rugió.

No respondió. Los ojos de Sasuke se volvieron de hielo, apartó las manos de ella con un cuidado exagerado y se apartó. El hombre del que se había enamorado se había ido y había sido reemplazado por el peligroso extraño que la había raptado en el hotel unos días antes.

- ¿Qué va a pasar ahora?

La pregunta se la planteó a Akasuna No. El coronel suspiró.

-La llevaré a Cartagena. Devolverá lo que robó y se comportará como es debido de ahora en adelante o se lo diré a mis superiores, aunque eso suponga que tenga que enfrentarme a un juicio militar por encubrimiento -hizo una pausa-. Lo siento, señor Knight, debería haberme dado cuenta de que Sakura podría... Es la clase de mujer que sólo con verla puede... Bueno. No importa. ¿Sakura? ¿Supongo que llevas contigo la lista de agentes? -ella asintió, el coronel la agarró de la muñeca con una mano por la cintura y le tendió la otra a Matthew-. Adiós, señor Knight. Gracias por su ayuda.

Sasuke miró la mano extendida, y de forma deliberada se metió la suya en el bolsillo.

-Lárguese de mi propiedad, coronel -repitió en voz baja y mortecina-. No quiero volver a verlo, para mí está muerto.

Sakura notó la furia de Akasuna No por la forma en que le apretaba la muñeca, pero su voz no dejaba traslucir nada.

-Vamos, querida niña. Ya hemos hecho pasar un mal rato al señor Knight. Dejémosle pasar su enfado en privado. Sakura no movió los pies. Akasuna No tiró de ella por los escalones hasta la tierra.

-Sasuke -dijo en un susurro roto. Akasuna No la agarró con más fuerza, pero ella se dio la vuelta y le dedicó una última mirada a su amante-. Es lo mismo que haber elegido la calavera y los huesos en lugar del águila... El fin siempre justifica los medios.

-Una palabra más -musitó Akasuna No-, y habrás firmado su sentencia de muerte.

Su patético intento de avisar a Sasuke de que Akasuna No la había obligado a ir con él había fallado. Sasuke se había dado la vuelta y echado a andar hacia el final de la terraza. Lo había perdido, para siempre. El coronel la arrastró hasta donde se encontraba su coche con el chófer.

Una vez allí, le ató las manos y la colocó en el asiento de atrás. El chófer arrancó el motor y se dirigió a la carretera.

-Los hombres que estaban contigo -dijo, desesperada-. Diles que se vayan. Akasuna No soltó una carcajada.

- ¿No era una historia excelente? Me encanta que te la creyeras -se inclinó sobre ella-. Casi no puedo esperar a llevarte a casa, querida niña. Lo bien que lo vamos a pasar juntos.

Le escupió a la cara. Akasuna No gruñó y se limpió con el dorso de la mano. Ya nada importaba. Nada, estando sin Sasuke.

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El sonido del motor del coche se fue apagando, y el silencio volvió al bosque. Sasuke se quedó de pie en la terraza, inmóvil, mirando a la oscuridad de la noche maldiciéndose a sí mismo. Y a Akasuna No. Y al gobierno... Y a Sakura. ¿Cómo podía haber sido tan imbécil?

Sabía lo fácil que era juzgar mal las circunstancias cuando se encontraba sometido a una situación de estrés, lo fácil que era apartarse de la verdad. Había un sin fin de trucos en las operaciones encubiertas. Mentiras, fabricación de pruebas, ocultaciones. Agentes dobles, hombres que, mirándote a los ojos, te juraban que decían la verdad. Mujeres entrenadas en el arte del engaño, de la seducción. Apretó los puños. ¿Cómo podía haber sido un objetivo tan fácil?

Había ido tras Sakura sabiendo exactamente lo que era, pero de alguna forma había perdido la cabeza. Era inocente, había dicho ella. Y lo había creído. No le había costado mucho convencerlo. Unos besos apasionados, algunas noches en su cama, pensó fríamente, y se había convencido él solo. Si había algún consuelo en todo aquello, era que al menos esa noche no había hecho el idiota del todo. Si hubiera llegado a decirle que la amaba. Se imaginaba de pie en la terraza, con ella entre los brazos, diciéndole: «Sakura, te amo».

No lo hubiera hecho nunca. Se había dado cuenta de que nunca la había querido y no la querría nunca. Que la amaba era otra más de las mentiras que se había dicho a sí mismo. A lo mejor tenía que ver con la forma en que se habían conocido. Él como cazador, ella como la presa. Había algo excitante en aquello, ¿verdad? 0 a lo mejor había sido el modo en que había temblado entre sus brazos. Cómo levantaba su rostro hacia él cuando la besaba... Se agarró a la barandilla de la terraza.

¿Qué importaba todo aquello? Se había terminado. Giró sobre los talones y entró en la casa, agarró las dos copas de brandy y se acercó al bufete. Lo que había sentido por Sakura había sido lujuria. Lujuria... ¡Maldición! Su rostro se crispó. Arrojó las copas contra la chimenea. Después agarró la botella y le dio un largo trago. Pensó en todo lo que le hubiera gustado decirle antes de irse. Que acostarse con ella no había significado nada para él. Que se había acostado con al menos una docena de mujeres que eran mucho mejor en la cama de lo que ella sería nunca.

Que abrazarla durante toda la noche había sido parte del juego. Tomó otro trago. Todo había sido un juego. Para los dos. Y había estado bien. Incluso después de un tiempo, sería una buena historia que contar. Otro trago de brandy. Y luego otro y otro hasta que la botella estuvo medio vacía. Después apagó el fuego. Agarró la chaqueta, se aseguró de que llevaba las llaves, la cartera, el pasaporte.

-Hora de irse a casa -dijo en medio del silencio de la noche. Hora de volver a su vida. A Dallas.