Los personajes no me pertenecen, son creaciones del mangaka japonés Masashi Kishimoto y la historia es una adaptación del libro "Cautiva en su cama" de Sandra Marlon.
Capítulo 11.
Era increíble la cantidad de cosas que el dinero podía comprar. Sasuke era rico. Nunca había pensado en sí mismo de ese modo. Había crecido siendo rico, pero el dinero era de su padre. No había querido nunca nada de él.
Su empresa le había hecho rico por sí mismo. Había comprado un dúplex en Turtle Creek y un Ferrari. Vivía bien, viajaba bien. Compraba cosas que le gustaban, regalaba cosas caras a las chicas con las que salía. Por primera vez en su vida sabía lo que podía hacer el dinero.
Salió en coche del valle hacia un pequeño aeropuerto privado, recorriendo la estrecha carretera a una velocidad que hubiera sido de locura incluso aunque no hubiera bebido, pero le daba igual. La verdad era que no le importaba qué pudiera pasar. Se sentía igual que cuando acababa de dejar la Agencia. Nada le importaba lo más mínimo. Y sabía que eso era peligroso. Había sobrevivido a esos momentos difíciles entonces y volvería a sobrevivir.
Era cerca de medianoche cuando llegó al aeropuerto. No había nadie, sólo un número de teléfono en la puerta. Para emergencias, ponía. Maldita sea, aquello lo era, así que sacó su teléfono. Un par de señales y estaba hablando con una voz soñolienta que tenía un Learjet 60. El señor sí podía volar a los Estados Unidos, pero no en ese momento. Era imposible. No se podía volar desde Cachalú por la noche. Las montañas... era demasiado peligroso. Por la mañana y por los honorarios establecidos...
- ¿Cuánto eran los honorarios establecidos? -preguntó Sasuke. El piloto dudó.
-Quince mil dólares -dijo. Sasuke ni parpadeó.
-Lléveme ahora -dijo-, y lo doblo.
Una hora después estaban en el aire. Cinco horas después no estaba en casa, estaba en Houston.
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Su padre abrió la puerta él mismo. Avery estaba sin afeitar y con ojos de sueño, pero eran apenas las seis de la mañana. Sasuke había llamado en cuanto aterrizó y despertado a su padre para decirle que estaría allí en media hora.
- ¿Café? -dijo Avery-. Acabo de hacerlo.
Sasuke asintió y siguió a su padre a la cocina. El café estaba cargado y caliente y le añadió una buena cantidad de azúcar. Cafeína y azúcar... necesitaba las dos cosas.
- ¿Cómo estaba Cartagena? -preguntó su padre desde el otro lado de una mesa de mármol. La pregunta del siglo, pensó Sasuke, y sonrió tímidamente.
-Hacía calor.
-Sí, bueno... Supongo que conocerías a Sasori Akasuna No.
-Oh, sí, lo conocí - Sasuke entornó los ojos-. Dime, padre, cuando me pediste que le ayudara, ¿sabías la clase de hombre que era?
-La clase de hombre que...
-Akasuna No es un hijo de perra.
- ¿Sí? No le conozco. Es su padre quien era amigo mío.
-Quería que cazara a una mujer -apretó la mandíbula-. A su mujer.
- ¿Era eso lo que quería? Lo siento hijo. De haberlo sabido, nunca te habría metido en ello.
Sasuke sintió que parte de su rabia se desvanecía. El desconcierto de Avery no podía ser fingido. ¿Cuándo le había llamado hijo o se había disculpado?
-Bueno, sí, la encontré.
-Entonces, ¿por qué pareces tan disgustado?
Sasuke miró a su padre. «No es asunto tuyo...», iba a decir, pero lo que dijo fue algo completamente diferente.
-Me lie con ella -dijo tranquilamente-. Todo se convirtió en un asunto personal, y no debería haber sido así.
-Estar preocupado por una mujer puede complicar mucho las cosas.
-No estoy preocupado por ella -zanjó Sasuke -. He dicho que me lie con ella, eso es todo, sólo... sólo -sus ojos se encontraron con los de Avery-. He hecho el tonto, eso es lo que he hecho -dijo-. Maldita sea, debería haberlo sabido.
-No puedes saber cuándo te vas a enamorar.
-Padre, te he dicho...
-Es lo que me pasó a mí cuando conocí a tu madre.
Sasuke levantó las cejas. No podía recordar a su padre hablando de su madre.
-La quería tanto, que tenía miedo de demostrarlo. Tu madre cambió mi vida, y me imaginaba que si dejaba de amarme... -Avery dejó escapar una carcajada de autodesprecio-. Pero nunca lo hizo. Su amor fue lo único constante en mi vida. Cuando murió... cuando murió. Me creí perdido. Me volqué en el trabajo y.… y me desentendí de ti y tus hermanos. Me arrepiento, pero...
-Sí -dijo Sasuke sin rodeos-. Lo hiciste -suavizó la voz-. Pero... me alegro de que me digas cuál fue la razón. Quiero decir que puedo entender lo destrozado que te quedaste por la pérdida -se aclaró la garganta-. Esto no es lo mismo. Esta mujer... no me amaba. Y yo tampoco a ella.
-Claro que no -dijo Avery tranquilamente.
Padre e hijo tomaron un sorbo de café en silencio. Después Sasuke suspiró y se puso de pie.
-Tengo que ir a la oficina.
-Con suerte, hijo, mirarás esto desde la distancia algún día y encontrarás algo bueno. El tiempo nos enseña cosas -sonrió-. Ya sabes, no vale la pena llorar por la leche derramada, hay que afrontar las cosas...
-Sí - Sasuke sonrió-. Y el fin justifica los medios.
Padre e hijo se miraron, después intercambiaron algo que podría haber pasado por un abrazo. Sasuke bajó a la calle y se subió al taxi que lo esperaba.
-Al aeropuerto -dijo, pero siguió pensando en lo que acababa de decir. «El fin justifica los medios». ¿Por qué esas palabras resonaban en su cabeza? El vuelo a Dallas duró menos de una hora.
A media mañana, Sasuke estaba en su mesa, revisando el correo atrasado. Tratando de no pensar en Sakura. Con Akasuna No. En lo que estaría haciendo con ella en aquella enorme casa de Cartagena.
Sus hermanos estaban también en la oficina. Infrecuente, dijo Shikamaru. Y lo era. A las doce, Naruto llamó a sus intercomunicadores.
- ¿Nos vamos a comer?
-Bien -dijo Shikamaru
Sasuke dijo que no tenía tiempo. A la una fue Shikamaru quien propuso ir a comer. Naruto dijo que sí, y Sasuke, que no tenía hambre. A las dos, Shikamaru y Naruto cuchicheaban en la sala de juntas.
- Sasuke no parece estar bien -murmuró Shikamaru.
-Sí, no tiene buen aspecto -añadió Naruto.
Pasaba algo, pero ¿qué? Cinco minutos después entraban en el despacho de Sasuke.
-A comer -dijo Shikamaru en tono firme.
-Ahora -añadió Naruto igual de firme.
Sasuke miró a sus hermanos. Suspiró.
- ¿Qué pasa aquí? ¿Tengo que a ir a comer o a pelearme con los dos?
- ¿Lo ves? -dijo Naruto a Shikamaru-. Ya te decía que tenía cerebro.
Shikamaru señaló la puerta con el pulgar, y dijo:
-Vamos. Sasuke volvió a suspirar y empujó la silla. - ¿Cómo sabéis cuándo tengo hambre?
Salieron a un bar a unas pocas manzanas. Era un lugar donde se podía comer una buena hamburguesa y una cerveza sin cristales de colores en el techo ni una esparraguera colgando encima de la cabeza. Los tres se sentaron en su mesa favorita y pidieron la comida. Naruto habló del tiempo. Shikamaru, del tráfico. Sasuke no habló de nada. Shikamaru se aclaró la garganta.
-Bueno -dijo tras intercambiar una mirada con Naruto-. ¿Cómo estaba Colombia?
-Bien.
Silencio. El camarero llevó las cervezas. Shikamaru levantó una ceja a Naruto como para decirle que era su turno. Naruto carraspeó.
- ¿Te encargaste de lo que quería el viejo que hicieras? Sasuke levantó el vaso.
-Ajá.
Más silencio. Más miradas entre Shikamaru y Naruto.
-Parece que soy el único al que no han pedido que haga algo como favor a nuestro estimado padre -dijo Naruto.
-Dale tiempo -dijo Shikamaru.
-Sí -añadió Sasuke -. Y cuando te lo pida, vigila tu culo.
Nueve palabras, pensó Shikamaru. Casi el récord del día.
- ¿Por qué?
-Porque deberías ser listo y negarte. Si quieren un trabajo, que se lo hagan ellos.
-Bueno -dijo Shikamaru con cuidado-, a mí me fue bien. Quiero decir que, si no hubiera dicho que sí, nunca habría conocido a Salomé.
Sasuke miró por encima de su cerveza.
-Acabaste en la UVI -dijo con frialdad-. Nadie en su sano juicio se olvidaría tan pronto de eso.
-Lo que cuenta es que conocí a la mujer que quiero.
Había tensión en el tono de Shikamaru, casi un reto, pero Sasuke no se dio por aludido.
-Sí, bueno, la mierda del amor... -alzó las manos como disculpa hacia Shikamaru-. Lo siento. Me alegro por ti. Demonios, me encanta mi nueva cuñada, ya lo sabes.
Otra larga mirada entre Shikamaru y Naruto.
- ¿Estamos hablando de alguna mujer en particular? -preguntó Naruto.
- ¿Quién ha dicho que estemos hablando de alguna mujer?
-Bueno, nadie, pero como has hablado del amor...
-Sé lo que he dicho. Y no, no estamos hablando de ninguna mujer.
-Bueno, bueno, porque si estuviéramos...
- ¿Parezco el típico idiota que se enamoraría de una mujer y se volvería tonto?
Sí, pensaron los dos hermanos, porque en sus ojos se apreciaba una mezcla de sentimientos: rabia, dolor, desesperación y algo más...
-No -dijo Shikamaru despacio-. Pero, por otro lado, si te has metido en algo en Colombia, algo que te haya afectado, bueno, a lo mejor querrías contárnoslo.
Sasuke lo miró.
-Puede que me haya comportado como un imbécil, pero eso no quiere decir que esté preparado para una terapia de grupo.
-Claro que no, pero...
- ¿Creéis que soy de los que se tumba en un diván y le cuenta su vida a un loquero?
-No, todavía...
-O a lo mejor creéis que me he enamorado de una nena que sabía que no era buena. ¿Una mujer que traficaba con droga? ¿Qué era de otro hombre? ¿Es eso lo que pensáis? - Sasuke golpeó la mesa con el puño-. ¿Es eso?
Y antes de que sus hermanos contestaran, les contó la historia completa. Excepto que en vez de decir «estar enamorado» dijo «estar encaprichado». Naruto respiró de alivio.
-Muy bien. Por un momento nos has tenido preocupados.
-Nada por qué preocuparse -dijo Sasuke.
-Sí -dijo Shikamaru-, ahora que nos has contado la historia, te encontrarás mejor -miró alrededor y levantó la mano para pedir otra ronda-. Todo lo que tenías que hacer era contar los detalles. Quiero decir, que no es nada más que la historia de un tipo que se engancha con una nena que tiene la moral de una gata callejera...
Sasuke cruzó la mesa antes de que Shikamaru acabara la frase, agarró a su hermano de las solapas de la chaqueta y casi lo levantó de la silla.
- ¿Qué dices?
- Sasuke -dijo Shikamaru con tranquilidad, agarrando la muñeca de su hermano-. No hagas algo de lo que nos arrepentiremos los dos.
-Has dicho algo sobre Sakura, Shikamaru. Quiero estar seguro de que lo he oído bien.
-Eh -dijo Naruto, mirando a los dos-. Vamos, tranquilos. Sasuke, has dicho algo que podemos haber entendido mal. Shikamaru, Sasuke está alterado, todos podemos verlo.
-No estoy alterado -dijo Sasuke entre dientes, miró a los dos y soltó las solapas y volvió a sentarse-. ¿Qué demonios voy a hacer?
-Estás enamorado de ella -dijo Shikamaru con suavidad.
Sasuke asintió, y dijo:
-¿Y no es lo más triste que has oído nunca?
-Bueno, bueno, a lo mejor las cosas no son tan malas como parecen. Puede que ella no sea... puede que no fuera...
-Lo era. Demonios, ni siquiera trató de negar nada de lo que dijo Akasuna No. La llamó ladrona, traficante. Dijo que había robado información secreta que iba a vender, que me había tratado como a un bobo...
- ¿Y ella no dijo nada?
-No. No pronunció ni media docena de palabras. No hasta el final cuando ya se iba con él, y lo que dijo no tenía sentido porque se refería a algo personal sobre mí.
- ¿Qué?
Sasuke río con amargura.
-Sobre el maldito tatuaje que tenemos los tres. ¿Lo podéis creer? Y encima se equivocó. Dijo que era mejor haber elegido la calavera y los huesos que el águila, y después que el fin siempre justifica los... -se quedó pálido-. ¡Madre mía! -susurró.
- ¿Sasuke?
-Ella sabía que era al revés. Habíamos hablado de ello un par de horas antes. Me preguntó por el tatuaje y le conté nuestro debate entre la calavera y el águila y cómo se había impuesto el águila, y ella lo sabía. ¡Lo sabía!
Shikamaru y Naruto intercambiaron miradas de desconcierto.
- ¿Y? -dijo Naruto.
-Y -dijo Sasuke con voz ronca-. Estaba demasiado ocupado compadeciéndome y no pude entender el mensaje.
-Explícanoslo porque nosotros tampoco entendemos nada.
-Sakura me ama -dijo Sasuke con convicción-. No es la mujer que Akasuna No dice y... ¡Maldita sea, dejé que ese hijo de perra se la llevara!
Se puso en pie, sacó unos billetes y los dejó en la mesa. Estaba casi en la puerta cuando sus hermanos lo alcanzaron.
- ¿De qué estás hablando? -dijo Shikamaru.
-Sí, tío. ¿Nos vas a dejas con el misterio?
-No fue Sakura la que me engañó, fue Akasuna No. Y dejé que se la llevara - Sasuke corrió hasta la esquina y paró un taxi-. ¿Qué le haría, qué le estaría haciendo a Sakura?
- Sasuke, espera...
Sasuke saltó dentro del taxi. Era un coche pequeño. Nadie en su sano juicio hubiera dicho que tres personas del tamaño de los Knight podrían caber en el asiento de atrás, pero cupieron.
El Learjet que Sasuke había contratado para su viaje, estaba todavía en el aeropuerto. El piloto estaba a punto de emprender el regreso a Colombia.
-Ningún problema -dijo cuando Sasuke irrumpió en la terminal de vuelos privados y le pidió que le llevara de nuevo.
Los tres hermanos subieron al aparato, Sasuke sacó su móvil y marcó un número que no había olvidado. Contestó la misma voz sin expresión de tiempos pasados. Sasuke pronunció la contraseña. Segundos después, estaba hablando con el hombre conocido como el director y que dirigía las operaciones encubiertas de la Agencia desde siempre. Cuando terminó la conversación, la expresión de Sasuke era de seriedad.
-Hijo de perra -dijo sin entonación-. Debería haberlo imaginado. No ha cambiado nada. El negro siempre es blanco y el blanco negro en la Agencia.
- ¿Sakura no traficaba con droga? -preguntó Naruto.
-Era una secretaria del Departamento de Defensa. Una secretaria, pero no les importó. Les llegaron rumores de que Akasuna No podía estar metido en algo sucio, revisaron los archivos y vieron que ella había trabajado para él, la llamaron, le metieron el típico rollo de los deberes patrióticos y la enviaron a Cartagena como asistente personal de Akasuna No.
-Y consiguió las pruebas que buscaban.
-Sí. Akasuna No es un topo, él es el traficante. Sakura consiguió la lista de sus contactos. Por eso huyó y por eso Akasuna No tenía tanto interés en que volviera.
-Nos va a llevar cinco o seis horas llegar a Cartagena -dijo Shikamaru.
-Una eternidad -dijo Sasuke con voz grave-. Se lo he dicho al director. Le he dicho lo que podía estar pasando, y me ha dicho que es suficiente para asaltar la casa de Akasuna No.
- ¿Y?
-Lo hará... pero no antes de veinticuatro horas. Dice que eso es lo que tardará en coordinar la operación con la DEA y la policía colombiana.
-Es demasiado tiempo.
-Claro que lo es - Sasuke miró a sus hermanos-. No soy la Agencia, ni la DEA, ni la maldita policía colombiana. Voy a hacer un par de llamadas para conseguir algo de equipo. Nadie preguntó por la clase de equipo.
Lo sabían. Armas, alicates, aparatos electrónicos, cualquier cosa que les permitiera entrar en casa de Akasuna No y sacar a Sakura de allí.
-Quiero poder atacar a Akasuna No en cuanto aterricemos - Sasuke hizo una pausa-, pero quiero que vosotros volváis a casa. Que estéis conmigo es estupendo, pero...
-Pero -dijo Naruto a Shikamaru- no quiere dejarnos disfrutar de lo bueno.
-Sí -dijo Shikamaru-, bueno, ¿qué se puede esperar? Siempre ha sido así, desde pequeño. Nunca compartía los juguetes.
-Como su triciclo.
-O el tren de juguete.
-Ni la construcción. Chico, nunca nos dejaba jugar con ella. Naruto y Shikamaru miraron a Sasuke. Él los miró también.
-Chicos -dijo con voz áspera y grave-, ustedes son... son...
-Los mejores -dijo Shikamaru burlón.
Los tres sonrieron, pero las sonrisas desaparecieron rápidamente y su lugar lo ocuparon masculinas miradas de determinación. Sasuke les dibujó un esquema de la casa de Akasuna No y después estuvo muy ocupado con el teléfono.
Shikamaru y Naruto se centraron en desarrollar un plan.
