Arturia tosió sangre y cayó de rodillas en aquel espacio vacío. Respiró forzadamente tratando de regular los latidos de su corazón desbocado. Tan agitada como estaba parecía haber acabado de combatir con un ejército entero y haber resultado gravemente herida.
—Destruir a Calibur gasto mucha de tu energía, tu cuerpo recibió un severo daño interno que obligo a Alter a retirarse del campo de batalla, pero también afectó considerablemente tu espíritu—Iriesviel le informó conservado en todo momento un tono compasivo en su voz.
—La espada de la selección...—Saber habló con dificultad sintiéndose a desfallecer— fue forjada con polvo de diamantes... no es algo que pueda ser fácilmente destruido.
—Pero lo lograste, buen trabajo—la mujer puso su mano derecha sobre la cabeza de Arturia y una cálida luz ilumino a Saber.
En cuestión de segundos el cansancio y el dolor que la aquejaban habían mermado considerablemente generando en ella una sensación de tranquilidad.
Al sentir el flujo de energía Arturia cerró los ojos con suavidad, de alguna manera la sensación se le hacía familiar y trato de indagar en donde había percibido algo similar. Memorias dolorosas y amargas invadieron su mente al evocar el recuerdo no tan distante de aquella sensación. Y entonces se dio cuenta de que aquel sentimiento se arraigaba en ella cada vez que se sentía al borde de la desesperación en aquel pozo de lodo negro.
¿Por qué?
No le fue posible hallar una explicación así que finalmente alzó la vista hacia la mujer de cabellos tan blancos como la nieve y ojos inquietantemente rojos como la sangre. Ella sonreía transmitiendo paz y calma que de alguna forma la influenciaban.
Como si ella fuera la única luz dentro de ese oscuro lugar.
Iriesviel soltó a la rubia al tiempo que ella se ponía de pie, el silencio no duró más de cinco segundos antes de que este fuera roto.
—¿Dónde estamos? —Arturia no pudo evitar preguntar, tenía una noción vaga del lugar que aparentemente acababa de convertirse en su nueva prisión, pero buscaba una confirmación que le ayudara a aferrarse a la realidad antes de que su existencia fuera consumida.
—Este es tu "mundo interior", un espacio donde tu alma existe separada de tu cuerpo. El objetivo del lodo negro era corromper tu alma por lo que tu cuerpo existía separado de ti, cuando aceptaste a Alter negaste el derecho sobre tu cuerpo y ella tomó el control—la albina le informó.
Si ese era su mundo interno tenía mucho sentido que estuviera tan desolado y vacío. Todo lo que había sido construido dentro de sí misma había sido socavado por la corrupción. Lo único que no cuadraba era la presencia de aquella mujer.
—Tú... ¿Por qué estás en este lugar? —preguntó con algo de sigilo.
La albina sonrió entristecida.
—Se que la situación no es la mejor, pero ¿Podrías escucharme?
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Más de 1000 años atrás Nilonia fue establecida como un reino que nació teniendo como pilar la familia real Von Einzbern luego de una guerra de territorios entre los Matou, Izdubar y Tosaka. El conflicto fue solucionado cuando la maga Da Vinci propuso una solución pacífica, las familias tendrían que enfrentar una prueba para determinar quiénes eran dignos de regir aquellas tierras.
A los ojos de la maga ninguna casta cumplía las expectativas hasta que se presentaron los Einzbern.
Había algo oscuro en esas tierras a lo que solamente ellos eran inmunes.
Oculto en aquellos amplios terrenos estaba la fuente de toda la maldad del mundo: Angra mainyu. La prueba que Da Vinci había puesto para determinar a la familia gobernante consistía en resistir la corrupción del pozo de las maldiciones ya que quienes lograran hacerlo se convertirían en guardianes cuya misión seria impedir que aquella corrupción se esparciera por el mundo.
Durante 6 generaciones el pozo fue protegido correctamente y los Einzbern gobernaron pacíficamente. Pero todo cambio con el nacimiento de dos gemelas.
Iriesviel y Lizrich.
En esos tiempos se tenía la creencia de que los gemelos traían desgracias a las tierras en las que residían, las madres que les daban a luz nunca sobrevivían y muchas coincidencias terribles acontecían alrededor de ellos.
El nacimiento de las princesas fue guardado en máximo secreto por el rey y el sabio consejo de ancianos y mientras que una fue seleccionada para ser la heredera al trono la otra fue confinada a vivir en el encierro aun cuando su único pecado había sido el hecho de haber nacido.
Lizrich vivió deseando conocer más de lo que estaba al alcance de su vista, se le dijo que no podía ir al exterior por su propio bien, fuera era peligroso, lleno de gente que solo deseaba lastimarla y tan inocente como era creyó en aquellas palabras dichas por su padre.
Pobre niña, viviendo en su cajita de cristal e ignorante de la realidad. Rodeada de mentiras, ella creció resignada a vivir en un encierro perpetuo. Todo lo que podía hacer era soñar con un mundo que sus ojos jamás podrían ver ni sus manos tocar, siempre imaginando como seria vivir en el mundo exterior donde no hubiera cuatro paredes que la aprisionaran, deseando poder sentir los rayos del sol en su piel y el viento en su cara.
A la edad de 18 años esa cajita de cristal que la resguardaba y aprisionaba se rompió. Cayó estrellándose cruelmente contra el suelo y rompiéndose en mil pedazos, fragmentos con memorias amargas y endulzadas con lindas palabras.
Después de cinco meses de no recibir visita alguna de su padre, armada de valor salió al mundo exterior y entonces Lizrich se enteró de que su vida había sido una completa mentira, tal vez haber vivido encerrada no hubiera sido doloroso si mientras se escondía en la sala del consejo no se hubiera enterado de que había sido criada solo para ser el remplazo de la princesa Iriesviel y custodiar el pozo de las maldiciones en su lugar si es que esta era asesinada.
Emociones negativas la inundaron ennegreciendo su dulce y cálido corazón. El deseo de venganza fue más fuerte que la bondad que albergaba.
A la muerte del rey Iriesviel había tenido que casarse con un noble de buena cuna, pero el matrimonio no duro mucho, tan solo dos meses después su esposo falleció asesinado por una facción inconforme de los Tosaka. Iriesviel se convirtió en la primera regente mujer de Nilonia y solo hasta entonces el consejo le revelo que había tenido una hermana gemela que se encontraba desaparecida.
Los años siguientes fueron una constate lucha contra la bruja de su hermana. Aun cuando nadie sabía de su existencia el consejo de ancianos y la reina se veían obligados a combatir cada bestia, asesino o desastre que ella les enviaba sin dejar de mantener su existencia en secreto del mundo entero.
Lizrich vio todos y cada uno de sus planes frustrados por su hermana. La odiaba más que a nadie en el mundo porque pese a que no le importaba reclamar el trono, su odio por Iriesviel radicaba en el hecho de haber vivido toda su vida a la sombra de ella. Mientras ella sufría su gemela gozaba de la vida de una princesa cuando esa bien pudo haber sido ella. La bruja de ojos rojos cultivó en si misma el deseo de eliminar su existencia por el simple placer de acabar con ella.
Para hacerla sufrir tanto o más de lo que ella sufrió viviendo encerrada concibió una idea maligna. Esparcir angra mainju por todo el reino y sentarse a ver la destrucción de aquello que su hermana tan celosamente protegía. Encontró placentera la idea de ver como el mundo se hundía en la miseria y los pobladores caían en locura. Iriesviel vería con horror el caos extenderse arrepintiéndose eternamente de haber fallado su misión.
Cuando Iriesviel supo que el combate final se acercaba, dejó el trono en manos de la familia Izdubar que siempre la había estado apoyando y partió a tratar de detener a su gemela.
El combate fue brutal y pese a todos sus esfuerzos, la reina fue asesinada por su gemela.
El consejo de ancianos tembló ante la noticia. Sin su reina, nadie custodiaría el angra mainju y su gemela hundiría al mundo en un caos inminente.
Sorprendentemente Lizrich les ofreció a los ancianos un trato. No devastaría su preciado reino y mantendría a raya el angra mainju a cambio de que cada determinado tiempo le ofrecieran un sacrificio. Aquel lodo negro necesitaba algo que corromper, los Einzbern resistían la maldad de angra mainju y de esta manera la corrupción era contenida por el guardián, pero con la última de los Einzbern muerta no había nadie que pudiera resistir la corrupción por lo que angra mainju se extendería hasta consumir un alma que lo dejara satisfecho llevandose a cientas de personas hacia la locura en el proceso.
La solución consistía en encontrar el alma más pura existente y ofrecérsela al pozo de las maldiciones, la persona seria consumida por la maldad, trataría de destruir el reino y sembrar caos, pero de esa manera se mantendría el equilibrio del bien y el mal.
Al final ella devoraría esa alma y el ciclo se repetiría una vez más.
Con cada alma que Lizrich consumía se extendía su tiempo de vida y asi es como habia estado viviendo por más de mil años. A pesar de que Iriesviel había muerto su espíritu se había quedado vigilando las acciones de su hermana buscando una manera de detenerla hasta que apareció Arturia.
Al nacer la niña, la antigua reina se dio cuenta del poder purificador que en ella residía y se quedó a su lado para tratar de protegerla de su gemela pues estaba segura de que su existencia también la atraería.
—He estado a tu lado tratando de protegerte y esperando el momento en que pudieras verme—su tono dulce cambio a uno entristecido—Lamento no haber podido evitar esto.
Después de escuchar todo eso Saber guardo un minuto de silencio tratando de procesar la información. Durante los años de su tortura se había cuestionado que había hecho para merecer tal doloroso destino y por más que imploraba parecía que sus palabras nunca fueron escuchadas, ahora que finalmente sabia la respuesta todo lo que quedaba era aceptar su realidad.
—No es tu culpa—aun cuando su rostro no reflejaba emociones Saber habló con suavidad—Has hecho hasta ahora todo lo que ha estado al alcance de tus posibilidades... cada vez que estuve a punto de ceder a la corrupción tu aliviabas mi dolor ¿No es verdad? Si aún conservo mi conciencia y mi alma sigue intacta a la locura es gracias a ti.
La mujer negó con la cabeza.
—Te equivocas, habrías sido capaz de resistir angra mainju por tu propia cuenta, pero mi hermana te jugó un truco sucio... si tus manos esta teñidas de sangre inocente y tú te culpas por ello es porque Lizrich manipulo la situación de esa manera... ella necesitaba quebrarte de forma que tú misma permitieras que la corrupción tiñera de negro.
La bondadosa mujer se acercó a la rubia y puso una mano sobre su pecho.
—Para evitar que tu corazón fragmentado se quebrara por el peso de la culpa me mantuve dentro de ti alejando tus inquietudes y tus dudas, poco a poco todos los aspectos malignos que tu rechazabas tomaron forma propia... fue entonces que Alter apareció.
—Entonces ¿Ella es la parte de mí que sucumbió a la corrupción...?— Arturia buscaba esclarecer su duda ya que en un principio tomo a Alter como un reflejo distorsionado de su misma pero luego de destruir a Calibur se dio cuenta de que había una conexión muy profunda entre ellas.
—Si y no.
Iriesviel trato de buscar una forma de explicar la existencia de Alter. Era complicado darle una denominación porque ella era Arturia después de todo, pero al mismo tiempo era alguien completamente diferente.
—Alter no es solo una parte de ti, ella también es una existencia nacida para protegerte. No sucumbió a la corrupción más bien aceptó la oscuridad en tu lugar para que no fueras afectada. Alter hará lo necesario para protegerte y para vengarse de todos aquellos que te hicieron daño o todos aquellos que sienta que en algún momento te traicionaron, comenzando por la persona que más evocaron tus pensamientos todos estos años...
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La victoria jamás había sabido tan amarga, claro, si es que a lo que sucedió en el valle Ependor podía llamársele victoria. Cientos de heridos y solo 117 bajas, un número muy reducido a comparación del ejercito enemigo que había perdido alrededor de una tercera parte. Al momento de cabalgar hacia la batalla contra las facciones Pendragon y Nimrod miles de escenarios habían recorrido la cabeza de Gilgamesh y uno en el que apareciera Arturia definitivamente NO figuraba en sus pensamientos.
Ver a Saber había removido en el rey un sentimiento que hacía mucho tiempo había creído extinto. Durante años se convenció vanamente de que no sentía por Arturia más que un descomunal odio por su traición y el asesinato de su padre, pero al verla en el campo de batalla por un momento lo olvido. Sin embargo, la Saber a la que se enfrento era una completamente diferente a la sonriente Lily de sus más lejanos recuerdos.
El rey de los héroes jamás mostraba arrepentimiento, su orgullo no se lo permitía y era ese mismo orgullo el que no le dejaría aceptar que a pesar de que quería odiarla con toda su alma, a pesar de que había muchas evidencias que inculpaban a Saber y sin importar todo lo que había dicho el consejo, en el fondo era la única mujer a la que consideraba digna de su afecto, había sido así desde que se conocieron.
Cuando vio a Lily dormir pacíficamente luego de haber sido herida tratando de defenderlos de los "hassan" supo que ella seria alguien especial para él. Muchos aspectos de ella lo intrigaban y luego de saber su verdadera identidad todos los misterios que la hacían distante cobraban sentido.
Pero Saber ya no era más Lily, siempre supo que tenía que aceptarlo y estar dispuesto a enfrentarla si sus caminos se volvían a topar y el momento había llegado.
Sintió como si fuera su destino pelear contra ella.
Y tal vez inconscientemente sabía que aquello era algo inevitable.
Pero algo no paraba de rondar su cabeza y la duda se esparcía como si le quemara por dentro. ¿Por qué si su deseo era eliminarlo no se había unido a Lady Morgan y Lady Semiramis para derrocarlo? ¿Por qué incluso atacar ambos ejércitos?
Ella había dicho querer eliminarlo, pero ¿Porque también quería deshacerse de todo aquel que estuviera en su contra siendo que las uniría el deseo de destruirlo?
Sus palabras no tenían sentido.
Arturia parecía finalmente haber enloquecido.
Si hubiera una manera...
No, Gilgamesh sacudió esos pensamientos. Nada de Saber debía importarle, desde el momento en el que ella levanto la espada encontrar de la corona su destino había sido sellado y todo lo que le esperaba era la muerte a sus manos.
No habría más digno final para Arturia Pendragon, hija de un traidor que murió a manos de...
Ahora que lo rememoraba... no había datos sobre la muerte de Uther Pendragon, se supo de su fallecimiento gracias al consejo de ancianos, pero nada más y aquello resultaba muy extraño.
—Gilgamesh, ya estamos cerca de la capital—Mordred lo saco de sus pensamientos.
—Por supuesto, pueden romper formaciones... tengo un asunto que atender. Tirando las riendas de su caballo se adelantó al castillo.
La rubia asintió un poco extrañada por la repentina acción de su rey pero regreso con sus compañeras para darle a las tropas las respectivas indicaciones.
El rey de los héroes no supo porque repentinamente lo había invadido la curiosidad, pero algo acerca del linaje Pendragon había captado su atención.
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—No se suponía que esto debiera pasar...—Shakespeare comentó aterrado mirando a través de un portal como en medio de la nada un castillo oscuro emergía.
Los jardines colgantes alguna vez fueron construidos como un arma secreta un reinado antes al régimen de Iriesviel. Con el fin de que su hermana no los utilizara dicho castillo, fue ocultado en lo profundo de la tierra con una muy poderosa magia.
Hoy ese castillo emergía bajo el mando de la bruja negra.
El castaño reviso rápidamente el libro de las profecías, pero las hojas correspondientes a la historia de Arturia Pendragon se quemaron.
—¡Imposible! ¡Inconcebible! ¡El destino marcado debería seguir el sendero que fue predicho! ¡Los actores no deberían poder improvisar!
Shakespeare había sido guardián del destino por cientos de años y jamás había visto algo como lo que acababa de suceder, se suponía que después de ese encuentro en el campo de batalla Alter se retiraría jurando hundir el reino en caos y desesperación teniendo una variedad de batallas con Gilgamesh antes de la gran pelea final en donde asesinaría al rey y recobraría la conciencia de sí misma, pero en su lugar había invocado a Calibur para destruirlo todo de una vez por todas y afortunadamente algo la había detenido.
No solo eso, la principal arma de la bruja negra había desaparecido y de alguna forma ella había traído de las profundidades de la tierra los jardines colgantes ¿Dónde si quiera había sacado la información de la ubicación exacta del arma de los Einzbern?
El curso de la historia acababa de cambiar por completo y si el final predestinado era malo una vez fuera de curso solo podía empeorar. Y aun si es que de milagro la historia cambiaba para tener un buen final era probable que mucha más sangre tuviera que ser derramada.
¿Hacia dónde se estaba dirigiendo la historia?
—¿Sorprendido observador?
Shakespeare volteó solo para toparse con Saber Alter, si bien no parecía estar en las mejores condiciones todavía tenía la presencia suficiente para intimidar a quien estuviera frente a ella.
—Arturia Pendragon... no... más bien Arturia Alter ¿Verdad?
El guardián del destino guardo la compostura ante la presencia de la bruja y ella sonrió con un brillo maligno en sus labios.
—Voy a necesitar tu ayuda para recuperar algo que me pertenece y si te niegas...
Un viento córtate rozo la mejilla del mago.
—Bueno, sí vez el futuro creo que no hace falta que te diga el infierno que te espera en los jardines colgantes ¿Verdad?
El guardián del destino se mantuvo indeleble, necesitaba un plan para huir así que opto por distraerla con palabras mientras buscaba una ruta de escape.
—¡Oh maravillosa Bruja negra! Dudo que exista algo en lo que su servidor lo pueda ayudar, soy solo un guardián del destino, un mago que no le serviría siquiera para combate, me está sobrevalorando al asumir que un simple espectador como yo podría ayudarla a cumplir sus metas. —habló haciendo una humilde reverencia.
—Pero lo harás, tú me ayudaras a conseguir la única arma capaz de eliminar a Lizrich de la faz de la tierra. Una de las dos espadas que Gilgamesh guarda muy celosamente en su tesorería. Excalibur.
Shakespeare alzó la vista con una sonrisa complacida, tal vez podría jugar un poco con el destino y volverse parte de la obra en lugar tan solo estar observando.
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Continuara.
