Los personajes no me pertenecen, son creaciones del mangaka japonés Masashi Kishimoto y la historia es una adaptación del libro "Cautiva en su cama" de Sandra Marlon.

Capítulo 12.

Sus hermanos le dijeron que, si seguía dando vueltas, acabaría por llegar andando a Colombia. Sabía que estaban intentando reducir la tensión, pero lo único que podría lograrlo sería recuperar a Sakura. Recordaba su mirada la última vez que la había visto, y no podía soportar saber que se había alejado de ella justo cuando más lo necesitaba. ¿Cómo podía haber creído a Akasuna No? Debería haber descubierto la verdad y haberse dado cuenta de que Sakura nunca haría las cosas de las que le acusaba el coronel. Y si estaba muerta... No. Eso no podía haber ocurrido. Estaba viva, seguro. Lo sabría si no fuera así. Lo sabría.

::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::

Había un sobre para Sasuke en uno de los mostradores del aeropuerto. Dentro había un recibo de un aparcamiento y las llaves de un todoterreno. En otro sobre que se encontraba dentro de la guantera del coche, había una dirección. Condujo Sasuke; conocía Cartagena mejor que sus hermanos. Instantes después se encontraban en una chabola de uno de los peores barrios de Cartagena. Un hombre los invitó a entrar, alguien a quien Sasuke había conocido años antes. No tenía nombre, pero era un amigo.

-Me has sorprendido -dijo en inglés-, pero he conseguido lo que he podido. Uzis. Walthers. Berettas. Diminutos sistemas de comunicación. Alicates y otra media docena de herramientas además de pastillas para dormir y medio kilo de carne picada. Ropa negra, pasamontañas y zapatos negros para los tres. El equipo podría valer. Sasuke y sus hermanos vaciaron sus carteras, pero no era suficiente. El hombre tomó el fajo de billetes, sonrió y lo guardó.

-Su crédito es bueno, amigo -dijo, y volvió a sonreír. Era un viejo chiste entre los dos, basado en un cartel que había en los escaparates de algunas tiendas de Cartagena y en algunos comercios de Dallas. Sasuke asintió.

-Gracias, amigo -dijo. Instantes después, los tres estaban de camino a la casa de Akasuna No.

El plan era sencillo. Aparcarían a quinientos metros de la casa, esperarían hasta la medianoche, para lo que faltaba menos de una hora, echarían la carne con los somníferos al perro o perros por encima del muro, escalarían la pared, cortarían el alambre de púas... Y después improvisarían. Cinco minutos antes de las doce, salieron del coche, se aproximaron al recinto de la casa atravesando un enorme solar que había al lado. Cuando llegaron al muro, Shikamaru silbó suavemente. Inmediatamente escucharon el sonido de las patas de un animal corriendo.

-Un perro -susurró Naruto-. Grande.

Shikamaru asintió, esperó hasta que el perro estuviera cerca del muro y entonces le arrojó la carne. Escucharon olisquear y después masticar. Después de no mucho tiempo, el sonido de un animal al tumbarse seguido de ronquidos.

-Vamos -susurró Sasuke. Subieron el muro, cortaron el alambre. Saltaron sin hacer ruido al césped del otro lado. Para comunicarse recurrieron a los gestos; habían trabajado muchas veces juntos. Había media docena de vehículos aparcados delante de la casa.

Sasuke entornó los ojos. Habían esperado que a esa hora todo el mundo durmiera, pero parecía como si hubiera una reunión. Eso hacía la misión más complicada, pero también significaba que pescarían más. Puso la mente en blanco para no pensar en Sakura, si pensaba en ella sabía que no funcionaría. Los tres se movieron a su señal. Escalaron las paredes de la casa. Entraron por una ventana en la segunda planta. Revisaron todas las habitaciones, pero estaban vacías. Empezaron a bajar por las escaleras de servicio hacia la cocina.

Naruto tapó con la mano la boca de la cocinera y después la amordazó con cinta adhesiva. Shikamaru le ató las manos y pies y le aseguró que no le harían daño si se estaba quieta. Se deslizaron al interior de la despensa. Escucharon a través de la puerta del comedor donde claramente se desarrollaba una cena. Escucharon al menos media docena de voces, muchas risas y montones de chistes picantes.

Sasuke reconoció la voz de Akasuna No. Y otra. Se le erizó el vello. Era la voz del hombre que había conseguido escapar después de matar a Alita, la voz que había escuchado en sus pesadillas durante años. Respiró hondo e hizo gestos a Shikamaru y Naruto. Prepararon las armas e irrumpieron en el comedor.

Había seis hombres sentados alrededor de una mesa grande. Seis guardaespaldas de pie al lado de una pared. La sorpresa fue total. Uno de los guardaespaldas se echó la mano a la cintura. Fue cuestión de segundos, segundos que parecieron horas, como suele ocurrir en esos casos. Después tres guardaespaldas estaban muertos, y tres, heridos. De los hombres de la mesa, dos yacían inmóviles en el suelo y los cuatro restantes seguían en sus asientos pálidos y con las manos a la vista encima de la mesa.

Eran, de verdad, una buena pesca, peces gordos. Kisame Hoshigaki, el jefe del cártel. El coronel Sasori Akasuna No. Uno de los mayores distribuidores de cocaína de Norteamérica. Y el hombre sin nombré que consiguió huir después de matar a Alita. El hombre miró a Sasuke y perdió el color.

-Tú -dijo. Sasuke sonrió.

-Yo -dijo con suavidad. El hombre se separó de la mesa. -Escucha, amigo, no fue nada personal. Tranquilo. Podemos hablar sobre...

Al pronunciar la última palabra, saltó de su silla con una automática en la mano. Pero Sasuke fue más rápido. Disparó, y el asesino de Alita cayó muerto a sus pies. Sasuke dedicó una larga mirada al cuerpo. «Por ti, Alita», pensó y sintió que se quitaba un peso de encima.

Shikamaru llamó por teléfono al director mientras Naruto ataba a los prisioneros. Sasuke fue directamente a por el coronel, lo agarró de la camisa y lo puso de pie.

- ¿Dónde está ella? Akasuna No estaba blanco.

-No me mate. Esto no es más que un mal...

Sasuke lo levantó hasta ponerlo de puntillas.

- ¿Dónde está ella?

-No lo sé. Akasuna No hizo un sonido gutural cuando la mano de Sasuke se trasladó a la garganta desde la camisa.

-Por última vez, hijo de perra, dime dónde está Sakura o... Sus hermanos lo agarraron.

-Lo matarás -dijo Shikamaru-, el mundo mejorará, pero no podrás encontrarla.

Sasuke respiró hondo. Shikamaru tenía razón. Asintió, dio un paso atrás y esperó hasta que Akasuna No estuvo atado de pies y manos.

-Ahora -rugió-. ¿Dónde está Sakura?

-No lo sé -dijo el coronel, sacudiendo la cabeza.

- ¡Mentiroso!

-No. Es verdad. No está aquí. Registre la casa y lo verá por sí mismo. No está aquí.

Eso era cierto. Habían registrado el piso de arriba Shikamaru entró en el comedor y negó con la cabeza: Sakura tampoco estaba en la planta baja.

-Entonces... entonces está muerta -dijo Sasuke sin ninguna entonación-. Te la llevaste a la jungla y...

- ¡No! Sakura... Sakura se fue. No quiso quedarse conmigo.

- ¿Qué?

-Dijo que vendría conmigo, pero cambió de...

Akasuna No se interrumpió cuando Sasuke volvió a apretarle la garganta.

- ¡Mentiroso! No fue contigo; la obligaste.

-Usted la conoce, Knight. Finge. Ella...

Dio un grito cuando los pulgares de Sasuke se le clavaron en la tráquea.

-Trabajaba para la Agencia.

-Sí, lo sé, pero cambió. Se lo dije.

Sasuke miró fijamente el rostro enrojecido de Akasuna No. Era tan fácil matarlo. Un poco más de presión...

- ¿Le mentiría en un momento así? -jadeó Akasuna No-. ¿Cuándo me estoy jugando la vida? Ella se fue, se lo juro, es la verdad.

- ¿Qué pasó con la lista de agentes que decías que robó? Supongo que te la devolvería antes de irse.

- ¡Por supuesto! Sabía que no tenía elección si quería que la siguiera encubriendo.

Sasuke apretó más fuerte. Aquello no podía ser cierto. Sakura no... Se había alejado de él sin protestar aquella noche. Sí, había dicho al revés lo de los tatuajes, ¿y qué? También había dicho otra cosa sobre que el fin justificaba los medios...

- ¡Sasuke!

Levantó la vista. Naruto y Shikamaru estaban de pie uno a cada lado de él.

-La Agencia puede sacar mucho de él -dijo Shikamaru con calma-. Si acabas con él, lo que sabe del cártel se lo llevará a la tumba.

Entrenamiento. Disciplina. Todo eso con lo que había vivido le vino a la cabeza. Soltó la garganta de Akasuna No y dio un paso atrás.

-Voy a encontrarla -dijo más a sus hermanos que al rostro púrpura del prisionero. -Muy bien. Espera a que llegue la gente de la Agencia, e iremos contigo.

-Voy a ir solo -dijo Sasuke.

- Sasuke. Espéranos. Ni siquiera sabes por dónde empezar a buscar.

-Voy a ir solo -dijo con suavidad-. Así es como va a ser.

:::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::

Los Knight esperaron a la gente de la Agencia. Se hicieron cargo de todo como siempre. Una hora después los tres estaban fuera de la casa. Shikamaru se frotó la cara con la mano y bostezó.

-Lo que me hace falta es un filete, un caldero de café y un avión a casa.

-Lo mismo que a mí -dijo Naruto.

Miraron a Sasuke.

-Lo que me hace falta, son algunas respuestas.

-Sasuke -dijo Shikamaru-, mira, chico, algunas veces las cosas no salen como queremos, ¿sabes?

-Tengo que averiguar la verdad.

-Quieres decir... quieres decir... si ella está muerta...

-No lo está - Sasuke frunció el ceño, sabiendo lo loco que había parecido-. Lo sabría si lo estuviera.

-Sí -asintió Naruto-. Bueno, lo que dijo Akasuna No sobre que se fue con él...

-Sé lo que ha dicho.

-Pero no lo crees.

-Sí, pero no es lo mismo -dudó Sasuke. -No, no lo es.

Los tres guardaron silencio hasta que Naruto dijo:

- ¿Sabe ella tu número de móvil? Porque si lo sabe y no te ha llamado...

-No lo sabe -apretó la mandíbula-. Pero sabe mi nombre y que soy de Dallas.

La inferencia era clara; si Sakura quería encontrarlo, podría.

-En ese caso, tío, vente a casa con nosotros.

Sasuke sonrió a sus hermanos.

- ¿Harían ustedes eso? -su silencio fue la respuesta-. Venga -dijo, pasándoles el brazo por los hombros-. Les invitaré a los filetes, los meteré en el avión...

-Escúchale -dijo Naruto-. Menuda forma de hablar para un hombre que se ha gastado su último dólar comprando juguetes a un matón que llama amigo.

-No es un matón. Y tengo una tarjeta de crédito.

-Sí, sí. Promesas y promesas...

Los hermanos charlaron y bromearon y pasaron las dos siguientes horas evitando cuidadosamente cualquier conversación sobre Sakura Haruno. En el aeropuerto sus sonrisas se ensombrecieron.

-Ten cuidado -dijo Naruto.

-Si las cosas se ponen difíciles, llámanos -siguió Shikamaru.

Sasuke dijo que lo haría y los miró subir al avión. Después se subió en el todo terreno y siguió la ruta de las montañas que en una ocasión lo llevó hasta Sakura. Si Akasuna No había dicho la verdad, si Sakura se había marchado, habría buscado un lugar seguro. Un lugar donde podría planear sus siguientes pasos sin tener que preocuparse ni del cártel, ni de Akasuna No, ni de las autoridades. «Me siento tan segura aquí», había dicho ella en su casa de Cachalú.

Y estaría segura. Era lista. Habría pensado que ése sería el último lugar donde la buscaría. Tendría que pensar también que Sasuke habría vuelto a Estados Unidos. Había terminado el trabajo de encontrarla. Sabía dónde estaba ella: en las montañas. Lo sentía en los huesos. Pronto él estaría allí también. Encontraría a Sakura, le preguntaría algunas cosas, y si no tenía respuestas... Si no las tenía... Apretó el volante con fuerza. No iba a pensar en eso todavía.

::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::

Era completamente de noche cuando abandonó la carretera principal y tomó la pista que conducía a su casa. No había luces en las ventanas. Tuvo la primera duda. A lo mejor se había equivocado, a lo mejor ella no estaba allí. No. Tenía que estar. Lo sabía. Apagó las luces del coche, se acercó un poco más y apagó el motor. Haría el último tramo andando.

El corazón le latía acelerado. Respiraba tranquilo. Se sentía como siempre en las operaciones nocturnas. Subió las escaleras sin hacer ruido. Metió la llave en la cerradura. Entró en la casa y tecleó el código de seguridad. Había una linterna en el escritorio de la biblioteca. La encendió, mantuvo el haz de luz bajo. No había ni señal de ella. Esperó.

Sí la había: su aroma. Pero ella no estaba en la casa. Revisó cada cuarto. Y entonces, entendió. No era en la casa donde se sentía segura. Era en el claro del bosque. El lugar donde él había creído que la amaba. Apagó la linterna y se dirigió al camino que bajaba hasta el claro. Pronto vería a Sakura. Le preguntaría por la verdad. Y entonces... entonces, si tenía que hacerlo, terminaría con aquello.