Sortilegio 13
Los pasos resonaban en la penumbra abismal en la que se encontraba. Que patético era sentirse tan derrotada y sin ánimos de nada aun estando en el mundo que se supone le pertenecía. Ese espacio vacío era completamente suyo y ni siquiera podía controlarlo. Era prisionera en su propio cuerpo condenada tan solo a observar las atrocidades que Alter cometía en su nombre.
Su homóloga se acercaba y Saber lo sabía, pero pese a que quería ignorar esa nefasta presencia corrupta la curiosidad invadía su mente. Si Alter ya tenía lo que deseaba y estaba tan decidida en cuanto a sus acciones ¿Por qué venía a ella? ¿Acaso quería burlarse o echarle en cara su dominio?
Irisviel se mantenía firme a su lado mientras sobre su hombro observaba a Saber Alter acercándose. La maga blanca se dio completamente la vuelta observando seriamente y con sigilo a la recién llegada. Arturia suspiró cuando los pasos se detuvieron y pudo sentir la presencia de su otra yo a una distancia razonable.
—¿Por qué estás aquí? —preguntó girándose a ver a la joven de cabellera rubio cenizo.
Sin decir palabra alguna, Saber Alter invocó a Excalibur en su mano derecha y con un brusco movimiento despejo el viento que giraba alrededor del filo, acto seguido, apuntó al cuello de Arturia pero la rubia ni se inmutó. Al ver su rostro serio pero sereno Alter sonrió con cierta malicia.
Saber sabía que si su versión alterna hubiera querido asesinarla lo habría hecho muchísimo tiempo atrás, pero por extraño que pareciera había aceptado, que, aunque sus métodos no eran correctos lo único que Alter quería era protegerla.
Si se encontraba ahí frente a ella era porque tenía algo que decir y no podía hacer nada más que escucharla.
—Vengo a ofrecerte un trato.
Sus palabras hicieron que Iriesviel frunciera ligeramente el ceño con desconfianza, pero Arturia en cambio se mantuvo insulsa con sus claros y verdes ojos examinando los orbes dorados de su homóloga.
¿Qué es lo que esperaba encontrar en los destellantes ojos de Alter? Quizás ni ella lo sabía.
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En la sala de juntas las dos duquesas y Mordred esperaban impacientes el regreso de Gilgamesh, luego de lo que había sucedido esa mañana el rey se había adelantado dejándolas a cargo de las tropas. Era increíble como los tiempos habían cambiado, hace años hubiera sido impensable que las tropas Niloniences fueran comandadas por mujeres y ahora ellas no solo eran las líderes del ejercito si no guerreras formidables y miembros de total confianza para el rey.
Gilgamesh jamás lo diría en voz alta, pero a ellas les confiaría su vida. Y eso por supuesto incluía a la duquesa Chevalier, aunque la mayoría de su confianza estaba depositada en Mordred ya que había sido amigos de la infancia. Con Nero su relación era algo tensa, detestaba lo mucho que ella se parecía a Saber, pero su actitud burlona y altanera increíblemente hacia su presencia más tolerable.
Cuando las rubias terminaron de hacer sus deberes era menester que discutieran con Gilgamesh acerca de las próximas acciones que tomarían pues, aun con la amenaza latente de Alter, su principal problema era el ejército opositor.
El atardecer había caído y la noche comenzaba a hacer su camino en la ciudad cuando por fin las puertas se abrieron de par en par. Mordred dejó de dar vueltas en círculos aliviada de ver al soberano pasar a la sala, a leguas se veía que él estaba furioso, pero a la rubia eso poco le importaba. Como guardiana del rey su deber era seguirlo y estar a su lado en todo momento por lo cual, cuando había terminado de dirigir junto con Chevalier y Nero los ejércitos, acudió a buscar al rey preocupándose al no encontrarlo en ninguna parte del castillo y no saber de su paradero hasta esos momentos.
Las tres mujeres habían decidido que lo mejor era esperarlo en la sala de juntas y mientras Mordred parecía la única verdaderamente preocupada, Nero se mecía de un lado a otro en su silla y Chevalier esperaba con paciencia bebiendo una taza de su te favorito.
—Gilgamesh… ¿Dónde estabas? —la joven Pendragon preguntó ignorado por completo el terrible estado de ánimo que este se traía.
La ira del rubio fue dirigida a los dos concejales que venían detrás de él, a quienes Nero reconoció como Salieri y Solomon.
—Retírense—les ordenó con ira contenida y levantó aún más la voz cuando los miembros del concejo parecieron querer objetar—¡Ahora!
Los dos albinos no tuvieron más opción que obedecer y salir de la habitación sin decir palabra alguna cerrando las puertas detrás de ellos.
—¿Qué sucede Gilgamesh? Tuviste un mal día—Se burló Nero sumamente divertida.
Chevalier suspiró, la duquesa Germanicus tenía la mala costumbre de provocar y molestar al rey de los héroes. La rubia internamente se cuestionó con curiosidad el nivel de confianza que había entre Nero y el rey como para que este pasara por alto sus cometarios. En repetidas ocasiones había perdonado sus comentarios ácidos hacia su persona cuando a cualquier otro lo condenaba a prisión a la mínima falta de respeto.
Controlando su temperamento, el soberado tomo asiento en la mesa de la sala de juntas.
—Arturia entró a la bóveda de los tesoros y se robó a Excalibur—comentó con seriedad.
Las tres comandantes hicieron visible su sorpresa y no era para menos. La puerta de babilonia guardaba un sinfín de tesoros que reyes antiguos habían recolectado y los objetos más poderosos contenidos en ella eran las espadas sagradas Excalibur y Ea, ambas complementarias siendo como luz y oscuridad.
Una era un arma maldita con la capacidad de destruir y otra era una espada sagrada bañada en bendiciones cuyo brillo se decía era capaz de llenar de paz un turbulento corazón ahogado en odio.
Si existiese un objeto que pudiera ayudarlas a borrar la oscuridad de Arturia ese era sin lugar a duda la espada dagrada.
—¿Cómo ha sido posible? Tu bóveda se encontraba sellada y oculta en algún lugar de un valle inaccesible del cual solo tu conocías la ubicación—Mordred trato de encontrar una explicación, pero su mente no concebía alguna respuesta.
El rey había sido muy precavido y receloso con la ubicación de babilonia, tanto así que ni siquiera el consejo de ancianos sabia su ubicación por lo que era difícil imaginar que Saber hubiera dado con la bóveda por simple y mera coincidencia.
Por más que Gilgamesh le daba vueltas no entendía porque Arturia había tomado a Excalibur en lugar de Ea. Con tal poder destructivo a su comando pudo haber no solo destruido toda su tesorería sino también asesinarlo como él hubiera podido matarla en ese instante de no haber dudado. Nero no pudo evitar pensar que tal vez Alter habia tomado la espada para destruirla al considerarla una amenaza.
—Lily…—se autocorrigió de inmediato—Quiero decir, Saber, era la única que conocía la ubicación exacta de la cueva, yo se la mostré cuando éramos niños—admitió para mermar la duda en os rostros de las comandantes—Y aunque me gustaría preocuparme por el uso que Saber le dará a Excalibur hay otra cosa que me inquieta…
—¿Tiene algo que ver con el hecho de que corrieras a los concejales? —preguntó perspicazmente Nero.
Normalmente el robo a su tesorería no sería un tema que Gilgamesh hablara solo con ellas, al conocerlo también como lo hacía, ella y las otras dos rubias, sabían perfectamente que el rey habría convocado a una reunión con el consejo de ancianos y ellas para abordar el tema y los posibles cursos de acción a tomar.
Sin embargo, no parecía que aquello fuera a suceder.
—Además de Saber había otros dos magos ahí… uno de ellos tenía cabello castaño y cargaba en sus hombros a un albino de cabellos largos.
—¿Un albino? —Nero prestó más atención a las palabras del gobernante tratando de disimular su obvio interés en el tema.
—Si, estaba inconsciente, no sería errado pensar que gasto toda su energía mágica para romper el sello de mi bóveda y dejar a Saber entrar.
El sello de babilonia había sido impuesto en la tesorería por una Grand Caster cuando la primera familia gobernó Nilonia, el dominio de babilonia era cedido por línea consanguínea a través de un ritual, las líneas rojas que se materializaban en el cuerpo de Gilgamesh eran lo que le permitía convocar cualquier objeto de la bóveda. Teniendo eso en cuenta romper dicho encantamiento de protección habría requerido una cantidad monstruosa de magia que no cualquiera era capaz de convocar, motivo por el cual era lógico pensar aquel mago, si no es que ambos, habían conjurado un hechizo para romper el sello.
—Probablemente fueran obligados por ella ya que de ser sus aliados dudo que los hubiera dejado ahí mientras babilonia comenzaba a derrumbarse, especialmente cuando ambos parecían magos de un buen nivel.
Nero frunció el ceño preguntándose si el hombre del que Gilgamesh hablaba hubiera podido ser Merlín. De hecho, no pudo haber sido otro que Merlín, era el único mago con la suficiente energía para deshacer el sello de la bóveda, o al menos era el único que la duquesa conocía. Si él les había dicho como liberar a Saber probablemente hubiera hecho una alianza temporal con ella o algo por el estilo e intentar conseguir a Excalibur para regresar a Saber a la normalidad, misión en la que obviamente había fallado.
Aunque nunca comprendió las acciones del mago de las flores Nero sabía que su principal objetivo era desaparecer la corrupción que Angra mainju había generado en Arturia y aunque nunca le había dicho como planeaba hacerlo algo le decía a la ojiverde que podía confiar en él.
—"Oh poderoso rey de Nilonia, gloriosos sean los ojos que te ven, con el destino reescrito finalmente soy capaz de verte frente a frente, lástima que nuestro encuentro sea un momento fugaz que se perderá en la inmensidad del tiempo. Dos concejales se dirigen hacia este lugar sagrado y me temo que mi amigo y yo no podemos quedarnos, quizás no tenga tiempo para explicarte por completo la situación en la que te encuentras al ser solo una pieza más en este tablero de ajedrez. Sin embargo, déjame darte un consejo… ese concilio de ancianos que consideras que honorablemente protege el país a tu lado, ocultan un oscuro secreto ancestral motivo de tanto daño… no confíes en ellos porque si crees ciegamente en sus palabras perderás todo lo que alguna vez consideraste que te importaba. Igual que en su tiempo lo hizo tu padre."
Las palabras de Shakespeare resonaron en la cabeza del rey de los héroes. Cuando termino de relatarles a las rubias aquel breve y fugaz encuentro ellas se miraron entre si con expresiones que Gilgamesh no fue capaz de interpretar.
—No estuve dispuesto a creer en las confusas palabras de aquel mago, pero entonces Salieri y Solomon llegaron a la cueva… Dijeron haberme estado siguiendo, pero lo que no sabían es que utilice mi conexión con babilonia para llegar a través del mismo portal que utilizo para sacar mis tesoros… aunque no estaba seguro de que funcionara.
Por más que le daba vueltas al asunto solo había una explicación plausible. Ellos en realidad no lo habían "seguido" porque estaban preocupados, sino que estaban buscando a los otros dos magos, pero ¿Para qué? ¿Qué motivos tendrían para perseguirlos? ¿A caso los conocían?
—Gilgamesh…—Nero habló con cuidado tratando de escoger cuidadosamente sus palabras.
No tenían pruebas y lo único que las amparaba a ella y sus compañeras eran las sospechas de que los ancianos no solo habían tenido que ver con el incidente de Lily si no también con el de Uther Pendragon pero hasta no reunir pruebas presentar esas acusaciones era una completa locura. Aunque Mordred y Nero sabían que no tenía ningún sentido que el concilio hubiera lanzado a ambos Pendragon al lago de las maldiciones y no encontraban un motivo coherente estaban seguras de que ocultaban una oscura razón.
Tal vez fuera una imprudencia, pero la duquesa de la casa Germanicus había decidido que lo mejor era hacerle saber a Gilgamesh de sus sospechas, incluido claro, el uso de la sangre de quimera en una infusión para generar en Lily aquellas alucinaciones.
—El consejo de ancianos…—un estruendo la hizo callar.
La tierra tembló por segunda vez ese día y a pesar de que la oscuridad de la noche había inundado las calles de la capital, a lo lejos una luz parpadeaba intermitentemente captando la atención de más de un ciudadano y del mismo rey quien con curiosidad caminó hacia las amplias ventas de aquel gran salón.
No había duda, una batalla estaba teniendo lugar a un par de kilómetros de Nilonia y las repercusiones del despliegue de poder eran capaces de sentirse hasta allí.
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La agilidad y la velocidad de Alter eran increíbles, pero Lizrich no se iba dar por vencida tan fácilmente.
¿De verdad pensaba esa chiquilla tonta que pondría vencerla? ¡¿A ella?! ¡A ella quien tenía el control total del pozo de Angra mainju! ¡Ilusa chica tonta!
En cualquier momento hasta esa bella espada con refulgente brillo dorado se teñiría de negro siendo corrompida por la malicia de las maldiciones. Era solo cuestión de tiempo así que divertida, la bruja siguió esquivando los ataques de la rubia mientras se burlaba de sus intentos por a travesarla con la espada.
Lizrich parecía danzar en el viento con cada movimiento, su cuerpo levitaba alejado de la sucia tierra mientras que Alter se veía obligada a saltar de árbol en árbol tan alto como le fuera posible para asestarle un golpe.
Saber era muy rápida y ligera por lo cual sus gráciles movimientos ganaban cada vez más peso. Lizrich invocó orbes oscuros lanzándolos hacia la joven Pendragon y miraba con satisfacción como la espada cortaba la oscuridad desintegrándola, pero manchándose de negro.
Atacó a Arturia una y otra y otra vez, cada vez más la espada se iba empapando de la corrupción sacada del pozo de las maldiciones. No faltaba mucho para que esa espada se tiñera completamente de negro.
Excalibur era lo único que podía eliminar la malicia de Angra mainju, al ser una espada bendita era incluso capaz de acabar con la existencia de Lizrich, era la única arma que podía matarla, la bruja lo sabía, pero no dejo que sus expresiones demostraran que esa arma podía afectarla. De hecho, verla en manos de Alter solo hizo que la mujer oscura sonriera con sorna, incluso esa espada sagrada podía ser corrompida y si Saber había sucumbido a la oscuridad su corazón impuro habia estado mancillando la pureza de Excalibur desde que le puso las manos encima, con los orbes de malicia que había estado lanzando Lizrich no había hecho más que acelerar el proceso de ennegrecimiento de la espada.
La bruja sonrió victoriosa cuando el brillo dorado de la espada había sido consumido por Angra mainju.
—Una espada corrompida es perfecta para un alma como la tuya ¿No lo crees? —se burló divertida.
Contrario a sus expectativas Saber solo sonrió con malicia.
Al agitar la espada el brillo dorado consumió la negrura que cubría su filo y nuevamente Excalibur resplandecía con una luz aún más potente de la que tenía.
—¿De verdad creíste que yo sería tan estúpida como para arruinar la única arma capaz de eliminarte, bruja? ¡Siempre he sabido lo que tú eres y mi único objetivo durante todos estos años ha sido ser libre para acabar con tu existencia por todo el daño que le causaste a Saber! Quería aniquilar a ese estúpido rey dorado primero, pero hice un trato para mantener la pureza de esta espada y así poder aniquilarte con mis propias manos.
Alter se movió a una velocidad indescriptible y en menos de unos segundos ya estaba peligrosamente cerca de Lirich quien apenas fue capaz de reaccionar a tiempo para esquivar el ataque de la bruja negra.
Sintió algo escurrir de su mejilla y se dio cuenta que era su propia sangre. Saber Alter acababa de rozar su mejilla con el filo de la espada sagrada. La mujer de cabellos dorados enfureció, nunca había tenido que pelear en serio contra alguna de sus creaciones, pero con la joven Pendragon haría una excepción.
Desde la oscuridad de su mundo Arturia observaba junto con Iriesviel como se desarrollaba la situación. La susodicha estaba sentada con su vestido blanco extendido por el suelo mientras que la albina se mantenía de pie a su lado. Iriesviel observaba en el cuello de la rubia, el sello de la espada sagrada que resplandecía ligeramente.
—Mientras portes ese sello seguirás ligada a Excalibur, no importa que tanto la use Alter, la espada no será corrompida.
—Si Excalibur fuera ennegrecida ella no tendría ninguna oportunidad. En mi situación a un si mi deseo no era una alianza con esa otra yo, con el fin de detener a Lizrich… esto es todo lo que puedo hacer.
"Vengo a ofrecerte un trato" cuando esas palabras habían salido de la boca de Alter lo último que Saber se esperaba era que, de alguna manera, su homóloga necesitara su ayuda. Si bien no estaba de acuerdo con Alter en cuanto a sus acciones, para bien o para mal Lizrich era la principal raíz de problemas a eliminar.
Ni Saber ni Alter serían capaces de enfrentar tal amenaza solas, necesitaban el apoyo de la otra.
A fin de cuentas, ambas eran Arturia Pendragon.
Nadie más que ellas controlarían su propio destino de ahí en adelante.
—"Para protegerla… por eso vivo ¡Para eso existo!" —los pensamientos de Alter se arremolinaron a medida que la lucha contra Lizrich se hacía más intensa—"Seré yo quien se manche las manos, seré yo quien cargue con toda su cumpla. Abrazare la destrucción y la locura si es necesario para que ella ya no sufra… porque para Lily, Saber y Arturia ya ha sido suficiente."
Alter sabía que ella no era más que otra de las "Arturias" existentes. Una fracción más de un todo que conformaban a la verdadera Arturia Pendragon, tal y como Lily o Saber. Aunque cada alter ego tenía una personalidad distinta esencialmente todas eran una misma. Un "yo" creado por la original para hacer frente a diversas situaciones.
Saber existía como el espadachín, desarrollado para viajar a través del mundo como un caballero, era el epitome de perfección que ella quería alcanzar como un guerrero. Lily fue creada para recordarse a sí misma que era mujer, era quien hacia relucir el lado femenino que existía para que Arturia no perdiera su identidad. Alter quien fue la última versión existía para cargar el peso y la culpa de la original, creada como una manera de auto protegerse, todos ellos conformaban a Arturia Pendragon.
La verdadera era solo la suma de todas sus partes, una versión madura pero seria, amable, tranquila y sensata.
No fue mentira cuando Alter le dijo a Gilgamesh que Arturia jamás volvería a ser la misma. Lily y Saber ya no existían. Esas personalidades arraigadas a Saber fueron consumidas y destruidas por la oscuridad mientras ella era atormentada ahogándose en el pozo de las maldiciones. Alter se lamentó no haber sido capaz de salvarlos y ahí se había originado su odio intenso hacia Lizrich.
Sin importar cuanto le costara la iba a eliminar.
Cuando la bruja negra vio finalmente a la copia de Irisviel exhalar cansada luego de la intensa tanda de ataques propiciados por ella decidió que ya había sido suficiente. Finalmente aniquilaría a la última Einzbern con vida. La susodicha maldijo, cortes superficiales arruinaban su hermosa piel y todos habían sido hechos por la insolente hija de Uther Pendragon.
—¡Excalibur!
Habiendo concentrado toda su energía en un solo golpe por segunda vez en el día Alter utilizaba el ataque más poderoso de la espada.
La luz dorada ilumino los cielos. Desde la capital miraban impresionados el maravilloso espectáculo de aquel rayo de cálida luz elevándose a los cielos.
Pero el ataque no acabó Lizrich.
En un último momento, la bruja albina logró convocar una barrera poderosa que la hizo resistir el ataque, pero la dejo gravemente herida y exhausta. Saber Alter había gastado gran parte de sus reservas de energía, pero aún se mantenía en pie con orgullo. A Lizrich no le iba a dar la satisfacción de verla de rodillas apoyándose con su espada como lo había hecho Gilgamesh.
Acercándose a pasos lentos al cuerpo de la antigua princesa Einzbern alzó su espada para clavársela en el pecho a esa mujer.
—¡Mggn! —contuvo su grito al sentir una fecha clavarse en su abdomen.
Salieri, Edmon Dantes, James Moriarty, Christopher Columbus, Yagyu Munenori, Ivan y Solomon, los siete miembros del concilio de ancianos habían hecho su aparición finalmente.
Y todos tenían la intención de atacar a Saber.
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Continuara.
Espero que hayan disfrutado este capítulo, aquí es donde las cosas comienzan a ponerse un poco más complicadas para Alter porque tristemente ella no tiene aliados. Gilgamesh comienza a desconfiar el concilio de ancianos y las duquesas Nimrod y Pendragron aun andan libres por ahí.
