Ya casi acabo con estos capítulos que no se tratan de mucho. Advierto, pese a lo que parezca esto no va más allá del ship tease pues soy un fail total para escribir ships y siempre se acaban volviendo amistades interesantes (que sería el plan en este caso). Además, ya toca saber qué hacen los bronces que no han aparecido. ¡Gracias por leerme! Espero no editar mil veces en los siguientes días.
*La primera canción es Hurt en la versión de Johny Cash.
*En esta ocasión debo pedirles un gran favor, al acercarse a la parte final POR FAVOR, escuchen "the dull flame of desire" de Björk, la versión del álbum sí, la que dura 7 minutos y medio), desde el minuto 3:40 en que entra la voz de Anohni, la letra es un poema que buscaba usar en algún texto.
SAINT SEIYA PRIMORDIAL. LOS DÍAS PERDIDOS
"You will die like a dog for no good reason."
—Ernest Hemingway
III. Reconozco las huellas del antiguo fuego
I hurt myself today
To see if I still feel
I focus on the pain
The only thing that's real
The needle tears a hole
The old familiar sting
Try to kill it all away
But I remember everything
Ikki cayó al agua y al no poder moverse se hundió con rapidez. Esa era otra de las cosas que habían cambiado al volver de aquel lugar maldito: ahora a menudo no era capaz ni de salvarse a sí mismo.
Siguió su descenso rodeado del espectáculo marino, tanto que por un segundo se permitió disfrutar lo que estaba frente a él, toda la belleza azul. Podía estar seguro de que no era el final, apenas un inconveniente más en la espera de que algo peor llegara a él. De repente, escuchó que alguien entraba al agua.
Fénix se concentró esperando un ataque. Los rayos de sol que penetraban hasta ahí y la nube de pequeños peces le impedía distinguir con claridad; vio cabello dorado y ojos azules. Pensó en ella, Esmeralda, la única; sólo para aceptar que de ser esa su última visión mostraría una infinita misericordia por parte de quien jugaba con sus vidas.
Sin embargo, quien llegó hasta él fue la impertinente guerrera rubia con su largo cabello envolviéndola. A prisa lo sujetó y sacó a la superficie.
ooOoOoo
La amazona lo arrojó sobre la arena para ir al frente, donde ya estaban dos santos que los veían con desdén. Eran un hombre y una mujer portando armaduras azules.
–Guerrera, pertenecemos a la orden de Hera y hemos sabido que ambos pelearon en este refugio. Relata lo que ocurrió u obtendremos la verdad de ti –preguntó ella con desprecio, dirigiéndose a June.
–No creo que esa sea manera de… –Camaleón respondió con desconfianza.
La mujer fue hacia ella y en un rápido movimiento la trató de golpear, quedando sujeta por el látigo.
–Esto no es un juego, ¿fueron tan ilusos para creer que la orden reina no acudiría si arremetían contra un refugio? ¿Qué buscaban? –apretó el puño tratando de liberarse.
–Imbécil, tú tampoco debes derramar su sangre en un santuario… –Ikki gruñó fastidiado, pero cuando iba a intervenir el hombre lo alcanzó con su maza plateada, arrojándolo de nuevo contra el piso.
June volteó a verlo y la mujer aprovechó la distracción para sujetarla del cuello hasta levantarla en vilo.
–Ahora confesarás lo que pasó o ninguno saldrá de aquí.
–Un idiota hablando de un fuego sagrado atacó a Olimpia y la protegimos… –Camaleón prefirió hablar al ver a Ikki muy débil tirado en la arena.
–¿Dice la verdad? –preguntó el hombre.
La mujer santo encendió su cosmos y lo proyectó contra la amazona, que quedó a su merced, mostrándole sus recuerdos.
–Sí, es cierto que pusieron a resguardo a la doncella y no portaron armaduras.
En ese momento escucharon los gritos de Olimpia.
–¡Ellos nos salvaron! ¡Ni siquiera vosotros podéis actuar de tal modo en este refugio! –gritó la ninfa sujetando su manto sobre su cabello negro.
Al escucharla, la mujer arrojó a June en la arena junto a Ikki.
–Guarda silencio, doncella, ya sabemos que ellos no causaron este desastre. Hubo más ataques en los altares a Hestia, todos menos afortunados. El santuario de Cartago se convirtió en un baño de sangre.
–Shaina… –la amazona murmuró apretando su látigo.
–Bien, la historia es: todo inició por santos exiliados –el hombre levantó lo que quedaba de la roja armadura calcinada– en armaduras de reliquia. ¿Quién creó este fuego?
June, Olimpia e Ikki se miraron entre ellos y guardaron silencio.
–Mujer ¿de qué orden vienen estos idiotas? –preguntó el hombre.
–Sabéis que aquí todos sois anónimos, no importa quién inició un fuego, tenéis a vuestro culpable –Olimpia mantuvo la firmeza en su voz.
–¿Así te diriges ahora a la orden reina? –retó a la doncella con una voz agresiva, al tiempo que se acercaba a ella.
Ikki por fin pudo ponerse de pie y se colocó entre Olimpia y aquel hombre.
–Estás en territorio de las doncellas y en él pueden hacer lo que quieran. No tienen por qué escucharte.
El santo no respondió. Lanzó un puñetazo que Fénix no alcanzó a esquivar pues antes perdió el conocimiento.
–Vaya inútil –el hombre sonrió lleno de satisfacción, revisando los restos de la armadura, luego se dirigió a Olimpia–. Levantaremos una barrera y nadie puede entrar ni salir de este refugio hasta el siguiente amanecer cuando haya sido purificado.
ooOoOoo
Para Fénix, la batalla contra Hades no se comparó a lo que sucedió después. Habían quedado atrapados en un mundo de los muertos que caía a pedazos y Saori ya no tenía fuerza suficiente para sacarlos de ahí.
Se reunieron en torno a Pegaso a esperar el fin, cuando una luz brillante como el sol invadió el lugar y los separó, enviándolo a un infinito vacío.
Comenzó entonces el verdadero horror: la oscuridad, el frío, los gritos atormentados a lo lejos, la perpetua caída.
Aun así, fue mejor que el silencio que le siguió y lo dejó a solas con sus pensamientos. Sintió auténtico terror cuando las sombras se apropiaron de él y su cosmos fue reducido a una débil flama.
Finalmente, en medio de aquel gran vacío, escuchó una voz que emergía de las profundidades del tiempo.
–Seres como ustedes, retadores de dioses, deben ser condenados. No pueden morir ni huir; aunque a diferencia tuya, los otros conservan esa esperanza, porque tienen deseos. No tú, que eternamente permanecerás como un ser para la violencia, en espera de la siguiente gran pelea –sonaba antigua y profunda–. Hombres como tú mantienen los ciclos en movimiento con sus sangrientos sacrificios. Hombres como tú no podrán encontrar jamás el consuelo en la paz, su única satisfacción yacerá en el combate. Te concedo el retorno, a ti, otro ser imperfecto. Ve y gánate la gloria.
Por primera vez en mucho tiempo, Ikki se sintió profundamente vulnerable y desnudo ante aquella presencia fuera del mundo. ¿En verdad estaba la felicidad no en el reposo sino en luchar mientras durara su vida? ¿Qué seguía para él?
La voz se extinguió y al volver el silencio comenzó también su regreso al mundo vivo: un dolor profundo desde el interior de su ser, calando en sus entrañas, cada partícula de su cuerpo recordándole que la existencia era sufrimiento.
Ikki no supo quién los trajo desde el Inframundo, debió ser un cosmos inmenso para lograr tal hazaña. De pronto estaban él, sus hermanos y Saori de vuelta en la playa.
No habló con ellos de lo sucedido, ni quiso preguntar. Al igual que siempre, sólo se fue. Pronto sabría en qué consistía su castigo.
ooOoOoo
Ikki recordó aquel profundo dolor y despertó aterrado tratando de respirar. Se lanzó furioso al frente, para ser apenas sujeto por June y su látigo, quedando a unos centímetros de Olimpia. Volteó colérico hacia ellas, mas no estaba preparado para lo que encontró: miradas de genuina preocupación.
–¡Quieto! tienes heridas menores y sigues perdiendo el conocimiento –la rubia, pese a su resistencia, lo obligó a sentarse sobre la cama– por lo que hiciste al pelear sabemos que debes ser muy fuerte, es sólo que… no es un buen momento.
Fénix vio a su alrededor desesperado, estaban él, Olimpia y la rubia en un cuarto del refugio. Levantó los brazos con desgano indicando su rendición. Cuando la amazona retiró su arma, se dejó caer en la cama, apretando su cara con un gesto lleno de frustración.
–Maldita sea, esta mierda sigue pasando -para un hombre como él no era fácil adaptarse a algo así.
Camaleón y Olimpia voltearon a verse confundidas y prefirieron cambiar de tema.
–La Hermandad se molestó porque peleasteis en un refugio deshonrando su hospitalidad. Al escuchar mi historia permitieron que os quedarais. Por desgracia… no os sanarán… –admitió Olimpia avergonzada.
–No lo digas como si fuera tu culpa, Olimpia –June molesta volteó a ver a Ikki–. Les diste muchos problemas, llevas horas entre pesadillas y tratabas de atacar a todo el que intentara ayudarte. Las asustaste y le prohibieron acercarse a ti.
–Lo lamento –Ikki replicó cortante.
–Dijeron que esa clase de pena es digna de un condenado… te llamaron Atlas –la rubia seguía sin confiar del todo en él.
–Vaya, son observadoras –a Fénix le pareció casi graciosa la idea.
Olimpia sonrió con el comentario.
–No es un halago, únicamente nombramos a los problemáticos. Y al no usar vuestros nombres reales, Atlas parecía haceros justicia.
Ikki vio dónde había sido alcanzado por los ataques, también notó que no habían limpiado sus heridas.
–Oye, si necesitas ayuda yo puedo hacerlo –ofreció la amazona de forma espontánea – desde que entrenaba curaba las heridas de mis compañeros, y…
–No es necesario… –la interrumpió, aún receloso ante esas muestras de amabilidad.
June se levantó enfadada y fue hacia la ventana, donde se quedó observando al exterior. Detrás, Olimpia le acercó el material de curación a Ikki, que se quitaba los jirones de camisa.
–¿Qué está sucediendo? –Camaleón notó que llegaban más santos de la que se hacía llamar orden reina y las doncellas parecían poco gustosas de tenerlos ahí.
–Algo en lo que prefiero no involucraros, podréis partir por la mañana y dar aviso a vuestra gente. Aquí estaremos bien. Al igual que todas las órdenes, tenemos nuestros tesoros. Alguien no pensó lo suficiente y trató de tomarlos; si lo intentan de nuevo nuestros aliados nos protegerán.
–No, ustedes dedican su vida a los demás. Si alguien los toca, lo enviaré a…–Ikki trató torpemente y sin éxito de atender las heridas en su espalda ante la mirada incrédula y llena de horror de Olimpia.
–Para eso primero deberías mantenerte consciente –June lo vio seguir con sus intentos–. ¡Esto es deprimente! Yo lo haré –se sujetó el cabello, le arrebató el material y comenzó a limpiar cuidadosamente sus heridas.
El santo sintió por un instante el tacto tibio en su espalda y saltó ante el escalofrío, deteniéndola.
–¡Déjame! –Fénix volteó alterado alejándose de ella
–¿Qué? ¿Qué pasa? ¿Te lastimé? –preguntó June inquieta.
Ikki mantuvo la vista en el piso; la expresión intranquila de la rubia lo irritó más y Olimpia se echó a reír hasta que ambos voltearon incómodos.
–Creo que no está acostumbrado a que lo toquen y lo intimidasteis –Olimpia continuó con sus risas juguetonas.
–Qué idiotez…
–¡Este tipo es imposible! –rugió Camaleón, le arrojó a la cara las gasas y salió del cuarto con su látigo en mano.
ooOoOoo
Olimpia e Ikki se quedaron en un silencio que fue roto cuando ella comenzó a reír de nuevo y lo iluminó con su sanador cosmos dorado.
–Deberíais pedirle una disculpa. Ella realmente estaba preocupada por vos, por desgracia ambos tenéis ese horrible temperamento.
–Pierde su tiempo tratando de hacer amigos en estos sitios -Fénix se mantuvo inflexible.
–Habláis demasiado –sentenció Olimpia de forma tajante.
–¿Disculpa?
–Para vuestras palabras pesimistas pasáis bastante tiempo pensando en los otros. Por ello elegisteis llevar esta carga en solitario, lo cual claramente fue un error – la doncella continuó.
–No sé a qué te refieres.
–Olvidáis quién soy, os conozco: sé que no habéis visto a los otros santos de bronce desde hace un año. Y es evidente que vivís molesto con el mundo, incluso con vuestra orden, por eso habéis permanecido aquí más de lo usual. Es normal que os sintáis cómodo, Hestia trae armonía y calma esa ira que os mantiene en ebullición. Sin embargo, mañana tendréis que partir y regresará la furia que os corroe –mantuvo un gesto maternal casi desconocido para él–. Ahora creéis que se debe a que vuestro cosmos palidece y no podéis controlarlo desde que volvisteis de la eterna noche. Pero antes vuestro poder era pleno y la cólera ya os definía.
Ikki se puso de pie. La situación se le iba de las manos.
–No lo entiendes, años atrás el fénix surgió de la ira y así he sobrevivido en medio de todo lo que no puedo cambiar o aceptar –por primera vez Ikki pudo decirlo en voz alta y sintió la necesidad de llorar–. A estas alturas, dejarlo ir es olvidar a aquellos por quienes vivo en duelo.
–No tiene sentido que esa clase de odio surja de un amor tan puro o una amistad sincera. Hay más en vos que los impulsos de un santo.
–No lo sé, no soy más que esto: un guerrero. No puedo ni imaginar mi vida de otra manera, sin mi fuerza no queda nada en mí que valga la pena. Quien nos trajo de regreso lo sabía; volver con un cosmos que se desvanece cada que lo invoco fue parte de mi castigo, y ahora ser incapaz de proteger o salvar a otros porque continúo peleando contra su maldición para huir de aquel vacío.
–En la Hermandad de Hestia conocemos parte del futuro y no os mentiré, sé que os falta por vivir cosas peores. También debéis saber que no todo está perdido, sucederán muchas cosas buenas que no sabéis ni que anheláis.
–No me asustas, sé que para mí no hay esperanza –confesó Ikki.
Olimpia se levantó y se acercó a él.
–No estáis escuchando: reconozco el fuego sagrado en vos, el fuego del hogar –la doncella tomó su mano en un gesto protector–. Vuestro papel será más noble: brindar esperanza a otros, vuestra diosa, vuestros hermanos y vuestra orden.
–La rubia lo dijo, para eso tendría que poder mantenerme despierto.
–Un año viviendo incompleto y sin una respuesta os ha hecho aprender cosas, como a escuchar. Habéis comenzado a cambiar. Sois menos impulsivo, aunque mantenéis el deseo por amparar al débil. Mi diosa escuchó vuestra plegaria, por eso os hizo venir. Os agradecerá con la libertad de quien os ata desde el mundo de los muertos. No obstante, debéis decidir cómo continuar cuando vuestra llama retorne, ahora ya sabéis qué buscan de vos.
–No sabría ni dónde empezar. Quien me trajo de vuelta quería un asesino que pudiera cruzar entre vida y muerte –admitió Ikki con algo parecido a la tristeza.
–No le otorguéis eso, sois nuestro Atlas. Resistid y reservaos para días más felices: id con Atenea, proteged a vuestros hermanos y al mundo donde amasteis. Resistid. Mientras eso sucede, podéis comenzar con los detalles pequeños, siendo cordial con quien ha tratado de serlo con vos.
Olimpia le señaló la salida.
–He pasado demasiado tiempo aquí, necesito tomar aire –Ikki salió abrumado.
ooOoOoo
En ese año Ikki había pensado cada día y a detalle sobre todo lo hablado y aun así le asombraba la forma en que las discípulas de Hestia conocían la fragilidad no confesada y lo dejaban expuesto.
Afuera encontró a la rubia observando desde un rincón cómo la orden recién llegada tomaba el control del ahora caótico refugio sin que los otros opusieran resistencia. Quien los lideraba, el mismo santo que habían encontrado en la playa, habló desde el techo donde vigilaba y todos en el lugar lo escucharon, maravillados por la cúpula plateada que ahora cubría el lugar y sus alrededores.
–Hemos dado fin a un penoso espectáculo. Esta barrera es solamente una señal, el que la cruce antes de que termine la purificación se declara en abierto desafío a nuestro ejército.
Camaleón permaneció alejada.
–La orden reina, un exiliado con una reliquia, vaya patrañas… ¡Aghhh! ¡Debo irme! –June lanzó furiosa una pequeña roca contra la barrera, que la redujo a ceniza.
Ikki reconoció esa clase de desesperación como familiar.
–No trates de escapar, pasar la barrera no sería un problema, pero es tener un ejército entero contra ti por nada. Resiste unas horas más y no arruines las cosas por tu mal carácter –trató de que su voz sonara tan amistosa como le era posible–. Tómalo de quien viene.
–Entonces no lo hagas más difícil. Ya es bastante malo ver comenzar otra guerra por tonterías –la amazona caminó rumbo a la playa para alejarse de los demás santos.
–La confrontación no es algo nuevo para mí –objetó Ikki altanero, siguiéndola.
–Eso no la vuelve menos estúpida –la amazona volteó a verlo con un gesto irónico.
Fénix ya no pudo articular un argumento, era cierto, no tenía manera de justificarlo.
–¿Quién espera por ti para querer irte de ese modo, rubia? –preguntó él en un raro destello de curiosidad.
–Quiero creer que mi orden, ultimadamente, vine a cumplir una misión. Más allá de ellos en realidad no me queda mucho –volteó a verlo–. ¿Y a ti? ¿Quién tiene que soportarte fuera de los refugios? Ya sé, todos los santos estamos dañados y no tenemos propiamente familias…
–Yo sí, tengo hermanos, varios de ellos. Dudo que aguarden por mí justo ahora, lo cual es por completo mi culpa –admitió.
–Mmm… no deberías ser tan imprudente si alguien se preocupa por ti… –murmuró muy seria, viéndolo a los ojos.
–No deberías ser la enfermera de posibles enemigos para tu orden, no es propio de un buen santo.
–Déjalo, es mi complejo con la gente rota o que sufre –June le contestó con una sonrisa y se sentó en la orilla a ver el mar–. ¡Ah! Y difícilmente alguien me consideraría un buen santo, soy más una desertora.
–Lamento haber sido grosero antes, ya es un mal hábito. No te conozco y en realidad no me importa quién seas. Aun así, sé, por las cosas que he visto, que la gente que piensa en los otros es valiosa. Cualquiera puede desear ser fuerte, pocos ven más allá de sí. Dice un proverbio que puedes abandonar tu propio cuerpo, pero nunca abandones tu honor; apostaría a que eso has hecho –Fénix trató de sonreírle, aunque la mueca resultante fue ridícula.
–Lo tendré en cuenta cuando dejes de retar a tu suerte y pienses en los que te quieren –Camaleón por fin le sonrió con honestidad.
Pasaron el tiempo en silencio hasta que se ocultó el sol.
Dispuesto a disfrutar sus últimos momentos de paz antes del caos que le había sido predicho, Ikki se recostó en la arena a ver el cielo y se quedó inmóvil. Hasta que la rubia inclinada sobre él cubrió su visión.
–¿Atlas? ¿Estás bien o perdiste el conocimiento de nuevo? –mantenía su rostro angustiado.
–Mmm estoy bien. Vayamos con Olimpia o preocupará –gruñó, todavía incómodo porque un desconocido mostrara preocupación por él.
ooOoOoo
Acompañaron a las doncellas hasta el anochecer y terminaron su día en la playa junto a Olimpia.
La noche tenía algo especial, sobre ellos se extendía una cúpula de estrellas brillantes que se reflejaban en el mar y la luna llena los iluminaba en plenitud.
El Fénix estaba acostumbrado a ser temido incluso entre sus amigos y a no tener que tratar con nadie ajeno a ellos. Por eso le intrigaba la forma de ser de las mujeres a las que había conocido ese día: ninguna lo veía ya como un peligro, una era demasiado maternal, una demasiado volátil. Tal vez en otra vida habrían podido entenderse, no en esta, no bajo asedio.
Entre bromas y risas, Olimpia terminó de cepillar su cabello negro y ofreció peinar el de June, a lo que ésta accedió con un gesto de extrañamiento.
Fue demasiado para Ikki que había montado guardia tratando de ignorar esa convivencia mundana en lo posible. Se cubrió con una manta y fue a su cuarto. Al llegar, se dejó caer sobre la cama y se dispuso a dormir, convencido de que por la mañana no tendría que soportar más de esa mierda.
–Resistir y reservarse para días más felices... Qué engaño.
Su condena al fin terminaría, se preguntó qué habría hecho Shun en ese año, dónde estaría Hyoga, qué planes habría ideado Shiryu y si Seiya se habría recuperado. Tampoco pudo evitar pensar en Saori y la pena que debió sufrir por su causa.
Luego de darle vueltas a lo sucedido en esas horas, por fin cerró los ojos y descansó.
ooOoOoo
Estaba otra vez inmóvil bajo el agua. De nueva cuenta la vio aproximarse como una sirena, abriéndose paso en una estela dorada entre los peces y el azul del mar.
Se acercó a él, lo rodeó despacio, explorando curiosa con sus enormes ojos celestes llenos de ternura.
Algo fue diferente. Permanecieron rodeados por el agua, la luz y su largo cabello rubio. Cada vez más cerca.
Hasta que sucedió lo impensable. Ahí, flotando entre la iridiscencia, sujetó su rostro hacia ella, cerró los ojos y le dio un suave beso.
I love your eyes, my dear
Their splendid sparkling fire
When suddenly you raise them so
To cast a swift embracing glance
Like lightning flashing in the sky
.
Y de pronto, el mundo fue luminoso.
.
But there's a charm that is greater still
When my love's eyes are lowered
When all is fired by passion's kiss
.
.
Ikki saltó de la cama aterrorizado, aquel sueño era peor que todas las pesadillas.
Simplemente no supo qué hacer.
Era de mañana y apresurado entró al dormitorio de las mujeres. Ya no estaba. Ni ella, ni la caja cubierta de su armadura.
Olimpia llegó detrás de él y se le acercó sonriendo.
–La purificación terminó hace poco, debéis partir y la vida no os traerá a este refugio sino hasta que vuestro camino esté por terminar –le dijo con cierta tristeza–. Esperad, la rubia os dejó algo –buscó entre su manto hasta encontrar un trozo de papel doblado en forma de grulla, que le entregó–. Es su despedida. ¿Lo veis? no resultó tan difícil ser cordial.
Fénix lo tomó y abrió ansioso, era difícilmente una despedida, apenas un mensaje escrito en un japonés burdo, con una sola instrucción: «cuídate, por ellos».
ooOoOoo
Y se acabó. Ojalá pudieran escuchar la canción. ¡Un cap más y tendré mi primer fic completo (aunque sea el puro preámbulo de uno grande)!
