La verdad es que el fútbol me interesa bien más poco, pero tengo que agradecerle al Mundial la inspiración para escribir algo después de tanto tiempo.
Espero que os guste~~!
Mundial de fútbol 2018
España miró el reloj que llevaba en la muñeca varias veces, preguntándose si Inglaterra se habría caído en algún agujero por el camino.
—Esto es una mala idea —se dijo a sí mismo, tamborileándose el brazo con los dedos.
—¿El qué es una mala idea? —preguntó una voz a su espalda.
España dio un respingo, soltando una maldición por lo bajo. Había estado todo aquel tiempo de cara a la puerta de entrada a los vestuarios… sin caer en la cuenta de que lógicamente Inglaterra aparecería por la que llevaba al campo, y no la que comunicaba con el resto del estadio.
Se giró, intentando aparentar que no llevaba esperando allí veinte minutos.
No coló.
Inglaterra le estaba mirando con una sonrisilla insoportable mientras se secaba el sudor de la frente con una toalla.
—¿Todavía estás en Kaliningrado, España? ¿El partido contra Marruecos te dejó tan tocado?
España se llevó una mano al muslo de forma automática. La verdad era que había sido un enfrentamiento bastante físico y seguía agradeciendo que a pesar de todo nadie hubiera salido lesionado.
—Oh, ¿estabas preocupado por mí? Eres adorable.
España quiso creer que las mejillas de Inglaterra estaban coloradas por su culpa y no por el esfuerzo causado por el partido.
—No digas tonterías. Es solo que sería patético que te fueras a casa en la primera ronda… otra vez.
Se tuvo que morder la lengua para no contestarle que en el anterior Mundial él también se había tenido que largar de vuelta a Europa antes de octavos, pero claro, Inglaterra no era el que había sufrido una derrota humillante cinco a cero ni había creído morir varias veces durante el partido por culpa de la mirada asesina de Holanda.
Inglaterra le dio un trago a su botella de agua. Se le notaba cansado, pero nada en su gesto demostraba que estuviese especialmente triste o enfadado por no haber sido capaz de ganar a un país que tampoco tenía mucha fama futbolística. Y eso era extraño, teniendo en cuenta lo muy en serio que se tomaba el fútbol.
—Pensé que después de haberme gritado que eras el rey del mundo por meter seis goles en un partido harías algo más impresionante que perder.
Inglaterra frunció el ceño.
—No recuerdo haberte gritado nada -dijo, ignorando la pulla.
—Bueno, tampoco me extraña. Estabas tan cocido que me tiraste por encima la mitad de tu décima cerveza de la emoción. Sigo preguntándome cómo demonios lograste volver al hotel esa noche —Antes de que Inglaterra pudiera contestar, levantó una mano—. Pero no te escaquees, quiero saber cómo es que has perdido.
—El fútbol es una batalla, España —Usó un tono tan condescendiente que le dieron ganas de cogerle la botella y tirársela a la cara—. A veces quien gana no es el mejor, sino el que tiene más suerte.
—Uy, qué me vas a contar. Tú tienes mucha experiencia en ganar cosas por pura potra, por eso me sorprende que… —Se tapó la boca con las manos—. No puede ser. No habrás… ¿perdido aposta? ¿Para librarte de los peces gordos?
—¿De verdad me crees capaz de perder a propósito para que me toque la "semifinal fácil"?
—Me creo cualquier cualquier cosa que demuestre que sigues siendo un pirata rastrero de mierda, sí.
Inglaterra fingió indignarse, llevándose una mano al pecho. O al menos España pensó que estaba fingiendo. Incluso después de tantos siglos aún no tenía claro si Inglaterra se creía de verdad un caballero o no. Tenía que ser consciente de que se comportaba como un capullo la mitad del tiempo, pero quién sabía si eso era lo que interpretaban como caballeroso en aquella isla dejada de la mano de Dios. Era la misma gente que pensaba que podían ponerle pollo y chorizo al arroz y llamarlo "paella".
—Es que ahora solo tienes que preocuparte de Colombia —siguió acusándole, ayudándose de los dedos para enunciar—, probablemente de Suecia y… oh.
Oh.
Si los dos ganaban los partidos que les tocaban se iban a cruzar en semifiales.
Inglaterra sonrió. No se trataba de la misma sonrisilla burlona de cuando le había pillado esperándole, ni de la sonrisa complaciente de cuando había estado celebrando la victoria contra Panamá.
Era una sonrisa afilada, una sonrisa que anunciaba tormenta.
España tragó saliva. Había algo en el semblante de Inglaterra que le daba muy mala espina. También le daba ganas de coger y empotrarle contra las taquillas pero eso era, ejem, del todo inapropiado y no lo iba a reconocer.
—¿Entonces has perdido a propósito o no? —Inglaterra le dio otro sorbo a la botella de agua sin dejar de mirarle, antes de pasar a su lado en dirección a la puerta que daba a los pasillos del estadio—. ¡Cabrón, pero no me ignores!
Estaba a punto de quitarse el reloj para tirárselo a la cabeza —era de plástico—, cuando Inglaterra, ya a la altura de la salida, se giró hacia él. La fiereza había desaparecido de su rostro y, por un breve instante, pareció estar mirándole con afecto.
—Te estaré esperando, Antonio.
Inglaterra desapareció antes de darle oportunidad siquiera de contestar, pero al menos, esta vez, España podría jurar ante el mismísimo Papa que el muy capullo se había sonrojado.
