RETROSPECCIÓN
CAPÍTULO 3
La vida no es fácil y más si tu coeficiente intelectual es demasiado inferior a los demás. En resumidas cuentas, me sentía un fracasado en la universidad, y eso que solo habíamos hecho que empezarla.
—Esto se hace así: después de sumar lo que te queda de haber dividido esto por aquello tienes que... ¿Me estás escuchando Luffy?
—Pues no... Pero no te esfuerces tanto, Nami, que no lo entenderé de todas formas. Soy tonto.
—¿Cómo es posible que te rindas tan fácilmente cuando se trata de estudiar? Y mira que me pediste tú que viniera a tu casa a ayudarte...
—Y te lo agradezco pero, ¡no puedo más!
—Está bien... Vamos a descansar un rato.
—¡Oh! Está sonando mi móvil, ¿quién podrá ser?
.…..
—¿Quién era?
—Era Vivi. Preguntaba que cómo estaba.
—Que buena novia tienes. Es estupenda.
—Es cierto, vosotras os habéis hecho súper amigas enseguida, ¡cuánto me alegro!
—Sí, me equivoqué al juzgarla antes de tiempo. Te debo una disculpa.
—Ni lo menciones, ¡shishishi! Ah, por cierto ¿no tienes calor con ese jersey? Quítatelo.
—Estoy bien.
—Si estás sudando...
—Que no quiero. Va, sigamos con las matemáticas.
—¡Qué cabezota eres, Nami! ¿Por qué no quieres quitártelo? Está haciendo mucha calor en mi casa y tú con jersey.
—Cállate un poco, si no quiero es porque debajo solo tengo una camisa interior de tirantes casi transparente.
—Tampoco será muy distinta a las que usualmente llevas ¿no?
—Claro, como me visto como una puta según tú. ¡Ale, adiós!
—¿Qué? ¡Oe, pero no te vayas!
—¡Te lo digo en serio! No sé por qué se largó de mi casa enfadada. Yo no le hice nada.
—Cálmate, cielo... —dijo Vivi.
—Me echó en cara que según yo, ella se viste como una puta. Pero yo nunca le he dicho tal cosa.
—Lo sé, lo sé...
—No entiendo nada... No me coge las llamadas ni me contesta los mensajes desde ayer.
—No te preocupes tanto, seguro que se le pasará.
—Mejor voy a su casa esta tarde y lo arreglo.
—Es mejor que no vayas, eso puede ser contraproducente.
—¿Por qué?
—No tienes por qué implicarte tanto. Si le das tiempo, se le olvidará.
Eso hice durante una semana pero desde entonces no tuve contacto con Nami y en la universidad evitaba hablarme.
Hasta que la acorralé en uno de los pasillos.
—¡Nami! ¡Quiero hablar contigo!
—¿Qué es lo que quieres decirme, Monkey D. Luffy? —preguntó ella pícara y con sorna.
—¡Yo no pienso que seas una puta por cómo vistes!
Los demás estudiantes que pasaban se nos quedaron mirando perplejos al escuchar la conversación.
—Mierda... He gritado demasiado. Perdón, Nami. Ahora pueden esparcirse rumores de que tú...
—Tranquilo, no me importa. Solo me importa lo que tú pienses.
—¡Pero yo no lo creo! ¿Quién te ha dicho eso? Alguien debió de decirte que yo te critico de esa forma. Sabes que yo nunca lo haría.
—Nadie me ha dicho nada.
—Ya, y yo me lo creo.
—No tengo ganas de discutir. Si quieres, esas conclusiones te las ahorras para la siguiente vez que nos veamos.
—¿Ha sido Usopp?
—¿Cómo puedes dudar así de tu amigo? ¡Obviamente no ha sido él!
—Vaya... Conque sí ha sido alguien.
—¡Tsk! Mira, yo paso de tus gilipolleces. Hasta otra.
—Gracias por contribuir en arreglar nuestra amistad.
—¡Joder, Luffy! Se lo dijiste a alguien cuando ibas borracho, pero igualmente, lo que me duele es que lo creas aunque no lo digas. Y no te es suficiente con eso porque más cosas estupendas le dices de mí.
—¿Qué cosas? ¿Y a quién?
—No me vayas de listo. ¿Acaso no le has contado a nadie esta mañana que yo le tonteo a cualquiera cuando tengo novio?
—¡Qué va!
—Pues de eso me he enterado yo durante esta semana que no hemos hablado. Intenté no creer en lo que decía en un principio pero ya son demasiadas cosas...
—No llores, Nami... ¡Si me revelas quién es, ten por seguro que esa persona no seguirá interponiéndose en nuestra amistad porque tú eres una de mis nakamas, al igual que Usopp y Vivi!
—…
Piensas que con solo ver sus ojos y oír el tono de su voz ya sabes qué le ocurre a esa persona tan especial a la que tanto conoces.
Pero lo cierto es que nunca conseguiremos adivinar lo que le puede turbar a alguien únicamente con esos factores.
A Nami algo le sucedía relacionado con cierta persona cuya identidad yo ignoraba.
Quería que no transcurriera mucho tiempo hasta que yo desmantelase a ese cretino y de esa forma poder bajarle esa prepotencia que me llevaba encima.
—¿Tú? ¡Venga, Luffy! ¿Es que quieres jugar al héroe conmigo? No necesito decirte su nombre para que vayas a cantarle las cuarenta. —dijo Nami.
—¿Por qué no?
—Porque te dolerá.
—No entiendo pero que sepas que esto me afecta directamente. ¡Está poniendo palabras en mi boca!
—Lo sé, pero me ocuparé yo personalmente.
—Vaya... Otra vez las mesas de la cantina están ocupadas. —dijo Usopp.
—Vamos a cualquier banco de fuera a comernos la comida. —respondió Nami.
—¡Ep! ¿Esos no son Luffy y Vivi? Están sentados en una mesa. Aprovechemos y vayamos con ellos.
—Usopp, necesito que me hagas un favor...
—¡Cuánto me alegro de verte, Nami! —exclamó Vivi.
—Yo también me alegro.
—Luffy, acompáñame un momento a entregar unos formularios a los profesores. —me pidió Usopp.
—Qué pereza... Vale, vamos.
…
—Por cierto... ¿por qué me miras tanto desde que se han ido, Nami?
—Nada, es solo que colecciono caretos y me faltaba el tuyo.
—¿Disculpa?
—¿Puedes dejar de fingir ya? Me pones enferma, tía.
—Vaya, veo que ya te has percatado de mis trolas. Has tardado lo tuyo... Hay que ser bien necia para creerlas. —suspiró Vivi.
—Primero: la envidia te corroe, querida. Y segundo, tú a mí no me puedes llamar necia, aunque no te niego que esta vez me pasé de confiada porque te creía mi amiga, y no una maldita comediante.
—Mira, Nami, tú de santa tampoco tienes un pelo. Anda que no me sigues la corriente delante de Luffy.
—No me compares. Yo no tengo por qué explicarle nada a Luffy. Que se dé cuenta él solito de la payasa que estás hecha.
—¿Y qué vas a hacer? ¿Seguirás comportándote como una amiga conmigo cuando él esté delante? ¿Eso harás?
—Eso mismo te podría preguntar yo a ti. —respondió la pelirroja.
—Esta conversación no tiene sentido alguno. Nami, cuando quieras te vas y me dejas tranquila.
—Hay que ver... Nunca falta la sardina con aires de caviar.
—No me hagas reír, ¿qué tipo de insulto es ese?
—Cielo, que lenta eres. No voy a perder más el tiempo, y te aviso: ten cuidado con que la próxima no te tire de los pelos, que para las felinas nos resulta todo un recreo.
Vivi cortó conmigo, me reveló que ella fue quien le dijo todo aquello a Nami, que le mintió, que le insultó a mi nombre... Yo le pregunté que por qué hizo todo aquello y ella solo respondió que desde un principio vio a Nami como una amenaza en nuestra relación.
No pude perdonarla.
En sus ojos, mientras me explicó todo aquello, noté el miedo que le infundía el pronunciar el nombre de la pelirroja. Yo sabía que hubo un pique entre ellas pero nunca me enteré qué se dijeron.
En resumen, me quedé sin novia.
—Ya se termina la universidad. Parece ayer cuando nos conocimos los tres. —dijo Nami.
—Pienso lo mismo. Espero que nos veamos después de la uni.
—Usopp, ni lo menciones. Eso se cumplirá, ya verás. Nada ni nadie volverá a separarnos. —sentencié yo.
—Siento mucho lo de Vivi. Sé lo que me vas a decir, que yo no soy la culpable de vuestra ruptura. Aun así, siento que te lo debo decir. —dijo Nami apenada.
—No tienes que disculparte por nada. Además, creo que te dolió más a ti que a mí su falsa amistad. Yo no quiero a mi lado a alguien que divulga mentiras, y menos si es por envidia. Ah, y no olvidemos que te hizo llorar.
—¿Pero qué pasó? ¿Qué le hizo Vivi? —cuestionó Usopp.
—Oe, Usopp.
—¿Qué quieres ahora, Luffy?
—¿Sabes cómo se mata a una persona de un paso?
—¿A-a qué viene eso? Me está dando miedo oírte...
—Responde. ¿Lo sabes o no?
—Supongo que...
—No nombrándola nunca más.
