RETROSPECCIÓN

CAPÍTULO 4

—¿Q-qué? ¿De verdad que Nami te hizo eso? Lo siento pero no me lo puedo creer.

—¡Qué te lo digo en serio! Diablos, confía en mí antes que en ella, que por eso somos casi hermanos. —lloró Usopp.

—Shhht. Cálmate.

—No me trates como a un perro, maldito...

—¡Shishishi! Te he hecho reír.

—¡Luffy, esto es muy serio para mí!

—Oh, perdón, perdón. A ver... Dices que la viste con varios hombres durante esta semana por las redes sociales.

—Sí.

—¿Bueno, y qué?

—Obvio que me esconde cinco novios como máximo. Pienso que como esta semana no podía quedar con ella a dar una vuelta, se ha buscado un sustituto para cada día de la semana.

—¿No estás exagerando? Es que de entrada me dijiste que le había tirado los tejos a cien y por eso me sorprendí. Y ahora me dices que como máximo con cinco la viste en internet.

—Tengo la enfermedad de Si No Dramatizo Me Muero.

—¡Eso ya lo sé!

Al día siguiente recibí una llamada de Nami.

No paraba de llorar. Quedé con ella al bar que íbamos siempre.

—Usopp ha cortado conmigo...

—¿Qué? ¿Por qué?

—Dice que no soy quien se esperaba que era, que está decepcionado y que le hago sentir inseguro a mi lado... Pero lo que me ha dejado bien claro es que estoy hecha una golfa.

—¿Cómo se atreve Usopp a decirte que eres una...? Especifica qué más te dijo.

—Se enteró que salí con varios amigos esta semana. No me dejó que le diera explicaciones. ¿Cómo puede ser tan celoso? No me lo explico.

—¿Y por eso te ha dejado?

—Sí. ¿Sabes una cosa, Luffy? Todos los amigos que tengo son varones y no conservo ninguna amiga. De hecho, creo que nunca tuve. Y la que pensaba que lo era... bueno, ya lo sabes de sobras.

—¿Y qué piensas hacer ahora? ¿Irás a hablar con Usopp?

—¿Yo? ¿Para qué? ¿Tengo que ser yo la que arregle las cosas después de que él me insultara en toda la cara? Luffy, ¿de verdad me estás preguntando eso?

—Te entiendo. Pero entonces, ¿qué harás? ¿lo olvidarás? ¿no te hablarás más con él? ¿no piensas defenderte ante esos insultos inmerecidos? Si vas a dejar las cosas como están tienes que saber que yo no pienso dejar de lado a Usopp aunque hayáis roto.

—Lo sé y estoy preparada a que tú también te alejes de mí. Los hermanos antes que las mujeres, ¿no es así?

—Tú para mí también eres como una hermana.

—¿Yo?

—¡Sí! Shishishi...

—Vaya, ahora sí que me sorprendes... Creía que yo simplemente era la novia de tu mejor amigo.

—¿Eso pensabas de mí? Tú eres igual de importante que Usopp. Yo a ti te quiero cada día a mi lado...

—¿Lu… —los labios de color carmesí de Nami fueron sellados por los apetecibles de Monkey D. Luffy.


—¡Ya le vale! Ni siquiera tiene la consideración de quererlo arreglar. ¿Es que ya no le importo?

—No hay quién te entienda. A ver, Usopp... ¿No fuiste tú quien cortó con ella?

—Sí pero Luffy... Yo aún estoy enamorado de ella y NO quería cortar PERMANENTEMENTE.

—¿Qué aún estás enamorado de ella? Pero si la llamaste puta en toda la jeta, aunque indirectamente. Es lógico que no quiera saber nada de ti.

—No eres el más indicado para hablarme de lógica...

—¿¡Me estás llamando tonto!?

—No, no... Yo nunca haría eso.

—Está bien...

—He sido un estúpido ¿verdad? Ahora seguramente la estará cortejando otro.

—¡Ah! Eso me hace recordar el beso que le di ayer a Nami.

—¿Que hiciste QUÉ? ¡LUFFY, YO TE MATO! Tú la estás cortejando en mi ausencia.

—¿Ah sí? Pues no lo sabía. ¡Shishishi!


—¿Dice él que aún sigue enamorado de mí? Mira que es idiota. Ahora que no me venga con cuentos. —resopló Nami mientras paseábamos por la calle.

—Se arrepiente bastante.

—¿Y qué? Lo hecho hecho está. Ahora viene como polilla a la luz, increíble...

—¡Pero Nami, Usopp no quería cortar contigo permanentemente!

—Lo que me faltaba por oír... Pues si él no lo quería yo si lo quiero. Además de celoso e inseguro ahora también es indeciso, vaya por Dios.

—¡Yo quiero que volvamos a ser los tres!

—Ya lo sé, sé que echas de menos estar los tres juntos como lo solíamos hacer, pero, ¿qué se le va a hacer si Usopp se ha vuelto tonto de remate y lo ha estropeado todo?

Mientras caminábamos, Ace, mi hermano, se acercó a mí.

Él había estado en el extranjero y hacía mucho tiempo que no lo veía. Fue pura casualidad encontrármelo mientras paseaba con Nami.

—¡Luffy! ¿Cómo has estado? ¡Cuánto has crecido!

—¡Anda que llamas para avisar que has vuelto! ¡Ya te vale!

—Se me olvidó. Anda, ¿y tú quién eres?

—¡Ella es Nami! Una de mis geniales nakamas. —salté yo muy orgulloso.

—Muchas gracias por cuidar al desastre de mi hermano menor. Por cierto, yo también estaba paseando con mi "amiga". Pero la he perdido de vista.

—¿Pero quién diablos se pierde por aquí...? —dijo Nami con sarcasmo.

—Yo, querida.

—Ya era hora... ¿Adónde rayos te habías metido, Boa? —dijo Ace molesto.

—Cállate. En esta ciudad de mala muerte se pierde cualquiera. Y dime, ¿quiénes son estos?

—¡Yo soy Luffy!, su hermano menor.

—Yo me llamo Na...

—No me importa. —interrumpió ella. —Así que te llamas Luffy... ¡Kyaaa~ pero que hermano más mono!


Boa Hancock fue una "amiga" de Ace en aquellos tiempos. La conoció en quién sabe dónde. Era algo habitual por parte de mi hermano invitar a sus amigos de otras ciudades a instalarse en nuestra casa por una temporada.

Yo estaba contentísimo de que Ace hubiera vuelto y además con compañía, ya que seguir viviendo solo no me entusiasmaba.

—¿¡Qué!? ¿Hammock es tu novia?

—Idiota, es Hancock y yo no te he dicho eso, solo estoy de lío con ella, ya sabes, para pasar el rato... Por eso no entres en mi habitación sin picar la puerta. ¿Lo captas?

—Oh, claro, Ace. Claro que lo capto.

—No sé yo... ¿Y tú qué? ¿Cómo lo llevas con tu amiga la pelirroja? ¿no te interesa? Siento decirte que es demasiado mujer para ti.

—¿Por qué iba a serlo?

—Luffy, dejemos el tema. Es imposible hablar de mujeres contigo.

—¿Eso crees? Pues vas muy equivocado.

—¿Ah, sí? Pues háblame de tus experiencias si es que tienes, ah perdón, solo eres un mocoso.

—Que muy bien, pero paso, no quiero hablar del trato que yo le doy a las mujeres como si se tratase de hazañas.

—Magnífico, pero todo era puro cuento por mi parte. Quería ponerte a prueba... Sin duda alguna puedo decir que estoy orgulloso de ti, ¡te has convertido en un admirable hombre!

—¡Shishishishi!

—Boa para mí es solo una ex y ahora amiga. Veo que le gustas bastante, ¡tú puedes con ella, fiera!

—A mí me gusta Nami.

Pasaron los días y la amiga de Ace se convirtió también en mi amiga. Comíamos en casa los tres juntos, íbamos a los sitios juntos...

—¿Sí, diga? —dije por el móvil.

Luffy, soy Nami. Hoy habíamos quedado a las seis en el bar y ya son las seis y media.

—¡Es verdad! Se me había olvidado por completo, lo siento pero ahora estoy en un parque de atracciones con Ace y Hammock. Me han invitado ellos, ¿a que son geniales?

¿¡Qué!? Luffy, ¿de verdad has hecho que te esté esperando por media hora mientras tú estás con tu hermano y con la transtornada esa en el parque de atracciones? ¿estás de coña?

—¡No la insultes! Ahora ella es una de mis nakamas. Si tanto querías quedar conmigo vente al parque con nosotros. ¿Hola? ¿Me estás escuchando, Nami? ¿Hola?

Era la primera vez que Nami me había invitado a su apartamento. Era un pequeño apartamento cerca de la universidad.

Como era su cumpleaños invitó a sus seres más queridos a merendar en su casa. Ella quería una pequeña reunión y no una fiesta desorbitante que era lo que ella se merecía.

Los invitados éramos: Nojiko (su hermana), Chopper (un amigo de su infancia) y yo.

—¡Holaaaaaa! ¡Feliz cumpleaños! Shishishi.

—¡Gracias, Luffy! Siéntete como en tu casa. Ves avanzando que ahora iré yo. Allá al fondo está el comedor.

Fue una sorpresa encontrarme con dos personas en el sofá. Solo DOS cuando yo esperaba la típica fiesta sacada de película donde la lían parda.

—Hola, tú debes de ser Monkey D. Luffy. Encantada de conocerte. Yo soy Nojiko, su hermana.

—Hey, ¡y yo soy Chopper!

—Hola, chicos. ¿Solo seremos nosotros?

—¿No dicen que más vale la calidad que la cantidad? —apareció Nami de repente con una mousse de mandarina en las manos.

—¡Luce increíble ese pastel!

Comimos, cantamos y nos conocimos un poco. Me di cuenta que de las pocas personas que conocí que rodeaban a Nami todas desprendían calidez y le demostraban mucho afecto.

¡Es por ello que se me ocurrió que la celebración no podía ser así de aburrida con tan pocas personas!

A escondidas llamé a mi hermano y le convencí para que vinieran él y Hancock para animar la fiesta cuando cayera la noche, y si era posible que se trajera todos los amigos que pudiera y así montarle una digna fiesta de esas que enfadan a los vecinos.

—Ya se han ido Chopper y Nojiko... Nos hemos quedado solos. —dijo Nami.

—Sí... ¿Qué hacemos?

—¿Te puedo preguntar una cosa?

—Claro.

—¿Por qué... ¿Por qué ese día me diste aquel beso y después hiciste como si nada hubiese ocurrido? ¿Por qué precisamente el día en que Usopp rompió conmigo?, ¿fue para consolarme?

—¡Claro que no! —me defendí yo —Creí que lo había dejado bien claro.

—Luffy, yo te necesito más de lo que crees, tanto que llego a pensar que te estoy utilizando. Ahora mismo eres a lo único que me puedo aferrar. De verdad que lo siento por ser tan egoísta...

Ella apagó la luz para que no pudiera ver sus lágrimas.

Me abrazó, y, mientras juntaba su delicada nariz con la mía sudorosa sonrió tímidamente.

—¿Es amor lo que siento? ¿O será obsesión? Tengo miedo de confundir estos sentimientos.

—Esperaré lo que haga falta hasta que te decidas. Lo único que puedes descartar es la amistad —dije lentamente sofocado por la sensualidad de mi amiga.

—Yo no quiero hacerte esperar más.

—Nami...

Todo iba súper lento. Era por la noche y no había luz que pudiera iluminar tal situación. No podía verla bien y me sentía algo mareado por el bochorno.

La coloqué en el sofá y le sellé los labios con mi boca.

—Mm... Para, Luffy. Alguien ha picado el timbre de la entrada ¿quién será a estas horas?

Mis ganas de seguir saboreando esos labios tan soñados de la mujer que personificaba la mezcla de miel y chocolate permanecían aun cuando ella me detuvo.

El timbre sonó sin que yo me diera cuenta. Maldecir a quien estaba detrás de esa puerta era decir poco.

Nami hizo ademán de incorporarse y ponerse en pie pero yo la detuve, ya que después de recordar la llamada que hice decidí que yo sería quien les diera paso a Ace y a todos los que hubieran decidido acoplarse a la fiesta.

—¡Este es uno de mis regalos de cumpleaños! ¡Disfrútalo!

Di paso a una multitud de gente. Gente que ni siquiera conocía y otros amigotes de mi hermano que sí, todos tenían en la mano bolsas con alcohol y comida.

También hubo algunos que ya parecían mostrarse borrachos y cachondos.

El grupo era liderado por Ace que estaba muy orgulloso de la cuadrilla que había formado.

—¿Qué, Luffy, impresionado? Je... no me extraña. ¡Cabrones, que esta noche sea leyenda! —silbó Ace a todo pulmón mientras se apartaba para dejar paso a toda la tropa.

El pequeño apartamento se convirtió en un plis-plas en una lata de sardinas apretujadas.

Muchos que se dirigieron al comedor debieron encontrarse a Nami en el sofá con el pelo revuelto y con la luz apagada. Yo no quería perderme su reacción así que corrí adentro a verla.

Los borrachos, que habían llegado antes que yo, no pudieron contener sus instintos sexuales al verla con esas pintas y empezaron a toquetearla. Yo solo pude fijarme en la expresión de miedo y confusión de mi amiga.

—Luffy ¿qué significa esto? —dijo mientras se los sacaba de encima.

—Yo...

—Te estoy preguntando qué hace esta gente en mi casa. ¿Has sido tú quien los ha llamado?

—Querida, ¿eres estúpida o qué? Mi Luffy te ha montado una fiesta normal y corriente ¿no lo ves? Aunque tampoco entiendo por qué hacérsela a una amargada como tú. Si llego a saber que se trataba de ti no me digno a venir —dijo Hancock.

—¿Y a ti quién te ha dado permiso para entrar en mi casa?

—¿A esto le llamas casa? Cuánta imaginación.

—Serás lagarta... ¡TODO EL MUNDO FUERA DE UNA MALDITA VEZ!

Para su alivio, Ace comprendió la situación. Consiguió que los demás fueran yéndose desganados mirándose sin entender nada.

Yo miraba a un lado y veía muebles rotos, a otro lado y descubría las paredes manchadas y las cortinas rasgadas... Daba miedo que en el poco tiempo que había transcurrido hubieran puesto todo patas arriba.

—Dios... ¡pero que bestias son! —exclamé yo.

—Todo el mundo te incluye a ti también, Luffy.

—¡Pero yo no sabía que...

—Ya es suficiente. Vete, por favor.

—Lo siento de verdad... Que descanses —logré decir apenado a la vez que ella cerraba la puerta tras de mí.

Nami no vino los dos siguientes días a la universidad.

Me sentía el peor amigo de la historia. Sentirme culpable era decir poco. Necesitaba saber cómo se encontraba y qué podía hacer yo para arreglarlo.

Así que me escapé de clases y fui a su apartamento.

—¡Hola, Nami!

—¿Lu-Luffy? ¿Qué haces aquí? ¿No tendrías que estar en la uni? —dijo ella tras abrirme la puerta de su casa.

—Y tú también. ¿Por qué no has venido? ¿Es por qué aún sigues enfadada conmigo?

—No, ya no... Es imposible estar enfadada contigo eternamente. Bueno... ¿quieres algo? Es que ahora mismo estoy muy ocupada.

—¿Con qué?

—Estoy pintando las paredes de mi casa y montando unos muebles nuevos.

—Ah... Lo siento, esto es debido a que esos bestias te destrozaron la casa ¿no? —pregunté sintiéndome dolorido por pensar en el pastizal que tendría que gastarse por mi culpa.

—No creo que haya otro motivo más.

—Yo pensaba que te haría feliz celebrar el cumpleaños con Ace, Hancock y con gente alocada también.

—No, Luffy. Eso es lo que a ti te gustaría.

—Yo no soy tan egoísta, lo hice pensando en ti. Pero si hubiera sabido antes que destrozarían tu casa y que esa noche acabaríamos besándonos no los hubiera llamado jamás.

—Yo solo quería una merienda mediocre con las personas más importantes de mi vida. No necesito nada ni nadie más. —decía mientras paulatinamente acercaba su cara ruborizada a la mía.

—Para, Nami. —la detuve agarrándola por los hombros —Enfádate conmigo, eso es lo que merezco. ¿De dónde sacarás el dinero para pagar todas esas renovaciones de tu casa? ¿Acaso te las puedes permitir?

—Eso es mi problema. —rebatió ella avergonzada por haberle estropeado el ambiente amoroso.

—Déjame que las pague yo de mi propio bolsillo.

—Ahora lo entiendo; has venido por esto. Dios... me siento tan tonta por pensar que venías a pasar el rato conmigo...

—¿Eing?

—Gracias pero no quiero que me pagues nada con el fin de sentirte mejor. Sé de sobras que todo ha sido culpa tuya pero eso no quita que sea mi casa.

—¿Entonces...

—Vuelve a la uni, anda. Y no te preocupes, tengo pensado currar los fines de semana. —me dijo acariciándome la mejilla.

—Su melena, su fragancia a mandarina... Jo, echo de menos todo de ella. Duele mucho veros hablar a lo lejos en la universidad. —suspiró Usopp.

—¡Huuuuuuurraaa!

—¿Luffy, qué te pasa ahora? ¿Por qué gritas?

—¡Qué ilusión me hace oírte decir que extrañas a Nami! Seguro que si te disculpas con ella podremos volver a ser los tres juntos de nuevo.

—¿Tú crees?

—¡Y tanto que sí! Estoy harto de partir mi tiempo para estar con uno y después con el otro.

—¡Decidido! Mañana en la uni me disculparé por todo lo que le dije.

—¡Toma ya! Así se habla.


—¡Nami, quiero hablar contigo! Ah, y espero que no te moleste que Luffy también esté aquí para apoyarme. —dijo Usopp en medio de uno de los pasillos del centro.

—¡Hola. Shishishi!

—¿Qué quieres decir con que está él aquí para apoyarte? —preguntó ella incrédula —Bueno, me da igual. Di lo que tengas que decir y te vas.

—Yo... quiero... —intentó decir Usopp nervioso —Quiero disculparme por todo por lo que te hice pasar: por desconfiar, por no respetarte y por cortar contigo sin dar explicaciones lógicas.

—No te voy a perdonar. Adiós Usopp y olvídate de mí.

—¡Nami! Estás siendo muy mala con él. Yo he venido aquí a apoyarle porque quiero que hagáis las paces.

—Que yo le perdone es decisión mía. Por lo menos en eso no te metas, Luffy.

—La verdad es que... —intervino Usopp triste —Luffy y yo hemos venido a ti con la intención de que nosotros retomemos lo que estropeé. ¡Por favor! ¡Quiero salir contigo de nuevo!

—¿Estás diciendo que realmente crees que YO ahora te voy a perdonar y a volver a ser tu novia por otra maldita vez? Mira, ya puedes dar media vuelta e irte por donde has venido.

—Ya pero...

—Ep, que no he terminado. Y segundo, ¿eso que ha dicho Usopp es verdad, Luffy?

—¡Obvio que no! Yo no sabía que Usopp quería recuperarte para salir contigo nuevamente. —me defendí yo.

—¿Por qué no, Luffy? —protestó él —¿No habíamos quedado en eso?

—No, Usopp. Ya sabes que a mí me gusta Nami. No abuses de mi amistad.

—Ya lo has oído, Luffy y yo estamos saliendo. —dijo Nami.

—¿A sí? ¿Desde cuándo?—pregunté yo.

—Desde ahora.