RETROSPECCIÓN

CAPÍTULO 5

—No han estado mal estos días, ¿eh? —dijo Ace esbozando una sexy sonrisa de lado.

—¿Y precisamente lo dices tú? Debería de ser yo quien lo diga, es decir, no cabe duda que yo, la mujer más hermosa del planeta, ha encontrado al amor de su vida. —se jactaba Boa Hancock.

—Tsk, no tienes remedio...

—Vaya, ¿no me digas que estás celoso? Qué gracia. Tú que me habías invitado a tu casa para ver si conseguías atraerme y te vas a quedar con las manos vacías. ¡Increíble... todos los hombres sois iguales! Claro, salvo él...

—Je... No te voy a negar que te he invitado para ver si volvíamos a retomar lo que habíamos dejado tiempo atrás. Pero quiero que sepas que para ti mi hermano es demasiado bueno.

—Tus advertencias no tienen efecto en mí. Tengo dos días en esta casa ¿no? Si es así, con eso me basta.

—Te veo muy confiada. ¿A ver, a ver...? ¿a ver si puedes enamorar al tonto de mi hermano pequeño en dos días? La verdad es que suena interesante.

—Nadie escapa de mis redes. ¿Sabes por qué? ¿Y yo por qué lo pregunto? Es obvio. Porque soy la más bella.


—¡Ace! ¡Hancock! —dije en la mesa mientras comíamos —¿Sabéis qué?

—¿Y tú para qué coño gritas ahora? Me has sobresaltado. Estamos aquí mismo.

—Escoria, no le hables así a mi Luffy. Dinos, ¿qué ocurre, querido?

—¡He invitado a Nami a comer aquí mañana! ¡Shishishi!

—¿Nami? ¿Eso es una mujer? —preguntó Hancock.

—¿Cómo puede ser que no te hayas aprendido su nombre aún? Es su amiga, la pelirroja.

—Ah. —dijo ella "súper" entusiasmada —¿Y qué es lo que se le ha perdido aquí a la cría esa?

—Viene porque yo la he invitado a comer. ¿Podréis cocinar algo súper delicioso? Es que yo no sé cocinar.

—Claro que sí. Mañana Hancock y yo cocinaremos barbacoa si te parece.

—¡Oh, sí! La barbacoa me encanta. ¡Gracias, Ace!

—Nunca antes la habías invitado durante mi estancia aquí. ¿Y por qué justamente ahora que tendré que irme dentro de dos días? ¿¡Por qué!? Exijo saberlo.

—Está más claro que el agua. ¡Quiero celebrar con vosotros que ella y yo por fin somos novios!

—Novios. ¿Novios...? No puede ser. ¿¡"Esa" es tu novia!? —chilló Hancock histérica.

—Lo sé, lo sé. Es increíble ¿eh? Yo también me sorprendí cuando me lo propuso.

—Esto será uno de esos "calentones" en plena adolescencia que dura por los menos una semana. Sí, debe ser eso... —se autoconvencía ella.

—¿"Calentones"? ¿Adolescentes? Te recuerdo que ambos están a punto de terminar la universidad. —informaba Ace.

—Exacto. Vamos muy en serio. No es ningún juego infantil.


—¡Holaaaaaaaaaaaaa! Ya hemos llegado Nami y yo.

—¡Eyyyyyy! Pasad, que la barbacoa estará lista en un santiamén.

—¡Qué hambreee! —dije yo mientras conducía a Nami a la mesa del comedor. —Ace ¿dónde está Hancock?

—Boa está en la habitación de invitados y dudo que baje.

—¿¡Qué me estás contando!? Voy a verla ahora mismo.

Pero de repente, cuando estuve por subir las escaleras, ella se presentó delante de todos despampanante, radiante y... una multitud de epítetos más.

—¿Quién dice que no iba a bajar? Me estaba poniendo más bonita de lo que ya en la realidad soy.

—¿Y eso por qué? —pregunté yo.

—Quería enseñarle a la "campesina" la manera digna con la que se tiene que vestir una mujer. ¿Y "campesina", también puedes ver esto? Esto sí es una casa en condiciones y no el corral que tienes tú montado.

—¡Eso es muy grosero por tu parte! —la defendí yo.

—¡Huy, la que faltaba ha llegado con aires de soberana!—contraatacó la pelirroja ya sentada mientras absorbía por una pajita su jugo. —Qué sorpresa. Nadie se lo esperaba.

—¡Tsk! ¿Pero tú te has visto en el espejo? Solo eres una cría. Aprende a respetar a los mayores.

—A ver, Hancock. Yo podría ignorarte o seguir discutiendo pero esas cosas no me van. Prefiero cerrarte la boca desde un principio, quiero tener la comida en paz. ¿Verdad que lo entiendes, verdad que sí? Pues deja ya el teatro.

—Qué repelente eres, hija. No sé cómo mi Luffy te puede aguantar.

—¿Tu Luffy? Que te quede claro que él no es propiedad de nadie, y menos tuya.

—¿Qué me vas a contar tú si lo tienes "amarrao"? Serás de esas niñas tontas que se vuelven locas al tener novio por primera vez.

—¿Será posible? ¿Es que ahora vivo en pañales o qué?

—¡Shishishishi! ¡Qué risa dais las dos, no puedo parar de reír!

—Yo no le veo la gracia. Esto es patético. —dijo Nami.

—Lo dirás por ti —dijo la otra. —Bueno, ¿y cuándo estará lista la barbacoa? Como pase más rato se me pasará el hambre al estar junto a una niñata sin modales.

—Vaya, vaya —sonrío Nami. —Esto ya se está saliendo de tono. Pero que más da. Total, eres tú la que está pidiendo a gritos que te ridiculice aún más.

—Es imposible que una renacuaja como tú consiga ridiculizar a una dama con tan buen porte como yo.

—Será porque las jóvenes tenemos las neuronas más frescas. En cambio tú... qué decir. Solo haces que atacar por el mismo lado. ¿No sabes de qué otra forma vacilar? ¿Quieres que te enseñe?

—¡La barbacoa está listaa! —anunció Ace que provenía del jardín. Claramente desentendido de todo.

Miradas arrogantes por parte de la morena.

Risillas soberbias por parte de la pelirroja.

Carcajadas por parte mía.

Ronquidos por parte de Ace.

En todo eso se basó el festejo.

—Me lo he pasado muy bien contigo estos días. Espero que vuelvas, Hancock.

—Kyaaaa~ Luffy, vendré todas las semanas si hace falta para que la llama de nuestro amor no se apague.

—No, por favor. —dijo Ace —El tren está a punto de llegar... ¿No te olvidas nada, no?

—Lo tengo todo. Supongo que gracias a los dos por acompañarme a la estación y por acogerme en vuestra casa.

—No hay de qué. ¡Shishishi!

—Vaya, ya está aquí el tren... Adiós, mi amor. ¡Te amaré hasta el fin de nuestros días! ¡Adiós!

—¡Hasta pronto! —me despedí con una sonrisa.

—¡Hazme saber cuando cortes con la campesina! ¡Ah, y dile de mi parte que es una gran furcia, zorra y todo los insultos del mundo mundial! ¡Adiós, amor mío!

…..

—Ya se ha ido... Hay que reconocer que es buena persona pero está loca —afirmó Ace.

—¿Y tú qué harás a partir de ahora? ¿Te quedarás en casa por una temporada?

—No... Mañana me piro de viaje con mi novia.

—¿Novia? No me lo habías contado.

—¿Es que te lo tengo que contar todo? Tsk, se llama Irene y es magnífica, je. ¿Y sabes qué más? Ella y yo...

—¿Volvemos a casa ya? Tengo hambre.