El Viajero.

Capítulo 2.

«Sólo una sombra»

Todo lo que lo rodeaba era odiosamente rebosante de vida y color, justo como no debía ser. La vitalidad que irradiaba el lugar le era repugnante, un planeta Tierra que aún no había sido tocado por su misericordiosa palma, una dimensión que merecía ser purgada de igual manera purgada, liberada.

La soledad que parecía reinar sobre esos archipiélagos bajo sus pies era la única que le hacía contemplar el vegetación sobre el vasto mar, parecía estar desierta, sin una humanidad. Podría ser su escenario preferido, pero no tenía la belleza y perfección que tenía la destrucción que podía cubrir a aquellas islas como ya antes lo había hecho, nada podría compararse a la destrucción definitiva de aquella raza estúpida y que de sus cenizas no pueda renacer. Para que vuelva a ser la creación perfecta de Dios.

Por más que su vista viajara no podía encontrar rastro alguno del mestizo, tampoco podía identificar su ki a lo largo de la zona, ni más allá del océano, había salido en el portal incorrecto. Y con ello, cada vez el rastro que había dejado la máquina se iba desapareciendo.

Tras de él, el portal oscuro empezaba a contraerse con más frecuencia, perdiendo la estabilidad que lo mantenía abierto.

"Seres molestos." Pensó al escuchar el sonoro cantar de diversas aves, sobretodo había una que resonaba más que las demás, era la más molesta.

Pero no había más que observar y tampoco tiempo que desperdiciar, podría purgar aquel lugar más tarde si alguna vez le venía en gana; sin embargo, tenía que detener al saiyajin si quería conquistar no sólo su dimensión sino todas las demás, ser el amo en todos los tiempos y espacios.

¡Hey, tú! — una voz cercana le llamó, un lenguaje tan… humano. — ¡¿Quién eres y qué es lo que buscas aquí?! — dejó de mirar el umbral palpitante del portal para dirigir su mirada al ser que había conseguido ascender hasta su altura, pero lo que vio no lo sorprendió para nada, el hecho de ver a un animal hablar ya no era extraordinario si es que nunca lo fue.

No es de tu incumbencia. — ni siquiera se molestó en mantener su mirada, simplemente giró su rostro de vuelta a lo que de verdad importaba.

Si va a ser así, entonces te lo tendré que pedir de otra manera. — siguió hablando el ave, con eso podía intuir que definitivamente era otra dimensión ya que estaba seguro que en ese planeta no existían los animales parlantes, que al final de cuentas eran datos irrelevantes para su conocimiento. Entonces el halcón se aproximó más a él. — Yo; Maui, cambia formas, semidiós del viento y del océano, héroe del hombre, te ordenó revelar tu identidad e intenciones.

¿Y si no quiero hacerlo? — ¿Héroe del hombre? Entonces existe la humanidad en aquel lugar, después de todo será entretenido regresar.

Tendré que forzarte a hacerlo. — le pareció ver al ave sonreír, con aire de confianza realizó una pirueta para atacarle en picada, movimiento que esquivó.

Un gran destello cubrió a Maui para cambiar a su forma humana, y arremetió su anzuelo con fuerza en contra de aquel extraño, quién ni se inmutaba y mantenía su postura quieta y mirada de desdén, consiguiendo encender un ira en él. Pero el impacto nunca sucedió, al menos no de la manera que esperaba, la potencia y fuerza de su ataque se habían encontrado con el brazo del otro hombre pero no conseguía hacerle algún daño o sentir que su ataque había surtido efecto, es como si forcejeara con la piedra más fuerte que se haya creado.

Por su parte, Black sonreía al ver como el ataque no penetraba su defensa, comprobando lo inferior que era aquel individuo quién se bramaba de ser un semidiós, más le causaba risa el hecho de que su ki no sea tan fuerte como se esperaría ser digno de tal título. Un golpe demasiado débil que no lograría ni rasgar la primera capa de ropa que llevaba puesta.

¿Ese es tu mejor intento? — Black soltó una risa corta al ver como el contrario batallaba por finalizar su ataque, obviamente sin éxito. — No importa cuantos años evolucione la raza humana, jamás aprenden de sus errores y siguen siendo el mismo fracaso que arruina una creación perfecta.

Eso es porque no creía que serías capaz de soportar tal grandeza. — contestó de igual manera Maui, utilizando nuevamente su anzuelo mágico para cambiar a la criatura alada.

Black sabía que eran meras palabras, el potencial de su poder no era más grande que el de el mestizo que perseguía, sólo era una pérdida de tiempo. Pero aquellos actos sólo lo tentaban más a regresar y satisfacer su deseo de purgar aquel lugar de una manera tan lenta que las aguas se teñirían de rojo como el pasar de las nubes espesas.

Desearás no haberme subestimado, infeliz. — y en su mano decidió optar por un ataque medianamente poderoso, sería lo suficiente para acabar con aquella molestia, que no merecía un ataque especial, serían energías desperdiciadas.

Alzó su brazo en alto, mostrando a la vista aquella esfera violácea que crecía en la palma de su mano con la intención de hacerlo lo más rápido posible y volver al camino que de verdad importaba, evitar que Trunks consiguiera ayuda en el pasado.

Y en ese momento en el que aquella sensación electrizante y poderosamente pesada estaba a milímetros de dejar la palma de su mano, una lanza de hueso tallado había logrado interponerse en aquella acción, y por los reflejos mismo decidió esperar un momento antes de que el ataque pudiera fallar.

Una molestia más.

Bajó su mirada oscura en la dirección que había trazado el mismo objeto que se desplomó hacia el mar, justo al mismo lugar que quería apuntar su vista, apreciando el molesto e irritante panorama que ya había vivido en su llegada a la otra Tierra.

Una fémina que conducía una canoa entre las olas calmas de aquel océano, quien lo miraba esperando que con eso pudiera desplomarse violentamente del cielo, aquella mirada fiera y salvaje que siempre observaba en aquellas visiones de guerra. Una mirada que deseaba perdiera esa llama tan insignificante, y que desapareciera para dar paso a lo que era la verdadera creación perfecta.

Pero una descarga eléctrica se apoderó de su cuerpo, infringiendo demasiado dolor que llegaba a hacerlo doblegarse, retorcerse en aquella sensación que quería incendiar sus entrañas. Sus gritos querían ser callados, pero sentía como algo quería atraer sus entrañas con un lazo lleno de espinas, haciendo hervir la sangre que corría por sus venas.

Y para cuando sus ojos se abrieron nuevamente, se encontraba atravesando el portal, minimizando su agonía.

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Los cielos se despejaron nuevamente, todo parecía volver a la calma después de que aquel agujero en el cielo se produjera, y la nubes que parecían bañarse en ceniza que esfumaron como la espuma del mar y los truenos y rayos que se azotaban contra Motu Nui. Todo había vuelto a la tranquilidad con la que había sido bendecido el día.

El peligro ya se había marchado.

¡Maui! ¿Estás bien? — Moana observó cómo la inmensa ave descendía hasta que casi rozar el mástil del bote ésta se cubrió en un destello para revelar al gran hombre moreno frente a ella. — ¡Dijiste que no habrían monstruos alrededor!

¡Es porque no los habían! — pronunció con cierta impaciencia, claro que igual estaba desconcertado, aquel sujeto estaba fuera de sus conocimientos; no era un demonio, no era un dios, no formaba parte de su conocimiento y eso le desesperaba aún más.

¿Entonces qué fue lo que pasó?

¡No lo sé! Jamás había visto algo así, pero será mejor estar en alerta, podría aparecer nuevamente. — dijo él, tratando de tomar el mando del bote y dirigirlos a tierra firme. — ¿Estas bien?

Pero la chica le arrebató la soga y le sonrió confiada, emitiendo una risa burlona dirigida hacia él.

Por su puesto que me encuentro bien, ¿Con quién crees que hablas? — pero esas palabras no calmaban su angustia, pues estuvo al borde del peligro al haberse entrometido en la pelea. A juzgar por el como repelió su ataque, aquel sujeto era bastante poderoso.

Con una niña que no mide el peligro de las cosas. — le regañó.

Pero te salve. — recalcó ella, aumentando su sonrisa mientras manipulaba con destreza el manejo del bote. Dejando a Maui sin ganas de contestar pues su orgullo de héroe estaba en riesgo de perderse en el viento.

Pasando los días desde la partida de Moana, lo único que hacía ruido en su mente era: ¿Quién demonios era ese sujeto? ¿Volverá?

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El olor del polvo y humo entraron a sus fosas nasales, aquel pesado aire que irritaba a sus pulmones respirar, y a medida que sus otros sentidos iban despertando, sabía que seguía con vida.

La abrumante sensación del dolor provenir de todas sus extremidades le obligaba a abrir sus ojos esmeralda, los cuales se cerraron de inmediato al sentir las leves partículas de polvo acariciar sus pupilas.

El dolor era tan fuerte que apenas le permitía respirar, cada parte de ella se entumía ante la agobiante dosis de dolor. Paseo su mirada por el lugar, observando como la capa espesa de cenizas y llamaradas cubrían lo que podría ser un hermoso atardecer.

¿Cuántos años han pasado desde que pudo ver un atardecer con tranquilidad?

Delgadas lágrimas recorrían sus mejillas raspadas y pasaban por el puente de su nariz al igual que frías gotas de sudar recorrían las curvas de su cuerpo, limpiando su pálida piel; no porque siempre fuese pálida, sino porque la agonía que padecía en el momento era más de lo que podía soportar. Pero se permitió sentir todo ese mal en ese momento, que devorara sus brazos y piernas, que consumiera todo, todo lo que estuviera al alcance de la tortura, si a cambio se llevaba la existencia del mundo y su peso por unos instantes.

Y el sufrimiento era piadoso, alejaba todos sus pensamientos que trastornaban su cabeza y los sustituía con punzadas sádicas a lo largo de todo su cuerpo hasta que no hubiera tiempo de respirar, o de pensar en respirar. Ardía en ella como las llamas: intensas al consumir lo que estaba postrado a sus pies y que con sus olas rojas no deja de arder hasta que no queda más que quemar, hasta que la llama se ahoga en sus propias cenizas y se va con el viento.

Y ahí se quedó recostada al igual que las cenizas blancas que reposaban ardiendo en el suelo, sintiendo el dolor de un impacto y nada más. Sólo fueron unos cuantos segundos, hasta que su cuerpo se acostumbraba y abrazaba al dolor, dejándole respirar, que la capa fina de sudar enfriara su cuerpo y que su mente regresara al mundo que la rodeaba. Y la primera incógnita surgió.

¿Trunks lo habrá logrado?

Trató de erguir su espalada para poder levantarse pero sólo sintió nuevamente el mismo dolor en el abdomen, impidiéndole su acción. El recuerdo de que Black estaba cerca de Capsule Corp. De inmediato le hizo preguntarse cuánto tiempo había pasado y de la posibilidad de que aún esté cerca, tanteo sus manos por el polvoso suelo para encontrar su arma pero la búsqueda no tuvo éxito.

Mierda. — batallaba para que sus orbes verdes pudieran contemplar mejor el lugar dónde estaba y saber cuanto tiempo le llevaría encontrar su rifle y llegar a un lugar seguro. — ¿Dónde… Dónde estoy?

El dolor abdominal no era tan abrumante como solía ser así que ahora realizó su anterior acción con completa lentitud, moviendo cada músculo con la velocidad más mínima que pudiera emplear y así pudo levantarse y contemplar mejor el lugar dónde yacía.

Era una habitación polvosa, casi con sus cuatro paredes y techo si no fuera por el agujero que tomaba la mitad de una pared del lugar, dejando ver que era el primer piso de la edificación por la vista a la calle cubierta de escombros y sangre seca en el pavimento. Faltaba con sólo mirar la calle para saber que se encontraba cerca de una entrada a la base de la resistencia, sólo tenía que cruzar un par de callejones para poder acceder al lugar.

Sonaba sencillo, y lo sería si la parte inferior de su cuerpo le respondiera adecuadamente sin doler, pero aún se sentía débil para poder realizar ese corto viaje.

Trunks. — sonrió al notar el acto del chico, arriesgo toda la misión por mantenerla a salvo, un acto que la hizo sonrojar. Y no sólo eso, sino que la dejó en un punto dónde no comprometiera la ubicación de la base subterránea.

A paso lento fue levantando su cuerpo hasta estar de pie por completo, el dolor en sus extremidades disminuyó lo suficiente para tener el control de su cuerpo pero aún sufría lo suficiente como para no contener el equilibrio en su cuerpo, tenía que apoyarse de la paredes para avanzar a la salida que daba aquel agujero en la pared desgastada. Y en el umbral de la apertura pudo visualizar su rifle aboyado en la banqueta frente a ella, un poco alejado de su ruta ideal pero aún así estaba relativamente cerca. Tenía que armarse, no podía ir sola sin un arma merodeando por las calles puesto que su simple fuerza bruta no sería defensa suficiente contra el villano.

Era como un pequeño conejo escondido bajo un árbol, refugiando se el halcón que lo acechaba, no podría saber con certeza si se encontraba volando por los cielos o ya se había marchado. Era como una presa temerosa jugando al juego de las adivinanzas, ¿El depredador estaba?¿O no está? Adivinando si era correcto salir.

Pero una cosa era segura, tendría que salir para averiguarlo.

Podría ser más sencillo si los rayos del sol le ayudaran a ver las sombras de las nubes que viajaban en el cielo, pero el aire era tan deplorable que una capa de neblina cubrió al mundo entero, o bueno, a los lugares que habían sido destruidos. No conocía lo que podría a ver rondando por los cielos, o por encima de los edificios, sólo podía adivinar y confiar en sus instintos.

Sabía que el dolor no se iría tan rápido, al menos no hasta que llegara a tratarse a la enfermería, pero tenía que avanzar; tenía que recupera su arma a como de lugar, no se perdonaría desprenderse de aquél objeto, además de que tenía que llegar al refugio antes de que la noche cayera. Y si gastaba un minuto más pensando, el día pasaría.

¿Por qué de entre todos los rincones… Tenía que caer tan lejos? — los pasos que emprendía era tortuosamente cortos y lentos, y algunos requerían más tiempo al no tenerse dónde apoyar, requiriendo de ella una gran concentración para no perder el equilibrio y caer.

Podría asegurar por su vida que le tomó aproximadamente tres horas cruzar la calle y caminar media calle para obtener tal objeto, tiempo que jamás hubiera desperdiciado en una travesía similar por un objeto tan reemplazable como lo es un rifle, pero esa era la cuestión: no era un objeto reemplazable, ni siquiera un objeto, era un recuerdo preciado, o un conducto hacia su memoria más feliz que poseía y si lo perdía, tal vez no sea capaz de recordar.

Pero eso tiempo que pensaba haber perdido en realidad era una conversión en su conciencia porque sólo había tardado menos de 40 minutos en llegar y su último destino estaba a 10 minutos de ella a su propio ritmo. Mirar el camino que recorrió en tanto tiempo le desesperaba más, las huellas que se habían marcado en el polvo que cubría la calle como arena eran uniformes y toscas y en el recorrido de su mirada se pudo dar cuenta de una cosa…

La sombra de su depredador se posaba en la calle, justo sobre sus marcas.

Miró a las alturas para comprobar que no era una visión, que no era posible que aún estuviera por el área, que no podría volver a un lugar seguro. Pero con lo que se topó fue aún más alarmante.

No había nada, absolutamente nada.

Movía ampliamente su panorama, para saber dónde se podría encontrar, sabía que estaba cerca; no, tenía que estar cerca, podría jurar que su corazón casi sale de su pecho con el ver aquella temida silueta a tan solo unos pasos de distancia de ella, sentía como su miedo le recorría la espalda en forma de sudor frío.

Su mirada regresó al punto dónde la sombra se encontraba, sorprendiendo a sus ojos.