El Viajero

Capítulo 4.

Escrito por Danielle

Los sentidos de Black se empezaban a conectar nuevamente haciéndole sentir los rayos del sol sobre su piel y el olor a mar que inundaba el lugar, empezaba a recobrar su conciencia y lentamente empezaba a despertar pero de un momento a otro empezó a sentir mucho dolor en todo su cuerpo y éste le causaba sufrimiento y empezó a sudar bastante y escuchó un grito que lo terminó de alarmar.

Y de un momento a otro Black abrió los ojos.

Paró de moverse y empapado en sudor abrió sus ojos, se encontraba agitado y su respiración era acelerada, casi faltante. Después de recuperar un poco el aliento y dirigió su mano a su cabeza pues le empezó a doler por el repentino levantamiento y el esfuerzo mental. Tenía la garganta seca y el cuerpo adolorido como si se hubiera desplomado de una altura exorbitante y haber caído con fuerza al suelo.

"¿Dónde estoy?" se preguntó a sí mismo pero de repente sintió algo que no estaba bien. Su cabeza comenzó a doler aún más cómo si de un pinchazo se tratase.

—Tiene calmarse, usted no se encuentra bien. — lo ayudó a recostarse una mujer que se encontraba cerca del hombre. — Ha despertado después de un largo tiempo así que es normal que se sienta mal.

Black estaba más que desconcertado, no tenía idea de nada y la confusión y frustración era clara en su rostro. En su mente se repetía la misma pregunta sin cesar "¿Dónde estoy? ¿Dónde estoy? ".

Mientras tanto Maui miraba desde una distancia considerable como aquel temido hombre se levantaba de golpe del suelo, casi pegaba un grito del susto. Pero le pareció extraño que aquel pelinegro no se alarmara o levantará para atacar, pero lo que más le extraño fue que no les hacía daño a las mujeres que lo atendían. Estaba realmente extrañado, ¿Qué le pasaba?

Maui podía ver claramente que el hombre estaba muy confuso, casi igual que él.

Pero la voz de una mujer los distrajo a los dos, trayendolos a la realidad.

—¿Cuál es su nombre señor? — preguntó la misma mujer de antes, esperando una respuesta.

Black estaba a punto de responder pero, nada salía de su boca. Su mente estaba en blanco, entonces entró en pánico, ¿Quién era? ¿Cuál era su nombre? ¿Qué hace ahí? ¿Quiénes son? ¿Dónde está? ¿Qué está pasando?

—¿Señor? Le pregunté cuál es su nombre. — la mujer volvió a preguntar mientras revisaba su brazo.

— No, no lo-no -no lo sé. — le habló Black con un poco de trabajo, cuando pensaba y pensaba ningún nombre venía a su mente, nada.

Con esa respuesta y el semblante que reflejaba el sujeto, sabían que hablaba en serio. La frustración era palpable en su rostro, sus facciones arrugadas del esfuerzo por recordar. Tanto Maui como la anciana se miraron preocupados, nunca vieron algo parecido.

Con su anzuelo Maui apuntó hacia Black.

— Mientes. — acercó el artefacto mágico al cuerpo de Black pero no reaccionó como esperaba.

Apartó levemente el cuerpo recuperando un poco de espacio y miró con curiosidad el objeto. Con la misma mirada cambio de dirección al hombre frente a él y le pareció aún más curioso, un hombre aún más moreno que él con extrañas marcas en todo el cuerpo y la expresión de su rostro eran aparentemente nuevas.

La curiosidad lo mataba así que tocó el anzuelo de Maui y lo examinó aún más con la mirada.

—¿Quienes son? ¿Dónde estamos? ¿Quién soy? —decía mientras se sobaba la cabeza, la jaqueca se desvanecía poco a poco pero aún había dolor.

—¡Por favor! Deja de actuar. — Mientras tanto él no estaba convencido de que no recordara nada. — ¿Qué planeas con todo esto?

— Hablo en serio, no sé ni quién soy ni de dónde vengo, vaya, ni siquiera mi nombre recuerdo. Tengo tantas preguntas y me frustra que no las respondan.

— Si usted no recuerda, nosotros no tenemos ni idea de quien es usted. — al fin habló la anciana.

—Al menos deben de saber qué hago aquí. — dijo ya frustrado el pelinegro.

— Mira, hombre extraño.— el otro hombre moreno inquirió.— No sé a que llegaras con esto pero lo único que sabemos es que...— y dandose cuenta de la situación , a Maui se le ocurrió una gran idea.— Te encontramos al pie del rio cerca de aquella montaña, suponemos que la corriente te arrastró hasta ahí. Es todo lo que sabemos.

La mirada confusa de Black hacia gracia al semidiós, él se divertirá mucho jugando con el pobre hombre que ahora estaba a su merced. Era fácil engañarlo y usarlo a su beneficio. La sonrisa burlona quería plantarse en su cara, pero tenía que permanecer lo más serio posible si quería que todo funcionara.

— Eso no me ayuda en nada. — Respondió el otro pelinegro con molestia en su rostro, era él el que se preguntaba a dónde quería llegar aquel hombre con tan insignificantes respuestas. — Debes de saber algo más. Aunque sea... Mi... Nombre.

Su frente estaba perlada de sudor y la respiración del chico empezaba a agitarse, actualmente su condición física no era la mejor. Tal vez era el calor que hacía sofocar a cualquiera que no esté acostumbrado al clima costero, era el punto exacto donde los rayos de sol eran más intensos y calientes.

La ropa que vestía tampoco ayudaba mucho puesto que era la persona más cubierta que jamás se haya visto, tan arropado que era más fácil sofocarse en el lugar.

— Deberías quitarte ese ropaje, de lo contrario la fiebre volverá. —la mujer le sentó de nuevo y con manos nerviosas le quito la parte superior del traje, mostrando un trabajado abdomen medianamente bronceado, y pasaba las prendas afuera para después lavarlas más tarde.

El acto fue en conveniencia propia de la señora, después de todo en la isla no existen éste tipo de cuerpos y no se perdonaría si no lo disfrutaba.

Y el mismo Black comprobó que ella tenía razón, el calor tortuoso en su cuerpo desaparecía lentamente y ya no se sentía sofocado. Ahora se sentía mejor y podía relajarse un poco más.

—Black. — pronunció Maui con un leve tono en su voz. Y ante la mirada de duda del otro pelinegro decidió proceder con más información. — Por lo que sé tu nombre es Black. Y en cuanto tus orígenes, no tengo la más mínima idea amigo.

Trató de sonar lo más sincero que la mirada del viajero le permitía, esperando que su tiempo de visita se acabara.

— Bien, insecto. — dirigió su mirada al techo de palmas. — ¿Cómo fue que me encontraron?

— Estaba rondando por el río, con alguien más y vimos como te desplomabas hacia abajo y minutos después tu cuerpo era arrastrado por la corriente a la orilla.

— ¿Cómo que me desplome del cielo? —para Black no era nada coherente.

— No lo sé, de acuerdo. — le miró molesto ante la pregunta del otro. — Mira, nadie aquí te conoce y sólo sabemos eso, no hay más respuestas. — habló antes de que el hombre empezara a hablar de nuevo.

El silencio reinó un largo tiempo hasta que la anciana volvió a entrar con agua en una vasija y una especie de vaso con un líquido de color sospechoso.

— Anda, ya puedes retirarte Maui. Ya va anochecer, yo me encargaré. — la mujer sacó un trapo húmedo que se encontraba en la vasija y lo colocó en la ahora tibia frente de Maui.

"¡Al fin!" gritó sabiendo que su salvación había llegado.

— Bueno, me despido.

Y sin más salió por la cortina que fungía de puerta y sin perder el tiempo manipuló su anzuelo hasta que se convirtió en un águila y voló desapareciendo en el brillo de los rayos del atardecer.

Eso fue lo que Black vio antes de dormir un rato, pensando que el golpe le afecto pues la voz de Maui se repetía cesantemente en su cabeza.

Maui.