Capítulo 26

Jamás había estado fuera de su casa tan tarde. Pese a que pronto serían las cinco de la madrugada, la vida en la ciudad no se extinguía y debido a ello, el taxi en el que se encontraba junto a su hermana tardaba en llegar a su destino.

Por primera vez, no dejaba de observar el exterior y rogar para que el tráfico disminuyera. El recuerdo de Isabel sufriendo se reproducía una y otra vez y era imposible conservar la calma. ¿Cómo hacerlo? Si había visto el miedo que tan pocas veces aparecía en el rostro de Levi.

Cuando creía que ya no podría contener sus nervios, el hospital apareció ante sus ojos y luego de que abandonaran el coche, ambos buscaron el sector donde debería encontrarse la chica. Pero antes de llegar, sus cuerpos se paralizaron ante lo que vieron sus ojos.

Farlan y Levi se encontraban en el pasillo, el primero negaba con la cabeza con su cuerpo amenazando con derrumbarse mientras se sostenía de los hombros del segundo que, a diferencia de él, mantenía un rostro frío y duro como una roca. Sin razón alguna, Farlan empujó al azabache-que no se opuso a ello-y entre lágrimas e ira se marchó en dirección al menor, sin antes darle una feroz mirada para que no se interpusiera en su camino.

-Eren, espera aquí-le ordenó Mikasa, mientras se acercaba a la puerta a espaldas de Levi.

Tras recobrar el equilibrio, Levi hizo crujir sus dientes y se encaminó en busca de Farlan, y al igual que él, pasó por un lado de Eren sin prestarle atención.

-¡Espera!-gritó el menor con la esperanza que se detuviera.

Pero no fue así. No entendía qué estaba ocurriendo a pesar del nudo que se instaló en su pecho. Necesitaba respuestas y no podía dejar a Levi solo, así que, ignorando su delicada situación, salió corriendo en busca del azabache.

-¡Levi! ¡Detente!-gritaba al no conseguir alcanzarlo.

-Eren, vuelve con tu hermana-le ordenó al detenerse.

-¿Qué pasa? ¿Por qué te vas así? ¿Dónde está Isabel?-preguntó antes de que el azabache se marchara.

-Vete-insistió.

-No entiendo, tú y…

-¡Te dije que te fueras!-gritó al voltear. Pese a ello, el menor no movió ningún musculo además de sus ojos que se abrieron como plato.

-Levi…-balbuceó.

-¿Quieres saber qué pasó? ¿De qué servirá? No puedes hacer nada para solucionarlo, nada. Ni siquiera puedes hacer algo por ti. Deja de ser tan molesto y vete.

Pese a lo que decía, no consiguió que Eren se marchara y verlo allí a punto de llorar, por alguna razón, le llevó a perder lo poco que le quedaba de control.

-¿Vas a llorar? No me sorprende, es lo único que puedes hacer. Pero esta vez no, vete.

-Sólo quería…

-¿Querías ayudar? Olvídate de esa estúpida idea, no puedes hacerlo. No sabes absolutamente nada de toda esta mierda, lo único que debes hacer es quedarte quieto y esperar mientras los demás reventamos nuestras vidas para solucionar problemas como el tuyo. Vuelve con Mikasa y déjame en paz-terminó esto último en un bramido.

-¿Es eso lo que piensas?-preguntó con voz destruida.

-Deja de victimizarte, no eres la maldita víctima-gruñó-. ¡Vete ahora!-le ordenó al señalar el camino de regreso con su mano.

-Levi…-

De no haber sido por Mikasa que llegó en busca de su hermano, de seguro hubiera continuado atacándolo. Eren estaba llorando y eso fue suficiente para avivar la llama en los ojos de la pelinegra.

-¿Qué has hecho enano maldito?-peguntó la chica, con su mirada sombría.

-Mikasa-pronunció el menor al sostener el brazo de su hermana, que ya se dirigía a golpear al azabache. Moviendo su cabeza hacia los lados, le rogó a la chica que se detuviera.

-No tengo tiempo para perderlo con ustedes-finalizó, marchándose sin preocuparse de darle un último vistazo al castaño.

Esta vez, nadie lo detuvo. No había tiempo que perder. Solo y sin perder más tiempo, corrió para alcanzar a Farlan.

-o-

Al abrir sus ojos, el mundo a su alrededor era confuso y con la poca luz. Le tomó trabajo saber dónde se encontraba. Sentado en suelo y apoyado sobre una puerta cerrada, había sucumbido ante el cansancio sin darse cuenta. No sabía si era de noche o de día, gruesas cortinas impedían el paso de la luz a través de las ventanas y el ruido del exterior era el mismo en cualquier momento del día. De algo podía estar seguro, no estaba en la casa de Eren y la puerta a su espalda continuaba cerrada.

Había transcurrido una semana y media desde que se encontraba en esta habitación de hotel junto a Farlan. Esa noche, el chico estaba incomunicable como una bestia, una muy herida a la cual el azabache no podía controlar. Lo único que pudo hacer por él fue pagar una estadía en algún hotel y desde entonces, Farlan se había encerrado en uno de los cuartos. Levi no había abandonado la habitación del hotel en ningún momento. Las necesidades básicas eran atendidas sin moverse gracias al servicio a la habitación, al menos por él, ya que su compañero llevada días sin probar alimento. Pese a la insistencia del azabache, él jamás abrió la puerta o respondió. La única señal de que el cuerpo de su amigo se encontraba con vida era su respiración, ya que de lo otro, no quedaba ni rastro de su existencia. Por su parte, sólo cuando su cuerpo se agotaba se permitía cerrar los ojos y escapaba de la pesadilla para sumergirse en una peor; Isabel, su hija y la felicidad que jamás llegaría. Había fallado.

El dolor del roce de sus huesos contra el suelo le obligó a acomodarse. Pese a que fue el único de los dos en comer, sólo lo había hecho dos veces durante su estadía. Lo justo y necesario, eso era lo que necesitaba para sobrevivir y también fue suficiente para hacerlo perder peso en poco tiempo. De seguro Farlan debería estar peor que él, pero no podían perder. Levi se aferraba a esa idea pese a que los demonios en su interior tenían una fiesta; debían sobrevivir y decidido a ello, volvió a insistir:

-Oye-llamó al dar un par de golpes a la puerta-, hoy comerás algo. No me importa si no abres, puedo hacerlo yo-amenazó.

Pese a ello, no obtuvo respuesta y al ponerse de pie para cumplir su propósito, el teléfono celular resbaló del bolsillo de su pantalón hacia el suelo. Se había olvidado completamente del aparato. Esa misma noche lo había apagado y permaneció de ese modo por el resto de los días.

Eren.

Bastó con ver el teléfono para que el nombre viniera a su cabeza. Había hecho y sacrificado muchas cosas para cuidarlo; su preciado mocoso. Al final, no fue capaz de protegerlo del monstruo que yacía en su interior.

Al tomar y encender su teléfono celular, se encontró con algo que no esperaba; su buzón de mensajería y de llamadas completamente vacío. Eren jamás lo llamó ni lo buscó por medio de mensajes. ¿Cómo podría hacerlo? De seguro no querría verlo nunca más, y tenía razones para no hacerlo. El peor enemigo del castaño siempre fue Levi, y ahora, ni siquiera podría salvar su vida. ¿Cómo podría si ni siquiera pudo hacerlo con a ella? Ingenuamente creyó que sí, que todo estaba en libros, estudios y prácticas. Estuvo equivocado y tuvo que aprenderlo de la peor forma.

Resignado, guardó el teléfono en el bolsillo de su pantalón y sacó de otro una navaja. Los viejos hábitos no se olvidaban. Esta miserable vida le había enseñado a volverse inseparable de su cuchilla, pero esta vez, la usaría para algo diferente. Sacando el filo de la navaja, se dispuso a trabajar en la cerradura de la puerta que al cabo de unos segundos, logró desbloquear. La puerta se podía abrir y al hacerlo, encontró a su amigo tumbado en la cama.

Las luces se encontraban apagadas y al igual que en toda la habitación, cortinas impedían el paso de la luz a través de la ventana del pequeño cuarto. El aire era pesado y difícil de respirar, pero eso no fue una excusa para no entrar. Y aunque el ruido de sus pasos al acercarse debió advertirle a su amigo de su presencia, él permaneció inmóvil y oculto bajo el cobertor de la cama.

-No puedes pasar el resto de tu vida en esa cama, ¿cuánto más pretendes ahogarte allí?-rompió el silencio, esforzándose por no sonar brusco.

-Vete-respondió con voz carrasposa.

-¿Qué quieres conseguir con esto? He esperado por días, no puedes seguir aquí. Debes comer algo-insistió al tomar de un extremo del cobertor con la intención de sacar a su amigo del interior.

-No insistas-se aferró al cobertor, impidiéndole al azabache que continuara.

-Esto no hará que ella vuelva-dijo con sinceridad.

-Actúas tan normal…continúas siendo tú. Frío. Sereno. Firme. Como si ella no fuese nada…-dijo mientras sus dientes crujían ante la tensión.

-Farlan…

-¡No intentes decir lo contrario!-interrumpió al gritar y salir de su escondite-¡Lo único que te pedí fue que me ayudarás a salvarla! Pero no lo hiciste. Claro, ella no es Eren. Da igual, ¿no? Cuando ese niño muera, sabrás…

La boca del chico fue obligada a callar antes de finalizar con el potente puñetazo que recibió de parte del azabache. La fuerza en ese golpe dejó a Farlan con el rostro pegado en la cama, pero el aterrizaje no fue nada agradable y enfurecido, se reincorporó de inmediato con una patada que hizo retroceder a su contrincante. Ambos habían desatado una pelea que se llevaba a cabo en el pequeño cuarto que comenzaba a sentir las consecuencias de sus movimientos. Los golpes y los empujones por ser el vencedor resonaban junto a los objetos que se rompían entre medio. Sus cuerpos buscaban vencer al contrario mientras las emociones se sumaban a la pelea. Levi fue siempre mejor luchador que Farlan y el resultado no cambio pese a los años en los que no practicó. Aprovechando el impulso con el que su compañero venía a atacarlo, Levi logró dejarlo inmóvil y boca abajo contra el suelo.

-¡Suficiente!-dijo el azabache con su respiración exaltada-No lo volveré a decir, nos iremos de aquí. Hoy.

-¿No lo entiendes? No hay nada para mí allá afuera-bramó, luchando por liberarse de la llave con la que Levi lo mantenía en el suelo.

-Te equivocas. Hay alguien que te necesita-le recordó.

-Esa niña, jamás debió nacer-dijo lleno de ira.

Al escuchar esto último, los brazos de Levi liberaron a Farlan de su prisión. La pelea ya había terminado y ninguno de los dos tenía fuerzas para retomarla. Su amigo se levantó a duras penas con la intención de volver a la cama, y antes de ello, observó al azabache desde lo alto.

-No es necesario que te quedes. Eso tampoco la traerá de vuelta-dijo con voz apagada.

Al regresar a la cama, dejó caer su cuerpo y clavó su mirada en la pared. Farlan no continuaría hablando y aunque Levi lo sacará a patadas de allí, el alma de su amigo continuaría vagando fuera de ese cuerpo que era capaz de cualquier estupidez.

Resignado y agotado, el azabache se marchó del pequeño cuarto para dejarlo en paz. Por segunda vez en su vida, sentía que el mundo empezaba a desmoronarse como grandes pedazos de roca que caían y caían a un lugar sin fondo. Un lugar donde se perdían para siempre. Sus piernas le fallarían en cualquier momento y antes de que eso ocurriese, se desplomó por su propia cuenta contra una de las paredes para amortiguar la caída contra el suelo.

No fue capaz de salvar a Isabel y tampoco podía hacerlo con Farlan. Quienes fueron su leve rayo de luz en esos días oscuros, se arrancaban como agua a través de sus dedos. Su más grande luz, la había pisoteado y apartado tan lejos como pudo. Podía sentir a sus demonios asecharlo, se acercaban y lo hubieran devorado si no hubiese sido por la música de su teléfono al recibir una llamada.

Desesperado, como si fuese su única salida, buscó en el interior del bolsillo de su pantalón su teléfono y respondió sin siquiera ver la pantalla:

-¿Levi?-se aseguró la voz del otro lado.

Lamentablemente, la voz que tanto deseaba escuchar no fue la que se escuchó del otro lado. De haber visto la pantalla antes hubiera ignorado la llamada, ya que no era el momento para las bromas de mal gusto de Hanji.

-Ve a molestar a otro-finalizó, dispuesto a colgar.

-¡Espera!-gritó del otro lado, consiguiendo que no colgara.

-¿Qué quieres?-preguntó de mala gana.

-Llevo días esperando que encendieras tu teléfono, estuve a punto de tomar el próximo vuelo, ¿sabes?-confesó, su voz se escuchaba más seria.

-¿Cómo supiste que encendí el teléfono?-preguntó curioso.

-Satélite.

-Eres una acosadora, una muy molesta-dijo con desagrado, seguido de una risa del otro lado de la línea.

-Al menos tu sentido de humor antipático no se ha ido. Supe lo de Isabel-dijo sin rodeos.

-Sabías de ella, ¿por qué mierda tardaste tanto en enviarla?-atacó, como una bestia herida a la cual le tocaron la llaga.

-Farlan vino a mí dos días antes de que la enviara en avión-informó.

-Dos días. ¿Sabes lo que unas horas hubieran cambiado todo? Si tu maldita boca hubiera hablado antes que ellos, todo hubiera sido muy distinto-dijo lleno de ira.

-Sé que debes estar muy frustrado ahora, pero debes dejar de buscar una excusa a su muerte en culpar a los demás. Y con eso me refiero a ti.

-Tch, deja de hablar como si me conocieras.

-A veces creo que te conozco mejor de lo que tú lo haces. Por otro lado, ¿has hablado con Eren?-preguntó, escarbando aún más en su herida.

-¿A qué demonios quieres llegar?-respondió agresivo.

-Bueno, mientras buscaba una forma de saber de ti, contacté a Armin. Él habló con Eren y supo que ustedes dos no se hablaban desde esa noche. Supongo que tú aún no has ido con él-dedujo.

-Definitivamente eres una maldita acosadora.

-¿Y bien?-continuó, ignorando al azabache.

-No te metas en lo que no te incumbe. Lo que ocurra en mi relación con Eren es asunto mío-respondió tajante.

-Así que aún no hablas con él…-adivinó, suspirando-Levi, sé que en este momento debes estar esforzándote por sacar a tu amigo adelante. Está bien. Pero llevas más de una semana allí y no ha cambiado nada. Debes saber, que muchas veces los seres humanos no somos capaces aceptar nuestra debilidad frente a los demás. Y a veces, quienes nunca han aceptado su debilidad ante los demás, es bueno que lo hagan de vez en cuando. Que lo dejes solo ahora, no significa que lo abandones.

Escuchar a Hanji decir cosas como esas era una locura. Casi podía sentir como la castaña indagaba en su interior sin la necesidad de verlo. Como si tuviera un manual o un aparato que le permitiera saber qué pasaba por su cabeza. Pero era imposible para él abandonar a Farlan, bastaba con ver a Isabel en sus sueños para aferrarse más a él, después de todo, se la había arrebatado. Y aunque decidiera marcharse, ¿a dónde iría? No podía ir en busca de Eren, él no querría verlo y podría lastimarlo, otra vez.

-No me iré-se negó.

-Si no quieres verlo de ese modo, entonces, ¿quién se encargará de la pequeña?-la palabra pequeña se clavó en la cabeza del azabache-También la viste, lo emocionada que se encontraba por la bebé. Ella no está, entregó su vida por cuidar ese sueño y el único que lo puede hacer ahora por ella, eres tú.

-¿Quieres que vaya por la bebé y la lleve a un hotel?-preguntó en sarcasmo.

-Vuelve con Eren. Levi, debes aprender a confiar en él. Está enfermo, pero no lo obligues a vivir en esa enfermedad. Recuerda que él fue preso de ella y de su padre durante años. Tú lo sacaste de allí. Existen diversos tipos de jaulas, no lo metas en una de nuevo-rogó Hanji.

-¿Por qué haces todo esto?-preguntó calmado. Jamás había hecho algo por ella, siempre la insultaba y buscaba apartarla.

-¡Porque soy una acosadora!-expresó orgullosa y alegre.

-No tienes remedio.

-Y porque somos amigos-dijo esto último más seria, depositando cierta tranquilidad en el azabache-. Bueno, te llamaré después. Será mejor que no apagues tu teléfono, sólo un llamado y tendré mi pasaje listo para unas horas-amenazó antes de colgar.

Hanji siempre encontraba el modo de estresarlo, pero esta vez, agradecía que la loca fuese su primer contacto con el exterior. De no haber sido así, las cosas en su cabeza continuarían en un completo caos, que pronto acabaría con él. Definitivamente no había nada que pudiera hacer en estos momentos por su amigo. Pero sí debía hacerlo por la persona que salió perjudicada sin tener la más mínima culpa de nada. Aun si era incapaz de conseguir su perdón, debía hacerlo.

Todas las cosas que escuchó por teléfono aún eran muy confusas. Era difícil de creer que las palabras de esa mujer, ahora, le ayudaban a ponerse de pie decidido en ir por Eren. Era lo único que le quedaba. La única esperanza en medio de esta tragedia. Cuando se hallaba en el umbral de la puerta dispuesto a marchar, volteó hacia la pequeña habitación, como si así pudiese advertirle a su amigo de su ida. Sin arrepentimientos, continuó su camino.

Los pasillos del hotel se encontraban vacíos, pero las paredes por las cuales avanzaban relataban la historia que presenciaron el día que llegaron. Casi podía escucharlas hablar, recordar y mostrarle el dolor de aquella noche. Una vez fuera del hotel, los rayos de luz azotaron su rostro como látigos de acero caliente.

Le tomó unos segundos adaptarse al resplandor. El sol se hallaba justo por sobre su cabeza, por lo que dedujo que debía ser aproximadamente medio día. La gente y la ciudad funcionaban como de costumbre, todos iban de un lado a otro sin descanso. Al parecer el único mundo que se detuvo todo este tiempo, fue el de ellos.

Lo primero que hizo fue examinar sus bolsillos en busca de su billetera que no halló por ningún rincón; se encontraba en la casa que compartía con Eren. Esa noche no se había preocupado de nada más que Isabel, y ahora, sólo contaba con las llaves del coche y su teléfono celular.

El coche aún debía de estar en el estacionamiento del hospital, y rogaba que fuese así. El hotel en el que se encontraban se hallaba a unos pasos del recinto, por lo que llegar, no le tomó mucho tiempo. Afortunadamente nadie había llamado para que una grúa se llevara el coche, y al ingresar, notó una mezcla de olores que aguardaron todos estos días. El perfume de Isabel destacaba mucho más. Cada partícula se encargaba de extorsionar su alma, y por un momento, la sensación fue demasiado abrumadora como para mantener la cabeza en alto. Agotado, se aferró y apoyó su frente al volante mientras buscaba reprimir el torbellino de sentimientos que arremetían en su contra. Respirando hondo, llevó su mano a la llave y encendió el motor para escapar de allí.

El tráfico expedito y la rapidez con la que condujo, lo llevaron a su destino antes de lo esperado. Con el coche aparcado frente a la casa de Eren, observaba desde su asiento sin el valor suficiente para salir. Era consciente que de nada serviría dudar y acobardarse no era propio de él, pero, debía de admitir que hacerle frente a la reacción del castaño le aterraba. ¿Con qué se encontraría? Hanji le había dicho que confiara en él, ¿acaso no lo había hecho siempre? Daba igual cuanta confianza hubiera, no había perdón para las atrocidades que le había dicho. Debía afrontarlo y hacerse cargo de su error.

Saliendo del coche, se dirigió al portón y anunció su llegada. Una suave voz salió del intercomunicador, preguntando por el visitante y salvándolo de un primer obstáculo:

-Soy yo, he olvidado traer las llaves conmigo-confirmó a su persona, confiando en que la anciana que cuidaba de Eren no supiera absolutamente nada del conflicto.

-Oh, señor Levi, adelante-dijo al invitarlo a ingresar.

El portón quedó libre de seguro y al ingresar, se encontró con la anciana esperándolo en el umbral de la puerta con ese rostro arrugado pero lleno de felicidad.

-Hoy llegó temprano-empezó a hablar, mientras el azabache ingresaba a la casa-.Últimamente no lo he visto mucho por aquí, debe estar trabajando duro en el hospital. Le avisaré a Eren, estará contento de que regresara temprano.

-No. No es necesario-detuvo a la anciana, que ya se dirigía al cuarto del menor. Lo que menos quería era que avisarán su llegada. mismo iré a su cuarto.

Eso pretendía. No obstante, antes de que lo consiguiese, por los pasillos escuchó unos pasos que venían hacia ellos.

-¿Mikasa?-llamó la voz del castaño desde el interior-.¿Se te olvidó algo? Solo han pasado diez minutos d…-tanto su lengua como su cuerpo se detuvieron al ver al azabache.

Tal y como si hubiese visto a un fantasma, Eren se mantuvo quieto y con un rostro que no conseguía exponer más que el desconcierto ante su presencia. Mientras que Levi, veía en él los recuerdos de su rostro suplicante y herido por la bestia que jamás dejó de ser. Esperaba algún grito de parte del castaño y lo único que vio, fue el rostro del menor relajarse al tratar de ocultar la tristeza. No le agradaba para nada esa reacción. Él gritaba y pataleaba cuando algo no le agradaba, en cambio, ahora parecía que le daba exactamente igual. Y eso lo aterraba.

-No será necesario que se quede esta noche. Parece que Levi terminó su turno-se dirigió a la anciana, con calma y evitando la mirada insistente del haber interferido con sus planes.

-Descuide. No tenía nada planeado-aseguró la anciana, mostrando su é por mis cosas.

Incluso después de que la mujer los dejara solos, el silencio continuó siendo el anfitrión de su reunión. Las palabras jamás fueron su fuerte y había mucho que decir. Normalmente era Eren quien iniciaba y esta vez no lo había hecho. ¿Cómo empezar? No halló la respuesta antes de que, sin importarle su presencia, el menor diera media vuelta para escabullirse a través del pasillo.

-Eren-logró pronunciar en un intento desesperado por retenerlo.

-Ven-le invitó a seguirlo.

Enseguida, sus piernas empezaron a moverse para seguir de cerca al castaño. A medida que se acercaban a la habitación del menor, éste ponía mayor cuidado a sus pasos y antes de ingresar, puso un mayor cuidado a la hora de girar la manilla. Toda esa prevención le hizo pensar que la pelinegra se hallaba en la casa, pero esa idea fue descartada al momento en el que vio el interior de la habitación. Casi embobado, ingresó en completo silencio, siendo absorbido por una pequeña cuna hallada al lado de la cama de Eren. No había necesidad de preguntar o pensarlo mucho para saber qué había allí. Al llegar a ella, contempló a la pequeña criatura descansando entre telas blancas. Su piel era tan pálida como los lienzos que la envolvían, en cada parte de ella podía ver a sus padres reflejados, sobretodo en su corto cabello rojizo que como fuego se incrustaba en sus ojos.

-Dicen que está sana, pero no nos dejaban sacarla ya que no éramos los padres. Mikasa consiguió el permiso, luego de que...explicara la situación. Claro que aún no tiene nombre-explicó el menor.

-Alice-aclaró de inmediato, sin quitar su vista de la cuna.

-Es un lindo nombre… La mayoría del tiempo está con la señora Miller, ella sabe mucho sobre bebés. Nos ha enseñado muchas cosas, claro que no soy tan bueno como Mikasa…-confesó. Hizo una pausa de unos segundos, respiró profundo y se animó a mirar al azabache-Lo siento mucho.

-¿Por qué demonios te disculpas?-preguntó un tanto agresivo. Escuchar sus disculpas lo hacía sentir más miserable. No era él quien debía perdonar.

-Por Isabel...-aclaró el menor.

-Si tienes algo que decirme será mejor que lo hagas rápido-le ordenó sin cuidado, juntando sus miradas.

Pese a que estaba seguro que su mirada era suficiente para hacerle saber que se encontraba preparado para escuchar cualquier cosa de parte del castaño, éste se limitó a mirarlo en silencio. En sus ojos veía el dolor, y aunque se estuviera esforzando por ocultarlo, su cuerpo era demasiado sincero.

-No sé qué debería decir. No esperaba que volvieras tan pronto…tenía miedo que no lo hicieras-confesó al bajar su mirada hacia la cuna.

-Sabes que volveré-aseguró.

-¿Cómo saberlo? Ha sucedido antes-le recordó el menor-. Incluso Hanji tuvo que preguntarle a Armin por ti debido a que tu teléfono se encontraba apagado.

-Eso pasó hace mucho tiempo. Éramos niños-justificó el azabache.

-Continuamos siendo unos niños…en cierto modo-inhaló profundo y sus manos se unos días, no hacía más que llorar y gruñirle a todo. Entonces Armin habló conmigo-al decir ese nombre, el rostro del azabache se frunció obligó a contarle todo y me ayudó a entender mejor las cosas. Si no fuera por él, tal vez, ahora te estaría gritando al igual que aquella vez que desapareciste. Solo veía mi dolor y no fui capaz de ver que tú también sufrías.

-No debí decirte esas cosas-intentó disculparse.

-Pero, es la verdad-admitió con una triste estos momentos, soy incapaz de muchas cosas.

-Eren, ya te dije que no debí decir esas cosas-se opuso tajante.

-Sé que no quisiste hacerlo. Pero deja de mentirme e incapacitarme aún más. Ya no soy un niño que no entiende absolutamente nada. He aprendido lo suficiente como para saber que cuando te sientes acorralado o herido, reaccionas como esa noche. O como cuando desapareciste hace años atrás-finalizó, regresando a buscar la mirada del azabache.

Por primera vez, sentía la desesperada necesidad de escapar de la mirada del castaño, y no lo hizo. Como una demoledora, el menor tardó unos segundos en derrumbar unas de sus más grandes murallas, de la cual, ni siquiera era consciente.

"Y a veces, quienes nunca han aceptado su debilidad ante los demás, es bueno que lo hagan de vez en cuando."

Eren siempre fue especial, eso no había cambiado en nada. Pero incluso para él, era difícil entender uno de los lados más terrible del azabache. Aunque odiaba la idea, debía de admitir que esa conclusión debió conseguirla con la ayuda de las palabras de Armin, que seguramente, fue influenciado por una tercera persona. Hanji. Quien se encargó de que esta discusión cambiara su rumbo catastrófico, de eso estaba seguro. La loca que vio como un estorbo en el transcurso de su vida y adolescencia, conocía mucho más que él sobre sí mismo, y hasta el día de hoy, había hecho mucho más de lo que él hubiera hecho por su persona.

Al recuperarse de la sorpresa, quiso abrazarlo y evitar a toda costa, que cayera en manos de sus desquiciados demonios. Pero, ¿cómo hacerlo? El único débil e incapacitado, todo este tiempo, no fue Eren. Ciego y temeroso ante la realidad, lo había sometido a una vida con demasiadas restricciones como para vivirla. No se había dado cuenta, que se había transformado en un suplente del desquiciado de su padre.

-¿Quién te dijo una estupidez como esa?-negó las palabras del menor, pese a que sabía cuánta razón tenían.

Con su rostro desconcertado, Eren quiso demostrar que no estaba equivocado. No obstante, no fue necesario decir absolutamente nada para comprobarlo. La cabeza de Levi descansó sobre su hombro como si no pudiera sostenerla, y tras unos segundos, sintió cómo esa zona se humedecía.

-¿Levi?-llamó, tratando de separarlo ante lo cual, se lo impidió al estrecharlo en sus brazos.

-Lo siento-consiguió disculparse.

Sin decir absolutamente nada, el menor correspondió el abrazo y al no poder retener por más tiempo sus verdaderos sentimientos, explotó en llanto. Los recuerdos de Isabel no se ausentaron, y uno tras otro, se permitió recordarla al sentir que esta vez no estaría solo si se derrumbaba. Eren no dejaba de gritarle e incluso decirle que lo odiaba. Agradecía escucharlo con tanta fuerza, le ayudaba a sentirlo lleno de vida, como si esta nunca fuese a acabar. Pero, sus gritos fueron cesando a medida que las manos del castaño recorrían con espanto la espalda del azabache.

-¿Qué tiene tu cuerpo?-preguntó asustado al notar cómo los huesos de Levi sobresalían mucho más de como lo recordaba-¿Dónde estuviste estos días?

-Ya no importa-lo tranquilizó, separando sus cuerpos y observando los hinchados ojos del castaño, para después regresar a la cuna.

-Duerme mucho-dijo el menor.

-Eso es obvio, es un bebé-aclaró el azabache.

Desafiando sus palabras, la pequeña profirió un quejido y tras fruncir su rostro, abrió sus ojos de par en par. Por un instante, esperó encontrarse con los ojos de Isabel, pero en su lugar, unas plateadas joyas con toques verdosos como las de su padre ocupaban ese lugar. La niña se quedó inmóvil y curiosa ante su presencia. Ambos se miraban fijamente por primera vez. Al menos en ella, sus amigos continuaban juntos. Era fascinante y a la vez doloroso verla, y como si ambos compartieran el mismo dolor de la perdida, de los ojos de Alice brotaron lágrimas acompañadas de un fuerte grito.

-Tranquila, estoy aquí-le susurró Eren, alzándola y mesándola entre sus brazos-. Tranquila.

Con la ayuda de sus brazos y una suave voz, el menor buscaba calmar el llanto desconsolado de la pequeña. Ella observaba y movía sus brazos como si la calidez que la acurrucaba fuese magia para calmarla. Mientras que Levi, no conseguía hacer más que observarlos con fascinación.

-¿Qué pasa?-preguntó el menor, tras darse cuenta de la excesiva atención del azabache.

-Serías una excelente madre-confesó Levi, ocasionando ese rubor que tanto amaba en las mejillas del castaño.

-N-no-negó avergonzado-. ¿Quieres sostenerla?-ofreció.

-No. Quédate con la mocosa-se negó rotundamente.

-Mira-insistió, entregándosela a la fuerza-Es muy liviana-sonrió, tras ver el rostro apático de Levi.

-Te dije que no la quería-reclamó, observando a la niña en sus brazos-. Será mejor que no llores-amenazó.

Los brazos de la niña se estiraron para alcanzar su rostro, el cual, empezó a explorar con sus pequeñas manos. El tacto de Alice era suave y cálido. Le tomaba tiempo explorar cada zona de su rostro.

-Se parece a ella-se atrevió a decir el castaño, sentándose a la orilla de su cama.

-Espero que sea más tranquila-bromeó Levi-. Ten-le entregó a la niña, sentándose a su lado en la cama.

-Mañana hay que llevarla a control-le informó al recibirla-. Farlan…él, ¿cómo se encuentra?-preguntó con delicadeza.

-Por ahora no quiere nada. Volveré a verlo mañana-dijo un tanto desanimado-. ¿Tu hermana?-preguntó por fin.

-Ella pasará la noche fuera, debe entregar un informe en la universidad-respondió el menor.

-Al menos no tendré que lidiar con ella hoy-soltó en un suspiro, y alzando sus brazos, se recostó de espaldas en la cama.

De igual manera, el menor se recostó a su lado, colocando a Alice sobre su pecho. El rostro de la niña se encontraba adormilado y con suaves palmadas del castaño sobre su cuerpo, la pequeña cayó rendida ante el sueño.

-Definitivamente eres una madre-dijo una vez más.

-Eso es imposible. Lo sabes-aclaró un tanto afligido-. ¿Alguna vez has deseado una familia?

-Nunca he pensado en ello. ¿Te complica?-susurró al notar el plácido sueño de la pequeña.

-No sé. Jamás podré darte una familia como las demás, soy un hombre. Por otro lado, me gusta esta familia. Contigo, Mikasa y Hannes-sonrió.

-Entonces, está bien así-dijo al tomar la mano del castaño y llevarla a sus labios para besarla.

-Pero…-objetó el menor.

-Sólo quédate a mi lado-interrumpió.

Levi acercó sus cuerpos, y con el cuidado de no entorpecer el sueño de Alice, pasó su brazo por debajo del cuello del menor mientras que con el otro, se preocupó de girarle el rostro para besar sus labios.

Eren no supo responder de inmediato, parecía que todos estos días sin sus besos le habían hecho olvidar cómo hacerlo, pero no necesitó mucho tiempo para recordarlo. Levi lo besaba con tanta pasión que apenas conseguía respirar y la idea de parar era imposible. Le costaba trabajo creer que se trataba de él, este sentimiento no lo había sentido desde hace muchos años, como aquella vez que se besaron durante horas cuando aún se veían a escondidas en su cuarto. De no haber sido por Alice, sus brazos ya hubieran acudido a aferrarse al azabache y no hacerlo lo ponía más ansioso. Su mente se hallaba en las nubes y no supo por cuánto tiempo estuvieron así al momento en el que Levi separó sus labios y depositó un último beso sobre su frente.

-Te amo-el sentimiento salió de la boca del castaño como si ya no lo pudiera aguantar.

-También te amo, Eren-correspondió.

Seguido a sus palabras, la niña profirió un quejido y al creer que iba a despertar, el menor dirigió toda su atención hacia ella. Probablemente debía tener una pesadilla, eso creía Levi que tomando consciencia sobre su cuerpo, empezaba a cerrar sus ojos ante las pocas horas de sueño que tuvo estos últimos días. Por más que luchara contra ello, el sueño le ganó y lo último que vieron sus ojos fue a Eren susurrándole a la niña sobre su pecho. Esta vez, sus pesadillas no conseguirían acabar con él.

-o-

Cuando los ojos del azabache se abrieron nuevamente, se encontró en la cama de Eren en completa oscuridad. Desorientado, se reincorporó de golpe y se detuvo al escuchar un murmullo. A su lado Eren y Alice descansaban bajo el cobertor, y tras comprobar la hora en su teléfono, supo que pronto amanecería. El cansancio había sido tal, que ni siquiera cuando Eren lo acomodó en su cama despertó. Jamás había dormido tanto y de seguro continuaría haciéndolo si su estómago no lo hubiera despertado producto al dolor por falta de comida.

Con mucho cuidado, salió de la cama y se marchó de la habitación. El suelo bajo sus pies cantaba con cada paso del azabache merodeando por la silenciosa casa, era imposible no escuchar su melodía, ya lo había intentado y nunca pudo evitarla. Al llegar a la cocina, encontró comida para recalentar al interior del refrigerador y mientras esperaba que el microondas hiciera su trabajo, tomó su teléfono para corroborar la hora.

5:56 AM.

Lo primero que vino a su cabeza fue Farlan. ¿Estaría bien? Lo iría a visitar después de acompañar a Eren a la cita médica de Alice, pero no podía esperar tanto para saber de noticias sobre su amigo. En la habitación donde se encontraba el chico había un teléfono y afortunadamente había guardado el número en su portátil. Llamarlo ahora o más tarde no haría la diferencia, su amigo dormía todo el día, así que buscó el número y marcó una y otra vez. Nadie respondía pero no pensaba rendirse hasta por lo menos escuchar que el teléfono había sido desconectado, y en lugar de ello, su llamada fue respondida luego de varios intentos:

-Soy yo-dijo Levi, como si su voz fuese suficiente para identificarlo.

Por el auricular no escuchaba más que a su amigo respirar. No esperaba más, sólo quería comprobar que él aún se encontraba allí.

-No es necesario que me respondas, pero debes escucharme-le ordenó el azabache-. Tu hija se encuentra aquí con Eren y su hermana. Ella-dudó por unos segundos-, es igual a su madre. Quise salvarla y no pude, puedes odiarme si es lo que quieres, pero es hora que dejes de darle la espalda a tu hija. Necesita de ti, así que deja de comportarte como un maldito cobarde y hazte cargo. Ella no volverá, pero esta niña sigue con vida. No hagas de su vida una miseria-dijo esto último con disgusto.

Entendía que su amigo estuviese así, era normal, no obstante, el resentimiento hacia su padre recayó sobre las últimas palabras hacia Farlan. Cuando logró percatarse de ello se obligó a callar. Él no era como ese hombre, no lo merecía.

-Tiene control al médico a las nueve de la mañana. Después iré por ti-le advirtió antes de colgar.

Guardó su teléfono en el bolsillo sabiendo que tal vez, su amigo no había escuchado nada de lo que había dicho. Como un estúpido, había mezclado sus sentimientos y terminó enojándose por su propia cuenta. Si Isabel estuviese aquí, de seguro ella le hubiese gritado sin contención alguna hasta sacarlo de ese estado a patadas. Pero eso no volvería a ocurrir.

La comida continuaba al interior del microondas, y al sacarla, la observó por un buen rato hasta convencerse que no tenía hambre.

-o-

Mikasa había vuelto a casa antes de que Eren despertara, encontrándose con el reemplazo de la cuidadora que debió recibirla a primera hora. El descontento hacia Levi fue obvio, y aunque la situación era la indicada para que la chica consiguiera desterrarlo de la casa, no lo hizo y se limitó en hacer preguntas.

"Sólo lo hago por Eren" dijo al final de la conversación, como si eso le dejara en claro el motivo por el cual le permitía vivir junto a ellos.

Luego de un par de horas, los tres se encontraban en el coche camino al hospital. Las únicas voces que se escuchaban eran la de Alice y Eren, que no paraba de preguntar qué había ocurrido entre Levi y su hermana. Temía a lo que pudieron hacer o decir durante su encuentro sorpresivo de la mañana.

-¿Alguno podría escucharme?-preguntó fastidiado, ninguno de los dos hacía caso a sus preguntas.

-Nada ha ocurrido, Eren-respondió el azabache, sin abandonar su concentración de la autopista.

-El enano tiene razón-apoyó MIkasa, ganándose una fiera mirada de Levi por el retrovisor.

-No les creo-dijo el menor.

Pese a ello, ninguno de sus oyentes continuó la conversación y él dejó de insistir para preocuparse de entretener a la pequeña en sus brazos, en lo que durará el camino hasta el hospital.

Al llegar, todos los funcionarios quedaron sorprendidos al ver a Levi después de tantos días. Muchos se acercaron a ofrecer sus condolencias y otros a expresar la dicha de verlo de regreso. Por lo visto el tema de Isabel se había hecho conocido por todos, y por donde había iniciado le quedó claro al momento de encontrarse con el pediatra de Alice.

-Bien, ahora ve con ellos pequeña-dijo el médico, entregándosela a Mikasa tras finalizar la revisión-. Es una niña muy saludable, la están cuidando muy bien. El próximo control será dentro de un mes y ante cualquier problema no duden en consultarme. Aunque dudo que los tengan, está bajo el cuidado de una enfermera y un excelente médico-dijo sonriente.

-Gracias-agradecieron los tres, despidiéndose uno por uno antes de salir de la sala.

Una vez fuera, caminaron por los pasillos hasta que Levi se detuvo al recordar algo que debía hacer antes de abandonar el hospital. Isabel.

-¿Levi?-llamó Eren.

-Hay algo de lo que tengo que ocuparme-avisó.

Al dar media vuelta, su cuerpo se detuvo al ver aparecer a su amigo al final del pasillo. Debía estar alucinando, eso pensaba, pero a medida que el chico se acercaba lo podía ver con toda claridad; un cabello pajoso y castaño tan claro que asemejaba ser rubio y un aspecto tan lamentable que parecía haber vuelto del infierno. Era Farlan.

Cuando estuvieron frente a frente, su amigo respiró hondo y se animó a verlo a los ojos:

-Llegué tarde-balbuceó.

-No. Llegaste a tiempo-corrigió Levi.

Farlan no se contuvo y con un fuerte abrazo, se sostuvo en Levi mientras luchaba por contener el llanto. Su amigo había vuelto y luchaba por aferrarse con su débil cuerpo a este cruel mundo que aún le tenía grandes sorpresas. El llanto del chico era más doloroso que su silencio, cada suspiro en busca de aire y grito era como un gran terremoto que sucumbía cada uno de sus recuerdos para recordarle que nada volvería a ser como antes. Cuando el llanto parecía ser lo único que se escuchaba en ese lugar, uno más fuerte se sobrepuso y llamó la atención de Farlan, quien alzó su cabeza y vio a la pequeña llorar en brazos de Mikasa.

-¿Qué ocurre?-preguntó la chica, meciendo a Alice entre sus brazos.

Como si necesitara permiso, Farlan esperó hasta que Levi le animara a acercarse con un movimiento de cabeza. Tembloroso y lleno de miedo, el chico se acercó con cautela hacia Mikasa. Al verlo, la chica lo examinó de pies a cabeza para asegurarse que no había amenaza en él y tras comprobarlo, relajó su postura.

-Ten-le ofreció Mikasa-. Con cuidado-le advirtió mientras acomodaba a la niña en los brazos de su padre.

Contrario a lo que creyeron, los brazos de su padre no apaciguaron su llanto, el llanto de la niña había aumentado y Mikasa quiso recuperarla pero Levi se lo impidió.

-Hey…-susurró Farlan, consiguiendo la atención de la niña- ¿Por qué lloras tanto?

Como si pudiera entenderle, la niña hizo un puchero y unos sonidos incomprensibles.

-La extrañas mucho, ¿no? También la extraño-confesó con su voz temblorosa y limpiando sus lágrimas aclaró su garganta-. No soy el mejor padre, ¿sabes? Deseé muchas cosas horribles, ahora lo entiendo-pasó sus dedos por la mejilla de su hija- Tus ojos, no importa el color, eres hermosa como ella. ¿Puedes perdonarme?

-Alice. Ese fue el nombre que ella escogió-aclaró Levi.

-Esa tonta…siempre con sus historias de niños.

Aunque intentaba mantenerse fuerte ante su hija, las lágrimas salían por si solas y mojaban el poco cabello de la pequeña. Al igual que lo había hecho con el azabache, con sus manos buscó el rostro de su padre y dio palmadas en sus mejillas. Para Farlan fue inevitable no sonreír.

Mientras Levi los veía conectarse, sintió cómo los dedos de Eren se enredaban con los suyos al ponerse a su lado. Al verlo, el menor le regaló una sonrisa y regresó a ver al chico con su hija en los brazos. Podía estar tranquilo. Farlan tenía a Alice, mientras que él, tenía a Eren.

-Eren, vamos a llegar tarde-avisó Mikasa.

-Ya voy.

-¿Tarde para qué?-quiso saber Levi.

-Pedí cambiar la hora de mi control. Así sólo tendríamos que venir una vez al hospital-explicó el menor.

-Eren, ¿puedes llevar a Alice contigo?-preguntó Farlan.

-¿Por qué se la das a él?-preguntó Levi con recelo.

-Quiero saber qué ocurrió con el cuerpo de Isabel-explicó, acercándose hacia el menor para entregarle al bebé-. No les he agradecido por todo lo que han hecho por ella…

-Está bien. Vayan-interrumpió Mikasa.

-Levi, ve con él-animó Eren y al ver la inseguridad del azabache, continuó-. Es sólo un control, Mikasa irá conmigo.

-Nos vemos después-dijo en un tono más tranquilo.

-Sí-respondió el menor, viendo cómo los dos amigos se marchaban en dirección contraria.

Mikasa se acercó a él para buscar a Alice. Su hermana disfrutaba cargarla, por lo cual, él no se oponía a ello. Estaba seguro que si ella decidía ser madre algún día, sería una tan excepcional como la suya. A veces, imaginar a su madre congelada en una cama de hospital a kilómetros de distancia le era desalentador, pero no por ello dejaría de luchar. Se lo había prometido. A pocos días de abandonar su país natal, la visitó por última vez, jurándole que no se rendiría y curaría su cuerpo para luego hacerlo con el suyo. Era una promesa.

Afortunadamente Alice no volvió a llorar. Hubiera sido un problema si lo hacía mientras se desplazaban por el hospital a estas horas de la mañana donde muchos de los pacientes descansaban en sus respectivas habitaciones.

De pronto, ambos se vieron obligados a detenerse ante un proyectil que salió disparado desde el interior de una de las habitaciones. Este chocó contra una de las murallas, dejando un camino de residuos que llegaron hasta el suelo.

-¡Ya dije que no comeré!-gritaron desde el interior de la habitación.

"La curiosidad mató al gato", no era un refrán adecuado para Eren, quien entregándose a ella, asomó la cabeza en la habitación para ver de qué trataba tanto alboroto. A simple vista parecía que una asistente tenía problemas con el paciente de dicha habitación. La mujer se arrodilló para recoger cubiertos y otros utensilios que se encontraban esparcidos en el suelo, dejando ver al autor de dicho drama. Era un chico de tan sólo unos años mayor que él, tenía unos tubos en ambas fosas nasales y un gorro de lana sobre su cabeza. Pero lo que más le llamó la atención al castaño, fue el exótico rostro del chico, el cual, le recordó a un caballo furioso al intentar ser domado.

-¿Y tú qué me ves?-preguntó el chico tras percatarse de la presencia de Eren asomándose por la puerta.

-Si no querías comer sólo debías decirlo. No sabes lo mucho que trabaja la gente aquí para que ahora tengan que limpiar tu berrinche-lo regañó. Eren lo sabía, el esfuerzo de cada persona en este lugar.

-No eres nadie para decirme qué hacer, enano entrometido-insultó.

-¿Qué?-preguntó ofendido.

Su cuerpo se movió hacia el interior de la habitación por una fuerza mayor que lo recorría de punta en punta, pero antes de dar un paso más, Mikasa se cruzó en su camino para que se detuviera. En ese mismo instante, el rostro desafiante del chico en la cama se iluminó como si un ángel se hubiera puesto frente suyo y después de unos segundos, sus mejillas se pusieron completamente rojas.

-Eren, no malgastes energías con un malcriado. No es bueno para tu salud-le recordó su hermana.

-¿M-malcriado?-repitió el chico, ofendido.

-Vamos-insistió Mikasa, retomando el rumbo.

-¡Hey!-le gritó el chico al ver que el castaño se retiraba.

-¿Qué quieres?-preguntó tras detenerse, irritado.

-¿Q-quién es ella?-preguntó tartamudo- No. ¿¡Por qué demonios estás tú con ella y un bebé!?-exigió saber.

-¿Ah? Eso no te importa-respondió apático. Este chico conseguía hacerlo enojar con facilidad.

-¡Te estoy haciendo una pregunta! Responde o...¡te arrepentirás! Tengo los medios para hacerlo, ¡así que habla!-le ordenó tras apuntarlo con su dedo índice.

-Que molesto…-se dijo fastidiado.

No pensaba quedarse escuchando los gritos y amenazas de ese chico, pero aunque tenía todas las intenciones de marcharse, no consiguió hacerlo. Sus pies estaban pegados al suelo. Les ordenó a sus piernas moverse una y otra vez, pero estas, como si no le pertenecieran, no respondieron. Su corazón se descontrolaba al mismo tiempo que su respiración lo hacía como un motor. Quiso gritar, pero sólo pudo ver cómo su hermana se alejaba más y más… Hasta que de pronto, un hormigueo recorrió sus piernas devolviéndole el control.

-¿Eren?-volteó Mikasa al ver que su hermano no se movía-¿Sigues peleando?

-No-respondió de inmediato.

-¿Ocurre algo?-preguntó, al notar un cambio en el tono de voz del castaño.

-No, ya voy-respondió sonriente, dando un primer paso hacia su hermana.

Convencida, Mikasa continuó su camino al escuchar cómo Eren dejaba atrás los gritos que no cesaban en la habitación del caos.

Eren podía sentir cómo sus piernas le obedecían como de costumbre. El sonido de sus pasos, uno tras otro, jamás había sido tan bella melodía.

Continuará…

Holo :3 he actualizado sin tomarme tanto tiempo como la última vez~ aunque sí tardo más que antes. Bueno…lamento decirles que ahora es el turno de Eren. Sí, es hora de hacerle frente a esta maldición de una vez por todas. Creo que el fic tendrá alrededor de 30-31 capítulos como mucho. Así que vayan preparando pañuelos…

Como dije en las notas del capítulo anterior, la muerte de Isabel tenía un significado muy importante para la historia, específicamente para Levi. Espero que se haya entendido, de lo contrario háganmelo saber y lo dejo más claro en el próximo cap.

Hace poco comencé las clases en la uni, así que no les prometo actualizaciones semanales como solía hacerlo. Pero lo digo y lo he dicho siempre, la historia la voy a continuar hasta el final. Muchas gracias a la paciencia de todos los que leen y cualquier cosa pueden decírmela :)

Respondo Reviews:

Yensis Kutsenova: Aww me alegra mucho que te haya gustado el cap *-* pese a la muerte de Isabel… pero aún no es hora de guardar los pañuelitos u.u Espero te haya gustado el cap de hoy y de verdad muchas gracias por la imagen la amé 3 *-* Cuídate nos leemos! 3

Gateaway: Muchas gracias 3! Al parecer la hija de Isabel sí será bien apegada a ellos, después de todo Eren la cuido por varios días c: Espero te haya gustado el cap, cuídate mucho y nos leemos! 3

Emilda: Sí...u.u goodbye my lover, goodbye my friend(8)? Al menos la niña está bien :D? Espero te haya gustado el cap de hoy, cuídate y nos leemos! 3

Fujimy: Mi pobre Eren…ahora le toca a él, fuerzas para que Levi pueda sanarlo? Si fuera un verdadero titan tal vez todo se hubiera solucionado u.u Espero te haya gustado el cap de hoy, cuídate mucho y nos leemos! 3

Genevieve: Lamentablemente…no hubo milagro : ( y en cuanto a Farlan, le costó, pero al final la aceptó 3 Realmente fue muy sorpresivo, pero de haber sido de otra forma Isabel no se hubiera dejado hacer exámenes y otras cosas con el carácter que tenía xd En cuanto a Eren y Levi, bueno, su relación siempre ha sido así, tal y como tú dices es rara, pero eso no impide que estén juntos :3 Aunque Levi sí se le había pasado en cuartarle muchas cosas con tal de protegerlo. Ahora queda ver qué sucederá con tatakae u.u Espero te haya gustado el cap y muchas gracias a ti por leer :3 Cuídate nos leemos! 3

Kira Itsuki: Muchas gracias ^^ Pero no la dejé criar a su hija :c soyunserdespreciable? Ahora se viene de lleno el caso con Eren. Muchas gracias por leer y espero que te haya gustado el cap :3 cuídate y nos leemos! 3

Allen: Lo siento…pero sí la maté, Farlan si odió en un principio a su hija y para qué hablar de Levi, terminó muy inseguro de sus capacidades T-T Espero que te haya gustado el cap pese a todos estos eventos desafortunados u.u Cuídate mucho y nos leemos! 3

Yayoi: Síp, pasaron muchos años u.u En cuanto a Carla, ella sigue en el hospital en el que se encontraba. En el próximo capítulo o el que le sigue se hablará más sobre el tema de ella, de todos modos, principalmente por lo delicado de su estado es que sigue allá. Espero que te haya gustado el cap de hoy, cuídate y nos leemos! 3

Wasplane: Muchas gracias!3 siempre habrá una continuación aunque la anterior tardó meses y lo siento por eso u.u y…viva lo impuro y sagrado del riren :D!

Muchas gracias a todos por leer y seguir esta historia. Espero les haya gustado el cap, cuídense y nos leemos! 3