Capítulo 27

Las letras negras sobre la puerta frente a sus ojos, eran difíciles de leer. La morgue no era un lugar al que quisieran ir. En los días donde ninguno de ellos pasaba sus quince años, y el peligro era un compañero más en sus vidas, solían preguntarse si acabarían en un lugar como este. Hoy esa realidad no era tan ajena. Ninguno de los dos se atrevía a solicitar el ingreso. Al mirar de reojo a su amigo, el azabache se encontró con que luchaba por no perder la compostura.

-Si no deseas entrar, no lo hagas. Puedo hacerlo yo-se ofreció Levi.

-Ya no voy a huir, Levi-se juró.

Pese a que las palabras de Farlan parecían decisivas, sentía su miedo. Quiso insistirle otra vez, no estaba dispuesto a dejarlo caer de nuevo, pero, unos pasos a sus espaldas llamaron su atención antes de que pudiese hacerlo.

-Levi-llamó la voz, como si hubiese visto a un fantasma-. Es un alivio verte por aquí-dijo con sinceridad.

-Heather-pronunció al reconocerla-. ¿Qué haces aquí?

-Tenía unos asuntos que atender en este lugar. Pero más importante, ¿has venido por ella?-dijo con franqueza.

-Él, es el padre-señaló a Farlan con la mirada.

Heather sonrió con amargura. Seguramente había mucho que ella deseaba decir, pero este no era el momento y lo sabía. Pasando entre los dos chicos, sacó una tarjeta del bolsillo de su delantal médico y la utilizó para desbloquear el dispositivo de la puerta y, tras abrirla, les invitó a ingresar.

El silencio al interior era desolador y las luces hacían que el ambiente fuese mucho más tétrico de lo que ya era. Era un lugar diferente de todos los que conocía Levi en el hospital; uno para la muerte. A simple vista se divisaban dos camillas con largos bultos cubiertos, luego se percibía una estantería metálica con varios cajones. No había que ser un genio para saber qué había en ellos. Farlan mantenía toda su atención sobre la tutora del azabache, la cual leía las etiquetas de los cajones al buscar el nombre de la chica.

Cuando la mujer se detuvo frente a un cajón y los llamó con la mirada, el corazón de Levi se detuvo. De igual manera, su compañero, petrificado, se negaba a mover un solo músculo en dirección a Heather. Sólo cuando consiguió tomar el control de su cuerpo, puso una mano sobre el hombro de su amigo para animarlo a ir.

Ambos se acercaron con sus miradas fijas en el cajón, y cuando estuvieron lo suficientemente cerca pudieron ver el nombre de Isabel escrito allí.

-Denme espacio-pidió Heather al hacerlos a un lado.

La mujer abrió el cajón, extrayendo una larga bandeja con un bulto cubierto por una sábana blanca. Luego se quedó inmóvil, dándoles espacio para que alguno de los dos tomara la iniciativa de descubrirla. Levi estaba preparado para revelar lo que había bajo la sábana, pero fue la mano de Farlan la que se encargó descubrirla.

Allí estaba ella, con sus parpados cerrados como si sólo estuviese descansando y su cabello rojizo desatado como llamas que hacían resaltar la palidez de su piel. La belleza de un muerto. Al verla, su garganta se contrajo con tal de contener el dolor que deseaba expresarse mediante lágrimas, pero su amigo no fue capaz de hacer lo mismo y, pasando su mano temblorosa por las mejillas de la chica, rompió en llanto.

-Lo siento, lo siento mucho-se disculpaba, pasando sus dedos por cada una de las facciones de la chica.

Con tal de evadir el dolor que le generaba ver esa escena, Levi observó a Heather, quien con un movimiento de ojos le indicó que la acompañara afuera. Este momento era sólo para ellos y aunque el azabache fue como un hermano para la pelirroja, debía dejarlos a solas. Sin anunciar nada, la mujer lo encaminó hacia la puerta.

Al salir de la fría sala, Heather cerró la puerta y se apoyó de espaldas contra esta. Levi no escuchaba absolutamente nada del interior y agradecía que así fuese. En su interior, se reprochaba haber sido él quien estuvo junto a Isabel durante sus últimos minutos de vida. No debió ser así. Y ahora, debía hacerse responsable de su ausencia frente a su tutora. Tal vez no era el mejor momento, pero era hora de disculparse. Se lo debía, a ella por todas las esperanzas que depositó en él, y a la gente que le había confiado más que su salud.

-Creí que estarías con Eren-empezó.

-Hoy no me toca a mí verlo-aclaró-. Te echábamos de menos, sobre todo él.

-Sobre eso…

-Descuida. Lo entiendo-interrumpió comprensiva.

-No debí ausentarme de esa forma-insistió en su disculpa.

-Está bien, tu puesto aquí no será reemplazado. Puedes empezar cuando te sientas preparado-le informó con amabilidad. No lo merecía.

-Buscaré la manera de compensar mi falta.

-No creo que sea necesario, no has cometido ningún error. Todo lo contrario-hizo una pausa para sonreírle-. No eres el único que ha pasado por momentos así.

El rostro de Levi se mostró confuso, no entendía el rumbo de las palabras de su tutora.

-Cuando yo me encontraba en mis primeros años de medicina, conocí a una chica y a su hija de cinco años. La pequeña tenía diagnosticado degeneración espinocerebral. Tú y yo sabemos que esa enfermedad no tiene cura incluso en nuestros días. Pero yo creía que podría cambiarlo. Creo que no es necesario que te diga cómo acabó todo-sonrió con amargura-. Su madre trabajaba hasta el cansancio para mantenerla, el padre desapareció antes de que la niña naciera y la familia de la chica le dio la espalda cuando se enteraron que estaba embarazada. Su hija era todo lo que tenía, y yo no pude hacer más que verla deteriorarse hasta la muerte. Después de eso quise abandonar y olvidar para siempre la medicina-finalizó, encogiéndose de hombros.

-¿Por qué volviste?-se atrevió a preguntar el azabache.

-Porque huyendo no se consigue nada. La idea de ser médico nace por diferentes razones; a algunos les gusta ayudar, otros desean conocer, otros se sienten atraídos por la complejidad humana y otros quieren sanar a una persona en sus vidas. Las razones pueden ser distintas, pero, todos creemos que seremos capaces de hacer lo que sea con estudiar y aprender. Cuando nos damos cuenta de esa mentira, es como si nuestro mundo se viniera abajo. Por eso estamos aquí, para hacer que esa mentira cada vez sea menos verdadera-sonrió.

Una mentira. Era difícil aceptarlo, sobre todo si hacerlo implicaba aceptar la posibilidad de fallar con Eren. Ni siquiera se permitía imaginarlo. No podía. No existía el fracaso cuando se trataba de él.

-Levi, te he dicho esto para que estés consciente de nuestro alcance y con ello, preguntarte si quieres seguir trabajando en esto. Sé que estás aquí por Eren. Hacemos todo lo posible, pero nada nos asegura que él se recuperará-dijo con sinceridad.

-Lo sé. Sé que las repuestas no las encontraré en libros, pero Eren sigue aquí, y eso es suficiente para mí. Tú lo dijiste, estamos aquí para hacer que esa mentira sea menos verdadera, ¿no?-respondió firme.

-Vaya, mi alumno aprende rápido-alabó-. Entonces, ¿eso es un sí?

-Sí.

-Es bueno saberlo. Tengo un nuevo paciente del cual quiero que tú te hagas cargo-le informó.

-¿De qué se trata?-quiso saber.

-Lo verás en las fichas. Es distinto a lo que has visto hasta ahora, esto es más complicado. Pero creo que estás listo. Ya hablaremos de eso luego, ahora preocúpate de los preparativos de tu amiga. Y, por cierto, lo lamento mucho.

-De acuerdo-respondió.

-Bien, creo que va siendo hora de entrar. ¿Estás listo?-preguntó, sacando nuevamente la tarjeta para abrir la puerta a la morgue.

-Sí.

-Casi lo olvido. Estos días que no estuviste, el estado de Eren se ha mantenido estable aun con toda esa carga emocional. Aunque, sí me confío varias cosas al desahogarse . Sé muy bien el tipo de relación que llevan ustedes dos y no pretendo entrometerme, pero-hizo una pausa-, no hay problema en que mantengan intimidad, ¿sabes? Mientras se preocupen de no excederse y tomar las precauciones necesarias… bueno, sólo es un comentario-finalizó con una risa nerviosa.

Lo mataría. Fue lo único que pensó al escuchar cómo su tutora, probablemente, estaba al tanto de toda su vida sexual.

-o-

Abrochando el último botón de su camisa, el menor estaba atento hasta del más mínimo movimiento de su médico. El hombre ya había hecho el chequeó de su cuerpo y ahora, anotaba en su cuaderno sobre el escritorio como hacía de costumbre. Mikasa esperaba sentada en una silla de la sala con Alice durmiendo en sus brazos. Sin despegar su atención del hombre de bata blanca, Eren caminó hacia ella para hacerle compañía.

-Deberías abrigarte más, el aire acondicionado te puede hacer mal-le dijo su hermana, ofreciéndole la chaqueta verde musgo que custodiaba para él.

-No te preocupes, la usaré cuando salgamos del hospital-la rechazó, el aire acondicionado a penas se percibía.

La chica no estuvo satisfecha con la respuesta, pero el castaño se encontraba demasiado ocupado en seguir los pasos de su médico como para hacerse cargo de la sobreprotección de su hermana. Cuando no se trataba de Heather, solía ser más desconfiado, pero no era eso lo que lo tenía tan nervioso en esta ocasión. Una parte de él sabía que tenía que decir lo que había ocurrido frente a la habitación de ese chico escandaloso, mientras que otra, se oponía completamente. No quería hablar, no quería que le prohibieran más cosas. Estaba bien, su cuerpo aún podía hacer muchas cosas y no renunciaría a ellas. Entonces, una corriente fría recorrió su espalda al ver cómo el hombre tomaba su barbilla con aire preocupado. Quiso aceptar la chaqueta con gusto y decirle a su hermana que se fueran, pero ya era tarde, el hombre había puesto sus ojos sobre ellos.

-¿Pueden acercarse?-los llamó.

No.

-Sí-accedió de inmediato, llevando a su hermano del brazo hasta el escritorio del médico-. ¿Qué ocurre?-preguntó al intuir la preocupación del médico.

-Tranquilos, no es nada grave-aseguró, fijando sus ojos en el castaño-. Eren, ¿cómo te has sentido?

-Bien-escupió de inmediato-. ¿Por qué?

-En este chequeó, tus signos vitales no estaban dentro del rango normal. No creo que sea para alarmarse, afortunadamente estás aquí y sea lo que sea que pueda desencadenar, podremos evitarlo con el suero con el que estamos trabajando-les informó.

-¿Él va a recaer? ¿Necesita quedarse aquí?-preguntó la pelinegra, asustada.

-No creo que sea necesario. Tu cuerpo ha respondido bien al suero, quiero asegurarme que siga así y por eso administraremos una pequeña dosis para dejarlo dentro de sus rangos normales. Dime algo Eren, ¿has notado algún problema con tu cuerpo?-finalizó con una pregunta.

Los ojos del hombre se clavaron en el menor; una mirada afilada y adulta, como la de su padre. No era capaz de hablar por su corazón, desde el momento en que sus piernas no respondieron era una locura, pero sobre ello no pensaba decir absolutamente nada. Las voces en su cabeza se batían a duelo por coronarse como correcta, mientras que su hermana-casi tan angustiada como él-exigía saber lo que tenía por decir.

-No, nada-respondió, queriendo parecer lo más seguro posible.

-Bueno, evitaremos que los sientas. Por favor, pasa a sentarte a la camilla mientras yo voy por el suero-le invitó.

Asintiendo con la cabeza, el menor obedeció y seguido por su hermana, caminó hasta la camilla donde se sentó. El hombre de la bata salió de la sala, indicándoles que no tardaría en volver. Eso le daba tiempo al castaño para apaciguar las turbulentas aguas en el interior de su cabeza. Si su cuerpo presentaba irregularidades, lo que ocurrió con sus piernas debía ser sólo una advertencia, eso pensaba. Y, siendo así, el suero solucionaría todo. Así fue otras veces y así volvería a ser. Empezaba a convencerse de ello y a perder la culpa sobre el secreto de sus piernas, lo que, según a su juicio, no fue más que un detalle omitido. No era la primera vez que ocurría y seguramente no sería la última. No debía alarmarse. Mientras pensaba en ello, sus piernas se balanceaban de adelante hacia atrás, deteniéndose al sentir llegar al médico con un paquete en sus manos.

-Por favor, descubre tu brazo-le pidió el hombre, acercándose a la mesa metálica que se hallaba a un costado de la camilla.

Obedeciendo, Eren dobló la manga de su camisa por sobre el codo, sin perderle el rastro a su doctor. Del paquete el hombre extraía una jeringa con el suero experimental. Ya no tendría que pasar por lo de hace un rato, pero al ver cómo los dedos del hombre daban golpes al contenido, no quiso saber del suero. La aguja brillante se incrustaba en sus pupilas y tensaba su cuerpo a tal punto, que su hermana tuvo que estirar su brazo para recibir la dosis. Sin embargo, cuando la inyección estuvo a milímetros de entrar bajo su piel, la imagen ante sus ojos se distorsionó, siendo la mano de su padre la que veía a punto de pincharlo.

-¡No!-retiró el brazo, dándole un susto al hombre y despertando a la bebé.

-Eren, necesito administrarte el suero-insistió el médico, yendo a buscar el brazo del menor.

-No, no quiero-se rehusó al esconder su brazo del hombre.

-Eren-llamó su hermana, meciendo a la niña para que no llorara.

-¿Quieres que alguien más lo haga?-preguntó al ver cómo el cuerpo del menor empezaba a temblar.

No respondió. Pese a los años, su padre continuaba atormentándolo en lo más profundo de su mente. Los únicos que habían podido inyectarle los sueros experimentales en todos estos años, fueron Levi y Heather, de lo contrario, recuerdos como estos lo impedían al despertar el más primitivo de los instintos; sobrevivir.

-Lo haré yo. En poco tiempo obtendré mi título de enfermera, hacer esto no será un problema-ofreció Mikasa ante la nula respuesta de su hermano.

-Eren, ¿quieres que lo haga tu hermana?-ofreció el hombre, quien no veía otra solución.

El menor asintió con la cabeza, pero su cuerpo no fue capaz de calmarse. Afortunadamente, su hermana no tuvo problemas en la autorización. La situación familiar de Eren no era ajena para sus médicos y la chica ya había trabajado como practicante en el hospital. Luego de entregar a la bebé, asear y colocar guantes en ambas manos, recibió la jeringa del médico y con suavidad pidió el brazo de su hermano. Aunque el cuerpo del menor continuaba sometido al temor, dejó que la chica dirigiera su brazo y que la aguja se acercara por segunda vez. Cuando la sintió llegar a su piel, cerró sus ojos y se concentró en el latido de su corazón.

-Eren, se acabó-le avisó su hermana, quien alejaba la jeringa vacía.

-Gracias-agradeció apenado.

-¿Cómo te sientes?-preguntó el hombre.

-Bien. Lamento lo de antes…-se disculpó.

-No hay problema. La próxima vez, me aseguraré que Heather esté cerca, aunque tu hermana lo hizo muy bien-alagó, recibiendo un movimiento de cabeza en agradecimiento-. Cualquier cosa, no dudes en decírmelo Eren. ¿Entendido?

-Sí-respondió el menor, poniendo sus pies sobre el suelo para retirarse.

-Cualquier detalle. Es importante que nos informes de todo, ¿de acuerdo?-insistió.

-Lo sé-respondió lo más seguro posible. Las palabras del médico parecían querer indagar en su mente.

-Mikasa, ante el más mínimo problema, vuelvan al hospital. Ahora se pueden ir, cuídate mucho Eren-tendió su mano para despedirse.

-Gracias. Hasta pronto-correspondió con su mano.

Su hermana fue la siguiente en despedirse y tras recuperar a Alice, ambos se marcharon. La mejor parte de sus visitas médicas era cuando acababan, mucho más si no era Heather quien lo revisaba. Pero si ella lo hubiese revisado hoy, la verdad habría salido a la luz contra a su voluntad. La confianza con ella era muy distinta que con los demás, incluso llegaba a sentirse a gusto a su lado. Ella habría sacado la verdad a flote. Y como si su mente la hubiese llamado, por sobre el hombro de Mikasa apareció ante sus ojos en el cubículo de las enfermeras. Al igual que él, la mujer lo reconoció y con una sonrisa se acercó hasta el menor.

-Eren, Mikasa, que gusto verlos-saludó la mujer-. Hace unos minutos me encontré con Levi y su amigo.

-¿Dónde están?-quiso saber el menor.

-Ellos aún se deben encontrar en la morgue. He venido a firmar unos papeles para facilitarles los trámites. Veo que andan con la pequeña-se acercó con cuidado a la niña, dejando caer sus dedos sobre sus pocos cabellos rojizos-. Llevas tan poco en este mundo y ya te has hecho famosa-susurró.

-Eren, ¿por qué no cargas a Alice un poco?-ofreció Mikasa, dejando a la niña en sus brazos antes de que pudiese rechazarla.

-¿Eh? ¿Por qué?-preguntó extrañado, no era normal que su hermana se alejara de la niña.

-Cuídala un momento. ¿Puede venir conmigo?-le preguntó esto último a la mujer.

-Claro. ¿Por qué no esperas aquí un poco? Levi debería venir por este pasillo, espéralo-le dijo la mujer.

-Pero…

-Espera aquí-le dijo su hermana, llevándose a la mujer lejos, antes de que su hermano se opusiera.

Imposibilitado de hacer otra cosa, el menor vio partir a ambas sin darles ninguna explicación. Pero lo sabía, su hermana le hablaría sobre lo de hoy y con eso probablemente le prohibirían más cosas. Aunque nadie se lo dijese. Cada vez que sentía que el camino empezaba a despejarse, una nube densa y oscura se encargaba de cubrirlo de nuevo. Conservar las esperanzas así era difícil.

Resignado, el menor se apoyó de espaldas contra la pared a esperar por la primera persona que llegase. Las enfermeras lo miraban al pasar, susurraban entre sí y luego dejaban escapar unas sonrisas. El menor observó a Alice, que probablemente era la causante de dichas reacciones. La pequeña dormía en sus brazos, le sorprendía todas esas largas horas de sueño que parecían nunca acabar. Si hubiese estado despierta habrían jugado, a ella le gustaba ser mimada y ahora que su padre había vuelto, lo sería aún más. Pensar en ello le hacía sentir el vacío de su madre. Al igual que todos lo hacían con Alice, su madre también lo hizo cuando era pequeño; cuentos, juegos, risas, canciones y mucho más. El hombre que se hacía llamar su padre había destruido todo eso.

-¿Eren?-escuchó su nombre.

Abandonando sus recuerdos, el menor buscó la voz que lo llamaba, encontrándose con Levi y Farlan justo frente suyo. El padre de la niña tenía los ojos inflamados y rojos; había llorado y el azabache debía compartir un dolor similar al haber ido a ver el cuerpo de Isabel. Sin embargo, se veía firme y serio, a diferencia del menor que luchaba contra los deseos de lanzarse a sus brazos sin estar seguro del motivo; a veces sólo se necesitaba y ya. Pero eso lo delataría y a Levi no lo podría engañar.

-¿Dónde está tu hermana?-preguntó Levi.

-Ella…fue a buscar algo con la doctora Heather-mintió lo mejor que pudo-. Firmó unos papeles y me dijo que me quedara aquí a esperarlos-continuó con el fin de cubrir la mentira.

-Ya veo. Farlan, iré terminar el papeleo, quédate junto a Eren-le indicó mientras se acercaba al cubículo lleno de enfermeras.

Ninguno de los dos protestó. Farlan se quedó a su lado, inerte y con su rostro sombrío escondiendo su mirada. Eren jamás había estado a solas con él y aunque fueron pocas las veces que intercambiaron algunas palabras, sentía la necesidad de decirle algo que consiguiera hacerlo sentir mejor. Sin embargo, por más que buscara las palabras adecuadas, no las encontraba, ¿cómo podrías sentirte mejor luego de perder con quien soñaste un futuro? Antes de que se atreviera a romper el silencio, el chico levantó su mirada, deteniéndose en la niña entre los brazos del castaño y llegando hasta sus ojos.

-¿La has cuidado todos estos días?-preguntó, procurando usar un tono bajo para no despertar a Alice.

-A veces. Normalmente mi cuidadora se hacía cargo, o Mikasa. No soy el más adecuado para cuidar de alguien, ¿sabes?-dijo desanimado.

-Si no hubiera sido por ti, ella se habría quedado en el hospital todos estos días. Jamás creí que te diría esto, pero, gracias-agradeció junto a una sonrisa llena de pesares.

Como él, tampoco esperaba recibir las gracias de su parte y aunque sonaba extraño, le hizo sentirse mejor. Incluso una persona como él era capaz de recibir el agradecimiento de otros.

-Yo…también la extrañaré-confesó, no era exactamente palabras de consuelo, pero no había sido capaz de contenerlas. Ella siempre le mostró su amabilidad.

Farlan se mantuvo en silencio. El menor se sintió estúpido luego de confesar algo que por supuesto no sería de ayuda y sin saber qué hacer, se acercó más al chico para ofrecerle a la pequeña.

-¿No quieres cargarla?-ofreció, después de todo, era su hija. Estaba seguro que ambos estarían bien si estaban juntos. Como familia. Como alguna vez lo estuvo él con su madre.

-Sí…-aceptó al instante, preocupándose de recibirla con todo el cuidado el mundo.

No importaba que fuese la segunda vez que la cargaba o que la hubiera visto varias veces, él la admiraba con tanta fascinación como la primera vez. Alice era capaz de ablandar el corazón del hombre que estaba hecho un completo desastre. La calma de ambos casi conseguía atrapar al menor, pero cuando Levi regresó, toda la angustia regresó de golpe. Las mentiras continuaban latentes y para mantenerlas en su lugar, debía parecer lo más normal posible.

-Todo está listo. Mañana podremos hacernos cargo de Isabel, por hoy quiero que descanses-le dijo Levi, dirigiendo su mirada hacia el menor- Tú hermana aún no vuelve, ¿qué fueron a buscar exactamente?

-No sé, ya no deben tardar-intentó sonar convincente.

-¿Por qué no van al coche? Iré a buscarlas.

-E-espera-se interpuso el menor-. Será mejor quedarnos aquí para que nos encuentren.

-¿A qué fueron exactamente, Eren?-preguntó, esta vez más severo.

Levi empezaba a sospechar que le ocultaban algo. Sus nervios ya se habían apoderado de él, nada de lo que dijese ahora sería creíble y aunque se esforzara por mantenerlo aquí, su hermana se encargaría de informarle sobre su último control tarde o temprano. No había escapatoria y antes de que la verdad saliera a la luz, Mikasa y Heather aparecieron por el mismo pasillo por el cual se fueron.

-¿Ya está todo listo?-preguntó Heather, sin hacer mención de nada de lo que Mikasa le pudo haber dicho.

-Sí, ¿dónde estaban?-se apresuró a preguntar Levi.

El pulso del menor se detuvo, se lo dirían todo.

-Le pedí a Mikasa que me ayudara a llevar unas fichas-mintió, Eren lo sabía y al buscar una razón en ella, recibió una sonrisa que le devolvió el aliento-. Tan pronto como tenga el informe de tu nuevo paciente listo te lo enviaré, espero contar contigo después de eso-se refirió por último a Levi.

-Seguro-le confirmó.

Heather había logrado mantener ocupado a Levi al hablarle un poco de su paciente. Pero Mikasa, no. Los ojos de su hermana enjuiciaban su silencio y era cuestión de segundos para que Levi supiera de lo cerca que estuvo de recaer. Y tal vez, también del incidente con sus piernas.

-o-

Eren no consiguió llegar a su cuarto antes de que su hermana extendiera unos papeles ante los ojos de todos, sobre todo, de Levi.

-Eren casi tiene una recaída-dijo su hermana.

-¡Mikasa!-le gritó, odiaba cuando se otorgaba ese poder en sus asuntos.

-Imaginaba que algo así era lo que te tenía tan nervioso-dijo, como si nada se pudiera esconder de él. Recibiendo los papeles de Mikasa, los ojeó en completo silencio antes de poner su atención sobre el menor-. Afortunadamente, se dieron cuenta a tiempo. Cualquier cosa fuera de lugar, aunque sea un insignificante estornudo, lo quiero saber-le ordenó al castaño.

-Estoy bien, ya me dieron el suero-dijo seguro.

-Eren, el suero que te suministran es experimental-refutó enseguida-. Que haya funcionado la primera vez, no nos asegura que lo haga una segunda.

-Estás exagerando, estaré bien-sostuvo el menor. Sus ojos ya podían verse cristalinos, odiaba cuando Levi lo trataba como un paciente.

-Hazlo. Sólo nos preocupamos por ti-insistió su hermana.

-¡Ya les dije que estoy bien!-gritó.

Su cuerpo temblaba ante la frustración. Su grito había sido suficiente para callarlos y despertar, a su vez, a la pequeña Alice. La niña empezaba a llorar y su padre intentaba calmarla antes de que se tensara más el ambiente. Pero no sería necesario. Eren no tenía intenciones de escuchar el mismo sermón de siempre, y haciendo uso de la distracción del llanto de la bebé, escapó a encerrarse a su cuarto.

Lo último que supieron del menor fue el estruendoso portazo de su habitación. Levi no pudo detenerlo, o más bien, no quiso hacerlo. Eren se había alterado lo suficiente, retenerlo sólo hubiese empeorado las cosas. Pero alguien no pensó así y en cuanto lo vio partir, fue tras sus pasos tan rápido como para escapar del azabache.

-¿Él va a estar bien?-se animó a preguntar Farlan, quien continuaba intentando calmar a la niña.

-Sí-quería sonar convencido.

-o-

Las veinticuatro horas más cruciales habían pasado sin ningún inconveniente; el suero había funcionado por segunda vez, lo cual era esperanzador. No obstante, Eren se negaba en salir o dejar entrar a alguien a su habitación. Sólo abría la puerta para recoger la comida que le traían, asegurándose antes, que no hubiese nadie cerca.

Esa noche la cena quedó en manos de Levi. Fue difícil para él convencer a Mikasa que fuera a la universidad a cumplir con sus responsabilidades, pero finalmente la chica aceptó y se marchó sin antes intentar, por última, vez entrar a la habitación de su hermano. Eren no cedería, lo conocía bien, pero sabía cómo sí lo haría.

-Tendrás que cenar solo-le dijo a su amigo, quien se había acercado a la cocina tras sentir el aroma de la comida recién preparada.

-¿Tú también vas a salir?-preguntó.

-No-dijo, tomando la bandeja con comida-. Terminaré con el encierro del mocoso.

-Suerte…-le dijo con una sonrisa nerviosa.

Con la bandeja en sus manos, fue hasta la puerta que se encontraba cerrada desde ayer. Lo mejor sería forzarlo antes de que su hermana llegara, de lo contrario no podría hacer las cosas a su manera.

-Eren-llamó desde el otro lado-, la cena está lista.

-Dejala ahí-respondió incordiante.

-Esta vez abrirás la puerta, no te dejaré la comida aquí y tampoco te quedarás sin comer-amenazó.

-Entonces no comeré-respondió desafiante.

Eren no quitaría el seguro de la puerta, pero eso no era un problema para el azabache. Que la puerta continuara cerrada no dependía de Eren, sino de Levi que, tomando el cuchillo de la bandeja, forcejeó el seguro. En menos de diez segundos, la puerta ya se encontraba abierta y entró con paso firme sin importarle el susto que le dio al menor en cuanto lo vio.

-¿¡Qué haces!?-gritó Eren, huyendo del hombre que se acercaba como una maquina asesina.

-Te dije que abrieras-dejó la bandeja sobre la silla frente al taburete del menor y, antes de que éste huyera, lo agarró y lo elevó hasta sus hombros.

-¡Bájame!-exigió Eren, retorciendo su cuerpo al intentar huir. Era inútil. Levi no se veía afectado por sus esfuerzos por librarse, al contrario, caminó con normalidad a cerrar la puerta con seguro- ¡Levi!

Levi no prestaba ni la más mínima atención a todo lo que él le decía. Con cuidado de no tropezar con nada del desorden de blocks de dibujos, lápices, libros y otras cosas, se desplazó por la habitación cargándolo en su hombro hasta que lo dejó caer de espaldas sobre la cama.

Al intentar reincorporarse, se dio cuenta que Levi lo encerraba con su cuerpo sobre el suyo, dejando sus rostros frente a frente. Fue imposible para el menor no sonrojarse al tenerlo así y, a la vez, odiarlo por hacer que toda la rabia en su contra se perdiera en la profundidad de su mirada.

-Tal vez puedas seguir con la ley del hielo con tu hermana, conmigo no esperes que eso continúe-dijo el azabache.

-No estoy haciendo ninguna ley del hielo-se defendió.

-¿Entonces de qué trata todo este drama?-preguntó.

-Ustedes no lo entienden-dijo, frunciendo el ceño.

Era verdad. Muchas veces les dijo que odiaba la sobreprotección que le daban y lo único que recibía a cambio era un "tu situación es delicada" o "debemos preocuparnos que no te pase nada malo". Lo odiaba, y ni su hermana ni Levi lo entendían. Él más que nadie era consciente de la catástrofe que era su cuerpo, estaba cansado de que se lo recordaran mediante sus acciones o que le hicieran sentirse más preso de su cuerpo. Siempre que pensaba en ello, terminaba llorando, y esta vez no hizo la diferencia. Parecía que las únicas que tenían libertad aquí, eran sus lágrimas.

-Definitivamente, los años te han hecho más temperamental-dijo Levi, llevando sus dedos a limpiar las gotas en las mejillas del menor.

Aunque hace unos minutos no quería verlo, ahora aceptaba que sus dedos se encargaran de limpiar sus mejillas. La verdad es que jamás lo quiso tan lejos, quería estar a su lado, ser mimado por él y confiarle sus temores e inseguridades. Pero el último de estos deseos era imposible. ¿Desde cuándo comenzó a guardar secretos en su interior? Antes, no había nada que no le contara a Levi. Ahora, su cabeza estaba lleno de pensamientos aterradores, era como un globo; cuando había demasiado aire, tenía que escapar fuera por algún medio. Esas eran sus lágrimas.

-Estoy cansado de que me traten como un enfermo-se quejó.

-Estás enfermo-le recordó.

-Ya lo sé…-recordaba haber tenido esta conversación hace mucho tiempo atrás, sólo que ahora, las cosas eran diferentes-. Pero no hacen nada más que tratarme como uno; tú como tu paciente y mi hermana como un discapacitado. Lo único que hacen es recordármelo todos los días, tú ni siquiera me ves…-se detuvo- Ni siquiera me vez como tu novio…-dijo sonrojado. La palabra novio era más pesada de lo que pensaba.

-Te equivocas.

-¿Entonces, por qué no me tocas? ¿Cuándo vamos hacer el amor? ¿Algún día me llevarás a caminar de la mano como antes? Sin un auto, sin nada más que nuestras piernas-ahora más que nunca necesitaba sentir que estaban vivas-. ¿Cuándo volveremos a ir en contra de las reglas? Sólo un poco… Quiero vivir-rogó.

La respuesta de Levi no fueron palabras, sino un beso que depositó sobre la frente del castaño. No quería pensar que ese beso podía ser una forma de terminar con este tema, Levi siempre buscaba la forma de terminarlo.

Cuando separó sus labios del rostro del menor, éste continuaba llorando con su ceño fruncido. Cuando hacía eso se veía tan hermoso, y pensarlo le hacía sentirse la peor bestia de todas. Levi no quería admitir que estuvo equivocado y que gran parte de lo que decía era tan verdadero que resultaba molesto. Pero era cierto, no podía continuar así, de lo contrario, terminaría con esa maravillosa sonrisa él mismo. Resignado, se dejó caer sobre el cuerpo del menor y escondió su rostro en la almohada.

El cuerpo de Levi se sentía más liviano, tal vez se debía a esos días que estuvo incomunicado o al que hubiese pasado mucho tiempo desde la última vez que estuvieron de esa forma. Ignorando la razón, Eren se abrazó al cuerpo del azabache y aspiró su aroma. Otra vez volvía ocurrir, Levi evadía el tema con esos métodos y él era débil. Pero deseaba más de ello, y para conseguirlo, no debía desistir.

-Levi...

-No tienes idea de lo difícil que ha sido renunciar a esas cosas, mocoso insensato -interrumpió-. Lo único que deseo es cuidarte, ¿por qué lo haces tan difícil?

-Pero no me gusta. Me hace sentir solo…-confesó, hundiendo su rostro en el cuerpo del azabache.

-Sé que te he hecho daño. Mi vida ha sido una verdadera mierda, pero tú has hecho que esa mierda se convierta en algo que valga la pena. Haría lo que fuera por mantenerte con vida, incluso si eso significaba someterte a mis temores-llevó una de sus manos a enredarse en los cabellos del castaño-. No eres el único que tiene miedo-confesó.

-¿Tienes miedo?-preguntó extrañado. Levi no era de los que vivían con miedo.

-No lo volveré a repetir-se negó a responder, molesto.

-¿Puedes volver a tratarme como a una persona normal?

-Tú no eres normal-se reincorporó sobre sus dos brazos, juntando sus miradas por segunda vez-. Cambiaré mi actitud, sólo si me prometes dos cosas.

-¿Qué cosas?-preguntó con recelo.

-Primero, no vas a exigirte más de lo que puedas dar.

-No lo haré-prometió.

-Y segundo, cualquier anomalía en tu cuerpo, me lo harás saber. Nada de secretos.

-Lo haré-juró, sintiendo cómo su pecho se comprimía al saber el secreto que guardaba en su interior.

Deseaba decírselo, todo este tiempo estuvo cargando con el miedo de lo que ocurrió con sus piernas en el hospital. Necesitaba confiarlo, necesitaba que Levi lo escuchara, pero no lo dijo. Tal vez sólo era un síntoma de lo cerca que estuvo por recaer de nuevo, tal vez el suero habría acabado con ello y tal vez Levi cambiaría de parecer al escuchar la verdad. Se lo había prometido, lo haría si volvía a ocurrir, pero por ahora, sólo deseaba hacer realidad lo que el azabache le prometía y sentir el amor que le tenía.

-Tu cena, será mejor que la comas antes de que tu hermana llegue-dijo al intentar ir por ella, pero el menor lo detuvo al sostenerlo de la mano.

-Mikasa me envió un mensaje, no regresará hoy…-dijo con un leve rubor en sus mejillas.

-¿Cuándo pensabas decírmelo?-suspiró.

-Estaba enojado-le recordó-. Levi… ¿Aún te gusto?-preguntó nervioso, alejando su mirada del alcance de la del azabache, quien tenía toda su atención sobre el menor.

-Eren, mi cabeza está llena de pensamientos obscenos. Más de lo que tú crees-confesó, entendía la inseguridad del castaño.

-¿Qué clase de pensamientos?

-Eso no importa.

-Sí importa…yo quiero saber-exigió el menor, dejando que sus ojos se encontraran con los del azabache.

Ambos sostuvieron miradas en silencio, como si así, conseguirían doblegar al otro. Pero Eren era terco, y Levi ya había guardado sus pensamientos por mucho tiempo.

-Quiero besarte, morder tu labio y seguir besándote. Sólo me detendría para ir bajando por tu cuello y todo tu cuerpo; quiero escuchar esos sonidos obscenos que haces cuando toco tu cuerpo y cómo se eriza tu piel bajo mi boca. Quiero todo tu cuerpo, quiero tocarlo, lamerlo, morderlo, tenerlo y ensuciarlo. Quiero estar en tu cuerpo, sentir cómo tu interior me absorbe y…

-¡B-basta!-gritó, cubriendo la boca del azabache con ambas manos. Todas esas cosas que escuchaba lo tenían más avergonzado de lo que alguna vez pudo estar, sentía que no podría mirarlo nunca más a los ojos.

-¿No eras tú quien quería saber?-murmuró entre las manos del menor.

-Ya n-no quiero-dijo, nervioso.

Un joven de veintitrés años, que, ante los ojos del azabache, no dejaba de ser ese niño que se sonrojaba por todo. Habría continuado diciéndole todos esos pensamientos obscenos si así conseguía ponerlo más nervioso, pero quería que dejaran de ser sólo pensamientos. Y, aprovechándose de la cercanía de las manos del castaño sobre su boca, lamió la palma de una de estas, sosteniéndolas para que no huyera.

-¿Q-qué haces?-preguntó el menor, después del sobresalto producto de la humedad en su mano.

-Tú pusiste tus manos sobre mi boca-respondió, impidiendo que la mano del menor escapara.

Y aunque intentó huir otras veces, Levi se lo impidió y continuó jugando en la mano en su boca. Su lengua se encargaba de dibujar los dedos de la mano; había crecido, pero no tanto. Eren había dejado de luchar en su contra y cuando alzaba su mirada para verlo, lo encontraba todo rojo y con los ojos fuertemente cerrados. ¿Cómo pudo vivir sin esto? La inocencia de Eren era tan seductora, que no se contuvo al ir por sus labios para devorarlos en una danza enloquecedora.

El rostro de Levi estuvo sobre sí antes de que sus dedos dejaran de sentir la lengua del azabache recorrerlos. Corresponder el beso había sido tan difícil como la primera vez que lo hizo, y aunque pudo hacerlo luego de unos segundos, fue imposible seguirle el ritmo. La boca del azabache absorbía hasta el aire de sus pulmones, a veces la necesidad de salir en busca de aire se volvía imprescindible, pero el sabor de Levi era más importante y sus pulmones dejaban de importarle. Más. Quería más, mucho más. Podía sentir como la temperatura de su cuerpo se disparaba, como una fiebre, pero estaba feliz de saber que no se debía a una. Sin embargo, sus pulmones no resistieron más y se manifestaron mediante una tos que le hizo separar sus bocas.

-¿Estás bien?-preguntó el azabache.

-Sí, sólo me quedé sin aire-dijo tras reponerse. Luego lo miró de reojo-. No quiero esto…

-¿Te molesta?-preguntó extrañado.

-No es eso-negó en un tono casi inaudible.

-¿Entonces?-preguntó, clavando sus ojos sobre el menor.

Eren respiró profundo.

-Quiero hacer el amor-respondió, como si las palabras hubiesen estado guardadas por un largo tiempo y ya no pudieran ser retenidas.

Cuando se dio cuenta de lo que había dicho, escondió su rostro de quien lo observó en silencio. Se lo había pedido muchas veces, pero nunca se había sentido tan cerca de ello como ahora. Levi no respondía y el silencio sólo lo hacía sentir más lamentable. De pronto, la mano del azabache fue hasta su cuello y lo atrajo por la nuca con delicadeza, juntando nuevamente sus labios. La intensidad de hace un momento no se encontraba en medio, al contrario, Levi ejerció una leve presión durante unos segundos y luego los separó para juntar sus frentes.

-Lo siento-al menor no le gustó esa palabra-. Eren, tal vez me comporte como una bestia, si lo hago, detenme-rogó.

-Lo haré-prometió con una sonrisa, abrazándose al cuerpo del azabache.

No podía negarlo, su cuerpo estaba temblando, pero no de miedo, sino por las ansias de sentir a Levi luego de una eternidad. Sus brazos lo delataron y el azabache lo volvió a besar. Era un sueño, debía serlo ya que, para el menor era imposible aceptar que Levi accediera a hacerlo. Pero estaba sucediendo, la sensación y el calor eran real. Sus lenguas volvían a danzar y las manos del azabache empezaban a acariciar sus costados con un tierno deseo. Cada toque sobre su cuerpo le hacía estremecerse, había soñado tantas veces con esto, pero ningún sueño podría asemejarse a la realidad.

Levi ponía todo su esfuerzo en controlar el feroz apetito por poseer al menor. La odiaba, esa sensación irracional que se apoderaba de su cuerpo y que podría dañar a lo más preciado en su vida, no obstante, no podía hacer nada en contra. Todo ese deseo guardado se volvía insostenible. En su cabeza se repetía una y otra vez que debía ir con calma, pero con Eren bajo su cuerpo abrazándolo y moviendo sus manos por su espalda, le hacían perder. Sus besos se volvieron más apasionados, el menor no podía seguirle el ritmo y simplemente le entregó la autoridad sobre su boca. Pero todo su control se perdió cuando las caderas del menor comenzaron a moverse bajo las suyas, dejando que sus miembros endurecidos se sintieran por sobre la tela de sus pantalones. Bastó con un roce, para que sus manos dejaran de acariciar sus costados y fueran directamente a desnudar su torso.

Sin ninguna queja, Eren se dejó desnudar y posterior a ello, el azabache descendió por su cuello y pecho por medio de un camino de besos. Levi besaba su cuerpo sin tomarse demasiado tiempo en cada zona; sus manos acompañaban a su boca que no dejaba de repartir besos y suaves mordidas por todo su torso. Era enloquecedor, su respiración ya se encontraba alterada y sus manos trataban de contener el cosquilleo de su cuerpo al aferrarse al cobertor de la cama. Pero eso no fue suficiente cuando las manos de Levi se detuvieron en el cierre de su pantalón y lo bajaron para acariciar su zona íntima en movimientos circulares y luego meterse en búsqueda del miembro del castaño.

-¡Esper-agh!-gimió el menor.

Era estúpido pensar que ahora lo detenía, no quería hacerlo, mas, la rapidez con la que avanzaba desconcertaba al menor. Pero, ¿por qué esperar más? Sabía lo que Levi estaba buscando y él deseaba lo mismo, no tenía paciencia para ir tan lento; lo deseaba. Luego de que la mano del azabache se detuviera, descendió con besos hasta su entrepierna, encontrándose con su miembro completamente erecto. Esperaba que regresara por el mismo camino, pero se quedó allí, y se hizo cargo de esa zona con su boca mientras que sus manos se deslizaron por sus muslos. La sensación húmeda en su miembro lo enloquecía, la lengua de Levi se deslizaba sin modestia por su miembro y los gritos ya no eran capaz de acabar con todo ese placer.

-¡Levi, ya no! ¡Ah!-gritó, llevando sus manos a aferrarse a los cabellos del azabache.

Levi se enderezó al notar que tras el temblor del cuerpo de Eren y antes de que el líquido viscoso saliera del menor, le puso su ropa interior para evitar manchar la cama. Había acabado con poco estímulo, o eso creyó, ya que al ver al castaño se dio cuenta de lo agitado que estaba.

-Lo siento, fui muy rápido-se disculpó.

-Sigue…-rogó el menor, con su rostro colorado por el placer.

No tuvo que rogar mucho para que Levi regresara a ocuparse de su cuerpo. Esta vez iba más lento y, no estaba seguro de querer que así fuese. Quería decirle que se apurara y antes de que eso ocurriera, Levi fue en busca de sus labios para besarlos mientras sus manos se encargaban de deshacerse de la ropa de su parte inferior. Una vez liberada su entrepierna, la mano de Levi fue hasta su mejilla y puso la suya sobre esta para que no se fuera. Sólo fueron necesarios unos segundos para que su cuerpo volviera a reaccionar mediante caricias y besos que sólo conseguían poner a ambos más ansiosos. Pero, el menor había olvidado que aún no se encontraba al borde de la locura y cuando los dedos de Levi se dirigieron a su entrada, lo recordó. Con un primer dedo en su interior, su cuerpo se crispó y una descarga se disparó a través de su columna, dejando escapar un gemido entre medio de sus bocas. Levi sabía que los sonidos no se detendrían y dejando sus labios libres, depositó sus besos en las coloradas mejillas del menor.

El interior de Eren se comprimía cada vez que su dedo hurgaba en él. Era tan cálido, con un segundo y tercer dedo intentaba preparar al menor lo más rápido posible. Su mente no conseguía más que visualizarse perdiendo el control en el interior del menor. Lo deseaba, era lo único que necesitaba en ese momento. Más que ninguna otra cosa. Los sonidos de Eren se volvían más fuertes, quería hacerlo gritar más y de pronto, se callaron cuando la boca del menor besó el cuello del azabache. Si existía un punto débil para él, de seguro era su cuello. De inmediato sacó sus dedos del interior del castaño y fue por el cierre de su pantalón.

El menor lo observaba desnudarse y buscar en el bolsillo del pantalón mientras que él, fue hasta la camisa del azabache para sacarla. Levi siempre intentaba ocultar su torso, pero Eren insistía tanto que accedía a quitarla. Esta vez no perdió tiempo en discutir sobre ello y pronto ambos se encontraban frente a frente, con sus cuerpos tal y como eran. A pesar de que Levi había perdido peso, ante los ojos del menor seguía siendo tan hermoso como lo recordaba y esa belleza lo había atrapado sin darse cuenta que el dueño de dicho cuerpo lo observaba. De pronto, sus piernas fueron separadas y buscó la mirada del azabache ante el miedo que lo invadió. En los ojos de Levi había una llama que estaba dispuesta a consumirlo junto a él y, a su vez, hallaba la seguridad de que nadie ni nada podría hacerle daño a su lado.

Con una sonrisa en sus labios, Eren estiró sus brazos al llamarlo. Levi creyó escuchar al menor pronunciar su nombre, pero sus sentidos fueron nublados al preocuparse de poner su miembro en la entrada del menor. El primer roce fue tan enloquecedor que su mente ignoró la poca razón que tenía e ingresó de un empujón, haciendo salir del menor un grito ahogado al abrazarse a su cuello. El interior de Eren continuaba estrecho, pero eso no impidió que Levi se moviera en un vaivén que era difícil de controlar. Era cálido, húmedo y que las paredes internas del castaño comprimieran su miembro lo volvía loco. Pero no quería que fuera así. Eren gemía más de lo que respiraba, su cuerpo era llevado al límite por su deseo y Levi no podía detenerse. "No debe ser así", se repetía al intentar buscar cordura y control sobre su cuerpo. Sólo su mano fue capaz de moverse a buscar la del menor y apretarla tan fuerte como éste lo hizo con la suya.

-Eren-susurró, exaltado, al acercar sus labios al oído del menor.

Quería parar. Tenía que hacerlo. No tenía que ser la bestia lujuriosa que era ahora, tenía que cuidarlo; ser gentil.

-Eren, debemos parar-dijo con su voz agitada, sin detenerse pese a la intención de sus palabras.

-N-no, ¡ah!-gritó, aferrándose tanto como pudo al cuello de Levi.

Necesitaba ver el rostro de Eren, necesitaba ver sus ojos, saber qué había en ellos. ¿Estaría llorando? No se perdonaría si lo había hecho llorar por su bestial comportamiento. Y aunque intentó verlo, el menor insistía en aferrarse a su cuello.

-Te amo. Te am-ngh-gemía el menor.

Quería responder, pero su cuerpo no le obedecía. Su mano era oprimida cada vez más por la de Eren y sin darse cuenta, con la otra buscaba el cuerpo bajo el suyo mediante caricias. Era imposible detenerse, sólo Eren podía hacerlo y de pronto, éste se estremeció, enterrando las uñas en la mano del azabache junto a un fuerte grito. La zona íntima del menor bajo su pelvis se sentía húmeda; Eren había terminado y tras ello, su interior comprimió más al azabache, llevándolo a terminar con las últimas estocadas.

Su cuerpo cayó sobre el menor, sintiendo cómo sus pechos se inflaban para recuperar el aire. Todo el tiempo de abstinencia había vuelto a sus cuerpos sensibles y ambos acabaron en un corto tiempo. Levi lo agradecía, de lo contrario, aún estaría fuera de control.

-Te dije que debíamos parar, idiota-dijo entre cortadas respiraciones.

-Lo sé…-respondió agitado.

-Lo siento-se enderezó apoyándose sobre sus brazos. Desde allí podía ver a Eren con su rostro como un tomate y sudado-. ¿Cómo te sientes?-preguntó preocupado.

-Bien…-respondió en un suspiro.

-Debiste detenerme, ¿no dijiste que lo harías?-frunció la mirada, estaba molesto, pero no con él, sino con su persona.

-Me dijiste si te comportabas como una bestia. No vi ninguna.

-Imbécil-dijo al dejar caer su cuerpo, otra vez.

-Levi-llamó con timidez.

-¿Uhm?

-Otra vez…

-¿Qué?-giró su rostro para encontrarse con el del castaño.

-Otra vez…por favor-rogó al rostro a pocos centímetros del suyo.

-No. Mirate, fue suficiente-se negó.

-Una vez más, tú me vas a cuidar, ¿no?-insistió.

Estuvo a punto de decir que no, pero, con los ojos de Eren tan cerca fue imposible negarse. Además, no había sido suficiente, y luego de haberlo tocado después de tanto tiempo, podría tener más control sobre sí. No podía evitar sentirse una bestia, pero tampoco podía apagar el deseo de ambos.

-Sólo una vez más-aceptó, besando sus labios antes de ir por su pantalón y buscar en los bolsillos.

-Eso es…-dijo, tras notar el condón que sacaba del bolsillo de su pantalón. No se había dado cuenta que también había usado uno en el acto- Nunca lo hacemos, ¿por qué traes eso contigo?

-Supuse que pronto ocurriría-respondió.

-Sabías que lo haríamos hoy…-dijo el menor, frunciendo el ceño y sonrojándose más de lo que estaba.

-Sí-confesó, besando nuevamente los labios del menor.

-o-

La luz del sol aún no llegaba cuando Levi despertó. Pese a la oscuridad, se escuchaba el cantar de algunos pájaros que ya empezaban el nuevo día. La temperatura de la habitación era baja, pero sus cuerpos desnudos se abrazados bajo el cobertor se mantenían a salvo del exterior. Eren continuaba durmiendo como si nada pudiese despertarlo, entre sus brazos, con ese gracioso rostro que el paso del tiempo no cambió. Era de esperar que estuviera tan cansado, lo hicieron dos veces y luego de ello ambos cayeron rendidos en un abrazo. Incluso olvidaron la cena de Eren.

Había pasado tanto tiempo desde la última vez que durmieron de esa forma que deseaba quedarse allí todo el día. Sin embargo, debía prepararle algo para comer y sería mejor hacerlo antes de que llegara Mikasa. Los brazos de Eren estaban enrollados a su cuerpo y cuando Levi quiso abandonar la cama, éste despertó.

-¿Levi?-balbuceó, abriendo sus ojos con dificultad.

-Descansa-susurró.

-¿Dónde vas?

-Iré a buscar algo para que comas, volveré enseguida-dijo, saliendo de la cama y acobijando al menor.

-Te amo-dijo, dejándose llevar por el sueño.

-Te amo más, mocoso-tomó el rostro del castaño y besó su frente.

Alejándose del menor, Levi se puso su ropa para ir a preparar el desayuno. La hora de su teléfono le decía que eran las 5:58, debía ser el único en pie. Quería volver con el desayuno antes de que amaneciera y así, estar en el calor de sus brazos.

Sin embargo, al regresar, ese placer no duró mucho. Mikasa llegó temprano y ambos tuvieron que fingir que nada más que una reconciliación había ocurrido. No ocurrió lo mismo con Farlan que, pese a no haber hecho comentario alguno, tenía todo escrito en su rostro. No obstante, el chico tenía cosas más importantes de las cuales preocuparse. Hoy sería el día en el que incinerarían el cuerpo de Isabel.

Tanto Levi como Farlan habían decidido que lo mejor sería quemar su cuerpo sin ninguna ceremonia de por medio. Isabel no tenía padres ni hermanos, no conocía a nadie más que ellos y detestaba las ceremonias tristes. Ambos recordaban lo mucho que se quejaba de los funerales, probablemente guardaba malas experiencias con ello, no lo sabían, ella nunca quiso hablar sobre su vida antes de conocerlos. Y aunque Isabel no pertenecía al país, Hanji se encargó de contactar a la embajada para cremar el cuerpo y también conseguir una extensión de la estadía de Farlan; Levi aún no lo creía capaz de hacerse cargo de la bebé ni de sí mismo.

Eren no se enteró de todo esto hasta horas antes de que el cuerpo de Isabel llegara al crematorio. El desconcierto sobre el rostro del menor fue tal, que Levi se opuso a llevarlo consigo. Isabel y Eren tuvieron tanto en común, que las pocas veces que hablaban era como si se conocieran de toda la vida. No quería arriesgarlo a que se sometiera a una carga emocional que lo perjudicara. Pero Eren era testarudo, peor que Isabel, y aunque recibió un no por respuesta, cuando llegó la hora de ir al crematorio, el castaño subió por su propia cuenta al coche.

La imaginación de Eren había creado un lugar completamente diferente al cual llegaron. En lugar de oscuridad y frialdad, se encontró con una construcción de paredes circulares rodeada por un jardín. Al rodearla veían varias habitaciones de las cuales muchas mantenían las puertas cerradas o si se encontraba abierta, había gente. Salvo una. Casi dando la vuelta por segunda vez, había una puerta abierta por la cual ingresó Farlan. Mikasa recibió a la niña de parte del chico y detuvo a su hermano a su lado. Ninguno de los dos entró, en cambio, Levi avanzó junto a su amigo hasta a un ataúd en medio de flores que adornaban la habitación. La mirada de Eren se mantuvo quieta sobre el ataúd. Las flores, Levi, Farlan e incluso su hermana habían desaparecido, sólo él y esa caja donde estaba Isabel. Y a la vez no. De pronto, escuchó un sollozo. Se trataba de Farlan, que abría la parte superior de la tapa y pasaba su mano por sus cabellos a la vez que sus lágrimas escapaban de sus ojos. El chico se apoyó sobre el cristal, acariciándolo como si así, sus caricias fuesen capaz de traspasarlo y llegar hasta su amada. Sus labios se movían ante lo que parecían ser susurros que Eren no alcanzaba atender y al buscar a Levi, lo encontró distante del ataúd. La postura del azabache era firme y con un rostro tan duro como una roca. Pero no era así, y desafiando a su hermana, el menor fue en busca del azabache. Llegando a su lado, tomó su mano y éste respondió al entrelazar sus dedos. Ninguno se miró. Farlan seguía llorando y susurrando sus sentimientos, parecía que jamás podría olvidar ese sufrimiento. ¿Cómo hacerlo? Si alguno de sus seres queridos moría, él tampoco podría olvidarlo. Fue entonces, cuando sus ojos se dirigieron a Levi y se preguntó si él también lloraría de esa forma cuando él muriera. Pensar en la muerte la aterraba, pero era peor el imaginarse a Levi después. Jamás se dejó ver llorar, nunca lloraba, ¿lo haría entonces? No quería que lo hiciera. ¿Qué haría Levi cuando él no estuviera? ¿Podría olvidarlo? ¿Quería ser olvidado?

-Eren-escuchó a Levi susurrar su nombre e ir con sus dedos hasta sus mejillas-, estás llorando.

-¿Uhm?-llevó sus dedos hasta sus mejillas. Estaban húmedas- Lo siento-se disculpó, limpiando sus lágrimas.

Sin darse cuenta había empezado a llorar. Pese a que insistió por limpiar sus lágrimas, Levi lo hizo en su lugar. No debía ser él quien llorara, pensó el menor luego de que el azabache limpiara sus lágrimas. ¿Por qué lo había hecho? Tal vez por la misma razón que Farlan, o, tal vez por imaginarse al interior de ese ataúd.

Levi soltó de su mano y se acercó a Farlan, quien parecía no resistir el peso de su tristeza.

-Necesito salir de aquí un momento-dijo, alejándose del lugar tan rápido como pudo.

Su hermana lo dejó pasar y se quedó en su lugar. No iba a entrar. Levi se encontraba junto al ataúd, observando a través del vidrio en silencio y sin perder la compostura. Eren dudó antes de acercarse y cuando lo hizo, no pudo evitar ver al interior. Una corriente fría recorrió su espalda, dejándolo inmóvil y sin palabras. No fue hasta que la vio allí, bella y pálida, que aceptó que ella no volvería. No podía entender cómo hacía Levi para no llorar, él ya lo hacía por segunda vez, pero de seguro el peor llanto de todos era el del alma, ese era Levi.

-¿Crees fue la mejor decisión quemar su cuerpo?-preguntó Levi, sin dejar que su mirada abandonara a Isabel.

Eren se mantuvo callado. No sabía la respuesta.

-Creí que era lo mejor. Farlan también estuvo de acuerdo, a ella no le gustaban estas cosas-dijo.

-Después de eso, ¿qué sucederá?-preguntó el menor, girando su rostro hacia el azabache.

-Nos entregaran sus cenizas. Tal vez no sea lo correcto, pero ya está decidido.

-Tal vez… Estar en una caja debe ser horrible. Es como si todos se prepararan para encerrarte en una prisión para siempre, tal vez por eso no le gustaba…

-¿Eso crees?-preguntó al esbozar una sonrisa.

-S-sólo era una idea…-susurró, avergonzado por la sonrisa de Levi ante sus palabras.

-Tal vez estés en lo cierto-pasó su mano por el vidrio- Donde sea que estés, espero que tengas suficiente comida para saciar esa monstruosa hambre tuya-dijo, dejando que el silencio expresara sus sentimientos-. Adios, Hermana.

Sin vacilar, Levi apartó su mano del vidrio y se alejó de allí. Antes de abandonar la habitación, volteó al ver que Eren seguía junto al ataúd mientras susurraba cosas que no pudo escuchar.

-Eren-lo llamó.

Al escuchar su nombre, los labios del castaño se movieron por última vez antes de seguir a Levi.

Luego de unos minutos, unas personas vinieron a llevarse el ataúd a través de una puerta al fondo de la habitación donde se encontraban. Allí estaban los hornos del crematorio. Uno de los funcionarios le ofreció a Farlan ingresar, ante lo cual aceptó. A Levi no le agradó la idea, pero no pudo hacer nada para detenerlo. Sin lágrimas en su rostro, Farlan ingresó junto al cuerpo de Isabel a la sala de atrás.

Luego de un rato regresó, esta vez con una pequeña vasija de porcelana verde con petalos rojos, entre sus manos. Ninguno supo con certeza qué pasó en esa sala, pero fuera lo que fuera, había revivido a Farlan y, ahora, podía cargar con el cuerpo de Isabel entre sus manos.

-o-

Al regresar a casa, Mikasa ofreció dejar las cenizas de Isabel en la sala de estar. Farlan aún no se marcharía del país y mientras tanto, quería hacerla parte del hogar. Había veces donde a Levi le sorprendía la bondad de la chica, era difícil de creer que de una persona tan desagradable vinieran actitudes como esas. Sin embargo, la oferta de la chica no convencía a Farlan. Mucho menos a Levi.

-Deja que se quede aquí por hoy. Mañana iremos a dejarla al océano-propuso Levi.

-¿Qué?-preguntó Farlan, indignado.

-Isabel no era la clase de persona que le gustaría estar en una vasija. Si la posibilidad de volar existiera, ella habría sido una de las primeras en aprender a hacerlo. ¿No crees que convertirse en brisa marina le hubiera encantado?-explicó Levi, no obstante, Farlan no estaba seguro de querer eso- Ella siempre estará con nosotros aunque su cuerpo no esté. Puedes decidirlo después.

-No. Hagámoslo-dijo, seguro, aunque con tristeza en sus ojos.

-De acuerdo. Si te arrepientes, puedes venir de todos modos. Debo volver al hospital pronto y llevaré a Eren a ver el océano antes de que eso ocurra.

-¿Qué…?-preguntó Eren, ahogado por lo que acababa de escuchar.

-No-se opuso Mikasa de inmediato.

-Mañana llevaré a Eren a ver el océano-repitió con autoridad.

-Mikasa, por favor-rogó el menor, tomando a su hermana por los hombros-. Por favor.

-No. Eren, no puedes, debes permanecer cerca del hospital-sostuvo con firmeza.

-El lugar más cerca está a dos horas en coche, es bastante cerca-agregó Levi.

-No. No es seguro.

-¡Mikasa!-gritó el menor.

-No irás.

-Si iré-contradijo el menor.

-Eren, si desobedeces…-dijo con un tono amenazante.

-¿Qué? ¿Qué harás si no te hago caso?-desafió el castaño- No importa lo que hagas, iré-dijo decidido, yendo a su cuarto antes de escuchar más de su hermana.

Mikasa se mantuvo frustrada en su posición, viendo marchar a su hermano que no cedió ante nada. Eren iría sin importar los obstáculos, y la culpa de ello era de una sola persona. Con su mirada llena de odio, lo acusó del comportamiento del castaño y en respuesta, Levi la miró con indiferencia.

-¿Hasta cuándo quieres retener a Eren en esta casa? No necesito tu permiso para llevarlo, pero a él si le importa lo que pienses.

-Todo esto es tu culpa-dijo con desdén.

-Oigan…-quiso intervenir Farlan al ver el rumbo de la discusión.

-Si Eren continua con este estilo de vida tan miserable, no será su enfermedad la que acabe con él. No dejaré que ninguna de las dos ocurra-dijo, cortando el contacto de sus miradas.

-Lo estás arriesgando, enano-se apresuró a decir antes de que Levi se marchara.

-Conozco los riesgos. Será mejor que lo ayudes a vivir en lugar de prohibírselo, desafortunadamente para él es importante lo que una mocosa como tú piense-finalizó.

Fue lo último que dijeron. Levi no se preocupó de ver cómo fueron recibidas sus últimas palabras y Mikasa no hizo algún comentario respecto al tema por el resto del día.

Llegada la hora de la hora de la cena, todos pasaron a la mesa en absoluto silencio. El ambiente se sentía denso y lo único que irrumpió el silencio fue el llanto de Alice desde uno de los cuartos de la casa. Cuando Farlan fue en busca de la pequeña, el ambiente se sintió peor. Y quién acabó con ello fue una sorpresa, ya que no fue nada menos que Mikasa diciendo que se quería unir al viaje. Levi no se sorprendió como sí lo hizo Eren, quien con una sonrisa en su rostro le agradeció a su hermana desde el fondo de su corazón. Después de tanto tiempo añorando con conocer el mar, por fin se encontraba a horas de hacerlo.

Eren no tuvo la oportunidad de hablar a solas con Levi. Quería preguntarle tantas cosas, él siempre se negó a llevarlo más allá de los límites de la ciudad y, de pronto, él mismo daba la idea aun en contra de los deseos de Mikasa. ¿Cuál era la razón? No lo sabía, pero estaba demasiado feliz como para concentrarse en buscarla. Llegada la hora de dormir, lo único que hizo Levi fue darle las buenas noches y dejarle en claro que debía dormir bien. Pero era imposible, la emoción y su imaginación no le dejaron dormir hasta pasada las tres de la madrugada y a la mañana siguiente, sus ojeras lo delataron.

-Creí haberte dicho que durmieras bien-dijo Levi, molesto y de brazos cruzados frente a la cama del menor.

-De verdad lo quise hacer…-se defendió el menor, quien se refregaba los ojos, sentado sobre su lecho.

-Sigues siendo un mocoso-dijo al acercarse al menor-. ¿Debí haber venido a cuidarte?-preguntó, deslizando su mano por la mejilla del castaño y acercando sus rostros.

-M-Mikasa se hubiera enfadado…-dijo, avergonzado.

-Tch, pensar que esa mocosa impertinente irá con nosotros me dan nauseas-dijo en disgusto.

-Lo siento… Pero, estoy feliz de ir con todos ustedes. Siempre quise ir con mi familia-dijo con una sonrisa.

Familia. Siempre fue indiferente a esa palabra y Eren era capaz de hacer que cobrara tanta importancia. ¿Cómo decir que no a esa expresión? Levi perdía toda autoridad frente a expresiones como esas y no se resistió a besar al castaño. Quería verlo sonreír así por siempre.

-Vístete y ve a desayunar. Nos iremos pronto-dijo tras separar sus labios.

-¡Sí!-acató con una sonrisa.

Tras revolver los cabellos del castaño, Levi abandonó el cuarto del castaño. En el pasillo lo esperaba Mikasa, que de brazos cruzados parecía haber estado contando los segundos en los que el azabache estuvo en la habitación de su hermano. Haciendo como si ella no estuviera allí, continuó su camino.

-¿Cómo está Eren?-detuvo al azabache mediante una pregunta.

-Ansioso-respondió, como si supiera exactamente a lo que se refería la chica.

-Ya veo-dijo pensativa-. Yo también, no dejaré que nada acabe con Eren-confesó, adelantando el camino del azabache.

Sus palabras habían hecho más que sólo conseguir que aceptara el viaje. Ahora, ambos parecían compartir el mismo deseo. Era algo tan inusual que por unos instantes creyó que era un mal presagio y, como si sus pensamientos fueran una cruel premonición, la piel de ambos se erizó cuando escucharon el sonido de objetos caer y romperse contra el suelo. La reacción fue inmediata, el alboroto provenía de la habitación de Eren y tanto Levi como Mikasa corrieron hasta el lugar.

Cuando la manilla de la puerta estuvo en las manos del azabache, éste rogó con todas sus fuerzas que sólo fuera un derrumbe dentro del alborotado de ese lugar. Sin embargo, al abrirla, lo que sus ojos encontraron fue al menor tumbado en el suelo.

-¡Eren!-gritó su nombre, llegando a su lado de un salto.

-¡No vengas!-gritó más fuerte. Su voz estaba a punto de romperse.

Eren buscaba levantarse con la ayuda de sus brazos y al observarlo mejor, notó que el pantalón de pijama del menor se encontraba mojado al igual que el suelo. Una daga fría recorrió la espalda del azabache, mientras analizaba mejor la situación; las piernas de Eren no se movían y no había podido retener la orina en su vejiga.

-¡Eren! ¿¡Qué te sucede!?-preguntó Mikasa, quien ya se encontraba de rodillas junto a Eren.

-Debemos llevarte al hospital-dijo urgido, mientras se acercaba a recoger al castaño del suelo.

-¡No me toques!-le impidió acercarse mediante un grito. Su rostro estaba lleno de lágrimas y pese a que intentó retener los sollozos, estos se liberaron como una bomba- ¡No te acerques! ¡Vete!

Levi no insistió. Eren no lo quería a su lado en estos momentos y él no tenía tiempo que perder en discutir sobre ese rechazo.

-Llevalo al coche. ¡Ahora!-le ordenó a Mikasa con brusquedad.

Dada la orden, lo único que pudo hacer fue ir corriendo en busca del coche. Su corazón estaba a punto de salir disparado de su pecho, mientras que en su cabeza sólo podía a ver a Eren tumbado en el suelo y sin posibilidades de moverse por su propia cuenta.

Continuará…

Holo! Les traigo la conti fantasma de este fic :3 okno, debería dejar de tener contis fantasmas y ponerme a trabajar más. Sé que lo digo en casi todas las actualizaciones, pero les pido perdón una vez más por tardar tanto y les agradezco a quienes tienen paciencia i-i Además traigo un capítulo con un final de hfjekdahfjklad (inserte insultos a su gusto c: ) Y bueno… se viene el final, no en el próximo pero no queda nada. En el capítulo anterior agregué a Jean y muchos podrán estar diciendo: ¿agregaste a Jean así y nada más? No, en el próximo capítulo volverá a aparecer ewe. Muchos me han dicho que si este fic terminará en tragedia y para la tranquilidad de todos, no. No sé en qué momento se puso como tragedia en la descripción del fic pero no será así (eso no significa que termine con mariposas y pajaritos cantando ewe). Espero que esa categoría haya desaparecido de lo contrario díganme.

Respondo Reviews:

Gateway to infinite: No diré más que esto no es tragedia :c (lo que no significa que acabe feliz) Si no tienes dinero para pañuelos, prepara cualquier cosa porque será necesario u.u Cuídate mucho y gracias por leer, espero te haya gustado el cap :3 Nos leemos 3

Nana: D: a veces reviso y corrijo tan rápido el cap que no me doy cuenta, lo siento. Revisaré mejor y buscaré los errores en los caps anteriores, gracias por hacérmelo saber y me alegro que te haya gustado el cap :3 Cuídate mucho y nos leemos 3

Yenacker: Levi con sus arranques siempre lo lastima u.u Lamento por tardar en actualizar, muchas gracias por leer y espero te haya gustado el cap, cuídate mucho y nos leemos 3

Genevieve Phantomhive: Muchas gracias linda 3 me alegro mucho de que te gusten 3 i_i Pese a que Farlan aún se encuentre con la herida viva sobre la muerte de Isabel, será un gran padre *-* Y sí, a veces momentos de quiebre como el de Levi y Eren son necesario para solucionar las cosas : ) Jean no volvió aparecer en este cap, pero en el otro sí lo hará, si bien queda poco del fic, Jean será un personaje con un papel importante :3 Espero que te haya gustado el cap de hoy, muchas gracias por esperar mis actualizaciones fantasmas i-i Cuídate mucho y nos leemos 3 Éxito en todo!

Gatita pantheraoncafelina: Levi nunca dejará ese lado tan agresivo que tiene, pero el hecho de que se esfuerce por controlarla para no hacerle daño a Eren y que éste sepa amarlo como es :3 Somos humanos, así como Farlan, Levi, Eren, Mikasa y todos, no son perfectos y nos muestran lo irracionales que pueden ser la emociones. Y bueno, Eren creció sólo de porte XD pero también ha cambiado un poco en cuando a cómo ve las cosas ahora, pero la esencia de niño se conserva :3 Y tal vez si Isabel lo hubiera adelantado y se hubiera dejado controlar habría tenido otros resultados….pero estaba tan convencida que le quitarían a su bebé que no quiso. Maldita bida~~ Espero te haya gustado el cap, cuídate mucho y nos leemos 3

Fujimy: No…la maté T-T Y sí, situaciones así son necesarias para despejar la mente y solucionar muchas cosas. Levi es todo un caso, pero aunque tenga esa forma de ser tan bruta e irracional, se preocupa de controlarse por Eren y que éste a su vez sepa amarlo así, es lo que los mantiene unidos pese a todo:3 En cuanto a Alice, su padre está destruido pero al menos aceptó quedarse con ella c: Y Jean apareció en el cap anterior… y en el próximo volverá a aparecer. Queda poco para que termine el fic, pero será un personaje importante c: Ahora cadena de oración para Eren u.u Espero te haya gustado el cap, lo siento mucho por tardar décadas T-T cuídate mucho y nos leemos 3!

Yayoi Heichou: Insisto, no sueltes los pañuelos o lo que sea que tengas contigo ewe No diré nada más que esto no terminará en tragedia (lo que no signifique que termine con rosas) Pero bue…ewe Espero te haya gustado el cap (aunque haya tenido un final de hdfjkshfjkdshkl) Cuídate mucho y nos leemos :3 3

Kokoa Kirkland: sí…no sueltes los pañuelos o cualquier cosa que cumpla la misma función u.u Cuídate y nos leemos 3 :3

Mumi nee: El caballo /*-*/ No apareció en este cap, pero en el otro sí! Y mejor no te digo nada con el cuerpo de Eren…(el final ya dijo todo) Lo siento mucho por tardar en actualizar, espero te haya gustado el cap aunque te haya hecho sufrir otra vez :c Cuídate mucho y nos leemos 3

Muchas gracias a todos los que leen, siguen y tienen paciencia con el fic. Una vez más les pido perdón por tardar tanto. Muchas gracias por sus reviews, cualquier cosa pueden decírmela.

Cuídense mucho y que tengan un lindo día/noche/madrugada! 3

Nos leemos~