Capítulo 28
Los reiterados pasos que iban de un lado a otro empezaban a convertirse en una bomba de tiempo. Cada uno de ellos acercaba más y más al azabache al límite de su paciencia. Levi estuvo a punto de perder el control en varias oportunidades y gritarle de una buena vez a Mikasa que dejara de moverse tanto por la sala de espera del hospital. Pero se contuvo, lo último que necesitaba era que le escucharan del otro lado del teléfono que ocupaba la chica.
-Hannes viajará hoy. Armin también-le informó Mikasa, guardando el portátil.
-Bien-se limitó en responder, Levi.
No era un consuelo, no para el azabache. Llevaban más de cuatro horas sin saber absolutamente nada, esperando, con su cabeza creando distintos escenarios de los cuales uno era más terrible que el otro. ¿Cuánto más? La pregunta se resolvió con la aparición de Heather, que con su presencia levantó de sus asientos a Levi y Mikasa.
-¿Dónde está?-preguntó en seguida.
-¿Cómo está Eren?-continuó Mikasa.
-Tranquilos. Eren está en su habitación-dijo con el fin de calmarlos, pero en los rostros de sus oyentes no hubo cambio alguno-. En estos momentos Eren se encuentra estable, le hicimos varios exámenes y…
-Eren no podía mover sus piernas, ¿qué ocurrió con ellas?
Los labios de Heather se movieron de manera sutil, lo suficiente como para que Levi captara la continuación.
-Hicimos un escáner. Hubo una falla en el sistema nervioso que comprometió los músculos de ambas piernas y aunque su cuerpo nos sorprendió al recuperar sus estándares normales una vez más, dejó secuelas. Eren tiene una parálisis parcial de sus piernas, con un buen tratamiento, es probable que recupere gran parte de la movilidad. Aún tenemos que…
-¿Gran parte?-interrumpió Mikasa, consternada.
-Es muy difícil que recupere el cien por ciento de la movilidad, sobre todo en el caso de Eren.
-¿Qué ocurrió con el suero?-preguntó Levi.
-No fue suficiente o no fue como esperábamos. Es muy pronto para saberlo-dijo decepcionada.
"No fue suficiente", para Levi eso sólo era una forma mediocre de cubrir una derrota.
-Entonces, todo el trabajo de estos años ha sido en vano. Empezamos desde cero-dijo con frialdad.
-Yo no diría que fue en vano-corrigió Heather, agravada.
-¿Dónde está él?-preguntó una vez más.
-Habitación 408. Eren no está bien. Ninguno de nosotros lo está. Como tú dices, debemos empezar desde cero y es difícil para ustedes verlo en ese estado, pero necesita su apoyo. Él más que nadie lo necesita. Ahora.
Cuando Heather terminó de hablar, Levi se dirigió hacia las escaleras sin responderle. Odiaba utilizar los ascensores, necesitaba moverse, sentir que sus piernas lo conducían a su destino. De dos en dos subió los escalones hasta llegar al cuarto piso, seguido de la pelinegra que no se quedó atrás. Su mente estaba en blanco, sólo tenía grabado el número 408 al cual se dirigía y cuando estuvieron a unos pasos, Mikasa se adelantó corriendo e ingresó. El corazón del azabache se aceleró de repente y tras inhalar una gran cantidad de aire, entró.
Eren tenía su mirada puesta sobre la ventana y no se inmutó con su llegada. Por más que su hermana haya corrido hacía él y sostuviera sus manos al hablarle con su voz amenazando en romper en llanto, el castaño no le prestaba atención. Parecía que su alma escapaba a través de sus ojos y se perdía en el horizonte, pero cuando Levi interceptó su mirada, el castaño bajó el rostro con dolor.
-Lo sabías-dijo Levi.
Eren escondió su rostro, negándose a responder. Levi frunció el ceño y sintió como la sangre hirviendo le subía a la cabeza. Mentía. Le estaba mintiendo y no era la primera vez.
-Estas cosas no ocurren sin ninguna señal, sabías que todo esto estaba pasando y te quedaste callado-continuó Levi. Eren continuaba en silencio y Mikasa lo observaba con intenciones de asesinarlo que poco le importaba-. ¡No te quedes en silencio ahora, bastardo!
-¿Qué quieres?-respondió con frialdad.
-Lo supiste todo este maldito tiempo, ¿no ibas a confiar en mí? ¿Te gusta engañar a la gente?
-No te engañé-se defendió Eren.
-Lo hiciste. Hicimos un trato-gruñó Levi.
-Déjalo en paz, enano asqueroso-se interpuso Mikasa.
-¡Si te hubiera dicho, tú y todos me encerrarían en mi cuarto! ¡Estoy cansado de que me traten de esa forma!-gritó Eren, poniendo su mirada sobre sobre el azabache.
-¡Por esa estúpida mentalidad es que ahora estás en esta mierda!-gritó lleno de ira.
-¡Lo sé! Y lo haría otra vez con tal de que me trataran como a un humano-dijo con sus ojos llenos de lágrimas.
-Estoy cansado de tus mentiras y pataletas de mocoso-bramó.
-¡Yo estoy cansado de ustedes! Prefiero estar muerto antes de volverme prisionero otra vez -dijo entre lágrimas.
-¡Entonces, muérete pronto!
Ambos se quedaron en silencio. Eren con su rostro abatido por las palabras de Levi y éste último que tomaba consciencia de lo que acababa de decir.
-Levi-llamaron. Heather entraba a la habitación y lo tomaba por el hombro-. Sal y cálmate.
Eren no despegaba sus grandes y expresivos ojos de él. El dolor que había causado en el castaño era evidente y eso lo irritaba aún más. Dando media vuelta salió de la habitación y empujó la puerta con prepotencia.
Su cuerpo se movía a través de los pasillos como si fuera a romper lo que se cruzara por su camino. Su
cabeza era un completo caos. De camino se encontró con la cafetería y compró unos cigarrillos y un encendedor. La última vez que había probado uno fue durante el primer año de universidad en estados unidos; en la recaída de Eren. Desde entonces se había jurado no volver a romper la promesa que le hizo al menor respecto al tabaco. Poco importaba ahora. Su cuerpo se lo pedía a gritos y las promesas carecían de valor.
Con la cajetilla en mano, subió a la azotea del hospital y se apoyó en la barandilla. Aún era temprano y había un sol tan brillante que llegaba a ser molesto. Levi lo maldijo. Maldijo los árboles, el viento, el cielo y a sí mismo. Desde su último control médico algo había cambiado en Eren, su instinto se lo decía, pero decidió confiar-grave error-, en una promesa que no resultó ser más que una mentira. El Eren que él conocía era incapaz de mentirle, no sabía hacerlo, pero aprendió y por su culpa debían empezar desde cero. Por su culpa estaban en el hospital en lugar de la playa. Por su culpa él había dicho esas palabras. Por su culpa él estaba hecho un desastre. Si Dios existía, debía ser el peor ser de todos, no le bastó con arrebatarle a Isabel, ahora también jugaba con Eren. También era su culpa. Y mientras buscaba a los culpables, la cajetilla en sus manos se deformaba producto de la fuerza que ejercía en ella. Sin pensarlo dos veces, sacó un cigarrillo y lo encendió en sus labios. El humo resultó ser asfixiante al principio, después recordó lo reconfortante que era y fumó como si eso se fuese a llevar el nudo en su garganta.
Al cabo de un rato había más malos pensamientos que cigarrillos. El suelo a su alrededor estaba lleno de colillas consumidas por la rabia, desconocía el tiempo que había transcurrido, pero no era suficiente. Nunca lo sería.
-Doctor, fumar es malo para los pulmones-dijo una voz femenina a sus espaldas.
Creyendo que se trataba de alguna funcionaria del hospital, volteó de mala gana con un cigarrillo a medio terminar en sus labios, encontrando a una persona ajena al recinto. Sus ojos enfocaron mejor para verificar que no estaba equivocado y que esa persona en realidad estaba allí. Podía reconocer esa estúpida sonrisa en cualquier parte.
-Sí, soy yo-confirmó, moviendo su mano al ver que el azabache no se lo creía-. ¡Ha pasado mucho tiempo!-gritó, abalanzándose para abrazarlo- Los años no te hicieron más grande.
-¿Qué demonios?-la hizo a un lado de un empujón- ¿Qué haces aquí? Mejor dicho, ¿cómo es que estás aquí, cuatro ojos?-preguntó confundido.
-Vine de visita-dijo con una sonrisa de oreja a oreja-. La última vez que hablamos me dejaste preocupada por lo de Isabel, así que decidí visitarlos y conocer a tu sobrina. Pero, al parecer llego en un mal momento-se apoyó en la barandilla a un costado de Levi-. Fui a la casa donde vives con Eren, y Farlan me contó lo que ocurrió y en el hospital me dijeron que te encontraría aquí-finalizó.
-¿Quién?
-¿Heather? Creo que ese era su nombre.
Levi se mantuvo en silencio.
-¿Cómo haces para llegar en momentos como este? ¿Además de meterte en la vida de los demás, también se te da bien predecir el futuro?-dijo de manera ofensiva.
-Digamos que siempre estoy en el lugar indicado-sonrió-. Y bien, ¿qué haces aquí mientras ese niño está solo en esa habitación?
-Tch, está con su hermana y Heather-respondió de mala gana.
-Ellas me guiaron hasta las escaleras y luego fueron por algo a la cafetería, está solo-repitió, sonando más persuasiva esta vez-. ¿No habías dejado de fumar?
-Eso no te importa-evadió tajante.
-Uhm…-Hanji se quedó observando el paisaje.
El silencio de la castaña le daba a entender a Levi que ella estaba enterada de todo. Nada se escapaba de ella, era como una aspiradora de información. Si no había sido Heather o Mikasa quienes le contaron los detalles, ella ya lo habría adivinado por su cuenta. Era algo que Levi detestaba, jamás pudo ocultarle nada.
-¿Piensas quedarte todo el día aquí?-preguntó el azabache, de mala gana al ver que ella no se iba.
-Claro que no, ¿tú sí?-Levi no respondió- Deberías dejar de ser tan duro. Contigo. Con Eren.-le arrebató el cigarro de los labios y lo puso en los suyos.
-¿Qué crees que haces?
-Salvo tu vida. Si no vas tú donde Eren, iré yo y le mostraré esto-le enseñó la cajetilla que robó del bolsillo del azabache sin que éste se diera cuenta.
-¿Estás amenazándome?-gruñó Levi.
-Tómalo como un empujón. Eren se lo cree todo, será mejor que te apresures, soy bastante rápida-sonrió.
Hanji se veía decida en ir si es que él no lo hacía antes. Levi intentó recuperar la cajetilla, pero los años lo habían vuelto lento y la castaña frustró todos sus intentos. Tenía que admitirlo, sabía pelear y muy bien. Pero eso no le impidió a Levi darle una patada en el muslo antes de encaminarse molesto hacia las escaleras.
Mientras bajaba los escalones se preguntó por qué lo hacía. No debería importarle la amenaza de Hanji, que Eren se enterara que había roto la promesa no cambiaría nada. No tenía derecho a decirle nada, él era el culpable. Con cada centímetro que se acercaba a la habitación se convencía más y más, agravando el enojo y la frustración que había conseguido calmar un poco en la azotea. Era una mala idea ir, pero de todos modos terminó frente al cuarto de Eren. No lo quería ver llorar, era su culpa, no tenía derecho a llorar y Levi era consciente de que lo haría de todas formas. Pese a ello, su cuerpo decidió por su propia cuenta e ingreso en silencio.
Hanji tenía razón, en el interior no había nadie más que Eren que dormía de costado sobre su cama. Con cuidado de no hacer ruido, se acercó por el lado donde se hallaba el rostro del menor. Tenía una expresión de paz mientras dormía y no había rastros de que hubiese continuado llorando. Pero en su interior, Levi sabía que el menor debía estar sufriendo e imaginar en todos esos secretos ocultos, era desesperador. Los secretos lo habían traído aquí, Levi no cambiaba de parecer, pero ahora se sentaba sobre sus piernas para quedar a la altura del rostro del castaño, el mismo que lo había hecho enojar y el mismo que ahora era capaz de desvanecer toda esa ira. La respiración de Eren era suave y unos mechones tapaban su frente y parte de sus cejas. Levi llevó sus dedos con delicadeza hacia lo mechones y tras hacerlos a un lado, los parpados del menor se abrieron con reiterados parpadeos. Cuando éstos estuvieron completamente abiertos y el menor reconoció a quien lo había despertado se le quedó mirando en silencio.
Ninguno de los dos desvió la mirada y aunque hace unas horas atrás se hubiesen gritado de todo, esta vez no dijeron nada. Los dedos de Levi empezaron a jugar con los mechones de Eren en suaves caricias que se extendían por su frente y pasaban por sus cejas. El menor se quedó quieto, aceptando ser mimado y dejando que sus almas conversaran. La mano del castaño salió por debajo de las sábanas y fue hasta la mejilla de Levi, acariciándolo de igual manera que él lo hacía consigo. De pronto, Eren frunció la mirada y olfateó con fuerzas.
-¿Por qué huele a cigarrillo?-preguntó con recelo.
-¿Por qué preguntas?-intentó evadir la pregunta, pero al momento de hablar, su aliento habló por sí solo.
-¿Estabas fumando?-preguntó el menor un tanto molesto.
-Sí-admitió sin rodeos.
-Me prometiste que no lo harías nunca más-reprochó Eren.
-Tú me prometiste que no habría secretos-le recordó Levi, generando una expresión de dolor en el rostro del menor.
-Lo sé-admitió al bajar la mirada.
-Sobre el cigarrillo, no es la primera vez que la rompo-captó la atención del menor-. Cuando tuviste una recaída en el otro país y yo estaba en mi primer año de universidad aquí, también la rompí.
-¿Cuántas más?-peguntó el menor.
-Ninguna, salvo ahora. También te mentí, estamos empatados-buscó la mano del menor y la sostuvo en una de las suyas-. ¿Puedo volver a confiar en ti?
-Sí.
-¿No vas a mentirme otra vez?
-No lo haré… ¿Tú puedes tratarme como un ser humano?-preguntó con su mirada llorosa.
-Siempre lo he hecho.
-Eso no es verdad, hace mucho que no lo haces-dijo con tristeza-. ¿Puedes hacerlo?
-Lo intentaré-dijo, ganándose un suspiro de parte del menor-. Tus piernas, ¿qué tan mal están?-preguntó al llevar sus ojos al extremo bajo de la cama.
Eren mordió su labio y se quedó en silencio. Los ojos del castaño se negaban a ver sus piernas, no quería verlas, para él era mejor fingir que no existían.
-¿Eren?-insistió Levi.
-No se mueven…-dijo en un susurro- Me dijeron que podría moverlas si iba a terapia, pero… Ellos no lo entienden. No puedo moverlas, no puedo-repitió, aferrándose con desesperación a la mano del azabache.
Levi se sentó en la cabecera de la cama y con su otra mano se preocupó de acariciar los cabellos del castaño. No había nada que él pudiera decir para que todo estuviera mejor porque nada lo estaría hasta que pudieran detener la decadencia del cuerpo del castaño. El brillo de un pedazo de vidrio colgando del cuello de Eren le llamó la atención y al observar con mayor atención tomó forma de un pequeño frasco con arena de color. Había pasado tanto tiempo desde que le había obsequiado ese colgante que le tomó tiempo recordarlo.
-Aún conservas ese collar-dijo Levi, al observarlo.
-No solía usarlo mucho-respondió el menor al apretarlo con su puño-. Tenía miedo a que se rompiera, pero hoy era diferente. Quería ver si se parecía a la arena de la costa.
Un silencio incómodo se instaló entre ambos. Las palabras eran un arma de doble filo y Levi ya había utilizado suficiente de ese filo como para arriesgarse otra vez.
-Quería ir-confesó el menor, con desdicha-. Tal vez nunca sea capaz de ver el mar o muchas otras cosas, tal vez sea mi karma de alguna vida pasada, pero… No quiero morir.
-No lo harás-dijo al apretar su mano.
-Ya no podré caminar a tu lado, tampoco podremos hacer eso…-se lamentó, su voz estaba a punto de quebrarse y llevó al azabache a tumbarse al lado del castaño y pasar un brazo por encima de su cuerpo.
-No te cansas de decir estupideces-juntó sus frentes, Eren se encontraba al borde de las lágrimas.
-No son estupideces-defendió.
-Escúchame bien, no vas a morir-dijo, firme.
-¿Ya no crees que deba morir?-preguntó con su voz enmudecida por el llanto.
-Lo haces muy bien para no escucharme en otras situaciones, ¿no puedes hacerlo también en estas?
Eren negó con su cabeza.
-Era mentira-confesó Levi-. No dejaré que nada te ocurra.
-Lo siento, por mentir, por gritarte, por ser así, lo siento mucho-se disculpó entre lágrimas.
Eren giró en la cama y se dejó abrazar mientras dejaba escapar sus pesares por medio de sollozos y lágrimas que no tenían lugar al cual llegar. Las piernas de Eren se rozaban con las del azabache por sobre las sábanas de la camilla. Era difícil de aceptar que ya no se movían, pero más difícil debía serlo para el menor.
-Pronto empezarás con rehabilitación y encontraremos la forma para que vuelvas a caminar-dijo con el fin de calmarlo-. Cuando lo logres, iremos a la playa, iremos donde tú quieras te lo prometo.
-No podré volver a casa, tendré que quedarme en este lugar-se quejó, la promesa de Levi no consiguió calmarlo.
-¿Cuál es el problema? A partir de mañana volveré a trabajar en el hospital, tendremos más tiempo para vernos. Me quedaré contigo por las noches, no iré a ningún lado-prometió.
-Gracias-fue lo único que logró decir.
Conocía a Levi y sabía que, si él le prometía acompañarlo, lo haría. Tenerlo a su lado le ayudaba a cargar con momentos como estos, pero esta vez no fue igual. Su compañía incondicional no consiguió más que dejarle un amargo sabor que escondió bajo un "gracias". No lo entendía, quería sostener su mano y a su vez apartarla tan lejos para que no volviera.
-o-
Poco después de haber hecho las paces con Eren, Mikasa y Heather regresaron a la habitación. Su tutora puso una mirada de satisfacción al verlos juntos, en cambio la de la chica, estuvo a punto de degollarlo.
Como ya lo había hecho antes, Heather repitió los pasos a seguir ahora que Eren debería quedarse en el hospital. Todos se encontraban más calmados y la información fue mejor recibida por sus oyentes. Como era de suponer, el suero experimental debería ser descartado y reemplazado por uno nuevo que deberían crear con los antecedentes actuales. Ninguno olvidaba cómo fue el proceso de creación del antiguo suero, los riesgos a los cuales estuvo sometido Eren y las consecuencias de estos, se tendrían que repetir una vez más. Y paralelo a ello, Eren tendría que asistir a sesiones de rehabilitación que serían programadas a partir de mañana. Todo significaba un gasto energético y emocional que Heather no dejó de recalcar. Pero el castaño no daría el brazo a torcer, todavía había fuerza en su interior.
Tras haber escuchado a Heather, Levi regresó a la casa en busca de ropa para él, Eren y Mikasa. La chica se quedaría hasta la mañana siguiente donde debería ir a buscar a Hannes y Armin. En cuanto a él, retomaría su trabajo con un nuevo paciente.
Mientras buscaba las prendas y las metía en un bolso, Farlan lo seguía de cerca haciéndole toda clase de preguntas. Levi respondía y cuando tuvo todo en mano, se dirigió a la salida donde una sombra interfirió en su camino.
-¿Hanji también vino?-preguntó Farlan al verla en el marco de la puerta.
-Te dije que no tardaría en volver al coche, nos vamos-dijo Levi.
-Pensándolo mejor, pasaré la noche aquí. Quiero jugar más con esa pequeña criatura-decidió, moviendo los dedos de sus manos con excitación y asustando a Farlan.
-Como quieras, sólo no hagas nada extraño-le advirtió.
-Espera-lo detuvo, Hanji.
-¿Ahora qué?-preguntó molesto por la intervención de la castaña.
Los labios de la castaña se detuvieron antes de que las palabras pudieran salir. Sostuvieron miradas y por una milésima de segundos Levi vio una leve mueca que se transformó en una sonrisa.
-Cuida a Eren-dijo.
Hanji dejó el camino libre para Levi, quien no alargó la conversación.
-Levi-lo detuvo Farlan, antes de que se marchara- ¿Crees que mañana pueda ir a ver a Eren?- Llevaré a Alice conmigo-agregó.
-Sí, el mocoso estará feliz de ver a la pequeña patea traseros. Lo siento por dejarte a cargo de la casa justo ahora.
-Descuida, de este modo Alice no los molestará por la noche, créeme, no deja de llorar-dijo exhausto.
-¡Yo puedo ayudarte!-gritó Hanji.
-Prefiero que no…-respondió con recelo.
-Te encargo la casa. Nos vemos mañana y Hanji, no hagas nada estúpido-la amenazó antes de cruzar al exterior hacia su coche.
El sol empezaba a descender, pronto se ocultaría y el día habría terminado. A estas horas Eren estaría discutiendo por quedarse a ver la puesta de sol, y aunque Levi se hubiese negado una y otra vez, al final habría aceptado. Lo podía ver, la sonrisa de Eren tras aceptar quedarse un poco más, sus ojos siendo iluminados por la luz del atardecer mientras las olas intentaban alcanzar sus pies. Pero no había nada más que un bolso en el asiento de copiloto y las llaves que encendían el motor para regresar al hospital donde Eren se quedaría durante días, semanas y quién sabía cuánto más.
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Durante la noche, Mikasa ocupó el puesto junto al menor en la cama para dormir. Ambos estaban tan cansados que se entregaron a los brazos de morfeo. Levi por su parte se acomodó en un sillón acolchado ubicado en un rincón de la habitación para la larga noche en vela.
Heather le dio todos los papeles de su nuevo paciente y debía estudiarlos antes de que llegara el día. Era un joven de 21 años, tenía cáncer pulmonar y pronto empezaría su tercera quimioterapia. Cada vez que Levi veía gente joven con enfermedades catastróficas se convencía de lo cruel que era el mundo, sobre todo con un pronóstico deplorable como el que leía. Era demasiado joven, como Eren y al pensar en ello alzó su mirada para verle dormir pacíficamente con su hermana. Detestaba que esa chica estuviera compartiendo cama con él, ahora que dormía podría hacerla a un lado, pero Eren dormía afablemente y no quería despertarlo. Era un milagro que descansara después del día que tuvo y lo peor era que no sería el último. A partir de mañana todos tendrían que trabajar mucho más. Quedaba un largo camino por recorrer.
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La cama en la que despertó no era la suya. Las paredes blancas brillaban por el agobiante sol matutino y no dejaban duda alguna del lugar en el que se encontraba. Desafortunadamente no había sido una pesadilla. Al revisar la habitación de se dio cuenta que se encontraba completamente solo, hasta que su hermana salió del cuarto de baño. Al verla intentó sentarse sobre la camilla, pero fue inútil, era mucho más difícil de lo que había imaginado.
-Espera, te ayudo-dijo Mikasa, alcanzando al castaño para ayudarlo a sentarse-. ¿Cómo te sientes?
-Bien-mintió, nada podía estar bien con esas piernas que habían dejado de ser suyas-. ¿Volverás a casa?-preguntó al notar el cambio de ropa en la chica.
-Iré a buscar a Hannes y Armin al aeropuerto, Hanji alquilará un coche y me llevará-explicó.
-Hannes y Armin vienen…-dijo desanimado.
-Te llamaré cuando regresemos, el enano dejó tu teléfono aquí. Cualquier cosa puedes llamarme, una enfermera vendrá dentro de poco y traerá tu desayuno. También…
-Estaré bien, en serio-la interrumpió, forzando una sonrisa.
-Bueno-imitó la sonrisa del castaño antes de marcharse.
Una enfermera debía llegar con su desayuno y su estómago continuaba tan revuelto como ayer que definitivamente no quería ver comida. Pero al momento que llegó su desayuno, no le dejaron decir que no. Y antes de que la enfermera se fuera, el castaño pidió que lo dejaran en una silla de ruedas con la condición de no salir de la habitación. Cualquier cosa sería mejor que estar postrado en esa camilla.
No había nada qué hacer más que mirar a través de su ventana, la televisión no le llamaba la atención y no tenía libros o sus cuadros para pintar. Pero, ver el exterior sólo le hacía sentirse peor y pronto se alejó de la ventana para ir por su teléfono y abrir el almacenamiento de fotos. Casi todas de ellas eran de él y Levi, otras con su hermana o cualquier cosa que le llamara la atención y otras que Levi había tomado de él y le había prohibido eliminar. En todas ellas su imagen era un completo desconocido. Esa mañana no sólo perdió la movilidad de sus piernas, sino también parte de su persona que de seguro no volvería a ver. ¿Cuánto más debía perder hasta que su enfermedad estuviera satisfecha? Tal vez mucho más que su madre. Y mientras pensaba en ello, un estruendo lo sacó a la fuerza de sus pensamientos.
Un segundo ruido más fuerte se unió al primero y al agudizar su audición, el castaño notó cómo unas voces discutían en la habitación contigua a la suya. Al ver que no se detenía, decidió salir a explorar con la ayuda de la silla de ruedas; al menos sus brazos funcionaban. Primero asomó su cabeza para ver qué ocurría, las reglas fueron claras y no podía abandonar la habitación, y no estaba rompiendo ninguna desde allí. Pero lo único que vio fue a todos reunidos frente a la habitación continua mientras intercambiaban palabras mediante susurros y miradas indignadas. No era suficiente. Aprovechando que la atención de todos estaba puesta en el escándalo, el menor se dirigió al cuarto donde aún se escuchaban gritos. Desde el marco de la puerta divisó a una enfermera que se cubría con una bandeja de plástico mientras recibía proyectiles. Una voz masculina gritaba y no dejaba que la voz de la mujer se escuchara. Harto de ese escándalo, el castaño se adentró sin temor de recibir algún objeto.
Para su sorpresa, se trataba del mismo chico que días antes montó un espectáculo al no querer comer su comida y que ahora lo miraba de manera altanera. Pero Eren no se dejó intimidar y clavó sus ojos furiosos sobre los del chico que, luego de unos segundos, abrió los suyos con sorpresa.
-¡Tú! Eres el imbécil del otro día que acompañaba a esa chica-lo apuntó con desprecio.
-¿Qué crees que estás haciendo?-respondió el castaño, molesto y fijándose en la enfermera que recobrara la compostura- No tienes derecho a tratarla así.
-¡Ese no es tu asunto! Ella tiene el deber de servirme y no soportaré por más tiempo esta basura de comida. El dinero de mis padres es quien paga su mísero trabajo, puedo hacer lo que quiera-finalizó con una sonrisa arrogante.
-¿¡Ah!? ¿Crees que todo aquí funcionará como tú quieres? No sabes nada acerca del trabajo de todos-gruñó Eren, olvidando la condición de sus piernas al intentar levantarse de la silla producto rabia.
-Veamos si el trabajo de todos puede arreglar tu problemita-dijo al percatarse de la discapacidad del castaño.
Los dedos de Eren se aferraron a la silla con frustración. Si la situación hubiese sido diferente, sus puños se hubieran dirigido a ese chico. Era la primera vez que deseaba tanto golpear a alguien y esos ojos que se cruzaban con los suyos, alimentaban el deseo de romperle la sucia boca.
-Mueve tus ruedas fuera de mi habitación, fenómeno-continuó el chico-. Y tú -se dirigió a la enfermera al rincón de la habitación-, no comeré esa mierda.
-Pero…-balbuceó la chica.
-¿¡Qué no escuchaste!?-repitió.
-¡Oye…!-gritó Eren, notando que su silla no se movía y era retenida por detrás.
Estaba decidido a empujar a quien se encontrara detrás de él y hacer que ese chico dejara su comportamiento cruel y egoísta de lado, pero al ver de quien se trataba no pudo hacerlo.
-Doctor Ackerman…-pronunció la chica, como si se tratara de un grito de ayuda.
-¿Qué estás haciendo aquí?-preguntó Levi al menor.
-Ese imbécil no dejaba de gritar y maltratar a la enfermera-respondió Eren, conteniendo la rabia y las ganas de hacer justicia con sus propias manos.
Levi puso su atención sobre el chico, el cual lo observó con indiferencia. Luego inspeccionó su alrededor y entendió el alboroto que mencionaba Eren.
-Tch, esto es un asco-se quejó Levi-. Dile a alguien que venga a limpiar todo este desastre-le ordenó a la enfermera a medida que se acercaba a la camilla del chico.
-En seguida-obedeció, retirándose tan pronto como pudo.
Eren se negó a regresar a su cuarto, no estaba satisfecho y no quería que ese chico se atreviera a menospreciar el trabajo de Levi. Por su parte, el azabache se detuvo a un lado de la camilla y abrió una carpeta blanca que traía consigo.
-No me lo diga-dijo el chico- Es mi nuevo doctor, ¿no es así? Que aburrido, el otro no duró nada-finalizó con una sonrisa, como si se tratara de un chiste.
-Jean Kirstein, 21 años. Cáncer pulmonar y una grave carencia de masa encefálica-dijo al fingir leer la carpeta e ignorar al chico, quien tras escuchar sus palabras frunció el ceño ante el disgusto-. Sí, soy quien estará a cargo de ti a partir de ahora. No tengo idea qué ocurrió con tus otros doctores, pero-hizo una pausa, encorvándose para dejar cerca sus miradas- la próxima vez que llegue y encuentre este basural, pasarás la lengua hasta que no vea absolutamente nada. No tengo tiempo para mocosos malcriados, ¿entiendes?
Al escucharlo, Eren supo que jamás debió preocuparle la idea de que Jean se burlara del trabajo del azabache. El chico había conocido una faceta nada amable de Levi. Después de que Levi terminará con él, se centró en Eren y antes de que Jean pudiera decir alguna palabra, el azabache fue hasta el menor y le dio media vuelta a la silla de ruedas.
-Ahora vendrá alguien a limpiar tu desastre y traerte otro plato de comida, cuando vuelva quiero que esté en tú estómago y que este cuarto esté limpio. Y si piensas que la comida de aquí es mala, me encargaré que sea mucho peor.
Jean no tuvo valor de balbucear alguna palabra, era imposible. Cuando el azabache se enfadaba era mejor correr, sobre todo si el motivo había sido una habitación tan desaliñada. Y mientras recuperara el valor el azabache se encargaba de llevar al menor a de regreso a la habitación.
-Esa persona será tu nuevo paciente-confirmó Eren, para nada contento.
-Empiezo a entender por qué Heather me lo dio-murmuró con fastidio.
-Es un imbécil.
-No es el único. ¿Qué parte de quedarse aquí no entendiste? -preguntó molesto.
-Sólo fui al lado, no es para tanto-respondió a la defensiva.
Levi suspiró, arrodillándose luego frente al menor.
-¿Es muy difícil para tu cabeza entender que debes permanecer aquí?
-Puedo moverme con la silla, no quiero quedarme aquí todo el día-defendió su postura.
-Eren-agravó su voz-, esta vez no se hará lo que tú quieres. Acabas de tener un colapso y Heather vendrá en cualquier momento para hablarte de la rehabilitación. La silla se te dio para que no estuvieras todo el día en esa cama, pero si empiezas a desobedecer te la quitaré-se detuvo, esperando una respuesta del menor el cual, apartó su mirada vidriosa-. Ahora tengo que volver a trabajar, cuando termine traeré tus pinturas y algunos libros, ¿puedes esperar hasta entonces?
-¿Acaso puedo hacer otra cosa?-respondió desalentado.
Levi se puso de pie y pasó su mano por sus cabellos como una señal de agotamiento que Eren percibió perfectamente. Una vez más, quería verlo lejos; a él, a todos.
-Debo volver. Hazme el favor de quedarte aquí, ¿quieres? -repitió Levi.
Eren asintió con un movimiento de cabeza y dejó marchar al azabache. Estaba tan acostumbrado a ver las espaldas de las personas que amaba y sin poder seguirles. Ya no quería ver más espaldas marchar, no quería tener que esperarlas. No más.
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El día se despedía con el cielo cubriéndose de un manto anaranjado y su color se reflejaba en las blancas paredes del hospital y al mismo tiempo sobre las fichas que Levi analizaba. Cada día terminaba más rápido, cada vez quedaba menos tiempo y el azabache sentía que no avanzaba ni un poco. El tiempo no era misericordioso y debía encontrar una forma de ganarle.
Unos golpecitos en la puerta de su oficina lo sacaron de su cabeza y alzó la mirada para ver al responsable.
-¿Doctor, tendrá un minuto para este pobre samaritano?-sonrió apoyado contra la puerta abierta.
-Hannes-comprobó segundos antes de que la frustración lo invadiera. Él estaba aquí por una razón, una que él no pudo evitar-, no esperaba verte tan pronto.
-Yo tampoco, pero aquí estamos-forzó una sonrisa.
-¿Ya viste al mocoso?
-Fue lo primero que hicimos-notó un desconcierto ante el plural que había utilizado-, Armin y Mikasa se encuentran con él en estos momentos-aclaró.
-Fantástico-dijo en un tono sarcástico-, debiste quedarte con ellos me uniría a ustedes en seguida.
-Necesito hablar contigo antes-dijo sin rodeos.
El rostro de Hannes reflejaba la seriedad de sus palabras ante lo cual el azabache se le quedo mirando en silencio esperando a que continuara.
-Grisha ha muerto.
La noticia podría haber sido lo mejor que habría escuchado en su vida, pero no, no era así. Lo último que supo de él fue que estaba en una prisión a cargo de la gente que trabajaba junto a Hanji y todos estos años intentaron que cooperara con información de aquellos experimentos a los que habría sometido a Eren durante años. Nunca lo hizo. Menos ahora.
-Pero eso no es todo-continuó ante el silencio del azabache-. El desgraciado se mató en un descuido de los guardias y junto a su cuerpo dejó esto-sacó del bolsillo de su chaqueta un sobre, parecía una carta y remitente era Eren.
-¿Qué significa esto?-preguntó de forma agresiva al sostener la carta- ¿Qué mierda hay aquí?-insistió.
-No lo sabemos. Estuvimos a punto de abrirlo, pero con Hanji decidimos que sea Eren quien lo haga. Ibamos a viajar, ella vendría primero y cuando tomó el vuelo Mikasa me llamó para contarme lo que había ocurrido con Eren…
-¿A ustedes les falla la cabeza?-ante la respuesta del azabache el rostro de Hannes se intrigó- Eren acaba de recaer, no puede mover sus piernas, aún ni siquiera sabemos qué mierda falló y, ¿ustedes planean traerle un regalo del bastardo que tiene a Eren postrado en una maldita silla?-bramó lleno de ira.
-Es por eso por lo que he venido hablar contigo…
-No hay nada que hablar, esa carta no la leerá Eren, lo haremos nosotros y nos desharemos de ella.
-Tan sobreprotector como siempre-añadió una voz ajena a la de ambos.
Hanji aparecía por la espalda de Hannes, sorprendiéndolos a ambos.
-Apareciendo siempre en el mejor momento-dijo Levi.
-Hannes creyó que podría convencerte y vino solo. Al conocerte y ver que tardaba decidí venir a socorrerlo-explicó la castaña.
-¿Crees que viniendo de ti cambiaré de opinión? Ustedes dos están enfermos si creen que cederé, incluso esa mocosa o el amiguito raro son más cuerdos que ustedes dos.
-Armin está de acuerdo-aclaró Hannes, haciendo que Levi frunciera aún más el ceño.
-Bueno, somos tres contra uno-dijo Hanji.
-Esto no es un maldito juego cuatro ojos. Eren no está en condiciones, no lo hará.
-Para ti Eren nunca estará en condiciones de nada, Levi-atacó la castaña-. Y estuve a punto de abrir esa carta muchas veces, pero no somos lo únicos en repudiar y querer indagar en la mente de Grisha. Es el padre de Eren y así como tú y todos lo despreciamos, su hijo debe sentirse mucho más agobiado con todo esto. Son las últimas palabras de ese hombre y van dirigidas hacia su hijo. Dime, ¿le vamos a negar eso también?
Levi y la castaña sostuvieron miradas en silencio. Tenía razón, tanta maldita razón que le molestaba mucho más que la mismísima carta. No quería ceder, no podía ceder su instinto le decía que nada bueno saldría de esto y él no pondría en riesgo la vida de Eren. Fue entonces cuando una idea cruzó por su cabeza.
-Seré yo quien le lea la carta-dijo con firmeza. Ninguno de los dos se rendiría y aunque se negara, encontrarían la forma de entregársela mientras él no estuviese cerca. Si era él quien la leía podría romperla en mil pedazos ante cualquier cosa extraña que hubiese en ella.
Hanji suspiró.
-Tú y Eren comparten la misma terquedad. Pero lo harás ahora y entraremos contigo-condicionó la castaña.
-Bien-respondió Levi, abandonando su escritorio.
-o-
Cuando estuvieron frente al cuarto de Eren, se escucharon las voces de los tres amigos hablando como si nada hubiese ocurrido y el tiempo no hubiera transcurrido. Por unos segundos Levi viajó al tiempo donde conoció al castaño; en su cuarto, ambos abrazados en la cama mirando las estrellas por la ventanilla sobre ellos y deseó inmortalizar aquel momento. No obstante, la carta en sus manos ardía y lo traía a la realidad. Otra vez el corazón de Eren se rompería a pedazos, otra vez no sería capaz de proteger a su pequeño mocoso del monstruoso mundo. Y reuniendo fuerzas se adentró con los cómplices de este atentado.
-Levi-dijo Armin, abandonando la silla en la que se encontraba sentado para saludar al azabache-, ha pasado tiempo-saludó con una sonrisa.
El azabache se limitó a observarlo, para él no era más que otro maldito cómplice que le sonreía a Eren a sabiendas de lo que tendrían que hacer ahora.
-¿Cómo te sientes?-le preguntó al castaño.
-Bien, es extraño que estén todos aquí-notó Eren-. Creí que estarías trabajando hasta tarde.
-Bueno ya conoces a Levi, no puede vivir sin su pequeño niño-bromeó Hanji, haciendo un intento por agarrar las mejillas del azabache que fue interrumpido por un manotazo de este.
-Mocosa, necesito que me dejes sentarme en tu puesto-le dijo a Mikasa, quien extrañada y con ninguna intención de cederle el asiento junto a la cama de Eren, lo agredió con la mirada-. Es importante.
-Mikasa, ven-ayudó Armin, tomándola del brazo con delicadeza para luego alejarse junto a ella.
Levi y Hanji tomaron los asientos más cercanos al castaño, mientras que el resto se posicionó a los pies de la cama.
-¿Qué está pasando? Me están asustando…-confesó Eren.
-Yo venía viajando mucho antes de saber lo que te ocurrió, Eren-empezó Hanji, ante lo cual el menor mostró entender mucho menos-. Tu padre falleció hace unos días.
Levi estuvo atento a cada milímetro del rostro de Eren pero, para su sorpresa, no hubo expresión alguna al escuchar la noticia sobre su padre. Distinto fue cuando la castaña continuó hablando y llegó a la parte de la carta.
-¿Una carta…?-balbuceó el castaño.
-¡Eren, no!-añadió Mikasa.
-Entiendo cómo te sientes-calmó el azabache-, pero esto habrá que hacerlo de todos modos.
-Nadie la ha abierto, no sabemos qué dice-explicó Hanji.
-Si no quieres saber nada de esto, no tengo ningún problema en mandarla al infierno-agregó Levi.
-¡No!-se apresuró a decir- ¿Dónde está?
-Aquí-la mostró el azabache, llamando toda la atención de los ojos de Eren que se abrían de par en par como si hubiese visto un fantasma-, la leeré si tú quieres.
-N-necesito…-hizo una pausa-, necesito saber…
Las esperanzas de Levi se anularon. Eren quería saber de esa carta como si el odio hacia su padre no hubiese existido jamás.
-Como quieras.
Al tener a todo el mundo expectante, el azabache abrió la carta y sin más protestas se lanzó a la lectura:
" Eren:
Me ha tomado más de la cuenta encontrar las palabras para empezar esta carta, incluso ahora creo que no las he hallado, pero ya no me queda más tiempo. Esta será la última vez que sepas de mi ya que cuando estés leyendo esto ya no estaré en este mundo.
Nadie me ha hablado de ti, lo único que quieren saber es sobre nuestros experimentos, sí, ¿recuerdas Eren? Ellos no entienden, pero nosotros sólo queríamos salvar a tu madre, sé que así lo querías. Todos dicen que deberían darme la pena de muerte por ello y yo sé que no es así, que tú también querías lo mismo que yo. Pero perdiste el rumbo de nuestro propósito. No lo entendías entonces porque eras un niño. Está en los hijos el deber de cuidar a sus padres y se lo debías a ella; me lo debías a mí.
No sé nada de ti, sin embargo, estoy seguro de que sigues vivo. De lo contrario alguien ya me habría escupido en la cara tu muerte. Y estoy seguro de que, no debes ser la misma persona que eras cuando estabas conmigo; seguro y en casa. Te equivocaste, Eren. Escogiste el camino equivocado al lado de ese muerto de hambre que juró salvarte de mí. Jamás fui tú enemigo y tú no dudaste en apuñalarme.
¿Aún puedes caminar? ¿Aún puedes comer por tus propios medios? ¿Tú cabeza aún funciona bien? Estoy seguro de que no serás capaz de responderme que sí a todas estas preguntas. Porque sé que tú cuerpo ya no aguantará mucho más tiempo. He calculado todo este tiempo. Y todos estos malditos que no hicieron más que criticarme por querer salvar a nuestra familia no obtendrán jamás una respuesta de mí. Pude haber encontrado una cura para ustedes dos, tú eras la clave y lo echaste todo por la borda. No hay nada escrito, todo estaba en mi cabeza, cada pequeño detalle estaba aquí y me iré con todo ello. Ahora no habrá cura para ninguna de los dos. Esto no será un hasta nunca. Es hora de que te hagas responsable de la pronta muerte de tu madre y la acompañes con la tuya.
Si de algo quieren estar seguros tus nuevos amigos, es que tanto tu corazón como el de tu madre se han convertido en una bomba de tiempo, y los latidos se acercan al fin.
Los estaré esperando,
Hasta pronto, Eren."
Al final de esta sentencia, se apreciaba la firma del monstruo remitente. Levi no fue capaz de detener su lengua y nadie emitió algún comentario al respecto y antes de que la ira y la frustración se manifestara en alguno de los presentes, el destinatario de la carta se encontraba hundido en ellas.
Todo fue muy claro, no había esperanza para Eren. Y éste intentaba sostenerse con toda la fuerza en sus manos en las sábanas de la camilla, a la idea de que todo fuese mentira.
Continuará…
Hola, ha pasado mucho tiempo. Mucho. Pasé un momento muy difícil en mi vida y dejé de escribir, entre otras cosas. No sé si alguien aun tiene interés en esta historia, pero de todas formas la terminaré; esta y la de El séptimo sello.
Muchas gracias a todos los que durante todo este tiempo me han dicho que siguen esperando, de cierto modo me animaron a continuar.
