Buenas noches a todos. Resulta que por extrañas circunstancias de la vida todavía sigo en el torneo. Ni siquiera voy a negarlo, no me lo esperaba. Estaba en un grupo difícil con Cristalsif (especial saludo 1).

Y ya que estamos en los saludos, también un especial saludo (2) para Mari Morson, que en uno de los comentarios escribió que me admiraba. Muchas gracias por tus bonitas palabras.

Y un especial saludo (3) para las siete personas que les gustó mi página en facebook. Ya no me siento tan ForeverAlone y para todas las personas que comentaron el fic y me permitieron seguir participando.

Así que aquí viene la tercera interrogante. Espero que les guste y que comenten mucho.


Capítulo 3 - ¿Cómo?

—Este fin de semana voy a dedicarlo a buscar un apartamento —le comenté a Shizuru, mientras esperábamos un taxi. Su taxi, en realidad, aunque iba con ella porque de camino podía dejarme muy cerca del lugar en el que estoy viviendo.

—¡Te voy ayudar! —soltó con determinación—. Este domingo compramos el periódico y buscamos por los barrios que ya te recomendé.

¿Significaba eso que nos íbamos a reunir el domingo? Apenas y nos conocíamos y nunca habíamos compartido fuera de nuestras actividades laborales. Dejé de darle vueltas al asunto y pasé a temas más importantes, buscar un apartamento en el periódico no era una buena idea.

—No lo sé —le dije—. Hay ciertas restricciones. No puede ser a través de una inmobiliaria, debo buscar un apartamento donde sea el propietario quien lo alquile directamente —y todo hay que decirlo, eso es muy poco común.

—¿Qué? ¿Por qué? —me preguntó extrañada.

—Sabes que vine a Kioto por este trabajo y aquí no conozco a nadie, así que no tengo un codeudor —le expliqué. Conseguir un codeudor era difícil, no estaba segura si me atrevería a pedirle ese favor a ninguno de mis amigos, aunque tuviéramos una relación de amistad de años; probablemente la única persona que podría ayudarme con eso sería mi madre.

—¡Qué tonta eres, Natsuki! Obviamente yo puedo ayudarte con eso —después de conocer a Shizuru me di cuenta muy rápidamente que tenía que aprender a lidiar con lo inesperado de sus acciones, pero esta vez, realmente había logrado dejarme sin palabras.

—Yo… ¿Estás segura? —todavía estaba esperando que se retractara, que dijera que era una broma.

—Claro —confirmó—. Soy muy buena para juzgar a las personas, además, trabajamos en el mismo edificio, no podrás escaparte de mí —bromeó con una sonrisa. Yo no pude evitar reirle la gracia.

—¿En un mes? —mi voz era una mezcla de incredulidad, gracia y ternura—. ¿Haz juzgado mi carácter en un mes?

—En mucho menos —aseguró con convicción.

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Estaba sentada en la sala del apartamento de Shizuru, mientras respondía las preguntas de su suegra. Me había arrastrado a una pequeña celebración en su casa que consistía en que ella y Kanzaki le entregaban regalos a los invitados. Era una celebración muy familiar, que incluía a sus padres, sus suegros y sus cuñados, y ese tipo de eventos en particular, me incomodaban terriblemente.

Siempre había pensado en mi misma como torpe social; eso no significaba que no pudiera comportarme perfectamente, sino simplemente que me causaba estrés. No había podido declinar por más que quise, incluso cuando arguí que mi madre vendría a visitarme, porque entonces insistió en que se la presentara y obviamente también la invitó a la celebración. En un punto de la reunión Shizuru se sentó junto a mí y empezamos a mirar algunas fotos desde mi celular.

—Y estas son las fotos de mi más reciente grado —dije, mientras le mostraba.

—Wow —expresó—. Te ves increíble —yo me sentí halagada. Le había mostrado esa foto porque sabía que la iba impresionar. No era mi estilo diario, por el contrario, incluso estaba maquillada.

—Gracias —respondí ligeramente sonrojada—. El vestido ayuda mucho —entonces empecé a divagar —, aunque sinceramente no sé cuando me pondré otro, solo lo dejo para ocasiones especiales.

—Bueno —continuó con una sonrisa misteriosa—. Tendrás esa oportunidad en mi boda.

—¿Cómo? —aquello me tomó por sorpresa—. Pero tú dijiste que no invitarías a nadie de la oficina —argumenté.

—A ti sí —dijo, como si fuera lo más evidente del mundo. Y quizás lo era, mientras mi madre y yo volvíamos a casa, ella me aseguró que me invitarían a la boda, y cuando le conté que Shizuru acababa de hacerlo, solo sonrío con suficiencia.

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—Mira lo que te traje —me saludó aquella mañana con un libro en la mano. Acababa de sacarlo de su morral y supe muy bien cuál era tan pronto lo vi. Era el código de diseño y no entendía muy bien porque me lo estaba dando, no era precisamente un libro barato.

—Pero… ¿Este no es el tuyo? —pregunté desconcertada.

—No —aseguró riéndose—. En mi casa teníamos dos, el mío y el de mi hermana. Pensé que podría serte útil —más que útil, eso podía asegurarlo. Yo también tenía uno, pero como me había mudado de improviso a Kioto no había podido traerlo, apenas y había viajado con cuatro maletas.

La sorpresa ni siquiera me permitió agradecerle.

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Cuando Shizuru volvió de Hawaii me trajo algunos dulces y un llavero. No entendí muy bien porqué lo hizo cuando había dejado muy claras sus intenciones. Pero después de eso, llegamos a un acuerdo tácito de silencio, aunque a veces me miraba fijamente a los ojos y yo me sentía desnuda; había confiado y me había equivocado, ahora ella sabía más de mí de lo que yo hubiese querido.

Poco a poco también fui excluida del grupo, y muy pronto me quedó claro que Suzushiro no era mi amiga, y Hinagiku mucho menos. Muchas veces vi a Shizuru charlar y reír animadamente con Hinagiku y aunque me moría de celos, opte por simplemente conectar los auriculares y escuchar música al máximo volumen.

El día anterior en la tarde había sucedido exactamente eso y decidí que no podía más con ello, tenía que olvidar a Shizuru.

No mentiré diciendo que creo que el matrimonio es un impedimiento irrestricto. No creo en los dioses, ni en un contrato vinculante irrompible. Pero era su decisión alejarse de mí y yo la respetaría. Mi enamoramiento por esa mujer tenía que desaparecer.

Pensaba todo esto mientras entraba a la oficina. Entonces la vi venir hacia mi y sonreí con ironía, siempre nos encontrábamos en la puerta y normalmente podía sentirse la tensión en el aire. Hacía poco habían trapeado y en medio del pasillo aun estaba puesta la señal que piso húmedo. Me deslicé a la derecha pensando que Shizuru haría lo mismo y podríamos seguir evitándonos con éxito, pero ella me interceptó.

—Hola —saludó cerrándome el paso.

—Hola —le contesté completamente descolocada.

—¿Estás ocupada hoy? —mi mente trabajaba a mil por hora. ¿De dónde venía todo esto?

—En realidad, saldré de viaje dentro de poco —le respondí con la verdad—. Pero dime, ¿para qué me necesitas? —la duda sobre qué quería de mí me estaba carcomiendo por dentro.

—Salí de algunos pendientes y tengo algo de tiempo libre. Quiero que me cuentes cómo va tu proyecto y preguntarte si necesitas que te ayude con algo —eso era seriamente inesperado. Casi me lamenté de mi viaje; claramente aun me tenía envuelta alrededor de su dedo y todo lo que quería era pasar tiempo con ella.

—¿Te parece bien si lo hacemos la otra semana? —propuse esperándo no parecer muy ansiosa. Ella aceptó de inmediato.

Y volvió acercarse a mí. Volvió a escribirme al menos una vez al día, y a parecer interesada en mí, quería ayudarme en todo lo que pudiera, de la misma forma que pedía mi ayuda de forma constante. Lo peor fue que volvió con aquella manía de darme toques cariñosos.

Pero nada era como antes, y de alguna forma yo esperaba que sostuviéramos una conversación donde aclaramos todo, donde me explicara el porque de su actitud. Pero ella era una marea constante y porque cada paso adelante, daba dos atrás. Así fue como el día que yo le escribí, el día que demostré interés, ella huyó nuevamente.

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Era el día del padre y Suzushiro y Harada se habían encargado de organizar la celebración. Cuando subí a la terraza me di cuenta que aún necesitaban ayuda y decidí brindarla. Mientras Harada se encargaba de cortar el pastel y servirlo, yo le ayudaba a repartir.

Cuando Sakomizu llegó, agradeció a todos el gesto y bromeando pidió que alguna persona dijera unas palabras.

—Natsuki va a decir las palabras —yo, que estaba muy concentrada en comer y en hablar con Harada, ni siquiera estaba prestándole atención al jefe. Cuando levanté la vista Shizuru me miraba directamente a los ojos después de hacer aquella proposición.

—¿Yo? ¡Para nada! —y me reí, como si aquello fuese una broma. Nuevamente había logrado desconcertarme.

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En la oficina habían organizado una pequeña excursión a una de las obras que manejábamos. Sin embargo, el lugar era tan turístico, que indudablemente eso se había convertido en nada más que un paseo.

Y a pesar de compartir tanto tiempo juntas, porque nuestro circulo social era el mismo, Shizuru y yo nos las arreglamos para no cruzar palabra en todo el día fuera del saludo. Y entonces en la noche, mientras nos dirigíamos a tomar el bus para regresar, ella rompió nuestro acuerdo.

—Natsuki, tienes que traer aquí a tu madre —¿cómo? ¿de dónde vino eso? Ni siquiera pude responderle.


Se reciben hipótesis sobre qué pasa con Shizuru, ¿no puede manejar la bisexualidad de Natsuki? ¿Es una lesbiana reprimida? ¿Está enamorada en secreto de Natsuki? ¿Teme que ello destroce su matrimonio? ¿Simplemente está loca?

Nuevas inquietudes, aquí, en el mismo canal.

Saludos,

GatoCurioso.