Hola a todo el mundo!

Vengo un día antes con la actualización porque mañana tengo muchas cosas que hacer y no sé si podré actualizar.

Agradezco a Yumi hatake y a Cindy 04 por sus review, ojalá les siga enganchando y pareciendo interesante lo que sigue.

Información de consideración (?): La historia avanzará de manera lenta, tal como avanzan las relaciones románticas en la vida real... no como las historias de pasión y desenfreno que parten con el sexo y luego derivan al amor. En el fondo soy una romántica empedernida :P

No tengo mucho más que agregar hoy, solo que espero que les guste el capítulo.


Capítulo 2

Una gran idea


Se adentró en el departamento mientras saludaba al rubio, que lo miraba con cara de "estas no son horas de visita", pero lo ignoró mientras se dirigía a la cocina.

—Traje el desayuno, —le dio una de sus miradas marca Stark y sonrió de lado al tiempo que le mostraba lo que tenía en las manos— si no te vistes no solo será el desayuno lo que va a enfriarse. — Su tono era de burla y su sonrisa ladina, mientras le observaba con una ceja alzada.

Se sintió avergonzado al no darse cuenta de que apenas estaba cubierto por una toalla. El rubio asintió sin importar si el moreno lo había visto. Caminó a su habitación y superficialmente secó las gotas de agua que resbalaban por su torso. Se cambió rápido y con lo primero que encontró; unos jeans ajustados y una camiseta azul cielo que se ajustaba a todos sus músculos. Aún descalzo, salió de la habitación y tomó rumbo a la cocina.

— ¿Qué haces aquí? Me sorprende que me visites, y más aún a las— miró el reloj de la pared— siete y media de la mañana. — dijo con normalidad mientras tomaba asiento frente a él en el mesón de la cocina.

— ¿Acaso no puedo visitar a uno de mis compañeros de equipo sin ser rechazado? — Preguntó fingiéndose ofendido. Recibió una mirada de incredulidad y un tanto reprobatoria por parte del rubio, mientras le ofrecía el capuchino y una de las porciones del kuchen.

Steve aceptó la comida y siguió mirándolo de manera desconfiada.

—Está bien, — dijo finalmente— vine porque necesito… no, quiero compartir una idea contigo. — le dio un trago a su café y en su interior se recordó volver a la cafetería, el café era estupendo.

—Me parece bien, aunque me extraña que quieras compartir una de tus ideas conmigo. – Cambió de mano su café.- En fin, ¿en qué consiste esta idea? —mencionó casualmente, y, a su vez, probó también su café y luego un trozo de kuchen. Deliciosos, conocía ese sabor; la cafetería que estaba a unas cuadras de su casa era la mejor de por ahí cerca. También la única que estaba abierta a todas horas.

Tony se lo pensó un momento antes de probar el postre. Saboreó un trozo y su rostro se iluminó. Definitivamente volvería a esa cafetería, era el mejor postre que había probado y eso que no era muy adepto a las cosas así de dulces. Miró al rubio un segundo antes de soltar su idea.

—Creo que deberías ir a vivir a mi torre. Bueno, tú y todos los del equipo.

Steve se atragantó con su café. Tosió un par de veces.

—Stark, ¿te das cuenta de lo que has dicho? — replicó luego de recuperarse— ¿Estás seguro de que quieres tenernos a TODOS invadiendo tu espacio?, — sonaba algo incrédulo y lo miró directo a los ojos con algo de burla. Hasta él se daba cuenta de que la idea era algo que no había analizado bien, a Stark no le gustaba que la gente invadiera su espacio y todos lo sabían.

Tony no podía creer que el rubio estuviera burlándose de él. No lo hacía abiertamente, claro, pero se burlaba.

Él había pensado que luego del problema con los Chitauri, y sobre todo luego de la disolución de S.H.I.E.L.D, sería una buena idea establecer como base definitiva de los vengadores su torre ya reconstruida, y así se lo hizo ver al soldado.

Luego de un rato contemplando la idea, hablar sobre las ventajas y desventajas del asunto, pareció tomar una decisión. "Está bien" había dicho escuetamente, aún no muy convencido de la gran idea del millonario, ahora solo quedaba reunir al equipo para informarles de la importante decisión.

— ¿Qué tal lo llevas? — preguntó apuntando a su pecho.

El reactor Arc ya no estaba en su pecho y era algo extraño volver a ser solo un hombre de carne y hueso. Un hombre con estilo y ropa de alta costura, cabe destacar; pero se había acostumbrado rápidamente a no tenerlo. Tan o más rápido de lo que se había acostumbrado a tenerlo en su cuerpo, le sorprendía lo rápido que se acostumbraba a ese tipo de cosas.

—Bien, supongo. Es como antes, ¿sabes? Ya no está aquí, —señaló el centro de su pecho— ya no tengo la sensación de que voy a morir en cualquier momento por culpa de la metralla porque el reactor deje de funcionar o algo así. No me siento diferente, los trajes aún funcionan sin que el reactor esté unido a mi cuerpo, ahora es solo un traje.

Ambos se quedaron en silencio un momento mientras bebían de sus respectivos vasos de café. Steve creía poder entender a Stark, no había sido igual, pero cuando era joven siempre pensó que su cuerpo estaba en su contra y que moriría en cualquier momento por un ataque de asma. Y aún luego de convertirse en un súper soldado, sentía que en cualquier momento el efecto del suero se detendría y volvería a ser un joven menudo, delgado y enfermo, que podía morir con solo un estornudo. Era una carga muy pesada el pensar que tu propio cuerpo pueda traicionarte de esa forma.

Un silencio prolongado se hizo entre ellos. No un silencio incómodo, pero el moreno se vio en la necesidad de terminar con él.

— ¿Lo has encontrado? — él lo sabía, claro que lo sabía. Rogers estaba buscando a su mejor amigo zombie desde que este último lo rescató del agua.

Steve no se preguntó cómo es que lo sabía, después de todo, al genio millonario no se le escapaba nada. Se tomaba muy en serio eso de tener a tus amigos cerca y a tus enemigos aún más. No quería ni imaginarse las cosas que podría llegar a saber de cada uno de ellos.

—No, tal parece que no desea ser encontrado. Pero algún día recordará todo y volverá. Lo sé, después de todo, es mi mejor amigo de quien estamos hablando. — dijo más tratando de convencerse a sí mismo que otra cosa.

Hablaron de cosas triviales después de eso. Planearon como juntar al equipo, y cuando, para informarles la nueva idea que Tony había propuesto y que Steve había tomado como decisión definitiva para ellos.

Steve esperaba que estuvieran de acuerdo con él. Tony no se preocupaba, porque era obvio que no se negarían. Quién no querría vivir en su lujosa y fabulosa torre. No, no se negarían.

La mañana fue agradable para ambos, hablaron de mucho y a la vez de nada. No volvieron a tocar temas como el de Bucky otra vez.

Steve se sorprendió al saber que Stark había dejado a la señorita Potts; según él, lo habían decidido entre ambos. Fue una relación que no funcionaría después de todo y habían quedado como amigos nuevamente. Como si nada hubiera pasado. Definitivamente él no creía ser capaz de hacer algo parecido, aún se sentía culpable con Peggy por el beso que había presenciado entre la mujer del cuartel y él mismo.

Siguieron hablando, e incluso hubo largos silencios. Silencios cómodos. Eso le extraño un poco al millonario, pero no le dio importancia.

No eran amigos. Eran conocidos, compañeros de equipo; se salvaban uno al otro de ser necesario, había una especie de camaradería entre todos, así que no era relevante. Se peleaban constantemente, y el hecho de que no hubieran peleado no decía nada. Eran compañeros, solo eso.

En un momento de silencio vio su costoso reloj de pulsera y se percató de todo el tiempo que había pasado hablando con el rubio. Era casi mediodía y él tenía cosas que hacer, al menos eso fue lo que le dijo al soldado antes de irse.

—Pasarán por tus cosas mañana temprano, por la tarde ya estarás instalado en uno de los pisos de la torre. — dijo a modo de despedida. Y a modo de sentencia a oídos del rubio.

Se quedó solo una vez más en su departamento. Miró a su alrededor y de pronto se sintió solo y pequeño en el vacío que se apoderó de la sala. Se quedó ahí, con la mente en blanco, lo que pareció solo un segundo; pero al mirar de nueva cuenta el reloj, que hasta ahora notaba, en su muñeca, se percató de que había estado ahí por casi una hora. Una hora que no notó por estar sumido en su soledad, en la añoranza de un hogar. No una casa, un hogar. Algo que le hiciera saber que no estaba solo; ese "algo" que al llegar a casa lo recibiera con los brazos abiertos. Que le hiciera sentir ese calor especial en el pecho que tanto añoraba.

Nunca lo había pensado antes, pero se sentía inmensamente solo en ese departamento.

Por eso trabajaba, por eso seguía entrenando el día viernes a pesar de estar solo, porque no quería volver a casa para estar completamente a solas. En el gimnasio al menos escuchaba los jadeos de cansancio, la respiración agitada de otras personas, el saludo de alguno de los chicos que iba a entrenarse. Porque odiaba sentirse así de solo en su propia casa.

Era tiempo de almorzar, no de sentirse miserable. Caminó a la cocina con un extraño sentimiento en el pecho, le quitó importancia y se decidió por preparar pasta con salsa de champiñones.

Mientras se preparaba la pasta, picó y comenzó a saltear los champiñones. Pensó en lo que le esperaba al vivir en la torre; se llevaba bien con Natasha, con el doctor Banner, con Barton no había hablado mucho, pero podía lidiar con ello una vez estuviera allí. Aún no sabía si Thor estaría con ellos, con eso de que vivía en otro mundo. Sería diferente.

Terminó de saltear los champiñones y les puso la salsa blanca.

Estaría rodeado de mucha tecnología, ahora que pensaba en ello. Y no cualquier tecnología, sino que aquella tecnología que creaba Stark. La tecnología aún lo abrumaba un poco, aún no se acostumbraba a todas las cosas que el ser humano había creado en su pequeña siesta en el hielo. Aceptaba que el internet era muy útil, pero muchas veces la información parecía irreal, además de la cantidad de información que parecía no acabar.

Su departamento contaba con una televisión normal, casi antigua; un tocadiscos, una radio; lámparas que, según sus pocas visitas, parecían "sacadas de la casa de la abuela".

"Old fashion", "retro", "vintage", esas eran las cosas que había escuchado referente a sus cosas. En otras palabras, su departamento estaba adornado con cosas viejas, antigüedades; en fin, era anticuado.

La pasta estaba lista. Bajó la intensidad de la llama bajo la salsa y apagó la pasta. Escurrió el agua de la pasta y la devolvió a la olla. Cuando estuvo lista la sirvió en un plato de porcelana blanca, y montó la salsa sobre ella, justo en el centro. Un plato perfectamente servido. Termino de apagar los fuegos de la cocina y se sentó ante el mesón de la cocina. Comenzó a comer.

"Adiós a comer solo desde ahora", pensó. Comería con su equipo. Sí, tal vez debería establecerlo como regla en la torre, así sus lazos se reforzarían y tal vez llegaran a ser, todos, grandes amigos. No cada uno por su lado como los espías.

Adiós a su antigua vida. Adiós a su antiguo apartamento, a su antigua decoración, y tal vez si tenía suerte, adiós a sus recuerdos.


Hasta aquí con el segundo capítulo.

Si les gustó dejen un comentario, lo leeré encantada.

Nos leemos pronto.

Besos.

Bye :D


Domingo 21 de Agosto, 2016