Hello everybody!

Hoy es festivo aquí en Chile, así que perdón por la hora... desperté tarde y esto debería llevar un par de horas en la página xD

Vamos a lo importante, el capítulo de hoy es algo corto y transitorio, pero era necesario para la trama del fic; todo lo que pasa es por algo y tiene alguna repercusión en el futuro… o simplemente será de utilidad en algún momento, no hay razones para dramatizar ;)

Nos vemos en las notas finales.

Disfruten su lectura :)


Capítulo 4

Espantosa torre


Luego de comer comenzó a empacar sus cosas. No era mucho, pero debía hacerlo.

Puso música en el tocadiscos. Le gustaba, le hacía sentir en casa. Le hacía sentir que pertenecía aún a su tiempo. Pero su tiempo era el presente, lo que veía a su alrededor, no el pasado. Ya no estaba en los años 40, estaba en el siglo XXI. Habían pasado casi cinco años desde que había despertado, pero aún no se veía capaz de aceptarlo.

La música sonaba muy lejana en su cabeza mientras guardaba su ropa; tenía un bolso del tamaño adecuado para todo lo que llevaría.

De pronto recordó su trabajo.

Tenía dinero gracias a la pensión para veteranos de guerra. Aún no entendía cómo funcionaba en su caso, pero al parecer el dinero se había acumulado en los años que estuvo congelado. Técnicamente nunca murió, por lo que la pensión nunca debió dejar de ser entregada. Eso tenía algo de sentido si lo pensaba bien. Su cuenta era cuantiosa, pero aun así trabajaba.

Luego de la caída de S.H.I.E.L.D no tenía mucho que hacer, había misiones que requerían al equipo, pero muy pocas. No podía malgastar su tiempo haciendo nada y encontró trabajo en algo que le iba perfecto: un gimnasio. El gimnasio no estaba cerca de su casa; de hecho, ahora que lo pensaba, estaba bastante lejos. Pensó en ello y en su futuro nuevo hogar. El gimnasio estaba a una distancia ridículamente igual para ambos lugares; era el punto medio entre la torre Stark y su actual departamento, así que no tendría que dejarlo.

Era un alivio para él. Su trabajo era lo único que lo mantenía ocupado. Era el entrenador de boxeo de un pequeño grupo de jóvenes adultos más o menos en la treintena. Y habían mejorado mucho. Tenía dos grupos que entrenaban lunes y miércoles, el primero; y el otro, martes y jueves. Los viernes entrenaba solo durante gran parte del día y el fin de semana podía disponer de su tiempo como quisiera.

Ese día era sábado. El último día sábado que pasaría en su departamento.

El disco se detuvo y, al ver el reloj, se percató de la hora. Las seis de la tarde y aún no terminaba de empacar su ropa. Al parecer tenía mucha ropa, o definitivamente se había abstraído en sus pensamientos por mucho tiempo. Decantó por la segunda idea, últimamente su mente le jugaba ese tipo de pasadas.

Cambió el disco y terminó de una vez con lo que hacía. Dejó una muda de ropa sobre una silla y cerró el bolso. En una mochila puso sus cuadernos de dibujo y sus lápices. Había retomado el hábito de dibujar, siempre se le dio bien hacerlo. Dejó uno de ellos fuera, un par de lápices y una goma. Era temprano y tal vez algo de inspiración le caía del cielo.

Se sentó en un sofá de la sala y comenzó a dibujar. Se dejó llevar por el sonido del lápiz al plasmar sus trazos sobre el papel. El sonido de la música se hizo cada vez más lejano y se dejó llevar completamente por la inspiración que se apoderó de él; de su mente y de sus manos.

Cuando volvió a ser consciente de lo que lo rodeaba, vio lo que había hecho. Sus manos habían plasmado a quien no pensó volver a dibujar: Bucky. No, al soldado del invierno. Era su amigo, pero con la mirada fiera, profunda, fría y envuelta por el odio y el resentimiento que fueron introducidos a la fuerza en su mente. El cabello caía largo por los costados de su rostro cubierto por la máscara con que volviera a verlo, hace unos años, en su reencuentro; su uniforme de asesino entrenado, su brazo biónico. Recordaba su pelea, pero también recordaba que le había salvado de morir ahogado.

Siempre lo había protegido. Siempre lo había salvado, aun cuando no recordaba siquiera quien era él. Si no fuera por él, jamás habría salido vivo de la secundaria. Debía admitir, que para ser un chico listo, era bastante estúpido. Era un chico menudo; pequeño y delgado, debilucho, enfermizo y asmático. Siempre se metía en problemas, era bastante valiente para su precaria condición física, al menos podía rescatar eso: su valentía. Había intentado defenderse en cada una de sus peleas, pero siempre llegaba Bucky en su ayuda y terminaba cargando con una pobre chico magullado y, casi siempre, inconsciente a casa.

Era su mejor amigo y aun sabiendo lo que había hecho, a todos a quienes había liquidado, no podía odiarlo. Era su hermano y estaba dispuesto a traerlo de vuelta con él, aunque le tomara toda una vida.

Sin percatarse había empezado un nuevo dibujo. Cuando terminó, estuvo observándole con cariño, con nostalgia. La sonrisa que Peggy le devolvía desde el cuaderno era la más sincera y hermosa que había visto nunca.

Cansado, se dispuso a ir a la cama. Esa noche no tuvo pesadillas, no hubo recuerdos de su antigua vida. En sus sueños había una brillante sonrisa en un rostro sin forma. Una sonrisa atractiva, confiada y que le transmitía cierta paz.

Fácilmente podría acostumbrarse a esa sonrisa.

•••

Un insistente sonido interrumpió su sueño. Se levantó un poco y al ver la hora se sorprendió al notar de que, por primera vez desde su regreso, había dormido toda la noche y hasta las nueve de la mañana.

Saltó de la cama, se colocó el pantalón de pijama que nunca usaba y salió de su habitación. Fue a abrir la puerta luego de reconocer el molesto sonido como el timbre de su departamento.

—Buenos días, mi nombre es Harold Hogan. Soy el jefe de seguridad del señor Stark. —Steve estrechó la mano que el sujeto de traje le extendía a modo de saludo. —He venido por usted y sus cosas para llevarlo a la torre Stark.

El rubio se encontraba adormilado y un tanto abrumado por todo lo que se le venía encima. Se hizo a un lado para darle el paso a la sala.

—Claro, adelante— cerró la puerta y se dirigió a su habitación para buscar su equipaje. Metió la ropa que se había sacado la noche anterior en el bolso y en la mochila volvió a guardar sus lápices y el cuaderno que utilizo la noche anterior, que estaban en su mesa de noche. Caminó de regreso a la sala con la mochila al hombro y el bolso en la mano. —Esto es todo, — mencionó mientras dejaba todo sobre la alfombra. —estaré listo en diez minutos.

—Lo espero abajo, entonces. —Dicho esto, tomó el equipaje y desapareció por la puerta.

Steve tomó la ropa que había dejado sobre una silla en su habitación, y se encerró en el cuarto de baño. Se dio una ducha de dos minutos, se miró al espejo y recordó que no se había rasurado el día anterior. Tomó una maquinilla desechable, un poco de espuma de afeitar y comenzó con su labor. Ni dos minutos le tomó hacerlo, lavó su rostro y lo secó. Evaluó su trabajo y la suavidad de su rostro le indicó que lo había hecho bien.

Se vistió rápidamente y salió del baño. Buscó otra mochila en su armario y guardó la ropa de dormir, también guardó algunas cosas de cuidado personal que estaban en una repisa del baño. Revisó un par de cajones por aquí y por allá, guardando en la mochila algunas cosas que creyó necesarias y al abrir el cajón de la mesa de noche cogió su teléfono celular. Ninguna llamada de Sam, ni un mensaje. Eso quería decir que no había noticias. Apagó el aparato y lo dejó en el fondo de la mochila, sentía que debía ocultarlo. Colgó en su hombro la mochila, levantó el escudo que estaba recargado contra la pared, cogió sus llaves y salió del departamento. Aseguró la puerta con el cerrojo y se despidió definitivamente del lugar.

A penas llevaba unos meses viviendo en Nueva York, pero ese departamento era especial, era lo primero que realmente era suyo en ese nuevo mundo. Era lo primero que adquiría por su cuenta, lo primero que le confirmaba que en verdad era parte de algún lugar.

Era suyo, pero ya no viviría allí.

Nunca le gustó el ascensor de su edificio así que caminó a las escaleras y mientras bajaba, decidió que no lo vendería. No se desharía de él, porque siempre existía la posibilidad de que algo ocurriera y se viera obligado a volver.

Tal vez en algún momento necesitara estar alejado de todos y se tomaba un par de días solo. Nunca se sabe. Tal vez discutiera con el millonario y tuviera que irse, eso era muy probable si cada vez que hablaban acababan en desacuerdo. Aunque el día anterior no había sido así, pero mejor era no hacerse ilusiones de llevar una buena convivencia, después de todo eran dos personas completamente diferentes.

Se subió al lujoso auto negro que le esperaba en la entrada. Miró por la ventanilla todo lo que duró el viaje. El viaje a su nuevo hogar.

De pronto vislumbró la torre, aquella que una vez había llamado espantosa. La ironía de la situación le sacó una sonrisa, ahora viviría en esa espantosa torre.


Eso es todo por hoy, espero que les haya gustado porque este fic apenas comienza…

Algunas aclaraciones:

Para empezar, al principio del capítulo hay una referencia a la fecha. Yo me baso únicamente en las películas y como Captain America The First Avenger salió en el 2011, yo tomo esa fecha como el año en que Steve despertó del hielo (tipo fines de 2011, inicio del 2012 más o menos).

Lo de espantosa torre lo saqué de la película The Avengers. En inglés Steve dice "The Stark Tower? That big, ugly-" y en latino se tradujo como "¿La torre Stark?, esa espantosa-". Por eso lo puse así…

Bueno, no hay más que aclarar por el momento, además que reafirmar que la historia ocurre en el presente… pero ya se dieron cuenta de eso xD Y de que me encantan los puntos suspensivos :P

Creo que eso era todo, si les gustó o si tienen alguna duda háganmelo saber y dejen un review, que yo lo responderé con gusto por aquí; no suelo responder por PM porque no tengo tanto tiempo y sería injusto mandar PM a algunas personas y a otras no :)

(Me pregunto si leerán estas notas…)

Como siempre, agradecer a quienes dejan un review y también a los lectores fantasmas xD

Nos leemos pronto.

Besos.

Bye :D


Lunes 19 de Septiembre, 2016