Hello!
He vuelto con el súper capítulo de esta semana. Digo "súper capítulo" porque es más largo que los anteriores xD
La semana pasada fue un verdadero asco, en verdad que casi no dormí, tuve mucho que estudiar, trabajos que entregar y en verdad hubo un momento en que pensé que no alcanzaría a corregir este capítulo. Lo había corregido hace un par de semanas, pero aun así tenía un par de errores que Word no me corrigió…
Bueno, dejaré de lamentarme de mi desgracia. Agradezco como siempre a quienes dejan review y a quienes leen mis desvaríos.
Por si quieren saberlo, en su momento, me costó mucho inventar un nombre para el capítulo. No sabía que poner. La idea es que los títulos reflejen algo importante del contenido del capítulo, pero no lograba dar con el más adecuado, hasta que vino a mí de la nada. Lo estaba releyendo y de pronto me golpeó y me sacudió el cerebro; era el título perfecto :D
Bien, ahora sí dejaré de desvariar…
Nos vemos en las notas finales.
Disfruten su lectura :D
Capítulo 9
Hospitales, hot cakes y viajes inesperados
Media hora. Tan solo había pasado media hora desde que Natasha y Bruce habían llegado al hospital, cuando Pepper irrumpió en la sala de espera con paso acelerado y un semblante de preocupación que hizo sentir aún más culpable a Steve. La pelirroja se dirigió al instante hacia él para averiguar lo que había pasado, pero no tuvo oportunidad de hacerlo, porque justo en ese instante el doctor que atendía a Tony se acercó a ellos.
"Traumatismo craneoencefálico leve".
Según lo que el doctor les explicó, la lesión de Tony no era más que un golpe en la cabeza que debería haberlo mantenido inconsciente un rato y, a lo más, un poco aturdido. No era nada grave y podría irse en un par de horas, luego de un par de exámenes para asegurarse de que todo estuviera en orden con su salud.
La explicación del doctor le dejó una duda a Steve.
―Entonces, ¿por qué aún no despierta, Doctor? ― La pregunta era muy acertada y todos esperaron atentos a la respuesta.
―El señor Stark no ha despertado aún porque su cuerpo necesita descansar. Se ve que no ha dormido bien y parece no alimentarse lo suficiente, deben asegurarse de que lo haga. ― Todos asintieron y una vez más, Steve, recordó algo importante.
― ¿Y el corte en su cabeza, no es grave? ― Pepper casi comienza a hiperventilar al escuchar eso, ella pensaba que solo era el golpe, no que tuviera una herida, un corte. Se puso pálida y Natasha puso una mano en su hombro para reconfortarla un poco.
―Nada grave, el corte es pequeño, no muy profundo y un par de puntos fueron suficientes. Se produjo, seguramente, por la superficie con la que se dio el golpe. Necesito que alguien me explique los detalles del accidente.
Steve le explicó ahí mismo lo que había pasado y así todos se enteraron de lo ocurrido. Nadie culpaba a Steve, todos coincidieron en que fue un accidente y así se lo hicieron ver, pero no fue suficiente. Se sentía culpable. Por su culpa el millonario estaba en el hospital.
Sus pensamientos se vieron interrumpidos por Pepper cuando le tomó del brazo para llevarlo a la habitación de Tony.
Caminaron en silencio por el largo pasillo.
Tony dormía profundamente en su habitación cubierto por una sábana de color blanco; su cabeza estaba vendada y una máquina marcaba su pulso constante.
Ella se acercó a la camilla y tomó la mano de Tony entre las suyas. Se había asustado. Por un momento pensó que perdería a la única familia que conocía, a la única que tenía.
Cuando JARVIS le llamó para avisar que Tony estaba en el hospital ella no sabía que pensar. Estaba viajando de vuelta a Nueva York, directo a la torre, para tratar unos asuntos de la empresa con él y de pronto recibe esa noticia. Afortunadamente, Tony estaba bien y ahora que ya estaba más calmada podía notar lo preocupado que estaba Steve, podía ver la culpa bailar en lo profundo del azul de sus ojos.
Los dedos del millonario apretaron levemente la mano de la pelirroja y al instante ella pronunció su nombre y trató de ver sus ojos.
―Pepper. ― Fue apenas un susurro, pero llegó a los oídos del soldado y sin decir nada salió de la habitación.
•••
Dolía. Dios como dolía. Tenía un terrible dolor de cabeza y mucho sueño. Lo peor de todo era que, a pesar de su estado de convalecencia, Pepper lo estaba regañando. ¿Cómo era posible que a sus 46 años aún lo regañaran como si fuera un niño de 6 años? Nunca lo entendería, pero algo en la palabras de su mejor amiga le hizo sentir culpable.
―Eres increíble, Tony. ¿Cómo se te ocurre preocuparnos a todos de esta forma? Eres un irresponsable. En primer lugar no debiste entrenar en serio con el Capitán, es un súper humano, tiene súper fuerza y podría haberte hecho daño si se lo hubiera tomado realmente en serio. Segundo, debes alimentarte bien y dormir mejor, el doctor nos dijo que por eso no despertabas, nos tenías muy preocupados, pensé que no despertarías. ―Sollozó. Sus ojos estaban brillantes y a Tony se le partió un poco el alma, no le gustaba ver a esa mujer llorar por su causa. ― Y tercero, ― su mirada se volvió acusatoria y determinada; sin rastro de las lágrimas que habían amenazado con caer un momento antes ― le debes una disculpa al Capitán; se siente culpable por lo que te pasó y no fue su culpa. Eres muy torpe, Tony, seguro te tropezaste con tus propios pies y ahora el pobre Steve se siente responsable de tu torpeza. ― La mirada de Pepper no dejaba lugar a dudas, él no se disculpaba, pero algo tenía que hacer para que el Capi-Paleta dejara de pensar que era su culpa; porque si no lo hacía, corría el riesgo de sufrir algo peor que su caída a manos de su delgada ex-secretaria.
―No soy torpe, Pepper. ―Si las miradas mataran, Tony ya estaría muerto y enterrado, por lo que decidió rectificar.― Pero tienes razón, no fue culpa de Rogers y se lo haré saber. ¿Feliz?
―Un poco. Para empezar, podrías ir a hablar con él cuando te den el alta en un rato. ― Miraba hacia abajo por la ventana. ― Desde que se fue cuando despertaste ha estado sentado en esa banca. Debe sentirse muy mal. Es un hombre muy noble, muy bueno y no merece sentirse así por algo que no fue su responsabilidad. ― Pepper era muy hábil, sabía cómo hacerle sentir culpable y lo peor de todo era que estaba funcionando. Sentía una punzada de culpabilidad en el pecho y unas punzadas horribles en la cabeza. Un par de palabras más y se sentiría merecedor del dolor que atravesaba su cráneo.
―Está bien, basta de palabrería. Necesito descansar y en cuanto me dejen salir hablaré con él. Lo prometo.
―Bien, también comerás y dormirás a las horas correspondientes. JARVIS se encargará de eso y me enteraré si no lo haces. ― Diciendo esto último salió de la habitación dejándolo solo y con la palabra en la boca.
Suspiró con pesadez. Eran las tres de la mañana y necesitaba dormir. El dolor le atravesaba la cabeza como una cuchillada, tal vez un poco de sueño y mejoraría.
Pensó en la caída en el gimnasio. Recordaba todo en cámara lenta. Estaba en lo mejor de su entrenamiento y de pronto perdió estabilidad al poner un pie sobre la colchoneta y lo último que vio fue la cara espantada del Capitán antes de sentir dolor y luego sumirse en la oscuridad. Le debía una disculpa, después de todo si había sido una torpeza de su parte, no lo aceptaría ante nadie, pero debía remediarlo.
Con eso en mente, cerró los ojos y se durmió.
•••
Recorrió el pasillo y fue directo al ascensor. Bajó y salió al patio de atrás. Estaba oscuro y corría un poco de viento frío, por lo que no había nadie más allí. Se sentó en una banca y, apoyando los brazos en sus rodillas, se llevó las manos a la cara.
Se sentía responsable del accidente.
El millonario estaba bien, pero no podía quitarse la imagen un Tony Stark inconsciente en el piso del gimnasio con la cabeza rodeada por su propia sangre. Esa imagen nunca desaparecería de su mente.
No entendía las ganas del millonario de entrenar con él. Ni siquiera se llevaban bien, ahora se soportaban más que al comienzo, pero claramente no eran amigos. Ya se había acostumbrado a su presencia cada noche en la puerta, pero esa noche quiso entrenar. No se opuso, ya que consideró que tal vez sería una buena forma de llevarse mejor, pero lo había arruinado. Era la primera vez que pasaban algo de tiempo de calidad juntos y lo había arruinado.
No supo cuánto tiempo estuvo ahí sentado, pero de pronto se percató de que había comenzado a amanecer. Un cuerpo cayó pesado junto a él y se sorprendió al ver que se trataba del mismísimo Tony Stark vestido con la misma ropa con la que llegó al hospital.
Se quedaron en silencio un par de minutos admirando el amanecer. El sol los iluminó y los cubrió con su calidez al tiempo que el genio hablaba.
― ¿Sabes que no fue tu culpa, verdad? ― Steve se volvió a verle. Una daga se enterró en su corazón al ver lo desolado que se vía el soldado; solo y abandonado como un cachorro en aquella banca. Ahora no lo haría por Pepper y evitar su furia, lo haría por él y porque no quería volver a ver esos ojos azules, siempre tan brillantes y llenos de felicidad, tan tristes y desolados como los veía ahora.
Steve suspiró y decidió no contestar.
― Mientras tú estabas aquí, probablemente, sintiéndote miserable y responsable de mi pequeño accidente, yo estaba allí arriba ―dijo apuntando a uno de los pisos superiores del edificio a sus espaldas. ― recibiendo los regaños de mi ex-secretaria. Pepper fue bastante severa para estar tratando con un desafortunado hombre en pleno estado de convalecencia, postrado en cama y sin una enfermera sexy que lo atendiera. ― Dijo con exageración. La mirada de Steve cambió a una de incredulidad ante lo que escuchaba. Se le escapó una pequeña sonrisa y luego negó con la cabeza ente lo que el millonario decía.―Es una mujer despiadada, Rogers, yo sé lo que te digo. Casi me hizo sentir culpable por ser tan incompetente para caerme en el gimnasio y venir a parar al hospital y, además de todo, preocuparla por ello. No tuvo piedad conmigo. ― Terminó de decir sobreactuando su papel de víctima y soltando una pequeña carcajada.
Steve no podía creer que Tony se tomara todo tan a la ligera. Era increíble la forma de ver las cosas que tenía ese hombre. Podía identificar claramente su tono exagerado, aun así, le divertía un poco la actitud que había tomado al respecto. Pero…
―Bien, una vez aclarado que fue "mí, según Pepper, completa incompetencia y torpeza" la causante de mi visita al hospital, vámonos. La comida de hospital es mala por unanimidad y ya casi es hora de desayunar, tengo ganas de unos hot cakes y un buen café, y aquí claramente no me darán lo que quiero. ― Diciendo esto se levantó y esperó a que Steve le siguiera. Cuando Steve se levantó de la banca y le siguió, el genio continuó caminando hacia el interior del edificio con una radiante sonrisa plantada en su rostro.
•••
Una vez todos de vuelta en la torre, Tony se dirigió a la cocina y cuando iba a tomar las cosas para preparar una de las pocas cosas que sabía cocinar, Steve se le adelantó e hizo algo que lo sorprendió.
―Voy a preparar unos hot cakes para todos. Doctor, ¿podría ayudarme con el café? ― Bruce asintió y se dirigió a la cafetera mientras los otros dos se sentaban alrededor del mesón. Natasha observaba a Bruce mientras buscaba un par de tazas y Tony observaba a Steve hacer lo suyo.
Un calor extraño se instaló en el pecho del millonario ante el gesto del rubio. Aunque lo hacía parecer un acto normal de buenas intenciones para todos los demás, sabía que lo hacía por él. Para él. En el hospital le había dicho que se le antojaban unos hot cakes y café, y eso era lo que estaba preparando para él.
El desayuno pasó rápido y como Pepper había dejado órdenes estrictas a JARVIS y al resto del equipo antes de irse, ahora le tocaba descansar. Lo que significaba que no podía trabajar en su taller, incluso dejó programado a JARVIS para que no le dejara entrar hasta dentro de siete días. Maldijo la hora en la que programó su I.A para que obedeciera ciegamente a Pepper, a veces parecía que le hacía más caso a ella que a él, que era su creador.
Se despidió de todos con la mano y fue a su cuarto, directamente a la cama para dormir un par de horas. Y no le tomó ni cinco minutos hacerlo, estaba cansado y adolorido.
•••
Luego del desayuno, el rubio partió rápidamente a su piso y tomó sus cosas para ir al trabajo. Llegó más rápido de lo que pensó y afortunadamente no lo detuvieron por exceso de velocidad.
La mañana se pasó volando y cuando terminó su turno tomó sus cosas y partió de vuelta a la torre. Una vez allí se bañó, se cambió y, cuando salía de su habitación, su teléfono celular vibró sobre la mesita de noche. Había olvidado apagarlo. Estuvo a punto de ignorarlo, pero solo había una persona que conocía ese número.
Sam Wilson.
Un mensaje. "Tengo una pista. ¿Cuándo puedes estar aquí?"
Su amigo sabía lo importante que era ese tema para él, por eso no preguntaba si podía ir, sino cuando podía ir.
Si partía esa misma tarde estaría en Washington D.C al anochecer. No tenía otra opción, tenía que irse a más tardar en un par de horas.
Preparó una mochila con un poco de ropa y demás cosas indispensables. Dejó todo listo para su partida y subió a preparar el almuerzo, debía notificar a todos su salida e inventar una excusa convincente.
•••
Su reparador sueño se vio perturbado por el ruido de la ducha. ¿Quién osaba ocupar su baño privado? Nota mental: debía mejorar los protocolos de seguridad de JARVIS.
Se levantó un poco apoyando los codos en la cama y le vio.
La puerta del baño se abrió y un hombre alto, fuerte y muy mojadamente sexy salió por la puerta apenas envuelto en una pequeña toalla. Los músculos de sus brazos se contraían con cada movimiento que hacía al secar su cabello. La toalla que sostenía entre sus manos le impedía ver su rostro.
Se acercaba.
A pasos lentos, casi calculados, se acercaba a su cama.
La habitación, apenas iluminada, le permitió admirar la perfección de su figura, la imponencia de su altura, su porte, su fuerza. Un jadeo involuntario salió de sus labios y se reprendió por ello.
Cada vez más cerca.
La pequeña toalla se abrió peligrosamente a la altura de uno de sus poderosos muslos al apoyar la rodilla en la cama junto a él. Muy cerca de él. La toalla en su cabeza aún le impedía ver su rostro y eso le molestaba, pero la visión de ese perfecto muslo a su lado… un gemido necesitado salió, ahogadamente esta vez, desde lo más profundo de su ser.
El sexy desconocido se inclinó y se apoyó en la cama, dejando su brazo derecho cerca de su cabeza.
En esa posición pudo admirar la tensión de sus músculos, el poder de su brazo y la perfección de sus pectorales. Quería tocarle, quería pasar sus manos por ese, perfectamente bien esculpido, torso.
La mano izquierda del sujeto sexy y mojado se acercó a su cuerpo e instintivamente cerró los ojos.
Una voz.
Alguien le llamaba.
Una mano fuerte en su hombro le movía firme, pero delicadamente mientras le llamaba.
Abrió nuevamente sus ojos y vio a quien menos esperaba.
•••
El aroma que se apoderó de la estancia era irresistible. Lástima que no hubiera nadie cerca para disfrutarlo. El piso común estaba vacío.
Casi era la hora de comer, por lo que preparó una bandeja con lo necesario y subió las escaleras que llevaban a la habitación del millonario.
El cuarto estaba sumido en una oscuridad completa. JARVIS encendió un par de lámparas que iluminaron tenuemente el lugar. Dejó la bandeja sobre un mueble, se acercó a la cama y escuchó un gemido. Extrañado, se acercó más y se apoyó en la cama para acercarse un poco al genio.
Su rostro estaba sudado y respiraba un tanto agitado, por lo que se alarmó un poco pensando que había empeorado.
―Stark.― Llamaba en voz queda, mientras sacudía suavemente el hombro del hombre dormido. ― Stark, despierta.
Nada, no despertaba.
―Tony. Tony, despierta. ― Nunca le llamaba por su nombre, pero se sintió extrañamente bien al hacerlo.
Al fin los ojos del moreno comenzaron a abrirse. Lo miró con sorpresa y un tanto extrañado.
― ¿Estás bien? Te ves un poco agitado. ― Estaba un poco preocupado, solo un poco, pero no le diría eso al todopoderoso Tony Stark, eso solo alimentaría su ego y él se ganaría burlas por ello.
No respondió de inmediato, estaba algo sorprendido de verle precisamente a él en su habitación. En su cama. Tan cerca. En una posición extrañamente familiar.
Como un golpe directo en la cara, cayó en la cuenta de su sueño. Otra vez soñaba con el sujeto sexy y mojado sin rostro.
―Tal vez tienes un poco de fiebre. ― Dijo el rubio mientras llevaba su mano izquierda a la frente sudada de Tony. ― ¿Estás bien? ― Repitió al no obtener respuesta la primera vez. El otro asintió.
―Solo, ― le miró un segundo ― solo tuve un mal sueño. ― Trató de quitarle importancia y apartó la mano de Steve de su frente.
Estaba muy oscuro.
―JARVIS, cariño, las cortinas si no es mucha molestia.
―Claro, señor. ― Las cortinas se abrieron y el moreno se arrepintió inmediatamente de su petición. La luz le lastimó los ojos y un gemido de dolor salió de sus labios al tiempo que se tapaba la cabeza con el edredón.
― ¿Qué hora es? ― Preguntó molesto. Creía que era más tarde, tal vez de noche ya. No esperaba tanta luz.
―Son casi las dos de la tarde, te traje algo de comida. ― Diciendo esto se levantó por la bandeja y se la puso en frente.
El moreno comenzó a comer de inmediato. Estaba delicioso, como todo lo que el soldado cocinaba, pero esta vez lo sintió diferente; lo sintió mejor.
― ¿No me trajiste esto porque te sientes culpable, verdad? Ya lo hablamos en el hospital y―
―No lo hago. ― Le interrumpió. ― JARVIS me mostró el video del gimnasio y concuerdo con la señorita Potts, fue totalmente culpa tuya, eres un descuidado. ― La mirada de sorpresa y a la vez ofendida del millonario no tenía precio y le hizo reír.
Mientras preparaba la comida había solicitado a la I.A la grabación del accidente y casi estalla a carcajadas al ver que el genio resbalaba con su propio sudor acumulado bajo sus pies. Ver ese video le había dado la razón definitiva para dejar de sentirse culpable, solo había sido un descuido al estar tan enfrascados en el entrenamiento.
La mirada da Tony cambió a una de odio al escuchar su risa. De pronto Steve se puso serio de nuevo.
―Me tengo que ir. ―Soltó de pronto. ― Esa es la razón por la que vine. Un amigo en D.C necesita mi ayuda y debo irme esta misma tarde.
No era cierto, estaba atontado por los medicamentos, pero no lo suficiente para tragarse esa mentira. Seguro que iba a otro asunto y ya sospechaba con que estaba relacionado.
―Y, ¿Por qué me lo cuentas? ― Siguió tomando su sopa y tomó un poco de jugo. ― No soy tu madre, Capi-Paleta. ― Le dio una de sus miradas de "no me importa lo que hagan los demás".
―Lo sé. Solo quería avisarte para que el equipo no se preocupe por mi ausencia nuevamente, Tony. ― Lo sabía. El genio sabía que Steve sabía lo preocupados que habían estado la primera vez que desapareció por todo un día. Pero más le sorprendió que le llamara por su nombre. Nunca antes lo había hecho.
Aparentando demencia y obviando la última parte, contestó.
― ¿Preocupados por ti?, por favor, Rogers. Tienes como cien años, eres lo suficientemente mayorcito como para que nos preocupemos por ti. ― Perfecto, había salido tal como quería. Se felicitó mentalmente por ello.
Esa falsa indiferencia le divertía. Steve ya había aprendido a reconocer algunas de sus actitudes y maneras de hablar, al igual que había aprendido a hacerlo con el resto del equipo.
Steve se alejó un poco de la cama.
―Claro. ― Le miró directo a los ojos poniéndose serio nuevamente. ― Solo tú sabes a donde voy, el resto del equipo creerá que estoy en una misión. ― Caminó en dirección a la puerta y antes de salir volteó a verlo.
― ¿Olvidaste algo, Rogers? ― Preguntó con una ceja arqueada.
―Si me necesitas... Si el equipo me necesita, ― se corrigió e hizo énfasis en la palabra equipo― Natasha sabe cómo contactarme en D.C. ― Dio un par de pasos más hacia la salida, se detuvo y sin voltear a verlo soltó sus últimas palabras. ― Ah, y puedes llamarme Steve si quieres, Tony. ― Se fue cerrando la puerta tras de sí.
Con los ojos abiertos a más no poder y la cuchara a medio camino susurró quedamente ese nombre. "Steve". Sonrió. Al parecer ya se llevaban mejor.
Terminó su comida y se tomó los medicamentos.
Se acostó nuevamente y se durmió.
•••
Steve comió con Natasha y Bruce en la cocina como siempre. Al terminar les informó de su supuesta misión. La Viuda Negra no se lo creyó.
― ¿A dónde vas? ― La pelirroja era muy suspicaz y nada se le pasaba por alto. Ningún cabo suelto.
Ante la mirada acusatoria de la agente, a Steve no le quedó más opción que poner su mirada más firme para que no se notara la falsedad de sus próximas palabras, pero antes de abrir la boca fue interrumpido.
―Esa información es clasificada, señorita Romanoff. ― El elegante acento británico de JARVIS se escuchó para sacarlo del problema.
El rubio disimuló el alivio de manera perfecta y, con mirada seria, se levantó de su lugar para salir de la cocina y escapar de la mirada asesina de su compañera.
―Suerte en tu misión, Steve. ― Como siempre, el bueno del doctor Banner se hizo notar en el tenso ambiente que les rodeaba.
―Gracias, Doctor. Nos vemos pronto.
Se despidió con un movimiento de su mano derecha y salió bajo la atenta mirada de Natasha.
Una vez solos, Bruce, puso una de sus manos en la rodilla de la agente. Ella volteó a verle un tanto sorprendida, pero no hizo nada para deshacer el contacto. En esas semanas se habían acercado más de lo que ella hubiera esperado, más de lo que se hubiera acercado a cualquier persona que no fuera Clint.
Confiaba en el doctor.
En ese tiempo que habían pasado juntos pudieron notar la calma que se provocaban uno al otro. Natasha mantenía al otro sujeto dentro de su cuerpo, le daba una especie de paz que no sentía hace mucho tiempo; y Bruce, a su vez, bajaba las revoluciones a las que funcionaba su cerebro, su instinto, y le otorgaba control a sus nervios con su clamada actitud ante todo. Se complementaban.
―No te preocupes por él, ya nos enteraremos de lo que hace. Y, antes de que digas algo, ―tomó su mano y posó un suave beso en sus nudillos― si JARVIS le cubre las espaldas es porque Tony se lo permite. Lo que quiere decir que confía en él. Tal vez Tony no tiene buen juicio, pero JARVIS si lo tiene, ¿no es así JARVIS?
―Así es, Doctor. No debería preocuparse, señorita.
Silencio.
Como siempre, aunque no lo aceptara, Bruce tenía razón. Le dedicó una sonrisa y sin decir nada comenzó a levantar su plato para llevarlo al fregadero.
Una vez todo limpio, salieron de la cocina para ir al laboratorio de Banner unos pisos más abajo.
•••
Bajó rápidamente y cogió su mochila. Repasó mentalmente la lista de cosas indispensables. No olvidaba nada. Echó un último vistazo a su piso, tomó su escudo, su chaqueta y volvió al ascensor.
―Debo decirle, Capitán, que la señorita Romanoff y el doctor Banner no creyeron en la veracidad de su misión. Aun así, no insistirán gracias a la sensatez del Doctor.
Steve ya se lo temía. Natasha era un hueso duro de roer y no se tragaba sus mentiras. Nunca había podido mentirle sobre nada, ni la más mínima cosa.
―Lo sé. Pero no quiero que sepan a dónde voy. JARVIS, si no te molesta, preferiría que nadie se enterara de la existencia de esto. ― Dijo con el teléfono celular entre sus dedos. ― Y mucho menos Tony.
―Como guste, Capitán.
Guardó el teléfono en su bolsillo y algo vino de pronto a su mente.
―JARVIS, necesito pedirte un favor.
―Claro, Capitán. ¿En qué puedo ayudarle?
―Sé que la señorita Potts dejó instrucciones sobre la recuperación de Tony. Quiero que te asegures de que cumple con las órdenes del médico. También, ¿podrías buscar a alguien que vaya a cocinar para todos mientras no estoy en la torre?
La primera vez que se había desaparecido todo el día, ya en la noche, encontró la comida que su equipo había preparado. La verdad no quería ser cruel con ellos, pero esa había sido, definitivamente, la peor comida que había probado en toda su vida. Exceso de sal, falta de cocción, falta de condimentos. No sobrevivirían sin comida decente y la comida rápida no era una opción, no sabía cuánto tiempo estaría fuera de la ciudad.
―Me encargaré de que así sea, Capitán.
Luego de murmurar un "gracias", salió del ascensor en dirección a su motocicleta.
Abandonó la torre casi a las cuatro de la tarde. Hizo una parada en el gimnasio para notificar su ausencia indefinida y no se detuvo hasta llegar a D.C.
•••
Clint se veía un tanto asombrado al llegar esa tarde a la torre y enterarse de lo ocurrido en su ausencia.
Tony en el hospital y Steve en una misión súper secreta de la que nadie sabía nada, a excepción de JARVIS, supuestamente.
―Todas las cosas interesantes pasan cuando no estoy. ― Se quejó en la cena haciendo un mohín de disgusto y disconformidad.
El resto del equipo le miró divertido. Parecía un niño pequeño, tal vez lo era.
Okeeeeey. Hasta aquí por hoy.
Espero que les haya gustado este súper capítulo y que me den sus opiniones al respecto.
¿A qué va Steve a D.C? Es obvio que ya lo saben, confío en sus capacidades deductivas ;)
¿Se dieron cuenta de que ya no son Stark y Rogers, sino Tony y Steve? Me encanta eso, en algún momento tenía que pasar y salió tan natural *.*
Cosas interesantes (?)
Me gusta saber de lo que escribo, por lo que siempre estoy investigando en vez de inventarme las enfermedades y todo eso... No sé si les había contado, pero estoy estudiando una carrera del área de la salud, por lo que si pongo enfermedades, accidentes o cosas por el estilo será siempre con fundamentos y conocimientos adquiridos, ya sea en la universidad o en internet. En este capítulo incluí un "traumatismo craneoencefálico leve"... eso fue porque en una de mis clases estábamos viendo (hace un tiempo cuando escribí este capítulo) algo relacionado con golpes y contusiones cerebrales y se me ocurrió ocuparlo para el fic. No puedo separar mis estudios del resto de mis actividades xD
El TCE leve puede dejar a la víctima inconsciente por un par de minutos y al despertar, se encontrará un poco desorientada. Es una lesión de consideración, se mantiene al paciente en observación por algunas horas y luego se le indica reposo y visitas posteriores al médico para evaluar que no haya habido daños a largo plazo.
¿Creen que nuestro Tony tenga cuidado? ¿Alguien cree que vaya a ver al médico después de irse a casa?
Si les gustó dejen un review y si no les gustó también dejen un review. Díganme, ¿qué creen que pasará de ahora en adelante?
Nos leemos pronto.
Besos.
Bye :D
Lunes 28 de Noviembre, 2016.
