Hola a todo el mundo!
Esta semana es una de las peores del año, tengo como mil pruebas y una presentación oral ante la profe más exigente que he tenido el desagrado de conocer... de tanto estudiar casi olvido que hoy me tocaba actualizar O.O Pero lo recordé cuando me desperté y aquí estoy :D
No retraso más el capítulo.
Nos leemos en las notas finales.
Disfruten su lectura :D
Capítulo 10
Buscando
Comenzaba a atardecer cuando llegó a D.C. y de inmediato se dirigió a la casa de Sam. Estacionó su motocicleta afuera del garaje y se dirigió a la puerta trasera. Entró sigilosamente a la cocina y dejó sus cosas al pie de la escalera mientras buscaba a su amigo con la mirada. Lo encontró sentado en el sofá viendo la televisión. Más bien durmiendo frente a la televisión encendida.
―Ya estoy aquí. ― Dijo al tiempo que se dejaba caer pesadamente sobre el sofá junto a Sam.
Sam despertó con un sobresalto y se llevó una mano a la cara al ver a Steve a su lado. Miró a su alrededor, tomó el mando de la televisión y la apagó.
―Veo que te cansaste de esperarme. ― Le dirigió una mirada y una sonrisa llena de burla a su recién despertado amigo.
―Sí, verás… ― Se acomodó de lado para observarle mejor y le dedicó una de sus sonrisas de lado en la más pura expresión de burla que tanto lo caracterizaba ― Tardabas demasiado, así que encendí la televisión y estaba este programa tan interesante que pasan a las… ― miró su reloj― ¡¿Son casi las nueve?! Vaya, si te soy sincero, no esperaba que vinieras. No respondiste a mi mensaje.
Steve se levantó del sofá y se dirigió al pie de las escaleras para tomar sus cosas.
―Verás, Sam, no tuve tiempo de hacerlo. Pasaron un par de cosas en la torre que más tarde te contaré, tuve que escapar de la implacable Black Widow y su inminente interrogatorio por lo que salí de ahí lo más pronto que me fue posible.
― ¿Quieres algo de comer o vives a base de aire? ―Se burló su amigo mientras le veía subir al segundo piso.
Se levantó y sacó algo de la nevera sin recibir respuesta y lo metió al horno de microondas. No recordaba cuanto tiempo estuvo dormido frente al televisor, solo recordaba que estaba viendo un programa muy aburrido sobre quién sabe qué. Una mano se posó en su hombro y le apretó un poco. Se quejó.
―No te quejes, Sam. Así no te querrá la chica de recepción del centro de veteranos.
El timbre del microondas le impidió contestar a eso inmediatamente. Abrió puerta del horno y sacó la comida.
―Eso ya es pasado, amigo. Aquí tienes, comida al instante. ― Le entregó una caja de comida china y se sirvió la suya frente a él, apoyado en el fregadero.
Comieron un poco y las cosas se volvieron más serias.
― ¿Cuál es la pista que tienes, Sam?
El rubio le miró con seriedad y recibió una mirada un tanto divertida.
―Sabía que no podrías estar mucho tiempo sin preguntar por eso. ― Dejó la comida sobre el microondas y sacó una carpeta de una de las estanterías detrás de Steve y se la entregó. ― Esto es lo que he recolectado hasta ahora. Hay imágenes de distintas cámaras de seguridad, copias de pasajes de autobús, fechas, lugares y todo lo que pude encontrar del último año.
Steve revisó la gruesa carpeta y miró a su amigo con una mirada cargada de sospecha. No podía creer que su amigo encontrara tanta información sin ayuda.
― ¿Dónde conseguiste todo esto?
―Me debían un par de favores y pedí unos cuantos favores más a unos amigos. Lo normal. No te preocupes. ― Siguió comiendo y con los palillos le indicó la carpeta. ― Mira en las últimas páginas, es la información más reciente. No te llamé antes porque la información que encontré tenía semanas de retraso y no llevaba a ningún lado, solo callejones sin salida.
Steve ojeó la carpeta, pasó a las últimas páginas como le había indicado Sam y abrió los ojos con desconcierto al saber que su amigo Bucky había estado tan cerca de él hace un par de meses, en Brooklyn. Leyó rápidamente los reportes y llegó a la parte que más le importaba, la ubicación más reciente era de tres días antes en un edificio abandonado en Baltimore. Estaba cerca.
El problema era que en esos tres días pudo llegar muy lejos y no sabía dónde buscarle.
Una foto al final de la carpeta llamó su atención. Era él, estaba hablando con unos hombres cerca de una fábrica. Al reverso de la foto decía que era una fábrica de reciclaje de metales pesados. Tal vez alguien allí le podía dar razones de su actual paradero.
El rubio levantó la mirada y fue interrumpido por su amigo antes de abrir la boca.
―Lo sé, lo sé. Soy el mejor y no sabes cómo agradecerme lo que estoy haciendo por ti y no sé cuántas cosas más. ― Le quitó importancia con un gesto de la mano y continuó devolviéndole una mirada un tanto escéptica. ― Te conozco Steve. Lo importante aquí es que va a haber un poco de acción, persecución y tal vez un poco de peligro, ― Los ojos de Sam brillaron de emoción.― esta tranquilidad me está matando, hermano. ―Ambos rieron ante su último comentario.
Luego de eso ambos acordaron partir a la mañana siguiente a Meryland para investigar un poco, y tal vez, tener suerte e ir al encuentro con el Soldado de Invierno.
Una vez cerrado el tema que los convocaba, Sam le insistió a Steve para saber las cosas que habían pasado en la torre. Steve le contó lo sucedido el último mes viviendo en Nueva York y al llegar a la parte del accidente en el gimnasio Sam se puso serio al enterarse de su visita al hospital con el millonario, pero al final terminó riendo ampliamente por la torpeza del genio.
―Espera, espera― Se sostuvo el estómago con una mano intentado parar de reír. ― ¿Estás diciendo que casi matas al hombre más rico, poderoso e importante del país en un entrenamiento cuerpo a cuerpo en su propio gimnasio?
Steve le lanzó una mirada furiosa ante su comentario y su incontenible risa, y prácticamente ladró su respuesta.
― ¡Fue un accidente!
―No te enojes. ―Dejó de reírse y lo miró completamente divertido. ― Pero tienes que admitir que es algo gracioso y digno de contar. Casi matas a Tony Stark. ― le dijo con una ceja alzada y una sonrisa ladina.
El rubio le dio una última mirada de reproche a su amigo y miró la hora. Pasadas las diez de la noche. Se levantó, le palmeó la espalda y salió de la cocina.
―Salimos a las seis. ―Dijo mientras subía las escaleras.
Sam puso una cara de fastidio y desaprobación.
― ¡Oh, vamos, Steve! ― Gimió en desacuerdo.
Pero no recibió respuesta.
•••
Esa noche Steve estuvo despierto por horas pensando en infinidad de cosas.
En primera instancia pensó en Bucky y en su infancia. Desde que su amigo apareció frente a él un par de años atrás que, cada vez que estaba cerca de encontrarle, sus recuerdos junto a él venían a su mente. Recordaba las peleas de las que lo sacaba casi a diario, de sus fallidos intentos por enseñarle a defenderse. Le llegaban esos momentos en los que, casi inconsciente a causa de las golpizas, oía los reclamos de Bucky mientras lo cargaba en su espalda camino a casa para curarle las heridas. "Eres un idiota por enfrentarte a esos chicos más grandes que tú, pero debo admitir que tienes agallas", solía decirle a modo de regaño. También recordaba cada intento para conseguirle una cita y que siempre se quedaba solo porque las chicas se iban con el chico alto y confiado. Nadie se quedaba con el enclenque sin carácter, que no sabía dirigirse a las mujeres; no sabía cómo hablarle a una sin tartamudear y dejarse en ridículo.
"Contigo hasta el final de la línea, amigo" Esa frase daba vueltas en su cabeza constantemente. Se suponía que su amistad, su relación de hermanos, duraría para siempre. Siempre juntos, siempre apoyándose entre ellos. Ahora solo eran ellos, solo se tenían el uno al otro para rememorar su pasado, para saber que todo lo que les tocaba vivir en un presente tan diferente al que compartieron hace décadas, era real. Para afrontar el futuro y los problemas. Pero no era así. No estaban juntos, ni apoyándose ante la adversidad.
Su mejor amigo, su hermano, estaba huyendo de todo el mundo. Escapaba de sí mismo, escapaba de quien le obligaron a ser, del asesino en que lo convirtieron. Necesitaba encontrarle y decirle que todo estaría bien, que encontrarían la manera de que el antiguo Bucky volviera. Decirle que nunca tendría que estar solo otra vez; porque eso es lo que hacen los amigos, pero no podía hacerlo estando lejos. No podía ayudarle si no sabía dónde estaba.
La pista que había encontrado Sam llegaba como caída del cielo. Era una luz de esperanza después de casi dos años de no encontrar nada útil.
Aunque también era una noticia que llegaba en un mal momento. No le agradaba la idea de irse de la torre luego del accidente en el gimnasio. Parecía que estaba huyendo y no era lo que estaba haciendo. Todos le dijeron que había sido solo un accidente, que pudo pasarle a cualquiera de ellos y, sobre todo, que la culpa era principalmente de la torpeza de Tony. "Si no usara esa armadura ya habría muerto hace mucho" le había dicho Natasha. Tal vez tenían toda la razón, pero eso no quitaba el hecho de que se sintiera un poco responsable, después de todo, el accidente había ocurrido en un entrenamiento con él.
El Capitán América había tomado el mando en ese entrenamiento, ya no era Steve; se había entusiasmado al escuchar las irreverencias del millonario. Todas esas provocaciones de parte del moreno le hicieron recordar sus encuentros constantes con los matones de su antiguo barrio en Brooklyn; tenía que defenderse. Ellos también le provocaban y él, como todo un hombre, alzaba los puños para intentar defenderse. Se dejó llevar por el momento y comenzó a pelear más en serio, sin contener sus golpes ni su fuerza. Sin pensar que no estaban en igualdad de condiciones.
No se había dado cuenta de que todo ese teatro había sido a propósito para que usara todas sus fuerzas. Tony quería probarse a sí mismo, quería saber si era digno rival de un súper soldado; e ingenuo como solo él podía ser, no se había percatado de ello hasta horas más tarde, cuando analizó lo acontecido con la cabeza más fría.
Pensando en ello un buen rato, se dio cuenta de que últimamente, aunado al hecho de que casi no se veían, casi no había tenido problemas con el millonario. Al principio Tony había asistido a las comidas diarias con un claro gesto de desagrado y fastidio en la cara, y habían discutido en una ocasión debido a eso.
"Si no te gusta comer con nosotros puedes venir más tarde o simplemente no venir, estoy cansado de tu cara de pocos amigos en cada comida, Stark." Le había espetado esa vez.
La cara de ofendido que el genio puso le molestó, ya estaba cansado de tener que soportar su cara de pocos amigos y además tener tragarse sus comentarios altaneros y arrogantes cada dos por tres. La idea de compartir las comidas era para mejorar su relación como equipo, no empeorarla.
Y como cosa extraña, no le había respondido nada, solo le había dedicado una mirada furibunda y se había marchado con los puños apretados, los nudillos blancos por la fuerza ejercida, y con una vena a punto de explotarle en el cuello de tanto que apretó la mandíbula para no gritarle algo. Sabía que no le había dicho nada por alguna razón, pero no sabía cuál era esa razón y no se lo pensó más de cinco minutos para luego olvidarlo.
Al día siguiente, a la hora del almuerzo, el millonario había aparecido con un ánimo renovado, totalmente nuevo, y le había sorprendido gratamente verlo con tan buena disposición. Hasta le había dado las gracias por la comida. No se lo podía creer y por la cara que pusieron los chicos, ellos tampoco. Le pareció escuchar al arquero decir que tal vez JARVIS había tomado posesión de Tony de alguna manera y que por eso estaba actuando tan raro. Él solo se rió internamente al escuchar aquello.
No sabía porque razón había comenzado a pensar en el millonario, pero ahora que claramente se llevaban mejor, tal vez pudieran llegar a ser amigos en un futuro cercano. Aunque aún estaba el asunto de Bucky, el Soldado de Invierno había cometido muchas atrocidades y no sabía de qué forma iba a reaccionar Tony cuando lo supiera todo. Ni siquiera él sabía todo lo que había hecho su amigo durante sus incursiones como asesino a sueldo.
Vio su reloj de pulsera y al percatarse de la hora, dejó esos pensamientos de lado y decidió descansar un par de horas.
Una sonrisa enigmática, confiada y brillante le acompañó esa noche en sus sueños.
•••
A las seis de la mañana en punto estaban saliendo de la casa de Sam. Optaron por ir en la camioneta de éste último y partieron en su viaje a Baltimore.
Casi una hora y media de viaje acompañada por música que Steve debía conocer, según palabras de su amigo, llegaron a Meryland y comenzaron con su investigación.
Preguntando en un lugar y otro, consiguieron la dirección de la fábrica que buscaban.
Llegaron a la fábrica y hablaron con el encargado de personal. Luego de mostrarle una foto de Bucky, les dijo que se había presentado con el nombre de John Miller y que había trabajado allí por un par de meses. "Un chico muy callado y trabajador. Nunca se quejaba. Tenía algo misterioso en su mirada. Parecía un tanto peligroso" dijo el anciano.
El día anterior no se había presentado a trabajar. Según lo que pudieron sacarle al encargado, vivía en un pequeño cuarto alquilado por uno de los trabajadores del turno nocturno.
Al salir de la fábrica fueron directo a la dirección que les proporcionó el encargado. Tocaron a la puerta y un sujeto cansado y enojado les recibió. John se había ido el día anterior, por la mañana y se había llevado su auto. "Dejó algunas cosas en su cuarto, pasen y llévense esa basura. Tal vez ustedes puedan recuperar mi auto y de paso darle una lección a ese maldito ladrón", el sujeto no era muy amable y era comprensible: Bucky había robado su auto y un par de sujetos desconocidos venían a molestarlo luego de haber estado despierto toda la noche en el trabajo.
Revisaron la habitación de arriba abajo y no encontraron nada útil, solo basura y muchos papeles. Entre los papeles arrugados en el piso Steve encontró algo interesante.
―Nos vamos, ya sé dónde puede estar. ― Le entregó el papel y ambos salieron por la puerta.
•••
Una vez más en la camioneta, estaban detenidos en un semáforo en rojo. Sin música.
―Nos lleva un día de ventaja. Y además se robó un auto. ― dijo con pesar, Steve.
―No se diga más, nos vamos a Jersey. ― Sam estaba un tanto animado por la situación, pero al notar la mirada de su compañero, trató de consolarle. ― Cambia esa cara, hombre. Ya verás que le encontraremos pronto. ― Dijo con una mano consoladora en el hombro del rubio.
El resto del camino se hizo en un silencio que solo era roto por la música que salía del reproductor.
•••
En poco más de tres horas llegaron a Nueva Jersey y se dirigieron al embarcadero. Mostraron la foto a todo el que se cruzó en su camino hasta que, cuando estaban por darse por vencidos, un tipo con cara de pocos amigos dijo que lo había visto subir a un barco esa misma mañana.
Un barco llamado "Arriskugarri" con destino a Inglaterra.
Ahora tenían la información necesaria para encontrarlo. En un barco se demoraría varios días en llegar al otro continente y ellos podrían esperarle para darle la bienvenida.
Dieron un par de vueltas más por el lugar hasta que averiguaron el puerto donde desembarcarían en unos días y tomaron el camino de vuelta a D.C. Al llegar, por la tarde, reservaron el último vuelo esa misma noche directo a Londres.
•••
Una vez en el avión, Steve podía escuchar el ir y venir de las azafatas repartiendo mantas y almohadas para los pasajeros mientras su amigo dormía cómodamente en el asiento junto a él.
No pudo evitar los pensamientos que se instauraron en su mente. ¿Qué se supone que le diría a Bucky cuando lo encontrara? ¿Le recordaría siquiera? Le dolía no saber si su amigo había recobrado algunos de sus recuerdos, si al menos podría distinguirle a él. No sabía si aceptaría ir con él de buenas a primeras, tal vez le tocaría enfrentarse directamente con él como hace unos años en el helicarrier. Esta vez tenía a Sam cerca para ayudarle a capturarlo, Sam definitivamente no le dejaría llevarse por sus sentimientos y eso era lo que necesitaba, alguien externo al problema. Esta vez no le dejaría escapar. Tenía que ayudarle.
Tenía que ayudarle.
Con ese pensamiento se quedó dormido.
•••
Había disparos por todas partes. Un horrible robot que disparaba sin parar le atacaba directamente, eran disparos grandes y peligrosos; las balas atravesaban el metal del vagón. Del otro lado de las puertas, en el compartimento anterior se encontraba él, Bucky. No sabía lo que pasaba del otro lado de las puertas, lo único que sabía es que de seguro no estaban tomando café y riendo mientras hablaban del último partido que habían visto. De seguro estaban atacando sin descanso al Sargento Barnes y no podía dejarle solo por mucho tiempo.
Vio su oportunidad de atacar. Se colgó de una plataforma en el techo, se deslizó hacia su atacante y lo derribó, lo dejó totalmente fuera de combate. Se abrió camino con el arma del robot hacia el vagón trasero y observó la situación. Bucky se quedó sin municiones. Él preparó su arma, abrió la puerta y se la entregó. Con una mirada supieron que hacer. Atacó y su compañero, de un solo disparo, terminó con el enemigo.
―Lo tenía contra las cuerdas. ― Bucky se veía un poco más relajado al decir aquello.
―Sí, lo noté.
La misma conversación que habían tenido un par de años antes; el día en que conoció al doctor Erskine. El día en que todo cambió para él.
El robot que le atacaba en el otro vagón regresó y les disparó. Se protegió con su escudo al tiempo que gritaba un "¡Al suelo!" y recibía el impacto. Soltó su escudo. Una de las paredes del tren se abrió y pudo ver como Bucky recogía el escudo para protegerse y el resto pasó casi en cámara lenta ante sus ojos.
El robot disparó hacia Bucky y el impacto le hizo caer del tren. Derribó una vez más al robot con su escudo y vio a Bucky. Se sostenía de un tubo que colgada de la pared abierta del vagón y trató de alcanzarlo mientras le llamaba y le pedía que resistiera mientras trataba de alcanzarlo. Cada vez estaba más cerca de conseguirlo. Un par de centímetros y estaría a salvo. Un par de centímetros y esa sería una historia para contar en la cantina cada vez que su amigo quisiera presumir. Cada vez que quisiera contar como el Capitán América lo había salvado de un chapuzón en un río congelado.
Pero no.
El tubo se desprendió de su sitio antes de que pudiera alcanzarlo y vio como Bucky cayó, mientras gritaba, hacia ese río congelado al fondo del precipicio.
Despertó exaltado y con la respiración cortada. Había sido tan real. Había sido como volver a estar en ese tren; la adrenalina, el miedo, el frío infinito que sintió al ver a su hermano caer hacia las garras de la muerte. Por suerte Sam aún dormía, no se había percatado de su sobresalto.
Tenía la frente perlada en sudor, un nudo en la garganta y un horrible dolor en el pecho.
Culpa.
La culpa por no haber hecho más por su mejor amigo. La culpa por no poder ayudar al único hermano que había tenido.
Todos los recuerdos más dolorosos que tenía se arremolinaban en su mente y de pronto, ya no pudo más. Se levantó y enfiló su camino rápidamente al baño del avión y se lavó la cara con abundante agua fría. "No puedes seguir así. Tienes que parar", se dijo. Se miró en el espejo un momento y respiró profundamente antes de salir.
Al abrir la puerta se encontró a Sam esperándole, éste le puso una mano en el hombro y le dio un apretón de apoyo. Luego ambos volvieron a sus asientos y unas horas más tarde llegaron a su destino.
Eso es todo por hoy. Espero que les haya gustado :)
Alguien se ha preguntado que fue de Bucky todo este tiempo. Son dos años desde que desapareció, en verdad ¿nadie se lo ha preguntado? Bueno, yo lo hice...
En dos semanas es el último capítulo del año, no puedo creer que ya se acabe el año y aún no llego ni a la mitad de la historia, espero no aburrir a nadie con los avances xD
Si les gustó dejen un review, me gustaría saber si les gusta y si tiene sentido continuar con esto...
Nos leemos pronto.
Besos.
Bye :D
Lunes 12 de Diciembre, 2016.
