Bien, no me gusta dejar pasar mucho tiempo entre el prólogo y el primer capítulo, así que por eso lo subo una semana después y no dos como es lo estipulado, prometo que será la única ocasión. Por otro lado ¿De verdad pensaron que el hospital sería su único vínculo? Jajajaja. No. Ya ven que me gusta complicar las cosas hasta lo impensable. Quizás parezca un poco imposible y como que me he fumado algo antes de escribir, pero no y créanme que la realidad supera a la ficción, esto no está tan fuera de la realidad :S

Bleach no me pertenece, letanía completa en el prólogo.

El hilo rojo en mi meñique

Capítulo I

Las fascinantes perversiones del destino.


Usualmente este tipo de salidas le alegraban el día o incluso la semana. De hecho, si había algo que Momo Retsu disfrutara hacer sin importar su humor –además de una tarde con sus amigos, claro- era cenar en un restaurante elegante. Por lo tanto hallarse en ese estado de incomodidad general era algo fuera de lo normal, e inusitadamente insoportable cabe agregar.

Si bien la comida era deliciosa, el ambiente animado y el estilo de la decoración sumamente refinado, la incomodidad de la joven era tal que no podía disolverse con un simple suspiro. ¡Oh! Cómo maldecía el momento que había aceptado cenar con su madre y con el doctor Junshiro Ukitake, la actual pareja de su progenitora…

Momo se removió contrariada en su asiento, no comprendía el origen de ese pensamiento, era la primera vez que se sentía extraña en compañía de la pareja con la que compartía la mesa en ese instante. En ocasiones anteriores, había disfrutado plenamente de la presencia del hombre, e incluso la había buscado. En sí el Doctor Ukitake era una de sus personas favoritas en el mundo, era alegre, protector, siempre estaba dispuesto a escucharla, aún con las exorbitantes cargas de trabajo que suponía ser un jefe de área en un hospital como el Gotei, es más, la relación que había entre ambos daba pie a que él la llamara por su primer nombre, el apodo creado por sus amigos o el apelativo durazno indistintamente.

No, Momo no podía ser tan injusta como para acusar a Junshiro de insufrible. Todo lo contrario, él no cabía ni por error en la descripción de una sombra molesta que buscara acercarse a ella con un interés más bien dirigido a la relación amorosa que sostenía con su mamá, y en cuanto a eso, Momo no podía pedir un mejor hombre para ella; cuando estaba con él, Unohana era muy feliz.

Pero entonces ¿a qué se debía este sobrecogimiento en el pecho de la chica durazno? Aquí había algo más, algo que no olía bien. Sin embargo, no había mucho que pudiera hacer por ahora, de hecho esperar era la única opción que tenía; esperar hasta que el verdadero motivo de esta reunión le fuera revelado… "Pasar un buen rato juntos y… bueno, pasar un buen rato juntos" había dicho su madre luego de varios minutos de balbuceo. "Un buen rato juntos", sí, seguro; de ser así pudieron haber ido a un parque de diversiones. ¡Ah! La intriga la estaba enloqueciendo, este en definitiva no era un buen día.

De haber sabido que las cosas terminarían por desarrollarse de esta manera, mejor no hubiera salido de entre las sábanas. Primero el lado izquierdo de la cama: tarde, muy tarde, para llegar a la escuela, donde no alcanzó más que diez minutos de la primera clase, la materia que llevaba con peores calificaciones, y después la terrible cancelación de la segunda y última clase del día… ¡Un desperdicio total de mañana! Y aunque el día pudo ser rescatado por sus amigos, no, sencillamente no podía ser. Renji se ausentó por completo, y ni siquiera tuvo la decencia de enviar un mensaje para poner sobre aviso a su mejor amiga; por el contrario, la falta de comunicación tuvo a Momo buscando como estúpida por toda la escuela durante veinte minutos, hasta que alguien (aún no estaba segura de quién, pero infería que se trataba de algún amigo de trabajo del pelirrojo) le llamó para decirle que él debía quedarse horas extra en su trabajo a tiempo parcial para pagar la renta de su apartamento antes de la fecha límite.

Y qué decir de su otra amiga Rukia. Ella tampoco había asistido a la universidad, por lo visto había ido a un concierto en París el día anterior y a su hermano le pareció un buen día para desayunar enla Torre Eiffel, obviamente la chica Kuchiki no podía rechazar un desayuno así, si bien es cierto que el lujo incluido en la situación era bastante, para ella no representaba algo fuera de lo común; y Momo estaba consciente de que lo irresistible del encuentro no se hallaba en la comida o la exclusividad, sino en el simple hecho de estar con su hermano. Así es, la compañía sí podía ser calificada como extraordinaria… Estaban a mediados de Junio y era la tercera vez en el año que Rukia comía con su hermano.

Momo apretó un poco los dientes.

¿Y ella qué culpa tenía? Pues sí, ninguna. Y aún así el universo había decidido que ella debía pagar; pues, con la ausencia de sus amigos como única compañía, Momo tuvo que desayunar algo en un café cercano a la escuela, el broche de oro para finalizar su desastrosa jornada escolar de hoy. Como es de suponerse, comer sola y fuera de casa era una de las cosas que más detestaba y, para colmo, ni siquiera tuvo la oportunidad de hundir su rostro y su atención en algún libro mientras se alimentaba envuelta en la soledad de su improvisado desayuno, para su mala suerte el volumen que tenía en uso, había expirado en el autobús de camino a la escuela.

Momo suspiró, luego de tanta divagación se atrevió a llegar a una conclusión: ¡Maldita Rukia! y todos sus millones de Dólares, Yenes, Euros, y demás monedas internacionales. ¡Y maldito Renji! y su falta de dinero.

...Bueno, mejor no, Momo sabía que no era bueno ir por la vida levantando maldiciones a diestra y siniestra, pero es que a veces las actitudes de sus amigos le ponían los nervios de punta. ¡Ah, daba igual! De todas maneras no podía culpar a sus amigos de lo terrible de su día. Ellos no tenían la culpa… o no toda, rectificó de inmediato la joven en su mente.

La risa de su madre la sacó de sus pensamientos, trayéndola de momento a la realidad. Pero bueno, ¿por qué no podía simplemente olvidarse del mundo y su maldad por lo menos en lo que cenaban? Y a propósito de ello, ¿Dónde rayos estaba el mesero que debía tomar su orden? Llevaba demasiado tiempo con la misma copa de vino, un poco más y terminaría por calentarse.

—Ma…—Comenzó, pero prefirió permanecer callada, si ella estaba teniendo un mal día no debía arruinarle el momento a los dos, suspiró de nuevo y tomó un trago de su copa de vino blanco, estirando sus dedos delicadamente en el proceso, tratando de distraerse un poco con el movimiento más que con la bebida en sí.

Con el sabor de la bebida inundando su boca y embriagándole los sentidos, Momo se permitió alejarse del momento presente una vez más, específicamente a cuando las cosas alcanzaron un nivel de comedia inverosímil, a eso de la una de la tarde en el área de neurología del hospital. Ese era el momento más vergonzoso de su vida hasta ahora, y por mucho. Chocar de frente con alguien ya podía ser considerado como algo incómodo, pero en este caso se trató del incidente menor, sin embargo, el otro participante de dicho percance había sido aquel chico. Ciertamente Momo carecía de antecedentes de hecho sólo conocía un dato: que era un amargado de primera (cosa que por cierto, aprendió de forma empírica). Bien, muy a su pesar, la chica durazno debía admitir otra obviedad: Era lindo. No muy alto pero de ahí en fuera… Después del escaneo Express Momo se dio cuenta de lo delicado de la situación, pues era la primera impresión, la primera vez que hablaban. Pudo haber sido un lindo momento, de no ser porque justo en ese instante Abarai tuvo a bien convertirse en alguien educado y llamar a su mejor amiga para pedir perdón por haberla dejado ir sola a la escuela.

Qué deprimente. Pensó en cuanto la imagen del encuentro llegó a su cabeza. Ni siquiera tenía idead de quién era… o quizá sería más correcto decir que no sabía cuál era su nombre porque él (y no tenía ni un mínimo de duda) era la persona más altanera, amargada y hostil que existiría en esta Era sobre la tierra. ¡Por todo lo más sagrado! No había hecho nada malo, era la primera vez que su conducta dentro del hospital era calificada de reprobable, ¿y por quién? Por un doctorcillo en formación, porque de seguro ese chico era un residente acabadito de desempaquetarse de la escuela, Momo podía asegurar que aún apestaba a formol por estar jugando a operar con cadáveres en la morgue de la universidad. Ese insolente.

Ok, ella tampoco era médico, y de hecho ni siquiera trabajaba allí, ¡pero como si lo hiciera! Todos los médicos del hospital la conocían y la trataban bien, conocía cada rincón del edificio, todas las salas de descanso, espera y demás, incluso lugares que no figuraban en el croquis entregado a los recién llegados. Más aún había un par de cosas relacionadas con su familia que no muy su pesar le confería ciertos privilegios y… en resumen el hospital era su segunda casa, el patio de juegos de su infancia y no permitiría que un humanillo de nuevo ingreso le dijera que debía guardar sus pasos allí. ¡No señor!

La próxima vez que le viera, le dejaría muy en claro un par de cosas a ese muchachillo…

—Momo, ¿estás bien?, has estado muy callada desde que llegamos. —La voz de su madre la sacó de golpe de sus pensamientos.

—¿Eh? Sí, es que tengo algunos pendientes de la escuela y espero que Rukia y Renji tengan tiempo porque tenemos mucho que hacer en el "Taller".

—Ah, tus amigos, quizá la próxima vez debamos traerlos también—Junshiro se integró a la charla con una frescura tal que Momo no pudo hacer más que sonreír. — ¿Crees que les gustaría?

—Seguro. Últimamente sólo nos vemos para cocer y hacer patrones.

—Un descanso les haría bien, salir y alejarse de las agujas los pondrá de mejor humor. —El tono con el que Unohana había pronunciado esas palabras y la frase "mejor humor" no pasó desapercibido para la chica durazno.

—¿Qué quieres decir mamá? —preguntó con la mirada más suspicaz de su repertorio.

—Nada, es sólo que te noto un poco molesta — ¿Molesta? ¿Ella? Para nada, simplemente estaba harta de que el complot universal para echar a perder su vida hubiera tenido un éxito tan arrollador en las últimas doce horas.

—No mamá, estoy preocupada por la escuela, eso es todo.

—Trata de no estresarte de más. —Sin agregar una sola palabra extra, su madre volvió a enfrascarse en su lindo tarro rosa de amor junto con Junshiro, dejándolos fuera de la tormentosa nube negra que se cernía sobre ella. Por su parte Momo bufó y discretamente regresó a su abismo de pensamientos.

¿En qué estaba?

Ah, cierto. En la formulación de la maldición apropiada para dejar caer sobre ese impertinente chico de pelos blancos. ¿Por qué todos los albinos no podían ser como Junshiro? El hombre era la amabilidad personificada. Nada que ver con… Ay, cómo le hubiera gustado a la joven tenerlo frente a ella para poner, como quien dice, las cartas sobre la mesa. Era un deseo agresivo y extraño, alimentado por la vergüenza y la irritación, deseo del cual se arrepintió de inmediato, justo cuando sus ojos chocolate enfocaron la mirada verde mar que no desalojaba su mente.

¡Por los tatuajes de Renji!

La joven Retsu cerró sus ojos con fuerza un segundo deseando con todas sus fuerzas que su paranoia le estuviera jugando malas pasadas, otra vez. Los abrió de nuevo y se dio cuenta de que sólo había dos opciones: o su sanidad mental estaba indiscutiblemente fuera del alcance de las alucinaciones paranoicas y el chico estaba allí, muy real y muy presente. O su sanidad mental ya no existía. Vamos, que esto parecía una broma kármica (una de mal gusto a su parecer). De la impresión la chica durazno apuró el resto de su vino en un solo trago ocultando su mirada dentro de la copa.

¡Qué "conejos de pascua" hacía aquí!

Por otro lado y de manera irónica la misma pregunta, sin la mención de los conejos reparte huevos por supuesto, hacía un repetitivo eco en la cabeza de Toshiro. Por un instante el joven médico contuvo el aliento desconcertado y sin tener un mejor plan emergente, corrigió el rumbo de sus pasos con una poco elegante vuelta en U, eligiendo como destino improvisado el baño de caballeros.

Oh, cielos.

Una vez dentro Toshiro se atrevió a respirar, se acercó a uno de los lavamanos y enjuagó su rostro para tratar de calmarse. Cerró la llave y se miró al espejo. Esto era increíble, poco faltaba para que no se reconociera.

—Este no eres tú — se dijo a sí mismo antes de cercarse. Toshiro Hitsugaya era un médico cirujano de sangre fría y mente calma. Entonces se dio cuenta de que estaba hablando solo.

Moviéndose discretamente revisó el espacio inferior de cada una de las cabinas. Ningún par de pies a la vista. El joven agradeció enormemente que el cuarto estuviera vació, ya tenía bastante con hacer el ridículo en privado, no necesitaba hacer partícipe a cualquier extraño incidental de su vergonzoso espectáculo.

Toshiro jamás pensó que después de las palabras dichas en el pasillo del hospital volvería a ver a esa chica. Era algo sin sentido, ¿cuántas probabilidades había de que ocurriera? Bueno, bastantes a decir verdad, tomando en cuenta que se habían encontrado en su lugar de trabajo y por lo visto esta joven pertenecía al cuerpo de voluntarias del área de pediatría, pero lo que sí estaba fuera de toda lógica era hallarla lejos de ese lugar. Total, aún faltaba mencionar el elemento que convertía esta incoherencia en algo grande: Estaba cenando con su padre y Unohana. ¡En la misma mesa! ¡Compartiendo la canastita del pan! Pocas cosas en una comida eran más íntimas que eso.

Obviamente este hecho lo desconcertó lo suficiente para ralentizar sus procesos neurológicos, al punto en que dudó de la veracidad de la escena.

¿Se había quedado dormido en su escritorio? No, demasiados elementos consistentemente reales a su alrededor como para tratarse de un sueño. ¡Demonios, esto sí estaba pasando!

El médico se aclaró la garganta y confinando todos los temores, y pensamientos acelerados a lo más recóndito de su psique, salió de baño y comenzó a caminar a hacia la mesa donde –según tenía entendido- le esperaban. Diligente y con la sangre más atemperada, comenzó a pensar en una explicación a esta inesperada situación. Para empezar la reunión fue planeada por Unohana y su padre para comunicarle algo importante. Toshiro infería que se trataba de alguna formalidad ligada con la relación que sostenían estos dos, pero eso seguía sin explicar la presencia de la chica con complejo de conejo gigante allí. Bien, sólo había una manera de averiguarlo, dijo para sí cuando halló de nuevo la mesa correcta. Sin embargo para cuando estuvo a pocos pasos notó que únicamente había dos personas sentadas: Junshiro y Unohana. Extrañado pero en definitiva más tranquilo, Toshiro se acercó a ellos.

—Te digo que está actuando raro.

—Creo que exageras, simplemente está bajo la presión del último año de escuela, recuerda cómo era eso, lo que me preocupa es como irán a reaccionar cuando…—Junshiro olvidó lo que estaba diciendo en el momento en que Toshiro puso una mano sobre su hombro. El hombre le dedicó una sonrisa a su hijo a modo de bienvenida.

—Toshiro, comenzaba a preocuparme, tú no sueles ser impuntual. —Unohana también estaba muy contenta con la llegada del chico, de inmediato se puso en pie y abrazó al muchacho de manera amorosa y maternal. Abrazo que fue correspondido con la misma intención cálida.

—Lamento el retraso, tenía algo de papeleo pendiente en el hospital y la hostess no hallaba la reservación y he tenido que buscar la mesa por mi mismo—A punto estuvo de preguntar si había alguien más en la mesa, pero notó que no había más que los cuatro servicios reglamentarios de una mesa cuadrada, igual que en cualquier otra mesa del centro del salón, y la chica que… imaginó sentada a la mesa, estaba bebiendo vino, de haber sido cierto la copa seguiría allí, ¿no?

La deducción de Toshiro fue casi correcta. El único error que cometió fue no tomar en cuenta los nervios de Momo, (variable estaba fuera de control… de todo control) los cuales obligaron a la chica a levantarse de la mesa, balbucir una excusa patética y salir presurosa hacia el tocador de damas, al otro lado del salón, a donde llevó su copa de vino vacía sin darse cuenta. Dentro del baño sólo había dos mujeres, quienes no le prestaron atención alguna. Momo sacó su celular de la bolsa dejando la pieza de vidrio en el suelo.

—Llamar a Renji, llamar a Renji. —tecleó el número y puso el aparato cerca de de su oreja, esperando a que diera línea.

—Ah, así que al fin la señorita se digna a regresar mi llamada. —Renji contestó de inmediato, feliz de poder hablar con su amiga por primera vez en el día.

—Renji estoy… oye, espera estaba en el hospital y no podía responderte y fuiste tú quien me dejó sola en la escuela en primer lugar. —Por un momento Hinamori olvidó la urgencia que la había llevado a esa conversación.

—Sí, te concedo eso. Pero…

—Espera, no es momento para esto. Estoy en un aprieto, de hecho te llamo a escondidas desde el baño del restaurante. —Como para confirmar su línea, Renji pudo escuchar como ruido de fondo cómo alguien activaba la función succionadora de un W.C.

—¿Qué te pasó? ¿Eres rehén en asalto o un ataque terrorista? —Momo rodó los ojos.

—No, y creo que tu imaginación fatalista fue demasiado lejos esta vez.

—Entonces te acabas de dar cuenta de que tus zapatos no combinan con tu bolsa, eso si constituye una tragedia, amiga mía.

—Ja, ja, ja —rió Hinamori en un tono irónico —. Eso no es gracioso y nunca lo será. No, es algo muy diferente.

Luego de referir en una versión resumida los acontecimientos recientes a su mejor amigo, Momo se dio cuenta de que en realidad no se trataba de algo demasiado grave, de hecho el despliegue militar que había planeado en su mente podía cancelarse, la guardia nacional podía irse a casa tranquila.

—¿Eso es todo?

—Sí

—¿Y te atreves a decir que el exagerado soy yo? Temo decirte que careces de toda perspectiva Hinamori. Yo no le veo ningún problema, tú vas a cenar con tu madre y su pareja, y en el supuesto de que el chico albino exista… quiero decir, de que esté implicado en el asunto, sólo debes ser linda y adorable, como siempre. Tu encanto personal podrá con todo, además si está tan bien como dices se rumorea en el hospital, aprovecha. No todo el mundo tiene la oportunidad de cenar con alguien tan codiciado. Bueno, tengo que irme, el jefe dice que el tiempo de esta llamada cuenta como mi descanso… y que ya se terminó. Nos vemos mañana en la escuela. — Sin más el chico pelirrojo colgó.

Momo se recargó en la pared y observó decepcionada el letrero de "Renji, llamada terminada 4 minutos" en la pantalla de su celular.

Luego de una amplia y folclórica variedad de insultos dirigidos mentalmente a su mejor amigo, Momo regresó a su mesa, con una sonrisa linda y adorable en el rostro. Toshiro disimuló completamente la sorpresa que la presencia de la mujer le producía, y en cuanto su padre notó la cercanía de la joven Retsu, se levantó al igual que su hijo.

—He vuelto.

—¡Perfecto! Oh, Momo, quiero presentarte a mi hijo Toshiro, hijo ella es Momo, la hija de Unohana.

Haciendo gala de un indiscutible buen uso del protocola y las buenas maneras, la chica durazno dirigió su mirada hacia Toshiro y le tendió la mano con un movimiento fluido y sutil.

—Es un placer. Toshiro—El tintineante tono de voz con el que había dicho su nombre le produjo una sensación inexplicablemente agradable. Pero gracias a un extraño brillo en los ojos que no concordaba con su expresión, el albino se dio cuenta de que no estaba siendo del todo sincera. Y dos podían jugar este juego.

—De ninguna manera, el placer es todo mío. Señorita Momo. —Ese "señorita Momo" tenía un no sé qué, que no pasó desapercibido para nadie y que casi le arranca un suspiro a la chica durazno, esta faceta del albino venía acompañada de una actitud arrolladora. Unohana y Junshiro intercambiaron una mirada muy significativa.

—Bien, pues ya que estamos todos aquí demos paso a la cena…

Toshiro y Momo respiraron pesado al mismo tiempo, esta sería una velada larga y memorable, sin duda alguna.

—Eso sería estupendo, la espera me ha abierto el apetito. —Momo soltó las audaces palabras con la clara intención de provocarlo, hacerlo estallar y hacerlo sacar su yo molesto que había usado esa misma mañana con ella, allá en el hospital. Toshiro lo sabía. Pero no estaba dispuesto a caer en su juego. Esa niña mimada, no tenía idea de lo que hacía, y aunque por lo general él no gustaba de prestarse a ese tipo de actuaciones, había algo que lo incitaba a no retirarse sin la victoria.

—Me disculpo, pues en ese caso tu incomodidad es culpa mía. —Con una voz inesperadamente encantadora Toshiro se disculpó, haciendo que Momo se preguntara si no se trataba de otra persona, pero lo siguiente que agregó, le dejó muy en claro que no estaba equivocada. —Además cuando logré llegar aquí la incompetencia del personal me mantuvo alejado de la mesa un rato.

Cabello de plata.

Ojos esmeralda.

Lengua mordaz.

Aura hostil.

Sí este era el chico, ahora estaba segura. La pareja adulta podía notar la extraña tensión que se había apoderado del lugar en cuestión de segundos.

—No lo decía con esa intención. —Momo hizo ademán de jalar su silla para tomar su lugar en la mesa, pero él se lo impidió. Y colocándose detrás de ella retiró el mueble en un gesto caballeroso para ayudarla a sentarse.

—Permíteme.

—Gracias.

O sea… ¿cómo? Era obvio que esos dos se traían algo, sus padres lo sabían, pero no tenían idea de cómo o porqué podrían tener algún antecedente juntos, pues no se conocían… ¿cierto? Junshiro regresó a su lugar y su hijo se sentó luego de acomodar la silla de Momo. Quien ya no estaba muy segura de para dónde iban las cosas.

Por su parte Toshiro se le quedó mirando un momento. La chica conejo, quién por cierto fuera de los atavíos del voluntariado y los accesorios de su leporino alter ego, lucía notablemente femenina y llena de gracia. Le devolvió la mirada sintiéndose incómoda pero no dijo nada. Toshiro se sorprendió a sí mismo tratando de analizarla, no podía explicar cómo era posible, pero la joven despedía un delicado aire de educada elegancia. Muy diferente de la imagen que se había quedado grabada en su mente.

Por su parte, adorable y encantadoramente Momo tomó la servilleta de la mesa y la puso sobre su regazo, deseosa de ocupar su boca con algo, lo que fuera para evitar hablar demás.

—Sí… para comenzar ¿quieren un poco de vino? —Preguntó Junshiro para hacer algo de ruido y relajar las cosas, pues ciertamente si las cosas salían como hasta ahora, cuando el verdadero motivo de la cena fuera revelado, estos dos podrían reducir el restaurante a cenizas, por decir lo menos—… creo que yo necesitaré una botella completa, —con esta perspectiva en mente añadió más en voz baja que para el resto de los comensales.

—No lo voy a rechazar. —Dijo Toshiro tomado su servilleta de la mesa.

—Me parece bien. —Momo se mostró de acuerdo, adorablemente sonrió y linda como una flor asintió.

—Hija…—El ensombrecimiento que oscureció la faz de Unohana fue notada de inmediato por Toshiro, nunca la había visto así y se preguntó a qué podía deberse. Definitivamente tenía que ver con su hija y el alcohol.

—Tranquila, está con nosotros. —¿Acaso necesitaba vigilancia cuando bebía? Toshiro no entendía nada, pero sabía que lo mejor era ser prudente y guardarse sus comentarios y preguntas.

La cena transcurrió sin mayores incidentes, la comida fue buena y la charla amena, pues durante casi todo el tiempo se llenó exponiendo y escuchando las generalidades de la vida de los recién presentados. Datos concretos y sin detalles comprometedores… más o menos.

—¿Entonces no eres un residente? —preguntó Momo verdaderamente asombrada.

—No, soy médico cirujano especializado en neurología, y ejerzo desde hace dos años.

—Mi abuelo también es neurólogo, pero a él le tomó años llegar a ser cirujano luego de graduarse de la escuela de medicina y tu te ves demasiado…

—¿joven? —Aunque "altanero" fue el primer calificativo que llegó a su mente, Momo se conformó con decir:

—Sí, joven. —Toshiro sonrió de lado con cierto aire de satisfacción, ella no esperaba que él fuera más que un residente, el último eslabón de la cadena alimenticia en el organigrama médico, pero no, resultaba todo lo contrario, él era un depredador, uno de los grandes.

—Siempre ha sido lo mismo —interrumpió Unohana—, Toshiro nació con un coeficiente intelectual elevado y terminó la universidad a los diecisiete años, se convirtió en cirujano a los veintiuno.

—Impresionante —soltó Hinamori secamente.

—¿Y tú? —Preguntó el chico con bastante seguridad y frescura pero su cuestionamiento iba ligeramente teñido de un poco de auténtica curiosidad.

—¿Yo?, no hay nada en mi experiencia de vida académica comparable a tus logros, soy una persona normal con una inteligencia promedio.

—Ella es diseñadora de modas, habla inglés y francés a la perfección —Junshiro se apresuró a desmentir las palabras de la joven durazno conciente de hacia donde se estaba guiando esta conversación. Y a pesar de la mirada suplicante de la niña, continuó hablando—. Además ha participado en varias exposiciones con obras suyas, a lápiz y óleo. Y hace poco ella y sus amigos colaboraron con una compañía de teatro para hacer el vestuario. Para eso requieres saber jo cuto. O alta costura… Momo me ha enseñado algunas palabras en francés.

"Haut couteaux" corrigió Momo la pronunciación en su mente. Visto desde esa perspectiva a la joven le pareció que sus logros no eran desdeñables. Por muy genio que fuera Toshiro, ella con el intelecto de la gente normal y sus impedimentos particulares había llegado bastante lejos.

—O sea que eres toda una artista. —Afirmó Toshiro repasando en su mente lo poco que sabía acerca de la alta costura.

—Sí, algo así; yo… aún estoy en el último año de la universidad. Pero quiero dedicarme a la Haut couteaux.

—Eso es interesante, yo soy un completo lego en lo que a materia de moda se refiere. —En ese momento se acercó uno de los meseros llevando en una pequeña charola el componente final de su cena. —¿postre? —Aunque nadie lo notó, Toshiro se animó bastante al fijar sus ojos en un exquisito pastel adornado con fresas.

—Ha llegado el postre, perfecto. Crème burlé. —Momo tomó su plato con auténtica alegría, ese sí era un broche de oro para esta cena, y ella que estaba preocupada. Ya nada podía salir mal, o por lo menos eso pensó hasta que su madre llamó su atención de nuevo.

—Chicos hay algo que debemos decirles.

Por el tono de voz tan apremiante de su madre, Momo se preocupó, ¿Qué podía ser eso tan importante como para hacer una cena así? ¿Y de qué clase de noticia se trataría como para necesitar un postre de consolación? ¿De verdad era tan amargo el asunto.

Continuará.


¿Qué tal?

Hasta que una tiene que sentar todas las bases del escenario es que aprecia el que todo ya esté puesto por el creador original… Pero bueno, esperemos que valga la pena sacarme de la manga tantas charadas XD

Muchas gracias a todos los que dejaron comentario, lo responderé en el siguiente cap, lo prometo... se siente bien saber que alguien está por lo menos interesado XD Espero que este primer cap lo hayan disfrutado y ya saben, el siguiente cap saldrá hasta dentro de dos viernes.

Bueno, que tengan un lindo día y gracias por leer.