Hola! Ya sé, ya sé, no tengo vergüenza, Shame on me! The gods should rip me apart for me to learn the lesson… bad bunny… bad kiki bunny! Soy una mala persona blabla… primero pasemos a la historia y abajo explicaré qué rayos me pasó. Lo único que puedo decir en mi defensa es que… sí voy a terminar esta historia, cueste lo que cueste. Y que… es un capítulo nice, con todo y todo. Aunque comprendo que igual hay que leerse el primer cap de nuevo para recordar de que va la cosa.

Bleach no me pertenece, ni sus personajes… sólo el argumentito de esta historia, detalles en el prólogo.

El hilo rojo en mi meñique

Capítulo II

Secretos de estado y versiones oficiales.


—Chicos, hay algo que debemos decirles.

Ay no, momento de entrar en código azul. ¿Por qué siempre que alguien va a dar una mala noticia tiene que preparar el terreno con frases así? Del tipo: "debemos hablar", "quiero discutir algo contigo", "hay algo que debo decirte"…y un largo etcétera. ¿Qué nadie nota que eso sólo hace insufrible la espera de escuchar el terrible asunto en cuestión? Además de obviamente disparar la imaginación de cualquiera hasta los confines más fatalistas de su mente, en definitiva resulta algo contraproducente, al menos desde mi punto de vista. Y ni Momo ni Toshiro eran las excepciones a esta regla.

Es importante mencionar que el temple de ambos fue significativo, ninguno escupió el bocado o se atragantó con él, no hubo grito de desesperación o un mantel manchado. Lo único que denotaba la gravedad de sus sentimientos era la irregularidad de su respiración, como si el aire fuera demasiado denso para entrar en sus pulmones.

El crème brulé ya no parecía tan dulce.

—¿Qué ocurre? —aventuró Momo acelerando el desgaste de un trozo de azúcar cristalizada con su lengua.

—Nosotros… nos vamos a casar. —¿Eso era todo?, tanta tensión para decir una de las obviedades más transparentes del mundo. Toshiro sonrió tranquilo… hasta que pensó un detalle ínfimo pero de vital importancia que Momo también notó. —Bueno, no nos vamos a casar, porque la ceremonia y todo eso son gastos innecesarios que preferimos invertir en otras cosas.

—¿Dónde planean vivir? —Toshiro habló abruptamente, Momo lo miró y con un solo segundo viendo los ojos turquesa comprendió de inmediato su línea de pensamientos, él vivía solo con su padre, una situación muy parecida a la que ella compartía con su madre.

—Hemos discutido mucho para tomar la decisión correcta. Y pensamos que nosotros dos podemos vivir en un apartamento mientras ustedes dos ocupan el otro. —Ajá, la primera parte de la idea sonaba bien, ya llevaban años juntos y vivir bajo el mismo techo era algo más que merecido pero, ¿y qué con eso de "ustedes dos ocupan el otro"?

—¡Qué! —Toshiro fue el primero en reaccionar, y cuando las palabras golpearon su mente con todo el peso de su significado e implicaciones, casi creyó estar asistólico. —¿Ella y yo viviendo juntos?

A Hinamori le desagradó bastante la forma en que había dicho "ella" pero no podía culparlo, la posibilidad de compartir una casa con él tampoco era su idea de un final feliz. De todas maneras, no podía quejarse, esto se podía adivinar como el inicio de un largo proceso de familiarización, una cena para presentarse y quien sabe, luego de varios meses conviviendo el hielo entre ambos podía derretirse y un día (algo lejano desde la perspectiva femenina) tal vez podrían llegar a ser amigos. Uno nunca sabe.

—¿Y cuando piensan comenzar con las mudanzas? —Momo trató de sonar tranquila y encantada con el plan, aunque la realidad distara mucho de eso y ella estuviera a tres latidos de sufrir un ataque de nervios. Su madre suspiró antes de responder.

—Antes de irnos de viaje esperamos poder dejar todo en orden, se presentó una oferta para un tour por el mundo. Sin embargo, no le he explicado todo a tu hermano, él no sabe que nos vamos, aún no regresa del seminario aquel, pero ya hemos comprado los boletos, ¿crees que podrías explicarle por qué nos fuimos con tanta prisa?

—¿Quieren viajar? —Esta vez incluso Momo sonó turbada por el impensado rumbo de la velada.

—Sí, será durante siete meses, hemos estado planeándolo desde hace varios años. Tenemos todo listo para partir en cinco semanas.

Vaya, eso no se había visto venir. Intempestivo, inesperado e inminentemente inevitable, la vida de ambos se estaba entrelazando sin remedio alguno. Momo lo sabía, su madre estaba usando ese tono de voz que no admite réplicas y Junshiro, bueno, era Junshiro, nadie podía negarle nada a esa cara de "ángel de la bondad" que poseía el hombre. No obstante su resignación no era compartida por el otro involucrado.

—¿Qué? —Toshiro no salía del estado de estupefacción, estaba de acuerdo en que ellos dos hicieran el resto de su vida juntos, pero eso no significaba que él debiera modificar todos los proyectos que tenía contemplados.

—Quizá sea una locura pero…—Comenzó a decir Unohana, no obstante a estas alturas se veía que realmente no le interesaba dar una explicación, la decisión estaba tomada y esta conversación no era de consulta sino con fines exclusivamente informativos.

—No quizás, es una locura. —Toshiro estaba al borde de la furia, pero la confusión y la esperanza de que todo lo estuviera entendiendo mal, lo mantenían contenido. Quería decir tantas cosas que las palabras no podían conformarse en su boca y terminaba atropellándose con las ideas. De todas manera no fue necesario formular alguna frase, pues en ese momento el celular de su padre sonó, dando comienzo al fin de la charla.

—¿Qué pasa? —Por la gravedad implícita en la voz de Junshiro, los dos chicos se dieron cuenta de que no podía ser algo más que el hospital, alguna emergencia seguro. — sí está conmigo… vamos para allá. —Luego de cortar la llamada volteo a ver a su pareja.

—Es Sunsui, nos necesita en el hospital. Uno de mis pacientes entró a quirófano de emergencia, y necesita que alguien cubra la guardia nocturna mientras operamos.

Cuanta comodidad acarreaba esto de ser cirujano al momento de necesitar salirse con la suya. Ni qué hacer, Momo sabía que por ahora Unohana no era su madre, sino la doctora Retsu, y por lo tanto no podrían retomar la plática sino hasta después de que la emergencia pasara.

—Yo también iré—a diferencia de ella, Toshiro no se dio por vencido, a todo esto él era médico también y trabajaba en el mismo hospital, así pues las emergencias que concernieran a su padre le atañían a él de igual forma.

—No, no es necesario. —o casi siempre, porque sin dar tiempo a que ningún argumento en contra fuera dicho, Junshiro le dejó muy en claro que eso no era asunto suyo. —Es mi paciente y no requiero de tu presencia, además luces algo alterado hijo, no me gustaría que entraras así a mi quirófano. —Amén de evitar que la energía negativa emanada por la cólera del muchacho afectaran el proceso operatorio de su paciente, el doctor Ukitake dejó a su hijo sin más armas para tratar de acompañarlo. El hombre sabía como utilizar su autoridad médica en todas partes.

Toshiro no creía del todo en eso, pero no discutió la decisión de su padre.

—Quédense y aprovechen para conocerse más, nos veremos en casa. —Sí por qué no, también podían comenzar a tejer cortinas de macramé para su nuevo departamento. Momo tuvo el pudor de omitirse completamente de la escena, entreteniéndose con el resto de su copa de agua mineral. Junshiro y Unohana dejaron el lugar sin sentir complicación alguna, mientras Toshiro regresaba a su lugar como en estado de trance.

Así con la ausencia de los dos adultos, ambos entraron en una dimensión de incomodidad hasta ahora desconocida por la humanidad. Incluso una mosca, tan fuera de lugar en ese lugar elegante, les eligió de entre todas las mesas como punto de revoloteo. Varios minutos pasaron antes de que alguno de los dos hablara y por su puesto las palabras no fueron demasiado elocuentes, pero eso sí, la chica se alegró de escuchar una voz, aunque fuera la suya.

—Vaya, esto es tan embarazoso que hemos comenzado a mosquearnos… literalmente. —Él le dirigió una mirada con el ceño fruncido, pero aún así, rió.

—Me agrada saber que debajo de ese témpano que muestras a la gente, haya buen humor.

De una u otra manera la desinhibida confianza con la que Momo le habló, invitó al chico a relajarse, como si en la sonrisa durazno se filtrara la petición "derrítete conmigo y pasemos un buen rato juntos", y sin darse cuenta el jovencillo de mirada gélida accedió. Fue hasta que la conversación llegó a un silencio cómodo y cómplice que él dejó salir a través de su boca ese pensamiento que no lo había dejado en paz desde hacía un par de horas.

—¿Momo Retsu, te puedo preguntar algo…?

—Pregunta, Toshiro Ukitake.

—En realidad… no importa.

—Sí te tomaste la molestia de pensarlo, significa que sí importa, dímelo.—Toshiro lo pensó dos veces, temía que la joven Retsu se molestara por la pregunta, hasta él reconocía que su carencia de habilidades sociales era preocupante; eso y el malentendido de su apellido eran cosas que no sabía cómo abordar. Así que esperando profundo habló sin pensar demasiado.

—Cuando pediste una segunda copa de vino tu madre no se mostró de acuerdo. ¿Por qué?

—Ah… eso, pensé que no lo habías notado. Si estás pensando que soy una especie de alcohólica insaciable estás muy equivocado. A lo único que soy adicta es a los libros y al tejido, y tal vez a hornear galletas y a dibujar también. Ahora que lo pienso es una lista larga.

—No pensaba eso, y no fue mi intención insultarte.

—Si de verdad quieres saberlo está bien, ahora que viviremos juntos, creo que es bueno ser honestos—todavía resultaba extraño admitirlo… vivirían juntos en poco más de un mes —. Ocurre que estoy bajo estricta vigilancia médica, y uno de los medicamentos que tomo no puede mezclarse con demasiado alcohol, no es peligroso pero… tú eres médico, sabes lo que pasa. Y antes de que me preguntes por qué o para qué debo tomar medicamento, te ahorraré tiempo, nadie está muy seguro, y lo poco que se sabe no te lo diré. Hay un límite de secretos por cena, Toshiro.

Toshiro, qué extraño se escuchaba el nombre en su misma voz, Hinamori recreó su lengua un par de segundos más mientras el sonido de la última sílaba moría en el aire.

—Oye… lamento haberte gritado en el hospital, pero nunca me ha gustado que se rompan las reglas en mi área. —Esa disculpa le había costado varios minutos de indecisión y todo el valor dejado por el vino ingerido, pero por fin la había sacado, limpia y llanamente. Una disculpa. Que raro, Hitsugaya no recordaba la última vez que había dicho una disculpa sincera.

—No, está bien, por lo general dejo el teléfono celular apagado cuando estoy en el hospital, pero lo olvidé, esta mañana… este no fue mi día en realidad.

—Supongo que la cena fue lo último que necesitabas, menos con semejante noticia. —Sí, técnicamente la consideraba la cereza del pastel.

—No, de hecho la cena fue la mejor parte del día, quiero decir, eres muy divertido y me alegra haberte conocido antes de que te mudaras a mi casa. No fue culpa de nadie que hayamos comenzado con el pie izquierdo.—Era amable, muy amable, el tipo de persona que uno no encuentra fácilmente cuando todo el mundo busca obtener alguna ventaja al acercarse a ti, como es el caso de los genios. Tan fuera de lo común para Histugaya que se sintió abrumado.

—Creo que deberíamos irnos. Te llevaré a tu casa.

El cambio de actitud de Toshiro extrañó mucho a Momo, su volubilidad fue algo de lo que tomó nota, para el futuro… que aparentemente tendrían en común.

—Lindo auto—, Momo no pudo reprimir la exclamación de sorpresa que precedió a esa frase cuando uno de los chicos encargados de estacionar los autos de los comensales dejó frente a ellos un porche plateado, el más hermoso que la chica durazno había visto… el primero para ser precisos. Ansiosa, ocupó el asiento de copiloto con una emoción casi palpable, al punto en que a Toshiro le pareció que se trataba de una niña pequeña.

El chico cerró la puerta una vez que ella se hubo acomodado por completo y una pequeña sonrisa altanera apareció en su rostro mientras entraba al vehículo y se disponía a avanzar.

—Gracias, aún no termino de pagarlo, pero con el trabajo del Gotei…—Ambos se colocaron el cinturón de seguridad y hasta ese pequeño movimiento hizo a Momo sentirse extasiada. Se sentía como una especie de princesa moderna, una espía internacional o una traficante de Arte… cualquier papel exótico le parecía adecuado para la sensación de las finas vestiduras bajo su cuerpo. Sin embargo, el movimiento del auto mismo le pareció a Momo más suave que los mismos asientos, era incapaz de sentir las imperfecciones del camino, las variaciones en la velocidad eran constantes gracias a la vialidad urbana, pero casi imperceptibles gracias al talento de Toshiro como conductor. Debía admitir que el joven médico estaba hecho para conducir ese auto.

Aunque ella dio las indicaciones, el camino a casa le pareció insultantemente breve. Y no sin cierta reticencia, la chica durazno abandonó el auto y se encaminó hacia la entrada del edificio donde tenía su pequeño hogar. Toshiro la acompaño un par de pasos detrás, no muy seguro de qué debía hacer o decir ahora; por suerte, la cantarina voz de Momo resolvió ese pequeño conflicto.

—¿Quieres pasar?, pronto esta será tu casa también, sería bueno que empezaran a conocerse. —El ofrecimiento le pareció extraño, algo incómodo y poco natural, debido a la falta de práctica en este tipo de encuentros sociales o quizá al extraño acento que afectaba el habla de la joven, un acento ligeramente teñido de vino.

—"Conocernos". Sugieres que me presente ante un objeto inanimado como lo es el apartamento, para evitar que se incomode cuando venga posteriormente. Yo… creo que en otra ocasión. — A pesar de que las palabras del chico no fueron extremadamente agresivas, la mirada y el tono de voz con el que se dirigió a ella, le dejaron muy en claro a Momo que en realidad él pensaba "Me parece que no es adecuado dada la cantidad de alcohol que ingeriste, no que sea mucha, pero comprendo que no estás acostumbrada."

—Claro, es tarde y mañana debes trabajar — dijo llanamente para evitar engrandecer la sensación de ridículo que la invadía. —Sí. Hasta luego y gracias por traerme.

Momo entró en el edificio sin agregar nada más o esperar alguna respuesta de su interlocutor, llegó a casa en un sopor raro e incómodo; mismo que le acompañó a lo largo de su rutina nocturna. Aunque su expresión al despedirse de él se había mantenido serena, con una expresión inescrutable, lo cierto es que la chica desbordaba una silenciosa decepción. Pero… ¿qué esperaba realmente? Al analizarlo con cuidado, la cena no había sido una cita, pues la sucesión de eventos era todo menos romántica, la llamada desde el baño, los exabruptos en las conversaciones, la inesperada y obligada intimidad en la que ambos se vieron envueltos y la presencia de mamá… bueno, nada más que agregar respecto a eso. Pero esos últimos momentos en los que se sintió verdaderamente cómoda con la presencia de Toshiro, esos en los que él la trató con una familiaridad imposible de fingir, la acosaban constantemente.

Pero… pensándolo bien, ella no lo conocía realmente. Vaya, qué lío. Rodeada de ese agobiante torbellino de dudas la chica durazno se puso la pijama y se metió en la cama.

—¿En qué rayos me he metido? —. Se atrevió s preguntar en voz alta. Suspiró profundo, tomo sus medicamentos y aún con toda la confusión contenida en su cuerpo, Momo Retsu intentó sumergirse en los dominios de Morfeo.


Toshiro sirvió una taza de café humeante y tomó asiento en la cómoda sala de descanso reservada para los jefes de área. Suspiró despacio permitiendo que el característico aroma lo envolviera. De pronto la puerta de la sala se abrió y su padre ingresó al parecer dispuesto a hacerle compañía; los dos intercambiaron una ligera inclinación de cabeza a modo de saludo. El joven se volvió a concentrar en su café cerrando los ojos… pero justo antes de que sus labios llegaran a tocar la orilla de cerámica, su bebida le fue arrebatada por el mayor.

—Antes, deberías hacer uno para tu padre… con una cucharada de azúcar. No sé cómo soportas el sabor tan amargo. —El joven neurólogo miró a su padre de forma retadora, sin embargo, no dijo nada mientras se levantaba para preparar otra taza de café.

—Ya sincérate, padre ¿por qué quieres que haga esto? —Preguntó Toshiro a la par que servía el líquido. Su padre respondió jovialmente.

—Porque se me ha antojado por el olor del tuyo

—No me refiero al café, ¿por qué quieres que me mude con la hija de Unohana? Y sé que es un mutuo acuerdo, no sé qué clase de beneficio saquen ellas, pero ya que me echarás de mi casa creo que tengo derecho a saber qué te traes tú entre manos. —El chico le entregó la bebida casi de mala gana, ansioso por obtener una respuesta al menos medianamente satisfactoria.

—Mira, el "beneficio", como tú lo llamas, de Unohana es bastante más complicado de lo que puedes imaginar, y la única manera de enterarte es preguntándoselo a ella, yo no soy quien para explicarte eso. —Explicó Junshiro intercambiando las bebidas para de inmediato dar un sorbo. —Delicioso.

—¿Y tú?, ya habíamos establecido que esta estupidez de hacernos vivir… juntos, es un mutuo acuerdo del que ambos sacan provecho.

—Tú, hijo. Ese es mi beneficio, que tú aprendas a valerte por ti mismo. Y una amiga no te caería mal.

—¡Sé valerme por mi mismo!

—Sí, pero todo gracias a mi ingreso, no estás listo para afrontar responsabilidades… y el auto… no creo que haya sido la mejor decisión posible. Hasta ahora todo el dinero que percibes lo has destinado a ese tipo de cosas, por ello creo que el estar al frente de una casa te hará bien. Tienes veintitrés años, es momento de que tengas más actividades y conocidos que no se relacionen con el trabajo.

Toshiro sabía lo fácil que era poder rebatir los primeros argumentos de su padre, pero la mención de la palabra "conocidos" lo turbó bastante…

—Gracias por el café. —El mayor de los albinos se fue sin agregar nada más, sabía por la expresión de profunda reflexión interna que había dado en el clavo, la victoria de este encuentro, era suya.


—Mamá…—Momo entró tímidamente a la oficina del jefe de cirujanos, donde su madre se encontraba revisando papeles… por otro lado el jefe no se veía por ningún lado. Por un momento la chica durazno se sintió estúpidamente amenazada por la presencia de su madre y la opresiva soledad de la sala

—Momo, que bueno que llegas. —Unohana dejó los documentos a un lado y centró la atención en su hija. —Está todo listo para el viaje, desafortunadamente la mudanza no se pudo programar para antes, Toshiro dice que llegará a casa un par de días después de que volemos. Por otro lado… Hisagi sabe que vas a vivir con Toshiro, pero no sabe que nos vamos de viaje

—¿Y qué dijo? —Eso Momo no se lo esperaba. Desde que se había independizado, rara vez veía al chico, pero eso no significara que estuviera ausente, pues era casi palpable la profundidad del lazo que los unía. La opinión de su hermano mayor le interesaba… aún podía sentir cierta esperanza, quizás podría vivir con él.

—Bueno, su ausencia demuestra que no quiso discutir—, tal vez no. Momo se sintió un poco abandonada. Cierto, el joven no tenía una obligación real de rescatarla, ni siquiera era un verdadera situación de peligro, pero en definitiva hubiera sido alentador contar con su apoyo en esta extraña encrucijada. No obstante la burocracia cósmica volvió a alejar las posibilidades de un rescate exprés, el nuevo plan de vida seguía en pie.

—Mamá… yo, no es que ponga en duda tu criterio, por nada en el mundo lo haría y no quiero que me malinterpretes, esto no tiene nada que ver con el viaje o con Junshiro pero… ¿por qué tiene que…? ¿Por qué nosotros…? ¿Por qué? —su deficiente elocuencia dejó a Momo más frustrada que en un principio. Por suerte la extraña e incompresible sabiduría que venía con el título de "madre" tradujo casi de manera mágica los pensamientos de la joven a la mente de Unohana.

—Porque no me siento tranquila dejándote sola, necesitas estar vigilada constantemente y Hisagi… ya ha pasado por muchas cosas, comienza a abrirse camino, no me pareció prudente…

—Molestarlo con esto. —Preferiste dejárselo a un completo extraño. La idea quedó flotando en los recónditos confines de la mente durazno. No obstante, comprendía por completo. Sabía que no tenía ninguna otra opción.

—Toshiro es un buen chico, sé que suena como algo extremo y poco meditado pero…—Por primera vez Unohana sintió que quizás esta no había sido la idea más brillante de toda su vida.

—No, está bien. Es una buena idea, dadas las circunstancias es lo mejor—. Para fortuna suya Momo siempre sabía cómo evitar un derramamiento de depresión masivo, ella conocía mejor que nadie la trayectoria de su madre, cada día difícil, los llantos y los sufrimientos atenuados por esa dulce sonrisa. ¿Cómo podía pensar siquiera en quejarse, si ello conllevaría a la disolución de su felicidad?

—Me alegra que lo comprendas, querida. Así me puedo ir más tranquila.

Ambas se abrazaron por un breve e intolerablemente emotivo, momento; en el que Momo tuvo que hacer un esfuerzo sobrehumano para no temblar ya fuera de rabia, tristeza o nerviosismo. Vaya, extraña la pesadilla en que se estaba tornando su historia.


—¿Tienes la lista telefónica? —preguntó Unohana a su hija, con la premura característica de la preocupación de una madre.

—Sí, mamá. Está en el sobre el refrigerador, tengo una copia en mi cartera, hay otra en el taller y cada número está en mi teléfono celular.

Toshiro exhaló pesadamente, exasperado al escuchar las obsesivas ubicaciones de "la lista", pues durante todo el camino al aeropuerto, la pregunta había sido hecha un enfermizamente incontable número de veces.

Por su parte, Junshiro permaneció callado. Únicamente habló cuando los cuatro se hallaban frente a la entrada de las salas de espera, punto en el que sólo a los dos viajeros se les permitiría pasar.

—Hijo, quita esa cara, estoy seguro de que ambos la pasarán bien, requieren un… corto periodo de adaptación.

—Sí, seguro.

—Bueno, por lo menos alégrate por mí, temo que con el aura que tienes en este instante el avión que abordemos se estrelle o explote antes de siquiera despegar.

"Lamento no poder sonreír más hoy, día en que has decidido que será de nuestras vidas sin habérmelo consultado, pero ¿sabes?, la gente tiende a molestarse cuando es obligada a ignorar su voluntad para llevar a cabo los deseos de alguien más. " Toshiro hubiera dado muchas cosas por decir eso, pero sabía que no podía

—Hijo…

—Lo siento, padre, estoy pensando en cosas del trabajo. Claro que todo estará bien. Me mudaré, nos adaptaremos y seremos felices.

—¡Perfecto! ¡Esa es la actitud! —Sí, en definitiva esa sería la actitud. —¿Lista? —preguntó a su pareja, quien daba un último beso de despedida a la pequeña chica durazno.

—Lista. Chicos, cuídense mucho mientras no estemos.

—Ustedes también tengan cuidado, diviértanse mucho.

—Los llamaremos en cuanto podamos y cada vez que lleguemos a un país diferente.

Sin más, los dos médicos caminaron hacia la sala de espera indicada y desaparecieron por la puerta, dando una única mirada hacia atrás, donde ambos les dedicaron una sonrisa tan radiante que parecía resplandecer, Momo y Toshiro la respondieron de forma natural, contagiados por la alegría de sus padres.

No obstante una vez solos, los dos chicos hicieron el viaje de regreso al auto en completo silencio, y el trayecto en el vehículo hasta la casa de Momo fue igual de silente, a pesar de que era casi posible tocar una bruma de tensión entre ambos, ninguno comentó nada hasta que la chica estuvo a punto de bajar del carro.

—Llegaré mañana, alrededor de las siete, con el resto de mis cosas.

—Sí, estaré allí a tiempo, de todas maneras tiene la llave ¿cierto?

—La tengo.

—Entonces, hasta mañana. Que pases buena noche.

—Igualmente.

Grácil a los ojos del albino, como siempre, la joven descendió del vehículo y entró a su hogar. Toshiro se permitió relajarse un poco en soledad.

Vaya día había sido ese. Más aún, el día que le esperaba mañana. Jamás pensó que transferirse al mismo hospital en el que su padre laboraba le traería tantos cambios. Quizás, pensó, debía haberse quedado en Europa, allí empezaba a hacerse un nombre y tenía una prometedora carrera en Inglaterra. Pero…

Maldita nostalgia. Maldita mil veces.

Ahora estaba siendo arrastrado a una serie de extraños eventos que no entendía, probablemente nadie lo haría en su lugar, debía enfrentar algo que él ni siquiera pensó posible, en un escenario demasiado extraño para él y con un libreto ajeno a su conocimiento. Pero muy en el fondo, Toshiro estaba feliz. Su padre, era feliz y ahora tenía una compañera… igual que él, al parecer.


Notas:

Sí… me ausenté, la (apestosa) vida real me consumió, ahora tengo trabajo(s), responsabilidades y soy una unidad consumidora productiva, me tardé un rato en acostumbrarme a ello, luego resulta que mi salud me estuvo jugando malas pasadas y luego perdí mis notas de esta historia, así que vengo rescatando de la vaguedad de mi cerebro, todo lo que puedo sobre el amor que estos dos se tienen… espero que el cap haya gustado... me esforcé... mucho *inserte aquí lagrimita*, prometo terminar, así como terminé "la fragilidad del universo". Promesa de conejo. Eso sí, no sé cada cuánto publicaré, pero no dejaré pasar tanto tiempo (un año… soy una mala persona ._. )