Hello everyone!
Ya es lunes otra vez y hoy toca actualización :D
Debo decir que este capítulo está escrito desde hace mucho tiempo, ha tenido modificaciones, obviamente, pero casi no lo recordaba hasta que lo leí para corregirlo. Incluso, acabo de recordar que en ese entonces estaba leyendo el mismo libro que lee Steve... no me pude resistir a incluirlo en el fic xD
Espero que les guste y le encuentren la gracia a mi intento de ser graciosa (?)
Nos vemos en las notas finales.
Disfruten su lectura :D
Capítulo 15
El lugar secreto de Tony Stark
La tarde se pasó volando para Steve mientras leía en su biblioteca personal. La novela de detectives que había tomado hace algunas horas le mantuvo entretenido y muy intrigado frase tras frase, palabra tras palabra; el detective era muy listo y se fijaba muy bien en los detalles. Detalles, pensó. Eso era lo que tenía que hacer, tenía que actuar como ese detective de la novela y fijarse en los detalles que lo rodeaban, de esa forma lograría descubrir el lugar secreto de Anthony Stark.
Tal vez, repasando los sucesos que le habían llamado la atención hasta el momento, podía dilucidar algo que le ayudara en su misión autoimpuesta. Sacó su libreta, la abrió en una hoja en blanco y tomando su bolígrafo, escribió:
COSAS SOSPECHOSAS:
- Tiempo extra en el elevador al ir de un piso a otro.
- Pasillo sin sentido en un piso perfectamente diseñado. No pudo ser un error.
- Tony desapareciendo por una abertura en el piso del pasillo sin sentido por demás obvio y sospechoso. Abertura que no da a ningún lugar en el piso que me fue asignado; aún más sospechoso.
- JARVIS menciona la ubicación "clasificada" de Tony.
Leyó los puntos de su lista un par de veces hasta estar casi seguro de que no le faltaba anotar nada más y comenzó a pensar en posibilidades. Si lo analizaba bien, era obvio que el millonario tenía uno o dos pisos sobre el suyo y que los utilizaba para algo.
Unos minutos después de darle vueltas al asunto en su cabeza, cayó en la cuenta de algo sumamente obvio y que no había visto. El genio era el creador del traje Iron Man, además de muchas otras cosas que no estaba seguro de saber utilizar, y también creaba y mejoraba las armas del equipo; lo más lógico era que ese espacio, que guardaba con tanto recelo, fuera su taller personal.
Una sonrisa se extendió en sus labios y los ojos le brillaron ante tal descubrimiento, se sentía casi como un verdadero detective. Ahora solo quedaba la parte difícil: el trabajo de campo. La torre tenía uno de los mejores, si no es que el mejor, sistema de seguridad que pudiera existir. JARVIS se encargaba de eso, JARVIS era el sistema de seguridad; por lo que sería muy difícil para él moverse en total libertad para intentar ingresar al taller. Lo pensó un poco más y la solución al problema vino a su mente más rápido de lo que hubiera imaginado: Tony Stark.
Con todas las variantes en su mente, solo faltaba la forma de unirlas todas y poner un plan en marcha. Se fijó en la hora y decidió que lo pensaría más al detalle después de la cena y partió a la cocina de la estancia para preparar algo.
•••
Ya no sabía en qué más trabajar cuando entró una llamada urgente de Pepper en su taller; porque si no era urgente, JARVIS no tenía permitido pasarle llamadas. Tomó la llamada: primer error. Recibió uno de los típicos regaños de la pelirroja por ser un irresponsable y tantas cosas más que realmente no escuchó. Pasaron más de quince minutos antes de que la mujer al teléfono dejara de hablar y le preguntara si había escuchado todo lo que le había dicho, ese fue el segundo error: había dejado de escucharla a los dos minutos, si no es que mucho antes.
Como ya conocía a su jefe y su manía por desconectarse de la realidad cuando ella le recordaba sus obligaciones, decidió no seguir con sus reclamos porque no tenía sentido gastar más de su saliva en ello. Suspiró resignada al otro lado de la línea.
―Le enviaré a JARVIS tus compromisos de esta semana y más te vale asistir a cada uno de ellos, Tony. ― Y cortó. Ni siquiera le dejó quejarse, simplemente le cortó. Eso significaba que no le quedaba de otra más que ir a todos compromisos que tuviera.
Los ojos de Tony Stark rodaron hacia arriba con fastidio. Afortunadamente la semana estaba por terminar. Sus compromisos eran tediosos, tres reuniones entre jueves y viernes, y una visita guiada por él mismo a unos posibles inversionistas; lo de los inversionistas era algo estúpido, es decir, quién no querría formar parte de Stark Industries.
Salió a paso lento del taller y subió las escaleras hasta llegar a la entrada bajo el pasillo, el camino estaba despejado. Al abrirse la entrada, sintió un exquisito aroma que llenaba el piso. Extrañaba eso, extrañaba el toque familiar que le daba la comida del rubio al lugar. Porque la comida del servicio no era tan buena como la de Steve, el aroma no era tan delicioso como el que sentía en ese momento, tampoco inundaba de la misma manera toda la estancia, y el sentimiento que le provocaba tampoco era el mismo que ahora le recorría. Sacudió la cabeza para dejar de pensar en esas tonterías, el hambre le estaba pasando factura, eso debía ser.
Se detuvo en la entrada de la cocina y se apoyó en la entrada con los brazos cruzados. Por un par de minutos pudo observar al chef que se paseaba de un lado a otro, siempre dándole la espalda; no lo había sentido llegar, o al menos eso le parecía.
― ¿Vas a quedarte ahí parado? ― Dijo aún si darse la vuelta. Revolvió un poco más el contenido del sartén. ― Podrías poner los platos y los cubiertos mientras termino con esto, falta poco para que esté listo.
No se esperaba eso. Definitivamente no se lo esperaba. En verdad había pensado que el súper soldado no había percibido su presencia, que iluso había sido. Arrugó un poco el ceño al caer en la cuenta de que, además, el rubio le había mandado poner la mesa, porque no se lo había preguntado, sino que le había mandado a hacerlo. Una orden, nada más y nada menos. Miró con profundo rencor la espalda de Steve y soltó un bufido antes de caminar hacia el mueble donde, suponía, estaban los platos.
Todo pareció estar perfectamente coordinado: Tony terminó de poner las cosas en la mesa y ni medio minuto después, Steve sirvió la comida. Al ver los platos frente a él, Tony no pudo evitar que se le hiciera agua la boca; hasta ahora, el rubio no había preparado ese platillo. Era algo sencillo, pero que se veía y olía delicioso: pasta con salsa blanca y champiñones.
El genio comió con ganas y saboreó cada bocado, estaba rendido al delicioso sabor y Steve estaba más que contento con la actitud de Tony, nunca pensó que algo tan sencillo le gustara tanto al millonario. Por primera vez, desde que llegó a vivir a la torre, el moreno se repitió la comida y mencionó lo delicioso que estaba. Una sensación cálida se instaló en el pecho de Steve al oír sus palabras.
Terminaron de comer en silencio y luego, en una invitación silenciosa de parte de Tony, fueron a sentarse a la sala.
―Estuviste fuera muchos días. ―Comenzó el millonario. ― ¿Tan difícil era la situación de tu amigo en D.C? ―Recalcó la palabra amigo con el fin de hacer notar al otro que no le había creído del todo.
La mirada inquisidora y, sobre todo, acusatoria que le dedicaba Tony, le hizo flaquear. Si quería que se llevaran mejor y fueran amigos, la mejor opción era demostrarle que confiaba en él y contarle lo sucedido; al menos una parte de lo ocurrido en su ausencia. Se lo pensó un par de minutos y cuando Tony pensaba que definitivamente no le diría nada, el rubio comenzó con su relato.
―La verdad, es que no fui a D.C para ayudar a un amigo precisamente. ― Se levantó de su lugar en el sofá y caminó hasta posicionarse detrás del millonario. ― Un amigo me estaba ayudando, Sam Wilson. Es un veterano, como yo; lo conocí poco antes de lo ocurrido con S.H.I.E.L.D hace un par de años.
Hizo una pausa al ver que el genio alzaba un poco la cabeza ante lo último que había dicho. Pensó que diría algo, pero Tony no quiso interrumpir su relato, así que continuó.
―Durante el enfrentamiento con Hydra, conocimos a un nuevo enemigo que llevaba muchos años actuando bajo su control. Era una especie de arma humana. ―Hizo una pausa al recordar lo ocurrido. ― Durante una de las peleas, le arranqué la máscara y pude identificarlo: era Bucky, mi mejor amigo, mi hermano. Aunque eso ya lo sabías. ―Tony asintió. ― Al terminar con el problema de S.H.I.E.L.D, Sam se ofreció para ayudarme a encontrar al Soldado del Invierno. Estos dos años ha estado siguiéndole el paso, pero nunca lo suficientemente cerca, ni lo suficientemente rápido para poder encararlo y convencerlo de recibir ayuda.
―Esta vez estaban cerca, pero algo no salió bien. ―Observó el moreno.
―No, no salió bien. ―Steve puso las manos sobre el respaldo del sofá a ambos lados de Tony sin darse cuenta, y siguió hablando. ― Lo perseguimos; fuimos a los últimos lugares en los que estuvo. Se fue en un barco a Londres y nosotros viajamos en avión y le esperamos allá; revisamos el lugar, nos familiarizamos un poco con la ciudad y el puerto. Lo enfrentamos a las afueras de la ciudad, en una especie de fábrica abandonada, pero nos venció.
El silencio se hizo de nuevo por un par de minutos. Tony no sabía bien qué decir, no era bueno con las palabras y no quería tener un problema con Steve por no saber controlar su lengua.
―Sé que sabe quién soy; me rescató de morir ahogado en el río en Washington. Lo vi en sus ojos, y él sabe que lo vi. Me recuerda; tal vez no recuerda todo su pasado, pero sabe que soy parte de su antigua vida. El problema es que no puedo ayudarlo.
―No puedes ayudar a alguien que no quiere que lo ayuden.
―Sí, Sam me hizo ver ese punto también. Así que decidí que no seguiré buscando. Si quiere mi ayuda tendrá que venir por ella, debo seguir adelante y dejar el pasado donde está, en el pasado.
La voz de Steve se quebraba cada vez que decía otra palabra. Le costaba hacerlo, le costaba aceptar que debía dejar a Bucky en paz y seguir con su vida; pero esta vez, al decírselo al hombre frente a él, comenzó a creer en sus propias palabras.
Tony, que había escuchado cada palabra en silencio y con total respeto, pensó en cómo debieron sentirse Pepper y Rhodey en el pasado; cuando él era un completo idiota, cuando no quería salir de su miseria personal, cuando aún tenía la venda sobre los ojos. El temblor en la voz de Steve le hizo ver que en verdad le dolía decir todo aquello, pero la seguridad con la que lo dijo, le hacía saber que lo decía en serio. Se volteó para enfrentarlo y se vio a si mismo demasiado cerca del rubio.
Steve se había recargado en el respaldo y se había agachado un poco, había bajado la cabeza en señal de derrota ente sus propias palabras. Miró al frente al escuchar al millonario moverse, pensando que se iba, pero se lo encontró frente a él; muy cerca. Tan cerca que pudo ver la profundidad de sus ojos. Cada matiz de color que componía esa mezcla perfecta de sus irises color caoba.
Color caoba. Ojos color caoba.
La frase se repetía en su mente a una velocidad increíble, hasta que captó el trasfondo de aquello. Rápidamente apartó la mirada y se apartó del sofá. Estaba nervioso.
Al verlo apartarse, Tony no supo que hacer, por lo que dijo lo primero que se le vino a la mente.
― ¿Quieres ver una película? ― Se maldijo internamente al no pensar mejor sus palabras, porque… ¿Por qué demonios le había invitado a ver una película? No debió preguntar, de seguro lo rechazaría al pensar que era una propuesta un tanto extraña.
―Claro.
La voz de Steve le sacó de sus pensamientos. Claro. Steve era un chico, en cierta forma, inocente; no pensaría mal de una proposición a una película. Se dio un golpe en la cara mentalmente por ser tan estúpido y pensar esas cosas que no tenía nada que ver con ellos dos.
Tony le dijo a Steve que eligiera una de las películas que estaban en las estanterías de la pared.
Las estanterías estaban literalmente, en la pared. Estaban dentro de la pared; las puertas funcionaban a presión y, al abrirlas, quedó totalmente impresionado al ver tantas cajas. Las otras veces, todas las películas le habían sido pasadas directamente por uno de sus compañeros, por lo que no había tenido oportunidad de fisgonear en los estantes. Estaba verdaderamente asombrado. Había cientos de películas y no se decidía por ninguna. Pensó un par de minutos, mientras pasaba sus dedos sobre los nombres que iba leyendo. Estaban en orden alfabético. Pensó en el libro que leyó esa tarde: Sherlock Holmes, Estudio en escarlata. Buscó en la letra "S" y encontró una película con el nombre del detective.
Puso la película y la vieron juntos. Bueno Steve vio la película junto al millonario, porque este último se quedó dormido antes de llegar a la mitad.
Tony se sabía la película de memoria, la había visto cientos de veces. Le dolía un poco la cabeza, aún tenía ciertos síntomas de la resaca en su cuerpo; poco a poco sus ojos se cerraron y no supo en qué momento se quedó profundamente dormido con la cabeza recargada en el respaldo.
La película era muy interesante y muy graciosa; la personalidad opuesta que tenían los protagonistas le gustaba, era una especie de equilibrio perfecto. Sin saber por qué, ante ese pensamiento, miró a la persona a su lado. Vio como el moreno dormía profundamente a su lado, con la respiración acompasada y las facciones relajadas. Ellos eran diferentes, pero en cierta forma, pensaba que podían llegar a ser buenos amigos al igual que el detective y el doctor. Volvió la mirada a la pantalla.
Rato después, el moreno se removió un poco y cayó hacia el costado. Hacia el lado de Steve. Aún dormido, lentamente cayó sobre el hombro de un nervioso súper soldado, y así se quedaron el resto de la película.
•••
Ya avanzada la noche, con un dormido Anthony Stark en su habitación, Steve entró al gimnasio para relajarse, para soltar tensiones.
Golpeaba una y otra vez a la nada. El aire se cortaba con cada golpe. Su mente estaba en blanco y de pronto una sensación conocida le recorrió la espalda; alguien le veía. No volteó a ver, no hizo nada que indicara que se sabía vigilado. Ignoró la presencia de Tony porque no estaba seguro de poder manejarse en su presencia.
Pasado un tiempo, el genio se aburrió de sentirse ignorado y, entendiendo que Steve quería estar solo, se fue a dormir. Por la mañana tenía una reunión muy temprano, necesitaba estar descansado para no dormirse frente a todos.
•••
La reunión había sido lo más aburrido que había hecho en mucho tiempo. Se levantó temprano, como nunca, porque a Pepper se le ocurrió programar la famosa reunión a las nueve de la mañana. Seguro era una especie de venganza por faltar tanto al trabajo y dejarle todo el peso de manejar la empresa ella sola, en verdad a veces consideraba a Pepper una mujer despiadada.
Papeles, papeles y más papeles. Un par de firmas por aquí, otras cuantas firmas por acá; un par de correcciones sobre algunos de los términos del contrato de ventas, sonrisas y apretones de mano. Basura. Tony no veía el punto de hacer esas reuniones, pero como le había dicho Pepper, era su responsabilidad como dueño de la empresa asistir a ellas.
A mediodía comió en su oficina.
Estaba aburrido y tenía muchos papeles que revisar. Odiaba revisar papeles. Odiaba ir a la oficina y más que todo lo anterior, detestaba las reuniones y a todos esos descerebrados que le sonreían intentando caerle bien.
Lo peor de todo: tenía otra reunión en un par de horas.
Con un gemido de desgano y fastidio, dejó caer su cabeza sobre el escritorio y golpeó con su frente repetidas veces. Sería una tarde muy larga.
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Aún no volvería a trabajar. Tenía la mañana libre por lo que decidió salir a correr por la ciudad. Corrió hasta llegar a Central Park y lo recorrió un par de veces antes de volver a la torre.
Luego de darse una ducha y cambiar su ropa, se quedó sin nada que hacer. Caminó un rato por su apartamento. Tony no estaba en la torre, ningún vengador estaba en la torre. Excepto él.
Subió al piso común y se dirigió directamente al pasillo que daba a la entrada oculta que, a su vez, daba al lugar secreto de Tony. Observó por todos lados. Miró detalladamente cada pared y cada esquina, cada rincón. Tocó la superficie de la pared y un panel holográfico apareció frente a él. Necesitaba una contraseña para entrar, no lo había pensado bien.
Se alejó de la pared y el panel desapareció. Se fue a su cocina para preparar el almuerzo, tenía que pensar en algún número que pudiera significar algo para el genio y probarlo como contraseña.
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Un par de horas después, volvió a acercarse al pasillo. Tenía en su libreta una lista de códigos que había pensado, podrían servir. Se había enfrentado a la computadora que estaba en su oficina y, tras una larga búsqueda en internet sobre la vida y obra del millonario Anthony Edward Stark, tenía una lista.
Se sentía seguro de sus códigos. Alguno tenía que servir.
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JARVIS no le había dicho que no podía estar allí. Sin embargo, notificó a Tony antes de que Steve pudiera siquiera pensar en hacer el primer intento.
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La reunión había mejorado de pronto. JARVIS le había dado la mejor noticia que esperó recibir ese día. Si el Capi-Paleta quería entrar a su taller, tendría que hacer su mejor esfuerzo. Se puso el audífono inalámbrico disimuladamente y se hundió un poco más en su cómodo sillón para ocultar su teléfono celular bajo la mesa. Aprovechó que la atención de los presentes estaba del otro lado de la sala y comenzó a disfrutar a costa del rubio.
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Steve ingresó el primer código, la pantalla marcó rojo de error y, de la nada, un rayo le cayó desde el techo. Sintió como la corriente se esparcía por su cuerpo y soltó un grito de dolor a la vez que caía de espaldas al piso.
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Silencio.
Tenía que mantenerse en silencio para no ser descubierto, pero era algo muy difícil de hacer. La imagen del capitán tirado en el piso con un poco de humo saliendo de su cuerpo, la cara de sorpresa mezclada con pánico y su grito de nena, le hacían difícil mantener la compostura.
Una risa mal disimulada con un poco de tos salió de su garganta y fue el centro de atención en la oficina. Tomó el vaso con agua frente a él y bebió; la atención volvió a la pantalla, del otro lado de la sala. Fijó su vista nuevamente en la imagen del soldado.
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No estaba seguro de saber que había pasado. Algún sistema de seguridad para intrusos, supuso. Se arriesgó con un segundo número y esta vez una ráfaga de fuego se disparó en su dirección; la esquivó por muy poco.
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La sonrisa que tenía en el rostro era enorme. No podía dejar de sonreír ante la imagen frente a él, se lo estaba pasando de lo lindo. Ahora el soldado casi se había convertido en carbón; no estaba preocupado, después de todo era el Capitán América, nada le pasaría.
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Steve se llevó una mano al pecho, sobre su corazón. Eso sí que casi no lo vio venir. Esperaba otro choque eléctrico, no una ráfaga de fuego. Agradeció a sus reflejos y miró nuevamente el panel con el desafío en lo profundo de sus irises color cielo.
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Una hora y media más tarde, el capitán estaba agotado; sentado en el piso, con la espalda pegada a la pared y los brazos reposando sobre sus rodillas. Jadeaba por el cansancio, estaba sucio, mojado, pegajoso y sentía una ligera corriente recorrer su espalda.
Le había caído agua fría, agua caliente, aceite de motor, fuego, corrientes eléctricas, las paredes se habían abierto y bolas de pintura habían sido disparadas a todo su cuerpo; lo peor era que no había pasado una vez, algunas cosas se repitieron. La corriente se repitió más de tres veces y aún la sentía circular por su cuerpo.
Su cabeza gacha por la derrota se levantó de golpe al escuchar una voz conocida.
― ¿Cansado, Capitán? ― Tony apareció a su lado y mirándolo desde arriba, continuó. ― Pensé que tenías más aguante, y también pensé que no te rendías tan fácilmente. ― Dijo burlón.
La cara de Steve era un poema. Estaba sorprendido, cansado y, sobre todo, avergonzado. No sabía que decir, no sabía qué hacer. Le miró desde el piso y se relajó al escuchar la sincera risa del millonario. Un par de minutos después, dejó de reírse y le tendió la mano para ayudarle a levantarse.
―Vete a dar una ducha, apestas. ―Le miró divertido. ― Nos vemos aquí en media hora, Steve.
El rubio asintió y partió a su apartamento.
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La mirada de Steve era como la de un niño en dulcería. Sus ojos brillaban de asombro y su boca estaba ligeramente abierta. Le dejó mirar por todos lados y tocar todo. Respondió a sus preguntas y le observó todo el tiempo con una sonrisa en los labios; le gustaba tenerlo ahí. No sabía por qué, pero le gustaba ver su mirada ilusionada y soñadora ante sus creaciones. Tampoco sabía la razón por la que le había invitado a entrar y mucho menos sabía lo que le llevó a darle el código de entrada.
Lo veía ir y venir por el lugar y no podía evitar sentir algo cálido en el pecho; en el corazón. No quería admitirlo, pero le tenía cierto afecto al chico. No, era algo más que simple afecto; pero eran amigos ahora, ¿verdad? Sí, debía ser eso que las personas llaman amistad.
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Había visto cada rincón del taller de Tony; se sentía especial. Si no se equivocaba, nadie tenía permitido el paso a ese lugar. Mientras miraba por aquí y por allá, pensó en el día anterior. Había recordado los ojos caoba de su sueño y se sorprendió al caer en la cuenta de que esos ojos eran los de Tony, esos ojos que lo miraban directamente desde el sofá. Mirando de reojo le quedó claro que en verdad era él, la sonrisa de su sueño era la misma que tenía el moreno en ese momento. No se sentía extraño por soñar con él, pero la noche anterior sí que se había sentido extraño, nervioso más bien, cuando el moreno se recargó en él mientras dormía. No fue un acto consciente de parte del millonario y tal vez ni siquiera lo recordara, pero él sí lo recordaba. Su corazón se había acelerado ante el contacto y su rostro había enrojecido. Se sintió aún más nervioso al cargarlo escaleras arriba entre sus brazos.
Siguió mirando el taller, pero no pudo seguir cuando sintió el peso de la mirada de Tony clavada en su nuca. Volteó a verle y le sonrió; una sonrisa nerviosa. El moreno le devolvió la sonrisa y se quedaron así por un momento, mirándose fijamente.
Ahora que conocía el lugar secreto de Tony, pensó que, tal vez, ya era considerado uno de sus amigos. Uno de sus verdaderos amigos. Eso le hizo sentir una inmensa felicidad que no supo bien cómo explicar.
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Tony trabajaba en algunas mejoras para War Machine; un pedido ultra secreto del gobierno, por lo cual no era secreto en absoluto. JARVIS le ayudaba. Estaba tan concentrado que no se dio cuenta en qué momento Steve salió del taller, solo reparó en su presencia cuando éste se acercó a dejarle una taza de café a su mesa de trabajo. El soldado volvió a sentarse, pero ahora con un libro entre las manos y comenzó a leer. Podía observarle al otro extremo del lugar, estaba muy concentrado en su lectura, por lo que volvió a trabajar él también.
Pasaban de las tres de la madrugada cuando volteó a ver a su silencioso acompañante; estaba profundamente dormido con el libro abierto pegado a su pecho y la cabeza apoyada en uno de los brazos del largo sillón de color rojo. No quiso despertarlo, así que tomó la manta que Pepper había dejado en el taller en caso de que se quedara a dormir allí, le quitó el libro de encima y cubrió lo más que pudo el cuerpo del rubio. Se quedó observándole un par de minutos y se retiró de vuelta a su mesa de trabajo. Al poco rato se quedó dormido sobre sus herramientas.
La historia va avanzando lentamente como advertí en un principio, pero de ahora en adelante veremos más conflictos internos de nuestros adorables héroes... De momento Steve ya se dio cuenta de que es el genio quien le da esa paz al dormir, ¿cuándo será el turno de Tony? No aún, lo siento :P
Espero que les haya gustado el capítulo.
Sí, la película que vieron los chicos era la de Sherlock Holmes protagonizada por RDJ y Jude Law. Qué les digo... me encanta RDJ, también me encanta Jude Law xD
Nos leemos pronto.
Besos.
Bye :D
Lunes 20 de Febrero, 2017.
