Hello!

Les cuento, este capítulo lo escribí hace poco (unas cuantas semanas) y se me hizo interesante y también un poco difícil porque realmente no sabía como continuar. Tengo una idea clara de el camino que tiene la historia, sé a donde quiero llegar y cómo quiero llegar (tengo desarrollados en mi cabeza capítulos a los que aún no llego), pero los intermedios actuales se me escapan algunas veces...

Hecho gracioso/triste/desesperado:

Ayer, cuando traté de subir el documento, después de editar el Word en mi pc, no me quería abrir la cuenta. Casi entro en pánico. Pensé que FF me había eliminado la cuenta, pero no. Afortunadamente solo se trató de un problema de Wifi xD

Bien, ya no me alargo más...

Nos vemos en las notas finales.

Disfruten su lectura :D


Capítulo 16

Tomando medidas


Sentía el cuello en una posición incómoda, no dolía, pero le incomodaba a tal punto de no poder seguir durmiendo. Se sentó en el sofá y una manta, que no recordaba haber tomado, resbaló hasta caer en su regazo. Estaba desorientado. Miró a su alrededor hasta que recordó que estaba en el taller secreto de Tony.

Pasó sus manos por su cara para despejarse un poco y se levantó.

Del otro lado de la habitación estaba el moreno recostado, en una posición para nada favorable para su espalda, sobre la mesa de trabajo. Se acercó y pudo ver algunas herramientas bajo sus brazos y su cabeza, le movió levemente para despertarle.

―Cinco minutos. ―Dijo con voz adormilada. Sentía unas manos grandes y cálidas sobre su espalda, no quería despertar y dejar de sentir esa deliciosa sensación.

―Tony, despierta.

El genio se levantó de golpe al reconocer la voz de Steve. Miró a todos lados tan rápido que terminó mareado. Parpadeó varias veces y enfocó a la persona frente a él; le dolía la espalda e hizo como cada mañana, se estiró a placer haciendo sonar su espalda en el proceso, ignorando por completo al hombre que tenía a unos pasos frente a él.

La imagen que se le presentó lo dejó un tanto perdido en sus pensamientos. Ver al famoso Tony Stark recién levantado, con las facciones adormiladas, la voz ronca luego de tantas horas sin emitir palabra, el cabello desordenado, pero presentable y casual, la ropa desarreglada y, sin duda la mejor parte, verle estirarse con la gracia de un felino y escuchar su gemido de placer al tronar la espalda era increíble; no podía dejar de observarle. No quería dejar de mirar esa imagen tan humana del millonario, pero como todo lo que empieza tiene que terminar, el momento acabó.

Tony terminó de estirarse y se le quedó viendo. Steve se dio cuenta en ese momento, que se le había quedado mirando como un estúpido y desvió la vista, avergonzado, al sentirse descubierto.

Sentir la mirada inquisitiva de Steve le hizo sentirse desnudo por un momento, vulnerable. No pudo evitar mirarle fijamente hasta hacerle sentir incómodo, luego le dedicó una sonrisa y le dio los buenos días. Se alejó de él con la excusa de que tenía una reunión urgente a la que no quería faltar. Claro que tenía una reunión, pero lo único que quería era no asistir a la aburrida reunión con el consejo; ya sabía que cada día ganaban más y más millones de dólares, no necesitaba una reunión con un montón de idiotas para saberlo.

El millonario caminó a paso rápido a la salida seguido por el soldado.

•••

Al llegar a su piso cambió su ropa por un conjunto deportivo y salió a correr otra vez a Central Park, necesitaba tomar aire puro. Mucho aire puro.

Mientras corría, no podía sacarse de la cabeza la imagen de Tony recién levantado. Le había visto en pésimas condiciones luego de la pelea con los Chitauri, pero esa imagen despreocupada y natural era completamente diferente y le hacía perder el aliento. Le quitaba la respiración y le hacía sentir extraño; había pasado mucho tiempo desde la última vez que se sintió así por alguien, demasiado tiempo en realidad; muchos años habían pasado y también una larga siesta.

Corrió por lo que le parecieron minutos.

Se detuvo en la misma entrada por la que había ingresado al parque y miró a su alrededor, había más gente de la que había normalmente a las diez de la mañana. Lo que tardó en asimilar era que no había corrido por un par de horas, sino que había corrido por horas y horas, y que ya era casi mediodía.

Corrió de vuelta a la torre y reparó en lo sudado que estaba al mirarse en las brillantes paredes del elevador y observar su camiseta. Había corrido mucho más sin darse cuenta de ello, estaba muy ocupado rememorando la imagen de Anthony Edward Stark recién levantado como un humano común y corriente.

Se metió a su piso y entró directo a la ducha.

•••

La reunión iba peor que la del día anterior. Tal como sospechaba, la reunión era para informarle de los elevados números adquiridos el último trimestre y blah, blah, blah. Nada que le interesara. Una vez terminada la reunión se fue a su oficina y se encerró por un par de horas mientras fingía trabajar y revisar papeles que, sabía, Pepper leería por él.

Pasado mediodía se levantó de su sofisticado sillón de cuero, tomó sus llaves, su teléfono celular y se fue del edificio eludiendo a la pelirroja.

•••

Al llegar a la torre, lo primero que hizo fue cambiarse de ropa. Le encantaba usar traje y verse elegante y sofisticado, pero no había nada mejor que su cómoda ropa para trabajar en el taller. Luego de cambiarse, bajó a la cocina y encontró un plato con comida cubierto por una cúpula de vidrio sobre el mesón.

JARVIS le informó que Steve había preparado la comida una hora atrás y que tenía que calentarla.

Comió en silencio y luego bajó a su taller a trabajar. Estaba pensando en que ya era hora de mejorar el traje de Capitán América.

•••

No podía dejar de pensar en lo que había pasado esa mañana, ni en lo que pasó la noche anterior o lo que había pasado cuando llegó y encontró a Tony borrado por el alcohol en el piso y luego lo arrojó al agua helada, o lo que vio después en la ducha del moreno. En todas esas ocasiones su cuerpo había actuado solo. Lo único que podía hacer era quedarse mirando y admirando cada uno de los detalles del genio. Estaba seguro de que la última vez que le había pasado eso fue, por los años cuarenta, cuando comenzó a ver con otros ojos a Peggy. ¿Eso quería decir que, al igual que aquella vez, se sentía atraído por el millonario? No era posible, aunque… tal vez sí lo era.

Si lo pensaba bien, al principio le pareció alguien que no valía la pena y que se hacía llamar héroe para disfrutar del título de héroe, pero luego de lo que pasó con los Chitauri dejó de pensar que fuera así. No se habían mantenido mucho en contacto después de eso, pero realmente se preocupó al enterarse del ataque que sufrió en su mansión de Malibú.

Como había estado en una misión fuera del continente, no se enteró hasta que todo el asunto había pasado, pero estaba seguro de que, de haber estado allí, habría acudido en su ayuda. Luego de eso le llamó porque estaba realmente preocupado, aún recordaba aquella vez.

La misión había durado más de lo que debió debido a un error de información que recibieron por parte de S.H.I.E.L.D, pero habían podido controlar las complicaciones, desmantelar la nueva base de Hydra y recolectar la información de sus servidores antes de que el lugar se autodestruyera. Estaba cansado y no tenía ganas de presentarse ante Fury para dar un informe de la misión, pero como era el líder encargado de toda la operación debía hacerlo.

Al llegar a recepción pudo ver en un gran televisor una noticia realmente grave y las imágenes que parecían no dejar de repetirse una y otra vez: una mansión siendo atacada por helicópteros con armas de alto calibre, la mansión se desplomaba y caía por un acantilado sobre el mar, que se tragaba todos los escombros. Bajo las imágenes de video las palabras "Tony Stark atacado por el Mandarín: Mansión de Malibú destruida, millonario desaparecido". El corazón comenzó a latir rápidamente en su pecho y una profunda preocupación se asentó en su cuerpo. Observó la televisión por un par de minutos más hasta que imágenes en vivo aparecieron por toda la pantalla.

La presentadora del reporte informaba que el millonario había tenido unos días muy movidos previos a Navidad y que a pesar de estar recuperándose de la situación y reconstruyendo su mansión mientras residía en Nueva York, no había perdido del todo el humor, para posteriormente mostrar un video que mostraba a un sonriente Tony que decía a las cámaras que "Lo peor ya pasó, además mi mansión necesitaba remodelarse", sonreía, con ese gesto coqueto tan suyo, y se montaba en un deportivo rojo para luego desaparecer por las calles.

No podía entender lo que había visto. Solo había salido por tres semanas, y al parecer esas tres semanas coincidieron con el ataque a uno de sus compañeros de equipo. Subió a la oficina de Fury sin dejar de pensar una y otra vez en los cortes que tenía en el rostro, en la nariz, la frente, en ese horrible ojo morado. Llegó a la oficina y luego de dar un informe superficial de la misión, preguntó por el atentado en Malibú. Las respuestas evasivas por parte del director de S.H.I.E.L.D no ayudaron en nada, por lo que decidió intentar por otro lado.

Esa misma noche, luego de sustraer uno de los quinjet, se presentó en la torre Stark para hablar con el millonario.

― ¿Se puede saber qué pasó, Stark?

Vio como el moreno se quedaba mudo al verle. Ver sus cortes y moretones en persona era peor de lo que esperaba, estaba realmente impresionado, pero Tony no abandonaba su sonrisa.

― ¿Qué pasó de qué, Cap? Si te refieres a lo de Malibú, déjame decirte que no fue nada. Tuve una pequeña confrontación con un antiguo conocido que me guardaba rencor por no apoyar su tanque de ideas.

Lo que veía frente a él era una máscara, como siempre. Veía al genio, millonario, playboy y filántropo, pero no veía a Tony. Se notaba cansado, pero si no quería hablar de eso, él no era nadie para pedir explicaciones.

―Nada ha sido igual desde Nueva York, ya sabes, los monstruos del espacio y todo eso. Desde que todo eso terminó estuve construyendo una armadura tras otra, mejorándolas y preparándome. No estoy seguro de para qué, pero lo hice. Ahora, después de toda esta situación, destruí hasta la última de ellas por Pepper. Necesito darle cierta seguridad, tranquilidad y más atención de la que le estaba dando. Ella las llamaba mi distracción.

No podía creer que le estuviera contando todo eso. Solo podía escucharlo y ver como poco a poco su máscara se caía. Lo vio sentarse en el sofá e invitarlo a sentarse frente a él. Le contó todo el asunto del Mandarín, sobre Extremis y lo que le ocurrió a Pepper.

―Después de curar a Pepper decidí no detenerme ahí, ―se tocó el pecho con un dedo― también me sometí a una cirugía para quitar los restos de metralla de mi cuerpo y me deshice del reactor. Fue mi decisión.

Lo dijo con tanta seguridad que se sintió feliz por él. Parecía que al fin hacía algo solo para él y no por alguien más, pero no estaba seguro de que el moreno estuviera convencido de que fuera una buena idea.

Esa noche hablaron un poco más, le comentó a grandes rasgos de su misión y de los fallos que había tenido S.H.I.E.L.D al darle la información e hizo reír al genio por la ineptitud de los agentes de la agencia. Luego de eso, como ya era tarde, Tony le invitó a pasar la noche en uno de los pisos libres de la torre.

Tiempo después de ese primer acercamiento, habían hablado un par de veces al encontrarse en el edificio de S.H.I.E.L.D, pero eso se vio dificultado cuando toda la base se movió a Washington. Los encuentros fueron cada vez menos, pero el lazo que habían comenzado a forjar estaba allí, al menos por su parte. Que no lo supiera en ese entonces era algo completamente diferente.

Debía dejar de pensar en tontería como lazos y esas cosas. Ellos solo eran amigos. Es normal soñar con los amigos cuando se encuentra en una situación difícil, aunque ciertamente nunca había soñado con Natasha y ellos eran amigos. Si pensaba en su mirada y en su sonrisa no se sentía tan reconfortado como cuando la mirada y la sonrisa pertenecían al genio.

Sacudió su cabeza para no comenzar a imaginarse cosas. Llevaba toda la tarde encerrado en su piso y ahora que lo recordaba, había dejado su libro a medio leer en el taller. Debía subir para recuperarlo.

•••

Ya casi era la hora de la cena, así que preparó un sándwich para el genio y uno para él, junto a dos vasos con refresco y bajó al taller. Pero apenas y había puesto un pie dentro del lugar fue recibido de una forma que no esperaba.

― ¡Justo a quien quería ver! Ven, acércate y deja eso por ahí. Tengo que tomarte unas cuantas medidas.

Decir que estaba completamente perdido era poco. No tenía ni la menor idea de lo que quería decir el genio, pero sin saber exactamente porqué, le hizo caso y se acercó.

Grave error.

Se arrepentía profundamente de haber salido de su piso. No podía creer que tuviera al mismísimo Tony Stark tomándole medidas como si fuera un sastre.

El problema: lo tenía demasiado cerca.

Su rostro estaba enrojeciendo sin saber la causa.

―Levanta los brazos. ―Concentrado en su tarea, Tony tomó la punta de la cinta métrica con una de sus manos y pasó los brazos alrededor de la cintura de Steve para rodearlo con la cinta. Al hacer este movimiento su cara quedó casi pegada al amplio pecho del rubio y casi podía jurar que escuchó los rápidos latidos de su corazón, pero eso no era posible. ―Bien, no te muevas y ponte derecho.

Steve sentía que no podría hacer esto por mucho más tiempo, tener la cara de Tony prácticamente pegada a su pecho y sus brazos rodeando su torso era demasiado. Eso era casi como un abrazo y después de lo que había comenzado a sospechar esa tarde sobre sí mismo, no creía que fuera buena idea estar casi abrazado al genio. Estaba seguro de que él podía escuchar los latidos de su corazón en ese momento.

―¿JARVIS no podría hacer esto con sus escaneos corporales?, ―Tony podía, sin necesidad de mirar al rubio a la cara, saber que estaba completamente rojo como su armadura, pero no estaba dispuesto a dejar pasar la oportunidad de molestarlo. Además, no podía negar que estaba disfrutando esa cercanía. Terminó de medir el pecho del Capitán. ― digo, pensé que él se encargaba de esas cosas.

―Lo que pasa es que… estoy compitiendo contra sus habilidades. Quiero probarle que aunque pueda aprender cosas, yo seguiré siendo el mejor. ―Dijo mientras anotaba la medida y volvía a rodearle para medir su cintura. ― ¿No es así, JARVIS?

Claro, Señor. Como usted diga. ―La voz de la I.A tenía un tinte de burla que ninguno de los dos pasó por alto, pero no lo mencionaron.

El moreno siguió midiendo la parte superior de su cuerpo, los brazos, el ancho de la espalda y el cuello, pero cuando pasó a medir la cadera Steve se puso realmente nervioso.

―Yo, eh… creo que ya es suficiente, Tony. Creo que JARVIS puede hacer el resto, ya demostraste que puedes hacer esto por ti mismo. ―Trató de negociar.

― No lo creo, si no tomo todas las medidas y las comparo con las del escaneo de JARVIS no sabré si gané o no. Tiene que ser todo o nada. ―Dijo el genio con convicción.

Steve tragó pesado cuando el genio volvió a rodearle con sus brazos para acomodar la cinta métrica y la bajó a la altura de la cadera. La cinta quedó justo sobre su trasero y las manos del moreno estaban justo a la altura de su entrepierna, pero afortunadamente más a la derecha y lejos de tocarle alguna parte del cuerpo. Respiró aliviado cuando el genio se alejó para anotar los números.

Se estaba divirtiendo de lo lindo al presionar los límites del soldado, pero al llegar a la cadera sus propios límites se pusieron en juego. Se estaba metiendo en terrenos peligrosos, pero ahora debía terminar. Solo faltaban las piernas y sería todo.

―Abre las piernas. ― Oh, eso había sonado tan mal a sus propios oídos, que comenzó a enrojecer y no se atrevió a mirar a Steve. ―Ne- necesito, este… medir y… eso. ―Tartamudeó y perdió las palabras. Afortunadamente el rubio le hizo caso y no tuvo que mirarlo a la cara.

No podía creer lo que Tony le había dicho, pero agradeció infinitamente que no le haya mirado a la cara al decir lo que dijo. Eso había sonado tan mal y si lo mezclaba con su confusión acerca de sus sueños con el genio… era mejor alejar esos pensamientos. No era un buen momento. Pero, ¿cómo alejar esos pensamientos cuando tenía a Tony arrodillado frente a él, con una mano en su cadera y la otra en su tobillo? Iba a enloquecer.

Tony ya no pensaba que esto fuera una de sus mejores ideas. Estaba arrodillado frente al Capitán América y a su mente solo llegaban las peores imágenes. Se apresuró en medir el largo de sus piernas y retuvo el número en su mente, ahora tocaba medir el diámetro de sus muslos, eso iba a ser difícil. Rodeó una de sus piernas con la cinta y subió hasta llegar a la parte más ancha del muslo e inevitablemente tuvo que mirar hacia arriba encontrándose frente a frente con la entrepierna de Steve. Parpadeó un par de veces, tosió un poco y tomó las medidas mientras una gota de sudor bajaba por su sien derecha antes de pararse y anotar los números una vez más en la libreta.

―Terminamos.

Al fin terminamos, pensó Steve.

Tony le dio la espalda concentrado en su mesa de trabajo.

―T- te traje algo d- de comer. ―Le alcanzó el sándwich y el refresco dejándolos en la mesa junto a él. ― Vo- voy a seguir leyendo aquí si- si no te molesta. ― Se sintió tan estúpido por tartamudear que decidió que tal vez era mejor irse del taller.

―Claro que no me molesta. Quédate todo lo que quieras. ― Tony se felicitó por hablar sin que le fallara la voz, aunque no se dio la vuelta para dirigirse al soldado.

Ante eso el rubio cambió de opinión y se quedó. Tomó su libro y mientras comía continuó leyendo.

•••

Diez minutos después, seguía en la misma página. No podía concentrarse en las palabras sobre el papel, aún seguía pensando en el genio tomando medidas en su cuerpo. Aún podía sentir el calor de sus manos sobre sus brazos, alrededor de su torso y en sus piernas. Sacudió la cabeza para alejar esas sensaciones, a él no le gustaba Tony Stark. Solo somos amigos, se dijo.

Lo miró de reojo y pudo verlo de espaldas a él en la misma posición en que lo dejó antes. De pronto le vio exaltarse por algo y luego hubo murmullos que, supuso, eran por una discusión con la I.A.

Tony a veces parecía un niño.

Sonrió enternecido y volvió a su intento de leer algo.

•••

Señor, si me permite decirlo. Creo que debería comer lo que el Capitán Rogers le trajo.

A regañadientes y sin decir media palabra se comió el sándwich y bebió el refresco. Rato después comenzó a comparar las medidas que tomó con las que había tomado JARVIS.

Creo, Señor, que le faltó tomar algunas medidas. ―Indicó la I.A resaltando, en una imagen en la pantalla, el tiro que debía tener el pantalón del traje; justo en la entrepierna.

Exaltado, nervioso y enojado se levantó un poco y comenzó a discutir con JARVIS en voz baja para no ser escuchados por el soldado. Lo reprendió por burlarse de él y por entrometerse en lo que no le importaba.

Sin voltear a ver si Steve seguía ahí o si lo había visto discutiendo con JARVIS, continuó con el diseño del traje; tenía que ser a prueba de balas, a prueba de agua, a prueba de fuego, a prueba de todo en realidad y se aseguraría de ello.

•••

Steve dormía en el sillón con el libro cerrado en su mano derecha y el brazo extendido, casi tocando el piso, mientras que Tony dormía con el mentón apoyado sobre su puño izquierdo y el codo sobre la mesa a punto de perder el equilibrio cuando una molesta alarma comenzó a sonar en el interior del taller despertando a ambos hombres en la madrugada, sobresaltándolos.

El soldado se levantó rápidamente y miró a todos lados buscando el peligro, pero no encontró nada; la cabeza del genio cayó de su soporte y se golpeó la frente sobre la mesa para luego levantarse igual de alerta que su compañero.

― JARVIS, ¿Qué demonios pasa? ―dijo disgustado por ser despertado de esa forma.

He perdido contacto en los agentes Barton y Romanoff. La misión que estaban llevando a cabo era solo de espionaje y reconocimiento, pero algo salió mal hace unos minutos y han desaparecido del radar. ― La voz de la I.A sonaba preocupada.

―Última ubicación disponible. ―Demandó Steve.

A doscientos metros del Castillo Pidhorodetsky, Ucrania.

Tony comenzó a caminar de un lado para otro, pensando.

― ¿Por qué los mandaste a ese castillo, J?

Actividad sospechosa y desapariciones alrededor del lugar. Movimientos de grandes contenedores por las noches desde hace un par de semanas, posible asentamiento de Hydra, Señor. ―Respondió la I.A.

Steve comenzó a caminar en dirección a la escalera.

―Toma lo necesario, nos vemos en el quinjet en cinco minutos. ―dijo dirigiéndose al genio.

Diciendo eso desapareció por las escaleras, el genio preparó el MARK 8 y se dirigió a la plataforma. Allí se encontró, minutos más tarde, con Steve enfundado en su traje y con el escudo en la espalda.

Partieron pocos minutos antes del amanecer.


Hasta aquí por esta semana.

Ahora tenemos un imprevisto que aqueja a nuestros Vengadores. Los imprevistos pasan... por algo se llaman imprevistos y me pareció que quedaba perfecto con lo que estoy buscando en la historia. De hecho, ya tenía pensado algo así desde hace tiempo, pero no lo había podido acomodar aún.

Espero que les haya gustado :) Si es así, pueden dejarme un review y yo lo leeré con mucho gusto.

Nos leemos pronto.

Besos.

Bye :D


Lunes 06 de Marzo, 2017.