Sonic the Hedgehog
Speed Riders
Saludos de nuevo. Gracias a todos los que se han tomado la molestía de leer este fic. Aún si hay un solo lector, yo seguiré escribiendo, aunque temo que no podré hacerlo tan seguido. Pero eso no importa ahora, lo que sí importa es que está lista la tercera parte de este fic, que será la última precuela del One-Shot "Silver the Hedgehog: Flare Riders".
Espero que lo disfruten.
Chapter 3: Infinidad.
Tres meses habían transcurrido ya desde la derrota de Eggman, y hasta ahora, todos los héroes que participaron en esa batalla habían vivido normalmente, en distintos lugares del planeta.
Aunque varios de ellos no estaban totalmente convencidos de que Eggman hubiera muerto, se fueron tranquilizando con el transcurso de los días, que pronto se volvieron semanas, y por último, meses. Se fueron distanciando, hasta el punto de pasar bastante tiempo sin encontrarse.
La población tampoco estaba muy segura de que el doctor finalmente no los atormentara nuevamente con sus locas máquinas asesinas, pero igualmente, terminaron por convencerse.
Todos se habían olvidado de sus anteriores angustías en cuanto a Eggman, y comenzaron a disfrutar la pacífica vida que habían conseguido con tanto esfuerzo.
Todos, menos uno.
Él simplemente no podía creerse que Eggman hubiera muerto. Pues bien, aunque él le dijo a Sonic algo similar, ahora no podía estar tranquilo hasta asegurarse. No quería admitirlo, pero estaba preocupado.
Preocupado por una posible represalia de Eggman.
Buscaría en cada rincón del planeta si fuera necesario, hasta tener la seguridad de que Eggman había muerto en la explosión del Egg Phantom. Después de todo, para alguien con sus habilidades, ni siquiera eso era una tarea difícil.
En tan solo un mes, había encontrado ya 13 bases del doctor, pero era consciente de que solo era el inicio. Sabía que Eggman tenía guaridas ocultas en todo el mundo, y que localizarlas a todas sería un trabajo largo...
Pero estaba dispuesto a realizarlo.
Eggmanland...
La abandonada fortaleza de Eggman, que alguna vez fue su mundo soñado, se encontraba ahora en un penoso estado... Cada artefacto, máquina, o luz estaba apagada, desactivada. Ya nada funcionaba en aquel pequeño mundo de metal, y ahora, el cruel paso del tiempo lo reclamaba como suyo, y poco a poco, lo iba arrastrando hacia su ruina...
Pero nada de eso le interesaba.
Avanzó a través de corredores metálicos, trampas mortales y túneles ocultos, observando con completa neutralidad aquella abandonaba edificación... Decidió ignorar por completo el cómo terminó así aquel lugar, y solo se concentró en avanzar hacia su destino...
El centro de Eggmanland.
Mientras recorría el sitio con su Black Shot, su mente parecía estar en otro mundo...
No podía dejar de pensar en el devastador poder del Egg Phantom, y lo peligroso que sería si el doctor volviera, usando aquella poderosa máquina de destrucción para sus malignos propósitos.
Debía evitarlo de cualquier forma, y asegurarse de que Eggman nunca más volviera a amenazar a la humanidad...
Miró por encima de su hombro, justo cuando una figura oscura se escondió rápidamente para no ser vista. El erizo negro frunció el ceño, y siguió avanzando, no sin aguzar sus oídos para asegurarse de que aquel ser no lo atacara por sorpresa...
Fingió no detectarlo, y continuó su camino, hasta encontrarse con lo que venía a buscar...
Y allí estaba: en el centro de la ciudadela fortificada y abandonada, brillaba un pequeño cristal rojizo con una luz apagada, vacía y tenebrosa.
Shadow se acercó a ella, con sus reflejos listos para actuar bajo cualquier circunstancia. El erizo negro llegó hasta la joya, cuyos oscuros brillos parecían resplandecer en los ojos de Shadow, quien, cuando estuvo apunto de tomarla, sucedió.
Ni siquiera lo había visto venir, lo cual le impresionó, pero, cuando recibió la embestida, logró recuperarse rápidamente, y encarar a su agresor.
Y entonces, fue cuando lo conoció.
Un chacal con heterocromía, de pelaje negro, con partes blancas que atravesaban su torso, como costillas. Sus orejas eran negras con dos círculos blancos. De su cabeza sobresalía una melena blanca. Tenía una cola túpida y negra con pocos flecos blancos al final. Shadow no tardó en notar que poseía un Extreme Gear rojo y negro, de aspecto simple, pero con bordes afilados, y un extraño símbolo en el centro.
-Pero miren a quién tenemos aquí... -Habló el chacal con una divertida sonrisa. -Shadow the Hedgehog, mejor conocido como la forma de vida suprema... Vaya broma. Ni siquiera viste venir mi ataque.
-¿Quién eres y qué quieres? -Preguntó Shadow, preparándose para una posible batalla, mientras su atacante recogía el trozo de cristal rojo en el suelo.
-Es curioso, ¿no? Que el destino nos haya juntado aquí, justo en el mismo instante. Mis órdenes solo eran encontrar este pequeño fragmento y ahora por fin puedo verle la cara a uno de mis enemigos. Y por suerte para mí, uno de los más poderosos. -Decía aquel chacal de ojos heterocromáticos, perdiéndose en el hipnotizante brillo de la gema que sostenía en su mano. -Es precioso, ¿verdad? Y no solo eso. El poder que esta joya irradía es impresionante, magnífico, e infinito. El poder del esta joya será el que inunde el mundo en la destrucción. Mi poder será el que producirá la ruina de este mundo. Y ninguna de ustedes, sabandijas, podrá evitarlo.
-Sigo sin entender ni una palabra de lo que dices. -Le interrumpió Shadow, suspicaz. -¿Quién eres?
-Puedes llamarme Zero. -Se presentó el chacal negro, con una leve sonrisa, mientras sus ojos se topaban con los del erizo. -Puede que no tenga órdenes de hacerlo, pero no pienso desperdiciar esta oportunidad. Probaré mis fuerzas contigo, Shadow, y demostraré lo fuerte que soy. Es el momento de descubrir si tantos experimentos por fin han dado frutos.
-Sigo sin entender una sola de tus palabras, pero si lo que quieres es una pelea, te pues que así sea.
El erizo negro aceleró de golpe contra su oponente, que se hizo a un lado con su Extreme Gear carmesí, el Crimson Mercenary, y le propinó una poderosa patada en la espalda a Shadow. Éste resintió el golpe, pero logró recuperarse rápidamente y así contraatacar con un Chaos Spear. Una lanza de Chaos Energy emergió de la mano del erizo negro como un proyectil, y explotó cerca del chacal, quien no pudo mantenerse estable y cayó al suelo. Shadow no desaprovechó la oportunidad, y rápidamente se abalanzó sobre el mercenario, listo para volver a atacar.
Sin embargo, su rival resultó ser más hábil de lo que previó, logrando evadir el ataque del erizo de un salto, y aterrizar en su deslizador impecablemente, para luego defenderse con un poderoso embate, potenciado con un turbo.
Shadow no alcanzó a quitarse del camino a tiempo, y recibió de lleno el golpe, saliendo despedido contra una pared. La colisión contra el muro fue bastante fuerte, pero el anti-héroe logró soportar el dolor y volver a levantarse. Zero lo miró interesado, mientras una pequeña sonrisa aparecía en su rostro.
-Creo que esto será más divertido de lo que pensé.
Shadow, de golpe, aceleró a gran velocidad contra el chacal negro, quien intentó interceptarlo con una patada en el pecho, pero, de repente, el erizo oscuro desapareció en un destello azulado. Zero se vio sorprendido por esto, y no pudo reaccionar a tiempo cuando su enemigo apareció detrás de él, y le asestó un demoledor rodillazo en la espalda que le hizo amedrentarse de dolor. Shadow no tardó en volver a atacar, y de una poderosa patada, despidió a su adversario lejos de ahí, mandándolo a estrellarse contra unos escombros de Eggmanland.
-Eso no me lo esperaba... -Murmuró Zero, emergiendo de los restos metálicos con unos pocos moretones. -Pero ahora estoy listo para...
Entonces, se percató de que Shadow ya no estaba ahí, y entonces entendió lo que había sucedido... el erizo le había arrebatado aquella joya que venía a buscar, sin que él se diera cuenta. De inmediato, empezó a reprenderse así mismo por confiarse hasta ese punto, y comenzó la búsqueda del erizo por aquella fortaleza desolada, sin divisar a Shadow, escondido detrás de una columna metálica, con el trozo de cristal rojizo exhibido en su mano.
-¿Qué es lo que te hace tan especial...? -Le preguntó el erizo, en un susurro, hasta que escuchó como Zero se aproximaba hacia él. -Ya lo descubriré, pero mientras tanto, debo encargarme de él...
El mercenario se desplazó a través de una gran parte de Eggmanland. Fábricas, bóvedas, laboratorios, atracciones, sin conseguir encontrar a su objetivo. Pronto, empezó a inquietarse, al punto de rugir de la frustración. Si el erizo lograba llevarse consigo aquel pedazo del Phantom Ruby, tendría serios problemas...
Pero por suerte para él, su enemigo jamás huiría de una batalla así como así, mucho menos cuando su adversario tenía tales capacidades para la lucha.
En una enorme plataforma circular metálica, en un punto alto de aquel parque de atracciones abandonado, el chacal ubicó con sus ojos dispares un brillo carmesí, y rápidamente se dirigió hacia allí.
Con algo de cautela y astucia, el chacal llegó hasta aquella zona iluminada solamente por la luz del rubí, ya que las nubes oscuras parecían consumir la majestuosa luna, y su luz pura y hermosa.
Uno de los fragmentos del Phantom Ruby se encontraba justo en el centro de aquella plataforma, lo cual alivió a Zero, hasta el punto que quiso hacerse con ese objeto, sin sospechar que se trataba de una trampa.
Un segundo antes de que pudiera ponerle un dedo encima a la joya, Shadow apareció encima del chacal, quien, al verlo, sabía que era demasiado tarde para esquivarlo... El erizo negro descendió a la velocidad del sonido, dejando tras de sí una poderosa onda de viento, que se ampliaba al punto de asimilarse al viento de un huracán. Pronto, Shadow fue envuelto de una luz negra, que envolvió y tiñó su cuerpo del mismo color, hasta convertirse en un cometa oscuro, que avanzaba imparable hacia su objetivo... Zero solo cerró los ojos, esperando el inminente impacto...
El choque fue devastador. Una vez Shadow colisionó contra su contrincante, una reacción de energía fue desataba, produciendo una nova de luz oscura que iluminó por completo Eggmanland por unos segundos. La plataforma metálica tembló unos segundos debido a la fuerza de la explosión, antes se estabilizarse de nuevo...
Pronto, un inquietante silencio dominó la zona. Ni un solo ruido se percibió en el lugar por largos segundos, mientras que finalmente, las nubes se desplegaban para darle paso a la luna, cuyo brillo alumbró la fábrica, revelando al vencedor...
Shadow the Hedgehog se levantaba con una mirada seria, sin ninguna pizca de piedad o remordimiento, digna de un villano, mientras que debajo suyo, yacía el cuerpo de Zero, cuyo Extreme Gear roto se encontraba a su lado.
El erizo lo miró por unos segundos, antes de bajar de su tabla voladora y encarar al chacal, quien ahora tenía una enorme cicatriz que atravesaba su ojo derecho. Pronto los abrió, delatando el inmenso dolor que lo atormentaba en ese momento. Pero además de ello, Shadow alcanzó a notar otra emoción, de intensidad tan grande como el dolor.
Odio.
Un odio infinito, que podría extenderse a toda una vida.
-No... puedo perder. -Moduló como pudo el chacal, tratando de levantarse, pero era inútil.
-No tiene sentido intentarlo. -Le dijo Shadow, mirándolo sin emoción alguna. -Ahora, más te vale decirme para quién trabajas y para qué quieres esta gema, o si no, desearás no haber nacido.
-Eres un... -Gruñó Zero, mientras su furia empezaba a desbordarlo. Nunca había experimentado lo que se siente una derrota, ya que toda su vida había sido un guerrero formidable, que cumplía con sus trabajos a la perfección. Y jamás había fracasado.
Jamás, hasta ese día.
El día en el que su orgullo de mercenario fue reducido a nada.
El día en que su viejo yo murió, y renació como un nuevo ser...
Solo por las palabras que dijo a continuación...
-Quiero ver... de qué eres capaz.
Shadow, por un impulso más que por su propia voluntad, descargó una poderosa patada en el abdomen del chacal, con una fuerza tan brutal que lo lanzó a metros de ahí, a las afueras de Eggmanland, hasta precipitarse hacia el mar en el exterior de la ciudadela mecánica.
El erizo, reaccionando rápidamente, regresó en sí, y su violento temperamento se esfumó. Se trasladó rápidamente al abismo de Eggmanland que desembocaba en el mar, intentando ver si Zero había logrado sobrevivir a eso. Sin embargo, solo pudo ver unas filosas rocas que surgían del mar, además de furiosas olas que barrerían lo que sea que tuvieran por delante.
El erizo suspiró con algo de pena, sintiendo por primera vez durante mucho tiempo, arrepentimiento. El arrepentimiento de que se hubiera dejado llevar hasta el punto de acabar con una vida sin válidos motivos para ello...
Sin más, se incorporó, y tomando su Black Shot, empezó a alejarse de ahí a altísima velocidad, sin que por su inquieta mente pasara la idea de que ya no tenía el trozo de cristal por el cual Zero estuvo dispuesto a arriesgarlo todo...
Uno, de las pocas partes del Phantom Ruby que se esparcieron por el mundo.
Despertó algo aturdido, sin saber exactamente cómo había llegado hasta allí.
Se encontraba en una especie de habitación, bastante elegante y fina para su gusto, pero cómodamente acogedora. Sintió un enorme dolor en todo su cuerpo al intentar moverse, pero, ya acostumbrado a esa sensación, consiguió ponerse de pie, y caminar hacia la puerta.
Entonces, en la ventana en un costado de la habitación, divisó en su reflejo una cicatriz... una marca que tendría que llevar toda su vida, por culpa de ese erizo negro.
Una marca, que afectaría su vida entera.
Un recuerdo que permanecería por siempre, y le negaría olvidar ese día.
El día en el que iba a olvidarse de su antiguo y débil yo, y renacer como la Infinidad misma.
-Ese desgraciado me las pagará. -Musitó el chacal, cuya cólera parecía brillar en sus ojos. -Shadow the Hedgehog... esto no ha terminado. No... Esto recién inicia.
