Hola a todo el mundo!
Las últimas dos semanas me han tocado pesadas, pero en los últimos días me ha ido bastante bien. He tenido mucha suerte y lo mejor de todo es que el viernes por la noche tuve un ataque de inspiración supremo. Como prometí, tengo listo el capítulo 19 desde hace una semana , o tal vez más, por lo que no me voy a atrasar con las actualizaciones...
¡Tengo listas, gracias a mi inspiración de viernes por la noche, las ideas centrales y ligeramente desarrolladas de los capítulos 20 y 21! Soy feliz :)
No les molesto más.
Nos vemos en las notas finales.
Disfruten su lectura :D
Capítulo 18
Diciembre 16, 1991
Llevaba toda la tarde entreteniendo a los payasos que habían pedido exclusivamente a él como guía turístico. Estaba cansado y aburrido de escuchar las estúpidas preguntas que tenían para él. Esas preguntas podían habérselas hecho a Pepper o a cualquier ejecutivo del último piso; todos ellos compartían casi la misma información. Si pasaba otra hora más escuchando idioteces iba a estallar, en el sentido literal de la palabra.
A cada segundo sus pensamientos amenazaban con salir por sus labios. Estúpidos inversionistas que no pueden hacer un recorrido con alguien más.
Tony estaba llegando a su límite. Cada segundo tenía más y más ganas de mandarlos al demonio. Acaso no entendían que un hombre tan importante como él no tenía tiempo para hacer este tipo de cosas. Los pensamientos del genio se mantenían en su mente solo por consideración a sí mismo. Si arruinaba esa visita con esos posibles inversionistas se las vería con Pepper; no quería vérselas con Pepper. Nadie quería vérselas con Pepper. Esa delgada mujer era un peligro. No dudaba que fuera capaz de intimidar a cualquiera que se le pusiera en frente y le llevara la contraria. A él lo intimidaba incluso en su traje de Iron Man.
Continuó caminando y mostrando cada rincón de Stark Industries hasta que llegaron a una puerta cerrada con un cartel que rezaba: PROHIBIDO EL PASO. Bajo ese cartel estaba el típico mensaje que decía: Solo personal autorizado. Sonrió por primera vez con verdadero gusto en ese recorrido. Esos inversionistas habían puesto cara de enfado al no tener acceso al lugar y él disfrutaba esos rostros; él no sería el único infeliz en ese recorrido. A medida que avanzaban por el pasillo, más puertas con el mismo cartel aparecieron y como Tony no tenía ganas de seguir con el asunto, decidió dar por terminado el paseo.
―Lo siento mucho, caballeros. ―Dijo al voltearse frente a ellos e interrumpirles el paso. ― Hasta aquí llega nuestro recorrido. Como verán, por aquí se accede a los laboratorios y talleres donde trabajamos en nuestros proyectos, a los cuales no les está permitido el acceso.
Ante las decepcionadas miradas de los hombres, él solo sonrió y los instó a volver sobre sus pasos. Una vez estuvieron de regreso en la sala de juntas, se cerró la conversación. Tendrían un par de semanas para decidir si era buena idea invertir en la empresa o si se llevaban su dinero a otro lado; a él le daba exactamente igual. No los necesitaba.
Lo único que le importaba ahora era esa conversación que tenía pendiente con el Capi-Paleta. La curiosidad lo estaba matando.
•••
Luego del recordatorio de JARVIS, Tony había salido corriendo, con la boca llena de comida, hacia su habitación. Había bajado quince minutos después con un traje de color gris, una camisa azul y unos anteojos de sol de color azul claro; aún tenía el cabello ligeramente húmedo.
Los chicos lo vieron subir y luego bajar sin dejar sus puestos en la mesa de la cocina.
Al bajar nuevamente, el moreno terminó de tomar su jugo y despidiéndose con un movimiento de la mano salió corriendo en dirección al elevador.
Los espías terminaron de comer y se levantaron al mismo tiempo. Steve los miró por un momento.
―Nos vamos. ―Informó la pelirroja.
Steve asintió y bajó la vista a su comida, pero fue interrumpido nuevamente.
―Nos vamos de la torre por unos días, Steve. ― Eso lo tomó por sorpresa. No sabía exactamente qué decir.
Luego de unos segundos de mirar alternativamente de uno al otro se decidió por preguntar.
― ¿Se puede saber a dónde van? No hay más misiones.
Los espías se miraron y sonrieron.
―Vamos a casa. ― La forma en la que Clint dijo "casa" fue tan especial que no fue necesaria otra explicación. Iban a casa.
―Está bien. Que se diviertan. ― Les dedicó una sonrisa y siguió con su comida.
Clint se retiró después de asentir. Natasha se quedó un momento más y volvió a sentarse frente a Steve; su intensa mirada lo puso nervioso y volvió a dejar de lado la comida para mirarla directamente.
―Finalmente te has decidido a hablar con él.― No era una pregunta. ―Me parece que has tardado demasiado, pero si le explicas tus motivos tal vez te comprenda y no se enfade... demasiado.
La cara de Steve demostraba todo lo que pensaba y la espía podía notar que estaba nervioso. Ansioso era una mejor palabra para describirlo, asustado también era una buena palabra.
―No estoy seguro, Nat. Nunca estuve seguro de que fuera él, pero en el fondo estoy convencido de que sí lo fue. Sé que es culpable de muchas cosas, pero de esta en específico no tengo pruebas. ―Suspiró derrotado.
―No te preocupes, grandulón. ―Apretó una de sus manos entre las suyas. ―Va a estar enojado al principio, pero lo superará. Además, en el poco tiempo que llevamos viviendo aquí, se han hecho amigos, ¿no es así? Saldrá bien.
―Por eso te vas. No quieres estar aquí cuando explote la bomba. ― Alzó una ceja instándola a contradecir sus palabras.
La pelirroja soltó sus manos y las alzó frente a su cuerpo. La había descubierto.
―Lo siento, Steve. Tú eres el súper soldado y acabamos de salir de una misión…
―Eso quiere decir que no vas a ayudarme. Eso es perfecto. ―Le dedicó una mirada que decía "Eres una mala amiga", pero no podía enojarse con ella. Después de todo ese era su problema y desde pequeño aprendió a enfrentar sus problemas él solo, por eso se metía en tantas peleas. Una más no hará daño, se dijo.
Le observó un momento antes de levantarse y caminar hacia él. Se detuvo y besó su mejilla susurrando un "Buena suerte" antes de irse.
Rato después, Steve observó el quinjet alejarse de la torre. Tenía mucho que pensar. Debía ordenar sus ideas y prepararse para lo peor.
•••
Luego de enviar a los inversionistas de vuelta a dónde sea que hayan venido, Tony tuvo la mala suerte de ser abordado por Pepper en la sala de juntas. Lo llevó a su oficina y le hizo firmar miles de papeles, que, según ella, como dueño de la empresa, tenía que firmar. "Tú y solo tú puedes firmar estos papeles, Tony. Es importante". Odiaba los papeles.
Toda la tarde perdida en inversionistas estúpidos y papeles inútiles. Ya era de noche cuando llegó a la torre. Se encontró con la cena en el horno de microondas y el lugar completamente vacío. Según le informó JARVIS, los agentes se habían ido en uno de los quinjet en modo furtivo, por lo que eran ilocalizables, Banner aún no había vuelto y Steve solo había salido de su piso para dejarle un poco de comida en la cocina; llevaba encerrado toda la tarde.
Cuando terminó de comer, decidió bajar a hablar con el rubio. Después de todo, lo que quería hablar con él parecía ser importante. Steve se veía nervioso al acercarse a él en el quinjet.
―No creo que su visita al Capitán Rogers sea oportuna en este momento, Señor. ―Al perecer JARVIS podía leer su mente.
― ¿Por qué lo dices? No creo que esté con alguien.
La I.A pareció pensárselo un momento antes de contestar.
―Según he podido notar, el Capitán Rogers se encuentra en un estado de estrés muy alto desde que llegaron de la misión en Ucrania. No ha parado de dar vueltas por su piso murmurando palabras sin sentido; ha pensado mucho en algo en las últimas horas, Señor. También me pidió que le informara cuando usted llegara, por lo que asumo que se acercará en algún momento para hablarle de aquello que lo tiene tan preocupado. ― Cuando JARVIS terminó de hablar Tony le escuchaba con la boca ligeramente abierta. Estaba casi seguro de que su I.A comprendía la naturaleza humana mejor que él y eso lo desconcertaba, pero a la vez lo aliviaba; tenía mejor sentido común que una persona e hizo lo que siempre hacía cuando JARVIS tenía razón, le haría caso y dejaría que Steve se acercara a él.
Ya había salido de la cocina. Estaba a medio camino del elevador, así que dio media vuelta y subió a su habitación. Se cambiaría y estaría en el taller esperando a la llegada del rubio. Después de todo, allí le había dicho que era un buen lugar para hablar en privado.
•••
Había caminado de un lado para otro en su piso, de la habitación a la sala, de la sala a la cocina, de la cocina a la biblioteca, donde finalmente se quedó, durante toda la tarde. Dentro de la biblioteca no se quedó quieto, siguió caminando de un extremo a otro con una mano en la barbilla y murmurando excusas. Pensó en lo que podría decirle al millonario; claramente le diría la verdad, pero aún no sabía si lo escucharía hasta el final. Necesitaba pensar sus palabras antes de hablar con él, no podía titubear en ese momento.
Caminaba una vez más en dirección al sofá cuando la voz de JARVIS lo sobresaltó y se golpeó en la pierna con la mesa de centro. Soltó un pequeño quejido y se dejó caer en el sofá.
―El señor Stark se encuentra en la torre. En este momento está en la cocina del piso común. ―Informó diligentemente la I.A.
Steve asintió sin importarle que JARVIS pudiera verlo o no. No podía hablar. Las palabras no le salían, a cada momento estaba más nervioso. Se encaminó a la cocina y se tomó un vaso de agua para intentar controlarse, además tenía la boca seca.
Un par de horas más pasaron antes de que tuviera el valor de subir al taller.
•••
En el centro de una plataforma circular, al fondo del taller, una de las armaduras estaba abierta. Tony trabajaba en ella. El genio tenía puesta una máscara de soldador y en sus manos enguantadas tenía el equipo necesario para la tarea que debía llevar a cabo. Tras la pequeña misión en Ucrania había tenido un pequeño desperfecto en la bota izquierda; luego de echar un vistazo, se dio cuenta de que el reactor en el pecho de la armadura no estaba enviando la suficiente energía hacia todos los propulsores. Era una pequeña falla de distribución que no le llevaría mucho tiempo reparar.
Estaba comenzando a soldar cuando el volumen de la música descendió hasta que, finalmente, se apagó. Dejó todo a un lado de la armadura y se levantó mientras se quitaba la máscara de protección.
Sabía que Steve estaría ahí. No podía ser nadie más.
El rubio se adentró en el taller y sin saber cómo iniciar la conversación, se quedó allí. Se quedó parado sin hacer nada. Al verlo así, y como ya lo había pensado toda la tarde y había llegado a una teoría más o menos factible de lo que aquejaba al rubio, Tony decidió hablar primero.
―Creo que sé de lo que quieres hablar conmigo.
Steve palideció. Si Tony sabía lo que quería decirle, quería decir que sabía que le había ocultado la verdad y ahora le recriminaría por no haberle dicho algo tan importante. Su pulso se aceleró y comenzó a sudar frío. Esto arruinaría el frágil lazo de amistad que estaban forjando. Eso arruinaría al equipo. Arruinaría todo.
Antes de que el rubio pudiera decir algo, fue interrumpido por el millonario.
―Cualquier problema que tengas, puedo entenderlo. ―Steve le miró sin entender. ―Si crees que tienes suficientes razones para hacer lo que haces, estoy de acuerdo contigo, pero creo que deberías pensar bien las cosas antes de tomar una decisión.
No creyó que fuera tan fácil. Pensó que la conversación iría a gritos, que llegaría a esa pelea que nunca tuvieron y siempre estuvo latente.
―Nun-nunca pensé que fueras a reaccionar de tan buena manera ante esto. ―Dijo aliviado. ― Creí que te enfurecerías y harías un escándalo.
Esta vez fue el turno de Tony de mirarlo sin comprender.
― ¿Enfurecerme? Tienes un muy mal concepto sobre mi persona, Steve. ¿Por qué haría un escándalo? Si quieres irte es tu decisión. No puedo obligarte a nada. Si no quieres seguir viviendo en la torre-
―Espera, ¿qué? ¿Irme de la torre? Eso es… ¿Por qué crees que quiero irme de la torre? ―Steve atropelló sus palabras.
Se miraron por un momento. Ambos estaban desconcertados, claramente hablaban de dos cosas muy diferentes. Tony formó una "T" con sus manos pidiendo tiempo fuera para pensar. Steve le vio girar y caminar hacia el fondo del taller y luego volver antes de escucharle hablar.
―No quieres irte de la torre. ― Afirmó. ― Por un momento pensé que no te gustaba vivir aquí y que venías a decirme que te ibas.
―Me encanta vivir aquí. Aún no me acostumbro a toda la tecnología que hay en la torre, pero puedo evitarla y así no me preocupo… Desde hace mucho tiempo que no me sentía tan bien en un lugar; desde que murieron mis padres. En este lugar, con todos ustedes, me siento como en familia.
―Debes admitir que somos una extraña familia. ―Rió y comenzó a enumerar con los dedos. ― Un científico que se transforma en un monstruo enorme y verde, una exasesina rusa, Légolas, un anciano ―dijo apuntando hacia Steve― y un genio millonario que… bueno yo soy el ser perfecto en este circo de fenómenos.
Steve lo miró con una ceja arqueada ante sus últimas dos referencias. Soltó una pequeña carcajada y, ya con más confianza de la que tenía al llegar, se sentó en uno de los sillones que había en un rincón del taller; ese rincón que había estado usando para leer sin molestar al genio mientras trabajaba. Tony le siguió y se sentó frente a él.
―Entonces, ¿de qué era lo que querías hablar?
El soldado se puso rígido un momento y su semblante se volvió completamente serio.
―Cuando me convertí en un fugitivo de S.H.I.E.L.D, hace unos años, tuve una extraña conversación con alguien que debía estar muerto. ―Se detuvo un segundo y decidió contarle todo, desde el principio. ― Natasha tenía una memoria USB con información de la agencia que sacó del Lemurian Star, en nuestra última misión. Tras seguir las pistas, llegamos al campamento militar donde me entrenaron, en Nueva Jersey. Allí encontramos una base subterránea de lo que parecía ser los inicios de S.H.I.E.L.D junto a una computadora gigante y antigua.
Steve se detuvo para observar a Tony que le escuchaba atento, sin querer interrumpir. Suspiró antes de continuar.
―En esa computadora estaba, de alguna manera que no entiendo, la mente del Doctor Zola, la mano derecha de Red Skull. ―Vio a Tony asentir. ― Dijo que Hydra había crecido dentro de S.H.I.E.L.D y que, con el pasar de los años, cuando necesitaban hacer algún cambio en la historia, ellos se encargaban de hacerlo. Nos mostró muchas portadas de periódicos con lo que parecían ser accidentes y entre ellas estaba…―su voz se apagó.
El millonario lo miró un momento. No sabía qué significaba todo eso.
―Entre ellas estaba…―dijo el moreno, instándolo a continuar.
El rubio tomó aire profundamente.
―Entre ellas estaba el accidente donde tus padres... perdieron la vida.
Tony lo miró directamente y asintió antes de hablar.
―Lo sabía. Sabía que Hydra estaba detrás de sus muertes, pero hay algo más que quieres decirme, ¿no es así?
―Desde hace tiempo tengo la sospecha de que el asesino de tus padres es el Soldado del Invierno, Bucky. Yo sé que hizo muchas cosas, que cometió muchos crímenes bajo el control de Hydra, pero no tengo pruebas. No podía decírtelo sin estar seguro, pero no podía seguir ocultándote esta información. Yo…
Se quedó en silencio. No quiso mirar al frente, no quería ver la mirada que Tony le dirigía en ese momento. De seguro estaba furioso por haberle mentido, por haberse ido a buscarlo sabiendo que podía ser el asesino de su amigo Howard. El asesino de los padres de Tony.
Steve pudo escuchar frente a él al moreno cuando se levantaba. Recién en ese momento se atrevió a mirarlo.
―JARVIS.
―Sí, señor.
― ¿Recuerdas esa vez que hackeamos el helicarrier? Cuando conocimos al resto del equipo, ¿lo recuerdas?
―Por supuesto, señor. Me tomó un par de horas hacerlo.
El soldado escuchaba la conversación sin entender de qué iba todo eso.
―Cuando S.H.I.E.L.D desapareció y me enteré del ataque que recibiste, recordé que tenía información secreta de la agencia. Información que nunca revisé, por alguna razón. ―Comenzó a explicar. ― Bien, cuanto todo salió a la luz, decidí echar un vistazo y encontré muchas cosas interesantes. Entre ellas encontré los datos secretos de Hydra. ¿Cuánto tardamos en revisarlo todo, J?
―Una semana, señor. Una semana sin dormir y un consumo exagerado de cafeína, debo mencionar.
―Claro. ―Gruñó Tony. ― Durante esa semana encontramos muchos archivos de misiones realizadas por tu amigo, Bucky. Resulta ser que el Soldado del Invierno mató a mucha gente a lo largo de los años; enemigos de Hydra principalmente. También algunos sujetos que podrían causar problemas en el futuro. Después de cada misión el cerebro de tu amigo era reprogramado; su memoria borrada y luego era criogenizado hasta que lo volvieran a necesitar.
La expresión de Steve se había ensombrecido a medida que Tony avanzaba en su relato. No podía creer que su amigo hubiera pasado por aquello una y otra vez; no podía si quiera imaginar todo el sufrimiento que había tenido que soportar.
Una pantalla descendió frente a Steve y una larga lista apareció ante sus ojos.
―Esta es la lista de los asesinatos cometidos por Hydra. Y estos, ―algunos nombres cambiaron a color rojo, demasiados para gusto de Steve― son los que cometió el Soldado del Invierno.
Entre ellos, Steve pudo leer los nombres de los padres de Tony: Howard Stark y Maria Stark. No quería creerlo. En el fondo sabía que Bucky lo había hecho, pero tener pruebas era algo completamente diferente a una simple sospecha. Lo peor de todo es que Tony lo sabía.
―Lo sabías. Ese día en que me sugeriste venir a vivir a la torre; ese día preguntaste como iba la búsqueda, también cuando volví de D.C. Lo sabías y aun así me apoyaste y me escuchaste. ―Fijó sus ojos en los suyos. ― ¿Por qué?
Steve se veía tan consternado por la situación, tan dolido por lo que su amigo le había hecho a Howard, tan triste… Tony no entendía el porqué, pero se sentía extraño. En el centro de su pecho sentía una presión que le dificultaba la respiración. Quería cambiar la expresión en el rostro del rubio. Quería decirle que todo estaba bien; que todo estaría bien. Algo en su interior le decía que debía hacer algo.
Se acercó nuevamente a Steve, esta vez sentándose sobre la mesita de centro, frente al soldado; alzó su mano y la dejó en el aire sin saber muy bien qué hacer con ella. Steve lo miró, tenía los ojos brillantes, tristes. Tony puso su mano sobre su hombro en un intento de reconfortarle.
―No creí que lo supieras. No lo sabías, de hecho. Yo solo…― Su mano bajó por el brazo de Steve y se detuvo en su antebrazo. ― Yo…
El rubio lo miró sin comprender.
―Mira. Cuando investigué todo esto me culpé a mí mismo por no hacerlo antes; si hubiera revisado esta información cuando la obtuve, como debí hacer, todo el problema que tuviste en D.C pudo evitarse. Tal vez hubiéramos desmantelado a Hydra sin la necesidad de destruir S.H.I.E.L.D, sin la necesidad de que te enfrentaras prácticamente solo a… a todos esos problemas.
―No fue tu culpa. Hubiera-
―Lo sé. ―Le cortó. ―Hubiera pasado tarde o temprano; hubiera pasado de un modo u otro. Estuviste una semana inconsciente en una cama de hospital, Steve. Te enfrentaste a tu mejor amigo de toda la vida y casi mueres intentando hacer que te recordara. Casi mueres por negarte a enfrentarte a él. ―Su rostro se endureció. ―Aunque tal vez fue lo mejor.
Una vez más, una mueca de confusión se formó en el rostro del súper soldado.
―Si me hubiera enfrentado al Soldado del Invierno, hubiera cometido una estupidez. Cuando me enteré de que había matado a Howard, a mi madre… estaba cegado por la ira. Lo busqué. Utilicé todo lo que estaba mi alcance para buscarlo, pero no pude hallarlo. Quería matarlo. Aún ahora, no sé si pueda tenerlo en frente sin darle una paliza…― Aunque no lo miraba a él, Steve pudo ver como su mirada se entristecía y luego se ensombrecía. ― Después de ver el video-
― ¿Qué video? ―Le interrumpió el rubio.
Tony no respondió. No era su intención mencionar el video, no quería que él lo viera. No quería que nadie lo viera. Sintió la penetrante mirada de Steve y desvió aún más la mirada. De pronto sintió una mano cálida sobre la suya, sobre aquella que tenía sobre el antebrazo del rubio, y le miró, sorprendido. Ese toque le hizo sentir seguridad y un extraño, aunque agradable cosquilleo, pero no quería hacerle sufrir más. No quería verlo triste.
Como Tony se negaba a responder, decidió hacer algo más.
―JARVIS, muéstrame el video del que habla Tony.
―Lo siento, Capitán. No tengo la autorización para mostrarl-
―Deja que lo vea. ―Tony le interrumpió y luego se dirigió a Steve. ― Pero recuerda que es tu decisión.
Tony se soltó del agarre de la mano del rubio sintiendo como el frío ocupaba su lugar, se levantó de la mesita y se alejó unos cuantos pasos hacia la mesa de trabajo.
La misma pantalla que le había mostrado a Steve el listado de los crímenes cometidos por Hydra dentro de S.H.I.E.L.D apareció frente a él. Esta vez la pantalla estaba en negro y de pronto apareció algo.
Una grabación.
La grabación de una vieja cámara de seguridad mostraba un camino rodeado de árboles, de pronto un automóvil a gran velocidad impactó con el tronco de un grueso árbol a un lado del camino de tierra. Detrás del auto, envuelto en llamas, aparece una motocicleta. Puede verse, pese a la baja calidad del video, bajar de ella un hombre vestido completamente de negro, cabello largo y un brazo de lo que parece ser metal.
Steve abre los ojos con asombro. Su amigo estaba allí.
El hombre de negro se acerca al auto al mismo tiempo que el conductor, Howard, baja para pedir ayuda. De rodillas en el suelo y retorciéndose de dolor, Howard es levantado bruscamente de sus blancos cabellos por el Soldado del Invierno; en ese momento, al ver su cara, el Soldado parece titubear. "Sargento Barnes" dice el del pelo cano. Luego de un momento de duda, levanta su brazo de metal y asesta, directo en su rostro, varios puñetazos mientras el otro pasajero del automóvil, Maria, grita una y otra vez, angustiada, el nombre de su esposo.
No quiere seguir mirando el video, pero no puede detenerse ahora que ya ha comenzado. El rubio no entiende cómo es posible que Tony se quedara ahí con él, cómo es posible que se quedara a escuchar los gritos de su madre. Lo mira un momento, está de espaldas a él, con ambas manos sobre la mesa de trabajo. Steve vuelve los ojos a la pantalla.
No es posible saber si Howard está muerto o solo inconsciente, pero es probable que sea lo primero. Su cuerpo es arrastrado por el Soldado del Invierno hacia el automóvil y es puesto tras el volante. Los gritos de Maria llamando a su esposo siguen rompiendo el silencio del lugar. El Soldado rodea el automóvil para acercarse a la mujer. Maria apenas puede moverse y al ver a su esposo sabe que eso es todo, su final se acerca. La mano del Soldado rodea el cuello de la mujer y pocos segundos después los gritos dejan de escucharse. Se hace el silencio.
El hombre del brazo de metal se acerca a la cámara de seguridad y por un instante es posible ver la inexpresividad de su rostro, su falta de remordimiento y culpabilidad. Un disparo, la grabación se convierte en líneas desiguales de estática. La pantalla desaparece y el taller se queda en silencio.
Steve no puede creer lo que ha visto. Su cabeza cae sobre sus manos, sus codos sobre sus rodillas, y así se queda por largo rato. Lo único que puede hacer es ver una y otra vez esa expresión de indiferencia en el rostro del que una vez fue su hermano. De pronto una mano en su hombro lo trae de vuelta a la realidad y ve a Tony sentado frente a él en la mesita.
La mirada de Tony es de tristeza, pero no puede ver el odio que esperaba.
―Te dije que era tu decisión. ―Dijo sin burla, solo como un comentario.
El moreno había estado realmente furioso cuando vio el video por primera vez, pero el saber la verdad le había traído algo de paz y sosiego a su alma. Eso no quería decir que había perdonado lo que pasó, pero ahora sabía que su ira debía enfocarse en Hydra no en el hombre que había sido su marioneta por tanto tiempo.
―No me lo dijiste.
―No creí que lo supieras. No era justo, yo sabía que lo buscabas para brindarle tu ayuda y… ― se pasó una mano por la barbilla ― la verdad es que no quería que lo encontraras.
La mueca de enojo que le dirigió Steve le causó un poco de gracia.
―No por lo que tú crees, pero… Digamos que si se aparece frente a mí, es probable que lo mande al hospital por algunas semanas.
El silencio se hizo entre ellos por un par de minutos. Se miraban. Steve trataba de averiguar si lo que Tony había dicho era cierto.
―Si vas a golpearlo, ¿no es así?
Tony levantó una ceja y le dedicó una de sus sonrisas autosuficientes.
―Puedes contar con ello, Cap.
Se miraron un par de segundos antes de compartir una pequeña sonrisa.
Espero que les haya gustado. Lo revisé varias veces, espero no haber dejado algún error.
Cuando estaba escribiendo lo del video, pensé que tal vez en ese año no había cámaras de seguridad de exteriores tan geniales que grabaran imagen y sonido, al menos en mi país (creo) que no las había, pero como EEUU es... En fin, me guié por la película, CACW, y como ahí la grabación tenía sonido, la dejé con sonido...
Si les gustó, ya saben que me encantan sus review.
Agradezco a quienes aún leen esta historia (inlcuso a los lectores fantasma) y les aseguro que hay una sorpresa en el capítulo que sigue, solo deben esperar dos semanas ;) Ah! y tengo un nuevo Momento Stony desde hace como un mes y medio, pero como estoy ocupada con una traducción del fandom Sherlock, no he querido subirla todavía. No me he dado el tiempo de revisarla con detalle, pero la subiré cuando sea el momento adecuado; cuando ese noséqué interior me diga que es el momento. Espérenlo.
Nos leemos pronto.
Besos.
Bye :D
Lunes 03 de Abril, 2017.
