Hola a todo el mundo!
He regresado con un nuevo capítulo de Nuestra Historia. He tenido unos momentos de inspiración bastante aleatorios estas últimas semanas, cuando quiero escribir y tengo tiempo no me llega la inspiración y cuando no tengo tiempo y tengo mil cosas que hacer me vienen a la mente las mejores ideas... En fin, les tengo una sorpresa hoy y espero les guste ;)
Nos leemos en las notas finales.
Disfruten su lectura :D
Capítulo 19
Dum-E
Después de la última parte de esa conversación la tensión desapareció y todo entre ellos volvió a la normalidad. Todo lo normal que podía ser esa extraña amistad entre ellos; Tony volvió a su trabajo con la reparación de la armadura y Steve salió del taller.
Tony pensó que Steve necesitaba un tiempo a solas para procesar todo lo que había pasado, por lo que decidió no decirle nada cuando lo escuchó salir del taller. Él sabía que lo que acababa de ver no era algo fácil de manejar, por lo que se sorprendió cuando, diez minutos después de verlo salir por la puerta, lo vio entrar nuevamente al taller. En sus manos traía un par de tazas de café y bajo el brazo derecho un cuaderno.
Al entrar le entregó una taza a Tony y luego volvió a su lugar en el sofá. Ese sofá le gustaba, estaba ubicado en un lugar estratégico que le permitía ver todo el taller. Le permitía ver a Tony trabajar. Tomó un poco de su café y abrió el cuaderno en una hoja en blanco. Hace un buen tiempo que no dibujaba y sabía que no podría concentrarse en ningún libro, por lo que eso le pareció una buena idea para pasar el tiempo.
Apoyado en el respaldo del sofá y con una pierna cruzada sobre la otra, el tobillo en la rodilla contraria, apoyó el cuaderno en su muslo y tomó el lápiz con firmeza entre sus dedos. Una vez estuvo lo suficientemente cómodo dejó de pensar y poco a poco sus dedos se relajaron, el agarre sobre el lápiz se hizo tan suave que apenar y podía notar su presencia.
Como siempre, sus manos parecieron tomar vida propia y comenzaron a trazar líneas sobre el papel blanco. Su cabeza se inclinaba hacia un lado y otro tratando de darle forma a lo que fuera que estuviera dibujando. El lápiz se movía con rapidez y luego con lentitud; trazos largos y trazos cortos; mayor y menor presión del lápiz en algunos puntos. La goma que traía en el bolsillo borró un par de manchas que hizo al marcar demasiado en un mismo lugar y, finalmente, luego de dar los toques finales, el dibujo estuvo listo. Lo levantó y se dio cuenta de que había plasmado en el papel esos ojos y esa sonrisa que lo acompañaban por las noches; esas mismas sonrisas que no había podido dibujar antes porque desaparecían de su mente. Pero esta vez era diferente. Esta vez había complementado la mirada y la sonrisa con una nariz fina, recta y ligeramente puntiaguda, además de una barba con un corte muy específico, una fuerte mandíbula, las cejas y el comienzo de su cabello.
Miró hacia el frente y observó al dueño de ese rostro plasmado en su cuaderno; le daba la espalda, agachado junto a su armadura de Iron Man.
Sonrió.
No sabía exactamente qué significaba todo eso que le pasaba, pero lo averiguaría con el tiempo. Por ahora se dedicó a beber un poco más de café, a cambiar de página y comenzar un nuevo dibujo.
•••
Cuando el genio terminó con los arreglos de la armadura, se levantó y vio a su acompañante profundamente dormido. Estaba recostado en el sofá como si hubiera decidido tomar una siesta que se convirtió en un profundo sueño. Se acercó silenciosamente y lo observó por un momento.
El moreno observó fijamente sus facciones relajadas al dormir y tan diferentes a las que tenía todo el tiempo, casi calculando sus expresiones. Recordó que a veces podía notar la falsedad de sus sonrisas, porque no le llegaban a los ojos, como si quisiera ocultar lo que en verdad sentía, o lo que no sentía. No había ensayado tanto como él, claro. También recordó esa expresión fiera y determinada en las misiones o en cualquier reunión con el resto del equipo; el trabajo le cambiaba la expresión; la expresión de Capitán. Pero ahora, ahora se veía tan relajado e indefenso. Tan diferente de como lo veía todo el tiempo. Mientras le miraba, pensó que desearía poder ver algún día su verdadero rostro, sin mascaras ni expresiones falsas; tal vez algún día él también se quitaría su máscara, pero ese día no sería hoy.
Se inclinó un poco, titubeó un momento antes de posar una mano en su pecho. Los ojos de Steve se abrieron y le miraron extrañados y soñolientos. La mano de Tony se deslizó hacia su hombro y le dio un ligero apretón.
―Es tarde y voy a cerrar el taller. ―Dijo con una sonrisa, retirando la mano de su hombro. ― Arriba. ―Le tendió la mano para que se levantara del sofá.
Steve recibió la mano que se le ofrecía, aunque no la necesitara. Algo dentro de él le impulsó a recibirla para obtener algo de cercanía. Se sentía bien. Tan bien como la mano que el moreno había puesto en su pecho para despertarle, tan cálida y confortable. Se levantó y se despidió antes de dejar el taller a paso rápido, siendo seguido por el genio un minuto más tarde.
•••
Caminaba lentamente por el pasillo, el cuerpo le pesaba y sus pies se arrastraban por el mármol. No había notado lo cansado que estaba por todo lo que había hecho durante el día: la misión, la visita guiada en Stark Industries, y cómo olvidar la conversación con Steve respecto al Sargento Barnes. Sentía que en cualquier momento caería dormido en el pasillo, seguramente ni siquiera sentiría el golpe.
Caminó un poco más, haciendo su mayor esfuerzo, para llegar a la habitación. Al entrar, se encontró con la puerta del baño abierta y con una inacabable cortina de vapor. Esa sombra, la misma que hace tanto tiempo se hizo presente por primera vez, se apareció entre la calurosa nube que no parecía querer desaparecer o disminuir. Ese hombre misterioso que a veces visitaba sus sueños estaba allí, frente a él. Al igual que siempre su chico vestía solo una diminuta toalla blanca y miles de apetecibles gotas de agua que bajaban por cada una de sus formas.
Una vez más, como cada vez, se le quedó mirando. Su boca se secó y tragó pesadamente. Intentó decir algo, pero no fue capaz de emitir un solo sonido. Cuando el extraño, aun ocultando su rostro bajo una toalla, se acercó, su respiración se detuvo y casi estuvo seguro de que su corazón dejó de latir. De alguna forma, logró dar un par de pasos hacia atrás.
Definitivamente ese no era su día.
Cuando retrocedió, sin fijarse hacia donde iba, chocó con su cama y calló sentado sobre ella. El atractivo y sexy desconocido se acercó, puso una mano en su hombro, le empujó sobre el colchón y se inclinó sobre su cuerpo. Seguía sin verle la cara. Retrocedió un poco, pero el extraño lo acorraló entre su fuerte anatomía y el colchón.
Tony contuvo el aliento.
La toalla que cubría el rostro del hombre que lo perseguía, no solo en sus sueños, se deslizó un par de centímetros, pero no cayó; siguió ocultando la identidad de su chico misterioso.
El calor que emanaba ese cuerpo desconocido envolvió todos sus sentidos y no pudo evitar soltar un ligero jadeo. Ese cálido cuerpo se estaba acercando al suyo, a su cuerpo deseoso de algo que no quería identificar; algo que temía identificar.
La oscuridad hizo un excelente trabajo ayudado al extraño a mantener su identidad desconocida, pero eso dejó de importarle en el preciso momento en que se inclinó sobre su rostro y respiró sobre sus labios. No pudo hacer otra cosa más que estremecerse ante la anticipación. El chico sexy pareció notar su estremecimiento, porque pudo escuchar una pequeña risa de satisfacción antes de sentir sus labios sobre los suyos.
No se resistió. No podía resistirse. Su mente decía que no estaba bien, que no era correcto besarse con ese desconocido porque no le atraían los hombres, pero sus labios y el resto de su cuerpo decían todo lo contrario. Respondió al beso con ganas, besando, lamiendo, succionando y mordiendo los labios del otro; adentrando su lengua en la boca del otro y dejando que él hiciera lo propio en su boca. Llevó sus manos hacia la espalda tibia de su desconocido, acarició y arrastró las gotas de agua que allí quedaban de arriba abajo. Bajó aún más por esa sexy espalda hasta llegar a los bordes de la toalla y, sobre ella, se deleitó acariciando y apretando ese voluptuoso trasero. El beso subió de intensidad y de velocidad. Se estaban devorando en el primer beso y eso lo excitaba aún más.
Llevó una de sus manos hacia adelante y subió por el abdomen marcado y por el duro pecho hasta llegar a su cuello. Una vez allí la llevó hacia su nuca y presionó para evitar que se alejara de sus labios, enredó una de sus piernas entre las de su sexy captor y dio una vuelta en la cama para quedar sobre él.
Al girar, cayó, una vez más, enredado entre las sábanas, al piso de la habitación.
Su sueño se había acabado y ahora necesitaba urgentemente una larga ducha de agua fría.
•••
Luego de su ducha fría, Tony bajó a la cocina emitiendo quejas entre dientes. Estaba cansado de esos sueños y de sus abruptos finales que casualmente terminaban siempre con su cuerpo estampado contra el piso. No entendía por qué no podía terminar con eso, específicamente con el sueño de la noche pasada.
El sueño que había tenido hace más o menos una hora le había dejado bastante claro que se sentía atraído por los hombres. No. No por los hombres. Se sentía atraído por un hombre en específico, uno que solo estaba en su mente. Eso era estar realmente jodido. Ni siquiera era un hombre al que conociera, no recordaba haber visto a un hombre como aquel, aunque de algún lugar tuvo que haberlo sacado.
― ¿De dónde lo conozco? ¿Dónde lo he visto? ¿Dónde? ―Repetía esas preguntas en voz baja mientras servía una taza de café.
― ¿De dónde conoces a quién? ―La voz de Steve resonó por toda la cocina sorprendiéndole.
La taza de café que tenía en la mano casi se cae, pero alcanzó a recomponerse antes de causar un desastre.
Steve se adentró en la cocina sin notar lo que había causado al entrar de esa forma, buscó en el refrigerador y sacó una botella con jugo de naranja y se sirvió un poco bajo la atenta mirada del genio millonario.
―Entonces, ¿a quién te referías? ―Preguntó antes de dar un largo trago a su jugo.
Tony lo miró un segundo antes de responder. Pudo ver su cabello mojado, todavía goteaba, y eso le recordó al sujeto con el que se había besado anoche y con el cual hubiera hecho de todo; claro que todo hubiera sido un sueño, pero las reacciones que obtuvo fueron duraderas y difíciles de eliminar. Sacudió su cabeza, debía dejar de pensar en ese sujeto si no quería que el rubio sospechara algo.
―Nadie. Nada importante. Y tú, ―intentó desviar la conversación― ¿qué haces despierto tan temprano?
El soldado miró su reloj, ya eran las diez de la mañana. No era temprano.
― ¿Las diez de la mañana son temprano para ti? ―Recibió una mirada que decía por supuesto que sí. ― Bueno, luego de que me despertaras en medio de la noche, me fui a dormir y esta mañana fui a correr por Central Park. Ahora estoy aquí. No hay mucho más que contar.
Mientras Steve hablaba, Tony había comenzado a caminar por la cocina buscando algo, pero siempre atento a su interlocutor. Buscaba la caja de donas que, estaba seguro, mandó a rellenar hace unos días. Miró por todos lados y no encontró nada hasta que recordó que, de alguna forma que aún no descubría, JARVIS siempre se las arreglaba para ocultarlas en algún lugar alto.
―No entiendo como tienes energía para ir a correr tan temprano, yo no puedo funcionar a esta hora. Al menos no hasta después de un café y un par de donas. ―Decía mientras acercaba una silla a los estantes más altos. ―Maldición.
Steve lo miraba atentamente.
― ¿Qué estás haciendo, Tony?
― ¿No lo ves? ―Espetó― Estoy subiendo a una silla.
Se paró con ambos pies firmemente apoyados en la silla e intentó mirar sobre los estantes, le faltaban un par de centímetros para ver bien. Se estiró lo más que pudo hasta quedar en la punta de los pies y vio la caja, estiró su brazo y, al tomarla, perdió el equilibrio y cayó.
Steve pensó que no valía la pena discutir con un genio antes de que bebiera su primer café de la mañana por lo que siguió en lo suyo. Siguió en lo suyo hasta que le vio caer de la silla.
Rápidamente dejó su vaso en el mesón y avanzó hacia el moreno y le sostuvo fuertemente con ambas manos. Sus manos se apretaron al entrar en contacto con su cadera y una de las manos de Tony se apoyó en su hombro al tiempo que soltaba un jadeo por la fuerza que el rubio ejercía sobre su cuerpo.
Tony no soltó la caja de donas. Steve no soltó a Tony.
Se miraron por lo que pareció una eternidad hasta que la fuerza ejercida sobre la cadera del millonario le hizo quejarse y el momento terminó.
Steve ayudó al moreno a llegar al piso y, sin apartar las manos, lo miró con una intensidad que le asustó. Jamás se había sentido tan desnudo ante la mirada de otra persona y lo único que atinó a hacer fue a levantar la caja ante sus ojos para romper el contacto visual.
Al abrir la caja vio que estaba vacía.
La cara de decepción en el rostro del moreno le causó un ataque de risas al soldado.
•••
El incidente de la cocina pasó sin pena ni gloria. Fue algo de lo que ninguno de los dos quiso hablar. Steve tenía una sensación placentera en la palma de sus manos, había disfrutado tocar, aunque solo fuera por un momento y a través de la ropa, al moreno que, desde hace un tiempo, se paseaba por sus pensamientos y sus sueños. En cambio, Tony estaba desconcertado. Él creía que el único hombre que le hacía sentir desnudo e indefenso era el sujeto sexy y mojado que se le aparecía en sus sueños, pero lo que había sentido con el rubio había sido tan intenso que no sabía cómo explicárselo. De alguna forma sentía que estaba engañando al chico con el que se había besado anoche. Lo cual era absurdo, ya que solo era un producto de su imaginación.
Esa tarde cada uno estuvo en lo suyo: el mecánico dedicado a su armadura y el soldado dedicado a sus dibujos, pero sin dejar de compartir el espacio dentro del taller. Parecía que no podían estar separados; no por más que unos cuantos metros.
•••
La noche empezaba a caer sobre Nueva York y las pizzas que Tony había ordenado habían llegado. Steve fue por ellas a las puertas del elevador, pagó al chico y lo despidió con un apretón que casi le rompió la mano, pero le dejó una gran sonrisa. Después de todo, no todos los jóvenes podían decir que el Capitán América le había recibido las pizzas y además le había dado la mano.
El moreno observaba la situación, a través de las cámaras de seguridad, con una sonrisa en la cara. Por un lado sus pizzas habían llegado, ya tenía hambre, y por otro, podía ver la forma en que Steve trataba a sus admiradores. La última vez que había visto al repartidor así de feliz fue la primera vez que él mismo salió a recibir el pedido.
Siguió el recorrido del rubio gracias a las cámaras y cuando lo vio entrar le dedicó una sonrisa un tanto burlona. Steve lo miró un momento y supo que había visto toda la situación; sonrió de vuelta y le entregó las cajas, luego lo vio irse. Al rato después, Tony volvía con un par de botellas de cerveza y le entregó una.
Comieron entre charlas sin importancia, sentados en los sillones, mirándose de reojo cuando el otro no miraba, o eso creían. Mientras, JARVIS observaba todo desde su omnisciencia y al fin creía entender un poco la situación entre ellos, pero, por supuesto, no diría nada.
•••
Una vez las baterías estuvieron recargadas con pizza y cerveza, Tony volvió a su trabajo en el MARK 8. Las reparaciones no habían sido tan simples como él pensaba y menos con un Súper Soldado cerca; su sola presencia lo desconcentraba. Necesitaba reparar la armadura pronto, con todo lo que había pasado ni siquiera había tenido tiempo de probar el MARK 9, por lo que ya estaba bastante atrasado.
Miró a su alrededor y estaba lleno de herramientas que ya no necesitaba. Llamó a Dum-E para que limpiara un poco y se fue a la mesa de trabajo.
Estaba revisando los planos de la armadura en una de las pantallas cuando se escuchó un gran estruendo en el fondo del taller. Sabía que algo como eso podría pasar.
Steve escuchó el estruendo y se levantó del sofá para ir a ver qué pasaba. La escena que encontró fue de lo más pintoresca: Tony regañaba a una especie de brazo mecánico que movía una pinza al igual que si fuera su cabeza, perecía avergonzado por haber hecho enojar a su dueño. Se acercó un poco más y pudo escuchar algo de lo que decía el moreno.
―La próxima vez que hagas algo, hazlo bien o te juro que te donaré a la universidad.
La pinza del brazo bajó una vez más, parecía triste. Luego se movió, alejándose de la plataforma y Steve alcanzó a leer "Dum-E" en uno de sus costados. Una suave risa escapó de sus labios y recibió una mirada de reproche de parte de Tony.
―No vas a donarlo a la universidad.
El filántropo alzó una ceja.
―Claro que lo haré. Nunca hace lo que le pido y siempre rompe algo o me rocía de arriba abajo con un extintor.
―No creo que lo hagas. ¿Tú qué opinas JARVIS?
Tony miró hacia arriba y suspiró, entonces escuchó a su I.A.
―No creo que el Señor Stark se deshaga de Dum-E. No en un futuro cercano, al menos. Después de todo lleva más de quince años profiriendo la misma amenaza y jamás la ha cumplido.
―Gracias, J. No necesitabas contarle la historia de mi vida.
―No lo he hecho, Señor. Aunque si quiere que lo haga-
― ¡No! Claro que no.
Steve comenzó a reír y se preguntó si alguien más pensaba que Tony estaba loco por hablar con un brazo mecánico y con una inteligencia artificial invisible. Su risa se detuvo cuando la penetrante mirada del genio lo atravesó.
―Así que más de quince años y aún lo conservas. Sería interesante saber por qué lo haces.
Tony se lo pensó por largos minutos antes de voltearse a levantar la armadura. El rubio estaba a punto de irse de vuelta al sofá cuando lo impensado pasó.
― ¿Vas a ayudarme o quieres la historia gratis?
Steve sonrió y escuchó la historia mientras ayudaba a Tony con su súper fuerza a levantar el MARK 8.
•••
Luego de la tierna historia de la creación de Dum-E, Steve volvió a su rincón para dibujar. Comenzó, inconscientemente, a dibujar la escena que se presentaba ante sus ojos. El robot se había acercado nuevamente a la plataforma, con cuidado y con la pinza baja, y le pasó una a una las herramientas a Tony. El genio, sentado a los pies de la armadura, de espaldas, solo recibía las herramientas y de vez en cuando le acariciaba la parte superior de la pinza diciendo "buen chico", como si de un cachorro se tratase.
Una hora más tarde tenía un dibujo, con casi todos los detalles, de lo que había observado. El genio, la armadura y el brazo mecánico. El primer invento de Tony Stark, ese que amenazaba cada día y al que jamás desecharía.
Con una sonrisa en los labios y el sueño pesando sobre sus párpados, cerró el cuaderno y lo dejó en la mesita antes de recostarse en el sofá y quedarse dormido.
•••
Tony envió a Dum-E por una herramienta y ya se había tardado mucho en volver, por lo que fue a buscarlo. Apenas se había dado vuelta y pudo ver como intentaba extender la manta sobre el cuerpo de un dormido Capitán. Se acercó a ellos y le ayudó en su tarea, luego le envió de vuelta a su búsqueda por la llave que le faltaba.
Antes de alejarse de vuelta a la plataforma vio sobre la mesita un cuaderno. El mismo cuaderno con el que le había visto llegar la noche anterior. Vaciló un momento antes de tomarlo entre sus manos. Lo miró por delante y por detrás antes de decidirse finalmente a abrirlo y ver su contenido. Desde las primeras páginas pudo observar dibujos de algunos lugares que no conocía, seguramente de cuando Steve estuvo en el ejército, algunos rostros que no podía identificar y, obviamente, a Peggy Carter. Avanzó un par de páginas más y pudo ver el retrato del Soldado del Invierno, fechado desde hace unos meses, las siguientes páginas estaban en blanco, ocupadas simplemente por manchones de lápiz; claros intentos fallidos de un nuevo dibujo.
Cuando estaba a punto de cerrar el cuaderno y volver a su trabajo, algo le hizo avanzar unas hojas más y se encontró con su propio retrato. Era casi el último dibujo del cuaderno. Era, seguramente, uno de los dibujos que había estado haciendo ahí mismo, en el taller.
Observó el dibujo y apreció cada detalle. Debía admitir que el rubio tenía mucho talento, pero lo que más le impresionaba era lo que sentía al verse allí. Nunca pensó que ver un dibujo de sí mismo le causaría tal impacto. No. Lo que le causaba esa extraña sensación era el autor del dibujo. Era una sensación parecida a la que había sentido esa mañana en la cocina, pero esta vez no sentía que estuviera traicionando al chico de sus sueños.
Avanzó una página más y se vio de espaldas junto a la armadura, siendo ayudado por Dum-E. En letras pequeñas, junto a su cabeza, aparecía la frase "buen chico". Una pequeña y suave risa se le escapó. Miró una vez más a Steve y sonrió, había algo en ese rubio, algo que le hacía sentir en paz. Luego miró a Dum-E y sonrió. Era un buen chico y definitivamente no lo donaría a la universidad.
Se recostó en el otro sofá y al rato se quedó dormido.
Unos minutos más tarde, una manta cubrió el cuerpo del genio a manos de su fiel Dum-E. Las luces se apagaron y en el taller solo se escucharon las acompasadas respiraciones de sus dormidos ocupantes.
Hasta aquí el capítulo de hoy. En verdad espero que les haya gustado.
Le tengo un cariño especial a Dum-E. Es tan tierno y tan parecido a un cachorrito perdido... lo amo. No estoy segura de si en verdad es el primer invento de Tony (recuerdo que Tony construyó su primer tablero de circuitos a los cuatro años, o eso creo haber escuchado xD), pero me gusta pensar que es esa la razón de que aún después de tantos años y tras tantas amenazas siga conservándolo.
Bien, lo del chico misterioso de Tony ya nos tenía a todas a punto de tirarnos el cabello, lo sé. Me encanta la idea que estoy desarrollando, eso de las dudas por el sujeto sexy y mojado... al fin tuvimos un acercamiento, ¿qué creen que pasará con Tony y su chico imaginario, y con Steve? Esto se pone cada vez mejor ;)
Nos leemos pronto.
Besos.
Bye :D
Lunes 17 de Abril, 2017.
