Hola a todo el mundo!
No saben los días que he tenido últimamente. Además de la carga académica, llevo dos semanas con un resfrío que ha puesto a prueba mi responsabilidad (en serio no tenía ganas de salir de la cama para ir a clases), pero en fin... mi resfrío ya se está terminando :P
Tengo noticias, aunque tal vez no sean muy buenas. Hay una muy alta probabilidad de que no publique un nuevo capítulo dentro de dos semanas, estoy muy atrasada y tan llena de cosas en la universidad que no he tenido tiempo de escribir ni medio párrafo del próximo capítulo :'( En verdad lo siento, no me gusta atrasarme e incumplir con las actualizaciones, pero no sé si tendré el tiempo... Además he tenido tan pocos review en los últimos capítulos que no estoy segura de que valga la pena esforzarme tanto si han perdido el interés en Nuestra Historia :/
Nos vemos en las notas finales.
Disfruten su lectura :D
Capítulo 20
El sujeto misterioso
Otra semana laboral comenzó y Steve decidió que ya era momento de retomar su rutina de trabajo, por lo que, antes de salir a correr a Central Park, llamó al gimnasio para avisar que se presentaría esa mañana.
Cuando llegó al gimnasio el chico que había estado cubriendo sus turnos se alegró de verlo y de poder dejar esa parte del trabajo, al parecer era demasiado para él. Saludó al grupo frente a él y comenzó con su entrenamiento como si nunca se hubiese ido.
Al salir del trabajo y ver la hora se dio cuenta de que se le había hecho tarde, por lo que aceleró lo más que pudo en su moto, esperando que no lo detuvieran, para llegar a la torre.
Luego de darse una ducha rápida preparó algo simple y bajó al taller. Tal parecía que Tony no había notado su ausencia. Eso dejó una pesada sensación en su pecho que no supo identificar del todo.
•••
Los días pasaron y los espías volvieron a la torre. El misterio de su paradero fue tema de conversación por un par de días, pero luego todo se calmó y Tony dejó de preguntar al ver que no obtendría respuesta.
Las misiones seguían surgiendo al menos una vez por semana, algunas veces JARVIS enviaba a ambos espías, a veces solo a uno de ellos. Casi nunca enviaba a Tony o a Steve porque no pasaban lo suficientemente desapercibidos. Y Tony estaba bien con eso, al fin había podido probar el MARK 9 hace unos días; aún tenía detalles que arreglar, por lo que no le apetecía perder tiempo en misiones en las que no se estuviera cayendo el mundo a su alrededor.
Steve se pasaba la mayor parte del tiempo, por las tardes, en el taller; por las noches había vuelto a entrenar en el gimnasio. Luego de sus entrenamientos se daba una ducha en su piso y subía nuevamente al taller, otras noches, en cambio, se quedaba en su habitación y dormía un par de horas hasta que el recuerdo del genio y su sonrisa se hacían presentes en sus sueños. Era en esos momentos de la madrugada en que, sin importar la hora, preparaba un par de tazas de café y subía al taller para llenar ese vacío que le provocaba la soledad de su piso con la presencia del millonario. Tony siempre le recibía con una sonrisa cuando estaba despierto; cuando estaba dormido sobre sus herramientas Steve le despertaba posando sus cálidas manos sobre su espalda o sus hombros, y de igual forma recibía una sonrisa algo adormilada por parte del genio. Una sonrisa que llenaba el vacío y la soledad de su pecho, que parecía calentar su alma.
Al parecer Tony ya se había vuelto muy importante para él y eso le asustaba; pero se conformaba con ser su amigo y poder estar cerca, al menos eso se decía. Aunque con los días ya no estaba tan seguro de ello.
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Un mes más pasó y Banner no regresaba. Al menos se comunicaba una vez por semana, aunque eso no era lo realmente importante, no para el filántropo. Tony estaba a punto de volverse loco. Estaba harto de seguir fingiendo que nada pasaba. Steve desaparecía cada mañana y luego se aparecía con algo de comer en el taller o le mandaba llamar a través de JARVIS para que subiera a comer con los otros. Así, como si nada. Ya no estaba seguro de lo que sentía, pero esa incomodidad que le causaba el no saber lo estaba consumiendo lentamente y su humor se había visto afectado por ello. Todos lo habían notado, incluso JARVIS se lo había mencionado una tarde.
No podía seguir así. Steve se escapaba de la torre cada mañana. Se supone que son amigos, por lo que debería contarle qué es lo que hace. No era posible que fuera algo ilegal, estaba hablando del jodido Capitán América, no podía ser algo ilegal. Tal vez era una mujer. Pensar en ello le hizo sentir un hueco en el estómago. No le hacía gracia pensar en el rubio con una mujer, en una cita, abrazándola, besándola o... El solo hecho de pensarlo le causaba náuseas y algo que parecían ser celos, pero que claramente era otra cosa. Porque Tony Stark no siente celos y mucho menos de un hombre que solo es su amigo. Claro que no sentía celos.
Ahora debía creérselo.
Otra cosa que lo molestaba, además de los no celos por Steve, era que sus sueños con el sexy desconocido se habían hecho tan frecuentes que, cuando iba a dormir, durante esas horas en que el soldado salía de la torre, se repetían constantemente. Cada día sin falta, desde ese primer beso, había soñado con él. Aún no había podido ver su rostro, pero debía admitir que había estado muy concentrado besándole, tocando todo su cuerpo y recibiendo sus caricias como para poner atención a ese insignificante detalle. Cada día se sentía más y más atraído por él, más deseoso. Tenía ganas de avanzar más allá de los besos y las caricias, pero siempre pasaba lo mismo y se despertaba antes de dar un paso más.
Estaba completamente frustrado. Sexualmente frustrado.
Tener a Steve cerca por la tarde y parte de la madrugada tampoco le ayudaba; el rubio le hacía sentir cosas que no recordaba haber sentido antes. Y los momentos en que no estaban juntos eran lo peor de todo, lo extrañaba, lo pensaba a cada minuto y sentía unos no celos terribles hacia quien quiera que fuera la persona que le hacía alejarse de la torre. Alejarse de él.
Estaba jodido; deseaba a un hombre imaginario con el que se encontraba cada noche y sentía cosas por un hombre que jamás lo vería de esa manera. Sí, definitivamente jodido. Bien hecho, Tony.
•••
Los espías estaban en el gimnasio esa tarde y, como siempre, Steve estaba en el taller. Tony estaba trabajando del otro lado del taller, murmuraba cosas de vez en cuando. El rubio le miraba cada tantos minutos y sonreía. Se había percatado, desde hace un par de semanas, que el genio actuaba raro. Más raro de lo normal. Al principio pensó en mencionar su inusual comportamiento, pero desistió de la idea al llegar a la conclusión de que tal vez estuviera atascado en uno de sus proyectos y eso lo tuviera un poco más tenso que de costumbre. Siguió con su dibujo solo para darse cuenta de que había plasmado, otra vez, la cara del genio en su cuaderno; de perfil en esta ocasión.
La tarde avanzaba con lentitud para el millonario. Podía sentir el peso de la mirada del soldado en su nuca. Tal vez estaba siendo paranoico, pero estaba seguro de que podía sentirla. Esa mirada de profundos ojos azules que últimamente había estado ocupando su mente, mas no sus sueños. Sus sueños eran ocupados por un sujeto desconocido que… era mejor no pensar en él, no cuando estaba acompañado por el otro hombre que últimamente rondaba sus pensamientos; se sentía como una traición.
Cansado de ese peso en la nuca y de la maldita curiosidad que lo estaba matando, se alejó de su rincón de trabajo y se acercó a la pequeña sala del taller. Steve levantó la mirada al escucharle sentarse en el sofá, frente a él. Se miraron por un momento antes de que el moreno se decidiera a hablar.
―Así que…― empezó intentando sonar casual― te busqué por la mañana y no estabas en la torre.
Recibió una ceja alzada por parte de Steve.
―Necesito que te pruebes el nuevo traje. Ver si necesita ajustes y todo eso… ―Steve asintió. ― Estabas… ¿Dónde?
Eso no sonó casual a oídos del genio, mucho menos a los oídos del soldado, pero no lo hizo evidente. En cambio, Steve sonrió. Pensó durante un momento y finalmente decidió que tal vez no sería mala idea contarle la verdad, después de todo, la confianza era algo importante en una amistad.
―Yo… ―titubeó― estaba en el trabajo.
―Creí que Los Vengadores era tu trabajo. ―Dijo desconcertado, ladeando la cabeza y alzando una ceja.
Steve soltó una pequeña risa antes de contestar.
―Cuando desperté no pasó mucho tiempo antes de mi primera misión, aquí en Nueva York. Cuando salimos de eso no tuve muchas misiones y pensé en conseguir un trabajo. No tenía experiencia en muchas cosas, no tengo una carrera en este tiempo, por lo que no tenía muchas elecciones. Un día, mientras caminaba por la ciudad encontré un gimnasio que necesitaba un entrenador de boxeo…
―Así que en eso trabajas cuando no estás en misiones.
―Exacto.
Se quedaron en silencio un momento más antes de que el millonario se levantara.
―Podrías seguir enseñándome. Nunca terminamos nuestro primer entrenamiento. ―Dice mientras se aleja.
Tony le da la espalda, por lo que no puede ver la brillante sonrisa que ilumina el rostro del rubio.
•••
A media noche Steve está sudado y con la respiración agitada. Lleva más de una hora entrenando y al parecer no será esta noche cuando el genio se una a él para seguir con su entrenamiento privado. Sigue golpeando hacia la nada cuando las puertas del gimnasio se abren dando paso a Tony, enfundado en un pantalón deportivo y una camiseta sin mangas, ambos de color negro.
El moreno le dedica una sonrisa amistosa y los ojos azules de Steve se iluminan.
El entrenamiento comienza suave, calentando, y casi sin correcciones, no como la primera vez. Tony no necesita entrenamiento, sabe defenderse perfectamente bien, pero Steve no se va a negar a fingir que le enseña algo nuevo. No va a negarse a esos pequeños momentos en que sus manos rozan el cuerpo del moreno y viceversa.
Una hora más tarde ambos están más que sudados y Steve se quita la camiseta olvidando por un segundo que no está solo. El millonario ahoga un jadeo al verlo, le recuerda a alguien, pero su mente se nubla y el recuerdo se esfuma tan rápido como apareció, luego decide quitarse su camiseta también. Las prendas yacen lejos de ellos luego de que Steve secara su torso y su cara con la misma camiseta que acaba de quitarse.
Puñetazos directo al estómago bloqueados o evitados, golpes al rostro, patadas y ligeros toques que pasan desapercibidos para uno, pero que son preciados para el otro. La adrenalina corre por sus venas, ambos están cansados, pero no quieren parar. Los golpes se vuelven más duros y sus cuerpos se van acercando cada vez más. El rubio le aplica una llave que pega su ancha espalda al pecho el millonario y el corazón de Tony se salta un par de latidos. Su piel es cálida y su cuerpo se parece al del sujeto misterioso, lo notó en el momento en que se quitó la camiseta, ahora lo sabe, pero no puede ser Steve. No puede ser él, porque esta es la primera vez que le ve de esa forma. Se aleja de él luego de levantarse y continúa con ataques más distantes, menos distractores. Con ataques que no amenacen a su cordura ni a su frágil corazón.
Su cuerpo suda.
Esa capa fina de sudor que pudo observar hace unos minutos en el cuerpo del moreno se ha pegado a su cuerpo después de la última llave que le dejó sobre la colchoneta. Su sudor se ha mezclado con el de Tony y no sabe si la sensación que le provoca es buena o mala para tratarse de solo un amigo.
Steve mira el torso desnudo de su contrincante y piensa que es un error pensar esas cosas de un hombre como Tony; un hombre fuera de su alcance, pero no puede evitarlo. Se siente atraído por él en todos los sentidos, ya lo ha aceptado hace semanas. Ahora que el moreno se ha alejado de él, piensa que de seguro se ha sentido incómodo por el contacto piel con piel. Se entristece, pero no lo hace notar en su rostro.
Un golpe tras otro y la pelea va decayendo poco a poco. A las dos de la madrugada ya solo son golpes simples, sin mucha energía, pero sin ganas de terminar el encuentro.
Tony siente el sudor caer por su sien derecha y observa al rubio frente a él. Lo mira por un momento y puede ver las finas gotas de sudor bañar su torso y caer con una condenada lentitud hasta la cintura del pantalón azul oscuro. Sigue el recorrido de esas gotas e inevitablemente piensa en el desconocido que lo visita en cada uno de sus sueños. Piensa en sus besos, en sus caricias y en cuanto desearía que fuera real y poder besarlo en ese instante. Al ver esas gotas se imagina retirándolas de su torso con su propia lengua y, de pronto, la cara inexistente del desconocido es reemplazada por la cara de Steve. Parpadea un par de veces y se da cuenta de que aún está en el gimnasio. Con Steve. Un agudo dolor en su entrepierna le hace sisear y rápidamente voltea para que el rubio no le vea, luego sale corriendo en dirección a su habitación.
Steve le mira desconcertado mientras se va. Se pregunta qué hizo mal y piensa que tal vez todo. Se va a su piso y se queda ahí, algo le dice que Tony no bajará al taller esa noche; y si lo hace, de todas formas piensa que no será bienvenido.
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Al entrar a su habitación la encuentra vacía. Se da una ducha de agua fría para calmar su libido y retirar el sudor producto del entrenamiento. Mientras el agua golpea su cuerpo piensa en lo que acaba de pasar: tuvo una mini fantasía con el sujeto que lo trae de cabeza desde hace semanas frente a Steve. Lo peor de todo es que, por un momento, reemplazó el desconocido rostro de su chico misterioso por el del soldado. Lo cual no se sintió del todo extraño ni como algo malo. De hecho, se sintió como lo correcto. Algo muy correcto.
Steve era su amigo y no debería causarle sensaciones similares a las que causaba el sujeto producto de su imaginación, pero lo hacía. Se sentía en paz cuando estaba con él, no sentía esa incomodidad que sentía con el resto del mundo. Temía que su cerebro estuviera jugando con él y solo buscara al hombre que estuviera más cerca para cumplir con sus fantasías. De alguna forma sentía que eso no era correcto, que no podía hacerle eso a Steve. Pero cada vez que pensaba en la posibilidad se daba cuenta de que no era lo que quería; no intentaba usarle, aunque tampoco podía acercarse a él. El rubio venía de otra época en la que las relaciones de ese tipo eran más que mal vistas. No tenía ni la mitad de una oportunidad y eso le hacía sentir un peso en el pecho.
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La habitación estaba en completo silencio y en total oscuridad. Tony dormía profundamente del lado derecho de la cama. Alguien comenzó a acercarse por el otro lado y se subió lenta y silenciosamente a la cama, entre las sabanas, hasta posicionarse junto al moreno. Una mano grande y cálida se posó sobre el hombro del hombre dormido y lo volteó cuidadosamente dejándolo sobre su espalda.
El sujeto sonrió en la oscuridad de la habitación.
Tony seguía dormido y el extraño se acercó a él, como si viera perfectamente en la oscuridad, para besarlo. El moreno comenzó a responder a beso aún entre sueños hasta que la falta de aire le hizo despertar y apartarse bruscamente. Trató de ver a su asaltante nocturno, pero, de alguna forma, no necesitaba verlo para saber de quien se trataba. Se pegó completamente al cuerpo cálido que se cernía sobre él y recibió gustoso sus carnosos labios. Las manos de su chico se pasearon perezosamente por su pecho hasta alcanzar el borde de la camiseta para deshacerse de ella de un rápido movimiento; esas manos acariciaron su cuerpo quemando cada lugar, encendiendo su piel.
Los besos se volvieron más hambrientos y las manos de Tony viajaban por todo el cuerpo de su hombre misterioso; le quitó la toalla de las caderas y volvió a subir las manos a su cuello, arañando su espalda en el proceso. Deseaba al sujeto sobre él, no podía evitar gemir y jadear ante sus roces y caricias. Escuchaba los gruñidos y jadeos del sujeto junto a su oído sintiéndose cada vez más excitado.
De pronto sintió una de sus grandes manos bajar cada vez más hasta atrapar su endurecido miembro. Arqueó su espalda al tiempo que soltaba un profundo gemido y se sentaba en la cama; solo.
Abrió los ojos. La habitación estaba ligeramente iluminada. Otro sueño interrumpido, al menos esta vez no había terminado de cara en el piso. Se dejó caer pesadamente en la cama jadeando e intentando calmar los latidos de su corazón.
Varios minutos después la voz de JARVIS se escuchó informándole que era hora de comer. No tenía ganas de levantarse ni de ver a nadie, por lo que se quedó allí. Solo. Pensando en lo que sentía.
Espero que les haya gustado y que no se me haya pasado algún error ortográfico por ahí ;)
Tengo tantas ideas mezcladas para lo que sigue... Como sea, lo importante es que los avances ya son más notorios y uno de los dos ya se admitió a sí mismo lo que siente \(^.^)/
Espero que nos leamos pronto.
Besos.
Bye :D
Lunes 01 de Mayo, 2017.
