Hola a todo el mundo!
Sí, lo sé. Hace dos semanas dije que era muy probable que no actualizara hoy y algunos debieron pensar que así sería, pero le tengo demasiado cariño a Nuestra Historia y a ustedes y no quería dejarlos esperando… además, no puedo mentir, necesitaba escribir algo que no fuera para la universidad ;) estaba estresada.
No quiero que se sientan presionados a dejar review, pero siempre es bueno para un escritor saber si a sus lectores les gusta lo que uno escribe… en fin, me he enterado de que tengo ¡un lector! Nunca pensé que tuviera un lector de género masculino y debo decir que me encanta saberlo; nunca me gustó la idea de que me leyeran solo mujeres xD Me gusta el amplio espectro de posibilidades:)
Luis, este capítulo va dedicado a ti solo por ser el primer lector del que tengo conocimiento ;D
Nos vemos en las notas finales.
Disfruten su lectura :D
Capítulo 21
El sujeto sexy y mojado
Los días pasan y las cosas están cada vez más tensas en la torre. Tony actúa extraño y su humor ha empeorado tanto que ya es completamente insoportable. El único que le soporta y que aún tiene el valor de hablarle es Steve, pero no funciona del todo, pues Tony le evita lo más posible o simplemente le ignora.
Tony está con los nervios de punta todo el tiempo. Cada vez que se queda solo con Steve en la misma habitación se altera y teme por lo que su mente pueda hacer. Desde la mala pasada que su mente le jugó esa noche en el gimnasio, ya no sabe si está a salvo. No sabe si es seguro quedarse a solas con el hombre que, mientras está despierto, le causa todas esas sensaciones extrañas; incluyendo esos no celos que siente cuando no lo tiene cerca y desconoce su paradero. Cada día está peor y no sabe qué hacer.
Ni siquiera el regreso de Bruce hace que el mal humor de Tony se vaya.
•••
Steve no está seguro de lo que pasa. Desde el entrenamiento nocturno que tuvieron hace una semana, Tony se niega a quedarse solo con él en cualquier habitación. No quiere que se le acerque, evita tocarlo, esquiva su mirada y casi no le dirige la palabra. Ni hablar de entrar al taller; el genio ha cambiado la clave del tablero.
Todos se han dado cuenta de que algo extraño pasa. El rubio puede ver a Barton y Natasha hablar entre ellos mientras le dirigen una mirada de lástima. También ha visto los inútiles intentos de Bruce por acercarse al millonario.
El soldado se está desesperando. Lo único que le queda por el momento es seguir con su rutina y con su trabajo hasta que sepa qué es lo que pasa con su amigo; si es que aún puede llamarlo así.
•••
Es temprano y la cocina está vacía.
Tony se escabulle por los pasillos en búsqueda de unas donas y una taza de humeante café, pero es interceptado, nada más entrar a la cocina, por su buen amigo Bruce. El buen doctor, sentado frente al mesón central con una taza de café en las manos, le mira desaprobatoriamente.
―Últimamente es muy difícil dar contigo. Vives escondido en tu habitación o en el taller. ―Da un sorbo a su café y antes de que el moreno le diga algo, lo interrumpe. ― Y no me mires con esa cara, Tony, es imposible que no tengas un taller aquí, en algún lugar.
El moreno suspira derrotado, se sirve una taza de café y busca la caja de donas que, milagrosamente, está a su alcance y no el lugar más alto de la cocina. Se sienta frente a su hermano de ciencias y evita su mirada.
―He estado fuera de la torre un tiempo. ―Empieza pausadamente. ― Me enteré de la misión en Ucrania y sé que algo pasó durante esos días en que los chicos se fueron para descansar de la misión. Algo pasó entre Steve y tú. Me gustaría saber que pasó. Un día se llevan bien y al día siguiente lo ignoras y evitas hasta el más mínimo contacto con él.
Tony se queda en silencio durante un tiempo. Contempla la idea de ignorar sus preguntas y salir corriendo de vuelta al taller, pero sabe que tiene que hablar con alguien y la idea de hablar con alguien que no sea Bruce le produce escalofríos.
Después de un tiempo, el doctor piensa que ya no recibirá una respuesta, pero Tony finalmente abre la boca y suelta apenas un susurro.
―Yo… ―Suspira y lo intenta otra vez. ―Bruce, yo… creo que tengo un problema.
El científico se acomoda los anteojos en el puente de su nariz y lo mira atentamente, esperando a que diga algo más.
―Tengo este sueño extraño con alguien que no conozco, pero que me recuerda mucho al Capi-Paleta. Han pasado… cosas. Y siento que ya no puedo mirar a Steve a la cara. No sé qué hacer. ―Suspira derrotado.
Hablar de ese tema en específico es algo muy difícil para Tony, pero sabe que debe hacerlo. Sabe que necesita aclarar sus ideas y no podrá hacerlo sin ayuda. Espera pacientemente por alguna palabra que salga de los labios del científico, pero nada pasa.
Largos minutos pasan y el nerviosismo en el genio millonario aumenta con cada segundo.
―Creo que lo más prudente sería volver a la normalidad. Si lo que pasa es solo un sueño con un sujeto, que ni siquiera es Steve, no debería afectarte en tu día a día. ―Dice con tranquilidad.― Tony, Steve ha estado muy preocupado por ti y ya no sabe qué hacer para volver a hablar contigo. Hablé con él la otra noche. Me dijo que desde que compartieron un entrenamiento nocturno y saliste corriendo del gimnasio que las cosas se volvieron tensas entre ustedes. No sabe qué hizo mal y quiere acercarse para disculparse contigo por lo que sea que haya pasado, pero no le permites hacerlo.
La mirada de Tony cayó hacia su café. Ese tonto soldado de los años cuarenta creía que él había cometido un error, cuando el único culpable de aquella situación era él. Él. El estúpido que se había obsesionado con una fantasía sexy y mojada, y que había cometido el error de poner la cara del hombre que, en la vida real, le había ofrecido su más sincera amistad. El hombre que le había salvado la vida en más de una ocasión solo con sus palabras; el hombre con el que se sentía en paz, pero con el que no tenía ninguna oportunidad.
―Él no hizo nada malo. Soy un idiota. Tienes razón, este extraño sueño ya desaparecerá y no puedo dejar que me afecte. Gracias, Bruce.
Se levantó, tomó su café en una mano y la caja de donas en la otra y desapareció por la puerta.
•••
Al salir de la cocina, Tony toma el elevador para ir a hablar con Steve, pero no lo encuentra. En su lugar deja una nota que dice que lo verá más tarde en el taller y se va de regreso a su habitación, necesita una ducha y un cambio de ropa primero.
•••
Mientras corre por Central Park piensa en lo que pudo haber molestado a Tony. Cada día, desde aquel entrenamiento, ha pensado en ello intentando descubrir qué hizo mal, pero no logra pensar en otra cosa que no sea su cercanía y su sola presencia. Después de todo, al principio el moreno no soportaba su presencia, su torpeza social, su falta de conocimientos y su incapacidad de captar referencias, por lo que no sería del todo extraño que volviera a detestarlo.
Corre lo más rápido que puede intentando no pensar en ello y cuando es la hora de volver a la torre sabe que, probablemente, hoy tampoco hablará con el genio. Es por ello que se sorprende al ver una nota en la mesa de entrada. Es de Tony. Quiere verlo en el taller para hablar.
Rápidamente se da una ducha y se viste para subir al taller, pero cuando está en el elevador su ánimo decae al pensar en que tal vez Tony no quiera arreglar las cosas, sino todo lo contrario y quiere que se vaya definitivamente de la torre.
El timbre del ascensor lo devuelve a la realidad y alcanza a detener las puertas cuando estas se estaban cerrando.
Al llegar a la entrada del taller duda un momento e intenta poner la clave que solía usar; soltó un suspiro de alivio al ver que funcionaba, lo que quería decir que las cosas estaban relativamente bien.
Tony le vio bajar las escaleras y se puso nervioso. No lo esperaba hasta la tarde y aún estaba preparándose mentalmente para esa conversación; ya no quedaba tiempo para prepararse.
―Steve, no pensé que vendrías tan temprano. Creí que estabas trabajando.
El rubio lo miró un momento, disfrutando del hecho de que Tony le hablara otra vez.
―Ya había avisado que no iría hoy al gimnasio, estaba en Central Park.
El silencio se hizo entre ellos. Esa incomodidad que había entre ellos al principio de su relación había regresado. Tony estaba empezando a impacientarse, no podía ser tan difícil. Había peleado contra alienígenas, por amor a la ciencia.
―Esto es estúpido. Mira. Yo… he tenido muchas cosas en la cabeza estos días y no me di cuenta de lo que estaba haciendo. Hablé con Bruce esta mañana y me dijo algo…―El genio habló tan rápido que tuvo que parar para recuperar el aliento, le costaba hablar de estas cosas.― no era mi intención hacer… ―No podía seguir. No sabía cómo.
Al ver que no podía seguir, Steve decidió hablar.
―Pensé que algo malo había pasado cuando huiste del gimnasio esa noche. Creí que tal vez algo de lo que había dicho o hecho te había molestado, pero-
―No hiciste nada malo. ―Le interrumpió.― Simplemente me comporté como un imbécil toda esta semana por cosas que han estado rondando mi cabeza… ya sabes, los genios tenemos muchas cosas en mente, somos difíciles de tratar. Soy como una mascota, no tienes que entenderme solo aliméntame, acaríciame y ámame. ―Dijo esto último riendo y a modo de broma para tratar de distender el ambiente sin ser consciente de lo que había dicho, realmente.
Steve no rió y Tony no se dio cuenta de ello. El rubio se quedó completamente paralizado al escuchar sus últimas palabras: "no tienes que entenderme solo aliméntame, acaríciame y ámame", pensó en eso un momento y luego guardó esa frase en un rincón muy especial de su mente.
― ¿Entonces, estamos bien?
―Claro que sí, Steve. Por supuesto que estamos bien. ―Dijo palmeando amistosamente su espalda. ―Además ya estaba extrañando tu presencia por aquí.
Steve sonrió y todas sus dudas se esfumaron. No había hecho nada malo y volvía a estar bien con Tony. Pasaron el resto de la tarde juntos en el taller, compartiendo el espacio y disfrutando de la presencia del otro.
•••
Los días pasaban lentos y tranquilos en la torre. Ahora que el humor del millonario se había arreglado, todos convivían de mejor manera; los almuerzos y las cenas en equipo habían vuelto y los malos chistes de Clint no paraban de escucharse todo el tiempo.
Bruce, como siempre, trabajaba en el laboratorio. Su nueva ayudante siempre estaba a su lado y se encargaba de sacarlo de allí de vez en cuando. En una de esas ocasiones en que Natasha logró sacar a su científico del laboratorio fue la primera vez que notó algo extraño.
Lo llevó a la cocina con la intención de que comiera algo y luego llevarlo a pasear por ahí. Al entrar a la cocina vio a Steve preparando un par de sándwiches y tras él, sentado frente al mesón, estaba Tony; con ambas manos bajo su mandíbula mirando atentamente al soldado. Steve se dio vuelta y saludó a los recién llegados mientras le entregaba un plato con un abultado sándwich al moreno que le sonrió con una sonrisa que nunca antes le había visto.
La segunda vez que notó algo extraño fue un par de semanas después, cuando pasaba por fuera del gimnasio en dirección a la oficina de reuniones. Solo fue un vistazo, pero le bastó para catalogarlo como extraño. Steve estaba entrenando con Tony y ambos estaban sin camiseta. Steve nunca se sacaba la camiseta, por muy sudado que estuviera, cuando estaba entrenando con ella y Barton. Nunca. Jamás lo había hecho. Y sabía, desde que lo conoció, que a Tony le gustaba sudar lo más posible por lo que siempre entrenaba con sudaderas; nunca a torso desnudo.
Otras cosas menores que al parecer solo Natasha era capaz de notar era el hecho de que, cada vez que comían juntos, cuando Steve le pasaba algo al genio, ya sea la sal o algún aderezo, se miraban por un par de segundos directo a los ojos y Tony rozaba los dedos de Steve innecesariamente. Todo el tiempo los veía compartir miradas y roces que a ojos de cualquiera, excepto a los de sus compañeros, significaban algo más que los de una relación puramente amistosa.
También estaba el hecho de cada vez que se necesitaba a uno de los dos vengadores para cualquier cosa, estaba juntos. Natasha no sabía dónde, pero pasaban mucho tiempo juntos. Demasiado.
•••
Las semanas pasan y los sueños con el sujeto misterioso siguen ahí. Son cada vez menos frecuentes, pero hay un problema: cada vez que está a punto de hacerlo con su chico sexy y mojado, aparece en su mente la sonrisa de Steve junto a sus brillantes ojos azules y no puede continuar. Se despierta sudado, excitado y con un horrible sentimiento de culpa.
Luego de esos sueños le cuesta un poco mirar a Steve a los ojos, pero cuando escucha su voz, no puede evitar buscar su rostro para mirar su sonrisa y luego esos profundos pozos azules que parecen brillar cada vez que están juntos.
Hace semanas que Tony se dio cuenta de la verdad. No puede dejar de mirar a Steve cuando este no está mirando, ha comenzado a tocarlo más de lo necesario y, siempre que puede, se queda mirando directo a sus ojos intentando decirle sin palabras lo que él no se había atrevido a aceptar a sí mismo… que había comenzado a sentir más que solo cosas por él.
Steve le gustaba. Con todas sus letras. Se sentía atraído hacia él.
Ya no se sentía tan bien cuando era visitado por el sujeto misterioso. Tenía que aceptar que eran encuentros placenteros, pero al despertar se sentía como una basura, como la peor de las personas. En cambio, cuando estaba con Steve se sentía feliz, en paz, en una completa calma que nadie más que él le proporcionaba.
Semanas atrás cuando le había entregado el nuevo traje se dio cuenta de que estaba completamente jodido. No podía dejar de mirarlo. El traje le quedaba perfecto. Se ajustaba a todos sus músculos y a ese perfecto y redondeado… dejó salir un suspiro pesado, no debía pensar en esas cosas cuando Steve podía entrar en cualquier momento al taller. Ni siquiera debería pensar en esas cosas con un hombre que jamás lo vería de la forma en que él lo veía. Era un idiota por siquiera pensar en que algo podría pasar entre ellos.
Con su libido controlada y sus ánimos por los suelos, comenzó a trabajar en una nueva casa que quería instalar en algún lugar bonito del planeta; cerca de la playa, rodeada de palmeras en que poner una cómoda hamaca y con una selva tropical en el patio trasero.
Las horas pasaron y con menos de la mitad de su concentración no pudo avanzar mucho. Steve no había a parecido y era sábado. Steve no trabajaba los sábados.
•••
La serie de novelas de ese detective lo tenía tan atrapado que no se percató del momento en que la noche se transformó en madrugada y para cuando terminó con el último libro ya estaba amaneciendo. No había dormido nada. Su condición de súper soldado le permitía pasar periodos más largos de tiempo sin dormir, pero como a esa hora no tenía nada que hacer y Tony seguramente estaría durmiendo en su habitación, decidió que sería buena idea dormir un par de horas.
Al despertar, se metió a la ducha y se quedó ahí por largo rato. Pensando en que una de las razones de que se hubiera ido a dormir era que Tony no estaba disponible. Toda su vida se había enfocado en Tony; pasaba la mayor parte del día junto a él, comían juntos, entrenaban juntos, pasaban largas horas en el taller solo haciéndose compañía, hablaban y reían juntos, y Steve ya no sabía qué hacer. Su vida giraba en torno a Tony Stark. Ya ni siquiera las misiones le servían de distracción, porque la mayoría de ellas eran derivadas a los espías.
Cerró la llave del agua y se quedó ahí un par de segundos. Pensando.
Tony bajó al piso del rubio para saber si le había pasado algo. JARVIS le había asegurado que estaba bien y confiaba en JARVIS, pero siempre podía escapársele alguna cosa y nunca está demás cerciorarse.
Impaciente esperó los largos segundos dentro del elevador hasta que por fin las puertas se abrieron. Salió casi corriendo y se adentró en la cocina. Vacía. Revisó la oficina y la biblioteca. Ambas vacías. Finalmente se aventuró a entrar a la habitación del rubio y también estaba vacía.
Steve escuchó un ruido provenir desde su habitación y, con una toalla en sus caderas y otra en su cabeza, salió del baño para ver quién se había colado en su piso.
La puerta del baño se abrió detrás de Tony y al voltear se encontró con una nube de vapor que se disipó rápidamente dejando paso a Steve. Escaneó su cuerpo de abajo arriba con su corazón latiendo cada vez más rápido; la pequeña toalla en sus caderas, las miles de gotas resbalando lentamente por sus piernas, por su abdomen y sus pectorales. Cuando Steve deja caer la toalla de su cabello, su mirada se conecta con la del moreno y Tony se queda sin aliento. Siempre fue Steve. En una especie de dèjá vu, se da cuenta de que no se imaginaba a Steve, lo recordaba inconscientemente desde que le fue a visitar para pedirle que viviera en la torre. No sabe lo que hace, su cuerpo se mueve por voluntad propia.
Al ver a Tony se sintió extraño; un tanto feliz y demasiado expuesto. Iba a decirle que le esperara en la sala cuando de repente el moreno se abalanzó sobre él y lo empujó contra la puerta del baño para luego juntar sus labios con brusquedad y desesperación en un beso.
Hasta aquí por hoy, everybody.
¿Ese beso estaba planeado? Por supuesto. Desde el principio estaba planeado de esta forma. ¿Corté el capítulo aquí a propósito? Claro que sí. También estaba planeado desde el comienzo.
Recuerden que los adoro y si los dejo así es porque tengo una buena idea para el próximo capítulo. Me odian, lo sé. Pero también sé que me aman porque han esperado mucho tiempo para este momento y espero que me amen más para el siguiente ;)
Espero que les haya gustado y que disfrutaran leyendo este capítulo tanto como yo disfruté escribiéndolo. Si quieren dejar un review diciendo lo mucho que me amodian, lo leeré con gusto.
Nos leemos pronto.
Besos.
Bye :D
Lunes 15 de Mayo, 2017.
