Hello people!

Estoy tan feliz de poder estar aquí hoy. Por un momento pensé que no alcanzaría a terminar el capítulo… (Empecé a escribirlo recién el viernes xD)

Yo sé que han estado esperando este capítulo y no quería decepcionarlos, espero que les guste.

PD: Hice una pequeña modificación en el capítulo anterior. Cuatro o cinco palabras. Fue un error del que me di cuenta el viernes mientras refrescaba mi memoria leyendo el capítulo pasado. No se preocupen, no cambia nada importante; de hecho, si lo leen otra vez, dudo que noten la diferencia.

Nos vemos en las notas finales.

Disfruten su lectura :D


Capítulo 22

Esto… ¿es una cita?


Steve no sabe qué hacer cuando los labios de Tony se apoderan de los suyos. Se queda en blanco por lo que no responde y es cuando Tony se está alejando, creyendo que había sido estúpido pensar que podría tener una oportunidad con el rubio, que levanta una de sus manos y toma al moreno por la nuca para acercarlo nuevamente y juntar sus labios en un beso que, esta vez, sí es correspondido.

Los labios de Steve se mueven despacio, disfrutando la sensación, disfrutando lo que nunca creyó tener la oportunidad de probar; dirige el beso de una forma tan lenta, tierna y cariñosa que Tony se queda sin aliento y no le queda otra opción más que seguirlo y corresponder con la misma calma, con el mismo cariño. Los segundos pasan rápidamente y cuando se convierten en minutos el aire les hace falta y comienzan a separarse; aun con los ojos cerrados, Steve junta su frente con la de Tony y suspira de felicidad.

―Creí que me golpearías por besarte.

Steve abre los ojos al mismo tiempo que el moreno y se quedan mirando fijamente por largos segundos. El rubio sonríe y sin dar una respuesta le da un casto beso en los labios.

―Debería vestirme. Tenemos que hablar.

El genio asiente de mala gana, no quería alejarse de él y mucho menos perderse la vista que el chico le entregaba con esa diminuta toalla, pero sabe que Steve tiene razón. Tienen que hablar.

Cinco minutos después Tony está sentado en la cocina con una taza de café en la mano y otra en la mesa frente a él. El soldado se sienta frente a él y se dedican una larga y profunda mirada, como si con ella pudieran decirse todo, como si no necesitaran las palabras para comunicarse. El genio decide sincerarse y es el primero en hablar.

―Nunca me había sentido atraído por un hombre, Steve. Nunca. ―Suspira. ― Desde hace unos meses he estado soñando con un sujeto al que, por alguna razón, no podía verle la cara.― Rió.― He estado atormentándome y tratando de convencerme inútilmente que no me gustan los hombres, pero las cosas se dieron y ese sujeto volteó mi mundo. Un día ya no podía dejar de pensar en él y en la hora de dormir para verlo otra vez, incluso un par de veces lo vi estando despierto.

― ¿En serio? ―Dice Steve un tanto preocupado, tal vez el genio estaba enloqueciendo.

―Sí. ―Movió una mano quitándole importancia y sonrió. ―Una de esas ocasiones fue cuando estábamos entrenando. ¿Recuerdas esa noche en que salí corriendo del gimnasio? Lo vi cuando terminamos de entrenar, su torso cubierto de gotas que bajaban lentamente, al igual que en mis sueños, pero esta vez tenía rostro… era el tuyo. ―Miró a Steve a los ojos. ―Me asusté y salí corriendo. Creí que mi mente estaba jugando conmigo y que había puesto al primero que se me cruzó por enfrente en medio de mi fantasía. Me asusté, pero luego me di cuenta de que en realidad me gustabas. Mucho. Creí que no tenía oportunidad contigo y quise alejarme, pero eso te hizo sentir culpable y no soportaba la idea de que te culparas por algo que solo era mi culpa.

El rubio comenzó a reír y bajó la cabeza, negando.

―No estoy seguro en qué momento pasó, pero cuando me di cuenta de que me gustabas traté de ignorarlo. Más que el hecho de que me sintiera atraído por un hombre, el problema era que tú fueras ese hombre. Afamado playboy, un hombre completamente heterosexual que presumía de sus conquistas y que hasta había tenido una relación seria con una mujer… no tenía oportunidad. ―Levantó la mirada. ―Eso creía. Por eso había decidido pasar más tiempo contigo y solo disfrutar de tu amistad.

Tony se dio cuenta de la tristeza con la que dijo eso último y sintió una opresión en el pecho. Steve estaba dispuesto a ignorar sus sentimientos y conformarse solo con su amistad, con solo estar con él. Algo en ese hombre estaba mal. Las personas no hacían eso, no se conformaban con tan poco, las personas luchaban por lo que querían aun sabiendo que es casi imposible conseguirlo. Pero Steve no era así, era un chico de los años cuarenta que tenía muy arraigadas sus costumbres y sus valores, y sabía que había cosas que no se podían tener. Tony no estaba dispuesto a dejar pasar la oportunidad que se le había presentado; se sentía atraído por el soldado y él correspondía el sentimiento, ahora tenían que ver a donde los llevaría toda esa situación.

Estiró su mano y le quitó la taza de café. Apartó ambas tazas, se levantó y se inclinó hacia adelante para besarlo.

―Hay que ver a donde nos lleva todo esto. ―Dijo entre besos. ― Me gustas, Steve. Tal vez esto no nos lleve a ningún lado, pero me gustas y eso es todo lo que importa ahora.

Steve lo tomó con ambas manos por el cuello y profundizó el beso.

―Tú también me gustas, Tony. ― Volvió a besarlo profundamente.

Y me aseguraré de que esto funcione. Pensó.

•••

Luego de compartir un par de besos más en la cocina de Steve, ambos acordaron mantener la situación en secreto por el momento. Ninguno de los dos estaba seguro que tan lejos podía llevarlos esa relación, si es que podían llamarla relación, y no era conveniente para el equipo un melodrama romántico en medio de una misión.

Debido a ese acuerdo, el equipo no podía enterarse por lo que decidieron actuar con normalidad y subir al piso común, donde Steve debía preparar el almuerzo.

Natasha notó de inmediato que algo andaba mal. Más que mal, algo extraño ocurría.

Al entrar a la cocina se encontró con la extraña escena de un rubio súper soldado cocinando y un extrañamente simpático y solícito genio millonario. Cocinando juntos. Steve le pedía algunas cosas y como si fuera de lo más normal que alguien lo usara de asistente, Tony se movía por la cocina para alcanzar lo que fuera que el rubio le hubiera pedido. El colmo de lo extraño pasó cuando, luego de revolver y probar la comida, Steve le dio a probar, con la misma cuchara, la comida al millonario y este probó encantado, gimiendo de gusto ante el buen sabor de la comida.

La pelirroja se quedó mirando la situación un par de segundos antes de que Clint pasara a su lado y saludara a los cocineros sin darse cuenta de lo inusual de la situación. Pocos segundos después Bruce entró a la cocina y se inclinó a besar ligeramente a su pareja en la mejilla haciéndola olvidar por un momento lo que acababa de observar.

Aun con la idea de que algo ocurría entre esos dos, decidió callar y disfrutar del buen ambiente que había en la cocina; sin tensión y sin preocupaciones.

•••

Luego del almuerzo, Natasha se acercó a Steve y lo invitó a entrenar con ella por la tarde; el soldado aceptó de inmediato.

En medio del entrenamiento, Steve, que estaba más que animado, sudaba a mares y sonreía estúpidamente. Aun cuando su camiseta estaba completamente mojada, no se la quitó. Ahí fue que Natasha confirmó su teoría de que algo extraño pasaba con Steve.

― ¿No te sientes incomodo con esa ropa sudada? ―Inquirió de pronto, mientras bebía de una botella de agua.

Steve no se había dado cuenta de qué tan sudado estaba y solo se encogió de hombros.

―Te vi hace unos días entrenando con Stark. Estaban ambos sin camiseta. Sé que no te gusta entrenar semidesnudo y a Stark le gusta sudar mucho, por lo que siempre lleva sudaderas… ¿Hay algo que debería saber?

El rubio se sintió atrapado por un momento, pero no dejó que se viera en su expresión y se quitó la camiseta, arrojándola a un lado.

―La verdad es que no me había dado cuenta de que había sudado tanto y respecto a Tony… no lo sé. Deberías preguntárselo. ―Sonrió alzando una ceja en esa forma inocente y socarrona que decía ¿Qué podría saber yo? Solo soy un chico de Brooklyn que tanto lo caracterizaba. Se puso una vez más en posición de defensa, esperando el próximo movimiento de la peligrosa espía.

•••

Luego de estar toda a tarde encerrado en su taller, Tony subió a cenar y nuevamente volvió a bajar a encerrarse en su taller como si realmente estuviera trabajando en algo de suma importancia, cuando en realidad había estado toda la tarde vigilando a Steve y la espía en el gimnasio. La rabia y los celos, porque ya había admitido que eran celos, se apoderaron de él al ver que Steve se quitaba la camiseta frente a la mujer. Está bien, sabía que Natasha estaba saliendo con el buen doctor, pero eso no evitaba que pudiera alegrarse los ojos con la vista del torso de muerte que tenía Steve; él lo había estado admirando por meses en sus sueños sin saber que era él y vaya que había disfrutado con esa vista y el tacto… el punto para el moreno era que ella no tenía derecho a ver a su ¿pareja?, ¿novio?, ¿amigo con beneficios? sin camiseta. No sin su permiso y estricta supervisión. Mucho menos tenía el derecho de tocar sus brazos o su abdomen aunque solo fuera por un golpe.

Estaba tan celoso que estuvo a punto de subir al gimnasio en más de una oportunidad, pero luego se recordó que la idea era mantener su relación en secreto por ahora, por lo que no era recomendable que subiera a hacerle una escena de celos que de todas formas, sabía, no venía al caso. Solo estaban entrenando. Pero sentía unos celos tan potentes. Quería ser él quien viera y tocara ese esculpido torso. Estaba completamente jodido; no llevaba ni un día de haber besado al Capitán y ya lo consideraba de su propiedad y lo celaba sin motivos, pero es que llevaba tanto tiempo deseándolo sin saberlo, que ahora que se dio cuenta de que su chico misterioso, sexy y mojado no era otro que Steve, no quería desperdiciar más tiempo. Para él, ya llevaban meses a punto de hacer el amor y no podía esperar más para llevar a la realidad esos dolorosos sueños que siempre terminaban en una ducha fría.

Era un estúpido si creía que eso iba a pasar pronto. Es cierto que Steve tenía pensamientos mucho más modernos que los que él esperaba de alguien de los años cuarenta, pero que estuviera en una relación con un hombre no quería decir que iba a dejar todas sus otras anticuadas costumbres. Además el hombre era creyente, demasiado religioso a su parecer, pero no podía compararlo consigo mismo, porque él solo creía en la ciencia; Steve de seguro estaba esperando hasta llegar al matrimonio para acostarse con alguien. Era obvio para él que no lo había hecho, es decir, antes del suero era un chico escuálido y enfermizo, dudaba que hubiera resistido más allá de un par de besos sin sufrir un ataque de asma. Y ahí estaba él, Tony Stark, playboy, que se había llevado cuanta mujer se la había cruzado por delante a la cama, considerando el matrimonio solo para no perturbar los valores anticuados de Steve. Estaba realmente jodido. No sabía qué, pero algo le había hecho ese hombre en esos meses que llevaba viviendo en la torre. No podía estar pensando en serio en el matrimonio.

― ¿Ocupado?

La voz de Steve lo sobresaltó. No se había dado cuenta de que había entrado al taller y mucho menos sabía cuánto tiempo había pasado desde la cena. Estaba completamente jodido.

―No te esperaba tan pronto. Creía que estarías con la espía rusa; como se llevan tan bien. ―Tony no había pretendido sonar tan acusador y mucho menos tan celoso, pero no podía evitarlo. Le hervía la sangre de solo recordar el entrenamiento de esa tarde.

Steve se sorprendió un poco ante el tono acusatorio del moreno, pero al recordar el entrenamiento con Natasha entendió de que se trataba todo eso. Al parecer su… su qué, su ¿pareja? Debía aclarar eso. Al parecer Tony estaba celoso de que hubiera pasado toda la tarde con alguien que no fuera él, lo que le calentó el pecho de la emoción, y a la vez, le causó mucha gracia y comenzó a reír.

― ¿Se puede saber de qué demonios te ríes? No recuerdo haber dicho algo gracio- Tony iba a continuar, pero los labios de Steve lo interrumpieron. Iba a protestar. Puso sus manos en el pecho del rubio para apartarlo, tenía toda la intención de apartarlo, pero el calor que sintió bajo sus manos lo hicieron olvidar la razón para querer apartarlo y respondió el beso con gusto.

Cuando se dio cuenta de su error y para evitar una discusión sin sentido, se acercó al genio y lo interrumpió con un beso. Cuando era joven y vivía en los años cuarenta eso siempre funcionaba; al menos eso le había dicho miles de veces su amigo Bucky. Al parecer aún funcionaba; cuando sintió las manos de Tony en su pecho estaba seguro de que iba a apartarlo, incluso sintió una ligera presión, pero pronto el momento pasó y su beso fue correspondido. No quería un beso apresurado y rudo, por lo que mantuvo un ritmo suave, lento y profundo que los mantuvo ocupados por un par de minutos.

El rubio, que se había inclinado sobre la mesa de trabajo para besarlo, se había movido hacia un lado y le había obligado a ponerse de pie. Cuando el beso terminó, Tony no sabía cómo había terminado abrazado apretadamente al cuerpo tibio del Capitán. No iba a quejarse, le encantaba sentir el calor de ese cuerpo pegado al suyo. Se miraron a los ojos un momento antes de hablar.

― ¿Tienes algún proyecto en que trabajar esta noche? ―Dijo Steve mientras acariciaba la nariz de Tony con la suya, sin perder el contacto visual.

El genio se había quedado prendado de sus profundos ojos azules. Casi no había escuchado la pregunta, pero captó lo esencial.

―No exactamente.

―Bien. ―Lo besó fugazmente en los labios. ― Nos vemos en la entrada de la torre en quince minutos. Ponte algo casual, nada de trajes. Y una chaqueta, está helando afuera.

Steve lo besó una vez más y se dio la vuelta para salir del taller dejando a un sorprendido Tony Stark parado en medio del lugar sin saber bien que había pasado.

•••

Quince minutos más tarde, tal como había acordado con su Capitán, el filántropo estaba saliendo del elevador en el vestíbulo del edificio. Al salir de la torre vio una de las imágenes más sexys que pudo imaginar. Steve, con unos jeans oscuros, zapatillas de vestir, lo que parecía ser una camiseta blanca y una chaqueta de cuero negra, estaba apoyado en su moto de manera casual, con los brazos cruzados, mientras observaba de arriba abajo a Tony.

Al verlo salir, no pudo evitar pasear su mirada por él. Su maniático genio llevaba jeans azules, zapatillas blancas, una camisa sin corbata y una chaqueta de tela azul marino y por supuesto sus característicos, aunque innecesarios, lentes de sol color azul. Estuvo a punto de desechar su salida, pero debía seguir el plan que había ideado después de la cena.

― ¿A dónde vamos?

Cuando estuvo a su lado, Steve lo atrajo con una mano por la cintura y lo besó.

―Es una sorpresa.

Se subieron a la motocicleta y el moreno se aferró a la cintura del Capitán, abrazándolo lo más posible. La moto partió y Steve los llevó a toda velocidad a través de las transitadas calles nocturnas de la bella ciudad de Nueva York. Atravesaron muchas calles, doblaron en otras tantas esquinas y cruzaron el puente de Brooklyn hasta llegar al barrio en el que solía vivir Steve. Al llegar, el rubio siguió con su recorrido hasta llegar a un gran parque que quedaba relativamente cerca de su departamento.

Al llegar a una de las entradas del parque, Steve estacionó la motocicleta y lo tomó de la mano para guiarlo. Caminaron un rato hasta llegar a una gran fuente y allí el rubio se detuvo.

En Brooklyn no era muy seguro andar de noche, por lo que ese parque siempre estaba vacío después de las diez de la noche, Steve sabía eso. Esa es la razón de que eligiera ese lugar; no quería que Tony se sintiera observado por las personas. Si era sincero consigo mismo, él tampoco estaba seguro de querer ser observado por otras personas por ir tomado de la mano con un hombre. Aún estaba haciéndose a la idea de que las cosas habían cambiado en los años que estuvo congelado.

Tony se quitó los anteojos de sol mientras miraba hacia todos lados. El parque no era tan grande y vistoso como Central Park, pero tenía su encanto. Bonitas farolas iluminaban el lugar de una manera muy romántica, casi como en las películas; en cualquier otra situación habría pensado que era demasiado cursi y cliché, pero en esta ocasión, tomado de la mano del soldado, había algo que lo hacía sentir emocionado.

El viento fresco de la noche corrió con fuerza e hizo que ambos buscaran instintivamente el calor del otro. Se miraron un momento y sonrieron.

―Me gusta este lugar.

―Aquí venía a correr todas las mañanas antes de que me convencieras de ira a vivir a la torre. También venía algunas veces por la noche; cuando no podía dormir.

Al escuchar eso Tony pensó que tal vez fueron muchas noches en las que el rubio no podía dormir. Tal vez al principio el soldado tenía miedo de dormir y, al despertar, volver a encontrarse en un lugar que no conocía. Él sabía de sobra lo que era el insomnio. Nunca tuvo buenos horarios para dormir cuando era joven, siempre de fiestas o simplemente desvelándose en un proyecto en su taller; después de Afganistán las cosas cambiaron, ya no salía de fiesta de la misma forma ni se desvelaba fabricando armas. Luego de Afganistán no podía dormir por las pesadillas, por el miedo a despertar nuevamente en esa cueva con una batería de auto conectada a su pecho o ahogándose en un gran contenedor de agua. Él sabía lo que era tener miedo a dormir, claro que lo sabía.

―Venías mucho, entonces. ―No era una pregunta, más bien una observación.

Steve solo asintió.

Los minutos pasaban lentamente. Cada uno perdido en sus pensamientos hasta que uno de los dos decidió romper el silencio.

―Esto… ¿es una cita? ―Preguntó el moreno entre divertido, asustado y completamente aterrado. Nunca había tenido una cita en un parque. Casi no había tenido citas reales.

El rubio asintió y sonrió.

―Yo… yo sé que estás acostumbrado a cosas más elegantes, fiestas y lujosos restaurantes, pero esto es a lo que estoy acostumbrado. Si no te gusta, aun podemos irnos a otro lugar. ―Dijo con nerviosismo.

―Nunca había tenido una cita en un parque. ―Su rostro pensativo.― Creo que las únicas citas que tuve en mi vida fueron con Pepper, sabes. E incluso en esas citas, siempre terminábamos hablando del trabajo. Esto es simple, natural y sin nada de glamour…―dijo mirando a su alrededor.

Steve lo miró un tanto desilusionado, esperaba que el moreno disfrutara del lugar, pero parece que lo había arruinado al primer intento.

―Pero me encanta. ―Una sonrisa adornaba sus labios.

El soldado lo único que pudo hacer fue sonreír y suspirar aliviado.

Estuvieron hablando un rato de cosas sencillas, sus vidas antes de vivir juntos en la torre, sus pasatiempos, los libros que Steve había estado leyendo las últimas semanas.

―Sherlock Holmes. ¿En serio? No puedo creer que no los hayas leído en los cuarenta. Esos libros son de culto. ¡Sherlock Holmes, el único detective consultor en el mundo! ―Dijo con una carcajada y un marcado acento inglés.

Ambos rieron un momento luego de esa perfecta imitación.

―Te sale muy bien el acento, Tony.

―Elemental, mi querido Rogers. ―Le giñó un ojo con coquetería.

Se quedaron en un cómodo silencio por un rato, solo disfrutando de la compañía del otro, del calor de sus manos.

―No puedo creer que estemos aquí. Juntos. Tú y yo. Tomados de la mano, en una cita nocturna en tu ciudad natal. Nunca creí que esto fuera posible.

―Yo ni siquiera creía que vivir bajo el mismo techo fuera buena idea. Pensé que en menos de una semana me habría ido por tantas discusiones que tendríamos, pero extrañamente no fue así.

Tony se lo quedó mirando un momento. Llevó su mano izquierda al rostro de Steve y acarició suavemente su mejilla. Le miró directo a los ojos y luego lo besó suavemente.

―Eras la más grande obsesión de mi padre. El orgullo de la nación y el más grande y único amor de Tía Peggy. Eras todo lo que escuchaba de pequeño. Steve esto, Steve aquello. ―Sonrió con nostalgia. ―Cuando pregunte por primera vez quién era ese tal Steve del que tanto hablaban, tendría unos tres años; desde ese momento lo único que quise fue conocerte. Conocer al gran Capitán América; el hombre del que todo el mundo hablaba.

―No estabas muy feliz de verme cuando nos conocimos. ―Dijo el rubio con una ceja alzada.

―Claro que no lo estaba. Mi padre había pasado una vida entera buscándote y para mí eras el bastardo que se escondía de mi padre bajo el hielo. Eras el hombre que siempre había admirado, mi héroe de la infancia, el que siempre quise conocer, pero que estaba aterrado de ver. No quería conocerte y decepcionarte por no ser ni la mitad de heroico que tú. No podía comportarme como una adolescente que conoce a su cantante pop favorito. Además que… si te soy sincero, tus modales y tus maneras anticuadas me sacaban de quicio.

Ambos rieron ante sus palabras.

―Tampoco me agradabas al principio. Tan seguro de ti mismo, tan presuntuoso y restregando tu intelecto y tus recursos ante todos… eras uno más de los abusivos ante mis ojos.

Tony se mostró completamente ofendido y luego comenzó a reír.

―He cambiado.

―Ambos hemos cambiado.

Steve se levantó y tiró suavemente del moreno para que se pusiera de pie también. Comenzó a caminar en otra dirección, adentrándose en el parque una vez más. Caminaron un par de minutos disfrutando de la naturaleza y el silencio nocturno del lugar hasta que Tony vio una banca y los dirigió a ella.

― ¿Vas a decirlo ya?

― ¿Qué? ―El rubio le miró desconcertado.

―Me trajiste a un bonito y solitario lugar para nuestra primera cita luego de compartir unos deliciosos besos en tu piso y en el taller. ―El soldado se sonrojó un poco. ― Sé que vienes de una época más conservadora, Steve. Creo saber lo quieres preguntarme y la verdad es que también me lo pregunto…

El final de esa frase dejó a Steve un poco perdido. Ya no estaba seguro de lo que hablaba el millonario.

―Cuando fuiste a entrenar esta tarde con Romanoff no pude evitar pensar en esto, ―movió su mano entre ellos― en qué significa esto que tenemos. Yo no soy hombre de compromisos, pero…―le costaba expresarse. ― Nosotros… mmm... nosotros, ¡ah! ―Tony se estaba frustrando al no poder decir lo que quería.

Steve lo atrajo por el cuello y lo besó profundamente. Cuando se separaron a Tony le faltaba el aire y se le habían evaporado las ideas.

―Tony, esto es extraño para mí. Cuando sales con una mujer tienes novia, por lo que si sales con un hombre tienes novio…―Dijo algo dubitativo. ― Entonces… ¿Quieres ser mi novio?


Hasta aquí por hoy.

Sí, lo sé. Soy malvada. ¿Qué creen que responderá Tony? Conociéndolo, cualquier cosa puede pasar. Ese genio puede ser muy idiota a veces… Lo sabemos ;)

Chicas, chicos. Estoy de luto. Uno de mis personajes favoritos de otro fandom murió y rompió mi corazón :'( Esto es tan terrible… En fin, no los voy a agobiar con mis penas. Con esperar dos semanas a que a mí se me ocurra actualizar tienen suficiente.

Ah, sí. Estoy obsesionada con Sherlock Holmes, así que... por eso lo puse. Simple obsesión ;)

Casi lo olvido; no quise representar a Steve como el chico tímido, y cien por ciento virgen como el que muestran en algunos fics que he leído (he leído muchos). Decidí darle una personalidad un poco más actual, pero conservando a su vez toda su cosa de los años cuarenta. Algo así como el punto medio :)

Si les gustó, si no les gustó o si quieren decirme cuáles son sus especulaciones sobre la respuesta de Tony (ya está planeado, solo quiero saber si alguien piensa como yo) sus review son bienvenidos y alegrarían mi alma luego de la pérdida de uno de mis personajes favoritos (no les digo quién es porque podría ser spoiler para quien no lo sabe aún, obvio).

Nos leemos pronto.

Besos.

Bye :D


Lunes 29 de Mayo, 2017.