Los personajes de Sailor Moon no me pertenecen, son propiedad de Naoko Takeuchi
¿QUIÉN ES MI AMOR VERDADERO?
CAPITULO II - Encuentro y recuerdos
Es un futuro medico... quién lo diría. Quizás por eso es tan arrogante. Claro, es todo un universitario, en cambio yo, sólo soy una adolescente a sus aprende de mi querido Seiya que, a pesar de ser un famoso cantante, es humilde y cercano. Él sí es un chico que vale la pena... ¿amar? ¿Será alcanzable para una chica torpe y despistada como yo? Él podría tener a quien quisiera a sus pies. De hecho, hay rumores de que sale con Minako Aino, la actriz. Se ven muy lindos juntos, hacen una hermosa y perfecta pareja. Se rumorea que esta semana grabarán un nuevo vídeo clip para una canción romántica. Espero que no sean muy cercanos, porque si es así tengo la batalla perdida. ¿Quién podría superar a esa bella actriz? Quizás pueda conseguir que me lleve al estudio, de todas formas creo que al menos puedo aspirar a ser su amiga, aunque quien sabe, tal vez si sea de su tipo... Mi estómago revolotea de sólo imaginarlo.
Sin embargo, debo reconocer que el arrogante hoy me ha impresionado. Mamoru... hasta su nombre es perfecto, igual que todo en él. Ahora que conversamos de una forma más normal, siento que lo conozco de alguna parte, pero ninguna imagen viene a mi mente. No sé realmente qué me sucede cuando estoy con aquel sujeto, si es tan antipático conmigo. Mis defensas deberían rechazarlo de inmediato, pero algo me empuja a querer conocerlo más, a descubrir algo que no tengo claro en verdad que , al fin llegué al Crow... Makoto me mira un poco disgustada, así que apresuraré el paso.
...
La castaña se paseaba de un lado a otro, inquieta por la demora de su amiga. Miraba hacia el interior de la tienda, y cada vez que sus ojos encontraban a quién le interesaba, su cara enrojecía un poco más. Él era perfecto, tan parecido a su primer amor. Pero no estaba encaprichada con él por eso, no, eso sólo había sido el primer flechazo, porque después de conocerlo un poco más cada día, se daba cuenta que era infinitamente mejor que aquel patán que la había rechazado.
Ese suceso la afectaba y mucho. A pesar de tener una apariencia fuerte y decidida, en verdad era muy sensible y enamoradiza. Soñaba con el día en que al fin estuviera al lado de su amor verdadero.
Se giró para buscar de nuevo a su amiga; ya se estaba tardando más de la cuenta, aún teniendo en cuenta que era Usagi a quien esperaba.
—¡Makoto! —escuchó su voz al fin.
—Usagi. ¿Por qué demoraste tanto? —preguntó un poco enfadada.
Imaginaba que se había quedado más tiempo del prudente al lado de su estrella. No sentía celos por él, pero temía que ella saliera herida en toda esa historia, teniendo en cuenta que él era famoso y su amiga, solo una chica muy inocente.
—Perdóname, es que...
—Mira, Usagi, yo no permitiré que Seiya se aproveche de ti, por mucho que lo amemos —reveló de sopetón, con mirada decidida.
—¿Ah? —soltó la chica rubia, mientras su rostro reflejaba su confusión—. No, no es lo que piensas —rectificó soltando una risita al entender lo que su amiga estaba insinuando.
—¿Entonces que pasó? —interrogó, aún más molesta al ver que ella defendía lo indefendible.
—Cuando venía de camino, tuve que ayudar a un niñito que se había desmayado, estaba aquí a la vuelta —dijo, señalando con su mano.
—¿Tú? Si quieres convencerme, deberías inventar una excusa más creíble, Usagi —soltó sin pensar la castaña.
A ese punto, ya estaba indignada de que ella insistiera en encubrir a Seiya. Aunque si lo meditaba un poco, igual la entendía. ¿Quién no sueña con estar al lado de su estrella?
—Es verdad —se defendió la rubia con las manos en la cintura—. Se llevaron al niño en ambulancia. Debes haberla escuchado.
Era cierto, hacía unos minutos había oído el incesante sonido de la sirena, indicando una emergencia, pero aún así era casi increíble lo que ella le decía. De todas formas, no seguiría perdiendo el tiempo en querer ayudarla. Necesitaba entrar a ver a Motoki pronto, pues su turno terminaba en media hora.
—Ya, no importa —dijo, resignada, pero justo fue interrumpida.
—Es cierto lo que dice —escuchó una voz desconocida para ella hasta ese momento. Al girar en su dirección, pudo ver a un apuesto joven de cabello negro.
Usagi maldijo en su interior al verlo de nuevo. Recién había arrancado de él y ahora estaba ahí, en su lugar favorito.
—Disculpa, ¿quién eres? —le preguntó Makoto con curiosidad.
—Mamoru, es un gusto conocerte —le respondió muy educadamente.
"¡¿Pero, qué se ha creído?! ¡¿Cómo es posible que sea tan amable ahora?!", chilló Usagi en su interior. Sus mejillas enrojecieron de golpe en una mezcla de indignación y nerviosismo, por lo que sintió deseos de huir lejos, aunque eso significara dejar a su amiga sola. Pero su voz la volvió a sacar del mundo de su imaginación.
—Cabeza de chorlito me ayudó a atender al niño —dijo muy serio, poniendo su mano sobre su cabeza.
Makoto que hasta ese momento no entendía nada de nada, soltó una carcajada al escuchar el apodo que había mencionado. No pudo evitarlo.
—Perdón, Usagi, pero es tan chistoso —habló entre risas, mientras se apretaba el estómago.
Su amiga la miraba molesta y decepcionada. Se había aliado con su peor enemigo para burlarse de ella. Sólo atinó a voltear y salir corriendo de ahí. Pero, para su sorpresa, no pudo siquiera moverse. Alguien la detuvo en ese instante.
—Bombón, ¿qué sucede? —escuchó esa voz salida del cielo. Al fin alguien que la apoyaría—. ¿Este sujeto te está molestando? —dijo enfadado.
Sus miradas se chocaron en una batalla silenciosa. Se examinaron el uno al otro con disgusto y desconfianza. Parecían tener un interés común que jamás compartirían con el otro. Jamás.
—¡Oh, Seiya! Gracias por venir —habló con voz temblorosa, abrazándose al chico. Esa era una de sus tantas fantasías hecha realidad... que su estrella bajara del cielo y la salvara de sus enemigos, tal como un príncipe a su princesa.
Lo que ella no sabía es que un corazón se arrugaba de dolor en ese momento.
—No exageres, Usagi —dijo la castaña, sacándola de su ensueño.
—Bueno, creo que es mejor que me marche —se despidió Mamoru al ver que sobraba en el grupo de adolescentes—. Hasta pronto.
Los tres presentes lo vieron entrar al Crow con asombro. ¿Que haría un sujeto como él en un lugar cómo ese?
—Has sido muy pesada con él, Usagi. Sólo se acercó para defenderte y lo trataste muy mal
—se expresó decepcionada su amiga.
—Yo creo que es un tipo desagradable —reveló Seiya sin pelos en la lengua. Si aquel sujeto era un posible rival, se desharía de él lo antes posible.
—¿Ves? Seiya me apoya, Mamoru es muy arrogante —dijo sin medir sus palabras. Si fuera posible morir por las palabras que se dicen sin pensar, ella moriría de seguro.
—Así es que se llama Mamoru —susurró el cantante. Guardaría aquel valioso dato en su memoria.
—Bueno, Seiya, ¿se puede saber qué haces aquí? Ya te había dicho que Usagi y yo tenemos cosas que hacer... solas —recalcó Makoto.
Su amiga la miró con cara confundida. ¿Cómo podía ser hostil con Seiya, su cantante favorito? ¿Acaso estaba celosa de que le prestara más atención a ella? No, no podía ser eso, ellas jamás pelearían por un hombre, jamás.
—Está bien. Entonces, nos vemos mañana Bombón —se despidió el joven, guiñándoles un ojo. Había obtenido información valiosa en poco tiempo y eso era suficiente.
Sin embargo, un gran problema se le presentó a Usagi en ese instante. ¿Entraría al Crow con su amiga sabiendo que el sujeto arrogante estaba adentro?
Resignación. Eso era lo único que podía sentir en ese momento que debía entrar al Crow. Makoto insistió en que ya habían perdido demasiado tiempo y ya no le quedaría nada para ver a su rubio galán. De todas formas, igual sentía curiosidad de descubrir la razón por la que aquel sujeto entraría a un lugar tan ¿simple?, ¿ocioso? No sabía cuáles eran sus gustos ni preferencias, pero algo la empujaba a querer descubrirlos. Por eso, al final cedió a la insistencia de su amiga, quien terminó por empujarla hacia el interior del local, poniéndose colorada al ver como todos la miraban molestos por el ruido que provocó su impulsivo ingreso. Incluso pudo ver la mueca de burla del chico arrogante. Estuvo a punto de devolverse, cuando la castaña la tomó del brazo y la condujo hasta su asiento favorito. Dos vasos de agua les fueron servidos de inmediato, en tanto esperaban que llegaran las malteadas que habían pedido.
Makoto hablaba entusiasmada casi sin parar, de lo lindo que sonreía Motoki, de su amabilidad, de su ropa, de su peinado, etcétera, etcétera. Ella poco le prestaba atención, ya que sabía su discurso casi de memoria y en ese instante toda su atención estaba en descubrir la razón de por qué Mamoru permanecía en ese lugar, cuando antes nunca lo había visto.
Tan concentrada estaba que no disimuló siquiera su interés, hasta que él se dio vuelta y le sonrió mientras subía una ceja en clara demostración de que sabía que ella no le había quitado los ojos de encima en todo ese rato. Usagi sintió como ardían sus mejillas por enésima vez en ese día y pensó que quizás se quedaría colorada para toda la vida si seguía cruzando su camino con aquel sujeto. Para mostrarle que no le interesaba en nada, ella giró su cabeza en señal de desprecio, pero la mala suerte parecía haberse apoderado de ella y al tomar agua, se ahogó, comenzando a toser repetidas veces.
Mamoru la miraba inquieto. No sabía si acercarse a ayudarla o no, ya que hasta ese momento le había servido mantener una relación distante hacia ella. Sin embargo, no tuvo que hacer nada, pues su amiga comenzó a golpear su espalda con fuerza, en un intento burdo por sacarla de su ahogo.
—¡Vamos, Usagi! ¡Respira! —dijo a todo pulmón.
Entonces, la rubia tosió con más fuerza hasta que al fin pudo respirar. Aún inhalaba y exhalaba con rapidez, pero al menos ya llegaba aire a sus pulmones. Tenía claro que todo eso había sido un patético espectáculo y deseó salir corriendo, pero eso sería aún más humillante. Lo mejor era esperar a que él se fuera. Sí, esa era la mejor idea.
—¿Ya se fue? —preguntó por enésima vez. Ya habían pasado unos veinte minutos desde su repentina tos y él aún seguía conversando con el rubio.
—No, aún sigue ahí. Creo que es amigo de Motoki. ¿Te imaginas? Podríamos salir en una cita los cuatro —reveló con ojos ilusionados.
—¡Ni en tus sueños! ¿Cómo se te ocurre siquiera mencionarlo? —dijo indignada por la imaginación de su amiga, que en ese momento se estaba transformando en su peor enemiga.
—Usagi, al menos podrías hacerlo por mi. Anda, di que sí —suplicó con ojos brillosos—. Además, él se ve interesado en ti... no ha dejado de mirarte.
—¿¡Qué?! —gritó exaltada.
"¿Es posible? No, sólo está esperando a que me equivoque para burlarse de mi otra vez, es un... un", pensó, pero ninguna palabra apareció. Lo mejor sería seguir esperando.
Al fin el turno de Motoki terminó y se fue acompañado por Mamoru. De pronto, la castaña perdió el interés en el lugar y pudieron regresar a sus casas después de mucho esperar.
Las primeras estrellas comenzaban a asomarse cuando Usagi recién entró por la puerta de su casa. Su madre, un tanto molesta la interrogó por su retraso, pero entendió todo después de su explicación sin muchos detalles. Menos mal que su mamá comprendía la etapa de la adolescencia.
Llegando a su habitación, su teléfono comenzó a sonar. No tenía muchas ganas de contestar en ese momento, pues estaba muy cansada y aburrida de que todo le saliera mal ese día. Pero cuando vio el nombre de su estrella, su corazón latió emocionado.
—¡Bombón! Pensé que no me contestarías.
—¿Por qué? ¿Como no podría contestarte? —dijo un poco tímida. Le daba miedo asustarlo si era muy fanática.
—¿Llegaste bien? ¿Pudiste hacer todo con tu amiga?
—Sí, todo —respondió escueta para no tener que contar detalles—. Seiya, ¿puedo hacerte una pregunta? —consultó para desviar el tema y porque necesitaba hacerla.
—Claro, Bombón.
—¿Me invitarías a la grabación de tu nuevo vídeoclip con Minako? —preguntó, esperando no sonar entrometida o acosadora.
—Pero, por supuesto. Tú, Bombón, puedes pedirme lo que quieras —respondió entusiasmado al saber que estaba al tanto de su agenda.
—Gracias. Eres fantástico, Seiya —dijo sin medir sus palabras.
El cantante sintió saltar su corazón debido a una emoción inexplicable para él aún. Nunca había sentido aquello, a pesar de toda la fama y el dinero obtenidos por su talento. Ella en verdad era maravillosa y al parecer ni siquiera se daba cuenta de su encanto. Sólo la conocía hacía un par de días, pero deseaba seguir a su lado, conociéndola y compartiendo el día a día con ella. Nadie podría impedirle eso, ni siquiera ese tal Mamoru.
—Hasta mañana, Bombón —se despidió, con el pecho acelerado y con una felicidad pocas veces sentida antes por él.
...
Ella no lo sabe aún... no sabe que nos conocemos de antes, de aquella fiesta. Claro, como podría culparla si ambos asistimos con antifaces. Hasta a mi me costó reconocerla, pero su perfume y su dócil cuerpo me bastan para saber que es ella. Usagi, ¿cuanto más demorarás en reconocerme?
...
Estoy en aprietos. Hasta hace unos días no sabía cuando conocería a mi amor verdadero y fantaseaba con que él volvía a mi, el chico de la fiesta de año nuevo que me juró amor eterno. Pero, después de un tiempo reconocí que toda aquella ilusión fue producto de esa maravillosa fiesta de disfraces. Él, un apuesto y enigmático príncipe... yo, una princesa enmascarada. Todo fue como en los cuentos, pero no todos tienen finales felices y después de la medianoche, no nos vimos nunca má , tengo un dilema. Amo a Seiya, es mi estrella favorita y la oportunidad de estar a su lado día a día no es una que pueda desaprovechar. En mis más maravillosas fantasías, sueño que aquel enigmático chico era él y que me ha seguido hasta el colegio para que lo descubra...Por otro lado, está ese tal Mamoru... de arrogante a maravillosamente apuesto. Cuando estoy a su lado, me gusta la sensación que me provoca, esa de mil mariposas en el estómago, aunque a veces pienso que es más por temor que por enamoramiento. Temor a hacer el ridículo en frente suyo, porque no quiero que se burle mas de mi, quiero que me hable como lo haría con cualquier chica. Pero, ¿en qué momento pasé de odiarlo a querer que me hable de otra forma?Es mejor no seguir pensando en nada más, temo que sí lo hago terminaré deprimiéndome...
Continuará...
