Sonic the Hedgehog

Speed Riders

¡Regresé! Luego que un pequeño descanso de casi dos semanas, estoy de vuelta, y esta vez, trayendo la segunda y última parte del fic. Tal como lo oyen. Pensé en hacer este proyecto mucho más corto, pero las cosas se alargaron hasta aquí.

Este capítulo es algo dramático, demostrando el choque de todas las pérdidas en cada uno de los personajes, y con alguna que otra sorpresilla. Espero que me haya salido bien.

Sin más, que lo disfruten.


Chapter 9: Combatir el dolor.

–No debes preocuparte, Cream. ¿Me oyes? Tails estará bien. –Aseguraba Vanilla, aunque ni ella estaba al cien por ciento segura de ello. Hablaba por teléfono con su hija, y se había alterado bastante al escuchar lo que sucedió en Empire City, pero ahora debía tranquilizar a Cream.

–No lo estará, mamá… –Respondió la afligida voz de la conejita. –Los doctores dicen… que su corazón está dañado. Dicen que… hacen todo lo que pueden, pero… que no hay esperanzas.

Un fuerte dolor apareció al instante en la garganta de la mujer, quien se mordió un labio. Imaginar al pequeño zorro amarillo que tanto prometía proteger a su hija del peligro, en esa situación, le causaba un gran dolor.

Y solo era el inicio.

Al otro lado de la comunicación, en la pequeña sección de Empire City que se había salvado de la catástrofe, muchos enfermeros atendían a heridos en un enorme hospital. Muchos civiles terminaron perjudicados debido al repentino ataque de Chaos, pero hasta ahora, no habían tenido que lamentar ninguna pérdida…

Hasta ahora.

Rouge, Silver y Omega aparecieron entre la oscuridad, los dos primeros con miradas llenas de pena y tristeza. Omega, por su parte, solo estaba con la mirada gacha, para demostrar que, de alguna forma, él también se había sentido afectado por la pérdida de Shadow y Sonic…

Cream, al verlos llegar, quedó estática.

–Mamá… te llamaré después. Te amo. –Se despidió apresurada la conejita, impulsándose rápidamente junto con Cheese a reunirse con algunos de sus aliados. –¡Señor Silver, señorita Rouge, señor Omega! –Exclamó una vez estuvo cerca de ellos. –¿Lograron derrotarlo? ¿Dónde están los demás?

–Amy… está bien. Le contamos a Knuckles lo que sucedió y quiso estar un momento a solas…

–¿Y el señor Sonic? –Inquirió la coneja, olvidando por un instante la angustiante situación en la que Tails se encontraba, sin sospechar que se dirigía a una similar. –¿El señor Shadow?

Silver y Rouge se miraron un instante. La murciélago limpió una lágrima renegada que la delató.

–No lo lograron.

Otro pinchazo atacó el sensible corazón de la conejita, cuyos ojos se humedecieron casi al instante. Cheese, junto a ella, dejó de flotar, sin fuerzas, y también sollozó desconsoladamente.

Silver abrazó sin más a Cream, intentando de alguna forma consolarla. Verla en ese estado, a la persona más pura que había conocido, simplemente lo atormentaba. No podía verla llorar.

Rouge, al recordar la muerte de aquel a quien consideró su primer compañero, alguien a quien nunca podría reemplazar, bajó la mirada. Omega la miró de reojo.

El robot puso una mano sobre el hombro de la murciélago, quien al instante lo abrazó con todas sus fuerzas, quebrándose nuevamente.

Y el grupo se mantuvo así. Llorando.

Lamentando las pérdidas que habían experimentado en aquel terrible día…

Combatir un dolor así era algo que no podían soportar, sin importar lo fuertes que fueran físicamente.

El dolor emocional es algo que no se puede aguantar.


Horas habían transcurrido desde el ataque de Eggman e Infinite, y las cosas no habían mejorado.

Amy y Knuckles todavía no aparecían, y algunos empezaron a preocuparse por ello. Estaban en la sala de espera del hospital donde Tails estaba alojado, aguardando. Los médicos hacían todo lo posible por salvar al pequeño héroe, pero los daños que Infinite le provocó a su corazón con ese golpe fueron letales, y era muy poco probable que el joven zorro saliera con vida…

¿Cuánto más tenían que perder?

Que Shadow muriera fue un golpe muy duro para el equipo, que se multiplicó con la partida de Sonic, y ahora, ¿Tails también?

No era justo. No era justo que tuvieran que sufrir así…

Y pensar que el día había iniciado radiante, con un grupo de amigos que solo buscaba disfrutarlo al máximo… Y terminaría con tres de ellos muertos…

No parecía real. Algunos incluso seguían intentando despertar de esa pesadilla, pero en el fondo sabían que esto era realidad.

La cruda y triste realidad.

Siempre creyeron que todos podrían salir adelante, continuar sus vidas, y salir siempre sanos y salvos de cualquier peligro. Que se cuidarían entre sí, y nadie saldría herido, pero esa solamente era una mentira…

Esta experiencia les hizo abrir los ojos, pero todavía dolía… Dolía que Shadow y Sonic ya no estuvieran. Dolía que Tails estuviera a punto de perderse en la muerte por toda la eternidad. Dolía… que se sacrificaran en vano.

Eggman seguía por allí afuera, libre, y de seguro planearía continuar con sus planes de conquista, ahora que Sonic ya no existe. Pero no podían permitírselo. Omega, Silver y Knuckles eran los más animados a que Eggman pagara por la muerte de sus amigos, y también por todos los daños que le había hecho a la humanidad. La pérdida casi total de Empire City sería un golpe duro para el mundo, pero el golpe más duro, fue que perdió la protección de su famoso héroe.

Sonic estaba muerto, y no iba a regresar…

¿O sí?


Muerto…

Vivo…

Despierto…

Dormido…

Aquí no había diferencia.

¿Dónde estaba? La respuesta era incierta. No veía nada más que un vacío infinito a su alrededor. Una oscuridad fría, y eterna, que poco a poco iba consumiéndolo en la desesperación.

No había forma de regresar, y no podía superar eso. Su mente se desestabilizaba poco a poco, se alteraba, se enloquecía.

En un abismo eterno, donde no había escape.

Sonic the Hedgehog, condenado a vagar por siempre… en una eterna oscuridad.

Atormentado por la pérdida de uno de sus amigos, y sin tener la concentración para intentar volver a su realidad.

Estaba sólo, y estaría así por mucho tiempo…

Porque no había forma de retornar. De huir.

Porque de Null Space no hay forma de salir.


Su furia no le dejaba pensar tranquilamente. Debía asimilar lo sucedido, pero no era posible. La dura imagen de Sonic y Shadow le llegaba una y otra vez, e imaginarlos muertos… era un dolor inmenso para él.

No podía resistirlo.

Golpeó el suelo con todas sus fuerzas, fracturándolo por completo y creando un enorme cráter bajo sus pies. No se sentía mejor.

Repitió el proceso una y otra vez, agrandando cada vez más el boquete, buscando de alguna forma desahogarse, pero no era fácil.

Su ira seguía palpitando fuertemente, volviéndolo loco, dañándolo.

No podía resistir tanto dolor.

Los recuerdos de Sonic aparecieron uno tras otro en su mente, siendo más dolorosos que cualquier herida que haya experimentado en lo largo de su vida. Cada instante, cada día.

Nunca se relacionó bien con Shadow, pero no hacía falta. Lo conocía bastante bien, aunque no directamente. Se enfrentaron y trabajaron juntos varias veces, sí, pero jamás llegaron a intercambiar más de unas palabras. Se arrepentía de no intentar comunicarse más con él, pues, a pesar de sus discusiones iniciales, eran una familia.

Todos eran una familia, que ahora estaba rota, por culpa de…

–Eggman… –Musitó el equidna rojo, con la sangre hirviéndole al recordar a ese humano… a ese monstruo. –Eres el peor humano que pueda existir en este planeta, huevo parlanchín. Te hemos perdonado la vida muchas veces, pero esto… esto llega a otro nivel. No se quedará así. Voy a buscarte, y te aniquilaré con mis propias manos… Y tú, Infinite… ya cumpliste con tu venganza hacia Shadow. Ahora debes sobrevivir a mi venganza hacia ti. Tú, y ese gordo bigotudo pagarán por esto. Iré por ustedes, y nadie me detendrá.

No dijo nada más. Con ese juramento, tomó su Extreme Gear y comenzó a conducir lejos de la ciudad. Lágrimas caían de sus ojos todavía, pero ya no le importaba. Se estaba acostumbrando al dolor, pero sin saberlo, perdía sus otras emociones.

El odio y el rencor.

La impotencia y el arrepentimiento.

Todos estos sentimientos negativos se apoderaban de él, cambiándolo, de manera similar con lo que sucedió con Sonic.

Sus ojos, por un instante, parpadearon con un destello rojo, igual que el que se revelaba en los ojos de Rouge en la batalla contra Infinite…

La oscuridad se apoderaba de él, y solo le exigía una cosa…

Venganza.

Combatir el dolor no era fácil, pero Knuckles ya había encontrado la forma para lograrlo.


Ya no podía llorar.

Lo había intentado desde hace ya una hora, pero no tenía más lágrimas que derramar. Sus ojos hinchados lo revelaban.

Tanto dolor, un dolor tan insoportable que no podía aguantar.

Lo escuchó. Escuchó perfectamente cuando los demás le decían que Sonic había muerto…

Y escuchó cuando los doctores les informaron sobre el crítico estado de Tails.

Tantas pérdidas, tanto dolor, tanto sufrimiento… no podía soportarlo. Era humanamente imposible hacerlo.

Aquellos compañeros con quienes vivió tantas experiencias, tantos peligros, tantas aventuras, tantas felicidades. Aquellos compañeros que consideró una familia.

Shadow… le hubiera gustado volverse más amiga de él, pues lo veía en sus ojos. Veía que todavía sufría la muerte de Maria, día tras día, hora tras hora.

Segundo tras segundo.

Pero jamás se imaginó que podría consolarlo de alguna forma, y estaba segura de que el erizo no querría su lástima. El recuerdo de Shadow llorando en el ARK apareció en su mente de una manera tan brusca que sintió como el dolor de su garganta se incrementaba. Había logrado convencerlo aquella vez, hacerle tomar una decisión, hacerle recordar lo que Maria hubiera querido…

Y al final, nada de eso tuvo significado. Shadow murió, y jamás pudo cumplir con su nuevo objetivo…

Devolver la esperanza a la humanidad.

Tails… el solo pensar que lo perdería en cualquier instante le deseaba seguir llorando hasta morir de la tristeza. El agradable recuerdo del pequeño zorro, acompañándola, soportando sus caprichos, y apoyándola… Todo eso le hacía sentir peor. Especialmente, porque nunca le dijo gracias. Tails siempre estuvo ahí, por si necesitaba algo. Siempre quiso protegerla, cuando no era necesario, pero aun así se determinaba en ello, porque sabía que Sonic se lo pediría. Fue uno de sus mejores amigos, y ahora…

Él también iba a irse.

Y Sonic…

No podía recordarlo. Si lo recordaba, ya no iba a haber vuelta atrás, y caería en un bucle infinito de tristeza, del cual probablemente no podría salir después. Quizás permanecería deprimida el resto de su vida, lamentándose, pero…

Eso no importaría.

El recuerdo de su amado héroe salvándola de Metal Sonic hace tanto tiempo… el primer intercambio de miradas, el cómo Sonic la salvaba, la protegía, la cuidaba…

Huía de ella, por supuesto. Ella siempre lo atosigaba, lo acosaba, lo avergonzaba, y él no podría soportarlo por siempre. Le hacía sentir fatal que siempre fue consciente de ello, pero que sus caprichos lo hicieran reclamarlo como suyo igual.

Había intentado cambiar, no abrumar a Sonic con sus incómodas declaraciones de amor, ni apegarse a él, ni abrazarlo frente a todos, sin importar lo que pensaran. Quiso verlo como un amigo más, y no como su amor platónico, pero…

Eso era una mentira.

Siempre iba a verlo como su héroe, como la persona con quien quería compartir su vida. Su amor eterno.

Pero ya no significaba nada. Todo había acabado. Estaba perdida, perdida sin Sonic.

No significaba nada…

Divisó las luces de una ambulancia en la distancia. Venían por Shadow, pero no quería estar presentes cuando se llevaran su cuerpo sin vida.

Ahora mismo, caminaba por las caóticas calles de lo que quedaba de Empire City, intentando ya no quebrarse por el dolor, por la pena, pero era demasiado difícil.

No quería ver a Shadow, mientras contenían su cadáver en una bolsa negra y lo ingresaban en la ambulancia, para posiblemente no verlo nunca más…

No quería ni pensar en ello.

Por suerte, no podía ver a Sonic muerto. Si lo veía muerto, ella moriría también, eso era seguro. Sin embargo, hubiera preferido… verlo una última vez…

La ambulancia estaba regresando, pero a ella no le importó. Estaba pensando.

Dudaba de qué podría hacer ahora con su vida, si podría continuarla. Había perdido a tres de sus amigos, y era un dolor tan insoportable, que sentía que tal vez nunca podría superarlo.

Pérdidas así no se superan nunca.

No quería que su vida se fuera al drenaje, pero no iba a olvidar a aquellos que fueron su familia. No estaba dispuesta a olvidarlos.

Vio el vehículo de emergencia pasar, no muy lejos de donde ella caminaba. Ni siquiera miraba hacia esa dirección, pero logró escuchar con claridad las palabras que dijo uno de los enfermeros.

"¿No habían dicho que era aquí donde se encontraba el cuerpo de Shadow?"

Dio media vuelta casi al instante, con los ojos muy abiertos, y corrió de regreso. Parecía una tontería. Tal vez escuchó mal, tal vez solo eran sus deseos internos de que nada de esto estuviera sucediendo, pero quería averiguarlo.

Aferrarse a alguna esperanza.

Subió a su Extreme Gear al instante, y recorrió la destruida civilización a gran velocidad con una mirada incrédula. Se acercaba, y poco a poco, pudo comprobarlo.

El cuerpo de Shadow no estaba.

Se detuvo, intentando encontrarlo en algún lugar entre la oscuridad de la noche. Estaba segura de que se encontraba ahí tendido, pero la realidad era otra, mucho menos creíble de que se hubiera movido después de muerto.

Y era que no estaba muerto.

Escuchó un escombro caer de lo alto de un edificio en ruinas, y al levantar la mirada, vio su figura. La figura de aquel erizo oscuro, cuyo rostro inexpresivo era iluminado únicamente por la luz de la luna.

Él la vio de reojo, sin importarle que lágrimas cayeran del rostro de ella, pues ahora debía asimilar lo sucedido, y descubrir como rayos seguía con vida…

Pero ella no iba a dejarlo así.

–¡SHADOOOOOW! –Vociferó la eriza, y de un enorme brinco, se abalanzó sobre la forma de vida suprema, abrazándolo con todas sus fuerzas, mientras volvía decaer entre las lágrimas.

Él se mantuvo estático, y soltó un bufido de fastidio, aunque luego su expresión pareció ensombrecerse…

Escuchó los incesantes sollozos de la eriza, y recordó las palabras de los enfermeros que llegaron a ese lugar…

Sonic estaba muerto, y Tails iba a estarlo pronto.

Si había regresado a la vida, había sido por una razón, y esa era obvia.

De los tres, fue él quien tuvo la suerte de revivir, y no lo deseaba así… Él no merecía la vida más que Sonic, el renombrado protector de la Tierra, o Tails, que solo era un niño inocente…

Él no debía ser quien sobreviviera, pero el destino lo quiso así…

Y lo menos que podía hacer para compensar esto, era vengarlos. Eggman por fin logró su objetivo, eliminar a su más grande rival, pero ahora tendría que lidiar con un problema mucho más grande, y era sobrevivir a la furia del erizo negro. Los ojos de Shadow relampaguearon con enfado, pues el recuerdo de Infinite también llegó como un balde de agua fría contra su cuerpo.

Ese chacal… iba a recibir un destino mucho peor que el suyo.

Ahorcarlo hasta la muerte no bastaría para desahogar sus deseos de venganza. Esta vez, no iba a tener piedad. Ya no le interesaba que fuera él quien creó a Infinite, ni los errores que cometió en el pasado.

No le interesaba ya Maria, ni la humanidad, ni nadie más.

Lo único que le interesaba ahora, era venganza.

Infinite… –Pensó Shadow, apretando los puños, aún abrazado por la afligida Amy. –Pagarás por esto.


No podía creerlo, o no quería creerlo, pero era verdad.

Las noticias no mentían, el regreso de Eggman, el estado de Empire City, la crítica situación de Tails, la muerte de Sonic y Shadow…

Todo era cierto.

Sus puños apretados revelaban su frustración y furia. No podía ser real… Sonic siempre salía intacto de cualquier desastre, y siempre ganaban al final. ¿Cómo podría ser diferente en esta ocasión…?

La respuesta venía en forma de una gema maldita, que causaría estragos en todo el planeta, y que ahora se creía destruida nuevamente.

No podía creerlo, pero tampoco iba a quedarse sin hacer nada.

–¿Qué hacemos, jefe? –Le preguntó Storm, con una mirada expectante, pero también algo entristecida por el fatal destino de tres de sus compañeros.

Los Babylon Rogues se encontraban charlando tranquilamente en la habitación central de su dirigible, sin preocuparse por nada, mientras veían la tele. Pero toda su despreocupación se esfumó al oír lo que sucedió mientras ellos solo hacían tonterías…

Sus rivales arriesgaron sus vidas, e incluso algunos de ellos las perdieron, y ninguno de los tres se percató de ello…

Wave se mantenía callada, sentada junto a una mesa de madera donde trabajaba en los Extreme Gears del trío, pero obviamente la noticia la había conmovido, pues ahora estaba petrificada.

Storm solo aguardaba, esperando alguna respuesta, o alguna reacción de parte del líder del grupo, quien ahora mismo, estaba apoyando las manos en la mesa, con la cabeza gacha. Apretaba sus puños con frustración, temblando con ira, y sus ojos centelleando del rencor.

La respuesta a la pregunta de Storm era obvia.

Eggman iba a pagar. Pagaría por todo. Nada de esto iba a quedarse así. Sus amigos murieron por su culpa, y él salió impune, pero no iba a permitirlo. Iba a morir. Iba a sufrir por todo esto.

Y ellos iban a encargarse de ello.

El halcón alzó la vista, mientras sus ojos se iluminaban con un destello rojizo por un breve instante.

–Vengaremos. –Dijo, en un tono tan sombrío e insensible que le dio un escalofrío a sus compañeros. –Vengaremos a Sonic, vengaremos a Tails, vengaremos a Shadow… Nos vengaremos de Eggman, y acabaremos con cualquiera que se cruce en nuestro camino.


La oscuridad de la noche era su camuflaje. Sus ojos rojizos iluminaban la penumbra, sin ser vistos por nadie, pues ya no existía nadie en esa zona devastada. El metal azul de su cuerpo reflejaba ligeramente los rayos de la luna, pero no era importante. Dirigiéndose a gran velocidad a aquel enorme cráter donde su doble orgánico había desaparecido, Metal Sonic se mantenía silencioso, y aunque parecía algo contradictorio, pensativo…

El que su amo por fin haya logrado cumplir con su objetivo era increíble. Pero que Sonic ya no existiera era impensable. Sin importar qué sucediera, aquel molesto erizo azul permanecía con vida, destrozando los planes de Eggman, pero ahora…

¿Había muerto realmente? Era difícil creerlo.

Sus pensamientos se vieron interrumpidos cuando un destello rojo entre los escombros llamó su atención. Se dirigió hacia allí al instante, aterrizando, y lo vio.

Era Infinite, o al menos lo que quedaba de él.

Su máscara estaba destrozada, y sus ojos, completamente blancos y sin vida. El cristal negro roto en su pecho revelaba qué fue lo que le sucedió…

El Phantom Ruby se llevó su vida cuando fue destruido…

Observó los trozos dispersados por la zona, localizándolos gracias a su radar, y los recolectó. Una vez los obtuvo todos, se desplazó de nuevo hacia Infinite, para arrancar el Phantom Ruby de su pecho, pero para su asombro…

–No… me toques. –La mano del chacal sujetó su brazo con fuerza, impidiéndole poner un dedo encima del rubí oscuro.

Metal Sonic observó al chacal a los ojos, que habían recuperado sus pupilas. Infinite se quitó la máscara que cubría su rostro, que revelaba aún más cicatrices de antes.

–Creí que estabas muerto.

–Y debí estarlo, pero creo que el Phantom Ruby me protegió de alguna forma. –Respondió el chacal, poniéndose de pie con dificultad. –El Crimson Eternity fue destruido. ¿Crees que el doctor podrá repararlo?

–Me preocupa más que el Phantom Ruby haya sido fragmentado de forma permanente. –Replicó Metal Sonic, montando su Metal Star. –Esperemos a que Eggman pueda restaurar su energía. Ahora sube. Debemos llevarte a la base.

–¿Puedo confiar en ti? Estoy vulnerable ahora que no tengo al Phantom Ruby conmigo, y ese último ataque me dejó demasiado débil.

–¿Crees que voy a acabar contigo, cuando me enviaron específicamente a comprobar que estabas con vida? Deja de decir tonterías y sube. Eggman necesita que estés al cien por ciento para la siguiente fase de la misión.

–¿Y cuál es?

–Lograste vencer a Sonic… –Reveló Metal Sonic con un tono algo amargo. Infinite arqueó una ceja al escuchar eso, pues no recordaba haber matado al erizo azul, aunque lo deseaba. –Pero aún hay moscas que debemos aplastar. Aunque creo que no estarás en condiciones para hacerlo. Si es así, yo me encargaré.

–Estoy conforme sabiendo que acabé con la vida de ese desgraciado de Shadow. –Bufó Infinite, subiendo en el Extreme Gear de Metal Sonic. –Mi venganza está cumplida. Ya solo debo pagar al doctor los favores que me hizo.

–Como digas… –Metal Sonic empezó a moverse, avanzando a gran velocidad a través de la derruida ciudad. –Nunca usaste todo el poder del Phantom Ruby en la batalla, ¿por qué?

Infinite solo sonrió antes de responder.

–No hubiera sido divertido aplastar a ese erizo sin antes darle esperanzas de que podía acabar conmigo.

–Te han otorgado un poder por el que muchos morirían… ¿Y lo malgastas de esta forma?

–Yo uso el Phantom Ruby como prefiera. –Contestó tajante Infinite. –Porque, después de todo, yo soy su portador.

Por ahora… –Pensó Metal Sonic. –La base de Eggman está muy lejos de aquí, así que mejor que te prepares para un largo viaje.

–Después de todo lo que tuve que esperar para hacer realidad mi venganza, me da igual cuando tardemos. He cumplido mi objetivo. –Manifestó Infinite, volteando hacia el campo de batalla donde había revelado al mundo su poder…

Lo creían muerto, acabado, pero su poderío apenas iniciaba.

–Lo siento, héroes. –Musitó, sonriendo siniestramente. –Pero es hora de apagar sus luces.


¡Y terminamos! ¿Qué les pareció el regreso del fic? ¡Espero que estuviera bien, porque ahora tendrán que esperar algo más de una semana para la actualización! Les agradezco a todos los que se hayan tomado el tiempo de leer, y espero que estén presentes hasta que este fic termine. Sin más…

Cuídense y nos leemos.