Los personajes de Sailor Moon no me pertenecen, son propiedad de Naoko Takeuchi

¿QUIÉN ES MI AMOR VERDADERO?

Capítulo III - La actriz

La semana ha sido hermosa y fascinante. Cada día junto a Seiya es mejor que el anterior. Jamás pensé que me fuera posible estar tan cerca de él, mucho menos imaginé que compartiríamos escuela. Es tan atento, alegre y preocupado... Hasta me llama todos los días para saber cómo llegué a casa. Todas me envidian y miran con cara de disgusto cuando ven que él sólo tiene ojos para mí. Aún así, no quiero crearme falsas expectativas respecto a su atención. Quizás sólo se siente más cómodo conmigo porque no lo atosigo tanto como otras que no lo dejan siquiera respirar. Es cierto que es un famoso cantante, pero antes, es persona y necesita vivir una vida normal...

¿Le será posible? Al ser tan conocido, casi no puede salir a la calle, en el Instituto sólo está tranquilo porque los maestros no permiten tumultos en la sala. Y cuando se reúne con sus hermanos, todo es peor aún, un verdadero caos. Pero, ¿cómo podría no serlo? Los tres son como ángeles caídos del cielo, hermosos, perfectos... y sus voces son maravillosas.

Hoy iré al estudio de grabación y espero poder averiguar algo de Minako y Seiya. Ella es tan perfecta también... he seguido cada serie en la que ha participado. Si se gustan, creo que mi corazón se romperá en mil pedazos.

¡Vamos, Usagi, debes ser optimista!, me digo a mi misma para darme ánimos. Si él ha sido tan atento conmigo es por algo... sí, debe ser por algo...

La chica caminaba decidida hacia la dirección que el cantante le había entregado. Como ese día amaneció un poco caluroso, decidió ponerse un vestido corto color verde agua y llevaba un delgado chaleco para el regreso. Una pequeña cartera en forma de gato terminaba su ligero atuendo. Aunque quería verse hermosa, tampoco podía exagerar.

Su amiga no la acompañaría por asuntos personales, pero sabía que, en realidad, no quería hacer un mal tercio. Después de todo, se había resignado a la cercanía de ellos dos. Sólo le advirtió muchas veces que no se ilusionara de más, porque si ella la veía sufrir, sería mejor para Seiya encontrar un buen escondite para evitar la paliza que le daría. Makoto podía ser de temer a veces...

Con los audífonos puestos, tarareando la última canción de los Three Lights, siguió su camino distraída y emocionada. Aunque todo ese maravilloso efecto fue roto de pronto, cuando sus ojos se posaron sobre una figura ya conocida.

El sujeto arrogante iba muy bien acompañado por una bella chica de cabello anaranjado. Parecía muy amable con ella, demasiado para su gusto. Sintió una punzada en el corazón el pensar que era posible que ella fuera su novia. ¡Claro!, hasta ese momento ni siquiera había pensado en que él podría tener a alguien. Tan apuesto como era, sería imposible que estuviera solo. No supo por qué, pero en ese instante sintió deseos de llorar, sin embargo, retuvo sus sentimientos lo mejor que pudo para seguir su camino. Las hormonas le estaban jugando en contra, pero ella ya tenía a alguien y eso era lo más importante. Nada ni nadie le arruinaría ese día, ni siquiera ese tal Mamoru.

Cuando llegó al estudio, Seiya ya la estaba esperando con una enorme sonrisa. Cualquier impasse anterior se vio borrado por su alegría. Definitivamente, ese iba a ser el mejor día de su vida.

—¡Bombón! —la saludó—. Tenía miedo de que no llegaras.

—¿Cómo se te ocurre? Lo que más quiero ahora es verte... actuar —dijo alegre y un tanto tímida.

El joven sentía como sus latidos se acelereban al verla y aún más al oírla. Se veía hermosa y sus palabras eran melodía para sus oídos. Deseaba estar con ella no sólo como compañero o amigo, si no como novio, sí, ese era su anhelo. No sabía bien cuánto esperar para proponérselo y que todo se viera natural, pero no podría aguantar mucho, eso lo tenía claro.

—Ven, entremos —la invitó amablemente.

El estudio era enorme y ella se hubiera perdido de no ser por su guía. En un momento, sintió su mano sobre la suya y un escalofrío recorrió su espalda al percibir cómo se entrelazaban sus dedos. Nunca había sentido una emoción así, a parte de aquel día en esa pasada fiesta. Ella estaba siendo privilegiada por su estrella, quien la conducía de la mano por esos numerosos pasillos. Deseaba que su unión no terminará jamás.

—Gracias, Seiya —dijo ruborizada.

El joven se vio obligado a soltar su mano, aunque hubiese preferido no hacerlo nunca. Dejó a Usagi en un cómodo asiento desde donde se podía ver todo.

Mientras tanto, por la otra puerta hacía ingreso Minako Aino, la actriz. Su rubia cabellera suelta era de envidiar y sus piernas largas se dejaban ver por debajo de su falda casi transparente. Parecía sacada de una película.

—Vamos, Seiya. Hagamos esto pronto que tengo que reunirme con mis amigas mas tarde —escuchó que le decía con demasiada confianza.

Sin precio aviso, la chica se colgó del brazo del cantante sonriendo y bromeando. Sus mejillas sonrojadas y sus ojos brillosos, le demostraban a Usagi que ella era más que una amiga para Seiya. Y a él parecía no molestarle sus demostraciones de afecto. Otra vez sintió aquella punzada en el corazón, por segunda vez en el mismo día. Pero, volvió a reprimirse porque debía cumplir su objetivo de ese día, averiguar a ciencia cierta si ellos eran novios. No podía dejarse llevar.

La grabación comenzó y aún por sobre sus sentimientos, le pareció que todo era muy emocionante. A ratos se escuchaba la canción que estaban representando, siendo una primicia para ella en exclusiva. Los hermanos de Seiya también participaban en el vídeo, pero ninguno era muy cercano a la chica más que su estrella. Y así las dudas sólo crecían aún más.

Llegado un punto de la grabación, bajaron las luces y todo quedó casi en silencio. Escuchó que le daban instrucciones a Seiya y Minako, quienes estaban al centro del escenario. Mientras les retocaban el maquillaje, el director hablaba de sentimientos y romance. Sabía que la canción hablaba de eso, pero ¿cuánto se demostraría en el vídeo? Vio que ella sonreía relajada, lanzando miradas que ponían incómodo a su estrella. Incluso le pareció que él enrojecía cada vez más.

—¡Acción! —gritó el director.

La atmósfera había cambiado. Unos grandes ventiladores producían un suave viento que impelía los cabellos de ambos. Sus caras reflejaban tristeza y, cuando ella se giró para quedar frente a él, estaba llorando. Usagi no podía dejar de pensar que en verdad era una gran actriz. Sin embargo, todo se volvió negro de un momento a otro para ella, cuando la vio abalanzarse sobre los brazos de Seiya acercándose más de lo debido, hasta que posó sus labios sobre los de él.

La punzada que había sentido antes, en ese instante fue tan grande que pensó que su corazón había dejado de latir. Eran novios, esa fue la unica conclusion que sacó de ese espectáculo. Y no deseaba ser una entrometida.

Con todo el valor que pudo reunir, se puso de pie y se marchó sin mirar atrás en ningún momento. Tampoco le importó perderse en el camino, sólo necesitaba aire para respirar porque sentía que se ahogaba y que las lágrimas comenzaban a brotar por sus ojos sin control. Con la vista nublada salió al fin de aquellos interminables pasillos para respirar y reponerse. Pero era imposible ya que sus corazón latía aprisa y no podía dejar de llorar.

"¿Por qué me ilusioné? Sabía que esto iba a terminar así. Ellos deben ser novios", pensaba una y otra vez completamente atormentada.

Sin embargo, unas fuerte manos la tomaron por los hombros y vio unos hermosos ojos azules que la miraban confundido y preocupado.

—¿Por qué lloras, Usagi? —le oyó decir casi en un susurro.

—Mamoru...

Y sus lágrimas siguieron saliendo sin control.

El joven cantante solo pensaba en que aquella chica frente a él era su nueva amiga y compañera. Ver a la actriz llorando lo distrajo de toda la interpretacion, imaginando que Usagi era quien derramada aquellas dolorosas lágrimas. Tan concentrado estaba en su ilusión que no se dio cuenta del momento en que la chica plantó sus labios sobre los suyos, y sus ojos se abrieron en señal de sorpresa para encontrarse con el rostro de Minako y no el de su Bombón.

—Pero, ¡¿qué haces?! —le gritó asustado.

—Ay, Seiya, no te ilusiones —respondió muy confiada—. Sólo hice lo que el director me dijo.

—¿Ilusionarme? —preguntó indignado.

—Sí, tú sabes que sólo tengo ojos para tu hermano —explicó mirándose las uñas, sin darle la menor importancia al chico delante de ella.

—No estás entendiendo. Hoy vine acompañado. Esto, —dijo apuntando a ambos—, esto no debió ser así. Al menos debiste avisarme.

—El director no quiso. Quería grabar tu cara impresionada y creo que lo logró.

—Ahora tendré que explicar todo —susurró más para si mismo.

Sin embargo, cuando se giró para dirigirse hacia donde estaba sentada su amiga, no encontró a nadie, la silla estaba vacía.

—Si busca a la chica, se fue hace un rato —le dijo un asistente.

"¡Rayos! No pienses mal, Usagi, por favor", pensó antes de iniciar una carrera por los pasillos en busca de ella. No le importaron los gritos de Minako ni del director, su mente sólo estaba enfocada en encontrar a la rubia.

Casi sin aliento llegó al patio, y buscando en todas direcciones al fin encontró a quien quería ver, sólo que no estaba sola, estaba con ese tal Mamoru. Al acercarse, pudo notar que lloraba afligida y una rabia enorme subió por su pecho al pensar que aquel engreído sujeto le había hecho algo.

—¡Quítale las manos de encima! —gritó enfurecido.

Al oír su voz, la cara de Usagi se contrajo atemorizada. No quería dar explicaciones absurdas, ya que su actitud infantil de huir sólo haría evidente que había mal interpretado su cercanía. Al verla, Mamoru supuso que aquel era el causante de sus lágrimas y, pasando por encima de toda la lógica, la envolvió en un abrazo protector y cálido, intentando darle seguridad.

—No sé muy bien quién eres, pero ella no quiere verte —dijo lo más autoritario que pudo.

La chica podía sentir el calor que su cuerpo emanaba y como sus latidos se aceleraban poco a poco. Él parecía nervioso por la situación, y aunque ella hubiese preferido huir, se sentía bien al ser cuidada como una delicada flor.

—¿Perdón? Ella viene conmigo —explicó enojado el cantante. No podía creer que aquel sujeto se adueñara de Usagi, cuando no tenía ninguna relación con ella.

—Si vas a seguir haciéndola llorar es mejor que no regrese contigo —sentenció.

Sólo en ese momento, Seiya se dio cuenta de que ella lloraba por su causa.

—Bombón, podemos hablar, por favor —suplicó, cambiando el tono para dirigirse a ella. Sólo vio que ella negaba, hundiendo aún más su rostro en el pecho de aquel sujeto.

Usagi, en realidad, se sentía avergonzada del escándalo que había provocado. Su estrella era libre para estar con quien quisiera y ella no era nadie para impedirlo, sólo su compañera de curso.

—Perdón, Seiya, pero no me siento bien ahora —le respondió apenas entre sollozos.

El sintió como su corazón se partía en dos, pero entendió que no podía seguir acorralándola. Tenía claro que tampoco era nada suyo para pedir explicaciones a su actitud.

—Está bien, Bombón, más tarde hablaremos.

Su voz apenas era audible, ya que un nudo le apretaba la garganta. Dejarla ir con aquel sujeto era lo más difícil que había tenido que hacer en mucho tiempo, pero ya llegaría el momento de entenderse. De algo estaba seguro y era que ellos eran el uno para el otro, nadie podía cambiar eso. Dispuesto a dejar esa desagradable situación atrás, se giró para volver a las grabaciones.

Ella mantuvo las fuerzas lo más que pudo, pero al darse cuenta de que él se había marchado al fin, se desplomó en los brazos de Mamoru. Sus piernas no lograron sostenerla y se hubiera ido directo al suelo de no ser por la pronta reacción del joven que la sostuvo con extremada ternura. Se sentía demasiado bien ser cargada por él, pensó, y de pronto se percató en donde estaba. Hasta ese momento sólo se había dejado llevar por la situación, pero cuando despertó del trance, sus mejillas ardieron de solo pensar que él la sostenía en brazos cuál princesa recién rescatada.

—¡Oh, por Dios! —exclamó, intentando bajarse.

—¿Recién despiertas, Cabeza de chorlito? —dijo un poco irónico, pero a la vez con ternura.

—Perdón... todo esto es muy vergonzoso —habló completamente apenada, tapándose la cara.

—Si vas a tener peleas con tu novio, es mejor que sea en casa para que nadie más te vea —le sugirió.

—¿Mi novio? ¿Seiya? Él no es... mi novio... —explicó con tristeza—. ¿En verdad no sabes quién es?

—Seiya Kou, cantante de los Three Lights —respondió con cara intelectual.

—Entonces, ¿si sabías? Eres muy malo, Mamoru —lo retó fingiendo enfado.

—Solo espero no haber herido su orgullo —se burló sonriente.

En ese instante hubo un lapso de sinceridad entre ambos. Se vieron a los ojos, perdiéndose cada uno en la mirada del otro, intentando responder mil preguntas no formuladas por sus labios. Hasta que la cercanía fue demasiada y el nerviosismo evidente.

—Creo que es mejor que me bajes —pidió con suave voz.

—Sí... es cierto.

Al quedar de pie, ella notó con más detalle la altura del joven. Se preguntó qué edad tendría y quién sería su familia. De un momento a otro quiso saber más de él y de su vida. Pero, eso sería imposible, nada los unía más que aquellos esporádicos encuentros. Aunque si lo pensaba más profundamente, él siempre estaba cuando ella necesitaba ayuda, era como un protector incógnito.

—¿Te acompaño a tu casa?

Su pregunta le sonó tan natural y sin ningún dejo de burla ni arrogancia. Sin embargo, negó con su cabeza, pues ya se sentía demasiado en deuda con él como para que más encima la fuera a dejar.

—Creo que es mejor que me vaya sola.

Su negativa le dolió. Parecía que, por más que se esforzara, no podía hacer nada para alcanzarla, en verdad estaba cada vez más lejos de él. Quería decirle tanto, pero sus labios se cerraron y su voz se apagó.

—¿Estás segura? — preguntó, en un último intento para lograr romper el hielo.

Usagi lo pensó un poco. Sus ojos parecían preocupados por ella, por su bienestar. Después de todo era un futuro médico. Quizás volver sola sería peor que ir con aquel arrogante.

—No, en realidad. Pero, si me acompañas te costará un helado —recalcó bromeando, esperando que él se molestara por su petición absurda y la dejara sola. Eso pensó.

—¿De qué sabor? Conozco una heladería excelente cerca de aquí —respondió muy seguro.

No lo podía creer. ¿De verdad ese chico era el mismo engreído que la había salvado unos días atrás? Quizás sí debía darse la oportunidad de conocerlo. Sólo quizás...

Eres hermosa princesa. ¿Lo sabes? Creo que no, por eso sufres demás. Si tan sólo me dieras una oportunidad. No sabes quién soy, ni siquiera me recuerdas, pero yo a ti sí, por siempre, para toda la vida.

Mi vida ha sido difícil, pero tú me diste la luz para retomar mi camino y cuando te encontré otra vez, me prometí a mi mismo no volver a perderte.

Estoy solo en el mundo, sin embargo, tengo tu luz que cada día puedo ver aunque sólo sea por unos minutos, en la calle, donde nunca me has visto.

Puedo parecer arrogante a tus ojos, pero eso se debe a que no sé como llamar tu atención, tengo miedo de que temas mi cercanía y huyas de mí, eso sería lo peor...

Dame una oportunidad para que puedas conocerme y si después quieres seguir tu camino lejos de mí, lo entenderé, aunque nunca dejaré de amarte... mi Usako...

Continuara...