Los personajes de Sailor Moon no me pertenecen, son propiedad de Naoko Takeuchi

¿QUIÉN ES MI AMOR VERDADERO?

Capítulo IV - Citas

¡El lugar era maravilloso! De haberlo conocido habría ido mucho antes, pero descubrirlo gracias a él sería algo que nunca olvidaría. La cantidad de sabores de helado que sus ojos veían era tan sublime que pensó que estaba en el paraíso. Sus ojos brillaban emocionados, lo que enterneció a Mamoru, quien la miraba casi embobado.

—Puedes pedir los sabores que quieras —dijo, obligándola a salir del trance.

—¡¿En serio?! —preguntó emocionada. Sus pupilas volvieron a fijarse sobre aquellos recipientes que contenían sabrosos helados artesanales—. Pero, quedarías en banca rota si pido todo lo que quiero —aseguró entre avergonzada y sonriente.

—Eso no lo creo —respondió seguro—. Pero, compraré los que quieras si así se te pasa la pena.

—¡Gracias!

Ella sabía que esa gran cantidad de azúcar le ayudaría a sentirse mejor. Esa oportunidad era única, más encima deliciosa. Debía aprovecharla al máximo.

Cuando Mamoru vio la enorme copa que le llevaron a la chica a la mesa, quedó asombrado. Jamás pensó que alguien tan pequeña pudiera comer tanto. Imaginó que quizás sólo quería llenar el vacío que le había dejado el problema con aquel cantante. Debía averiguar qué sucedía, pero no sabía por donde empezar.

—¿De verdad crees que puedas comer todo eso? —preguntó bromeando.

—¡Por supuesto! Ya verás —aseguró, comiendo la primera cucharada—. Mmm, delicioso...

Su cara de deleite era lo máximo para Mamoru, que disfrutaba en silencio la oportunidad de conocer las expresiones de la rubia más de cerca. Hacía tantos años que la había visto por primera vez, cuando niños pequeños, que verla ahí, toda una joven, sonriendo y disfrutando, lo atraía aún más. Sin embargo, Usagi era ignorante de todo aquello, porque jamás imaginó volver a ver a aquel niño que conoció en un hospital mucho años atrás.

—Al parecer me equivoqué y si serás capaz de comer todo eso —reconoció sonriente.

Felicidad. Esa palabra resumía ese momento para él.

—Te lo dije —habló, señalándolo—. Ahora, Mamoru, ¿podrías contestar unas preguntas? A mi mamá no le gustaría saber que salí con un completo desconocido.

"¿Preguntas? ¿Que querrá saber?", pensó. A pesar de eso, una alegría brotó de su corazón al entender que quería conocerlo aunque fuera un poco.

—Entiendo. ¿Qué quieres saber?

—Cuéntame tú —dijo de una forma que le pareció un tanto seductora. Sus ojos celestes eran intensos, sosteniéndole la mirada con osadía.

—Mamoru Chiba, 18 años, estudiante de medicina —respondió como si fuera una entrevista de trabajo. Sentía los nervios a flor de piel, porque no sabía qué tanto decirle.

—Bien, Mamoru. ¿Familia? —consultó con voz muy interesada. Nunca pensó que sería tan fácil sacarle toda la información.

—No tengo, vivo solo. Mis padres murieron hace unos años.

—Oh, lo siento —reconoció apenada. Al parecer había ido muy lejos en su interrogatorio.

—No te preocupes. Viví mucho tiempo con unos tíos y este año me mudé a un departamento para estudiar en la Universidad. Creo que estoy acostumbrado a estar solo —dijo ensimismado.

Su vista quedó fija en un punto como recordando todo lo que había vivido esos años. Usagi sintió tristeza y un extraño deseo por liberarlo de esa soledad. Aunque quiso abrazarlo, supo que eso sería desubicado. Eran dos desconocidos que recién conversaban, pero había una conexión especial entre ellos cada vez que estaban cerca, algo que sentían en la piel y en el corazón, cuyos latidos se les aceleraban con sólo verse a los ojos.

—Usagi Tsukino, 16 años, estudiante —dijo ella para llamar su atención y quedar a mano en cuanto a información personal—. Vivo con mis padres y mi hermano, Shingo.

Mamoru sabía todo eso, lo recordaba como si se lo hubiese contado ayer, a pesar de que lo había escuchado hacía 8 años ya. Habían estado hospitalizados en la misma sala de Pediatría, él, por el accidente donde habían fallecido sus padres, ella, por una apendicitis. Debido a su tristeza y gran pérdida, nunca dijo nada, pero ella no dejaba de hablar de su familia y otras cosas. Mucho tiempo después, supo que gracias a ella había sido capaz de recuperarse y querer encontrarla otra vez le había dado un impulso nuevo a su vida. La había vuelto a ver en otra ocasión, pero eso sólo había sido otra casualidad de la vida...

Después de conversar y terminar de comer todo el helado, Mamoru la acompañó hasta su casa, despidiéndose por primera vez como personas que están conociéndose poco a poco. Al menos, sus encuentros de ahí en adelante serían más amenos. Usagi incluso había olvidado el dolor que había sentido a causa del beso que Minako le había dado a Seiya, pero todo volvió a su memoria al ver el nombre de él en su teléfono, dudando de si recibir o no la llamada.

—¡Bombón! —escuchó su voz preocupada del otro lado del aparato—. ¿Podemos hablar? —suplicó.

—Sí... pero, primero quería pedirte perdón, Seiya —dijo con voz suave.

—Pero, tú no tienes que pedirme perdón —habló sorprendido por lo que le decía.

—Necesito que me perdones por lo que hice. No debí huir así, pero...

—No, Bombón, yo te entiendo...

—¿Me entiendes? —preguntó suavemente—. Perdona Seiya, sólo soy una seguidora tuya, te admiro, en serio...

—¿Te gustaría salir conmigo, Bombón? —preguntó de repente.

—¿Salir contigo? —repitió asombrada. Sus mejillas se enrojecieron automáticamente al imaginarse junto a su estrella.

—Sí, mañana. Te pagaré por cada lágrima que derramaste por mi culpa, Bombón —su voz le sonó tan dulce que sintió como su estómago se llenaba de mariposas.

—Está bien.

—Entonces, mañana nos vemos, Bombón. Duerme bien —se despidió feliz de haber solucionado una parte de su problema. Lo demás lo aclararía al día siguiente.

...

¿Qué hago? No sé qué pensar. Esto de la adolescencia me está matando. Quería tanto encontrar mi amor verdadero... pero, ahora estoy muy confundida. ¿Cómo se sabe quién es la persona correcta?

Seiya siempre fue mi sueño imposible, mi amor platónico, dueño de mis fantasías. Él bajó del cielo para estar a mi lado, y se quedó junto a mi, ilusionándome, encegueciéndome con su maravillosa luz. Pero, al parecer él tiene dueña, alguien tan perfecta como él. Aún así, quiero seguir viviendo esto hasta que el tiempo se me agote. Quiero aprovechar la oportunidad de estar al lado de mi estrella todo el tiempo que pueda. Aún si sólo somos amigos...

Por otro lado, Mamoru me confunde. Parecía ser un engreído molesto que sólo disfrutaba haciéndome enojar, pero he conocido su lado tierno y atento... eso me derrite, como si su piel irradiara calidez. Tengo la sensación de que conozco sus ojos, como si ya hubiese visto ese azul intenso mirarme con transparencia. Quiero conocerlo más, quiero acompañarlo en su soledad, quiero descubrir el por qué de esta sensación en mi corazón...

¿Como saber quién es mi amor verdadero?

...

La primavera era maravillosa. El cielo azul, el cálido sol, el sonido de las aves, el aroma de las flores, todo se conjugaba para que aquel día fuera perfecto. Incluso su cuerpo se sentía más liviano y con energías suficientes para hacer muchas cosas.

—¿Te caíste de la cama, hermanita? —escuchó la voz burlona de Shingo al verla bajar las escaleras. No es que fuera la persona más madrugadora que existiera, pero que él bromeara con eso sonaba un poco humillante para ella.

—No arruinarás mi día, Shingo. Hoy soy la persona más afortunada que existe —aseguró, sintiéndose victoriosa.

—¿A dónde vas hija? —preguntó su madre.

—Eh... hoy me reuniré con un compañero de clases —respondió, omitiendo detalles de quien se trataba en verdad. Temía que a ella no le agradara la idea.

—¿Compañero? ¿Un muchacho distinto al de ayer? —consultó con suspicacia.

La rubia enrojeció de solo recordar el interrogatorio del día anterior y ahora más encima saldría con Seiya. ¿En qué momento había comenzado a salir con chicos? Ni ella misma se había dado cuenta del giro tan repentino que había dado su vida.

—No... no es el mismo. Pero, no te preocupes. Volveré temprano.

—Y, ¿a quién le pediste permiso para ir?

—¡Mamá! Por favor, ya tengo 16...

—Y sigues siendo menor de edad, Usagi.

—No me hagas esto. Tengo que salir, por favor.

Continuó sus ruegos hasta que su teléfono comenzó a sonar. Su mamá le hizo una seña para que respondiera sin problema.

—¡¿Como te fue ayer?! ¿Por qué no me llamaste? Hoy nos juntaremos en el Crow con Ami, así que tienes que venir a contarnos todo, pero todo lo que viste en la grabación —escuchó los gritos de su amiga al otro lado del aparato.

—Hola Makoto. ¿Cómo estás? Nos vemos en el Crow, entonces. Gracias por avisarme —dijo con voz fuerte para que su mamá escuchara. Sabía que su compañera no entendería nada, pero más tarde le explicaría todo, así es que le colgó dejándola con muchas dudas.

—¿Makoto también irá?

—Sí. ¿Acaso creías que iba sola? —preguntó. Tenía claro que le estaba mintiendo a su mamá, pero si era necesario para reunirse con Seiya y solucionar sus dudas, lo haría otra vez.

—Está bien, ve, pero no llegues tarde.

Dio un salto de alegría. Tenía el permiso, así es que confirmó con el cantante el lugar de reunión, escribiéndole un mensaje de texto.

El día domingo era fantástico. Muchas familias estaban en las calles apreciando el florecer de los cerezos, caminando felices. Y ella sentía que flotaba en cada paso. ¡Seiya le daría todo el día domingo! Nunca, ni en sus mejores sueños imaginó algo así y, disfrutaría aquel día sin ilusionarse ni exigir nada, sólo estaría a su lado como una verdadera fan.

A lo lejos pudo ver a Seiya de pie, con gorra y anteojos de camuflaje, esperándola fuera del Crow. Su corazón latió emocionado, sabiéndose especial para aquel popular chico. Cualquier otro la habría mandado a buscar por medio de algún asistente o ni siquiera se hubiera tomado la molestia de dar explicaciones.

—Bombón —la saludó a distancia al reconocerla.

—Seiya, ¿estás aquí hace mucho tiempo? —preguntó en cuanto llegó a su lado.

—No hace mucho. Pero, no te preocupes por nada, porque hoy haremos todo lo que quieras, Bombón —dijo decidido.

—No era necesario, pero gracias por venir.

—¿Entramos?

El joven abrió la puerta para dejarla pasar y ella buscó con la mirada a sus amigas. Las encontró en el asiento preferido de Makoto, y en cuanto se vieron, se saludaron a la distancia con un movimiento de sus manos.

—Usagi, que bueno verte —dijo la chica de cabello azul. Aunque asistían al mismo colegio, ella estaba tan ocupada en sus estudios que sólo se veían algunas veces.

—Ami —la saludó, dándole un abrazo cariñoso.

Después de las presentaciones adecuadas, los dos se sentaron a la mesa, esperando que tomaran su orden. Conversaban de forma animada y tranquila, mientras las chicas acorralaban al cantante con preguntas variadas, hasta que el mesero llegó a atenderlos.

—Buenos días, ¿qué desean servirse? —preguntó. Su voz sonó demasiado conocida para algunos de ellos.

—¿Ma-Mamoru? —dijo asombrada la rubia.

—Usagi, que gusto verte otra vez —la saludó con una sonrisa cautivadora.

—¿Que haces aquí? —preguntó Seiya, molesto de la casualidad. Miró a su acompañante un momento y quiso suponer que ella no sabía que él estaría en ese lugar.

—Trabajo aquí —respondió—, desde hoy —completó la oración para no dejar dudas.

—¿Por eso estabas aquí el otro día? —consultó Makoto. A ella le agradaba el chico, sobretodo si era amigo de su rubio galán.

—Sí. Motoki me ayudó a conseguir este trabajo.

Usagi no sabía qué hacer, ni qué pensar. Estaba impresionada de que el apareciera en su vida todos los días de alguna manera. ¿Acaso el destino quería decirle algo? No, ese día era sólo para Seiya, se dijo a si misma, así que esfumó cualquier idea de su cabeza.

—Aunque nos hemos visto en varias ocasiones, aún no nos han presentado —habló el cantante llamando la atención— Seiya Kou —añadió, extendiendo su mano hacia su contendor.

—Mamoru Chiba —dijo, respondiendo el saludo.

Si la rivalidad pudiera palparse, se hubiesen visto rayos salir de sus manos al hacer contacto. El apretón que se dieron fue mutuo como si en ese gesto se demostraran quién era el más fuerte. Se desafiaron mirándose a los ojos, sabiendo que ambos tenían un objetivo común, Usagi.

—Quiero una malteada de chocolate —solicitó Ami al ver la tensión que ambos exudaban.

—Por supuesto —aceptó el joven, soltando la mano del cantante para tomar la orden.

—¿Qué vas a querer, Bombón? —preguntó el joven, con cierto grado de mordacidad.

A Mamoru le dolía ese apodo tan cercano y cariñoso. Mucho más cuando ella no parecía hacer ningun gesto de molestia.

—Lo mismo que Ami —contestó un tanto ensimismada. Seguía pensando que no podían ser tantas las coincidencias de la vida.

En unos minutos todos tuvieron servido lo que habían solicitado. La tensión disminuyó en cuanto Mamoru continuó atendiendo las otras mesas del local dejándolos compartir.

Seiya tenía claro que debía salir de ahí pronto, ya que necesitaba tener una conversación privada con Usagi.

—¿A qué otro lugar te gustaría ir, Bombón? —pregunto finalmente.

—¿Otro lugar? —repitió.

—Sí, para que conversemos —explicó sin mucha palabras, ya que sabía que entendería.

—Creo que sobramos en esta conversación, Ami —habló Makoto en tono confidente.

—Así parece, ¿crees que él no le hará daño a Usagi? —preguntó casi susurrando, genuinamente preocupada por aquella repentina amistad con el famoso cantante. Sabía que su amiga era muy ingenua y demasiado confiada. Aunque, por lo que había visto, el chico parecía interesado en ella de forma real.

—No, no lo creo. Hasta ahora se ha portado muy lindo con ella todos los días. Pero —explicó la castaña—, creo que Mamoru también está interesado en nuestra amiga —finalizó, señalando hacia el chico que había mencionado.

A lo lejos, él no dejaba de mirar la escena de la mesa, fijando sus ojos en Usagi. Le dolía verla sonreírle a otro, pero sabía que si quería atraerla de verdad debía ser poco a poco. No intervendría nada más.

—Prefiero que caminemos por el parque. Mi mamá no me dio permiso por mucho tiempo —respondió al fin la rubia.

Al tener todo resuelto, Seiya canceló la cuenta completa, invitando a las amigas de Usagi con mucho gusto. Se levantó de la mesa sin mirar atrás, tomando la mano de su compañera un poco antes de salir, intentando dejar claro a aquel sujeto, que la relación entre ellos iba mucho más avanzada de lo que el otro imaginaba. La chica sintió un escalofrío al percibir el roce de sus dedos y un pensamiento cruzó su cabeza al recordar quién podía estar observando la escena. Dudó un poco de mantener el contacto, pero después prefirió no pensar más y sólo disfrutar del momento. Mañana sería otro día y durante ese necesitaba resolver sus dudas.

El aire fresco recorría el parque haciendo que los rosados pétalos de los cerezos bailaran en el aire. El joven seguía sosteniendo su mano con suavidad, esperando el momento indicado para hablar del tema.

Ambos sentían el nerviosismo a flor de piel y el ambiente que los rodeaba era muy romántico. Ella se sentía como en una película, por lo que no sabía bien si hablar o no, porque temía romper el hermoso momento.

—Bombón —habló al fin—, necesito aclarar algo.

—Tú no tienes porqué darme explicaciones, Seiya —dijo apenada de tener que reconocer sus infantiles ilusiones.

—Sí, necesito hacerlo. Ayer...

—Lo siento, no debí salir así del estudio de grabación.

—No te disculpes, imagino que te decepcioné.

—¿Decepcionarme?

—Sí... esa escena no debió ser así.

—Seiya, yo no soy nadie...

—Eres alguien importante para mí.

Sus palabras le sonaron mágicas, demasiado perfectas para ser reales.

—Eres famoso, yo sólo soy una persona normal.

—Bombón, desde que nos conocimos sentí una conexión entre nosotros. Me siento como en casa junto a ti.

—Pero, tú tienes a Minako...

—¿Aino? Ella sólo es mi compañera de grabaciones, no hay nada entre nosotros.

—¿No es tu novia?

—No, nunca lo ha sido. Yo quiero que otra persona sea mi novia...

Su voz sonaba temblorosa. ¿Por qué le era tan difícil poner en palabras sus sentimientos? Cantar ante sus fans era mucho más fácil que decir todo aquello. Pero, tenía que hacerlo, temía perderla si era cobarde, era demasiado maravillosa para no ser descubierta por otros chicos, sobretodo, tenía que adelantarse a ese sujeto arrogante. Aunque su corazón parecía que se saldría de su pecho más emocionado que nunca, se atrevió a dar el salto.

—Te quiero a ti, Bombón...

Continuará...